13/11/2010


Izquierdas



Gustavo Gordillo/ I


El nuevo newspeak “democrático” propone lo que resume toda su sabiduría: así es la política. A eso le llaman pragmatismo. La visión dominante define la política como un mercado político en el cual se intercambian ofertas electorales ante demandas ciudadanas. Los partidos políticos se comportan como empresas que buscan maximizar sus ganancias. En vez de programas coherentes e integrados presentan ofertas –a la manera de listas de supermercado– que buscan captar consumidores que no ciudadanos. Se vende como si fuera un producto, la política, para lo cual se acude a dos instrumentos mercadotécnicos: la publicidad y las encuestas. Las empresas que proporcionan ambos servicios construyen la visión dominante para justificar su cinismo conservador, garantizando que “a la gente se le dé lo que quiere”.

En contra de los intereses de este mercado monopólico está la participación amplia y razonada de los y las ciudadanas. Las izquierdas deben comenzar por liberarse de ese newspeak, confrontando la política como mercado con la política de convicciones como conjunto de valores que se encarnan en actos de gobierno. Porque, por otra parte, la izquierda partidista tiene que asumirse no sólo como oposición sino también como gobierno que ha sido, que es y que desea serlo en el futuro.

Hace 30 años la discusión central en las izquierdas era sobre los medios para alcanzar el poder queriendo con ello poner a discusión si la lucha armada –“en determinadas condiciones”– era considerada un medio legítimo en la izquierda. Se decía que importaban los objetivos no los instrumentos. Hoy, las izquierdas deben preguntarse si todos los medios legales para acceder al poder son igualmente legítimos. Otra vez se dice que los instrumentos no importan, sino los objetivos. Como si medios y objetivos no formaran parte de una visión integral. Pero algo tiene que marcar la diferencia entre las izquierdas y las derechas. La diferencia no se sitúa sólo en el ámbito discursivo sino precisamente porque las palabras sí tienen efectos directos y porque la izquierda ya ha gobernado en varias entidades federativas, el discurso político de la izquierda tiene que estar construido desde la experiencia de ésta como gobierno. La pregunta clave que debe responder para confrontar a las derechas es: ¿qué significa un gobierno de izquierda? De las varias entidades federativas donde ha gobernado sólo en dos ha habido continuidad y un perfil claro de izquierda: Michoacán y, sobre todo, el Distrito Federal. También en el Congreso –en la Cámara de Diputados como en el Senado– ha tenido representación, si bien minoritaria, y desde luego la representación mayoritaria en la Asamblea Legislativa del DF. Aquí nuevamente la pregunta sería qué ha sido diferente entre legisladores de izquierda y de derecha. Y también los notorios fracasos en Zacatecas y Guerrero obligan a que esa izquierda asuma sus errores y saque lecciones de los mismos.

El pragmatismo puede ser una mala palabra por dos razones: porque identifica pragmatismo con visión de corto plazo o con el abandono de una propuesta de transformación en aras de un simple acomodo en el status quo. Pero quienes han gobernado y aspiran a gobernar lo hacen con una dosis importante de pragmatismo, es decir de capacidad para encontrar en una coyuntura concreta los vínculos y las convergencias necesarias para impulsar una visión de largo plazo.

La discusión por tanto en la izquierda no es entre pragmáticos y doctrinarios, sino entre visiones de largo plazo que recurren a métodos pragmáticos.

En los próximos artículos elaboraré alrededor de estos temas. Tomo nota de los comentarios de Rolando Cordera (31/10/10) en estas páginas, respecto a mi artículo del 30 de octubre pasado. Una larga costumbre de deliberación pública me une con Rolando, de suerte que con ese mismo espíritu le responderé a sus objeciones en mis siguientes artículos.

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