3 ene 2008

La peor programación

Florence Toussaint

La televisión privada tiene un conjunto de series y programas cuyos contenidos se caracterizan por su banalidad o bien por tratar de influir políticamente en los públicos y en los políticos. Dejando a un lado los noticiarios, ninguno de los cuales satisface medianamente la necesidad de estar informados, la pobreza de la televisión abierta apabulla:

Sale al aire una gran cantidad de revistas híbridas con chismes de actores, espectáculos, consejos para el hogar y la salud. La mayor parte se producen con escasos recursos y el resultado es deleznable, tanto en lo estético como en las ideas y sentimientos expresados. Ni las telenovelas, en otro tiempo la joya de la corona en la industria televisiva, logran índices de calidad, tanto en Azteca, que pone en pantalla tres al día en Canal 13, como en Televisa, que llega a cuatro en su Canal de las Estrellas.

Y aún así, dentro de la carta programática podemos otorgarle a ciertas emisiones el calificativo de las peores, pues atentan directamente contra la dignidad y el decoro de las personas. Son discriminatorias, promueven la misoginia y la homofobia, se burlan de los indígenas, de los pobres y de los diferentes. La mayoría de los sketches cómicos suelen incluir rasgos de exclusión y burla. Sin embargo, en el extremo de la lista se encuentran los que directamente promueven la pornografía y la prostitución.

Hace ya algunos años aparecieron en los periódicos, en internet y en televisión, anuncios sobre servicios sexuales femeninos y masculinos. Eso se hacía de forma velada al darse, con una frase alusiva, números telefónicos o direcciones. Ese ejercicio ha ido creciendo y hoy, en cable, salen en pantalla mujeres semidesnudas ofreciéndose en un teléfono celular. Así mismo están presentes líneas para homosexuales que se publicitan abiertamente. Si bien se trata de sistemas restringidos, la difusión de este tipo de spots se hace en horarios en que los niños están presentes.

En los canales abiertos el problema es mayor, pues casi todo el país tiene acceso a esas frecuencias y por éstas se divulgan series como Incógnito, que conduce Facundo en Canal 5. Abundan la violencia, física y verbal, entre los protagonistas. Las mujeres son el blanco reiterado de la mofa, de la vulgaridad de los chistes, del trato soez, en especial las trabajadoras domésticas a las cuales llaman “gatas”. El consumo de alcohol sin medida es celebrado como un rasgo de hombría y se le justifica en diversas situaciones. Los discapacitados y ancianos aparecen en sus versiones estereotipadas para burlarse de sus limitaciones. Hay concursos degradantes. Y el conductor se comporta dentro y fuera del set con prepotencia y cinismo. Ante las críticas ha respondido que “es lo que la gente pide”.

Para aderezar un poco el cuadrante privado, Televisa y Azteca venden su espacio para que una agrupación religiosa, la Iglesia Universal, transmita su ritual Viernes de Liberación, el cual se repite en varias ocasiones durante ese día. De la misma compañía tenemos el programa Pare de sufrir que se inserta en Canal 7 a la 13:00 horas. Por Televisa, la Iglesia aparece todos los días a la media noche y de lunes a viernes a las 18:00 horas. En los sistemas de paga dos canales están dedicados 24 horas a transmitir los sermones de otras sectas, en realidad puestas en escena de personas frenéticas que advierten a sus semejantes de la ira de Dios, de su capacidad de perdón y de otras sandeces. La audiencia cautiva canta, reza y se contorsiona al ritmo de las palabras del predicador. Tales iglesias, que en realidad son negocios, timan a la gente ingenua. Se trata de charlatanes sin escrúpulos que conminan a los ciudadanos a volverse fanáticos ante la promesa de que con ello resolverán no sólo sus angustias espirituales, también las monetarias.

El panorama de los contenidos de la televisión privada muestra cuán necesaria es una ley que procure el bien social de la audiencia, que incluya un ombudsman independiente de los poderes cuyos planteamientos den lugar a sancionar a los concesionarios que defrauden al público.

(Fuente: Semanario PROCESO 1626)

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