03/04/2012


Los problemas de Vázquez Mota


Pedro Miguel


El primero no es necesariamente su tendencia al lapsus linguæ –el fin de semana ofreció fortalecer el lavado de dinero, en lo que pudo ser tanto la omisión de una parte fundamental de lo que habría querido prometer como una proyección del inconsciente en el discurso– ni su condición de mentirosa compulsiva –no terminaba de afirmar “de manera clara y contundente” que no había contratado a Antonio Sola cuando en las redes sociales se exhibían pruebas de lo contrario–, sino la imposibilidad de deslindarse de su propia trayectoria como alta funcionaria en las administraciones de Fox y de Calderón.

La abanderada panista puede prometer lo que sea en materia de democracia, revisión de la estrategia “de seguridad”, reforma del sistema educativo, diálogo, crecimiento, probidad, transparencia, más lo que se le ocurra esta semana, pero cada una de sus promesas ha de cargar con el lastre de los saldos de desastre del foxismo y del calderonato.

Un dilema irresoluble que en las próximas semanas puede hundir la candidatura de Vázquez Mota –si antes no la torpedea abiertamente el propio Calderón– es que la aspirante presidencial panista no es capaz, so pena de demolerse a sí misma, de señalar abiertamente la herencia de corrupción monumental, ilegalidad, autoritarismo, insensibilidad social, protección a la impunidad, desastre económico, naufragio de la seguridad pública y enorme derramamiento de sangre que deja este desgobierno. Tampoco puede, por supuesto, sumarse al mensaje de despedida del calderonato según el cual México se encuentra en el momento más glorioso, próspero, pacífico, transparente, democrático, equitativo y luminoso de su historia.

Atrapada en esa disyuntiva, Vázquez Mota podría refugiarse en la exposición de sus propias formulaciones sobre los asuntos del país, de no ser porque –segundo problema– no las tiene. Ante tal carencia, se limita a arranques como el que sigue, aparecido en febrero pasado en la página web josefina.org.mx, y que se transcribe en forma literal, con puntos, comas, mayúsculas y minúsculas:

“Definimos nuestro proceso de construcción de Propuesta como un proceso participativo y ciudadano sustentado en una metodología de Proceso de Diseño Dialógico Estructurado; es decir, como un proceso en el cual, el diseño de la visión de país y de las líneas estratégicas de política pública y programas son el resultado de un diálogo sistematizado entre ciudadanos, expertos, representantes de los sectores, académicos, representantes de la sociedad civil organizada, funcionarios públicos y políticos, en cada uno de los ejes temáticos definidos en la Propuesta”.

En noviembre de 2011 Vázquez Mota publicó una cosa llamada Nuestra oportunidad / Un México para todos ( Aguilar), cuyo subtítulo es plagio flagrante de una propuesta política de Cuauhtémoc Cárdenas y su grupo, presentada a la opinión pública desde febrero de 2004. El volumen de la panista pretende hilvanar algo a partir de la transcripción de pláticas con reales o supuestas exponentes de la política, las finanzas, la economía, la diplomacia, la policía (por Joaquín Villalobos) y el futbol (por Emilio Butragueño) de diversos países, todas las cuales le dan ideas para gobernar a México; todo ello, precedido por “un ensayo sobre el México futuro que podemos construir” en el que se muestra, dice, “el México posible en lo económico, en lo social, en lo internacional”. Las 40 páginas de lo que la autora llama “ensayo” están escritas mal y a la carrera, con descuidos tan evidentes como repetir párrafos completos en una misma página, llenas de errores por desconocimiento (FMNL por FMLN, Sánchez de Lozado por Sánchez de Lozada, etc.) y plagadas de frases huecas del tipo “nuestra realidad puede llevarnos al pesimismo y a la desesperanza. Por eso es muy importante entender correctamente los problemas para poder construir soluciones” (p. 37).

La ambigüedad y el cantinflismo proliferan casi en cada párrafo del texto. Un ejemplo curioso de la nulidad de su propuesta para un “México posible” es que a lo largo de esas 40 páginas no aparecen las palabras “agro”, “campo” o “campesino”, a pesar de que en este país hay 24 millones de ellos (Inegi a 2010). Las únicas referencias al sector rural son la mención de la necesidad de “recuperar bosques y selvas... procurando la vocación silvícola de buena parte del territorio” (p. 40), y una enumeración jalada de los pelos, pero retóricamente pretenciosa: “Es el tiempo del ciudadano, de las amas de casa, de las mujeres que tienen diversos roles, del estudiante que quiere llegar a ser el mejor profesional, del pequeño empresario que levanta la cortina de su negocio cada mañana, del chofer y del agricultor” (p. 43).

Para una candidatura presidencial es grave la atadura irremedibale con un régimen neronesco. Pero más grave es no entender nada de nada.

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