22/04/2012

 
El Despertar
¡Ah que, las encuestas!

 
 
José Agustín Ortiz Pinchetti

Las encuestas políticas pueden servir para conocer la verdad o para perpetrar fraudes contra la opinión pública. En un país como México, las auténticas, por lo general, no se publican. Quienes las mandan a hacer las guardan bajo siete llaves y las utilizan para sus decisiones estratégicas. Ninguna encuesta que no esté certificada por la autoridad es enteramente confiable. Aquí no hay tal requisito. Cualquiera puede inventar una y hasta una empresa encuestadora. Los sondeos mañosos en época electoral intentan inducir el voto popular o preparar un fraude. Su publicación se justifica para aliviar la angustia ciudadana ante la incertidumbre del resultado.
En un país donde la información política está bajo control de un oligopolio mediático, controlado a su vez por una oligarquía, las encuestas que publica son sospechosas de favorecer al candidato favorito por esa oligarquía. Todos los comunicadores controlados por el oligopolio tenderán a considerar verdad absoluta los resultados de las encuestas y, como no existe una réplica crítica suficientemente fuerte, pronto estas verdades serán absorbidas por la población como indubitables.
Estos abusos son frecuentes, porque nadie certifica la metodología ni la congruencia de la investigación; si lo hicieren, se darían cuenta de que casi 75 por ciento de los encuestados rechazaron la investigación o dijeron que estaban indecisos. Así que el universo de entrevistados se reduce al voto duro de los distintos partidos. Una encuesta telefónica excluye a millones que carecen de teléfono fijo. Se supone que la gente se sube al carro del vencedor, quien impone como inevitable. Los efectos más perversos son la desmoralización de los equipos y partidarios del candidato o candidatos victimizados y, por supuesto, hacer creíble el fraude el día mismo de la elección porque los números falsos coincidirían con las encuestas trucadas.
Esta maniobra se vendrá abajo si se investiga mediante grupos de enfoque” cuál es el voto oculto en 60 o 70 por ciento de la población que no quiso definirse. No es improbable que otras empresas, nacionales o extranjeras, que no estén controladas por la oligarquía, saquen encuestas más confiables y entonces la inevitabilidad del triunfo del candidato de la oligarquía comenzara a derrumbarse.
He preguntado a los brigadistas de Morena por qué no se deprimen cuando saben que las encuestas indican que AMLO va abajo y no crece. Ellos contestan: La encuesta que nosotros hacemos en campo es casa por casa (un verdadero censo) y el resultado es que el obradorismo crece día a día. Si las encuestas dijeran la verdad, reflejarían lo que nosotros vivimos en la realidad.

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