7 ago 2008

Ricardo Rocha
Detrás de la Noticia
07 de agosto de 2008


Crímenes intolerables


No se perdona ni se puede siquiera explicar la muerte inhumana de seres inocentes: niños y jóvenes


Dado este título, cabría suponer que admito que hay crímenes tolerables. No. Lo que quiero decir es que en el mapa delincuencial del país, en el interminable recuento de sangre que parece no tener fin, hay de crímenes a crímenes.

Y es que aun con su extrema crueldad —y aunque no se justifiquen—, sí se explican las matanzas entre bandas del narcotráfico y las que se dan entre narcos y policías: una batalla feroz entre adultos armados, entrenados y conscientes de sus oficios de alto riesgo. Hasta las cabezas sin cuerpo y los cuerpos sin cabeza son el resultado de una guerra frontal.

En cambio, lo intolerable, lo que no se perdona, lo que no se puede siquiera explicar, a menos que entremos en las tinieblas de la irracionalidad absoluta, es la muerte inhumana de seres inocentes: niños y jóvenes ejecutados con una frialdad escalofriante, séase por venganza o por dinero.

Tan sólo en los días recientes dos de estos casos nos estremecen el alma. El primero en Ciudad Guzmán, Jalisco, donde seis miembros de una familia fueron masacrados en una reproducción local de A sangre fría de Truman Capote: sometidos, atados y con el tiro de gracia todos, excepto un joven de 17 años que había sido secuestrado meses antes. Un crimen múltiple rodeado de suspicacias, sobre todo porque la casa fue vendida a Félix Bautista Lugo y su esposa Carmen hace menos de tres meses por el actual secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, quien fue alcalde de Ciudad Guzmán y luego gobernador de Jalisco.


Pero más allá de especulaciones lo que más horroriza de este episodio es que los asesinos hayan ejecutado despiadadamente no sólo a los adultos sino a dos niñas, Magali y Mayra, de apenas ocho y siete años de edad. ¿Puede alguien suponer qué mente descompuesta es capaz de ordenar un crimen así? ¿Es posible concebir que haya quienes se atrevan a jalar del gatillo para matar criaturas?


El otro caso que ahora nos conmueve es igualmente desgarrador: Fernando Martí, un jovencito —un niño— de apenas 14 años de edad fue secuestrado hace dos meses por una banda que se hizo pasar por AFI en un falso retén. Quienes luego de matar a su chofer y herir a su escolta pidieron a su familia un rescate descomunal. Aunque falta por aclarar ciertos detalles se dice que la exigencia original fue de varios millones de dólares, y que los padres pagaron millones de pesos y hasta publicaron un desplegado reclamando vivo a su hijo: Fernando fue asesinado —no se sabe cómo— hace ya 30 días y su cuerpo apenas descubierto.


No conozco a nadie de la familia Bautista Campos en Ciudad Guzmán. Conozco en cambio al papá de Fernando, Alejandro Martí. Lo tengo no sólo por empresario brillante y exitoso sino por hombre bueno y sensible. Nos presentó un amigo común y luego yo le presenté a otros con quienes me pedía conversar sobre la marcha del país. Hoy yo no sabría qué decirle ni sobre el país ni sobre el dolor. Como no sea que supongo que no puede haber pérdida más grande y contra natura que la de un hijo. Y que aunque no pueda inventar palabras suficientes quisiera que Alejandro y Mati me sintieran cerca de ellos.


En cuanto al país, y aunque todavía no pueda descifrarlo, sí tengo que decir que para desgracia de todos sigue sumido en la corrupción y la impunidad. Porque tan abominables son estos crímenes como un hecho intolerable: en los dos casos hay agentes judiciales, federales y policiales involucrados. Así que la pregunta obligada es: ¿qué autoridad federal, estatal o municipal tendrá el valor de detener a sus propios asesinos?






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