07/05/2011






Desfiladero



De sangre, silencio, maletas y abrazos







Jaime Avilés





Integrantes de la Caminata-Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, en un momento de reflexión en el centro de Coajomulco, Morelos, donde durmieron, antes de partir el viernes temprano hacia TopilejoFoto Francisco Olvera




Mientras se preparaba el otro día para salir a pintar de rojo las fuentes de su barrio, la joven artista plástica Ivelín Meza llegó a una conclusión devastadora. Si todos los habitantes de México guardáramos un minuto de silencio en memoria de cada uno de los 40 mil muertos de la guerra de Calderón, el país tendría que permanecer callado 34 días y 34 noches.”

Ivelín y su compañero son parte del colectivo “Paremos las balas, pintemos las fuentes”, creado en respaldo a la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, que el miércoles salió caminando de Cuernavaca y esta tarde llegará a la UNAM para seguir mañana hacia el Zócalo.

Como bien lo dijo en su momento John Ackerman, el asesinato en Morelos del hijo de Javier Sicilia y seis personas más fue la gota de sangre que derramó el vaso. Por eso, entre hoy y mañana, habrá movilizaciones en San Cristóbal de Las Casas, Villahermosa, Celaya, Oaxaca, Ciudad Juárez y muchos otros puntos del país, así como actos de solidaridad con el pueblo mexicano en Barcelona, Madrid, París, Berlín, Roma, Milán, Venecia, Nueva York, Río de Janeiro, Buenos Aires y Córdoba, por mencionar sólo algunas ciudades importantes.

En recuerdo de los viajeros secuestrados por narcos y policías locales y federales en las carreteras de Tamaulipas –donde, según Poiré, el gobierno tiene “absoluto control territorial”, y por lo tanto proclama su abierta complicidad en los asesinatos recién descubiertos–, el pintor Boris Viskin ha lanzado una convocatoria con una carga simbólica tan poderosa como la de las fuentes pintadas de rojo.

Si ustedes tienen una maleta que por vieja están a punto de echar a la basura, llévenla mañana al Zócalo. Viskin y otros artistas la recibirán para formar con ella y con todas las que lleguen una montaña que se volverá hermana de las montañas de maletas “olvidadas” en las estaciones de autobuses de Tamaulipas, donde nadie las reclama hace meses.

Los propietarios de esos equipajes –ya lo sabemos, pero hay que escribirlo una y otra y otra vez y todas las que sean necesarias hasta que lo sepa el Tribunal Internacional de La Haya– eran pasajeros que viajaban en autobuses comerciales rumbo a Estados Unidos, pero fueron secuestrados en las carreteras que Genaro García Luna tiene la obligación de vigilar y proteger, y como no lo hace es también corresponsable de los crímenes que en ellas masivamente se cometen.

Mientras sus dueños eran desaparecidos y asesinados a tablazos y golpes de martillo antes de ser sepultados en fosas comunes clandestinas, las maletas llegaron a su destino dentro de incontables autobuses vacíos, y fueron amontonadas en las bodegas de las terminales del noreste del país, donde nadie pregunta por ellas, evocando a las maletas que en su época “olvidaron” otros viajeros en la Alemania de Hitler y en la España de Franco.

Reflejos inequívocos de la pluralidad de banderas atraídas por el deseo de participar en la marcha contra la guerra estúpida de Calderón y de Obama (el mayordomo asesino en la supuesta “eliminación” de Bin Laden), son los llamados que, por la prensa o por Internet, se están haciendo para acompañar a los caminantes de Cuernavaca, grupos tan disímbolos como el movimiento Sin maíz no hay país, el SME, los trabajadores de Mexicana de Aviación, los grupos adherentes a la otra campaña, la red libertaria de prostitutas y travestis Brigada Callejera, los comités del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y los intelectuales que apostaron su prestigio (y en ciertos casos lo perdieron) a la alianza PAN-Yunque-PRD en el estado de México, que pronto se reveló como una maniobra de Calderón en favor de Peña Nieto, su sucesor designado.

Aunque Andrés Manuel López Obrador no asistirá a la movilización –“para que la mafia no me acuse de oportunista”, dijo el jueves ante decenas de miles de personas en Tuxtla Gutiérrez, después de presidir concentraciones multitudinarias en Morelia, Puebla, Cuernavaca y Tapachula, en el arranque de una gira por las 40 principales ciudades del país, para ver si en verdad es el mejor posicionado rumbo a 2012–, sus simpatizantes, agrupados en el movimiento No + Sangre, se reunirán mañana, desde las 11, frente a Bellas Artes, en espera de la marcha silenciosa que llegará por avenida Juárez.

Calderón está visiblemente nervioso. Mientras “su gobierno” continúa endeudando al país con 150 millones de dólares cada 24 horas –“incluidos fines de semana y días festivos” (nota de Israel Rodríguez, La Jornada, 01/05/11)–, por lo que al final de 2011 México deberá 55 mil 100 millones de dólares más, el causante de la tragedia que ha destrozado de dolor, impotencia y rabia a personas, familias, barrios, colonias, ciudades y pueblos de norte a sur y de este a oeste, se siente arrinconado y obra en consecuencia.

Su arenga televisada en cadena nacional, el pasado miércoles por la noche, combina con tal furia palabras como “soldados”, “marinos”, “policías”, “luto”, “sangre”, “criminales”, “impunidad”, etcétera, que un cibernauta sobrado de ingenio la reditó de manera que Calderón aparece farfullando frases como esta: “y con soldados, marinos y policías estamos manchando de sangre todo el país y lo seguiremos haciendo”. El video, que dura 64 segundos, se llama “El verdadero mensaje de Calderón” y está en Youtube.

Expuesto por primera vez durante su espuriato a la mirada atónita de la opinión pública internacional, que contempla horrorizada lo que por ineptitud y en busca de legitimidad su monstruoso “gobierno” nos ha hecho, Calderón se echa para adelante. El jueves afirmó en Puebla que tiene de su lado “la ley, la razón y la fuerza” –lo que es falso, pues violó la ley al declarar una guerra sin permiso del Congreso, perdió la razón al tratar de justificarla y ahora sólo le queda la fuerza, con la cual intentará llevar la carnicería hasta sus últimos extremos–, pero por la noche dijo también que con la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad “se revitaliza la acción ciudadana como vía para impulsar los cambios que requiere el país”.

En otras palabras, los que vienen caminando desde Cuernavaca, los que marcharán en distintos lugares de México, los que protestarán contra él en el mundo, los que pintan fuentes, los que donan y apilan maletas, y los que no se cansan de gritar: “¡No más sangre, basta de sangre, estamos hasta la madre!”, en realidad, desde la vidriosa óptica de Calderón, están exigiendo que se apruebe la Ley de Seguridad Nacional, se establezca una dictadura militar “constitucional” y que nadie proteste por el fraude electoral que le permitirá entregar la banda tricolor a Peña Nieto (¿o si no por qué creen que con su sonrisa impasible de Gioconda totalitaria, la presidenta del tribunal federal electoral, María del Carmen Alanís, decretó que el hombre del copete en declive no tuvo la culpa de que sus espots fueran difundidos ilegalmente por televisoras de todo el país?)

La gran pregunta que resplandecerá mañana cuando termine la marcha es obvia: ¿y ahora qué? Su respuesta, obvia también, la adelantó el veterano cineasta Sergio Olhovich, en una carta publicada el jueves por La Jornada. Después de mañana, todas las luchas que buscan acabar con la narcodictadura calderónica deben fundirse en el más amplio y cariñoso de los abrazos, para tomar el poder político, pacíficamente, a través del movimiento que encabeza López Obrador, quien junto con Javier Sicilia y los zapatistas deben ser alas de un mismo pájaro. Y el primero que alce la voz de la exclusión se delatará como aliado de los asesinos.

jamastu@gmail.com














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