04/09/2011




El despertar



Brigadistas






José Agustín Ortiz Pinchetti



Admiro a los brigadistas de Morena (Movimiento Regeneración Nacional); los he observado trabajando en los pueblos y barrios, casa por casa. Los he acompañado y he brigadeado con ellos. La mayoría son muy jóvenes, apenas un poco mayores de la edad estricta que les permite votar. Hay algunos maduros y hasta mayores. Jubilados que se emplean todo el día en la tarea.

La gente empieza ya a distinguirlos por sus playeras y gorras blancas con símbolos del águila juarista. Comienzan reuniéndose en un grupo y leyendo el mapa de las secciones. Por lo general son 10 o 12. Se distribuyen los objetivos y comienzan en parejas, bajo el sol que quema, bajo la lluvia. No en todos los casos les abren. En cuanto sale alguien de las casas entregan el periódico Regeneración (tarjeta de presentación) y explican que es un saludo del movimiento y de AMLO. Es el “quién vive”. Entonces miden la reacción del vecino. En general son afables.

De 10 casas que visitan, en nueve aceptan el periódico; en muchas piden que se les entregue cada mes. La mitad declara ser “simpatizantes”. Quizás luego cambien su “simpatía” por un saco de cemento. Dos o tres de ellos aceptan inscribirse como “protagonistas”. Son anotados y adquieren la responsabilidad de convencer a otras cinco personas.

El trabajo de los brigadistas requiere consistencia sicológica para aprender a escuchar, que es el secreto de la persuasión, para blindarse contra los rechazos. Los brigadistas mejores son capaces de informar a los vecinos la esencia de nuestro movimiento. No pueden trenzarse en una discusión. No es el momento de convencer, sino de identificar a los convencidos. Los muchachos saben que tendrán que regresar a las mismas casas a completar el trabajo, porque muchos vecinos pueden incorporarse en una segunda visita.

¿Qué reciben a cambio de sus esfuerzos? Paga pequeña, casi simbólica y a resultados. Cuesta mucho trabajo conseguir ese dinero para pagarles. Lo que verdaderamente los compensa es la conciencia de que están construyendo política de la mejor especie. Un curioso “pragmatismo idealista”. Trabajan para consolidar una esperanza que a veces se levanta triunfante y en otras casi se extingue. Son adelantados de una generación política que apenas se insinúa. Son ciudadanos nuevos en un país donde campean el cinismo y la corrupción, donde la política se identifica con la mentira, el disimulo y el abuso.





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