2 abr 2010


México SA

Novela rosa y cuento de la lechera

¿Quién pagará los impuestos?

Kessel: una pura y dos con sal





Carlos Fernández-Vega

Que nuevamente la reforma petrolera” de 2008 es la octava maravilla; que siempre sí los aprobados por el Congreso ese año son “cambios trascendentales”; que ante el caos gubernamental, el cuento calderonista de la lechera ataca de nuevo; que tal “reforma” no persigue la privatización de Pemex, sino transformarla en una empresa “tipo Cemex, Telmex o Televisa” (y a Zambrano, Slim y Azcárraga en los nuevos padres de la patria), y que, en fin, es verdaderamente asombrosa la creatividad gerencial de la “ridícula minoría” que dice gobernar el país, pues sin ruborizarse asegura que el desplome petrolero es producto de la falta de inversión privada en el sector, y no de exprimir a la paraestatal y dilapidar los gruesos recursos públicos generados por el oro negro (los cuales, dicho sea de paso, han sido los mayores en la historia durante la estancia panista en la residencia oficial, sin resultado alguno).

Días atrás en Cancún andaba de fiesta el inquilino de Los Pinos, donde se animó a decir que “hace poco más de un año (dos, en realidad), y a pesar de una enorme resistencia política, logramos aprobar, en conjunto con el Congreso de la Unión, una reforma que ha abierto nuevas oportunidades para la cooperación público-privada en el sector energético nacional. La reforma fortalece las capacidades de Petróleos Mexicanos a través de nuevos mecanismos de compra y de contratación, que ofrecen condiciones atractivas para la inversión especializada. Pemex puede ahora celebrar contratos flexibles, de largo plazo, que pueden implementarse por etapas, y eso abre atractivas posibilidades para inversionistas privados en áreas como exploración y producción de petróleo y gas, en asociación con Petróleos Mexicanos, así como la expansión de la capacidad de refinación, el mantenimiento de instalaciones y la construcción de gasoductos, entre muchos otros proyectos”.

Y, según él, qué fue lo que provocó el desplome petrolero. Fácil: “la falta de inversión de largo plazo (en Pemex), debida a las restricciones legales, que durante mucho, mucho tiempo, impidieron a México generar la concurrencia de la inversión del sector privado en concurrencia, insisto, con la empresa pública Petróleos Mexicanos, provocó que el agotamiento de yacimientos tradicionales en nuestro país generara una reducción significativa de la producción petrolera nacional”. Después de eso, el nirvana para los mexicanos.

Ya encarrerado, ordenó a su eficiente “equipo” aportar la solución: “el director general de Petróleos Mexicanos, Juan José Suárez Coppel, insistió en la necesidad de flexibilizar la estructura de la paraestatal para convertirla en una empresa como Cemex, Televisa, Telmex o Grupo Modelo, y de esta manera hacerla más eficiente y rentable para los mexicanos… creo que para que Pemex funcione necesita ser una empresa. Ninguna empresa trabaja con las restricciones que Pemex. Lo que tenemos que pensar es cómo funciona y cómo da cuentas, y cómo se aseguran de dar buenos resultados Cemex, Televisa, Telmex y Grupo Modelo. Si queremos que Pemex dé valor a los mexicanos, necesitamos que Pemex opere como empresa y que tenga un marco regulatorio como empresa; lo que necesitamos hacer en Pemex es una transformación de la empresa de cómo operamos para sacar provecho del talento de la gente, de los recursos y del dinero que le hemos puesto los mexicanos”. Y listo: con eso y un trapito se acabó el problema.

Qué bueno que la pretensión sea convertir a Petróleos Mexicanos en una empresa como Cemex, Telmex y/o Televisa, pero de inmediato la duda surge: ¿quién rescataría a Pemex? ¿Con qué recursos? ¿Quién pagaría los impuestos? Porque los tres consorcios citados han gozado, gozan, de los dineros públicos disfrazados de exenciones fiscales, monopolios garantizados, y “rescates” a discreción, según sea el caso. Por ejemplo, entre lo más reciente viene a la memoria el “salvamento” de Cementos Mexicanos en 2008, con el prócer de la patria Lorenzo Zambrano a la cabeza, tras estar al borde la quiebra. Papá erario de inmediato salió a resolver el problema, por mucho que los motivos de tal quebranto fueran los excesos del empresario regiomontano. O la empresa de telefonía, con un mercado cautivo garantizado durante tantos años, o de plano el gozo de “apoyos” al consorcio televisivo cada que sale a promover sus ideas, amén de que todos cuentan con la bendición del SAT para hacer como que pagan impuestos.

En este contexto, si la novela rosa del calderonato afirma que Pemex funcionaría de maravilla reproduciendo los esquemas de los citados consorcios privados, entonces alguna entidad pública deberá suplir a la petrolera y pagar los platos rotos de los barones, los impuestos que gentilmente dejan de cubrir, los excesos, las distorsiones económicas y las apuestas fallidas de los voraces personajes, pues Petróleos Mexicanos se subiría al carro de las “grandes” empresas privadas nacionales, que lo son a costillas de la nación, en buena medida. Y como cereza, el gobierno calderonista tendrá que decidir a qué empresario Forbes entrega el monopolio petrolero (toda vez que los tres casos citados por Suárez Coppel son monopolios), aunque la crítica social apunte, precisamente, a esa despreciable práctica gubernamental desde tiempos de Miguel de la Madrid.

Y como no hay de dónde agarrarse, más que de las fábulas, porque la casa se le cae (y no es un problema de “percepción”), de nueva cuenta sale Calderón con su cuento de la lechera. Ahora dice que como resultado de la “reforma” de Pemex y la inversión privada en la industria petrolera, a los mexicanos les faltarán manos para abrazar tantos logros y gozar del cúmulo de desarrollo aparejado: empleo, crecimiento económico, beneficios sociales, casa chica, etcétera, etcétera, o lo que es igual, el mismo discurso de la “Presidencia del empleo”, la “reforma” fiscal, la “goliza al crimen organizado” y demás cuentos que mantienen hundido al país.

Las rebanadas del pastel

Justo dos años atrás, en Monterrey (cuna de uno de los grupos económico-políticos más poderosos del país, a su vez fundador y mecenas del Tec, donde ahora sus alumnos son “confundidos” con sicarios), los estudiantes y maestros de esa institución educativa exigieron a la carismática secretaria de Energía, Georgina Kessel (en gira artística para promover la “reforma petrolera”), lo siguiente: “no queremos que Pemex se convierta en un monopolio privado; no queremos otro Slim petrolero”. Y como en tantas cosas, al sensible gobierno gerencial el reclamo le valió una pura y dos con sal.

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