12/07/2009

"Se acabó el presidente", dice Pepe Hernández en la portada del Chamuco de esta quincena





La portada de la revista El Chamuco de esta quincena, por el monero Pepe Hernández, se pitorrea de Felipe Calderón mostrándolo con una botella vacía de brandy y la frase "Se acabó el presidente."


En la contraportada, el monero Toño Helguera muestra una catapulta accionada por Calderón, quien recibe toda la carga de la catapulta, la cual no le funcionó.




ESTADO DE LOS ESTADOS


La renovación de la vida pública de México sólo será posible si trabajamos con perseverancia, haciendo conciencia y organizando al pueblo. Sólo con la participación ciudadana podremos sacar adelante al país. Sólo el pueblo puede salvar al pueblo, sólo el pueblo organizado puede salvar a la Nación
* Discurso del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante la asamblea informativa realizada esta tarde en la explanada principal de la delegación Iztapalapa




Amigas y amigos:






Como es evidente, atravesamos por la peor crisis económica, social y política de los últimos tiempos. Nunca, desde el Porfiriato y la Revolución, se había padecido de tanta opresión, pobreza y violencia.
Según nuestra visión, este periodo decadente ha sido provocado por el predominio de un grupo de potentados que se ha venido enriqueciendo inmensamente al amparo del poder público, condenando a la mayoría de los mexicanos al desamparo, la sobrevivencia, al destierro y al sufrimiento.
Además, como sostenemos, esta mafia ha confiscado todos los poderes y se ha venido imponiendo mediante la manipulación que ejercen la mayoría de los medios de comunicación.
Es innegable que vivimos en una República aparente, simulada, falsa. Se habla de que nos rige un Estado de Derecho, pero lo cierto es que se trata de un Estado de cohecho. Se dice también que las instituciones están al servicio del pueblo, pero en realidad dependen de los designios de los poderosos. Se insiste en que hay democracia, pero estrictamente hablando esto no es cierto, porque no existe un gobierno del pueblo y para el pueblo. Lo que hay es una oligarquía que significa exactamente lo opuesto: el gobierno al servicio de unos pocos.
En estas circunstancias se celebraron las elecciones del domingo pasado y quedó demostrado, una vez más, la injerencia de esta mafia para favorecer a sus dos partidos principales, el PRI y el PAN, y a sus otras organizaciones políticas.

El distintivo de estas elecciones fue el uso de dinero a raudales para traficar con la pobreza de la gente. De manera descarada compraron votos; entregaron despensas, vales, materiales de construcción y condicionaron programas sociales. Según nuestros cálculos, con este propósito se destinaron alrededor de 20 mil millones de dólares, principalmente del presupuesto público y de otras fuentes de financiamiento.
Asimismo, para cerrar la pinza, contaron, como es obvio, con el uso faccioso de los medios de comunicación. Baste decir que durante la campaña, según el monitoreo del IFE a noticieros de radio y televisión, llevado a cabo por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, mientras el PRI recibió 107 menciones positivas y 194 negativas; el PT, por ejemplo, obtuvo 9 positivas y 136 negativas. Es decir, por cada valoración positiva para el PRI, 2 negativas, mientras que al PT, por cada nota positiva, 15 negativas.
A pesar de esta enorme inequidad, nuestro movimiento obtuvo buenos resultados. Logramos el propósito de que el PT y Convergencia, acosados por la mafia, mantuvieran su registro como partidos políticos. Tendremos un grupo bien definido de diputados federales de los tres partidos, que sabrán defender al pueblo y a la nación.
Pero lo más significativo de todo, ha sido el caso de la elección en Iztapalapa. Aquí, el domingo pasado, en condiciones por demás adversas, se derrotó a la mafia del poder en México que quiso consumar un descarado fraude electoral anticipado. Para ser más claros, aquí, con el apoyo de este pueblo ejemplar, se derrotó a Carlos Salinas, Manlio Fabio Beltrones, Felipe Calderón y demás integrantes de la mafia, así como al Tribunal Electoral Federal que está a su servicio, a Televisa y a otros medios de comunicación, y a toda esa caterva de políticos corruptos, de paleros y achichincles.
En esencia, aquí se demostró que la mafia del poder en México no es invencible. Aquí quedó de manifiesto que el poder del pueblo es superior al poder de la oligarquía. Por eso fue realmente significativo el triunfo en Iztapalapa.
Desde mi particular punto de vista, en Iztapalapa se reunieron varios factores. Aquí existe un pueblo conciente y dispuesto a participar en la defensa de sus derechos sociales y políticos. Se ha avanzado en la organización desde abajo y con la gente. Hay buenos dirigentes sociales. Hubo la unidad necesaria al interior de nuestro movimiento. Muchos brigadistas trabajaron informando y orientando casa por casa. Tuvimos candidatos como Rafael Acosta, que ha sabido poner por encima de sus legítimas aspiraciones personales, el interés general; y contamos con una extraordinaria dirigente popular, Clara Brugada. Una mujer con convicciones y firmeza, cuyo compromiso con el pueblo se percibe sincero y genera confianza.
Ahora bien, amigas y amigos, se terminó una primera etapa, pero tenemos que seguir adelante y cumplir los compromisos adquiridos con la gente.
Estamos seguros que Rafael Acosta, jefe delegacional electo, sabrá honrar su palabra, que se mantendrá como Ulises, amarrado al mástil de nuestro movimiento escuchando el canto de las sirenas sin caer en tentaciones. Su contribución ha sido fundamental. Con su ejemplo está demostrando que la dignidad no tiene precio, que la vida es muy breve como para enlodarla.
A Clara Brugada le corresponde gobernar, como lo ha propuesto, escuchando y respetando a todos, pero atendiendo primero a los que más lo necesitan; manejando la administración pública con honestidad y austeridad republicana; organizando a los habitantes de Iztapalapa en cada pueblo, barrio, colonia y unidad habitacional para llevar a cabo un verdadero gobierno popular; distribuyendo el presupuesto con justicia y sin condicionamientos políticos de ninguna índole; echando a andar su proyecto de generación de empleos, mediante la contratación de los mismos vecinos para realizar las obras de mantenimiento de escuelas, unidades habitacionales y otros espacios públicos; hacer efectivo el derecho a la educación pública, gratuita y de calidad; garantizar el derecho a la salud y al bienestar, así como resolver el sentido problema del abasto de agua.
También de este laboratorio de la democracia que ha sido Iztapalapa, surge como enseñanza mayor de que lo esencial es la gente. Como bien decía Juárez: con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Tener muy presente que la renovación de la vida pública de México sólo será posible si trabajamos con perseverancia, haciendo conciencia y organizando al pueblo. Sólo con la participación ciudadana podremos sacar adelante al país. Sólo el pueblo puede salvar al pueblo, sólo el pueblo organizado puede salvar a la nación.
Nunca olvidemos que el objetivo principal es derrotar a la oligarquía, en el terreno político, de manera pacífica, para devolverle el poder al pueblo o entregárselo por primera vez, para hacer valer la auténtica y verdadera democracia. Porque cuando haya un gobierno del pueblo y para el pueblo, las riquezas de México serán distribuidas con justicia y cada hombre, cada mujer, cada joven, cada anciano, cada niño, podrá triunfar, soñar, ser feliz y vivir sin angustias ni temores. Y sólo entonces en este país generoso y eterno, de abundantes recursos naturales y extraordinaria cultura, se pondrá un alto al afán de lucro, la codicia y el odio, y renacerá la esperanza, la prosperidad y prevalecerá, por encima de todo, la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo.
Amigas y amigos:
Es larga la travesía, todavía tenemos que vencer muchos obstáculos. Se requerirá de muchas fatigas, pero es mayor la satisfacción que produce el luchar por causas justas y por nuestros ideales.
Hacia delante debemos seguir fortaleciendo nuestro movimiento en todo el país; consolidar los comités municipales; seguir convenciendo y adhiriendo a más ciudadanos; crear redes alternativas de información para resistir el embate y contrarrestar la manipulación de los medios de comunicación, y estar preparados para seguir defendiendo con la movilización ciudadana, la economía popular y el patrimonio nacional.
En términos políticos, debemos ir pensando que en el 2012 tendremos otra cita con la historia. Es evidente que la mafia del poder ya está promoviendo a Enrique Peña Nieto como candidato a la Presidencia y que nosotros postularemos a quien esté mejor posicionado para entonces.
Pero lo más importante es que otra vez el pueblo de México tendrá la oportunidad de decidir entre dos proyectos distintos y contrapuestos de nación. Uno, que representa más de lo mismo, el predominio de los intereses de la oligarquía, y el otro, el nuestro, que entraña un cambio verdadero en todos los órdenes de la vida pública, con una nueva economía, una nueva forma de hacer política y una sociedad más justa, más humana y más igualitaria.
Muchas gracias al ejemplar pueblo de Iztapalapa.
Muchas gracias a las mujeres y a los hombres que apoyaron como brigadistas voluntarios.
Muchas gracias a los artistas e intelectuales que nos ayudaron a consumar esta gesta cívica.
Muchas gracias a Jesús Ramírez, Rafael Barajas, Pedro Miguel y a muchos otros.
Muchas gracias a Héctor Vasconcelos, hijo de José Vasconcelos, el mejor secretario de Educación Pública que ha tenido nuestro país, por su compañía en las asambleas informativas durante la campaña.
Muchas gracias a los dirigentes del PRD, en especial a los del Distrito Federal.
Muchas gracias a los candidatos a diputados locales y federales del PRD y del PT.
Muchas gracias a los dirigentes nacionales del PT y de Convergencia. En particular, a Alberto Anaya.
Muchas gracias a los dirigentes de organizaciones sociales y ciudadanas de Iztapalapa.
Muchas gracias a Rafael Acosta y a Clara Brugada.
Y muchas gracias, de todo corazón, a ustedes, asistentes a este acto, que son la vanguardia de nuestro movimiento.
Amigas y amigos:
Sigamos trabajando. Nos asiste la razón. México y su pueblo merecen un mejor destino. Pensemos, parafraseando a Juárez, que el triunfo de la reacción, y agregaría, de la derecha, es moralmente imposible.

¡Viva el pueblo de Iztapalapa!
¡Viva nuestro movimiento!
¡Viva México!
¡Viva México!
¡Viva México!



AMLO EN IZTAPALAPA 11 DE JULIO DE 2009






















El Despertar

Hilar más fino




José Agustín Ortiz Pinchetti


La primera plana del periódico El Universal del lunes pasado, con la imagen siniestra y amenazante de Carlos Salinas de Gortari saliendo de una casilla electoral, vale por cien artículos de opinión juntos.

En la mente de la clase media alta es la síntesis de la elección: el regreso del PRI, de Salinas. La impunidad, la prepotencia y la corrupción permanecerán para siempre en México. El sistema está intacto y necesita del cinismo y de la impunidad para seguir funcionando, como dijo Miguel de la Madrid.

¿Pero esta imagen refleja la realidad política del país? Tendríamos que hilar más fino o ver lo obvio. La elección no fue un plebiscito en favor de la restauración. Ochenta y cuatro por ciento del electorado no votó por el PRI; sufragó por él 16 por ciento.

La derrota del PAN pareciera contundente. Pero PRI y PAN están unidos a la oligarquía y su política no cambiará. El PRD ha sufrido una derrota. Pero el centroizquierda, única alternativa, no estuvo bien representado y no puede ser descartado en el futuro.

El resultado confirma que el sistema está dejando de funcionar. Más de la mitad de la población en edad de votar no fue a las urnas y hay fenómenos de rechazo abierto a la simulación de la partidocracia. Imaginar que la victoria del PRI de 2012 es inevitable no es un cálculo inteligente, es una visión simplista promovida por la televisión.

Dejemos atrás las elecciones. Observemos la escena política que cambia para empeorar todos los días: el poder de Calderón es cada vez menor. Por todas partes crece la inconformidad. Las revelaciones sobre las guarderías del IMSS muestran la consolidación de los intereses de una elite corrupta. Los abusos de los militares mexicanos contra la población civil desencadenan una presión del gobierno de Estados Unidos para que se investiguen desapariciones, torturas y violaciones cometidas en la lucha antidroga.

Las mentiras oficiales sobre la crisis caen por sí mismas: ayer se confirmó la pérdida de 700 mil empleos y el cálculo de que en 2010 se perderán un millón más.

Cada día un nuevo hecho portador de futuro nos obliga a cambiar nuestros pronósticos. Es ingenuo o perverso pronosticar un desenlace inevitable en cualquier sentido.

jaorpin@yahoo.com.mx





Después de las elecciones. El bloque en el poder




Arnaldo Córdova


Es un hecho que en los comicios del 5 de julio ganaron los que siempre ganan –independientemente de a qué siglas partidistas se asignan los votos–, desde hace por lo menos 20 años. Son los poseedores de la riqueza y del poderío ideológico, mediático, religioso y cultural del país, que forman el bloque en el poder. Son los herederos de los 300 de Legorreta, que en 1987 fueron definidos por este banquero como las fuerzas motoras de la vida nacional. Como dije en una entrega reciente, para este efecto es irrelevante saber si el ganador fue el PRI o el PAN, los partidos a través de los cuales ejerce el poder ese bloque, con algunos agregados de ocasión como el PVEM.

Lo verdaderamente crucial en este momento es, por tanto, saber en qué se vio afectada la dominación sobre la sociedad mexicana de ese bloque en el poder y es un dato que estamos obligados a registrar. En los últimos 10 años, todo mundo lo ha podido ver, ese bloque ejerció el poder político a través del PAN y sus grupos gobernantes. Ese partido ha fallado ostensiblemente en su tarea y es hora de que esa dominación pase a ejercerse por el otro partido, el PRI que, más que cambiar como tal, como organización política, se ha visto fortalecido por el mal gobierno del PAN y ahora toma la estafeta. Se trata, en sí, de un cambio muy importante, porque está probado que ambos partidos desarrollan funciones peculiares a cada uno.

Lejos está de mi ánimo, empero, afirmar que las elecciones fueron una farsa insustancial y sin importancia. Las elecciones son siempre competencias en las que se opera una redistribución del poder político y una particular hegemonía partidista. El PRI se levantó con una victoria de verdad espectacular, aunque ya esperada y pronosticada. Pocos pensaron, sin embargo, que, si bien en alianza con el PVEM en 50 distritos, se llevaría una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Ese partido feudalizado en los cotos de poder de sus gobernadores, en los aparatos corporativos (ahora auténticos negocios empresariales) y en sus grupos de poder nacional que sólo cumplen funciones de coordinación entre los primeros, supo actuar unido y con su poderío territorial arrolló a todos sus contendientes, arrebatándoles bastiones que parecían inconquistables. En las elecciones de 2000 los priístas, traumatizados por la pérdida de la Presidencia de la República, se dieron cuenta de que su último refugio eran sus gubernaturas y ese poder territorial que ellas representaban. Si en esa ocasión hubieran perdido una buena mayoría de los estados, su desaparición habría sido inevitable.

La pugna por la transferencia de cada vez mayores recursos federales, fiscales y petroleros y de obra pública, por ejemplo, en lo que los gobiernos panistas, ya aliados históricos de los priístas, fueron extremadamente obsequiosos, fortalecieron desmedidamente a los gobernadores priístas, en ciertos casos, más que a los mismos panistas. Con ello el Revolucionario Institucional preparó su nuevo despegue, que ahora se ha consumado. Ya es muy difícil saberlo con exactitud, pero el peso del dinero en los comicios recientes fue abrumador y por todos lados se ha podido ver. Los gobernantes, hay que decirlo, no obedecieron a sus intereses partidarios, sino a sus compromisos históricos con el gran aliado priísta. Era la hora del PRI.

Lo que impresiona en el actual escenario es la capacidad de relevo pacífica, sin roces dañinos y sin aristas, de los dos grandes partidos del bloque dominante. No creo que alguien les diga qué es lo que deben hacer. Más bien actúan hasta ganar la última batalla en cada caso y, por instinto, me atrevería a decir, ceden el turno al contrincante cuando se saben perdedores. Los casos de Nuevo León y Sonora lo ilustran palmariamente. En Nuevo León, evidentemente, los poderes locales pertenecientes al bloque, los que mandan, entre otros los herederos del viejo Grupo Monterrey, dejaron que los contendientes dirimieran la contienda según sus fuerzas reales. Los priístas ganaron.

En Sonora, el diablo metió la cola, dando a los panistas una oportunidad de oro para vencer al PRI, con el siniestro incidente de los 48 niños intoxicados e incinerados en una bodega habilitada como guardería infantil. Ese crimen incalificable fue tolerado increíblemente por el gobierno federal panista y protegido por la abyecta acción del procurador general. El jefe del bloque económica y políticamente dominante, el gobernador priísta, no pudo responder a la ola inaudita de indignación que recorriendo la República y el mundo. El candidato panista, se dice que apoyado por Manlio Fabio Beltrones, en riña con Eduardo Bours, ganó la gubernatura. Todo se resolvió en un litigio de familia, dentro del mismo bloque.

Los gobernadores priístas en todo el país apabullaron a los contrincantes con manejos ilegales de dinero y de influencias políticas. De ellos será la mayoría de los diputados federales electos. A la dirección nacional, acompañada por los viejos organismos corporativos sindicales y de masas, se les deja una buena mayoría de los diputados de elección proporcional. No es difícil saber quién va a marcar la ruta en el próximo trienio. Tal vez Beatriz Paredes sea la próxima lideresa de la bancada priísta en la Cámara. Ha hecho bien su papel de coordinadora y de árbitra de los intereses feudales de su partido, aunque aceptando siempre lo que se le impone de todos lados.

El PAN ha cosechado una derrota de tal calibre que será difícil que recomponga sus filas y recobre el ánimo de lucha. La idiotez autoritaria de su dirigencia nacional (encabezada por el propio presidente) deshilachó al partido y lo sumió en confusiones y divisiones como no se habían visto antes. La principal tarea de su próximo dirigente será darle una real autonomía al PAN, también muy feudalizado y regionalizado y, a través de ella, recomponer el tejido interno de la organización partidaria y un reacomodo de los intereses locales y de grupo.

Los poderosos miembros del bloque dominante deben estar felices. Sus dos partidos les han funcionado de maravilla para sus intereses y, además, saben comportarse. Los dueños de las televisoras, por si fuera poco, se han hecho de un nuevo instrumento, el PVEM, cuyo éxito es innegable y puede servir para futuras tareas sucias que les interesen. De cómo le vaya por el resto del sexenio a Felipe Calderón no parece importarles, pues de todas maneras el poder del Estado sigue en sus manos. Ya se verá cómo sobrellevar su ineptitud y sus costosos errores. De la izquierda ni se preocupan. Fue derrotada en toda la línea. Por lo menos, eso creen. Lo trataré en mi próxima entrega.






México: gobierno y sistema, más ilegítimos que nunca



Guillermo Almeyra


Las elecciones realizadas el 5 de julio pasado demuestran una vez más la ilegitimidad del gobierno y la crisis del sistema. Sólo votó 43.74 por ciento de los empadronados, a pesar de los miles de millones de pesos gastados por el gobierno para instar a votar y dar legitimidad al espurio presidente Felipe del Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, impuesto por el fraude hace tres años.

Así, si se suma la abstención de más de 56 por ciento con los votos anulados, que se duplicaron y ascendieron a 5.04 por ciento del padrón, y si dividimos ese casi 44 por ciento entre los tres grandes partidos y los partiditos menores, veremos que el Partido Acción Nacional (PAN), clerical derechista, partido de gobierno, no representa sino una porción reducida de los electores, y el "ganador", el Partido Revolucionario Institucional (PRI), expulsado del gobierno hace nueve años por corrupto y antidemocrático, llega cuando mucho a cerca de 15 por ciento del padrón, mientras el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuya dirección conciliadora con el gobierno provocó el repudio de muchos de sus votantes tradicionales, queda tercero (estaba segundo), lejos de los dos primeros que, en realidad, consiguieron un resultado cuatro veces menor que el heterogéneo "partido" de la abstención y del voto nulo, el cual, en realidad es la fuerza mayor.

Es evidente que entre las abstenciones se cuentan las de quienes, por haber emigrado fuera de sus sedes, no podían votar, y la de los enfermos, más las clásicas de los desinteresados de siempre, y no pueden ser contabilizadas todas en el sector que repudió las elecciones. Pero lo cierto es que más de la mitad del país no escuchó las exhortaciones gubernamentales, patronales, de la Iglesia y de los aparatos partidarios a acudir a las urnas y, por lo menos, demostró desinterés. El gobierno nacido del fraude ahora es doblemente ilegítimo, por su carácter minoritario y por su derrota ante el desprestigiado PRI.

El PAN, en efecto, vio caer el número de sus diputados de 206 a 141 y perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, que pasó a manos del PRI, que obtuvo 237 de los 500 diputados y que, con sus aliados del Partido Verde Ecologista (22), tiene mayoría absoluta en dicha Cámara. En cuanto al PRD, perdió 40 por ciento de sus diputados (conserva sólo 71, muchos de ellos, además, adversarios de la dirección y partidarios de Andrés Manuel López Obrador, quien llamó a votar por los partidos del Trabajo y Convergencia y venció de modo aplastante al PRD en la zona obrera de la capital, la delegación Iztapalapa, con Juanito, un candidato popular desconocido).

El PRI es un partido de derecha, al igual que el PAN, aunque de una derecha laica, no clerical. Es un partido de caudillos con su respectiva clientela, de burócratas sindicales corrompidos, de caciques "campesinos" que hace tiempo no ven el campo ni en fotografías. Ha estado aliado con el PAN (y con la dirección derechista del PRD) en todas las porquerías posibles y, por supuesto, podrá volver a estarlo y formar una especie de mayoría de geometría variable, un PRIAN, en todas las cuestiones donde el interés de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros estén en juego.

En el PRI, además, militan gobernadores asesinos, como el de Oaxaca o el del estado de México, o cómplices de pederastas, como el de Puebla, todos ellos ligados con la extrema derecha y los empresarios, y uno de sus exgobernadores –de Quintana Roo, la zona donde está Cancún– estuvo preso largo tiempo por dirigir el narcotráfico en el sur. Su triunfo, por tanto, aunque debilita al PAN como partido, no debilita a la burguesía sino que le da ciertas garantías, al menos en los sindicatos y organizaciones campesinas que controla burocrática y gansterilmente. De todos modos, en el PRI –a diferencia del PAN– existen aún restos de una ala laica, anticlerical, nacionalista, lo cual provocará tensiones en ese partido en el momento de pretender privatizar el petróleo o la energía eléctrica o de anular la legislación laboral para "flexibilizar" todavía más el mercado de trabajo y rebajar aún más los salarios reales…

En cuanto al PRD, desaparecida la ilusión de poder cogobernar con una política de derecha panista-priísta, probablemente presenciaremos una doble emigración de oportunistas (o no): hacia el PRI o hacia López Obrador, que refuerza su estructura paralela; fuera del PRD, consiguió que el Partido del Trabajo y Convergencia conserven su registro electoral (que podrá utilizar si no obtiene el del PRD) y sigue organizando a millones de personas, muchas de las cuales no votaron esta vez.

De la otra campaña y de los grupos de izquierda, mejor no hablar, pues sigue presente la tarea no realizada y muy resistida de la unificación de la izquierda social y política detrás de un programa común, de frente único, para aparecer como alternativa anticapitalista.

De todos modos, ahora, después del reacomodo interburgués, vienen los problemas reales: la crisis que se agrava, el problema social, la pérdida de la válvula de escape de la emigración y de las remesas, la presión del capital financiero internacional para acabar con la estatización de Pemex, el crecimiento del narcotráfico y el desgaste consiguiente del Ejército. Como siempre, en la cancha se ven los caballos, y la cancha, esta vez, está en pésimas condiciones…








Las pasadas elecciones



Antonio Gershenson

Empiezo por comentar algunos casos particulares, y a partir de ahí será más claro el cuadro general. Lo primero, y en cierto sentido lo más importante, es la victoria en Iztapalapa de una combinación encaminada a echar abajo la decisión de la suprema autoridad electoral, de quitar a la candidata del PRD, electa por mayoría, por una perdedora en esa misma elección primaria.

Ya hablamos de esto la semana pasada. Se recurrió a votar por el candidato del Partido del Trabajo, con una combinación posterior encaminada a que la original candidata mayoritaria, Clara Brugada, ocupara en su momento la jefatura delegacional. Ahora lo nuevo es que la votación del PT fue claramente mayoritaria. Fue un trabajo de primer nivel, encabezado por López Obrador.

La dirección del PRD hablaba de obtener 18 por ciento de la votación y obtuvo 12 por ciento y fracción. La suma de los otros dos partidos de izquierda fue de aproximadamente 6 por ciento. Y yo creo que parte de los votos de la izquierda se anularon por confusión.

Se habla mucho de los votos nulos "adrede". En mi opinión, frente a la campaña en televisión y otros medios para que no se votara, esta campaña fue un fracaso. De un antecedente de 3.5 por ciento de anulados, ahora, a escala nacional, fue de 5.2 por ciento la campaña no llegó a "jalar" al 2 por ciento de los votantes. Pero hay más.

Las candidaturas, por lo menos en el Distrito Federal, eran muy confusas. Pongo por ejemplo la delegación Miguel Hidalgo, donde fui presidente de casilla. La candidata a la jefatura delegacional era postulada por los tres partidos de la izquierda. Pero el candidato a diputado a la Asamblea Legislativa, tenía el apoyo de PRD y Convergencia. Eso no lo sabían los electores. Varios de los votos anulados lo fueron porque el votante marcaba PRD y PT, o PT y Convergencia. En esta elección no hubo una sola boleta por PRD y Convergencia. Los sufragios por este diputado que no se anularon fueron, o por el PRD solo, o por Convergencia sola. En cambio, en la casilla para la jefatura delegacional no hubo ninguna boleta con este tipo de errores, porque los tres partidos de izquierda apoyaban a la misma candidata, no se podían equivocar en este sentido. Hubo otros votos que se anularon, muy probablemente por confusión del empadronado. Y, sí, los que anularon su voto "adrede". Pero no eran todos.

No estuvo claro para mucha gente si el candidato del PRD en su distrito era partidario de la dirección nacional de ese partido o de la dirección del Distrito Federal, de López Obrador, o de estos dos últimos. En algunas casillas aparecía un porcentaje minoritario, pero relativamente alto, de votos por el PT.

De todos modos, la mayoría de los jefes delegacionales, y de los diputados locales y federales por mayoría, fueron para el PRD. Con menos que antes. En varios lados escuché quejas de personas de izquierda de que a la gente del PRD no la habían visto en toda la campaña, y que la del PAN se movía mucho y con muchos recursos.

En general, el PRI en el Distrito Federal se fue, nuevamente, al tercer lugar, en todos los sentidos. Pero tuvo más votos que en la elección anterior.

En el plano nacional, ya hablamos de los porcentajes de la izquierda. Pero en ese plano el gran perdedor fue el PAN o, si queremos hablar con más propiedad, el gobierno federal. Varias gubernaturas perdidas a manos del PRI. Menos diputados. Pero tampoco se debe exagerar el efecto de la posible mayoría del PRI en alianza con el Partido Verde. Aun si esto sucede, el Senado sigue con la composición anterior, porque fue electo para seis años y no para tres, como los diputados. La Cámara de Diputados puede bloquear –de hecho, ha habido bastantes formas de bloquear– pero no puede aprobar iniciativas por sí sola, salvo el presupuesto federal, que es enviado por la Secretaría de Hacienda.

No es el primer golpe que recibe el gobierno federal. Hace unos meses nombró a un secretario de Gobernación de origen priísta. A finales del año pasado se frustró su intento de que se hicieran refinerías por parte de empresas privadas, de hecho trasnacionales.

En este cuadro en que se vio el gobierno federal contaron varios factores, entre los que podemos mencionar no haber tomado medidas eficaces contra la crisis, la forma como se manejó y se maneja la epidemia de influenza, y no sólo el incendio de la guardería en Hermosillo, Sonora, sino el que se mantenga la intención de seguir adelante con el sistema de pagar a particulares –incluyendo familiares de funcionarios– por operar las guarderías del IMSS.

gershen@servidor.unam.mx