13 mar 2008

La salida de Mouriño
jueves, 13 de marzo de 2008 José Gil Olmos

Felipe Calderón se ha quedado sin operador político. La falta de probidad ética y la violación a la ley de responsabilidades de los servidores públicos por parte de Juan Camilo Mouriño lo ha anulado como el negociador del gobierno. Ahora la pregunta no es cuánto tiempo durará en la Secretaría de Gobernación, sino quién será el encargado de manejar la agenda nacional.
La revelación de los contratos que firmó con PEMEX cuando era apoderado y accionista de la empresa Transportes Especializados Ivancar SA de CV, y al mismo tiempo diputado federal y asesor de la Secretaría de Energía (SE), han expuesto la debilidad de Mouriño para hacerse cargo de la institución responsable de la política nacional.
No se trata únicamente de un asunto de ética como lo pretende manejar el propio Mouriño y el PAN, sino de legalidad. Hay violaciones al Código Penal federal y a la ley de responsabilidades de los servidores públicos porque no respetó la imparcialidad y usó su cargo público para obtener los contratos de transporte de combustible con Petróleos Mexicanos.
Aunque Calderón Hinojosa pretenda sostenerlo a como dé lugar, bajo el pretexto de que no entregará en bandeja de plata la cabeza de su amigo a Andrés Manuel López Obrador, es evidente que Mouriño Terrazo ha quedado invalidado como interlocutor oficial frente a las demás fuerzas políticas.
Los esfuerzos sofistas y grandilocuentes del dirigente nacional del PAN, Germán Martínez, de quitarle peso a las pruebas de tráfico de influencias con el pretexto de que sólo se trata de un “mohín” de López Obrador, que no quiere aceptar su derrota, sólo deja en peor situación a Mouriño, pues hace evidente que no puede defenderse por sí solo sino que necesita del apoyo de su partido para salir del hoyo en que se encuentra hundido.
No sólo eso, Martínez Cázares contradice la propia historia de su partido que por años luchó contra la corrupción y contra los funcionarios del PRI que se valían del poder para beneficio propio o de su familia.
Se supone que el secretario de Gobernación es el segundo hombre fuerte del gobierno -sólo detrás del presidente-, y que por su experiencia y capacidad está preparado para tomar el timón del país en caso necesario.
Sin embargo, ante la primera tormenta política, Mouriño ha mostrado que no tiene ni la experiencia ni la capacidad para realizar las funciones básicas como titular de Gobernación -quizá nunca las tuvo-, y que ha quedado en una situación de una fragilidad muy peligrosa para el gobierno de Calderón ante las demás fuerzas políticas.
Mouriño ha salido ante los medios a defenderse alegando que los contratos no son ilegales y que no hubo ninguna intención de sacar provecho de su condición como legislador.
Al acudir a los medios, principalmente a las televisoras, su figura como secretario de Gobernación quedó desacreditada, pues ningún funcionario de ese nivel había tenido la necesidad de hacer esto para lavar su imagen.
De manera paralela, el PAN ha desplegado también en los medios una defensa ciega y a ultranza de Mouriño, bajo el viejo lema de que López Obrador “es un violento” y sólo quiere detener el desarrollo del país. Pero el efecto resultante es contraproducente, pues solamente están exaltando la debilidad de un funcionario que no puede defenderse por sí solo.
La percepción de la ciudadanía sobre el caso de Mouriño no es que sea una revancha de López Obrador, como pretenden inducirlo Germán Martínez y legisladores del PAN, sino que el secretario de Gobernación incurrió en una falta grave al sacar provecho de su posición para hacer negocios privados con PEMEX.
La encuesta levantada por María de las Heras y publicada por el diario Milenio el lunes pasado es clara: 85% de los entrevistados piensa que es moralmente incorrecto haber hecho estos negocios y casi 70% considera que Mouriño debería dejar el cargo.
Pero quizá el dato más interesante por sus implicaciones es que 53% de los entrevistados cree que Felipe Calderón nombró a Mouriño como secretario de Gobernación a sabiendas de que se darían estos escándalos.
Es decir, que buena parte de la ciudadanía percibe que puede haber “plan con maña”: que Mouriño estaría siendo utilizado por Calderón como el chivo expiatorio para sacar adelante la reforma energética con la ayuda del PRI. Leer más...

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