22/04/2012

 
Los empresarios y las elecciones

Arnaldo Córdova

 
Una novedad en el proceso electoral en curso es que los empresarios y, más propiamente sus voceros, están demandando de los diferentes candidatos que pongan atención a sus propuestas para el próximo gobierno, las discutan, las tomen en cuenta en sus elaboraciones políticas y, también, que las debatan con ellos. Algo que antes hacían en lo obscuro, parlamentar e intercambiar opiniones, ahora cada vez más buscan ventilarlo en foros específicos que ellos mismos convocan y a los que invitan a los contendientes con ese objeto. Es un hecho notorio que ahora no intentan conformar un bloque cerrado y militante como en 2006, sino que se han diferenciado en distintas posiciones. Ya no van unidos, sino que buscan actuar cada uno por su lado.

Por lo menos, es esa la apariencia que quieren dar. Como todo en política, nada está escrito definitivamente y muchas cosas pueden suceder de aquí a julio próximo. Pero vamos a los hechos. Varios empresarios, por ejemplo, se han sumado abiertamente a López Obrador, buscando alternativas a lo que consideran una mala conducción de la economía por el gobierno y una política errónea y errática. Algunos de ellos han aceptado, incluso, formar parte del futuro gobierno en caso de que el tabasqueño triunfe en las elecciones. Fernando Turner aceptó ser su posible secretario de economía; Miguel Torruco Márquez, empresario hotelero, sería su secretario de turismo.

Durante un foro organizado el 13 de marzo pasado por la Americas Society, Turner criticó la política de los gobiernos derechistas, señalando que México tiene muchos años de estancamiento económico y ello ha generado problemas sociales, de seguridad y pobreza, por lo que el rumbo debe corregirse ya, mediante un cambio que no ofrecen ni el PRI ni el PAN. Estimó que el problema de nuestro país no radica en privatizar Pemex ni en imponer una reforma laboral a gusto de empresarios voraces, sino en la presencia de monopolios protegidos desde el Estado por los gobiernos de esos dos partidos.

Desde hace treinta años, observó, sus gobiernos aplicaron una receta equivocada, protegiendo a los monopolios y mostrándose insensibles con las mayores urgencias del sector productivo. En la crisis de 2008, el gobierno restringió a los bancos, se cayó el consumo interno y, además, aumentó los impuestos. La receta está equivocada: están poniendo la carreta enfrente de los bueyes. A ello replicó, del modo más estúpido, el asesor de la candidata panista, Miguel Székely Pardo, sintiéndose muy chistoso: poner los bueyes adelante puede tener muchos costos, atribuyendo el estancamiento en diversos sectores económicos, como lo hacen siempre los panistas, a la falta de acuerdos políticos.

Otro muy importante empresario, Alfonso Romo, el cual se ha significado por ayudar a López Obrador a buscar acuerdos con los empresarios de todos los niveles, recientemente declaró que, como él, muchos hombres de negocios van conociendo cada día en López Obrador a un hombre congruente, austero, sincero y con un gabinete fuera de serie. Dijo estar totalmente convencido de que el candidato de las izquierdas llevará a cabo la verdadera reforma estructural de México. Somos amigos de la honestidad y de la honradez. Sostuvo que ya quedó muy atrás la confrontación y que muchos grandes empresarios de distintas partes del país están cambiando, están estudiando; yo creo que ahorita estamos todos en el mismo barco (La Jornada, 17.04.2012).

Es obligado reconocer, desde luego, que los más poderosos dueños del dinero en México son horrorosamente conservadores y hasta reaccionarios, a los que más que a nadie espantan los cambios, como no estén éstos dirigidos a fortalecer sus intereses y a proteger sus privilegios. Muchos de ellos ya hicieron su elección desde hace tiempo. En particular, el duopolio televisivo está a morir con Peña Nieto, candidato que es su producto por excelencia y al que le ofrecen los más amplios espacios; mientras silencian permanentemente al candidato de izquierda, a la panista le dan también poco.

A muchos de ellos, resulta evidente, les tienen sin cuidado las burradas que los panistas cometen desde el gobierno o las pifias y las mentiras en las que incurren todos los días los funcionarios. Para ellos, es bueno todo gobierno que les ayude a ganar dinero a manos llenas o les permita sin más sus exacciones y sus robos en descampado a los consumidores. Que la sociedad se esté hundiendo por el mal gobierno les tiene sin cuidado. Muchos de ellos, además, no son sino personeros de grandes empresas trasnacionales a los que poco les importa el país.

López Obrador, con toda razón, ha sostenido que el llamado modelo de desarrollo que se sigue en México desde hace ya más de treinta años ha sido impuesto desde el exterior y que obedece a intereses ajenos a la inmensa mayoría de los mexicanos. Las famosas reformas estructurales, en los hechos, se cifran en abrir camino sin cortapisas a los capitales privados, la mayoría extranjeros, para explotar las riquezas nacionales (como ejemplo claro el de la minería, con 25 por ciento del territorio nacional cedido a las trasnacionales), someter a la más completa precariedad el nivel de vida de casi todos nuestros conciudadanos y a la sobreexplotación de su trabajo.

En un encuentro que López Obrador sostuvo el pasado 12 de abril con integrantes del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (Imef) y luego de exponer sus puntos de vista al respecto, el presidente del mismo, José Antonio Quesada Palacios, reconoció que el candidato izquierdista tiene razón cuando señala que las reformas estructurales conforman una agenda mundial impuesta a México. “Creo –dijo– que como ventaja le puedo poner que él resalta desarrollar una visión de un proyecto de nación. Sí hace falta un proyecto de nación y también tiene razón en que hay una agenda mundial impuesta y esta agenda mundial influye en muchos de los temas de las reformas estructurales” (La Jornada, 13.04.2012).

Unos días después, al participar en el Foro Mundial de Negocios organizado en el Tec de Monterrey, el premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, afirmó que hay que tener cierto escepticismo al sostener que un conjunto de reformas puede lograr milagros. México abrió su economía desde principios de los 90 y ninguno de esos milagros se ha visto. Esas reformas estructurales se han venido operando desde entonces y ya mostraron su ineficiencia. Por ello, afirmó, creo que debemos poner menos énfasis en las reformas estructurales y más en educación, que da crecimiento a largo plazo (La Jornada, 18.04.2012).

Carlos Slim debe creer que nuestros problemas se resolverán si dejamos que los empresarios gobiernen en lugar de los políticos. Hace unas semanas lanzó una de sus acostumbradas ocurrencias: Creo que los hombres de negocios y los empresarios tienen más experiencia manejando recursos, y podemos resolver los problemas más fácilmente que los políticos, que tienen otras visiones; piensan en elecciones, piensan en popularidad (La Jornada, 08.03.2012). Él nos da la muestra: sus precios son monopólicos en telefonía y sus salarios, en los Sanborn’s, son de hambre, ya lo señaló nuestro colega Enrique Galván Ochoa.




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