21/05/2011



Bravo por Encinas






Enrique Calderón Alzati




En el contexto de tragedia y desazón en el que venimos viviendo, como resultado de las políticas neoliberales que hemos padecido ya por tres décadas y de la guerra fratricida en la que nos ha sumido el actual gobierno, sordo y ciego ante los reclamos populares, el encabezado y la fotografía de La Jornada del martes pasado me causaron una profunda emoción, como seguramente les sucedió a otros miles de mexicanos, que quisiéramos ver el fin de la pesadilla actual.

El hecho al que se hacía referencia, constituyó una grata noticia de esperanza por el significado que ese titular y esa foto implican para el futuro de nuestro país, en momentos en los que la sociedad civil vuelve a mostrar la capacidad y voluntad de organización, en torno a la búsqueda de soluciones serias para los problemas de la nación.

Por ello, quiero resaltar la dimensión del esfuerzo y la visión política de Alejandro Encinas para lograr que esa foto fuese posible, a partir primero de su negación a aceptar una alianza con las fuerzas que representan hoy el retroceso, la ineptitud, la cerrazón y la complicidad con los intereses más oscuros que amenazan y actúan en contra de México, y después con el innegable esfuerzo de concertación realizado para lograr algo que no había sido posible en el pasado reciente, mostrando con ello una capacidad política que, por sí misma, constituye una lección para todas las fuerzas políticas identificadas con la izquierda, mostrando con claridad lo que se puede y debe hacer para cambiar el rumbo del país, tal como ha sucedido en los mejores momentos de nuestra historia.

He leído análisis aparentemente serios en torno a este encuentro, en los que se intenta disminuir su importancia, afirmando que se trató de un acto simulado y convenenciero y, por lo tanto, sin trascendencia, que pronto quedará en el olvido ante las luchas internas venideras. No estoy de acuerdo con ello. Alguien ha dicho sabiamente que en política la forma es fondo, y aquí la foto muestra con claridad la presencia de las tres figuras que conforman hoy el liderazgo actual de la izquierda mexicana, señalando a la nación su decisión de respaldar la candidatura de quien con este acto se convierte de hecho en el eje de la estrategia nacional para obtener el triunfo en las elecciones presidenciales de 2012; por ello, me parece impensable un cambio de actitud a lo largo de esta campaña, en la que se ha establecido de facto una posibilidad real de triunfo.

Con el mayor número de votantes entre las entidades del país, y la concentración de una porción importante de sus recursos económicos, el estado de México es hoy como nunca el eslabón principal de la cadena de acceso al puesto de mando nacional, una cabeza de playa con la mayor importancia estratégica. ¿Por qué habría alguno de estos tres personajes referidos, rectificar la postura inicial que han dejado establecida en el acto político del lunes pasado? o ¿qué razones tendría alguno de ellos para tratar de hacer alguno de los otros dos a un lado, luego de la experiencia de 2006?

Pensemos por un momento las implicaciones de un triunfo contundente del PRD en las elecciones del estado de México al final del presente año, luego de las campañas mediocres que realizó en las elecciones de 1999 y 2005. El mensaje sería muy claro para la población de todo el país, que necesariamente voltearía a observar con interés las propuestas de la izquierda: ¿se arriesgaría la televisión nacional a seguir ignorando a la izquierda mexicana, como lo hizo el lunes pasado? Difícilmente esas cadenas no se atreverían a hacer otra cosa que buscar un acercamiento ante sus posibilidades de un triunfo nacional.

Luego, para la siguiente etapa de ese escenario, sería necesario considerar las simpatías que cada uno de estos personajes representa; me parece claro que los tres tienen un amplio espectro de simpatizantes en las diferentes regiones del país, aunque quizás no los suficientes para garantizar un triunfo nacional. Aquí es donde la reunión del lunes pasado conforma un nuevo escenario con una correlación de fuerzas, que sin duda favorece a la izquierda.

Sería absurdo ignorar las diferencias que han existido en los años recientes, luego del nacimiento del PRD como una aglutinación de los diversos grupos que constituían una izquierda segmentada desde tiempo atrás; tampoco podemos hacerlo con los sentimientos de rivalidad que puedan existir ahora; sin embargo, el gesto que hizo posible el inicio de la campaña de Encinas, marca el deseo de superar todo esto para lograr un objetivo superior: nada más, pero tampoco nada menos, que instrumentar un proyecto de país que nos permita retomar el rumbo perdido de la soberanía nacional, la justicia social, el crecimiento económico y la seguridad pública.

La definición de una estrategia nacional clara, incluyente y con reglas de colaboración y valores que puedan ser aceptables para todos los participantes debe constituir ahora una actividad adicional a la campaña electoral del estado de México. Espero y deseo, como seguramente muchos miles de mexicanos más, que la izquierda toda pueda replicar este gesto de sus líderes, dejando las diferencias a un lado, pues de no hacerlo habremos fallado y el país habrá de esperar hasta que una generación nueva de mexicanos haga lo que nosotros no pudimos o no quisimos hacer. Por todo esto mi felicitación y deseos de éxito para Alejandro Encinas.







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