20 ago 2009


México SA



No es lo mucho o poco que ingresa, sino cómo y en qué se gasta



Carlos Fernández-Vega

En este México sacudido por la crisis y la ostentosa cuan onerosa ineficiencia gubernamental, el shock de las finanzas públicas ha puesto los pelos de punta a todos, aunque la señal de alarma –disfrazada de “coyuntura”, cuando a todas luces es de estructura– ha sido encendida exclusivamente por el lado de los ingresos: el “catarrito” arrasó, y entre las patas se llevó las tradicionales fuentes de financiamiento del Estado.

Pero el problema tiene dos vertientes: no sólo es por el lado de los ingresos que las finanzas públicas reventaron, sino también por el del gasto, igual de elevado que de ineficiente y derrochador. Sobre este aspecto, que ni por aproximación se aborda en el “análisis” oficial sobre el shock, el Departamento de Finanzas y Economía, División de Negocios, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus estado de México (cortesía de los profesores José Luis de la Cruz Gallegos y Carlos Canfield) nos aporta los siguientes elementos:

El problema con las finanzas públicas de México no únicamente es de ingresos, también es relevante observar el sentido del gasto. Si bien el estudio de la contabilidad gubernamental es un proceso complejo, parece oportuno citar algunos rubros donde se debe iniciar la revisión. Para 2009 el presupuesto de egresos original contabilizaba un gasto programable cercano a 2.3 billones de pesos, de los que 74 por ciento era destinado al gasto corriente y el 26 por ciento restante a gasto en capital. Dentro del gasto corriente, 533 mil millones de pesos van destinados a los servicios personales y a “otros de corriente” 633 mil millones de pesos más, siendo las pensiones el tercer rubro en importancia, con 251 mil millones pesos.






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