5 mar 2007

Sobre Carlos Slim y La Pobreza


Las dos caras de Carlos Slim
Por Denise Dresser

Filántropo y monopolista que niega serlo. Benefactor que desparrama riqueza y plutócrata que la acumula. El que devuelve dinero con una mano y lo extrae con otra. Desplegando dos caras que miran en direcciones opuestas como Jano, el Dios de la mitología romana. Carlos Slim, Dios dual del capitalismo disfuncional que le ha permitido llegar a la posición privilegiada que ocupa y asegurar que nadie, y menos el Gobierno, pueda desplazarlo de allí. A punto de aparecer nuevamente en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada de 55 mil millones de dólares que ha crecido 66 por ciento en el último año. A punto de anunciar que devolverá una quinta parte de ella. Dos eventos que podrían parecer una coincidencia pero probablemente no lo sean. Dos eventos que ilustran la dualidad del Sr. Slim y su efecto cuestionable sobre el país.

Como pregunta la revista Business Week en el artículo “Slim’s Big Giveaway”: “Qué haces si eres el empresario más poderoso de México y pararrayos de la crítica? Regalas mucho más de tu dinero”. Y eso es lo que planea hacer, con donativos de 6 mil millones de dólares a las Fundaciones Carso y Telmex; con la creación de tres institutos para la salud, la educación y el deporte; con un énfasis mucho más visible en su responsabilidad social. “A eso se va a dedicar el ingeniero los próximos cuatro año: A la filantropía y a IDEAL, la compañía que ha creado para invertir en infraestructura de manera rentable”, explica Arturo Elías, ejecutivo de Telmex. Y niega que este nuevo empuje filantrópico tenga algo que ver su lugar en la lista Forbes o con el clamor creciente en contra de los monopolios y los abusos que cometen.

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Carlos Slim apenas atrás de Bill Gates

CARLOS ACOSTA CORDOVA/MEXICO, DF.
Marzo 3, APRO

Nadie en el mundo tiene, como él, la capacidad para incrementar su riqueza de manera tan espectacular y en tan poco tiempo. Ningún rey de los que aún quedan tienen una fortuna similar a la suya. Jeques, sultanes y magnates petroleros, lo mismo que políticos y dictadores que se han adueñado prácticamente de sus países le envidiarían su chequera, que le ha permitido recorrer el mundo para hacer grandes inversiones, comprar compulsivamente empresas y aun voluntades políticas. Hasta Bill Gates, por años el número uno de los multimillonarios del mundo, ve con asombro cómo este hombre se le acerca y le compite descarnadamente por ese puesto.

Tan descollante ha sido el ascenso de Carlos Slim Helú en la élite de las fortunas descomunales que Forbes, la emblemática revista neoyorkina especializada en informar cada año acerca de las fortunas de hombres y mujeres en su World’s Richest People, hará una presentación estelar de este polémico empresario mexicano en su próxima edición.

La razón: según esta publicación, Slim es ya el segundo hombre más rico del mundo. La fortuna del dueño del Grupo Carso --con Telmex y América Móvil como puntas de lanza-- pasó, en tan sólo un año, de 30 mil millones de dólares (monto que lo ubicaba en 2006 como el tercer hombre más rico del mundo, sólo después de Gates y Warren Buffett) a 54 mil millones de dólares.

Esta cifra es similar, para ejemplicar, a los ingresos petroleros del país... en dos años. Y si la fortuna que le atribuye Forbes fuera líquida y la tuviera a la mano, Slim podría comprar toda la producción económica de El Salvador y Nicaragua, pues el Producto Interno Bruto de estos dos países juntos apenas se acerca a esos 54 mil millones de dólares.

Si el aumento de 24 mil millones de dólares en un año es impresionante, lo es más el ritmo: 2 mil millones de dólares al mes; unos 66.7 millones cada día; 2.77 millones por hora; 46,296 dólares cada minuto. En un país donde la mitad de su población de más de 100 millones de habitantes camina en la línea de la pobreza; donde millones de quienes trabajan --porque muchos ni a empleo llegan-- perciben un salario mínimo de 50 pesos al día.

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Miseria, la terrible miseria

Alejandro Caballero (Proceso)

Y entre tanto allá lejos –en los pliegues recónditos de México–, la pobreza, la “alta marginación” según el tecnicismo pesado de sociólogos y políticos, lo abarca todo. Prácticamente todo. ¿Cómo se mide esta miseria lacerante? ¿Qué la provoca? Pero, sobre todo, ¿cómo se vive –o se muere– dentro de ella? Con reportajes como el que presentamos enseguida, el primero de una serie que será publicada en estas páginas, los reporteros de Proceso se internan en las comunidades más pobres del país y la registran, cruda tal cual es.

Alejandro Caballero

COCHOAPA EL GRANDE, GRO.- Aquí, las mujeres e infantes se mueren porque llegan al hospital demorados por las brechas interminables que los separan de él. Y lo más cotizado, por encima de los cartones de cerveza, son las niñas que empiezan a menstruar.

En este municipio de Guerrero, con la más alta marginación de México y una pobreza extrema similar a la que padecen países africanos, las tragedias mixtecas son asunto de todos los días.

(...) Florentina se batía entre gritos. El medio cuerpo de su hijo que se mantuvo fuera durante el viaje se había regresado al interior del vientre. A las 10 con 47 minutos de la noche del jueves 22 de febrero, de acuerdo con el acta de defunción del niño, se procedió a la cesárea, necesaria para salvar a la madre, inútil para recuperar con vida al infante.

Al mediodía del viernes, la familia de Florentina aguardaba en la sala de espera de Tlachinollan. No tenía dinero para el ataúd infantil y el centro dirigido por Abel Barrera tramitaba un vale para que en la funeraria de Tlapa, el municipio que se promueve como la entrada a La Montaña, le entregaran una caja recubierta de tela blanca.

(...) El precio de Adela

Las menores de edad de Cochoapa que inician su edad fértil están condenadas.

Sus padres las tasan entre 10 y 100 mil pesos.

El síndico procurador Guillermo Flores Lorenzo y la madre María Silvia Rodríguez, de la Congregación Hijas de la Caridad de San Vicente Paul, avecindada desde hace siete años en esta cabecera, cuentan la historia de Adela, que Proceso reconstruye.

Adela no quería que su fiesta de bodas terminara. Que no se acabara la música ni la comida ni las cervezas, deseaba exhausta a los tres días del jolgorio. Si aquello llegaba a su fin, pensó a sus 12 años y dos meses, el hijo del padre que pagó por ella 30 mil pesos podía tomarla.

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