25/01/2012



Del duopolio al monopolio
Álvaro Delgado
23 de enero de 2012
Análisis


MÉXICO, D.F. (apro).- Salvo un sorpresivo viraje, que implicaría que las cosas comienzan a cambiar para bien en México, los magnates Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego podrán ufanarse a partir de este martes 24 de ser los amos absolutos de las telecomunicaciones y, sobre todo, de tener sometidas a las instituciones del Estado.

Si ya de por sí doblegan a políticos y empresarios de todo nivel, o al disidentes los aplastan o por lo menos los ignoran, el dictamen de la Comisión de Federal de Competencia (Cofeco), que hasta la noche del lunes apuntaba a convalidar la fusión Iusacel-Televisa, ratificaría que Azcárraga y Salinas Pliego pueden hacer en México lo que les venga en gana.

La decisión del pleno de la Cofeco, que sesionaría el martes 24, está precedida no sólo de una campaña de linchamiento de las dos televisoras contra el presidente de la Cofeco, Eduardo Pérez Motta, sino de una reunión de Felipe Calderón con directivos de Televisa encabezados por Azcárraga Jean, realizada el miércoles 18, en las oficinas del corporativo de San Ángel.

En esa reunión, que quiso mantenerse en el secreto y de la que la Presidencia de la República informó sólo hasta el día siguiente, Calderón habría discutido con Azcárraga el tema de la fusión de Televisa-TV Azteca y el impulso al Organismo Promotor de Medios Audiovisuales, que aglutina a los medios públicos y que él pretende usar para fines de propaganda en el proceso electoral en curso.

Aun cuando la Cofeco difiera la sesión, como se estimaba la víspera, todo el mundo sabe que convalidará esa fusión que fortalecerá el poderío de Azcárraga Jean y Salinas Pliego, porque aun cuando en apariencia se trata sólo de la telefonía celular, que se traduciría en una “sana” competencia con Telcel de Carlos Slim, está vinculada en realidad con el control total de la televisión abierta y de paga.

Con la validación del acuerdo Iusacel-Televisa, del que hace un año informó el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, por el que fue objeto de insultos por parte de las televisoras –que sin embargo callaron cuando se formalizó ese acuerdo en abril de este año–, del duopolio de Televisa y TV Azteca se da paso a un monopolio.

Y esto tiene enormes consecuencias no sólo en términos del desarrollo de la industria de las telecomunicaciones, por la oprobiosa e ilegal concentración –tan nociva como la de Telcel-Telmex–, el cobro a los usuarios al arbitrio de ellos solo aun con pésimo servicio y la proliferación de telebasura, sino en el aumento de su poder político capaz de someter y suplantar al Estado.

Hace exactamente seis años, en el contexto también del proceso electoral, Televisa y sus aliados lograron la aprobación de la ley de telecomunicaciones, que desde entonces se le conoció con el nombre de la televisora, que fue declarada inconstitucional por la Suprema corte de Justicia de la Nación tras una movilización de diversos sectores que respaldaron el recurso promovido por senadores que renegaron de sus partidos.

Entonces como ahora, prevalece un silencio de las cúpulas de todos los partidos políticos y sus precandidatos presidenciales, incluido Andrés Manuel López Obrador, quien en 2006 convalidó la Ley Televisa, como ahora parece hacerlo también con la pretensión monopólica de Azcárraga Jean y Salinas Pliego.

De los aspirantes panistas, Josefina Vázquez ha sido tan solícita con los empresarios de la radio y la televisión como Enrique Peña Nieto, a quien quiere imponer Televisa, pero Santiago Creel y Ernesto Cordero tampoco han asumido una posición contraria y menos lo hará este último siendo, como es, un mero apéndice de Calderón.

En 2006, cuando su coordinadora de campaña era Vázquez Mota, Calderón pactó con Televisa aprobar la ley, aunque prometió que, de ganar, traicionaría su palabra y no la promulgaría, según reveló Manuel Espino, expresidente del PAN. “El se comprometió, es la primera vez que lo digo, a que si sacábamos adelante esa ley, él no la promulgaría”, dijo al reportero, en julio del año pasado.

“¡Y yo le creí! ¡Era la palabra del candidato presidencial, carajo! ¡No era un panista equis! Era el candidato a la Presidencia de la República el que me estaba diciendo: ‘Una vez que pase esa ley en el Senado, no se promulga, me esperan para promulgarla yo y cuando llegue la hora no la promulgo, la devuelvo’”.

“–¿Ese fue el compromiso que hizo?

“–¡Así de sencillo! Y eso lo sabe Javier Corral, porque se lo platiqué cuando me dijo que por qué hicimos eso. Le dije: “Yo tenía que apoyar a mi candidato, pero no de a gratis”. Una cosa de esas que no estaba bien, yo la apoyé con la condición de que cuando fuera presidente ya él no promulgaría la ley, y la promulgó. ¿Por qué? Quién sabe qué arreglitos habrá hecho también con las televisoras. De eso deben dar cuenta Calderón y también Vázquez Mota…”

Por lo visto, por lo menos Calderón y Vázquez Mota, pretende repetirse la historia…

Apuntes

También como en 2006, Calderón quiere reactivar el contubernio que mantiene con Elba Esther Gordillo y así lo ha hecho saber a través de Ernesto Cordero, su apéndice, tras la disolución de la coalición del PRI con el Partido Nueva Alianza (Panal). La relación mafiosa de Calderón con la cacique magisterial podría robustecerse, porque nunca se ha roto, si fuera auténtica la ruptura con Peña Nieto. No es así. Es tan falsa la separación como la versión de que los “dinosaurios” priistas fueron los autores, como si no fueran tan mañosos unos como los otros. Y hasta la postulación de Rosario Robles, matraquera de Peñas, es parte de lo mismo… Por cierto, en Guerrero se libra una batalla de priistas: Rubén Figueroa hijo acusa al alcalde priista de Acapulco, Manuel Añorve, de ser “narcopresidente y narcopriista”…

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