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26 mar 2012

Ojalá la gente ahora si logre eliminar la paja y concentrase en lo realmente importante , ¿a que me refiero? a que logre asimilar perfectamente qué es lo que cada candidato propone y qué candidato es más factible que cumpla esas promesas ; por que todos sabemos que llegadas las campañas electorales , todos los candidatos prometen lo mismo (de hecho ya lo están haciendo) , pero lo que no saben es que AMLO es el único que ha luchado toda su vida por lo que promete en campaña y cuando llega al poder lo ha cumplido y de eso hay pruebas de sobra .

En cambio PAN y PRI promten hasta el cansancio todo lo que la gente quiere escuchar , lo repiten una y otra vez en sus spots publicitarios , pero una vez que llegan al poder , de inmediato lo olvidan y desde el ejecutivo o desde las Cámaras hacen todo lo contrario a lo que prometieron (los últimos cinco años los panistas y los priistas han aumentado los precios de las gasolinas , de la luz , del gas y de los impuestos ) y de eso también hay pruebas más que suficientes , basta asomarse a los último 70 años con el PRI y a los últimos 12 años con el PAN (la docena trágica) .



Andrés Manuel López Obrador, el candidato


Víctor Flores Olea


Las dos comparecencias recientes de Andrés Manuel López Obrador no pueden pasarse por alto: la primera, el pasado domingo 18 de marzo, en que, al lado de Marcelo Ebrard, expone sintéticamente su plan de seguridad para el país; la segunda, el miércoles 21 de marzo, con motivo de su registro en el Instituto Federal Electoral (IFE) como candidato presidencial de las izquierdas para las elecciones de julio.

Ambas circunstancias muestran a López Obrador con una calidad de político maduro y experimentado, y seguro en los pasos que va efectuando como candidato presidencial, y acerca de la visión de conjunto que tiene del país que se propone gobernar.

En la comparecencia en que se presenta al lado de Marcelo Ebrard, ya señalado en la eventualidad como posible secretario de Gobernación, simultáneamente sostienen que no habrá verdadera “pacificación” del país si no se logra un avance visible del respeto a los derechos humanos de la ciudadanía más amplia, batalla que al final de cuentas consiste en disminuir las tremendas desigualdades que vive México y una política de seguridad que la aproxime a la sociedad entera. Entre las condiciones previas deberá lograrse también, por supuesto, la formación de una policía federal nacional altamente “moralizada y capacitada”, que sustituya, incluso con ventaja, al Ejército y a la Marina, que efectúan ahora lo principal de la “contención” del crimen organizado. En tal momento, sometido a revisiones constantes y paulatinas, las fuerzas armadas deberán retornar a los cuarteles.

En la misma presentación, ambos dirigentes, Andrés Manuel y Marcelo Ebrard, se refirieron a temas vinculados estrechamente al de la seguridad nacional. Sin embargo, diría que lo más impresionante del acto fue algo que no veíamos hace mucho en nuestros escenarios políticos: la presencia de dos hombres del servicio público de tal seriedad actuando en plena conformidad, dos políticos de esa dimensión que están reflexionando combinadamente en los problemas del país y llegando a conclusiones semejantes. Es decir, lo que hace unos cuantos meses parecía, del lado de las izquierdas, un horizonte de incertidumbre y confrontación, hoy se presenta como una visión constructiva y altamente promisoria si realmente nuestro futuro gubernamental es encabezado por dos políticos de la calidad de Andrés Manuel y Marcelo Ebrard. Los mexicanos votantes el próximo julio han de pensar muy seriamente en estas perspectivas y diferencias con los otros candidatos.

En la segunda de las comparecencias recientes –su protesta como candidato a la Presidencia de la República en el IFE– no estuvo ausente en Andrés Manuel López Obrador su derrota de 2006, que dio paso a uno de los episodios de perseverancia política más extraordinarios en la historia de la República, un sexenio de peregrinar y recorrer el país entero, seguramente varias veces, por el candidato despojado, para movilizar y consolidar la organización que debería darle el triunfo.

Por supuesto que mencionó que el triunfo le fue arrebatado en 2006, por esa misma institución que ahora visitaba, sin dejar de decir que ahora “ganaría la Presidencia de la República”. Añadió también en tono profesoral: “Ustedes, como autoridades electorales, tienen una gran responsabilidad. Espero que estén a la altura de las circunstancias. Que no se repita lo que sucedió en 2006, que no se vuelvan a pisotear los derechos de los ciudadanos. Que se respete la voluntad del pueblo, que tengan ustedes la capacidad –con la ley en la mano– de garantizar elecciones limpias y libres”.

Varios consejeros no dejaron de exhibir molestia por la indirecta reprimenda y por el señalamiento propedéutico. Pero en un acto de esa naturaleza, uno de los más altos de cualquier proceso electoral, resultaba absolutamente indispensable referirse a las elecciones de hace seis años, en que México, precisamente por el despojo de que fue objeto López Obrador, se exhibió a una escala vergonzosa de nivel electoral y democrático. En mi opinión nada más oportuno que recordar ahora la nube negra que pesa sobre ese cuerpo colegiado, en la esperanza de que se reivindique en adelante.

Añadió López Obrador: “Resulta fundamental cuidar que no se utilice el dinero del presupuesto, que es dinero de todos, para favorecer a partidos y candidatos, y que no se trafique con la pobreza de la gente, que no se compren los votos, que no se compren lealtades, que no se compren conciencias. Que sea el pueblo libremente el que decida por qué partido y por qué candidato votar”.

Muchos observadores están sorprendidos de que algunos consejeros del IFE, la estricta minoría, hayan interpretado las palabras y la presencia de López Obrador en este acto de registro como una violación a la legalidad y a la famosa veda política dictada por el mismo IFE que ahora lo recibía. El registro, para todos los candidatos, quiérase o no, resulta uno de los actos más importantes de las campañas electorales de los candidatos. Ahí exponen sus motivos de registrarse y, por supuesto, sus objetivos de sustancia en la batalla electoral para llegar a la Presidencia de la República.

Ahora son claros también los ataques de sus enemigos de siempre, de quienes ya anuncian su intención de quemarlo otra vez en la hoguera, si posible, de quienes están dispuestos a recurrir a todo tipo de marrullerías para descarrilar su candidatura.

El IFE, organismo gubernamental bien pagado, debe impulsar la democracia y no romperla. Esperamos que haya una primera vez en que los procedimientos se desarrollen más que razonablemente.






30 ene 2012


La política exterior de AMLO *
Víctor Flores Olea/ I


Digamos desde el inicio que el primer objetivo del combate liberador latinoamericano ha sido el imperio y el imperialismo, lo cual ha conferido rasgos peculiares tanto a nuestras contradicciones de clase como al tipo de luchas por la independencia que han emprendido nuestros pueblos. Lo anterior se hizo evidente en la segunda mitad del siglo XX, sobre todo porque los intereses del imperialismo en América Latina no se conformaron con la extracción económica, sino tuvieron un objetivo primordialmente político: controlar a los agentes” que pudieran debilitar a Estados Unidos en la guerra fría, y el mejor método que encontraron fue imponer, durante décadas, dictaduras sangrientas a las que sostuvieron con todos sus recursos.

Por supuesto, las razones políticas que han llevado a sectores importantes de la sociedad latinoamericana a luchar en contra de las dictaduras militares genocidas y violadoras de los derechos humanos, y en contra del desastre económico de un neoliberalismo explotador y empobrecedor de las mayorías, están en la raíz de la transformación latinoamericana de las dos décadas recientes.

No es el caso mencionar en detalle las dictaduras latinoamericanas de los últimos cincuenta años, pero no podemos pasar por alto aquellas, sobre todo en el cono sur, que se impusieron por su crueldad y violencia, como la de Augusto Pinochet en Chile y la de los militares argentinos, que en dos momentos diferentes derrocaron a regímenes democráticos. El golpe de Estado a Salvador Allende, como se recordará fácilmente, es uno de los episodios golpistas más brutales de la historia latinoamericana, urdido por agencias como la CIA bajo instrucciones directas del presidente Richard Nixon y del consejero de Seguridad de la Casa Blanca, después jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger.

El presidente Nixon “decidió que el gobierno de Allende no es aceptable para Estados Unidos”. El presidente ordenó entonces a la CIA impedir que asumiera el poder o desestabilizarlo, y autorizó la suma de 10 millones de dólares para este fin. Lo que nadie discute es que Pinochet, a sangre y fuego, impuso en Chile el neoliberalismo, con base esencialmente en la privatización de las empresas estatales, del sistema de salud y de los fondos de retiro.

La transformación económica, al amparo del monetarismo de los Chicago Boys y de su mentor Milton Friedman, se inició tras el golpe militar mediante una drástica reducción del gasto público y despidos masivos en el aparato estatal que tuvieron un altísimo costo social. El neoliberalismo se impuso en variedad de laíses latinoamericanos y por diversas vías, después del cruento ensayo en el Chile de Pinochet.

En Chile se facilitó grandemente la operación neoliberal gracias al brazo armado del ejército. En otros países, como México, la transferencia y aplicación de estas visiones del mundo alejadas de la realidad del país, pero en la moda mundial, ha sido relativamente más sencilla y menos traumática, aunque también altamente polémica, por no decir desastrosa. El control de la Presidencia de la República, aun sobre el Poder Legislativo, facilitó enormemente las cosas. En México, ese grupo de economistas que hace ya más de dos décadas controlan en buena medida la economía del país han sido llamados “tecnócratas”, para subrayar su alejamiento del pueblo e incluso su profundo desconocimiento de la historia nuestra. En otras condiciones, su gestión debe considerarse también como un desastre mayúsculo.

Los autores mexicanos y chilenos que han estudiado el fenómeno coinciden en que la referida transferencia ideológica y la aplicación del neoliberalismo supuso en ambos casos una alianza estrecha entre los funcionarios directivos de la economía y las finanzas y las élites o aristocracias del dinero y los dueños empresariales en ambos casos: el contubernio entre los dueños del capital y los “académicos” funcionarios. Los principales beneficiados por la operación, como es claro, han sido el puñado de empresarios que han logrado enormes ganancias en los países mencionados y en todos los latinoamericanos que han seguido esa ruta de aplicación del neoliberalismo.

Una de las explicaciones más dramáticas de la concertación latinoamericana para imponer dictaduras se encuentra en el libro Operación Cóndor: pacto criminal, de la escritora argentina Stella Calloni. Por supuesto, detrás de esta alianza para la muerte estuvo siempre la CIA, es decir, el gobierno estadunidense como iniciador y organizador generoso en fondos para la persecución de opositores.

Naturalmente, el desastre político ha corrido paralelo a la profunda catástrofe económica. La miseria continental se agudizó precisamente en la década de los 80, llamada la “década perdida”. Según Cepal, la población por debajo de la línea de pobreza en la región pasó de 200 millones en 1980 a 224 millones hacia finales de esa década, sin que en la siguiente se diera una mínima recuperación. El Banco Mundial ha dicho que 25 por ciento de la población regional vive con menos de dos dólares al día y tiene el récord de ser la más desigual del mundo. Todavía señala: “en los países latinoamericanos una cuarta parte del ingreso nacional es capturada por sólo 5 por ciento de la población, y 40 por ciento por el 10 por ciento más rico… La percepción actual de los latinoamericanos sobre este aspecto del desarrollo es tan contundente como la referida a los temas anteriores. Sólo dos de cada 10 individuos consideran que la distribución es justa o muy justa, y los ocho restantes declaran que es injusta o muy injusta” (1997).

Debe decirse que durante los pasados 25 años, a partir de las reformas neoliberales, los países de América Latina han experimentado una profunda transformación social y de las relaciones entre el Estado y la estructura productiva nacional. En el tiempo del “desarrollismo”, que con variados niveles de éxito se aplicó en buen número de países latinoamericanos, se privilegió a los empresarios industriales, y se cambió después a una economía en la que prevalecieron los enfoques financieros y la fácil obtención de ganancias vía la especulación. El capital financiero y la especulación suplantaron a la producción. lo cual marcó un retroceso económico evidente en el conjunto latinoamericano, de la que derivó una pérdida relativa de la región dentro de la economía mundial.

Las presiones de la “nueva economía” neoliberal, con su desarrollo financiero y especulativo y su desprecio por la producción y las medidas de bienestar social, tuvieron como uno de sus principales derivados la masiva transferencia de capitales del sur al norte, que ha sido una de las indiscutibles razones de nuestro atraso. Es verdad que esta transferencia no se inicia con el neoliberalismo, pero en los recientes treinta años cobra el perfil de un verdadero saqueo financiero y especulativo. La prosperidad de los más ricos, financiada por la miseria de las mayorías de la población de la Tierra, la fortuna de círculos restringidos en lo internacional y en lo nacional, fundados en la fuga especulativa de capitales.

* Primera parte, de dos, del documento leído en Zacatecas el 25 de enero en una mesa redonda sobre la conveniente política exterior de Andrés Manuel López Obrador





5 dic 2011


Así es la política en México

Victor Flores Olea

En verdad así es, no tanto por excepción, sino casi como regla. El ascenso y descenso por los caminos que llevan a la gloria y por las grietas que llevan al infierno fue vivido intensamente, seguramente una vez más, por ese personaje que parecía al principio, para quienes no teníamos el gusto, un norteño leve y dicharachero, que con buen ojo había designado Enrique Peña Nieto presidente del PRI. Un presidente del partido que él creyó rotundamente lo ayudaría en su carrera hacia Los Pinos.

Pero muy pronto, demasiado pronto, se encontró que el vivaz norteño lo era también para los negocios torcidos, en gran escala. El auditor del estado de Coahuila, Armando Plata, detalló que los fraudes de Moreira se remontan a los ejercicios presupuestales de 2008, 2009 y 2010, y suman, al menos, 16 mil 182.7 millones de pesos. La contratación de créditos multimillonarios con documentos falsos, además, fue una práctica común en el gobierno de Coahuila durante la administración de Humberto Moreira, y el monto adquirido equivale casi a la mitad de la deuda estatal, ha informado la Auditoría Superior del Estado.

Con buen sentido, Enrique Peña Nieto vio por fin que su designación de Humberto Moreira le traía consecuencias negativas y que había sido una falla garrafal. Tal vez no lo hizo con la rapidez que hubiera sido deseable, pero al final de cuentas lo decidió ante el desgaste terrible para su candidatura que ese nombramiento significaba. Tal vez han sido dos los nombramientos, o “ceses”, que Peña Nieto ha dictado para corregir en el límite decisiones que parecían ya definitivas: el de Eruviel Ávila como gobernador, en vez de alguno de los primos Del Mazo, que probablemente hubieran perdido el cargo en la campaña, y esta afortunada corrección in extremis sobre el nombramiento de Humberto Moreira como presidente del PRI.

Correcciones a tiempo, pero errores también en el origen que no lo liberan de responsabilidad y que denotan ya a un personaje en principio precipitado, y también autoritario, por lo que significan sus nombramientos originales que debe corregir más tarde para evitar desgastes mayores. Es decir, no han dejado de perjudicarlo tales nombramientos, porque denotan a un hombre poco reflexivo, acostumbrado a imponer sus primeros impulsos. Tal cosa, y varias otras que pudieran mencionarse, muestran a un hombre con tendencias al ejercicio de la autoridad sin demasiada consideración de las circunstancias, lo cual es uno de los síntomas mayores de la personalidad autoritaria (Hanna Arendt).

Con otra observación: Peña refuerza esos síntomas con las características de un político provinciano que, sin ver el conjunto y las relaciones políticas más amplias, casi siempre se expresa como autoritario y empeñado en imponer sus ocurrencias. En efecto, tal vez una de las características invariables del gobernante autoritario es su provincianismo, de lo cual, como es obvio, no escapa Peña Nieto. Algunos me dirán que en realidad ese provincianismo no es excepción en la historia del PRI, y tendrán seguramente razón. Su constante ha sido ese “parroquialismo”, salvo seguramente en los líderes de la revolución popular, que alcanzaban la “universalidad” por otros caminos: la certera intuición de las necesidades sociales más amplias, el proyecto de un país a largo plazo, de lo cual han sido capaces, como decía, los auténticos líderes de nuestra revolución popular, pero no los abogadillos de bufetes de tercera línea.

Cuando se habla del nuevo proyecto nacional, como necesario después de 2012, se habla de un país que no considere la “modernidad” como punto de partida y como punto de llegada del próximo futuro de México. Se habla más bien de construir una cultura que sea actual y que recoja en real síntesis creativa el pasado, la historia de México y los postulados que deben armar o definir una sociedad alejada de los principios del capitalismo, es decir, de los principios de una sociedad que sólo existe para la competencia y la ganancia y que se ha olvidado por completo de la solidaridad en la igualdad, y en la legalidad. Que únicamente existe para el aprovechamiento y la explotación, y que ha olvidado radicalmente los principios del desarrollo igualitario.

Por fortuna, no estamos exentos de esos valores, que contiene claramente la “república amorosa” de Andrés Manuel López Obrador, concepto que sería muy bueno que fuera desarrollado y especificado por su autor, como parte sustantiva y novedosa de su campaña electoral, que le daría, por cierto, popularidad y fuerza a sus aspiraciones. Se trata de una noción nueva y rica de contenido que ha de ser explicada a fondo por el candidato de las izquierdas.

En este punto del artículo redactado cayó en nuestras manos La Jornada del domingo 4 de diciembre, en que hay una maravillosa crónica de la comparecencia de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la que el precandidato habla de la Biblia con una imprecisión aterradora, y de La silla del águila, “de Krauze” (cuando es de Carlos Fuentes), así como con una vaguedad a toda prueba, cuando menciona “otros” libros sobre “caudillos”, de los cuales “no recuerdo el título”. Peña Nieto: “He leído varios. Desde novelas. En lo particular difícilmente me acuerdo del título de los libros. La Biblia es uno, en algún momento de mi vida. Algunos pasajes bíblicos. No me leí toda, pero sí algunas de sus partes…”

“Las risas comenzaron a escucharse y Peña Nieto intentó reponer la figura.” Aquí encontramos otra de las características de Peña Nieto, que muchos sospechábamos y que ahora se comprueba rotundamente: su incultura a toda prueba
.

10 oct 2011



La Presidencia en 2012






Víctor Flores Olea






En la consideración real del próximo Presidente de la República no hay más de cuatro nombres efectivos: Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard. Muchos dirán tal vez que estiro demasiado la liga y la lista. Me animo a nombrar a los más frecuentemente mencionados, pensando que de todos modos habría alguna oportunidad histórica para que el país viva su primera justa electoral con relativa transparencia.

Por razones objetivas, habría que eliminar a varios de los actuales candidatos del PAN, que después de 12 años se han mostrado absolutamente incompetentes, iletrados para gobernar, diría Carlos Monsiváis. Con el país al borde del abismo, todavía alguna fanfarronada de final de fiesta. Sobre los candidatos sobrantes del PAN no vale la pena pronunciar palabra alguna.

Por lo que hace a los candidatos del PRI, las fiestas seguramente no han terminado, en primer lugar por el aparato organizativo con que cuentan. Negocios desde la cúpula, pasando por los gobernadores y legisladores, federales y locales, y madeja de complicidades elaborada desde hace décadas.

¿Se trata de orientar al país en una dirección nacional y de poner freno a la “venta de garaje” desnacionalizadora? ¿Se trata de emular a los demás países “demócratas” que tenemos a nuestro alrededor y de construir una “democracia” en la que sólo deciden los núcleos de poder y los núcleos financieros? ¿Se trata de echar por la borda lo que ha sido la mejor parte de nuestra historia, incluidos retazos importantes de la Revolución Mexicana que nos dieron personalidad latinoamericana y mundial?

La cuestión con la Revolución Mexicana no ha sido la de sus logros, que no han sido pocos, sino la de sus abandonos radicales, que han sido infinidad, hasta el punto de que hoy, vista en su espejo, aparecería absolutamente distorsionada, causando el más serio escándalo entre quienes la construyeron como uno de los movimientos sociales radicales y lleno de promesas a principios del siglo XX.

Pero, además de la traición a sus principios, el otro aspecto que la ha modificado absolutamente es el de la distancia entre los hombres que vivieron la revolución o que estuvieron cerca de sus esfuerzos, y los nietos de ahora, que en el mejor de los casos han aprendido a entonar ciertos estribillos en sus discursos que no cree nadie ni con la mejor fe del mundo. Y la mejor prueba es que, habiendo tenido la oportunidad de construir una oposición en serio, apenas se dedicó a una fiesta de negocios con el PAN y guardó el más estricto silencio sobre las líneas constructivas que aún requiere México en lo económico y político.

Por lo que hace al PRD, nadie puede ocultar en este país el oportunismo con que, en términos generales, se distinguieron sus gobiernos, en distintos niveles y circunstancias. Lo más dramático es que al finalizar la década de los 80 y a principios de los 90 parecía que México volvería a algunas de sus tradiciones de izquierda, por ejemplo en materia social o de política exterior. Desafortunadamente el fogonazo organizativo que significó el PRD muy pronto mostró las fragilidades de una izquierda sin elaboración teórica ni búsqueda de las necesidades actuales con la historia del país. Lo nacional-popular, como arco de sostén de una izquierda mexicana y latinoamericana, pronto se derrochó en pequeñas sectas sin ambiciones.

Por desgracia, por estas razones y otras que pudieran recordarse, la izquierda mexicana no ha podido “cuajar” en un amplio movimiento de masas que tuviera un peso electoral definitorio. Vamos a 2012 con esperanza de que las masas populares reaccionen y vean con claridad que su futuro está en la izquierda –naturalmente en una izquierda renovada y reforzada por el propio movimiento de masas–, una izquierda que tendría como columna vertebral los dirigentes a quienes hoy mismo se postula como candidatos a la Presidencia de la República.

Sin ponernos rigoristas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Cuauhtémoc Cárdenas representan a una izquierda que cuantitativa y cualitativamente tiene gran mérito y, de candidato a candidato, superan largamente en todos los terrenos a sus equivalentes de los otros partidos. Desde el punto de vista de la izquierda “la caballada no está flaca”, sino es capaz de cumplir sobradamente su papel de “promesa de un futuro mejor”.

Naturalmente que no basta ser un buen candidato como prospecto para que el fiat se produzca en esa dirección. Muchas otras condiciones son necesarias para que la potencia se realice, pero resulta ya una ventaja señalada llevar la delantera en cuanto a las candidaturas, que representan potencialmente un fuerte liderazgo.

En el plano de la inteligencia su capacidad de movilización (propia y ajena), con fundamento en análisis certeros de la realidad. Y, claro está, su capacidad de proponer y realizar un futuro más consistente que el actual. Para el PRI, apenas modestamente algunas ideas sociales de principios del siglo pasado. Y cuando se pone “moderno”, las izquierdas de otros lugares las juzgarían perfectamente atrasadas. Para el PAN algunas ideas decimonónicas, empatadas con las suyas de hace más de dos siglos, representarían el mejor perfil del atraso en que vive.

El gran problema es el electoral mismo, el fraude probable, que ya se presentó en 1988, o en 2006. De ahí la necesidad de una severa vigilancia en las casillas, mesas y distritos electorales. En el horizonte de un inmenso fraude electoral debe procurarse la movilización ciudadana sin límites, en el estricto control de los procedimientos.







23 may 2011



Unidad: prioridad de la izquierda


Víctor Flores Olea




Claro que el inicio de campaña de Alejandro Encinas en Ecatepec por la gubernatura del estado de México no se redujo al hecho trivial de una fotografía, sino que fue el testimonio de la voluntad coincidente de diversos personajes de la política de izquierda que decidieron mostrar” públicamente su intención y propósito de unidad. Por supuesto que las diferencias no se evaporan por arte de magia, pero hay muchas razones para que ahora los líderes más visibles de la izquierda exhiban una voluntad convergente que se sitúa en el polo opuesto de los “juegos” irresponsables que varios de ellos venían realizando, y que contribuyeron gravemente en los últimos años al desprestigio de la izquierda en México.

La intención de proclamar la posibilidad de la unidad, que deberá remacharse y confirmarse en el futuro próximo, fue el real significado de la coincidencia de Andrés Manuel López Obrador, Cuahutémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard y hasta del actual dirigente del PRD, Jesús Zambrano, en el inicio de campaña de Alejandro Encinas, para sólo hablar ahora de los más visibles, sin olvidar que también estuvieron presentes Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y María Teresa Juárez viuda de Heberto Castillo y varios otros perredistas prominentes en el Congreso, e incluso el coordinador del Dia, Manuel Camacho Solís.

Pareciera que las aristas rasposas se pulen, incluso aquella que tanta preocupación despertó en las izquierdas (¿sigue produciéndola?) de la posible división o enfrentamiento en la candidatura presidencial de 2012 entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard. Tesis favorita, por supuesto, que ha propagado la derecha, como uno de sus objetivos estratégicos claves (divisionistas), y que sigue utilizando con la esperanza de que se cumpla. Pero no, los acuerdos de López Obrador y Ebrard para zanjar la cuestión de la candidatura de la izquierda en noviembre de este año parece que tiene toda la solidez y confiabilidad de la voluntad de ambos políticos, que cumplirán estrictamente con los pactos que establezcan. Hoy la gente de izquierda en México está segura de que ese conflicto potencial se resolverá civilizada y adecuadamente por el acuerdo entre los dos precandidatos. Por lo demás, la izquierda se felicita de tener dos precandidatos de ese nivel, que ni de lejos tienen los otros partidos.

Lo que salta a la vista es la absoluta exigencia de la unidad, si es que de verdad la izquierda quiere estar presente y hacer mella transformadora en el sistema vigente. Es decir, si aspira de verdad a triunfar en la elección presidencial de 2012. Y no sólo hablo de una “aspiración”, sino de la posibilidad objetiva y positiva de lograr la victoria, tan absolutamente necesaria en el país. Necesaria al punto de que sin ese triunfo México corre el gravísimo riesgo de despedazarse, más de lo que ya han realizado los lamentables últimos sexenios panistas y también cuando menos los últimos del PRI.

Hace seis años surgió la frase sucia de que Andrés Manuel López Obrador “era un peligro para México”. La situación es tal ahora que puede voltearse la frase y decirse que “si no gana López Obrador el peligro es para México”, como lo han demostrado ya dos sexenios del PAN y los postreros del PRI.

Pero ampliemos las perspectivas: la necesidad de la unidad triunfante de la izquierda no es únicamente la de los partidos políticos, sino la de las mayorías sociales que exigen cambios en favor del pueblo, cambios en la política y en la economía que no pueden seguir al exclusivo servicio de grupos restringidos; es claro que no se soporta más la insultante concentración de la riqueza y que en esta época, tal vez más que nunca, se expresa en movimientos sociales que, como vemos, no sólo tienen expresión en el norte de África y en Medio Oriente, sino también en el corazón de Europa: especialmente España, Italia, Francia y otros países.

Los reclamos universales que se extienden coincidirán en México con la próxima elección presidencial, y reforzarán en nuestro país las corrientes de la izquierda hasta convertirlas en algo así como en un huracán o tormenta imparables. Sí, las corrientes de la izquierda política y partidista, pero también y sobre todo las representadas por los movimientos sociales auténticos.

Es probable que Javier Sicilia o el subcomandante Marcos no aparezcan nunca en una fotografía como la de Ecatepec, pero sí hay altas probabilidades de que sus simpatizantes y activistas, que sus seguidores de muchas ideologías y convicciones, en las próximas elecciones presidenciales decidan dar su voto a la izquierda. Porque en algún momento y lugar debe iniciarse la tarea de la transformación profunda del orden establecido, y la amplia necesidad de construir una sociedad fundada en la inteligencia que se sustente en sólidos valores morales e incluso estéticos, alejados del mercado extremo, el afán de lucro y la avidez que distingue hoy, más que nunca, a la sociedad capitalista. Rehacer el tejido social, pero rehacerlo en una perspectiva que excluya los crímenes, la corrupción, las mentiras, los disfraces que distinguen al sistema económico y político actuales.

Para terminar, simplemente diré que en esta múltiple y abundante movilización social no puede faltar el compromiso tantas veces sellado y no cumplido de respetar y afirmar los derechos indígenas, al menos en la escala en que fueron precisados en los acuerdos de San Andrés. Tal es un punto fundamental que se olvida con demasiada frecuencia.










28 mar 2011

Al dìa de hoy , sobre la mesa , unicamente existe un proyecto de Naciòn serio con miras al 2012 . Ni PRI ni PAN tienen algo remotamente parecido y chequen cuanta atenciòn reciben estos dos partidos en los medios de comunicaciòn , principalmente Peña Nieto . ¿Se han puesto a pensar en cuantos programas de anàlisis polìtico , noticieros , etc. etc. que existen en la televisiòn mexicana , se ha puesto a discuciòn uno solo de los 50 puntos del Nuevo Proyecto Alternativo de Naciòn que presentò AMLO el domingo 20 ? la respuesta es EN NINGUNO . Pero en cambio cuando Manlio Fabio Beltrones presentò su propuesta fiscal que lo unico que hace es bajar el iva del 16 al 13 % , de inmediato fuè invitado a varios programas de televisiòn para que lo expusiera y explicara . Y que tal son para la descalificaciòn los levantacejas que ya todos conocemos , lease , Ciro Gòmez , Joaquin Lòpez , Denise Maerquer , Carlos Marin , Carlos Loret , Pedro Ferris , Beteta , Adela Micha , Pepe Cardenas , etc. etc. ..... Si esto no es un boicot , entonces yo no se que lo sea . De verdad , no tienen madre y si no hacemos algo , yo no se a donde vamos a llegar
AMLO y su lanzamiento

Víctor Flores Olea



Una mujer del norte dijo al terminar el discurso de Andrés Manuel López Obrador el pasado domingo 20 de marzo en el Auditorio Nacional: Ahora sí tenemos programa, táctica y estrategia, y líder para llegar a la Presidencia en 2012”. Esta mujer mostró más perspicacia política que un buen número de los escritos que se han publicado en la prensa y aparecido en los medios electrónicos, claro que en ella estaba ausente el veneno de los intereses con que se formulan otras opiniones. Sabiendo además escuchar y leer, en lo que tampoco se han mostrado muy duchos buena cantidad de “comunicólogos”. El hecho es que el más importante acontecimiento político de los tiempos recientes se dio precisamente en el Auditorio Nacional ese domingo 20 de marzo. Afirmación de liderazgo político, desde luego, pero además sostenido por un programa de acciones de gobierno que ni remotamente han pergeñado los otros candidatos que también se apuntan al relevo presidencial. En el caso de Andrés Manuel López Obrador hay presencia y sustancia, si se quiere aún más lograda y redonda que en 2006. Muchos dirán más equilibrada y pertinente, una idea de proyecto de nación más sólida y contundente. Tal programático nuevo proyecto de nación ha sido elaborado por distinguidos pensadores y especialistas (excluido el que esto escribe), pero sobre todo ha sido tomado con gran sensibilidad y talento por AMLO, según podrán comprobar quienes lean su discurso de la ocasión, del que ha sustraído “50 acciones indispensables para la regeneración nacional”. Porque de eso se trata: no sólo de proponer una plataforma político electoral, sino un conjunto de normas y valores que se refieren a la ética política y a la moral social y personal, un programa que no únicamente tiene como base y objetivo el triunfo electoral que por necesidad es cuantitativo, sino una reconstrucción del país que se refiere a lo cualitativo y que considera como piedra angular de esa refundación los valores y cultura del México profundo, de las comunidades indígenas, rurales y urbanas, y de todos aquellos nacionales que luchan en distintas trincheras para rehacer el tejido social del país tan desgarrado y degradado en los tiempos recientes. Ante este “nuevo modo de hacer política”, que se exponía en el Auditorio Nacional, las peripecias lamentables que ocurrían a no demasiadas cuadras de distancia, en el Congreso del PRD, “autorreducían” a su mínima expresión el significado de ese partido, “autoenanizando” su presencia. No es que careciera de importancia el destino del PRD, pero en manos de los Chuchos su significado disminuye, se hace irrelevante como medio de “regeneración nacional”, que en el fondo es lo que está en juego, lo que verdaderamente importa para 2012. Para su discurso, Andrés Manuel López Obrador decidió sintetizar en 50 compromisos el amplio programa contenido en el nuevo proyecto de nación. Claro que hay temas que él había mencionado en 2006, lo cual es natural porque tales objetivos no se han cumplido y siguen siendo vigentes, más aún, buen número de ellos se han pervertido y resulta más urgente que nunca reivindicarlos, realizarlos. Recordemos algunos: la lucha electoral por la Presidencia tendría como objeto último alcanzar una democracia en que efectivamente el gobierno sea del pueblo y para el pueblo. Es decir, luchar contra una de las distorsiones mayores de la actual vida pública: los representantes políticos lo son mucho más de los negocios y los intereses económicos que de las necesidades sociales. El estricto respeto a la Constitución es no sólo un principio necesario de legalidad (y de no corrupción), que deben cumplir estrictamente todos los poderes de la Unión, subrayando la especial responsabilidad del Poder Judicial. El presidente de la República estaría sometido a la revocación del mandato, a los tres años de su ejercicio, además de que el gobierno se definiría por aceptar los múltiples diálogos que le propondrían los ciudadanos, y en favor de la tolerancia, la pluralidad, diversidad y transparencia del nuevo México. El Ejército y la Marina gradualmente se retirarían de la guerra contra el narco, y no se les utilizará nunca para resolver conflictos sociales y menos para reprimir al pueblo. En materia internacional, recuperaríamos el prestigio que hemos tenido en América Latina y ante la comunidad internacional. Con Estados Unidos prevalecerá el respeto a las soberanías y se revisará el TLCAN para corregir desequilibrios, al mismo tiempo que se protegerán invariablemente los derechos humanos y laborales de los migrantes. Los medios de comunicación se democratizarán y se romperán los monopolios tanto de la telefonía como de la televisión. Se defenderán los derechos de los trabajadores y se impulsará la democracia sindical, terminando con los cacicazgos vigentes. En lo hacendario se cumplirá con el mandato constitucional de un cobro progresivo, es decir, quien gana más paga más. En la economía se privilegiará la producción sobre la especulación. Se terminarán los privilegios de la alta burocracia. Se construirán cinco refinerías, en vez de importar gasolina. Se impulsarán las pequeñas y medianas empresas y se terminarán los monopolios. Este programa se compromete también a conservar el patrimonio histórico, artístico y cultural de la nación, y, por supuesto, a preservar la diversidad y riqueza del patrimonio natural. Inclusive una lectura rápida del programa nos convence que la realización de estos compromisos daría nacimiento a una República nueva y renovada, regenerada, como dice Andrés Manuel López Obrador. ¿Quién ha sido entonces el verdadero peligro para México?



16 ago 2010


AMLO se internacionaliza





Víctor Flores Olea

Tiene plena razón Marcelo Ebrard: ha quedado plenamente probado el complot” contra López Obrador en 2006.

En su segundo artículo, “El gigante de las siete leguas”, Fidel Castro habla del incidente de Carlos Ahumada que llega a Cuba para eludir una orden de aprehensión en México, destino sugerido por Carlos Salinas y sus empleados y, sobre todo, la contundente revelación de que los famosos videos filmados en las oficinas de Ahumada, donde René Bejarano y otros funcionarios reciben puñados de dólares que se embolsan, y que fue una de las más duras maniobras en contra de López Obrador previa al intento de desafuero, fue urdida de manera directa por Carlos Salinas, Diego Fernández de Cevallos, Santiago Creel y Rafael Macedo de la Concha.

La respuesta de nuestro gobierno a esta denuncia de graves ilícitos resulta uno de los momentos más bajos de la política exterior mexicana: en vez de comprometerse a investigar una denuncia plausible, no sólo por la palabra del ex presidente Fidel Castro, sino por las circunstancias que la precedieron, se da una respuesta casi soez. Obviamente este aspecto del par de artículos de Fidel sobre López Obrador surge de las revelaciones que hizo Carlos Ahumada cuando fue detenido en Cuba para su extradición.

En vez de una mínima disposición a salvar la cara como un país respetuoso de las leyes, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) se limita a decir que el comandante “pretende descalificar a las instituciones mexicanas y se hace eco de afirmaciones sin sustento del país y su desarrollo”. Estamos ante un caso tan grave y tan grotesco como el de “comes y te vas”, en que el gato juega con el ratón, en este caso un pobre ratoncillo de caricatura en el último de sus refugios.

Fidel Castro no “pretende” nada, simplemente expone “hechos” que, al menos, debieran traducirse en una mínima intención de investigar. Pero ¡no!, lo último que tiene presente este gobierno de ratoncillos es el cumplimiento de la ley, ni siquiera la remota voluntad de hacerlo.

Respuesta de la SRE tanto más insolente que, acto seguido a su “rechazo”, se permite propinar a Cuba una “leccioncilla” electoral y sobre derechos humanos para terminar con una zalamera felicitación al comandante por sus 84 años. ¡Para que se le caiga la cara de vergüenza a cualquiera! Todavía me pregunto: ¿esta “respuesta” indigna fue pergeñada en la SRE o en Los Pinos?

Pero volvamos al hecho de que el comandante haya dedicado dos largos artículo al libro de Andrés Manuel López Obrador La mafia que se adueñó de México… y el 2012. Las voces ya se desgañitan y seguirán adelante: “el beso del diablo”, “… no me ayudes compadre”, etcétera. En vez de meditar las líneas de Fidel “se confirma que AMLO es un peligro para México…”, y al infinito.

Por mi parte, quedo impresionado por la mesura de Fidel Castro al tratar un asunto tan escandaloso de la realidad mexicana (el gran saqueo que ha sufrido el país por las mafias nacional e internacional asociadas). Hasta para Fidel Castro resulta una relativa sorpresa el análisis de López Obrador cuando dice “la forma en que Estados Unidos devora a dentelladas un país hermano de este hemisferio, al que ya una vez arrebató más de 50 por ciento de su territorio, las mayores minas de oro con altísima ley, y la riqueza petrolera explotada intensamente durante más de un siglo, de la que se extraen todavía casi 3 millones de barriles diarios…”

El libro “es una valiente e irrebatible denuncia contra la mafia que se apoderó de México”, y concluye: “López Obrador será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe (…) Su contribución a la lucha por evitar que el presidente Obama desate esa guerra será de gran valor”.

Pero Fidel no cierra su análisis sin señalar tres vacíos en el libro de marras: el silencio sobre el letal mercado de drogas que causa tantas muertes en México y Estados Unidos; la importancia central del destrozo ecológico, que pone en riesgo al planeta Tierra, y el silencio respecto del nuevo peligro nuclear por las tensiones entre Irán e Israel, propiciadas por Estados Unidos.

El hecho es que el nuevo libro de Andrés Manuel López Obrador ha levantado ámpula no sólo en el país, sino ante la mirada de un líder como Fidel Castro. Es verdad, AMLO deberá esperar todavía una catarata de insultos por el hecho de que el líder cubano lo reconozca a ese grado, pero también ese reconocimiento hará meditar a muchos sobre su capacidad de resistencia y dotes de liderazgo.

Esto es indispensable para asegurarnos de que en 2012 fracasen las trapacerías que ya han comenzado. Si los mexicanos se vuelcan a las urnas exigiendo el cambio, las trampas de la mafia serán más difíciles y México logrará un impresionante cambio democrático. Eso sí, no dejar sin vigilancia ninguna casilla electoral, que fue una de las debilidades mayores en 2006.

Estamos ante una oportunidad única de que México demuestre que a pesar de las “prohibiciones” del imperio y de la oligarquía, la voluntad mayoritaria del país puede y debe imponerse. Tal es el corolario más importante que se desprende de este comentario tan oportuno y contundente de Fidel Castro.




2 ago 2010

Aqui lo dijimos el 26 de Julio , justo un dìa despuès del impresionante lleno del Zòcalo de la Cd. de Mèxico , donde AMLO les demostrò una vez màs a sus detractores , que por cierto estàn que echan rayos y centellas , que èl , AMLO y su movimiento seguimos màs vivos que nunca .

En otro orden de ideas , veo con gusto que AMLO ha comprendido que hoy en dìa todo es mercadotecnia y tecnologìa ; actualmente èl participa ya en facebook , twitter y ahora nos ha sorprendido con esta extraordinaria palabra ( ¡VAMOS ! ) , que para mi gusto serà importantisima para las elecciones del 2012 , precisamente por lo que encierra de fondo .

Dicho lo anteriro , quiero aprovechar , para invitar a todos mis lectores a que pongamos la palabra ¡VAMOS! en nuestros carros y casas desde ¡ya! , y no quitarla hasta despuès de las elecciones del 2012 , es de vital importancia que empecemos a posicionar la campaña de AMLO ; no debemos olvidar que no contamos con el "favor" de los medios de comunicaciòn . Debemos adeltantarnos a los tiempos electorales , esto no perjudicarìa a AMLO , ya que serìa una iniciativa ciudadana y el estarìa libre de "pecado" .

Imaginense , miles y miles de carros y casas con la palabra ¡VAMOS! por todo el paìs durante dos años .

Saludos y a no bajar la guardia .




La lucha político-electoral de masas







Víctor Flores Olea


Algunos comentarios en Internet calificaron de regresivo” mi anterior artículo porque afirmaba que un cambio político significativo en México sería esencialmente resultado de la vía electoral. Sorpresa porque, en efecto, no se vislumbra otra ruta de cambio, además de que los señalamientos críticos a que aludo no contenían, naturalmente, ninguna propuesta de vía distinta para la transformación del país…

Lo que ocurre es que la vía electoral, en el horizonte en que hoy se presenta, no está monopolizada por los partidos políticos y sus instrumentos directos. La vía electoral, la lucha política en México es hoy una lucha política de masas, es decir, una lucha política en que se espera una gran movilización del pueblo que por la vía de las urnas (en 2012) pueda ascender al poder, precisamente para operar los cambios que necesita el país en un sentido democrático-popular.

Por cierto, tal lucha político-electoral de masas, con una gran movilización social desencadenada, será la única capaz de detener el intento de fraude, que sin duda estará a la orden del día.

Desde el ángulo de la legalidad es indispensable que un partido político postule las candidaturas. Pero la tarea que hoy exigen los mexicanos desborda por mucho los límites tradicionales de la acción de los partidos. Se trata de un cambio profundo también en la manera de hacer política, con otro resultado que el habitual sexenio tras sexenio en que la situación permanece estancada, en que las decisiones de fondo no se toman y quedan excluidas por las “componendas” de intereses en que entran finalmente los partidos y los políticos victoriosos…

Es también desacostumbrado que la concentración en el Zócalo que logró Andrés Manuel López Obrador el pasado domingo 25 de julio haya sorprendido a ese punto a integrantes de la clase política. En realidad pensaban (y esperaban) que sería un rotundo fracaso el “regreso” de López Obrador a la acción. Así lo pensaban y esperaban supuestos analistas avezados. Por eso es que el “regreso” parece haber sacado de sus casillas, y de su habitual buen juicio en el análisis, a dirigentes o “gentes del oficio” de todos los colores y sabores. Como si esa demostración hubiera sido totalmente inesperada para muchos…

Lo que no parecen entender es que se trata en México de una “nueva” forma de hacer política, precisamente de una demostración de que aquí es posible hacer una política de profunda vinculación con las masas, que es la sustancia popular de toda auténtica política democrática. Una política que no se conforma con utilizar los aparatos de control y las estructuras establecidas, sino una “nueva” forma de hacer política que trasciende los aparatos y las fórmulas tradicionales, los “modos” implantados y los recursos reiterados…

Una nueva forma de hacer política que para Andrés Manuel López Obrador tiene que ver sobre todo con la organización desde la base, con la estructuración de un movimiento prácticamente a partir de cero, de una acción política que comienza a marcar el ser de México de abajo hacia arriba, del este al oeste y del norte al sur, y que por ello ha resultado una sorpresa y casi un shock para la escena y los escenarios políticos acostumbrados. Y que es únicamente la primera sorpresa de otras que seguirán…

Pero acción política ligada al pensamiento: un excelente proyecto alternativo de nación que será materia de consulta nacional, que también deberá integrar la idea del poder colectivo de consejos autónomos en diversas áreas sociales.

Son enjambre los adversarios de López Obrador, y a esta nueva forma de hacer política se responde ya con ataques multiplicados, que crecerán. Por parte de los “medios” el silencio o la denuncia, sin parar en la mínima moral y decencia. Más feroz si es posible que hace seis años. Pero la novedad es que, en la actual situación de México, tal dureza puede resultar contraproducente y hacer que los tiros salgan por la culata…

Para los políticos la danza ha comenzado: que si hubo “adelanto” en los tiempos (para burla, dicho por quienes más se han adelantado en los tiempos), que no se respetan los acuerdos del “mejor posicionado”, pero es que en el caso de López Obrador el “mejor posicionamiento” resulta de una enorme simbiosis entre el pueblo y el líder, entre la base y el dirigente, efecto de un arduo, perseverante trabajo político de varios años.

Cuando se acerque el momento de las urnas, esta movilización político-electoral de masas irá en aumento, alcanzará su apogeo. Por eso es que resulta en México un hecho inesperado, singular. Una sorpresa para todos, pero algo que debe ser bienvenido en este país tan paralizado desde hace tiempo.

La izquierda debe ver como punto de orgullo que dos de sus principales integrantes, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, destaquen marcadamente respecto de sus contrincantes de los otros partidos. Claro, para sus adversarios es uno de los puntos escandalosos a explotar: el del posible enfrentamiento entre ambos y el del desgajamiento de la unidad de la izquierda. Por fortuna, rápidamente se han encargado ambos de negar la especie (inclusive con un almuerzo amistoso). También lo hizo Manuel Camacho. Esto despejará el ambiente y permitirá que la situación evolucione, en unidad, en favor del mejor “posicionado” políticamente, que ya se vislumbra…








19 jul 2010


El voto ciudadano




Víctor Flores Olea

Más allá de la discusión sobre las alianzas, el hecho es que el 4 de julio se afirmó en México la posibilidad de lograr cambios por la vía electoral. Todavía en una porción minoritaria del territorio y de la población. Pero se expresó ya la punta del iceberg de una nueva esperanza: si lo decide la voluntad ciudadana los cambios en el país son posibles.

La observación es relevante sobre todo para 2012. Las escaramuzas actuales son significativas, pero apuntan a la sucesión presidencial, después de 12 años de despeñadero panista y de más de siete décadas de regímenes “de la Revolución”, que todavía esperan una evaluación más objetiva, porque tal vez no todo estuvo pintado con el gris monótono del mismo autoritarismo vertical… Sí, pero así se hizo también este país en sus exigencias democráticas y en sus vocaciones populares…

Y otra verdad: nunca como ahora existió la influencia bárbara de los medios de comunicación. Pero el 4 de julio demostró también que los medios no son omnipotentes, que pueden resistirse y que la voluntad popular, como voz de la mayoría ciudadana, puede y debe imponerse. Que su presencia en las urnas puede ser arrolladora, o al menos definitoria, esencial en los resultados. Naturalmente en la lucha y no en la pasividad, en el hacer y no en el dejar hacer.

Es cierto que en la democracia, el valor del voto ciudadano ha sido traicionado durante décadas en México y en la mayor parte del mundo. Pero esa traición ha tenido también un límite, el que impone la decisión de los pueblos de construir una historia propia, en nombre de sus intereses, interrumpiendo esa otra historia secuestrada que vivimos, la de los intereses de la oligarquía, que son los reales operadores de la traición y la negación de la voluntad popular.

2012: todo indicaría que ni remotamente el PAN es un aspirante eficaz, después de su prolongado tiempo de desastres y abandonos. Su oportunidad se fue y no es recuperable. En cuanto a sus posibles candidatos ni mención merecen: están ya de antemano en la oscuridad sin remedio.

El PRI se ha exhibido como el partido del destino, como si una voluntad superior hubiera decidido ya su triunfo irrevocable. Nada más lejos de la verdad… sobre todo pensando en lo que para muchos es un hecho consumado, la candidatura de Enrique Peña Nieto, de quien ya un número de sus correligionarios señalan debilidades y desaciertos. Lo cual es normal en las trenzas del pleito por un premio tan apetecible como la Presidencia de la República.

Destino aún no consumado, porque se enfrenta a enemigos políticos temibles: Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, quienes piensan que no es suficiente para la victoria la construcción de una candidatura mediática, echa con carretadas de dinero y con golpes de exhibición en las pantallas de Televisa. Pero la cuestión no se queda ahí: habría indicios importantes de que la más poderosa “clase económica”, y algunos políticos con influencia, apoyarían decididamente la candidatura de Peña. Sería, como muchos afirman, el candidato de la oligarquía y de los más fieles a la ortodoxia neoliberal. El hecho es que los dados siguen en el aire y que no hay nada escrito sobre el futuro político mexicano.

Para muchos el fracaso del PAN trae a la vista el retorno del PRI. Pero la debilidad de este partido se ha manifestado en su acomodaticia oposición y sobre todo en su carencia de ideas programáticas, en su propuesta de futuro: la grilla y la maniobra prevalecen sobre cualquiera otra consideración. Es verdad: su fuerza radica en las organizaciones territoriales de intereses que controla, remachadas por el gran número de gubernaturas en sus manos. El cacicazgo territorial es el nombre de su fuerza, que podría conducir a una suerte de cacicazgo nacional. De cualquier manera, más allá del nombre del candidato, en 2012 será el partido a derrotar.

A derrotar por una izquierda que hasta hace poco parecía borrada del mapa electoral, pero que cada vez tendrá más presencia de aquí a 2012. ¿Debilidades? A granel, como la indefinición y las reyertas de muchos de sus integrantes partidarios (en el PRD), que han estado más interesados en las canonjías que en las batallas de fondo y principios. ¿Fortalezas? El hecho de que su clientela potencial no se restringe a los partidos, sino que comprende un amplísimo movimiento social que tendrá presencia definitiva, sobre todo después de los años desastrosos del panismo. Las necesidades sociales postergadas y las recientes catástrofes económicas (y ecológicas) le otorgan oportunidad única. Su fuerza claramente trasciende a los partidos.

Pero todavía es potencial, con el acierto de la decisión de que el conjunto de las izquierdas irá a las urnas con un solo candidato. Pero, ¿quién será ese candidato? A mi modo de ver, quien presente las más claras ideas sobre el futuro de México, y que las difunda con amplitud. Y que logre los vínculos más reales y orgánicos con la amplia sociedad, con el pueblo.

Más allá de los partidos, tal personaje ganará en su favor a los movimientos sociales (con su variedad de clases): mejor, ganará la voluntad general del pueblo mexicano y será quien conquiste en 2012 la mayoría abrumadora del voto ciudadano.




7 jun 2010


¿Derechos humanos en México? ¡El desastre!



Víctor Flores Olea

La cuestión de los derechos humanos en México es zona de desastre. Es cierto: jamás hemos tenido en este campo ni pequeñas ni grandes tradiciones, ya no hablemos del mátalos en caliente” del porfirismo ni de los mil y un atropellos de la etapa revolucionaria: en guerra pasan a último término, que hoy se llaman “pérdidas marginales”.

Como sabemos, en México ha habido un diluvio de recientes denuncias revelando la violación flagrante de derechos humanos por el Ejército en su guerra “contra el crimen organizado”, pero también por nuevas y viejas bandas paramilitares que hacen el trabajo sucio del Ejército y de las policías y que están blindadas por un escandaloso sistema de impunidad y corrupción. Esas violaciones (del Ejército, de las policías, de las bandas irregulares, de parte del sistema judicial) han sido severamente denunciadas por Amnistía Internacional, por el Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU y por multitud de organismos civiles y sociales del país. Sin embargo, todo queda en el aire y sin atención, ya que hay “otras” prioridades y urgencias encabezadas por la “guerra antinarcóticos”.

Se habla en muchos foros del avance o no de la democracia, de la vigencia del orden del derecho, de la “guerra contra el crimen organizado”, del sistema de impunidad y corrupción, pero se silencia y disimula la “cuestión” de los derechos humanos, como si no fuera fundamental en el avance o no de nuestro sistema político y jurídico.

Pero esto no se le ha ocurrido a Felipe Calderón, quien prefiere desenterrar huesos de héroes históricos a fin de desacralizarlos (después de todo los principales fueron excomulgados en su momento) antes que poner en el centro de un gran esfuerzo nacional la valoración y reivindicación de los derechos humanos, que por cierto fueron criatura en su momento de la Ilustración, de la que son hijos nuestros héroes patrios, de la primera, segunda y tercera generación (Independencia, Reforma y Revolución).

Por fortuna, el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, puso hace unos días el dedo en la llaga de la tragedia de la guardería ABC, situándola como violación flagrante de los derechos humanos. Pero hace apenas un mes, una caravana integrada por organismos civiles, observadores internacionales y periodistas que se dirigía a San Juan Copala a llevar alimentos fue agredida por un grupo armado (paramilitar) del gobierno de Oaxaca, al menos con el resultado de dos asesinados: la mexicana Beatriz Alberta Cariño y el finlandés Jyri Jaakola, sin ningún resultado en las pretendidas averiguaciones.

Sería interminable enlistar los hechos que ha denunciado la prensa en los últimos tiempos, sobre violaciones a los derechos humanos que quedan en la impunidad, sin excluir la última agresión, hace unos días, a Lydia Cacho en la guardería o asilo de niños discapacitados que tiene en Cancún.

La situación es que el activismo en México a favor de los derechos humanos se ha convertido en una de las ocupaciones más peligrosas del país.

Decíamos: en situación de guerra los derechos humanos pasan a tercero o cuarto lugar de las prioridades. Y así serán recordados el “piadoso” Felipe Calderón como un presidente que abrió las compuertas a la violación impune de los derechos individuales y sociales (también el SME), y el “seráfico” secretario de Gobernación Felipe Gómez Mont, a quien se le llena la boca hablando del respeto al orden jurídico cuando en sus narices se violentan brutalmente los derechos humanos sin decir esta boca es mía. ¿Perciben ahora por qué de la más extrema desconfianza y el mayor desprecio de muchos mexicanos hacia las instituciones?

Asignatura pendiente, como dicen. Y mejor, asignatura olvidada y maltratada. Es verdad, en el Legislativo queda por revisarse en la Cámara de Diputados una iniciativa ya aprobada por el Senado. Pero, sobre todo, la iniciativa que presentó la semana pasada el diputado Porfirio Muñoz Ledo, sin duda la más comprensiva y profunda.

En la iniciativa de Muñoz Ledo hay reformas constitucionales y el compromiso de que no prescribirán el genocidio, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el reconocimiento de la jerarquía constitucional de las garantías individuales en los tratados internacionales, además de que se abre el reconocimiento de los derechos sociales y políticos como derechos humanos, y se garantiza la protección constitucional de las organizaciones no gubernamentales en la materia.

Muñoz Ledo sostiene que su iniciativa es una vía privilegiada para luchar “contra el autoritarismo gubernamental y la más idónea para arribar a una democracia genuina”. Anunció que en ésta se enmarca la propuesta de reforma del Estado que hace 10 años fue elaborada por un grupo numeroso de expertos y legisladores y que aún se encuentra congelada en el Congreso federal. Este proyecto de reforma también otorga el reconocimiento a los derechos humanos que pueden ejercerse a título individual y colectivo y eleva a la categoría constitucional la protección del ejercicio pleno de las garantías de mexicanos en el extranjero, más allá de su condición migratoria, definiendo además el derecho de asilo. Esta iniciativa contempla prohibir la intervención de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública.

La iniciativa de Muñoz Lado, que debiera ser estudiada con la mayor seriedad y rapidez, supondría un avance decisivo del país en materia de derechos humanos.




15 mar 2010


La descomposición de la política






Víctor Flores Olea


Platón sugirió en varios diálogos que la descomposición se presenta cuando un ser o ente, producto de la naturaleza o de la acción humana, pierde su alma, abandona sus atributos esenciales y olvida el cumplimiento de los fines que lo justifican. La descomposición es una negación y un extravío profundo, es como la muerte o la desaparición sin retorno.

Estamos viviendo en México algo semejante en el plano de la política: el espectáculo grotesco que nos ofrecieron hace unos días líderes de partidos, de bancadas, gobernadores y otros funcionarios apunta precisamente a que entre nosotros prospera avasalladoramente esa negación y muerte de la política. Pero, además, las cosas se dieron de tal manera que muchos mexicanos están convencidos de que tales prácticas son irreversibles, imposibles de cambiar. Una ausencia de ética y un proceder político que ha echado fuertes raíces en nuestra tradición.

No hay más remedio que estar de acuerdo en las expresiones de reproche del mismo Felipe Calderón, salvo que le faltó señalar que él mismo, por su estilo de gobernar y sus variadas caras, perfiles y disimulos, resulta en estos tres últimos años el Gran Maestro de ese lamentable espectáculo, si no la causa única, sí contribuyendo de manera sobresaliente a la descomposición en marcha.

El hecho es que mientras se habla a borbotones de la transición democrática perdemos en la práctica esa opción. Porque de ninguna manera una democracia digna de ese nombre se expresa en los gestos burdos y las palabras groseras que vimos en el recinto legislativo hace unos cuantos días. Y lo más grave: en el Legislativo, en general, hay un abismal vacío de ideas, de reflexión y análisis de los graves asuntos que aquejan a los mexicanos, a la ciudadanía, a sus representados.

Es escandaloso que los legisladores, prácticamente sin excepción, no discutan ideas y propuestas para el avance de la democracia y la mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, sino que todo parece reducirse a una “rebatinga” entre partidos para obtener ventajas en nombre propio o en nombre de “su bueno”, en cualquier nivel o función, para el futuro próximo.

Una de las causas profundas de esta descomposición de la política y de la democracia es que en nuestro tiempo, en todas partes, el dinero y las prebendas privan sobre las convicciones y el bienestar general. El dinero compra voluntades a conveniencia borrándose, desapareciendo, cualquier intención de batallar por una mejor democracia y por una más equitativa sociedad. El dinero empresarial se utiliza en las “democracias” primordialmente para lograr leyes ad hoc en favor de sus intereses, sin que valga un comino la referencia al bienestar público. A ese extremo se ha llegado: las instituciones públicas, por medio del dinero y las prebendas, parecen exclusivamente favorecer a los intereses privados.

Muchos insisten en la conveniencia de aprovechar la “experiencia” de legisladores y funcionarios para empujar la relección, con el fin de salvar de la “tontería” a la democracia y a la función pública. Gran falacia porque en la práctica la relección ha servido en todas partes para consolidar privilegios, “alinear” representantes (senadores y diputados, funcionarios públicos) en favor de tales o cuales intereses empresariales, abriendo la posibilidad de que las empresas movilicen ejércitos de “contactos” y lobystas con el fin de influir en los “representantes”, siendo que este ejército de mercenarios, que se hace pasar como “voz pública”, encarna otra verdad muy distinta: su fin real es la acumulación particular de riqueza en demérito de la sociedad entera.

Pero tampoco estas cuestiones se discuten en el Legislativo, sino apenas las necedades de que fuimos testigos hace unos días. Por cierto, hay ya un conjunto de propuestas de los partidos políticos para emprender una reforma política de importancia, pero claro, sobre eso ni media palabra. Tal vez las más importantes sean aquellas que procuran mayor presencia social y ciudadana en las decisiones políticas de relevancia para México. Pero, como decía: las cuestiones que importan no se discuten, en cambio sí aquellas que tienen que ver con alianzas secretas o semisecretas que terminan desmoronándose en la mentira y la banalidad. ¿Hasta cuando?, porque el país está llegando al límite de la tolerancia de la corrupción, la incapacidad y la frivolidad.

Incapacidad, frivolidad y corrupción es lo que presenciamos abundantemente en los últimos días. Todos ya velando armas no para las próximas justas electorales, sino para la Gran Elección de 2012. El mejor librado en el turbio asunto del pacto PRI-PAN fue posiblemente Peña Nieto porque no firmó el papel personalmente y porque, al denunciar su existencia, echó de cabeza a Beatriz Paredes, quien antes lo había negado enfáticamente. ¡Golpe fuerte a su segundo rival en el PRI! ¡Así se gastan y gastarán las cosas dentro de los próximos dos años!

En un balance objetivo, y puesto que han sido ajenos a éstas y otras componendas, quienes exhiben mejor calidad ética y política resultan ser, sin duda, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, las dos máximas reservas de la izquierda para las próximas elecciones presidenciales. Así lo reconoce la mayoría ciudadana, quien espera que su proceder siga marcando una ruta de dignidad y de indudable calidad ética y política.





POR ESO , MEJOR AMLO 2012








18 ene 2010


2012



Víctor Flores Olea

Para muchos 2012 es el año de la recuperación. Pero ¿cuál recuperación? Algunos se refieren a lo económico, pero los más, con suficiencia de infalibles, al retorno del PRI al poder, garantizando que sería bajo la batuta de Peña Nieto. Por mi parte, no he escuchado a nadie mínimamente serio que pronostique la permanencia del PAN en la función presidencial.

¿Tendrán razón los augures? Superficialmente sus argumentos no son deleznables: después de la desviación nacional en favor del PAN durante 12 años, de tan atroces resultados, el pueblo mayoritario regresaría con entusiasmo al PRI, por el que ya siente nostalgia. Claro que el entusiasmo es ciego y no se preocupa por un mayor análisis: por ejemplo, el hecho de que en estos 12 años el PRI no mostró voluntad alguna de renovación, sino más bien la de su acercamiento casi completo a las políticas, a la visión del PAN. Lo cual no es difícil de explicar porque ambos partidos viven sometidos a los mandatos de la oligarquía en el poder, a los intereses del gran capital, de dentro y de fuera.

Pero hay más: la creencia en su triunfo se funda en el olvido, en el abandono de lo que un día significó el PRI como promesa de futuro. Ahora hay que negar las viejas creencias y ajustarse a las exigencias del nuevo tiempo, un tiempo en que, como se ha dicho, las ideas de soberanía y autonomía serían precisamente el fardo que impide el crecimiento. La dócil adhesión y (casi) anexión con Estados Unidos serían la salida clave de un crecimiento garantizado con democracia, abriéndose sobre todo la posibilidad de una clase media que todos deseamos.

Los ensayos de José Córdoba, de Jorge Castañeda y Héctor Aguilar, sobre todo el de estos últimos, en recientes números de la revista Nexos, serían, debe reconocerse, el portaestandarte intelectual más refinado que se ha elaborado de la campaña para el regreso del PRI a Los Pinos.

Pero el hecho es que en estos 12 años de ostracismo de la casa presidencial el PRI no ha vivido ninguna importante actualización teórica (salvo la que ahora le llega de sus amigos cercanos), ni alguna novedad apreciable en su modus operandi. Sin embargo, debe reconocerse, tal práctica de décadas le resulta todavía altamente provechosa.

Al PRI pertenecen la gran mayoría de gobernadores y un importante número de senadores y diputados, pero, sobre todo, mantiene una importante cohesión de intereses, inmediatos y de todo tipo a lo largo y ancho del país, una urdimbre de voluntades que le proporcionan innegable influencia (gracias también a los intereses corporativos), y que son ellos más bien los reales cerrojos que en México bloquean un desarrollo más pujante y democrático.

Pero frente a este panorama que algunos consideran hecho se perfila de manera cada vez más seria la posibilidad de que la izquierda social, con inclusión de los partidos que la representan con mayor o menor fidelidad (Partido del Trabajo, Convergencia y PRD), el conjunto bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador (el recambio, por excepción y en caso extremo, pudiera ser Marcelo Ebrard), se levante como un adversario formidable. En este frente popular han de coincidir también los movimientos sociales y el conjunto ha de mantenerse rigurosamente unido.

La izquierda se beneficia también del catastrófico desempeño del PAN en los últimos sexenios, y más en estos últimos años de crisis que deja en los huesos a la gran mayoría de mexicanos, agravados por los acelerados costos de la vida y la dramática reducción de los empleos. Y por la pandémica desigualdad en México, que es motivo de escándalo dentro y fuera, incluidos los organismos internacionales que observan el desempeño de las economías.

Referencia fundamental es la tarea organizativa impresionante que ha desarrollado Andrés Manuel López Obrador desde el día siguiente a 2006, visitando ciudad por ciudad, barrio por barrio, casa por casa a lo largo y ancho del país. Tarea que ni remotamente ha efectuado ninguno de sus adversarios y que le otorga una superioridad electoral y de popularidad indiscutible.

Los más escépticos desconfían de la posibilidad electoral por la decisión del fraude que marcaría también la elección de 2012. Y por la capacidad de la derecha de llegar a otros extremos. 2006 fue ya un ensayo general. Sin embargo, las condiciones del país han llegado a extremos tan escandalosos que no debería asombrarnos demasiado la posibilidad de que las clases populares se vuelquen en favor de un gran movimiento de ruptura y cambio.

La posibilidad del fraude está presente. Por ello la votación de la izquierda en 2012, para frustrarlo o dificultarlo al máximo, ha de llegar más lejos de la simple mayoría hasta un margen adicional de 5 por ciento de ventaja, por ejemplo. Si fuera así, el intento de fraude sería una enorme papa caliente para el poder, que tal vez haría imposible su objetivo.

Pero será necesario un enorme vuelco de la voluntad popular en favor del cambio. Voluntad popular que ha de imponerse también a las campañas de descrédito e injurias que seguramente desatarán los medios contra la izquierda y sus líderes y voceros.

Difícil, pero no imposible, en vista de la situación catastrófica que ha vivido el pueblo de México en los últimos años.







4 ene 2010



¿Qué hacer? movimientos sociales y partidos



Víctor Flores Olea

En el inicio del año está muy viva la pregunta: ¿qué hacer? para modificar el presente estado de cosas que se ensaña con tantos mexicanos carentes de lo indispensable, un orden” que otorga abundantes privilegios a pocos y olvida ofrecer lo necesario a las mayorías.

Si se hace memoria del año pasado veremos multitud de reclamos que se expresaron en las ciudades y en el campo, multiplicando demandas y exigencias, en que la clase obrera perdió garantías constitucionales, en que se denuncia la concentración de la riqueza y en que se señala (dentro y fuera del país) como el problema más grave la desigualdad abismal entre los mexicanos, de ingresos, pero también de servicios y más respecto de las oportunidades de futuro. También vemos abundantemente en los correos electrónicos el reclamo y también la desesperanza por no encontrar respuestas adecuadas.

El hecho nuevo en México, nuevo por esa acumulación de protestas y exigencias justificadas, que ignoran olímpicamente las autoridades, comenzando por el Presidente de la República (seguido de cerca por los poderes Legislativo y Judicial), nos sitúa en un filo del tiempo en que los acontecimientos pueden precipitarse. Sí, se ha dicho que rozamos ya el peligro de estallidos sociales; pero deberá también decirse que el “orden establecido” (el de facto con el apoyo tramposo del jurídico), en tal contingencia, parecería estar preparado (y dispuesto), a la represión y a la guerra contrainsurgente con mano dura.

Tal es la otra cara de la moneda del Ejército en las calles contra el narcotráfico: su ambivalencia práctica (y programada). La guerra puede en un momento cambiar de objetivo y volverse contra el pueblo, o contra sectores del pueblo, que serían calificados de subversivos e “intolerables”.

Tal peligro no es abstracto (perdón por decirlo en el inicio del año), sino perfectamente real. Los patrones estadunidenses son maestros en esos giros no tan inesperados que requieren carretadas de publicidad, lo que a nosotros sobra. En todo caso, los jefes militares nacionalistas, que aún los hay, deben tener claridad sobre lo dicho.

Vivimos un tiempo de descalificaciones, mejor: de “deslegitimaciones” abundantes. De desconfianza profunda hacia las instituciones, lo mismo sean los poderes establecidos que los partidos políticos. Sobre esto mucho podría decirse, me limitaré entonces a la izquierda y a su pregunta sobre el ¿qué hacer? A primera vista, no equivocadamente, resalta su desprecio hacia las formaciones partidarias de la misma izquierda, que innegablemente han sufrido desprestigio y entonces rechazo con frecuencia visceral.

Del “sistema de partidos” parecería que sobre todo han aprendido la “negociación” y con frecuencia la “transa”, abandonando el prestigio necesario para “representar”, es decir, para “hacer actual” su función y, en primer término, las necesidades populares. Es innegable la distancia que se ha establecido entre el pueblo, la sociedad, y sus supuestos “organismos partidarios y representativos”.

En México es impresionante la multiplicación de los movimientos sociales que batallan por objetivos específicos: el bienestar y reconocimiento pleno de los derechos indios, de las mujeres, los jóvenes o los ancianos, el medio ambiente, los derechos humanos, los homosexuales, en contra del neoliberalismo depredador, etcétera. Muchos sostienen que es una zona de nuestra realidad social que se presenta como un territorio desenfrenado de fragmentación, que a primera vista parecería sin regreso. Sin embargo, uno de los horizontes con mayores “promesas de futuro” se ancla precisamente en los “movimientos sociales”, que significan una inmensa posibilidad, un potencial aún no explorado como detonador del cambio social profundo.

Hay un gran camino de esfuerzo para ir uniendo cabos e iniciativas. Difícil, pero no imposible, porque esos movimientos han florecido bajo una sombrilla, explícita o apenas implícita: la convicción de que dentro del “capitalismo salvaje” que nos estrangula será imposible para la inmensa mayoría alcanzar sus metas específicas. Abiertamente o sin plena conciencia y claridad tales movimientos son por definición “anticapitalistas”, al menos en principio.

Lo que ocurre es que en el contexto político dentro del cual vivimos, el cambio “pasa” también por el orden de los partidos. Parece inevitable. Entonces el esfuerzo se multiplica porque la unión de los movimientos sociales ha de vincularse, sumarse, figurar al amparo de un partido político. No como un acto administrativo de suma o resta, sino como un movimiento político lleno de nervio, aliento, fuerza e imaginación que encuentre (que construya) en esa amalgama su razón de ser, su motivo vital.

La “chispa” que encenderá la pradera se encuentra, como ya ocurrió en el pasado próximo, en un candidato, en un mínimo sistema de ideas contundentes encabezadas por un líder que haga posible la llegada al gobierno (la cuestión de la toma del poder es más complicada) de la izquierda, con todas las posibilidades que ofrece la opción. Hoy muchos sienten desaliento acerca del futuro electoral de la izquierda: yo estoy del lado de los optimistas.

La democracia de base, la participación social en la toma de decisiones es carta básica a jugar. En los movimientos sociales importantes, cuando se ha desprestigiado la estructura existente del poder, la sociedad toma en sus manos la dirección del conjunto, en beneficio de la sociedad misma. Tal es la cifra del cambio social: en nuestra realidad la movilización social contundente unida en el camino electoral a los partidos de izquierda, con sus defectos.




12 oct 2009


Esperanza, pero con estrategia



Víctor Flores Olea


Aunque no se crea, a veces resulta ilustrativa la televisión. Veía una mediocre película sobre la reina María Antonieta, vísperas de la revolución de 1789, y la alternaba con un par de programas informativos” sobre la actualidad mexicana. De esa visión superpuesta, de situaciones tan alejadas, fue surgiendo, sin embargo, un inevitable paralelo: ambos “programas” apuntaban a la abismal distancia entre el “discurso” y la “realidad”, entre la cínica proclama de quienes dominan (con las armas en la mano) y la situación de los dominados, una tenebrosa patraña que sostienen los derrochadores de entonces y ahora, y la dura vida de las legiones que carecían y carecen de pan y de todo lo demás.

En Francia fue muchedumbre la de los miserables que tomaron la Bastilla e impulsaron la creación de otro mundo. En México las multitudes no han tomado ninguna Bastilla, pero es alarmante el número de sus carencias y exclusiones: los pobres han dejado de recibir ayuda de sus hijos, padres y maridos que cruzaron la frontera, y ahora les envían dinero para que sobrevivan a las crueldades de la crisis; las familias de la tragedia de la guardería de Hermosillo todavía deambulan sin lograr ayuda ni justicia; los peregrinos-deudos de los acribillados en una decena de estados de la República y la violencia rampante en todo el país; los excluidos de las urbes sin vivienda ni agua ni trabajo ni transportes ni escuela ni salud; los desocupados en aumento y la parálisis del gobierno para enfrentar la crisis; las maniobras oficiales para acabar con el sindicalismo en México, es verdad, corrupto demasiadas veces, pero que ahora se pretende echar por el caño barriendo con lo mejor de nuestras leyes laborales.

Es el caso concreto del Sindicato Mexicano de Electricistas, que recibe zarpazos “legales’” y una concertada campaña de medios como prolegómenos de la inocultable intención privatizadora del gobierno, que también se propone “una reforma laboral” que nos situaría en esta materia cien años atrás. Y así podríamos seguir indefinidamente.

Y sobre esta suma de tragedias la retórica inadmisible: hace dos siglos, sosteniendo los aristócratas que su sistema estaba “ordenado” por Dios. Aquí y ahora la retórica de los señores del dinero y de sus difusores en los medios sosteniendo que el actual sistema, el que les favorece, es el mejor posible y que cualquier protesta o movilización atenta contra el “orden natural”. Lejanos los tiempos, pero idénticas los embustes sobre la “eternidad” de lo establecido, siempre reflejándose el interés de clase y sus privilegios. ¿Hasta cuándo?

La cuestión regresa a lo elemental: vivimos en un mundo intolerable para las grandes mayorías, aunque los medios y las clases del poder insistan en la “eterna” validez del “capitalismo salvaje” o “capitalismo global”, cuyos resultados desastrosos se ven y sienten de manera próxima y desgarradora, postulando cada vez más seres humanos la necesidad de transformaciones profundas que hagan posible su bienestar.

Pero, ¿qué significa esto? Como recuerda Slavo Zizek, hay siempre a mano una parvada de “comunistas liberales”, del tipo Robert Murdoch-Bill Gates, o Bill Clinton-Tony Blair, que “comprenden” e inclusive “apoyan” ciertos objetivos de los nuevos movimientos sociales: feminismo, derechos humanos, ecologismo, derechos de los inmigrantes, antirracismo, protección al consumidor. Pero el establishment, hasta ahora, ha absorbido hábilmente estos reclamos exhibiendo su impotencia transformadora, en tanto los “comunistas liberales” siguen ganando en “esas luchas” más dinero colateral… (Zizek)

Vivimos en un mundo profundamente irracional (“únicamente quien gana vive, sólo unos cuantos viven”), en que al sinsentido se le hace pasar como “lo único posible”, y en que los proyectos transformadores se satanizan como crímenes en contra de lo establecido. Tal es nuestra situación política real (represiva), en la cual los partidos han hecho y hacen un lamentable papel.

Zizek agudamente sostiene que hoy no es suficiente la vuelta a Marx, sino que ha de regresarse al Lenin del “análisis concreto de la situación concreta”, sobre todo al Lenin que arrojó una nueva constelación de posibilidades dentro de la catástrofe, en la que las viejas coordenadas demostraron ser inútiles… En este sentido la idea de retornar a Lenin consistiría en recobrar su impulso transformador en la constelación de hoy, y no considerarlo un simple repertorio de dogmas. No se trata de apuntar nostálgicamente a los “viejos buenos tiempos revolucionarios” ni al ajuste oportunista-pragmático del viejo programa de las “nuevas condiciones”, sino de repetir, en las presentes condiciones, el gesto leninista de reinventar el proyecto revolucionario, el choque de la transformación, dentro de la globalización imperialista actual.

Se trata de reconocer el campo de las posibilidades que Lenin abrió para la humanidad. Reconocerlo no significa repetir lo que Lenin hizo, sino lo que no hizo: sus oportunidades abiertas, pero que se quedaron cortas por los tiempos. En el fondo, se trata de imaginar las novedades que surgirían de una fusión del anticapitalismo radical teórico y de la sustancia activa de los movimientos sociales, inclusive con lo rescatable del régimen de los partidos. Y, por supuesto, con la contribución de los sectores asalariados radicalizados, hoy más numerosos que nunca. Y diríamos permanentemente con la presión de las masas. Tal vez por allí se encuentre la causa de que América Latina no esté tan atrasada en este terreno, sino más bien adelantada.