06/04/2012



Las plataformas

Pablo Gómez

Acentos


No, no todos los candidatos dicen lo mismo. Lo que está en disputa es algo así como el modelo económico y social del país. Quien niega que el modelo vigente está agotado forma parte de las fuerzas conservadoras. Quien, por el contrario, sostiene que es preciso ir al encuentro de un nuevo modelo o como quiera llamarse, representa a las fuerzas del cambio y del progreso.

En la lucha entre conservadores y reformadores existen sin embargo tonos grises, lo cual lleva a algunos a sostener que no hay más ruta que la misma que hemos seguido. Uno de esos puntos es el de la seguridad pública, la crisis de violencia, la delincuencia en ascenso. Se sostiene que nadie propone nada diferente a lo que ya hemos visto por parte del gobierno de Calderón. Cuán grande es esa equivocación. Podría decirse, por el contrario, que nadie propone seguir con lo mismo. No se puede insistir en una estrategia que no es estrategia sino actitud reactiva, ni se puede sostener que ahora estemos mejor que hace un lustro en materia de violencia delincuencial. Así que cualquiera que llegara a la Presidencia tendría que replantear la acción del gobierno en este tema.

Pero la crisis de violencia no se expresa sola. La manera en que fracasó el modelo económico y social es determinante en el fenómeno de desborde de la delincuencia organizada frente a un Estado enteramente corrompido y sin convocatoria en materia de reformas de la sociedad. No ha sido la pobreza la causante de esa crisis, sino el resentimiento social de grandes franjas de la sociedad —en especial de la juventud— que carecen de opciones para construir una vida productiva y mejor. Lo que tenemos frente a nuestros ojos es una revuelta social por la vía de la violencia sin más programa que la negación de formas constructivas de transformación.

El estancamiento de la economía tampoco se ha presentado solo, sino acompañado de una falta de perspectivas sociales. Bajo el modelo vigente no existen tareas nacionales, se han dejado de defender las riquezas naturales de la nación y no se sabe cuál es el papel que se busca que juegue México en el mundo actual.

Hace casi 30 años, México tenía en las aulas universitarias a 25 por ciento de la juventud. Lo mismo tenía Corea del Sur. Hoy, nuestro país tiene algo así como 28%, pero el país asiático ha llegado a tener a la mitad de sus jóvenes en la educación superior. ¿Qué ocurrió en ese cuarto de siglo? El estancamiento de México.

La diferencia entre las opciones de los candidatos priista y panista, por un lado, y el candidato de la izquierda, por el otro, radica justamente en los temas que se reflejan de manera desgarradora en las materias de la violencia delincuencial y la educación. Si la izquierda hubiera logrado cambiar el rumbo del país hace 24 años, el México actual sería muy diferente al que tenemos en todos los aspectos. Habría política social, política industrial, política educativa, política de energía, política salarial, política comercial, política internacional. Hoy no tenemos nada que pueda llamarse de esa manera, sino sólo inercias.

Se entiende que las personas que no admiten las diferencias abismales entre los programas de las derechas y de las izquierdas tienen el propósito de afirmar que no hay más ruta posible que en la que ya estamos, es decir, sostienen la inercia llevada hasta un punto demencial, pues la mayoría de la clase dominante de México es también víctima de lo que ella ha prohijado: el reino de una oligarquía monopolista depredadora que impide el progreso del país para garantizar los intereses más minoritarios que puede haber.


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