18 feb 2007

18-02-2007

Calderón sin pueblo, pero tampoco la oposición se fortalece

Pedro Echeverría V.
Rebelión

1. Felipe Calderón, el presidente de los empresarios, está desesperado buscado que el pueblo aplauda su gobierno. A más de 75 días de haber tomado posesión no ha logrado entusiasmar a nadie, aunque sí a los poderosos empresarios que apuntalaron con mucho dinero su campaña. De cada 10 discursos pronunciados en ocho ha reiterado su llamado al combate “contra la inseguridad y la delincuencia organizada”. Para demostrar que “tiene la mano firme y que no retrocederá ante los que violan la ley”, al asumir la Presidencia se hizo rodear por el ejército encargándole intervenir en varios de estados de la República para “desmantelar bandas de narcotraficantes y garantizar la seguridad de los pobladores de cada lugar”. Los resultados del combate contra la delincuencia han sido magros pero los mexicanos han comenzado a dudar y protestar por la medida.

2. La población ha comenzado a ver al gobierno faccioso de Calderón como la exacta continuidad del funesto gobierno de Fox en cuanto al total incumplimiento de las promesas de campaña. Este fracasó rotundamente en el crecimiento del país, en la creación de empleos y en el aminoramiento de la miseria, provocando una gigantesca migración a los EEUU, el enorme crecimiento del ambulante y la delincuencia. Con Calderón aún no se puede medir adecuadamente el crecimiento, pero su secretario de Hacienda ha declarado que no habrá creación de empleos en corto plazo. Con ello se puede vislumbrar que el problema del desempleo y la miseria empeorarán. Pero además desde los primeros días comenzó una escalada de aumento de precios de los artículos de primera necesidad, entre estos el maíz. El pueblo ha empezado a demostrar descontento.

3. En respuesta a esa política irresponsable del presidente impuesto, la izquierda o centro izquierda no ha podido presentar una alternativa unitaria que lleve a la realización de análisis, discusiones y acuerdos que permitan avanzar con resolutivos esenciales. Desde hace algunos meses se ha venido hablando de cuatro principales pilares de movimientos políticos democráticos: 1. El FAP-López Obrador, 2. Las organizaciones obreras del Diálogo Nacional, 3. El movimiento zapatista y 4. El movimiento popular de Oaxaca. Alrededor de cada uno de ellos se mueven otras pequeñas fuerzas muy activas que pueden aumentar la participación de los movimientos. Sin embargo no se dan los contactos o no surgen acuerdos porque cada organismo defiende su parcela, busca mantener hegemonía y poder.

4. En tanto el lópezobradorismo plantea la vía electoral como la única salida en este momento, el zapatismo mantiene, en nombre de la lucha anticapitalista, una posición antielectoral a ultranza. Mientras las grandes organizaciones obreras (electricistas, telefonistas, trabajadores UNAM, IMSS, etcétera) mantienen su estructura sindical, la lucha popular de Oaxaca busca diferentes formas organizativas. Sin duda alguna esas organizaciones tienen historias y objetivos distintos, pero es indudable que tienen demandas inmediatas y de largo plazo que podrían unificar. Las batallas contra el desempleo, las llamadas reformas estructurales, la política derechista, el IVA en alimentos y medicinas, por mayor inversión social, y por convertir las movilizaciones en un poderoso instrumento de defensa y educación política, pueden unir.

5. El movimiento de más de seis meses de la APPO en Oaxaca contra el gobernador asesino Ulises Ruiz hubiera triunfado si el FAP-López Obrador, el zapatismo y los obreros del Diálogo Nacional hubieran apoyado con todas sus fuerzas. Exactamente lo mismo pudo haber pasado en las elecciones presidenciales si esas fuerzas hubieran apoyado a López Obrador. La lucha nacional de los mineros, con esos apoyos, estaría formando un gran frente. ¿A qué atribuir esa enorme incapacidad de los dirigentes de esos organismos por no poder promover debates que lleven a puntos de unidad y lucha? Sin duda hay un problema de caudillismo y de conservación de grupos y espacios de poder que son más fuertes que el compromiso unitario para avanzar por tramos a través de acuerdos en coyunturas concretas. El sectarismo y el oportunismo están presentes.

6. Obviamente es un poco difícil que los líderes López Obrador, Marcos y Hernández Juárez se sienten a discutir, empero para eso hay asesores políticos por organización. Ellos deben encargarse de preparar reuniones más amplias que permitan sacar acuerdos. No se trata de repetir el corrupto vicio de las reuniones “copulares”, pero una convocatoria unitaria de ellos podría darle un vuelco importante a la participación masiva nacional donde las organizaciones del Diálogo Nacional tienen una fuerza decisiva. Incluso esa convocatoria sería una gran sacudida movimiento estudiantil del país. Mientras esos acuerdos no se den la situación del país seguirá dominada por el gobierno derechista, por los grandes empresarios y los medios de información. La situación económica y política sólo se compondrá si los trabajadores salen a la calle.

7. América Latina, particularmente Venezuela, Bolivia y Ecuador, nos están enseñando la enorme importancia del movimiento de masas en las calles. Los gobiernos de esos países se han visto obligados a convocar a los trabajadores y a los sectores populares para enfrentar a las poderosas fuerzas empresariales asociadas a los EEUU que han buscado derrocarlos. En todo lo que va del siglo XXI los países del sur del continente han estado unificándose en la defensa de sus pueblos y sus recursos naturales. Si López Obrador hubiera ganado la Presidencia, aunque estuviera recibiendo en estos momentos enormes presiones de la derecha, seguramente no sería un cachorro del gobierno de Bush, tal como lo es el usurpador Calderón; quizá el movimiento de Oaxaca se estuviera consolidando, los zapatistas estuvieran en las mesa de discusión y los presos políticos estarían en libertad.

8. Los socialdemócratas partidarios de la vía electoral deben saber que la mejor manera de consolidar la democracia electoral es mediante la participación de las masas en la defensa de sus derechos. Los enemigos de la vía electoral deben saber que por esa vía se pueden ganar espacios (no cargos) para extender las luchas sociales con menos peligro de represión. Los luchadores sociales, si realmente están comprometidos por la transformación del país, no deben asumir posiciones sectarias e individualistas que sigan prolongando la miseria del pueblo. Hay que aprovechar todas las formas de lucha que ayuden a la participación y educación política de las masas. En la medida estas se organicen y participen se podrá superar el caudillismo, el dirigismo y la manipulación. Ninguno de los movimientos puede marchar aislado. Se requiere de unidad y lucha.

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