06/05/2012

 
El Despertar
¿Está cambiando el viento?

 
 
José Agustín Ortiz Pinchetti

 
Parece que fluyen distinto las cosas para el PRI-Peña Nieto. Los priístas reconocen que la batalla final será entre AMLO y Peña, y que se cerrarán las preferencias. Éste tenía 40 por ciento en noviembre. Las encuestas del paquete de las televisoras le acreditan una mayoría abrumadora, pero hay indicios de que es una campaña propagandística embozada.

Se construyó una estrategia audaz, más sutil, para descalificar a AMLO, el enemigo a vencer. Antes de la campaña se fijó el nivel de preferencias gracias a encuestas pagadas y luego se reforzó con una ofensiva de opinión pública instrumentada por un coro de comentaristas. Ahora exhiben debilidades. Las encuestas están mal hechas. Peña Nieto es un personaje insulso, carece de proyecto y ni siquiera tiene lema. El PRI está desprestigiado por la corrupción de sus gobernadores y es evidente su obsesión restauradora. Esto no es atractivo para los votantes.

Por eso sectores de la clase media alta que nunca pensaron votar por AMLO y ven el fracaso del PAN se inclinan por darle oportunidad al tabasqueño. El closter televisivo y sus masas cautivas no son tan cretinas como piensan los manipuladores. Mucha gente de clase media baja y de sectores populares se inclina por AMLO, aunque lo ocultan a los encuestadores. El poder de los medios se debilita ante una sociedad agraviada.
Hay datos firmes que sustentan la esperanza de un cambio en la intención electoral. ¿Ejemplos?: el éxito de AMLO con jóvenes de universidades privadas; en un sondeo sobre criterios de clase media, AMLO era el principal portador de cambio; hay encuestas y votaciones en las redes donde la mayoría de usuarios lo señala como el mejor; en encuestas locales AMLO y Peña están empatados o Peña y Josefina caen. AMLO supera sus negativos y crece de modo indubitable. En ejercicios con grupos de enfoque, la mayoría del voto oculto es para AMLO.

En las estructuras de promoción y defensa del voto de Morena el número de reclutas aumenta. En sondeos casa por casa en sectores urbanos su intención de voto sube. La sensación de una nueva preferencia se hace patente en los contactos personales.

Sin embargo, hay que reconocer que en el círculo rojo (los conocedores de la política) prevalece la certeza de que el PRI ganará.

En sus recientes recorridos AMLO llenó las plazas con multitudes del doble o el triple que en 2006. Plazas llenas no garantizan urnas llenas, pero el aumento es buen indicador de la mejor organización. ¿Estamos en el inicio de una avalancha? La popularidad de AMLO podría multiplicarse y crecer, pero no nos hagamos ilusiones y mantengamos la guardia en alto y un cauto optimismo.

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