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16 may 2012

 
La estabilidad continuista

Luis Linares Zapata

 
Un capitoste de la IP, de esos que aparecen en la lista de Forbes, ya lo sentenció: todo está decidido, Peña Nieto será presidente. El cristalino neoliberal Carlos Mota (Milenio, 14/5) lo difunde como anónima filtración. Gracias a tan enterado columnista se pueden entrever los cielos donde habitan los privilegiados, esos que se designan responsables creadores de riqueza. Un enrarecido ambiente integrado por los que saben y pueden, de esos a los que les ha sido comunicado, desde las mismas sedes de una calle (Wall Street) el dictado de los todopoderosos. Nada hay, en tal entorno selecto, algo que huela a pueblo. Tampoco se habla ahí de voluntad ciudadana, respeto a la pluralidad y, menos aún, de apertura democrática o búsquedas de independiente soberanía. Todo queda bajo reserva de los pocos iniciados con finos ribetes y estudiadas quietudes. Los que dispensan las buenas nuevas siempre atadas a sus masivos intereses. Una rala especie de negociantes, conectados con insaciables especuladores globales que, en su alocado afán de enriquecimiento, detonaron la cruenta crisis actual. Una crisis que al final del recuento se ha depositado sobre los pagadores hombros de los de siempre: los trabajadores, los desempleados, los miserables, los informales, los ciudadanos sin pedigrí, los cautivos del fisco, la ralea, en fin, que habita en los pisos de abajo.

La historia, en cambio, aún esa de corto alcance, va poniendo las cosas y a sus actores estelares en el lugar debido. Los otrora conductores de gobiernos que alegan ser de clase mundial, afanosos creyentes del dictado de los mercados, van ocupando un nada pulido recuadro donde yacen los olvidados. Uno después de otro, los políticos que se sometieron al mandato que urgía la apertura de los mercados sin regulación, afiliados, por convicción propia a los programas de estricta austeridad y el déficit cero encriptado en la ley, han ido abandonando, sin el donaire de otros disecados tiempos, el escenario de primera línea. El más reciente fue el francés Sarkozy, pero antes fueron los derechosos de Grecia o de Finlandia y otros varios países del centro y este de Europa. Incluso la señora Merkel pierde parte de su conservadora base electoral y tendrá que introducir cambios en su férrea postura respecto a los llamados salvamentos financieros. Los del PP en la España actual se achican con el paso de los días y sus muchas miserias. A toda esa camada de actores de la derecha, que la crisis europea encumbró como sustitutos de los centro-izquierdistas o socialistas de renombre abollado, les llegó el turno de expiar culpas y enfrentar críticas por sus promesas fallidas. El presidente de España ya vaga, con todo su cuerpo de gobierno herido, sin saber siquiera dónde habrán de recalar sus enteleridos huesos, ya bien roídos por las crecientes protestas callejeras.

Los indignados de ahí y de varios lados más, en cambio, adquieren nuevos bríos y su empuje se contagia hasta llegar a universitarios tan remotos del eurocentrismo como los de la Uia, la Universidad de Querétaro o el Tec de Monterrey en este México de las dubitaciones electorales. Los jóvenes mexicanos van levantando sus voces, alteradas y disonantes, bastante distintas a las buenas maneras heredadas de sus conservadores padres. Tal parece que adquiere cuerpo una generación revoltosa para los estándares locales. A pesar de los pocos instrumentos a su alcance, se apoderan de plazas disponibles y lanzan, en las redes sociales, sus denuestos, sus alaridos, su primaveral descontento. Se asientan, sin penas ajenas, en los mejores lugares para hacer oír sus voces. Se sabe que aspiran a una vida decente, digna, gustosa que los aspirantes presidenciales apegados a la continuidad no parecen ofrecerles, menos aún garantizarles. Poca de la riqueza está escriturada para ellos. A juzgar por lo adelantado por los paladines de la continuidad, tienen que pasar primero por el filtro de la productividad, de la decencia, del sometimiento, de la disciplina. Un conjunto de tenebrosos parajes que atosigan horizontes y constriñen los espíritus que aspiran a lo imposible.

Los aires que corren por el viejo continente ya brincaron el océano Atlántico. Las recetas empleadas para combatir la llamada crisis financiera (mejor dicho bancaria) europea se han convertido en cerrojos al crecimiento y la esperanza. No es justo, ni legítimo ni debido dejar en el desamparo a tantos (más de 20) millones de personas, principalmente jóvenes sólo en la Europa comunitaria. Las consecuencias empiezan a hacerse notables y contagian los ánimos de amplios contingentes de mexicanos, en especial los más educados. Todavía la corriente no cristaliza en un movimiento contestatario que ponga en riesgo lo establecido. Posturas y acciones que puedan afectar las preferencias por el escogido (EPN) que, afirman, debe asegurar la continuidad marcada. Los días venideros serán definitorios.
Se circula por una recta final hacia el 1º de julio. El reto está ya más que claro. Se trata de dos alternativas a escoger y votar: una por el cambio drástico y la otra por más de lo mismo.



9 may 2012

 
El antifaz de las encuestas

Luis Linares Zapata

 
 
Armados hasta el cerebelo con los porcentajes de su cotidiana encuesta (tracking, le llaman), los columneros estrellas de Milenio Diario y canal respectivo difunden caprichosas predicciones. El líder indiscutible, el aventajado, el poseedor del récord de simpatías encuestadas por ellos, pudo, al fin, aparecer en la televisión abierta y exponer sus alegatos. Y no sólo eso. Contratacó a los que osaron dirigirle sus cuestionamientos.
 
Pocos, si alguien, esperaban tal milagro de simplona palabrería y atildados modales aconsejados por asesores de imagen corporal. Fue un golpe propagandístico prefabricado con toda anticipación por la nube de protectores que guían las peripecias del señor Peña Nieto en tribunas, fotos y pantallas. La enorme ventaja del mexiquense, presumida con apoyo en el taumaturgo en turno (GEA/ISA), no sólo salió indemne del encuentro con desesperados rivales, sino le permitió mostrar sus acicaladas dotes oratorias, proclaman con donaire de conductores experimentados. Un fenómeno mediático que, sin duda, predican sin disimulo y entusiasmo un tanto fingido, aumentará su ventaja en la reñida competencia por el poder.

Noche a noche predican, auscultan, enjuician e inducen, desde ese canal y diario mencionados, lo que juzgan como irredento destino de las simpatías de los electores mexicanos. No hay alternativa al marcado desde su hertziano megáfono. El señor Peña Nieto, alertan, es y será el indisputable ganador de las venideras elecciones federales. Josefina, para sus pronósticos irremediables, lucha por mantenerse a tiro de un dígito, pero fracasa en el intento. AMLO, con su vetusta y hasta contradictoria retórica amorosa ya está, desde su periscopio cotidiano, condenado al destierro, a la derrota y, más que eso, al olvido.

Hay que decir, empero, que dentro de esa misma organización editorial y mediática hay ciertos colaboradores que salvan, con honestidad, su entereza, inclinaciones personales y reputación.

Con dura información a veces, con la refinada prosa y claridad de pensamiento de algunos otros, con sentido del humor e inteligencia en ciertas ocasiones, marcan prudente distancia de sus editores y compañeros de viaje. Tratan, por los medios disponibles a sus posibilidades, de mantener las necesarias e indispensables dudas y distancias del entorno que los rodea.

Pero los que acaparan múltiples reflectores, conspicuos miembros de la favorecida opinocracia, recalan, con frecuencia inusitada, y con incontenible saña a veces, en señalar los defectos y cortedades de aquel (AMLO) que les empitona sus más íntimas segregaciones gástricas. Ni modo, cosa de las pasiones de callejón y las visiones obnubiladas por ellas. Las distinciones de calidad entre los rivales por el poder, desde sus altos y severos juicios, se borran. Y, con incontestable plumazo, ponen a salvo a su elegido ganador. Los predicados 20 puntos (o más) de ventaja, conservados a piedra y canto desde hace años, han ido empujando al predilecto que será, qué duda cabe y desde sus alegados compromisos con la verdad, el elegido por esas mayorías que sus sondeos descubren. Y, tras esas pulsiones, atascadas de numerología, desfilan sus confianzas de taumaturgos del periodismo moderno.

La realidad de las preferencias electorales, en cambio, se ha ido acomodando con el indetenible fluir de la campaña. Un caudal a veces sordo, en otras ocasiones apenas audible, pero cierto, va emanando desde el seno mismo de la angustiada sociedad. El sentir que ahí se empolla ha ido sorteando los escollos de la medianía que lo rodea y condiciona. Ahora, después de adquirir la fuerza necesaria para retar al poder establecido, amenaza con volverse un torrente solicitante de atención, pero también de ayudas y generoso aprecio. Tampoco lo ha detenido el barullo mediático perfilado desde las cúspides para contenerlo.

La conciencia, esta vez masiva, va, con certeza y decisión, abriéndose un camino coincidente con las aspiraciones de esos muchos que forman mayoría.

Claman por el cambio sin escondrijos ni disfraces. Un cambio que sea verdadero, porque se ha engendrado desde las entrañas mismas del sufrimiento, de la pobreza, de esa precariedad que, no por sus penalidades y extensión, queda huérfana de honestidad y ánimo justiciero. Valores arraigados, conservados, hasta de manera destemplada y rijosa, por sendos grupos de la sociedad. Una fiera lucha, ciertamente de años, sin cuartel en busca de un lugar en la pequeña o gran historia del acontecer nacional se va haciendo presente. Forma ya un movimiento de arrestos transformadores, pero que trascurre, por lo que se ve y oye, ajeno a los escrutadores del oficialismo. Pero ese ronco madurar de intenciones colectivas tras el cambio empieza a ser captado por otros medios y esfuerzos demoscópicos (María de las Heras, Uno Noticias, por ejemplo). No cabe duda que los sentidos, de esos unos cuantos, se embotan con tanto deambular por rutilantes escenarios. La continua presencia en las pantallas de los opinócratas les uniforma voces, embadurna criterios y les congela gestos. Pero, a pesar de lo que difunden en sendas arengas moralinas desde sus pedestales mediáticos, los hechos, sus posturas y hasta sus sentencias, coinciden, a pie juntillas, con los soberbios dictados de aquellos que los miran desde mero arriba.




2 may 2012

 
Periodos definitorios

Luis Linares Zapata

 
La campaña electoral en curso ha entrado en su periodo definitorio. Lo que se juega no es el arribo al Ejecutivo federal de un prospecto cualquiera, de entre tres posibilidades efectivas que hoy presentan los partidos políticos. Es bastante más que eso: la pretendida continuidad de un estado de cosas (insostenible aun en el mediano plazo), o las expectativas fundadas de un cambio de actores, rumbo, voces y acciones emparejadas con la transformación del sistema completo entrevista como urgente. Bien puede decirse que la apuesta es grande y su resultado incierto. Sin embargo, los sostenes al alcance de los ciudadanos para tomar tan elevado riesgo son, hasta ahora al menos, por demás precarios.

Y son precarios porque uno de los aspirantes, el señor Peña Nieto, ha decidido plegarse, con notable rigor y mansedumbre, a un estricto plan: circular por el país bajo resguardo de un denso escudo publicitario y una agenda informativa a nivel de recetario. El mexiquense no es, por ahora al menos, un candidato del montón. Es, al parecer, y aunque se discuta la legitimidad con que destaca, el más adelantado en las simpatías encuestadas. Es, también, el que usa, y desusa, el mayor aparato mediatizador de inquietudes y enigmas, disparando los costos de su operación hasta el derroche. El escrutinio ciudadano de su persona, pensamiento, ideario o propuestas de acción es tarea de titanes. Primero, porque se requiere remontar la bien aceitada maquinaria propagandística que impele a la compulsión por una imagen ya bien acicalada. Segundo, porque se impide, por innumerables medios, penetrar en las varias y variadas interrogantes ocultas tras un rostro opaco.

Ciertamente, Peña Nieto no es, bajo ningún escenario factible, invencible, tal y como lo vienen presentando con enorme despliegue, no carente de cínica manipulación, casas encuestadoras, medios de comunicación, opinólogos de renombre escénico y asesores de conocida laya. La competencia que lo atosiga, quiérase o no, es real, y no dejará de golpear la coraza con que se ha decidido protegerlo del interés público.

Una rala camada de especialistas y personas preocupadas anda a la búsqueda, hasta con encomiable ahínco, de datos duros, aspectos íntimos de su pensar o de algunas visiones que enmarquen su aspiración presidencial. Desean encuentros serios, directos, que les permitan superar las barreras interpuestas por su cerrado y vasto equipo de colaboradores. Y, en esa ruta se va logrando avanzar, aunque los estrategas y promotores de su campaña no lo quieran admitir. Mientras más tiempo pase y se mantenga en la lejanía y los algodones, peor será para él y para sus pretensiones de alzarse con el triunfo.

Hasta hoy en día poco es lo que se conoce de los personajes que lo rodean e influyen. Uno en particular destaca entre el montón de cuidadores: el señor Videgaray. Y poco servicio puede prestarle tanto al curioso como al inquieto este funcionario de fugaz y pretenciosa carrera. Sabemos que rozó, siendo funcionario y diputado, cuestiones administrativas, hacendarias o presupuestales y no mucho más que eso. Pero, al situarlo junto a otros actores, ya bien conocidos por pasadas experiencias, como Santiago Levy, Córdoba Montoya o Pedro Aspe, entonces la vista se precisa, el panorama se aclara y los perfiles, además de unificar posturas, retraen un pesado fardo de reminiscencias. La trágica época salinista desempolva sus trastes, remoja ambiciones y, con bríos sacados de su derrota, se apresta a volver por fueros e influencias en el próximo sexenio que ya siente suyo.

El desfile áulico así dibujado ante Peña Nieto colisiona con los publicitados arrestos de cambio que el priísta utiliza como tarjeta de presentación. Nada hay en esos tecnócratas, de similar desplante, que lleve a enmendar entuertos. Menos aún que hayan desertado de sus arraigadas creencias neoliberales que portan bien dentro de sus humanidades. Cuando tuvieron la oportunidad de mejorar la vida en común de los mexicanos de entonces fracasaron de manera rotunda en el intento.

Dedicados, dos de ellos al menos, a los negocios a la vera del sector público, sus pulsiones de poder se entrelazan, íntimamente, con un entreguismo bajo astuta capa modernizante. Levy insiste en trasmitir, esta vez desde su perifollo como funcionario internacionalizado, su reformista visión de una seguridad social universal que Peña Nieto ya pregona como posible. Córdova, de torvo accionar cerca del trono, insiste en la concentración de mando y poder. Sus consejos revelan, de nueva cuenta, el frágil filo del autoritarismo como sinónimo de la eficacia y que tanto empolla en su seno el señor Peña. Aspe volverá, qué duda cabe, al desarrollismo privatizador. A ese tipo de crecimiento fincado en los grandes grupos empresariales como plataforma de despegue hacia la prosperidad, pero engordados por la generosidad de la hacienda pública. Como se puede intuir al examinar pasadas historias detrás de tales personajes, con inoculadas agendas subordinadas a la globalidad impuesta, poco se podrá salvar de un futuro naufragio pronosticado.




 
Periodos definitorios


Luis Linares Zapata

 
La campaña electoral en curso ha entrado en su periodo definitorio. Lo que se juega no es el arribo al Ejecutivo federal de un prospecto cualquiera, de entre tres posibilidades efectivas que hoy presentan los partidos políticos. Es bastante más que eso: la pretendida continuidad de un estado de cosas (insostenible aun en el mediano plazo), o las expectativas fundadas de un cambio de actores, rumbo, voces y acciones emparejadas con la transformación del sistema completo entrevista como urgente. Bien puede decirse que la apuesta es grande y su resultado incierto. Sin embargo, los sostenes al alcance de los ciudadanos para tomar tan elevado riesgo son, hasta ahora al menos, por demás precarios.

Y son precarios porque uno de los aspirantes, el señor Peña Nieto, ha decidido plegarse, con notable rigor y mansedumbre, a un estricto plan: circular por el país bajo resguardo de un denso escudo publicitario y una agenda informativa a nivel de recetario. El mexiquense no es, por ahora al menos, un candidato del montón. Es, al parecer, y aunque se discuta la legitimidad con que destaca, el más adelantado en las simpatías encuestadas. Es, también, el que usa, y desusa, el mayor aparato mediatizador de inquietudes y enigmas, disparando los costos de su operación hasta el derroche. El escrutinio ciudadano de su persona, pensamiento, ideario o propuestas de acción es tarea de titanes. Primero, porque se requiere remontar la bien aceitada maquinaria propagandística que impele a la compulsión por una imagen ya bien acicalada. Segundo, porque se impide, por innumerables medios, penetrar en las varias y variadas interrogantes ocultas tras un rostro opaco.

Ciertamente, Peña Nieto no es, bajo ningún escenario factible, invencible, tal y como lo vienen presentando con enorme despliegue, no carente de cínica manipulación, casas encuestadoras, medios de comunicación, opinólogos de renombre escénico y asesores de conocida laya. La competencia que lo atosiga, quiérase o no, es real, y no dejará de golpear la coraza con que se ha decidido protegerlo del interés público. Una rala camada de especialistas y personas preocupadas anda a la búsqueda, hasta con encomiable ahínco, de datos duros, aspectos íntimos de su pensar o de algunas visiones que enmarquen su aspiración presidencial. Desean encuentros serios, directos, que les permitan superar las barreras interpuestas por su cerrado y vasto equipo de colaboradores. Y, en esa ruta se va logrando avanzar, aunque los estrategas y promotores de su campaña no lo quieran admitir. Mientras más tiempo pase y se mantenga en la lejanía y los algodones, peor será para él y para sus pretensiones de alzarse con el triunfo.

Hasta hoy en día poco es lo que se conoce de los personajes que lo rodean e influyen. Uno en particular destaca entre el montón de cuidadores: el señor Videgaray. Y poco servicio puede prestarle tanto al curioso como al inquieto este funcionario de fugaz y pretenciosa carrera. Sabemos que rozó, siendo funcionario y diputado, cuestiones administrativas, hacendarias o presupuestales y no mucho más que eso. Pero, al situarlo junto a otros actores, ya bien conocidos por pasadas experiencias, como Santiago Levy, Córdoba Montoya o Pedro Aspe, entonces la vista se precisa, el panorama se aclara y los perfiles, además de unificar posturas, retraen un pesado fardo de reminiscencias. La trágica época salinista desempolva sus trastes, remoja ambiciones y, con bríos sacados de su derrota, se apresta a volver por fueros e influencias en el próximo sexenio que ya siente suyo.

El desfile áulico así dibujado ante Peña Nieto colisiona con los publicitados arrestos de cambio que el priísta utiliza como tarjeta de presentación. Nada hay en esos tecnócratas, de similar desplante, que lleve a enmendar entuertos. Menos aún que hayan desertado de sus arraigadas creencias neoliberales que portan bien dentro de sus humanidades. Cuando tuvieron la oportunidad de mejorar la vida en común de los mexicanos de entonces fracasaron de manera rotunda en el intento. Dedicados, dos de ellos al menos, a los negocios a la vera del sector público, sus pulsiones de poder se entrelazan, íntimamente, con un entreguismo bajo astuta capa modernizante. Levy insiste en trasmitir, esta vez desde su perifollo como funcionario internacionalizado, su reformista visión de una seguridad social universal que Peña Nieto ya pregona como posible. Córdova, de torvo accionar cerca del trono, insiste en la concentración de mando y poder. Sus consejos revelan, de nueva cuenta, el frágil filo del autoritarismo como sinónimo de la eficacia y que tanto empolla en su seno el señor Peña. Aspe volverá, qué duda cabe, al desarrollismo privatizador. A ese tipo de crecimiento fincado en los grandes grupos empresariales como plataforma de despegue hacia la prosperidad, pero engordados por la generosidad de la hacienda pública. Como se puede intuir al examinar pasadas historias detrás de tales personajes, con inoculadas agendas subordinadas a la globalidad impuesta, poco se podrá salvar de un futuro naufragio pronosticado.



4 abr 2012

Completamente de acuerdo en todo lo que nos comenta hoy Luis Linares Zapata , salvo que yo no le doy tanta validez a las encuestas que andan pululando por aqui y por allá . Existen muchos indicios ya de que éstas no nos están mostrando la realidad . El ejemplo más claro es la ENCUESTA NACIONAL INDEPENDIENTE , hecha con metodología científica y que nosotros publicamos aquí , mes con mes , en ella , AMLO lleva ya tres meses en primer lugar , siete puntos arriba de Peña y Josefina en un tercer lugar . Otro ejemplo claro es el reciente sondeo que puso en su portal de internet Milenio y que para eso de las 5 de la tarde AMLO arrasaba con el 8o% de las preferencias , al darse cuenta de ello , la quitaron de inmediato . Esto tiene relevancia si vemos que lo que todos los días aparece en el portal de este diario , que ellos llaman encuesta , pero que también es un sondeo , por que nadie podría hacer una encuesta diariamente con los requisitos mínimos que requieren estos ejercicios , Peña siempre aparece en primer lugar y Vazquez en segundo , manteniendo siempre en un lejano tercer lugar a AMLO , todo como parte de una estrategia para el desánimo de los electores.

No debemos olvidar que en política lo importante es la percepción que se logre fijar en el ciudadano y la realidad de las cosas aquí no tiene nada que ver . Pero , ojo , la realidad que están logrando posicionar en el electorado de que AMLO va en tercer lugar , será la que a la mera hora impongan si no terminamos de ponernos las pilas , estamos muy a tiempo ; así , que a difundir y a hacer conciencia entre amigos , familiares y compañeros de trabajo .








El empuje por la continuidad


Luis Linares Zapata


Ajuzgar por los números de las encuestas hasta hoy publicadas, la voluntad de los electores se inclina, decididamente, por la continuidad de los usos y las consecuencias del modelo económico vigente. La suma de las simpatías por PRI y PAN (80 por ciento) es determinante para arribar a un juicio de este calado. Los mexicanos, en especial las mayorías de clase media y baja, supuestamente votarán por los que, de varias y variadas maneras, han sido sus verdugos. Inclinarse de manera tan decidida por sorber una cucharada de más de lo mismo aparece como una tendencia ya consolidada en años recientes. Los apoyos a tales posturas provienen, qué duda cabe, de los sectores beneficiados por el actual reparto del poder, las oportunidades y la riqueza generada. En primerísimo lugar por la irredenta, cruenta e irreductible ambición de la plutocracia dominante (interna y del exterior), que no admite, siquiera, una minúscula posibilidad de cambio. En un segundo plano el sostén proviene de aquellos estamentos sociales situados en las cúspides asalariadas de las distintas burocracias (pública o privadas), de la atrincherada opinocracia mediática o la misma academia. Estos agrupamientos se uniforman de una manera que bascula entre la dureza conceptual y la soberbia clasista para recalar, con férrea pinta facciosa, en grotesco fanatismo simplista.

El modelo neoliberal (consensuado en Washington) impuesto a rajatabla en México no es diferente del que aprisiona a otras naciones latinoamericanas. Tampoco se diferencia del implantado en casi todos los países avanzados. Las excepciones a tal regla son notables y escasas: Noruega, Dinamarca, Japón, Suecia, Finlandia, hasta algún punto medio en Alemania y poco menos en Francia. Todos estos países tienen regímenes de bienestar colectivo e índices (Gini) de igualdad aceptables. La tendencia a la desigualdad que genera el modelo es apreciable y todo apunta a que, al menos en México, se habrá de prolongar por tiempo indefinido si el pueblo no dice, finalmente, lo contrario. Por lo pronto, los datos disponibles en varios lugares. EU, por ejemplo, confirma lo dicho: ahí, 93 por ciento de los ingresos adicionales de 2011 se quedaron entre los más ricos de esa sociedad (uno por ciento). Unos cuantos años, y según narra Robert Reich (Harvard), durante los primeros años del siglo XXI se apropiaban de 65 por ciento. Con anterioridad a esas fechas (los noventas) apenas lo hacían de 45 por ciento del total. En México la desproporción es casi idéntica, si no es que más desbalanceada, pues aquí la desigualdad, sobre una base de pobreza mayúscula, se ha acelerado en el lapso de las últimas dos décadas. Las urgencias de las élites por generar productividades adicionales en el aparato económico tienen como supuesto, no explícito, claro está, que tal riqueza se quede entre los mejores situados para usufructuarla y para jamás repartirla de manera equitativa. Es por tales razones que se proclama la imperiosa necesidad de aprobar reformas tales como la fiscal o, más en concreto, la laboral. Ambas diseñadas, en paquete, por los centros financieros mundiales y retrasmitida, por sus aliados y clones locales, como indispensables para el progreso.

Mucho del destino futuro dependerá de la conciencia soberana que logren clarificar los mexicanos, en conjunto con otros pueblos que padecen asedios imperiales e intentos de independencia semejantes. Los esfuerzos por superar el ambiente, y las presiones para sujetar a los descarriados del sistema dominante son dignos de elogio y puntuales seguimientos. Hay algunos países que andan buscando respuestas, métodos organizativos y medios para revertir las tendencias uniformadoras imperantes. Tales sociedades y sus liderazgos tienen que remar contra todo tipo de oposiciones, en especial esas que se trasmiten a través de los medios de comunicación afiliados a la derecha financierista y que integran la aplastante mayoría.

Las venideras no serán unas elecciones normales. La importancia del desenlace rebasa, por mucho, el simple trasvase entre equipos gobernantes y programas idénticos o parecidos, como plantean tanto el PAN como el PRI. Se tratará de escoger entre la continuidad de un régimen provocador de la desigualdad más lacerante y el cambio efectivo y doloroso del injusto modelo hasta ahora vigente. El aparato de comunicación nacional casi en su totalidad se va alineando, con marcado acento desinformador, tras el reforzamiento de las pulsiones que apuntan hacia preservar los privilegios injertados en el entramado de dominación imperante. Sus muchos voceros no pierden ocasión para proclamar tales conveniencias. A veces lo hacen de manera abierta, compulsiva y hasta avasallante por el número y la intensidad de sus voces. En otras ocasiones, más sutiles e inteligentes, canalizan sus inquietudes e intereses grupales, de manera lateral: publican libros, ora libelos y ciertos desplegados de prensa donde priorizan sus querencias e inclinaciones, siempre suponiendo una agenda específica de perfil derechista. Otros, más emboscados aún, lanzan cuestionamientos plagados de prejuicios clasistas hacia las izquierdas en general, las internas y las de fuera.

La suerte aún no está echada. Falta una fase definitoria y la esperanza de un golpe drástico todavía flota en el ambiente. Es difícil, si no es que imposible, aceptar como mantra impuesto el estancamiento productivo y la desigualdad creciente procreado por el modelo neoliberal entronizado por la hermandad de PRI y PAN. La inserción subordinada y dependiente a la globalización, con sus consecuencias inevitables de inseguridad impune, entreguismo, pérdida de expectativas y clasismo no puede, o al menos no debe, prevalecer. Terribles realidades que una vestimenta impecable, las frases inocuas, el encuadre refinado y los rostros maquillados no logran ocultar.





28 mar 2012

Si la gente se decidiera y buscara información en medios alternativos , se decidiera aunque sea por un momento a no hacerle tanto caso a televisa , azteca , milenio , telefórmula , etc. les puedo asegurar tajante y rotundamente , sin el más mínimo temor a equivocarme , que Enrique Peña Nieto no estaría en primer lugar como lo aseguran esos mismo medios-que operan a favor del mejor postor , siempre pensando unicamente en sus intereses-ni Josefina Vazquez estaría empatada en segundo lugar junto con Andrés Manuel López Obrador . La razón es muy sencilla , tanto Peña como Vazquez , son personajes completamente desconocidos , sin trayectoria ni carrera política , son personajes inflados a fuerza de spots publicitarios , sin sustancia , huecos , sin convicciones y sin ideales , en el caso de Peña con personajes siniestros atras de él como Carlos Salinas de Gortari , su tío Arturo Montiel , etc. , que son los que realmente lo manejan y los que eventualmente tomarán las decisiones vitales del país ; lamentablemente se demuestra una y otra vez que el mexicano no tiene memoria . Ya se nos olvídaron 70 años de asesinatos , de corrupción e impunidad con el PRI y ni que decir de la docena trágica con el PAN .


Grietas del prianismo


Luis Linares Zapata


Mientras más arrecia la idílica propaganda oficial, el país real muestra las enormes grietas socavadas por el panismo durante los dos últimos sexenios. El bombardeo difusivo, como ya se ha denunciado en este espacio, no tiene misericordia con la paciencia ciudadana. La destemplada voz del señor Calderón produce, en las audiencias, escozores epidérmicos difíciles de erradicar. Pero los espots que glorifican las acciones del gobierno del Presidente”, desfilando en inacabable sucesión, llenan de ira la buchaca de cualquier televidente. Los mensajes radiofónicos forman también un denso maremoto que aturde los oídos y la conciencia del más desprevenido de los escuchas. Todos, cada quien de distinta manera, sufre, sin más recurso que apagar el aparato o cambiar estación o canal, las consecuencias de tan cruenta como indebida embestida oficial. El final de mes, que marcará la terminación de tal propaganda, ya se espera con ansia, a pesar de lo que, bien se sabe, espera al electorado en la siguiente etapa de la campaña en curso.

Los datos publicados por la Cepal (reportados en La Jornada el pasado fin de semana) desafortunadamente no tienen desperdicio. Describen en detalle algunas de las terribles e ineludibles derivaciones de aplicar, sin cordura ni decoro alguno, el malsano modelo económico vigente. Cerca de la mitad de la población (44 por ciento), la de menores ingresos, no tiene protección social alguna. Las redes privadas y públicas del país se desentienden de tan nutrido número de mexicanos. En esos sectores se sobrevive sin seguridad social en cualquiera de sus formas: ya sea como programas de jubilación, salud o de ayuda asistencial. El porcentaje señalado duplica o triplica lo que sucede en otros países latinoamericanos, Costa Rica (16) o Uruguay (19). Y no son pocas, además de las citadas, las naciones que gozan de mejores condiciones en este aspecto clave del bienestar: Chile, Panamá, Argentina o Ecuador son ejemplos adicionales.

Recientes estudios han encontrado que el México actual se describe mejor por su creciente clase media. Las condiciones que emplean para tales mediciones apuntan al uso de artículos para el hogar, conducta, el vestido y las modas, las dimensiones y calidad de materiales en los hogares; aun al automóvil se le coloca dentro de esta visión. El estilo de vida es otro parámetro frecuente. Pero estos estudios soslayan asuntos tan básicos como la seguridad social; en especial se olvidan del enorme contingente humano integrado tanto por la informalidad como por la ruralidad. Si la proporción anterior (44 por ciento) no fue suficiente indicador del mermado bienestar de los mexicanos, la misma Cepal dice que entre 40 y 35 por ciento de los sectores medios y acomodados del país también carecen de prestaciones sociales. El México real, con sus miserias e injusticas a bordo, emerge indetenible para contravenir la propaganda del calderonismo mitificador de este moribundo sexenio. Sólo para redondear lo anterior, habría que sumar los terribles indicadores de empleo o desempleo imperantes. Agregar también el monto del salario mínimo y sus impactos entre la población que sobrevive con cinco de ellos o menos. Este contingente forma lo que algunos catalogan como “clase media” (aunque sea su parte baja), que son las llamadas “grandes mayorías”. Una clasificación que reniega de toda valoración de justicia distributiva.

Las condiciones de desamparo en que se encuentran tan vastos segmentos de la sociedad mexicana exigen, contraviniendo la versión oficial, referentes inmediatos y, hasta cierto punto, evidentes. El modelo económico en sí mismo carga con gran parte de la responsabilidad de tales privaciones. La manera en que ha sido empleado y conducido por las élites criollas completa el cuadro. El entreguismo, fenómeno tan extendido entre aquellos actores situados en las cúspides decisorias, además de ser depredador, exilia gran parte de la riqueza producida por los mexicanos. Basta analizar las ventajas concedidas a los agentes externos (minería, por ejemplo) para sacar conclusiones vergonzosas en extremo. Dentro del sistema se observa que la deshonesta rapacidad de tales conductores no ha tenido mesura ni rasgos de humanidad que hubieran suavizado los ríspidos ánimos de acumulación sin medida. Es por ello que el juicio para con los panistas debe ser no sólo severo, sino que se puede evitar su permanencia a cargo de los botones del mando federal. El priísmo (en especial en sus postreras etapas decadentes) corre también con similares condenas por los muchos años en que, simplemente, ignoró los sueños, las necesidades y ambiciones de buena parte del pueblo, aun de aquellos situados en lugares de cierto privilegio.

Los arrestos privatizadores de los bienes públicos no han cesado. Toda clase de servicios, aun los más vitales (aguas, libertades, seguridad, gas, ondas, cielos y demás), son vistos con miradas cegadas por cabalgante avaricia. El tráfico de tales bienes es arraigada costumbre que se ensancha mientras más alto se esté situado en la escala del poder y los prestigios burocráticos. Las razones empleadas para justificar las privatizaciones a ultranza son variadas y de distinta naturaleza. Para justificarla se usan criterios de falsa eficiencia, urgencias modernizadoras y un cúmulo de promesas que, al final de los recuentos, se evaporan en el olvido. De esa abusiva y tramposa manera se privatizaron las pensiones de los trabajadores. Para lograrlo, primero se estigmatizaron los métodos de reparto solidario. Después se trasladaron los enormes recursos disponibles a manos de administradores bancarios, en buena parte externos, que los han usado en su beneficio con singular alegría. Cuando se comiencen a jubilar los asegurados por las famosas Afores se confrontará la cruda realidad de precariedad inocultable. Mientras tales realidades llegan a presentarse, el señor Calderón continúa con su intensa, cara, engañosa campaña, tal vez con el propósito de atontar a unos cuantos millones de electores desprevenidos, salvar algo de su maltratada cara pública e inducirlos a que voten por su anodina candidata.





21 mar 2012


Arrogancia y debilidad


Luis Linares Zapata


El señor Calderón ha sido implacable con el albedrío ciudadano. Con arrogantes desplantes de inquieto ejecutivo de altos vuelos ha desatado, sin mesura ni reparar en costos, una por demás cuestionable campaña de propaganda. Dos palancas utiliza para dar a ésta ubicuidad y sustancia: su persona y los presumibles logros de la que llama su presidencia”. La intensidad es abrumadora y sin duda abusa de la paciencia de los mexicanos. En carrera contra el tiempo, intenta llegar al final de este mes con los objetivos cumplidos. En primer lugar, afirmando su imagen de constructor esforzado, de líder incansable, de sensible político que no duda en emplear los atributos de su cargo para erigirse en juez e impaciente mandante. Atribución que dirige en especial al Congreso por incumplir sus obligaciones, aunque ahora también dirige sus ásperos fraseos contra la misma Suprema Corte de Justicia. En la trastienda de sus debilidades y pretensiones y de manera grosera, por evidente e ilegal, trata de trasladar a la desfalleciente candidata panista (JVM) el agrandado oropel de los programas sociales del gobierno.

No es una ni dos, sino tres y hasta cuatro las apariciones del señor Calderón en cuanto programa noticioso radiotelevisivo hay, noche o día, en el país. En cada una de esas ocasiones suelta, desde tribuna y ante un ralo auditorio acarreado para completar el escenario, algunas palabras (escogidas por notables) de sus discursos para toda o cualquier ocasión. Poco importa el suceso usado como trampolín o plataforma de arranque. Puede ser una regata de veleros o la inauguración de inconclusa carretera lo que da pie a sus endechas para ensalzar obras distintas o, simplemente, aparecer sonriente en pantalla. Las clínicas u hospitales son preferidos (aunque sea sin equipo o médicos) para destacar la universal cobertura de salud de la que ya gozan los guerrerenses aunque, un tanto más allá, mueren de disenterías e infecciones mal atendidas. Una fiesta chiapaneca con sombreros de usos y costumbres y con bastón de mando es ocasión propicia para una foto de corte folclórico. La visita a una fábrica piensa que lo auxilia para trasmitir cercanía con el empresariado. Las nuevas cárceles por entrar en servicio en distante plazo prestan sus moles de concreto para atestiguar su voluntad inquebrantable (a pesar de los miles de muertos) de combatir al crimen organizado. Y así, hasta el hastío, se van sucediendo las nada elegantes poses, los andares en grupo cerrado o la chiclosa voz del señor Calderón. Él es, en todos esos actos, el indispensable centro de atención de donde irradia la energía que mueve a la nación en estos días de pasmo y tribulaciones electorales. En no pocas ocasiones muestra también su enérgica destemplanza por los muchos incumplimientos de sus órdenes, por los constantes rezagos de subordinados, por la crueldad de los malos que forman la cuasi infinita sucesión de personajes atrabiliarios que trabajan contra México. Esos sujetos criminales, que él habrá de perseguir hasta el final de su sexenio, son el espantajo adecuado a sus corajes y muecas enérgicas.

Los programas de gran rating televisivo o radiofónico son los sitios propicios para insertar los mensajes de la apabullante campaña propagandística del gobierno “del presidente” de la República. Y, de nueva cuenta, no son dos ni tres, sino cuatro o cinco los espots que, en insensata sucesión, describen los bienes de que, ahora sí, gozan los mexicanos. Pueden ser escuelas repintadas o clínicas con pacientes que sonríen para asegurar, con letras impresas, que son la semilla del futuro bienestar. Ignotos lugares tenebrosos, antes en manos de la delincuencia, se asegura, han sido rescatados para que, con gran iluminación, exhiban canchas y juegos infantiles que vuelven a sembrar la semilla de un México más seguro. La sucesión de temas parece ilimitada y al gusto de los asesores difusivos. La producción no escatima recursos a cuenta del erario. La urgencia por trasmitir el enorme cúmulo de hechos, iniciativas y obras no parece topar con algo de mesura. La campaña sigue la máxima harto conocida: difunde mil veces una mentira y terminará siendo verdad asentada.

De manera paralela, y sin reparar en el despliegue publicitario en marcha, la realidad nacional va arrojando datos y hechos que contradicen, a veces de manera violenta, la versión oficial. El señor Calderón, a pesar de la inversión millonaria en imagen, no mejora en las consideraciones y simpatías de los ciudadanos. Destacan, en cambio, las observaciones que se hacen por la debilidad e ineficiencia de su administración. Peor aún: no evitará juicios y demandas en su contra que se sucederán en cadena cierta e inevitable. Su presidencia y la semilla sembrada en la publicidad se topa, casi de manera cotidiana, con la numerología revelada por las mismas agencias gubernamentales o internacionales. En ellas se asienta el escaso crecimiento económico promedio de su administración: 1.7 por ciento que, al relativizarlo con el per cápita, se torna negativo. Los millones adicionales de pobres son documentados por el Inegi. Lo mismo acontece con la pauperización de los trabajadores, el ralo empleo y el aumento desmesurado de la informalidad. La guerra contra el crimen se va perdiendo a pesar de los enormes gastos presupuestales y las decenas de miles de muertes. Este espantoso cementerio de mexicanos gravitará sobre la conciencia de muchos y no dará reposo ni perdón a sus actores principales. Mientras eso llega, el tormento difusivo desencadenado por el señor Calderón y sus adláteres parece que, al menos, tendrá una próxima tregua debida al último tramo de la contienda federal en curso.





29 feb 2012


Magros resultados


Luis Linares Zapata


El aparato de propaganda del señor Calderón es una locomotora que bufa y atropella audiencias sin norma o decoro. La intensa presión a que es sometida por su promotor, sin embargo, no arroja los resultados que se le solicitan. Las expectativas planteadas van quedando cortas y se hace notable cierta desesperación del conductor. Según la encuesta publicada por el diario El Universal (lunes 27/2), en efecto, los esfuerzos desplegados parecen no corresponder con los objetivos esbozados. Los recursos empleados en la compra de espacios difusivos ya se cuentan, en cambio, en miles de millones de pesos. El trajinar lateral de su estrella central, el propio señor Calderón, no tiene parangón con el desplegado en los años previos del sexenio que, por fortuna, finaliza.

La Auditoria Superior de la Federación mostró en su pasado reporte sobre la cuenta pública de 2010 los cuantiosos incrementos en el gasto de comunicación social asignado al Ejecutivo federal. Sin embargo, al examinar los hallazgos del sondeo citado se observa que la cosa no anda bien. Más que eso, y en varios de los aspectos reportados, se camina por una ruta harto azarosa y distinta al trazado original.

En el estudio destaca la inclinación de los entrevistados por un cambio de rumbo para el país (54 por ciento). Este dato es oro molido para la oposición. Aquel candidato que se empate con esta tendencia tendrá un trecho de ventaja asegurada. Para el partido en el gobierno (PAN) será un obstáculo difícil de esquivar. La señora Josefina, abanderada del panismo, se verá obligada a ejercer violencia inusitada sobre su natural talante recatado, conservador. Sus estudiados modos, vestimenta y sonrisas apuntan hacia una imagen en sentido opuesto a cualquier afán transformador. Para el abanderado priísta no será, tampoco, tarea fácil impregnarse con el cambio deseado por los ciudadanos. Una apariencia juvenil no satisface tan exigentes requisitos modificadores del modelo actual. Menos aún su retórica que incide, con frecuencia inusitada, en los caminos trillados por numerosos correligionarios que lo han antecedido, tanto en el gobierno como en la tentativa de hacerse del cargo presidencial. Pero, hay que reconocerlo, la intensa propaganda oficial ha conseguido parte de su cometido. En efecto, puede decirse que la continuidad es una opción que ha crecido a últimas fechas. Más que eso, se ha duplicado el número de aquellos que prefieren seguir por la misma ruta: pasaron de un insignificante 13 por ciento a 26 por ciento actual.

El punto nodal de la encuesta se puede encontrar cuando se reporta la percepción colectiva sobre la gobernabilidad a cargo del Ejecutivo federal. Éste, sin duda, es el hallazgo crucial del sondeo. El señor Calderón no tiene bajo control los problemas que aquejan al país. Un rotundo 58 por ciento le niega tal capacidad. Ni siquiera la ayuda que le prestan los sujetos encuestados de orientación panista (57 por ciento) le sirve para equilibrar la balanza y mejorar su imagen como político eficiente. Esta medición se empata con otras adicionales del trabajo bajo escrutinio. Una nos revela que los ciudadanos creen que el señor Calderón ha hecho menos de lo que se esperaba de él (47 por ciento), aun cuando otro 15 por ciento dice que ha hecho más de lo que se esperaba. El resto no se inclina por lado alguno (34 por ciento) y se mantiene un tanto indiferente.

El peso del aspecto económico ha ido repuntando a últimas fechas, según este sondeo. A mediados de 2009 la ciudadanía le asignaba un rotundo 64 por ciento en la jerarquía de prioridades. A partir de ese momento declinó hasta llegar, en febrero de 2011, a ser percibido sólo por 36 por ciento como asunto clave. De ese entonces y hasta ahora ha remontado en importancia, hasta llegar a 47 por ciento que hoy lo consideran trascendente. La seguridad, en cambio, a la que al inicio de la cadena de sondeos publicados por el diario se asignaba 24 por ciento, llegó a percibirse, por 48 por ciento de los ciudadanos, como el aspecto de mayor relevancia en sus preocupaciones. En la actualidad ha caído al segundo lugar, al alcanzar sólo a 33 por ciento de los entrevistados.

La violencia ha sido una pesadilla para los mexicanos. La encuesta así lo capta también. En promedio lo afirma un rotundo 74 por ciento de los participantes en las sucesivas etapas temporales de la encuesta. Las variaciones observadas caen a uno y otro lados de este promedio (máxima de 84 por ciento y mínima de 65). Hoy apunta hacia abajo (69 por ciento), sin que se pueda asegurar que ocurra, en este aspecto, una mejoría notable.

Estos números hablan por sí mismos. En efecto, algo de la propaganda mencionada se hace presente, pero, en lo general, la tendencia a conservar la inercia negativa es destacable. Son malas noticias para el señor Calderón y para las posibilidades de triunfo de la candidata del PAN. Para el primero porque su ansiada imagen de activo líder, político de concreciones y hombre sensible a las causas populares no se prefigura. Doña Josefina, por su parte, deberá buscar otros ángulos de su persona para atraer simpatías. Comprometerse con el cambio de rumbo al país, tal como se desea por una mayoría, no le cuadra a su talante. A lo mejor el de ama de casa funciona si lo acompaña con un perfil de señora respetable, de clase media acicalada. Pero como conductora de una nación atribulada por la inseguridad, la desigualdad, la corrupción reinante y las penurias económicas inducidas desde el poder, es una característica que no se le podrá adherir o predicar. Y esto a pesar del tiempo dedicado en medios para promover su candidatura (25 por ciento, según el IFE) durante la pasada precampaña. Tiempo que excedió, con holgura y sin recato, al de los demás contendientes.





22 feb 2012


El drama panista


Luis Linares Zapata


El señor Calderón se ha topado, en sus afanes de facilitar la continuidad a su grupúsculo político, con obstáculos que, a pesar de encuestas publicadas, parecen insalvables. Un sendero lo lleva a confrontar su confusa estrategia contra la violencia desatada por todo el país. Los muertos, desaparecidos (junto con las susodichas victimas colaterales), contados por decenas de miles, siguen insepultos y buscan redención. Otro, por demás angustiante para la sobrevivencia cotidiana, revela el desastre económico de su administración: 1.7 por ciento de crecimiento anual promedio del PIB y los millones adicionales de miserables que pululan por ciudades y cerros del país. Complemento de lo anterior, y a contrapelo de lo afirmado en su abrumadora publicidad, se descubre, con cifras innegables, el desatado endeudamiento federal, tanto en lo interno como con el exterior. Pero quizá el más ominoso problema para los panistas sea el de la drástica merma que los mexicanos padecen en sus niveles de bienestar. La precariedad creciente de los salarios formales, el aumento de la informalidad, el fracaso en calidad y oferta educativas, los 5 millones de viviendas abandonadas y la indomable desigualdad son algunos aspectos de la tragedia andante.

No obstante, el ocupante irregular de Los Pinos está empeñado en una tarea que, según sus esperanzas, lo conducirá a dos prometedoras estaciones de llegada. La primera, según sus sueños, alumbrará su imagen personal con tintes sensitivos de líder cabal, visionario y eficaz ejecutivo preocupado por el pueblo. Todo ello lo intenta pulir mediante un inmenso despliegue propagandístico. Para sustentar dicha presunción se embarca en un trajinar sin recato, coherencia o límites. Aparece a bordo de lanchas, barcos, helicópteros, caballos, aviones de combate o tanques. Va a la frontera y destapa anuncios inocuos contra el tráfico de armas. Toma tribunas al por mayor y también las del menudeo. Habla, con fingida vehemencia, de decisiones económicas enérgicas ante ministros del G-20 o lee cuentos imbéciles a niños cautivos de su destemplada vehemencia. La segunda, intenta, por medios por demás cuestionables, empujar la candidatura de su partido, y su pequeño círculo de subordinados, hacia el triunfo. Los recursos invertidos en medios llegarán, sin duda, a miles de millones de pesos. Y, los acompasa con alardes de logros inexistentes: la cobertura universal de salud es la cantaleta machacona. Afirmación desmentida por la precaria realidad de las infraestructuras médicas nacionales.

El proceso difusivo en marcha, similar al experimentado en 2006, que generó tan profundas heridas, lleva un destino también parecido. Las rupturas al orden establecido electoral de ese entonces, lejos de cicatrizar, están todavía hoy abiertas. El cuerpo de la nación continúa convaleciente y no surgen, en estos tiempos decisivos en la lucha por el poder, los remedios que ayuden a serenar ánimos. Por el contrario, los barruntos que emanan, casi todos ellos, desde las cúspides decisorias federales apuntan hacia la prolongación del encono. Los nuevos enfrentamientos entre las distintas fracciones que compiten a brazo partido por sus parcelas no escatiman medios y recursos para adelantar al contrincante. Y, a lo que parece, no habrá ni se dará cuartel, tanto en este periodo de silencios fingidos y vedas por demás elásticas como en los meses finales de campaña que aún faltan.

La iniciativa golpeadora en marcha la inició la dupla PAN-gobierno federal. Ahora el PRI empieza a responder sacando el vasto arsenal que inesperados aliados le proporcionan (entre otros la misma Auditoría Superior de la Federación y sus choqueantes hallazgos). Los medios de comunicación electrónicos, por su parte, llevan a cabo una labor de zapa contra la ley electoral hasta imponer, desde ahora, una versión harto distorsionada de la misma que mucho creen les conviene. No perdonan la pérdida no sólo de ingresos sino de influencia, ambas impuestas desde el Congreso por sus documentados desmanes en que incurrieron. El ambiente, de esta manera, se torna ríspido y se transita por una peligrosa senda que bien puede llegar a ser cruenta para la salud de la Nación.

La campaña desatada por el señor Calderón, y seguida por los numerosos agentes subordinados incrustados en el inmenso aparato de gobierno, ha tenido como punto focal al priísmo. Por esta última categoría partidista se supone una estructura heterogénea (que no es tal) y un real accionar chicloso (éste sí cierto) que se esparce y rellena casi por todos los intersticios de la vida pública actual. La intención, en este caso, de la enjundia oficial es convencer a ciertos grupos y centros neurálgicos de decisión (EU en concreto) de la arraigada corrupción del irredento priísmo. Y no paran en mientes, sino que los presentan como los cómplices orgánicos del mal mismo. Forman, dicen, un entramado perverso que quiere retornar a Los Pinos para prolongar su labor de zapa destructiva. La labor la complementan opiniones, interesadas y no tanto, de un grupo de analistas y críticos que machacan para describir un priísmo retardatario, sin cambios, autoritario y corruptor. Los priístas cupulares han decidido salir en su defensa y enfrentar, usando métodos harto conocidos (espías, filtraciones y demás), tal campaña. Han entrado en liza asestando un duro golpe a la cabeza (la Cocoa por medio) para ver si de esta tosca manera aplacan rivales.

Y así continuará el proceso hasta inocular, una vez más, las semillas de la discordia. Situación que ha llevado a la economía del país a retroceder frente a sus pares latinoamericanos, a descarrilar la vida democrática, y nublar el horizonte de alternativas a los desconcertados ci
udadanos.

8 feb 2012

Muy atinado el comentario de Luis ; como todos nos hemos podido dar cuenta , la covertura mediática con la que son favorecidos tanto el candidato del PRI , Enrique Peña y la candidata del PAN Josefina Vazquez , es a todas luces inmensa , hasta grosera diría yo , a pesar de que ambos candidatos se han mostrado sin sustancia y sin proyecto de país ; el primero nos dice en su publicidad que confiemos en ellos y que hasta que estén gobernando nos dirán como van a resolver los problemas del país , la segunda , reusa y evade toda pregunta que la comprometa ; es fecha que no nos ha podido decir cual es su postura con respecto a los grandes problemas de México , como pueden ser la inseguridad provocada por Calderón , o qué opina con respecto a los monopolios , principalmente los televisivos . En cambio , el candidato que es el único que tiene desde marzo de 2011 un verdadero proyecto de nación y que se engloba en un documento llamado " PROYECTO ALTERNATIVO DE NACIÓN" , es ninguneado por los medios , a decir verdad , son muy , muy pocos los mexicanos que saben de la existencia de este documento , el cual fué elaborado por AMLO y por muchos intelectuales ampliamente reconocidos y que fué presentado en un magno evento por aquellas fechas en el auditorio nacional y que los medios fieles a su política de ocultar todo lo que tenga que ver con AMLO , no difundieron (el famoso cerco informativo que AMLO acusa y que los merolicos de televisa-azteca no reconocen y hasta se burlan de ello) .

No conforme con esto , AMLO ya dijo quienes lo acompañaran en la reconstrucción del país y desde ya nos dijo cual será su gabinete ; todos ellos con un prestigio y capacidad a prueba de fuego ; bueno , pues de igual manera , los medios lo han ocultado , también son muy pocos los que saben de esto , la mezquindad de televisa, azteca, telefórmula , cadena 3 , milenio , etc. es aberrante e ilegal , por decir lo menos . Con AMLO no existe duda alguna , ya nos dijo que va a hacer cuando sea presidente y con quien lo va a hacer .........quiza ese sea el pavor que le tienen .



Rollo y espejos


Luis Linares Zapata


Al fin, después de las varias semanas de precampaña, Josefina Vázquez Mota (JVM) salió victoriosa de la escaramuza panista. La eligió 55 por ciento de un tanto más de medio millón de votantes efectivos en toda la República. El costo de dicha campaña, en recursos invertidos, energía desplegada y tiempos otorgados por los medios, fue desproporcionado para tan poca concreción del alardeado espíritu democrático de los azules. El contraste del proceso completo respecto de la realidad presumida es notorio. No titubearon los azules en echar mano de todo el repertorio del que acusan a sus rivales: acarreo, compra de voto, coacción de autoridades sobre votantes, uso de programas sociales, urnas embarazadas, sin faltar el abierto robo y los balazos para amedrentar a los electores. Toda una epopeya con rumbo al 1º de julio.

La corta temporada, todavía en curso, ha servido de eficaz prueba clasificatoria de los precandidatos, tanto el del PRI como la del PAN. Ambos tiran un hueco rollo que, sin duda, los va a hermanar en la contienda. Ambos hilan, una tras otra, frases sin contenido. Un permanente juego de espejos. Pura escenografía para incautos que incluye fotos seleccionadas con esmero y un concurso retórico sin medida ni prudencia. Al menos Peña Nieto es algo parco dado lo esquemático de su lenguaje. JVM, en cambio, descorcha una interminable verborrea ante cualquier pregunta que se le hace. Entre más conciso o comprometedor sea el cuestionamiento que se lanza a la señora, mayor su torrente de cursilerías y adjetivos concatenados sin sustantivo alguno. El esfuerzo de los oyentes por captar, o sospechar siquiera, lo que oculta o trata de disfrazar tras la palabrería es digno de reconocimiento. El efecto de atolondramiento sobre los posibles votantes es directamente proporcional a la ausencia de precisiones.

Es entendible el desuso que hace JVM con su discurso. La preparación que ha tenido la capacita sobradamente para tal tarea. Primero por los años de su juventud dedicados a las lecciones (que incluyen su famoso libelo) y conferencias de superación personal. Después para llevar a cabo, sin contratiempos mayores pero sin logro digno de reconocimiento, su trasiego como secretaria de Desarrollo Social. Un cometido tan generoso con aquellos que lo han desempeñado como la patina que se les adhiere al convertirse en el rostro amable del gobierno en turno. Los malabarismos que tuvo a bien ejecutar como fugaz secretaria de Educación Pública en nada le adornan su trayectoria. La maestra la trajo y llevó por la calle de la amargura sin que pudiera, siquiera, rezongar abiertamente. Claro está, su jefe, el señor Calderón, al cederle a Gordillo tan crucial aparato administrativo, la maniató por doble cuerda: la que tendió el solapado yerno y la despótica de su contraparte sindical.

JVM ahora presume de dos cualidades. Una, de conocer México y, la otra, de manejar la economía en su doble vertiente, la familiar (por ser ama de casa) y la macro (por haber egresado de una facultad donde la instruyeron en los rudimentos de esa materia). Ni una tarea ni la otra son, en verdad, de la densidad como para alargarle crédito suficiente. Josefina no ha dado pruebas distinguibles de un manejo conceptual que englobe, explique y desmenuce los problemas que aquejan a México. Carece también de la visión que proviene de la experiencia al enfrentar diversas situaciones complejas y, menos aún, muestra el mínimo instrumental que, en circunstancias normales, se puede acumular en el servicio público. Es por eso que su anterior rival panista, Ernesto Cordero, la acusó de ausentista y poco leal con las tareas encomendadas como legisladora.

Lo que sí ha mostrado Vázquez Mota son los cuidados de su imagen. El vestir es impecable y apuntala a la señora respetable que lo porta. Nunca pierde la compostura y el recato. Es, Josefina, ducha para moverse en la escala burocrática, la vista puesta siempre arriba. La sonrisa de su rostro se ha congelado en un rictus para toda estación del año y presta para suavizar cualquier desaire. La usa para mitigar la gravedad de un sepelio, ante los micrófonos de la prensa, en la arenga a correligionarios, en su defensa o el contraataque. Su sonrisa va por delante. Nada le hace perderla. Ha dado pruebas fehacientes de sobrevivir a la peor contrariedad o frente al más virulento de sus reprimidos enojos. Sus alegatos son llevados hasta el grado extremo de la bondad, rayano en lo religioso. La buena intención va primero, el deber ser ante cualquier evento, apuro o como respiro ante una simple provocación.

Este conjunto escenarios no es gratuito. Ha sido cuidadosamente evaluado por los estrategas de cada aspirante: tanto por el equipo de Peña, como el de Josefina. Ambos grupos de asesores entrevén la contienda como una serie, bien instrumentada, de poses, eslóganes, buenas maneras y tribunas donde no faltarán las masas ardientes y entregadas. Y, a juzgar por las encuestas, publicadas sin recato y poca credibilidad, la disputa está ya bien encaminada por esos dos partidos y sus pulcros candidatos. La ideología justiciera, la conciencia de las imperiosas necesidades postergadas, el crecimiento con empleo y bienestar colectivos o la seguridad cimentada en el respeto a los derechos humanos, son colaterales que bien pueden esquivarse para un rutilante mañana que les espera.





1 feb 2012


Preámbulos al pleito mayor
Luis Linares Zapata


Empezó la real esgrima en pos de la Presidencia de la República. De aquí para adelante no habrá tregua. Hay dos partidos, PAN y PRI, que se recargan en sus adalides, ya bien espolvoreados por los medios de comunicación. Todos ellos, por alguna razón incomprensible, pretenden distanciarse de la derecha (a la rudimentaria usanza mexicana) a la que pertenecen por derecho adquirido. Los panistas persisten en su triste afán de mostrar ante el país sus escuálidas posibilidades de independencia personal. A esta altura de la pelea, y a pesar del privilegiado tratamiento radiotelevisivo que reciben, no rebasan los límites de sus redundantes pugnas internas.

El priísmo, por su parte, trata desesperadamente de mostrar unidad donde la precariedad subsiste. Su atildado precandidato pretende matizar su imagen, ahora como estadista con roce internacional, y hace un viaje de larguísima distancia para salir en la foto. Se retrató 30 o 40 veces en tres gélidos días con aquellos que sus asesores definieron como dignos de ser mostrados aquí. Con seguridad fueron todos los que se tuvieron a la mano y aceptaron dejarse saludar. Ir a Davos implica pulir en esos foros de exquisitos ejecutivos sus ya añejos perfiles, ahora bastante desgastados por la serie de crisis en que están metidos muchos de ellos. Una reunión, por cierto, decadente, tanto por su ideología como por sus otrora estrellas del mellado mundo financiero.

El abanderado de las izquierdas, en cambio, porfía en un exhaustivo recorrido por las polvorientas calles y plazas de la seca república del norte. No está para nada claro cuántos votos añadirá a su buchaca con tamaño esfuerzo. La pretensión se le conoce de calle: quiere juntar 20 millones de simpatizantes y que acudan, a la hora debida, a llenar las urnas nacionales. Tiene tras él una organización inédita, real, activa, aunque muchos le regateen calidad, número o mérito. Lo cierto es que ningún partido ha logrado amasar semejante contingente de mexicanos dispuestos a trabajar, esforzadamente, para llevarlo a la Presidencia. El trajín de los años, con sus impropiedades políticas al canto, tiene que considerarse para apreciar con la debida honestidad las condicionantes y oportunidades de prevalecer en la contienda.

La guerra por el poder, sin embargo, se prolonga por recovecos poco distinguibles para un público vasto, pero que pueden, eso sí, terminar por ser, en cruciales momentos, definitorios. Una toma de cámara repetida con mala leche, una frase sacada de contexto, una foto de perfil que parece indistinguible, el cuello de la camisa descuidado, la corbata mal anudada que se extiende para desfigurar el rostro, forman un repertorio harto conocido. Se añaden presentaciones rebuscadas o torpes ante audiencias ralas; ciertas historietas personales de un pasado que deja hijos regados aquí y allá; triviales o inconvenientes amistades de la infancia que poco (a veces no tanto) revelan de intenciones íntimas, carácter o programas, pero que inciden sobre incautas audiencias. Todos esos hechos cuentan y se van acumulando en la trastienda de los oyentes, de los lectores o de votantes desprevenidos o no. Las afectaciones ocurren de una y mil maneras. Ninguno de todos los personajes o grupos de electores puede ser descuidado si se quiere, en efecto, llegar al final y levantarse con el triunfo. En especial cuando la venidera se aparece como una elección intensamente competida.

Los sondeos de opinión, ya de por sí cuestionados, son piezas claves en la formación de ambientes propicios o contrarios a ciertas candidaturas. Es prudente aguzar los sentidos para entender que no son ajenos al ajetreo por el poder y, claro está, a los intereses de los poderosos. En especial los de aquellos que tienen los recursos para contratar (y condicionar) a las agencias especializadas en estos menesteres. Destacan, entre estas prácticas, los encuestadores que publican sus hallazgos. Por sus efectos, tales estudios deben ser evaluados con sumo cuidado en su independencia, intenciones adicionales o por el carácter de los mismos medios que los acogen o patrocinan. Años de malas prácticas, fallas inducidas y abusos grotescos han mellado la credibilidad de los lectores o de los oyentes a las encuestas publicadas, en especial las hechas a la medida por grupos avezados en la manipulación.

Las ventajas que han sido registradas por los encuestadores respecto del precandidato priísta ya provocan dudas por doquier. Primero por la desproporcionada ventaja asignada desde mucho antes de iniciadas las actuales escaramuzas respecto de sus competidores. Es posible que mantenga el sitial de las preferencias, pero la distancia con el segundo lugar se ha acortado con toda seguridad. La grotesca insistencia de la opinocracia para ningunear los efectos negativos de sus crasos errores no pasa desapercibida hasta para los oyentes cautivos. Peña Nieto ha sido tocado en varias e importantes áreas de su imagen. La desconfianza en su capacidad para conducir a este atribulado país es la crucial. Tal desconfianza, que ya se eleva al rango de certeza, implica un obstáculo mayor para sus posibilidades futuras. Estudios no publicados, pero suficientemente conocidos por sus hallazgos y patrocinadores, dan ya, entre el primero (Peña Nieto) y el segundo (López Obrador) lugar, una diferencia no mayor a los 10 puntos. La panista más adelantada (Josefina Vázquez Mota) ocupa un lejano tercer puesto, a pesar de los denodados esfuerzos por situarla delante de López Obrador. Este escenario es congruente con los que ya se conocen de las preferencias en el Distrito Federal y áreas conurbadas, donde Miguel Ángel Mancera obtiene una cómoda ventaja sobre Paredes y la señora Miranda de Wallace. Hasta finales del año pasado Beatriz se veía como ganadora, arrastrada por el aliento de Peña, se decía a voz en cuello. Éste le ganaba incluso a López Obrador en la gran ciudad. La caída de ambos priístas ha sido estrepitosa. Así lo refleja la encuesta (con vasta muestra) con la que se decidió la precandidatura de las izquierdas. Falta ya muy poco para dar por concluida la etapa de precampaña. Lo siguiente seguirá, no exenta de sorpresas, una ruta parecida. Al final, se espera que el cúmulo enorme de los actuales indecisos, que deforman las instantáneas tomadas, se reduzca y vayan apareciendo los votantes efectivos.





25 ene 2012


Vuelta al griterío


Luis Linares Zapata


El despertar del año 2012, definitorio para México, no ha sido halagüeño. El griterío desatado es inmenso. Tres postulantes del panismo recorren los medios masivos desparramando en ellos sus insulsos mensajes. Los espacios y tiempos que reciben sólo se corresponden con el poder desplegado desde Los Pinos. De otra manera quedarían en el olvido más triste. Ninguno de ellos puede preciarse de levantar, entre la ciudadanía que obligadamente los escucha noche y día, la menor pasión por seguirlos. El priísmo, todavía no recuperado de los dislates de su abanderado al concluir el 2011, se ensarta en previsibles pleitos por las candidaturas menores. La ruptura de su alianza con el Panal de la maestra ha quedado vagando entre la simulación y los cálculos electorales que, como siempre, se hacen al muy corto plazo y sobre las rodillas. Las izquierdas, contrariamente a lo esperado, han buscado, y encuentran, soluciones adecuadas para dirimir sus pequeñas diferencias y sus muchas ambiciones.

Los asuntos a tratar en los medios se tornan contiendas entre distintos personajes aislados de un contexto que los auxilie y explique. Todos ellos quedan situados en la cúpula, en ese rancio espacio donde todo se reduce a pasiones e intereses, encontrados o coincidentes. El pueblo –es decir, los votantes– poco cuenta en dichas trifulcas, menos aún en las soluciones finales. Los distintos analistas, observadores, académicos y críticos de toda laya van y vienen por los mismos lugares, ya bien transitados por sus demás colegas que se han adelantado. Una verdadera polvareda de gritos, consignas y diatribas que poco ayudan a la indispensable información constructiva de escenarios reales que auxilien al votante.

Ya sea que se trate de la supuesta prohibición de los debates que provoca un dictamen (por cierto, deformado a propósito) del TEPJF, o trátese de la millonaria lluvia de espots que, según cuentas tontas, caerán sobre la aturdida conciencia de los mexicanos, las conclusiones son similares y sonoras: los autores de la nueva ley electoral, y ésta misma, son los culpables de lo que sucede, son los reos de toda culpa. Las elecciones, según sus minúsculos puntos de vista, se han nublado de antemano. Las autoridades respectivas llegarán con la reputación mermada. Y todo ello porque algunos vengativos e irresponsables quisieron castigar a los medios de los abusos ocurridos en el 2006. Abusos (fraudes) que, por cierto, aún dividen a la nación. Las infracciones cometidas con alevosía y demás ventajas en esa elección nada tuvieron que ver con los mensajeros, arguyen en su favor. Todo fue causado por los compradores de tiempo. Compradores que contravinieron la ley vigente y que desataron la bien llamada guerra sucia.

Poco a poco, sin embargo, se acortan los tiempos de campaña. Enero ya casi terminó. La elección está a unos pasos adicionales y los votantes requieren de mayor dosis de conocimiento verídico sobre lo que sucede y, sobre todo, de lo que acontecerá. No todos los políticos que rondan por la República en busca de la simpatía ciudadana son iguales. Unos, los prospectos panistas, tienen que cargar con las decenas de muertos a cuestas. No son de ellos, cierto, pero su capitán los provocó con su alocada iniciativa al despuntar este moribundo sexenio. Tienen, también, que responder por la década perdida en crecimiento económico. Y, más que por eso, por la desigualdad, ensanchada hasta la ignominia. Los millones de miserables que vagan por el país, en busca de redentor cuidado y atención, son parte inherente de su ineficiente trasiego como gobernantes. El golpe asestado a la incipiente transición democrática es también parte de sus pasivos que claman castigo en las urnas. Reprodujeron, con creces, el viejo autoritarismo y las complicidades priístas, tan arraigadas en los rituales y los quehaceres políticos de la nación.

El buque insignia de los priístas, el ex gobernador mexiquense, tiene la quilla rota y navega a la deriva. Ha sido tocado en la línea de flotación y sus ingenieros no atinan a reparar el daño. Lleva consigo el ahora llamado síndrome del capitán Schettino del crucero italiano encallado. La conciencia de su incapacidad se extiende y gotea hacia abajo y a los lados del electorado: abandonará la campaña para refugiarse en la cumbre nevada de Davos, sitio donde sólo los elegidos habitan. Ahí se quiere dejar constancia de su decidida pretensión de tirar, de una buena vez, las ya cascadas puertas de las riquezas mexicanas para que entren los avarientos foráneos. Ha declarado, aquí, y sobre todo fuera, que abrirá Pemex y la CFE a la inversión privada, cualquier cosa que esto signifique, aseveración por cierto lanzada de manera repetida por los tres últimos encargados de administrar la economía del país. Intento en el que fracasaron. Lo que han logrado desperdigar, a trompicones y trampas, lo han hecho contraviniendo la Constitución.

Las izquierdas han entrado en un periodo de inusitada mesura, por cierto alejado de sus tradicionales reflejos y premuras. Solucionaron bien la designación de sus dos candidaturas más importantes: la presidencial y la del Gobierno del Distrito Federal. Han ido remontando distancias en las simpatías del electorado, ataviados con similares vestimentas y discurso a lo que ofrecieron en el 2006. Los problemas de ahora, y las soluciones actuales que requiere el país, no distan mucho de las planteadas hace seis años. La gravedad es mayor pero la naturaleza, el núcleo de ellas, permanece intocado. AMLO recorre de nueva cuenta el país alertando a los escuchas de la importancia que tendrá para la salud de la nación su ya cercana decisión. No será una elección más. Ésta conlleva, quizá, los últimos vestigios de esperanza por soluciones pacíficas. Introducir justicia al sistema establecido es urgente, a pesar de las resistencias que oponen, y opondrán, los grupos de presión que se resisten al cambio. A éstos habrá que vencerlos con base en votos conscientes de los mexicanos, si se quiere iniciar una nueva ruta. Un sendero no exento, por cierto, de tensiones, problemas y miedos.






28 dic 2011


Disyuntiva final
Luis Linares Zapata
El asueto de fin de año se lleva también las nebulosas que continuamente la opinocracia inyecta en el ánimo colectivo. Poco a poco se va asentando la ruta a seguir en el definitorio año 2012. La disyuntiva que se le presenta a los mexicanos, ya bien definida desde hace tiempo, ahora se torna transparente. Y la trascendencia de la decisión, implícita en la venidera elección muestra, a las claras, su complicada realidad. No hay de otra: será inevitable elegir entre dos modos distintos de conducir los asuntos públicos. Y habrá que inclinarse por alguna de las dos rutas delineadas en la presente contienda. Habrá, en fin, que inclinarse por alguna de esas dos opciones de convivencia ofertadas ante la soberana voluntad del pueblo.

No existe, en sentido estricto y en la actualidad, el deseado tripartidismo. Dos agrupaciones partidarias, las del PRI y el PAN, ofrecen horizontes y métodos casi idénticos. Las diferencias entre ellas dos son, ciertamente, menores, indistinguibles. Las disonancias las dan, si acaso, los rostros o las sonrisas aunadas al catálogo de promesas y cánticos que, por lo demás, se entonan al unísono. Ninguna inquietud sobresale del conjunto de frases lanzadas al viento, sólo planos de voces intercaladas, sustituibles unas por otras. Los dos coros, uno de panistas y el otro de la innoble coalición formada alrededor del PRI (Verde y Panal), responden a las pulsiones que emanan desde las meras cúspides del poder establecido. Es en ese ambiente donde anidan y donde se nutren sus comunes intereses, diseñados para regocijo de las élites y plagados de rampante desigualdad.

En el lado opuesto del cuadrilátero ha ido puliendo sus rasposas aristas una opción que, a pesar de su destierro, a pesar del ninguneo con que se le ha tratado, se levanta, con valores propios, como una esperanza de cambio real. Un cambio que bien puede considerarse radical por las consecuencias distributivas que acarrea en su médula espinal. Y no la podrán hacer de lado a pesar de las tácticas para esquivar su masiva presencia. No podrán arrinconarla, destazarla, destriparla tal como hicieron en 2006. La fuerza de su ofrecimiento, empapado en honrada justicia solidaria, le aporta el cuerpo requerido para atraer la simpatía de buena parte del electorado.

Son, en efecto, dos las coordenadas que orientarán el futuro ciudadano. Una, la más conocida, tiene que ver, como se ha dicho hasta el cansancio, con la continuidad del orden establecido. Una experiencia que acumula ya más de 30 años de escaso crecimiento, cruentos manojos de penurias, descontento generalizado, inserción subordinada a la globalidad y crisis recurrentes forma el sello que distingue al modelo impuesto. Es el distintivo, inequívoco, que lo acompaña y que, con gemelas ofertas de pura forma, trata de prolongarse a pesar de los golpes y fracasos sufridos. Poco es lo que puede esperarse que no sea más de lo mismo. Las chatas promesas de cambio que vienen enarbolando los abanderados promovidos desde el poder cupular chocan de frente con la estridente realidad. Tampoco se adivinan mejores tiempos sólo porque tales promesas de seguridad y cambio devengan de acicalados candidatos que proclaman, con voz meliflua, su alegada capacidad para conducir los esfuerzos colectivos hacia puerto distinto al actual. Y no lo son, porque la biografía de todos ellos destaca el mismo ambiente de élite desprendida de la base de sustento. Los adalides lanzados al ruedo de las campañas son individuos amasados por sus patrones y empujados por compactas cuadrillas de socios. Sus posiciones han sido dictadas y se arrellanan con los privilegios de sus mentores o de esos sus cómplices en múltiples negocios. Es por ello que las simpatías que se les adhieren provienen, en su mayoría, del espectro ideológico de la derecha, tal como revela, con precisión, la encuesta publicada por el diario Reforma (Enfoque, 18/12/11). De esta singular manera, es, y será, de necios, esperar que personas con similares instrumentos, ya probados en sus limitantes, procreen ideas renovadoras, justicieras, humanas. Es y será fútil enrolarse con candidatos aprisionados por rituales y conductas inerciales, esperando resultados diversos, innovadores, capaces de sostener el anhelado bienestar.

La otra opción de gobierno es una que aparece como alternativa para modular y conducir, con arraigados valores, la convivencia. Una que es distinta en origen y, más todavía, con pretensiones de semilla fundadora. Una, en fin, que se plantee la renovación integral de la sociedad. Propuesta que no ha surgido de la casualidad y, menos aún, de una mente calenturienta. Pues, a pesar de la versión malévola que corre por ahí, tampoco la apadrina un mesías supuestamente tropical o un grupúsculo de seguidores iluminados. Versión ideada y esparcida desde los conspicuos retablos de la opinocracia, ciertamente de corte clasista. Los pretendidos efectos disolventes de tal conseja y crítica, sin embargo, se estrellan ante el empuje de los de abajo, la mera causa eficiente que define su existencia y, sobre todo, le da contenido a sus pretensiones de bienestar
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21 dic 2011


Origen y destino


Luis Linares Zapata


El banderazo oficial de salida para la contienda de 2012 se dio el pasado domingo 18 de diciembre. Y, con distingos notables, los participantes han iniciado su tarea de conquistar las simpatías de los votantes. Las plazas y las multitudes aparecieron enfundadas de múltiples colores, ánimos y cantidades. Las diferencias, empero, se empezarán a delinear más adelante. Sin embargo, no todos los que aspiran a ocupar la Presidencia acarrean pasados, experiencias y compañías semejantes. Uno, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), llega de muy lejos, fincando sus raíces desde abajo, con cristalizadas honduras de líder social y político, labrado a conciencia, penosamente. Tiene gran fuerza entre amplias capas del electorado situado a la izquierda del espectro ideológico.

Peña Nieto es, por ahora y en el arranque, el más adelantado, según la opinión encuestada. Su buchaca viene retacada de imágenes televisivas bien enfocadas a su rostro, destacando su atildada figura. Se acompasa con frases que realzan sus positivos deseos y promesas. Desde el inicio de su vida pública recibió protecciones y cuidados y, de esa encandilada manera, ha continuado, ahora bajo todo un tinglado de poder, el del sistema imperante. La intensidad con que su imagen ha sido introducida al auditorio, sobre todo al más incauto, le ha permitido, hasta ahora al menos, sortear cuanta crítica se le ha enderezado. Sus últimos dislates empero, parecen haber mellado el caparazón que lo cubría y lo han dejado, de cuerpo entero, a la intemperie.

Falta uno o una que abandere a las ralas huestes del partido azul. El ganador de su contienda interna saldrá soportado por una sustantiva parte de aquellos situados en el sólido rincón de la derecha extrema. Ahí encuentran, los panistas de buena cepa como suelen llamarse a sí mismos, el nicho que les permite moverse con gracia y soltura. Y, por lo que apuntan las poco confiables encuestas difundidas, los chances de Vázquez Mota parecen mejorar. Los dos restantes se han ido rezagando pero siguen intentando cambiar el desfavorable momento. Los panistas tendrán que sobrellevar el enorme fardo de la docena de años de mal gobierno, tanto de Vicente Fox como del señor Calderón. La violencia desatada, sobre todo los años correspondientes al actual periodo, levantará un muro de lamentaciones y reclamos. ¿Cómo pasar de largo ante tanta sangre y dolor? ¿Cómo justificar tan exigua capacidad de gestionar el bienestar para las mayorías nacionales? ¿Podrán renovar esperanzas?

Tanto López Obrador como Peña Nieto lograron situarse al frente de sendas alianzas partidistas. El tabasqueño conjuntó, tras su esforzada candidatura, una sólida formación de partidos progresistas. Pero su apoyo mayor proviene de un movimiento de masas con alcance nacional, inédito, que se ha ido revelando como un fenómeno sociopolítico de trascendente envergadura. Al mexiquense lo ampara un priísmo con fortalecido espíritu de cuerpo. Se siente al borde del triunfo y actúa en consecuencia. Pretende transmitir una expectativa de cambio y renovación que choca, de frente, con el inocultable rostro de personajes bien conocidos por sus malas artes y probadas mañas agazapados tras él. En esa apretura de sombras, manos y cuerpos, la impunidad campea. Brota entre esas filas partidarias hasta formar un denso caparazón que, al extenderse, corroe las mismas entrañas de la República. Este amasijo de complicidades y francos delitos sin castigo ni penas aporta, a los priístas, una coraza apelmazada con un sinfín de tristes y penosas historias. Al lado de Peña se han adherido otros compañeros de viaje que aportan sus ambiciones y desventuras. Tanto los verdes como la troupe de la profesora Gordillo, son simples pandillas de traficantes de influencias. Don Enrique pretende, con ellos, asegurar una mayoría legislativa que le permita mandar con anchura de gustos, modas e intereses. Tal y como se hacía en los indecorosos días del presidencialismo autoritario. Un modo de gobernar catalogado como dictadura perfecta. Por eso les busca, los acepta de mil ganas y les concede inmerecidos premios anticipados. Tanta ha sido la desmesura que ha cundido un intenso malestar y hasta rebeldía entre los priístas, aún entre aquellos acostumbrados a recibir órdenes y consignas.

Peña Nieto acude a la contienda sustentado en robusta amalgama de mandones locales y caciques renombrados. Ha logrado penetrar, con televisivo aporte interesado, hasta en las rijosas filas de la izquierda. Nada se diga del neurálgico centro del espectro electoral. Pero su asentamiento más pronunciado, sin embargo, lo absorbe la derecha mexicana. En su mismo extremo compite, hasta con cierta ventaja, sobre Vázquez Mota. El único que lo puede desbancar en ese segmento, dominado por la gente bien, los educados, los apolíticos y un amplio contingente de analfabetos electorales, es el señor Cordero que, en un golpe de timón orquestado desde Los Pinos, podría meterse a la contienda por la puerta de tras banderas, como su patrocinador.

A López Obrador lo dieron por muerto en incontables ocasiones los voceros orgánicos del sistema. En el largo transcurrir de los últimos seis años, le fueron adhiriendo trazos negativos al ya de por sí grueso expediente de ataques, infundios, desprecios y denuestos. Los calores remanentes de 2006 todavía son recordados y puestos en circulación por sus malquerientes, muchos de ellos actuando bajo consigna. Pero ahí lo tienen, trasegando por la República, sorteando obstáculos, afinando su mirada y comprensión de la realidad. Nadie puede, en buena lid, regatearle el mérito de su incansable saga personal para aglutinar a esa porción del descontento nacional consciente de su situación. Sería deshonesto, sino es que necio, negar la vital aportación de AMLO a la vida democrática de México. Se ha ganado a pulso su posición como personaje crucial del presente. Pero su cometido no se agota en el pasado. López Obrador pretende encabezar un gobierno que inicie, que encauce con firmeza una ruta de renovación integral de la sociedad. Tres son los pilares que propone como sostenes: la honestidad, la justicia y la solidaridad (valores). Y son creíbles sus propuestas, están respaldadas por su dilatada lucha por esos capítulos. Al regreso del venidero periodo vacacional de invierno, se decantará lo que antes fue sembrando.