12/02/2012


El despertar
La vivencia de una revolución silenciosa



José Agustín Ortiz Pinchetti


Hace unos días me entrevistaron desde una estación radiofónica que opera en Los Ángeles sobre AMLO. Les interesó mi referencia a una revolución cultural silenciosa en México. Me queda claro que empezamos a despertar cuando el régimen priísta no fue capaz de mantener el crecimiento económico. Resistieron con trampas y fraudes, pero se inició la transición a la democracia. Proceso lento e inacabado, pero no pueden negarse los cambios profundos en la cultura política. Tarde o temprano el impulso de un pueblo más exigente va a imponerse.

¿Qué factores están provocando el fenómeno? El más poderoso es el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría, acompañado por la corrupción y el desprestigio de los gobiernos. El cambio es respuesta a una incitación: los sufrimientos y frustraciones de las últimas tres décadas. Pero no sólo es una reacción, la gente está más informada. Cierto, la televisión intenta controlar la opinión, pero las redes informales, muchas estaciones de radio y periódicos están abriendo espacios. La sociedad se ha vuelto laica, desobediente y retobona. Como sea, existen partidos políticos, debates, candidaturas. Todo el mundo habla de política. El IFE puede ser imperfecto, pero hay un árbitro a quién reclamarle; cada día son más los inconformes. Y tenemos también la influencia exterior. A partir de 1989 han caído todas las dictaduras y han sido sustituidas por regímenes democráticos. A veces el tránsito ha sido cruento, a veces suave, pero la democracia es ya un paradigma mundial.

La revolución silenciosa no ha despertado mucho interés en la academia; en cambio, los grandes jerarcas de la política la observan, vigilan y espían.

Mi propia fuente de información sobre estos cambios profundos es el Morena. Cada vez que me acerco a los grupos que están creciendo constato en qué consiste el fenómeno. Me asombra cómo los grupos populares que se adhieren son cada vez más entusiastas y puntuales. En las reuniones, la gente está alerta. Opina con gran libertad y claridad política. Entiende todos los mecanismos de control y los impugna. Sus acciones son cada vez más efectivas. Por lo menos para ellos, la pesada costra que sometía a la población se está resquebrajando.

Cuando converso con mis amigos en la capital sobre estas experiencias me oyen incrédulos. Creen que toda esta estructura se va a desplomar cuando el PRI reparta regalos y/o cuando el PAN amenace con quitarles los subsidios que otorga a la gente pobre. Lo que pasa en el fondo es que mis amigos no tienen fe en la gente común. Para mí, la verdadera esperanza no está en la clase política y sus amarres, sino en el despertar multitudinario de la gente común y corriente, que tendrá su prueba de fuego en la próxima elección presidencial.





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