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25 mar 2012

Cabe aclarar que cuando Arnaldo Córdova se refiere a las tesis que sostienen Peña Nieto y Josefina con respecto al petróleo mexicano , es simplemente un decir , ya que ellos son únicamente los voceros de sus patrones , no debemos olvidar que ambos representan exactamente lo mismo , responden a los mismos interéses , y en ese tenor , es que están tratando de congraciarse con los mandamases . Ni Josefina ni Peña , tienen ideas propias , no tienen ni la más remota y pajarolera idea con respecto a los problemas torales del país . Se dice que es por prudencia o por estrategia que no se han manifestado en muchos temas , hasta ahorita que ambos lo han hecho con el petróleo , lo cierto es que ellos no pueden actuar por mutuo propio , ellos deben esperar instrucciones de quienes los están patrocinando .

Andrés Mnuel López Obrador , tiene desde hace más de un año , un PROYECTO ALTERNATIVO DE NACIÓN , elaborado por él y por muchos intelectuales , científicos y académicos mexicanos con un gran prestigio a nivel nacional e internacional , este proyecto está sintetizado en 50 grandes puntos que abarcan todos los grandes problemas nacionales , pero si nos remitimos al documento original , no sólo nos dice los "que" , si no que también nos dice los "como" y los "cuando" , de una manera muy específica y técnica , (Arnaldo hace referencia a este proyecto en su columna de hoy y que publicamos abajo de estas líneas) ¿que sucede? que nadie sabe de la existencia de este proyecto gracias a la mezquindad del duopolio televisivo , en cambio , en cuanto Peña o Vazquez abren el hocico , entonces si , ellos se encargan de que se entere todo México .







El petróleo en la mira


Arnaldo Córdova


En alguna ocasión, el gran revolucionario cardenista de Michoacán Natalio Vázquez Pallares me decía que, en la cuestión del petróleo, la izquierda estaba en la letra de la Constitución y la derecha en el gobierno. Cárdenas no tuvo tiempo para demostrar, desde la Presidencia, lo que quería decir hacer de la industria una palanca para el desarrollo nacional y lo que nos dejó como herencia fueron sólo meros apuntes: utilizar los recursos que produjera para impulsar el crecimiento de la infraestructura del país, de la industria, del campo, de todas las actividades económicas y del intercambio de lo que todos producían, en pequeña o en gran escala. Eso fue lo que quedó inscrito en la Carta Magna.

En la historia real, todos los gobiernos, priístas y panistas, no han hecho más que desperdiciar, despilfarrar y pervertir aquel proyecto histórico. Pemex sólo ha servido para cubrir presupuestos siempre insuficientes por una malísima política de recaudación de impuestos, para endeudar irresponsablemente al Estado y a la nación, y para enriquecer sin medida a políticos y empresarios ladrones y a líderes sindicales corruptos. Eso no ha variado desde la época de Cárdenas, como no sea en el sentido de empeorar cada vez más las cosas.

No sólo se trataba de sacar dinero de Pemex, que es lo único a lo que se ha reducido la política petrolera; se trataba de que la gran industria nacional fuera el detonador del desarrollo, tanto a nivel nacional como a nivel local. Que los requerimientos de la misma, por ejemplo, fueran motivo para que aparecieran por todos lados proveedores de bienes y servicios y las derramas productivas sirvieran para elevar el nivel económico, cultural y social de todos los sectores. Cárdenas había imaginado una industria líder, conductora del esfuerzo nacional que, al desarrollarse a sí misma, empujara a todas las demás. ¡Qué diferente resultó todo!

Claro que, aunque a tirones, la empresa se desarrolló. El auge petrolero de los setenta ayudó en ello. Pero todos los esfuerzos hechos al respecto se desperdiciaron miserablemente y, después de los experimentos sobrexplotadores y depredadores de Díaz Serrano (director de Pemex con López Portillo), la empresa se estancó sin remedio y se volvió presa de la corrupción gubernamental y privada, y de un sistemático y permanente saqueo de sus finanzas (incluido su endeudamiento desenfrenado). A muchos les parece que es una gracia el que ya no se hayan construido más plantas petroquímicas ni se hayan hecho más ductos.

El ex embajador estadunidense Antonio O. Garza veía en la penuria financiera de la empresa nacional la oportunidad para abrirla a la iniciativa privada. Y otro ex embajador, Carlos Pascual, informó al Departamento de Estado que en México la explotación petrolera estaba en franco declive y que el país corría el riesgo, a muy corto plazo, de convertirse en un importador de petróleo. Los documentos de Wikileaks que La Jornada publicó los días 16 y 17 de los corrientes revelan un doble juego: por un lado, de los gobernantes mexicanos, rogando a los gringos que les ayuden a abrir Pemex al capital privado y, por el otro, de los gringos, dándose a querer y mostrando que no están muy convencidos.

Pascual reveló que el 13 de agosto de 2009 la ex secretaria de Energía Georgina Kessel le dijo que la propuesta mexicana para negociar un tratado bilateral para la explotación de los yacimientos transfronterizos buscaba apoyar los esfuerzos de los dos países para permitir que Petróleos Mexicanos realizara “alianzas estratégicas con compañías petroleras internacionales”. “Kessel –dice Pascual– quiere utilizar la cooperación en el tema de los yacimientos transfronterizos como medio para incorporar a las compañías petroleras internacionales en el desarrollo de las reservas mexicanas, abriendo las puertas a las compañías petroleras internacionales en el sector petrolero de México.”

La derecha siempre nos ha querido aleccionar con el ejemplo de Petrobras, una compañía exitosa a más no poder en todos los renglones: tecnológico, productivo, comercial. La comparación no puede ser más odiosa pues, luego de la política privatizadora de Cardoso, sus gobiernos de izquierda se han aplicado a fortalecer sus finanzas y su política independiente; aparte, Lula creó una nueva empresa dedicada a explorar y explotar los nuevos yacimientos petroleros sin ninguna participación de privados. La que permite Petrobras, por cierto, está bien regulada y sujeta a un riguroso seguimiento.

La derecha no puede ir más allá de la expoliación de la industria y su saqueo sistemático. Y eso es muy actual. Podemos verlo en los planteamientos de los candidatos presidenciales de esa corriente política, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota. El 18 de este mes, publicaron, junto con López Obrador, sendos artículos en Reforma que nos ayudan a constatarlo. En ellos, sus planteamientos son idénticos: ambos postulan asociarse en contratos riesgo, llamados también “de producción compartida”, y ambos sugieren que se eche mano de las asociaciones público privadas (que no han acabado de ser aprobadas por el Legislativo) para asociarse con el capital privado en busca de nueva tecnología y capital.

El mismo día, en un breve artículo en Internet, Peña Nieto se desvive recordando la memoria gloriosa del presidente Cárdenas y, no obstante sus propuestas claramente privatizadoras y entreguistas, afirma que la propiedad pública de Pemex debe seguir intocada. También Vázquez Mota lo admite. Y coinciden en que es necesario invertir masivamente en la empresa. También están de acuerdo en que se debe allanar el camino a una reforma hacendaria. Peña nieto acepta que ambas reformas (energética y hacendaria) deben darse al mismo tiempo. El hecho, empero, es que ambos candidatos no ven otra salida que abrir la empresa al capital privado, lo que quiere decir al capital internacional, el único que puede aportar lo que se busca.

López Obrador, en su artículo, comienza por mostrar lo que significaría abrir indiscriminadamente a Pemex. Las empresas privadas no pagan impuestos y, cuando lo hacen, se les devuelven. Si se realizan los planes de la derecha priísta y panista, México sería víctima indefensa de los monopolios y la depredación (como los gasolinazos) dejaría al Estado y a la nación sin recursos propios. Al abatir la corrupción y el latrocinio, para empezar, se liberarían ingentes medios financieros para reinvertir en la planta energética, construyendo nuevas refinerías (las cinco que nos hacen falta desde hace tiempo) y renovando y ampliando la red de ductos. Al florecer la industria, habría nuevas disposiciones de capital. Justo el camino que han seguido los brasileños.

En el libro sobre el nuevo proyecto de nación, quien guste enterarse encontrará múltiples planteamientos de carácter técnico en todos los aspectos que muestran que la tarea de restaurar el proyecto original de la industria petrolera nacional como palanca y detonador de la economía mexicana será ardua y difícil, pero enteramente posible y factible.





19 feb 2012


¿En dónde está el nuevo PRI?


Arnaldo Córdova


Peña Nieto y sus asesores han descubierto que el gobierno panista y su partido los pueden hacer víctimas, si no es que ya lo son, de una guerra sucia”. No la han definido (no son hombres de definiciones), pero saben de qué hablan y el recuerdo de la experiencia electoral de 2006 se les aparece como una pesadilla que comienza a meterles miedo. Igual que Fox en su momento, saben que Calderón es capacísimo de someterlos a ataques sucios y descabellados que pueden desbarrancar el proceso electoral e imponer a su ya definida candidata a la Presidencia. Seguros de su triunfo, ellos quisieran unas elecciones de terciopelo en las que los ciudadanos pudieran elegir sin presiones a sus candidatos.

Lo primero que han hecho los panistas, y en ello se ha destacado su dirigente nacional, Gustavo Madero, es tratar de convencer que el PRI sigue siendo el viejo partido mañoso y autoritario, y que el PAN es lo único que se le opone para evitar una vuelta al pasado priísta. Los priístas y sus defensores, gratuitos o no, por el contrario, nos quieren convencer de que el PRI ya es otro partido que no tiene nada que ver con el antiguo “partidazo”. Algunos admiten, por supuesto que, en realidad, el PRI es un nuevo y un viejo partido, a la vez, pero se deslizan, sin que lo noten, a cifrar lo que tiene de nuevo en el hecho de que ahora tiene una candidatura triunfadora.

Que el PRI es un fruto eminente de la Revolución Mexicana y que su ideología fue durante decenios la ideología de la Revolución, lo dirimen diciendo que dicha ideología no existió o que simplemente fue una “presunta” ideología, con el argumento, bastante estúpido, de que fue una amalgama de ideas y propuestas contradictorias entre sí. Eso no es más que declarar su ignorancia de la historia y, además, ufanarse de ello. Para los panistas, el PRI sigue siendo el de siempre, vale decir, una maquinaria de poder corrupta y corruptora, a la que hay que impedir que regrese al poder.

¿Qué podría haber de cierto en la afirmación de que el PRI, en efecto, ha cambiado de piel y ya es otra cosa? La verdad y siendo generosos, es que el PRI en lo único en que ha cambiado y, para ello, sólo parcialmente, es que ha perdido el poder presidencial. Su modo autoritario de conducir la dirección de sus bases es la misma, y no basta con decir que ahora los priístas, para hacer sus designaciones, por ejemplo, siempre negocian, porque siempre lo hicieron, incluso en la época de mayor lustre y autoridad del poder presidencial. Al final, desde la época de Calles, las decisiones se tomaban por consenso entre sus grupos de poder.

Antes decidía el presidente, se ha dicho, pero eso sólo ocurría, ya desde los años de Obregón, cuando los mismos grupos de poder, al final de una rebatiña en la que no se ponían de acuerdo, dejaban la decisión en manos del presidente. Por lo general, desde que los revolucionarios dejaron de dirimir sus diferencias a balazos o con el asesinato, el papel del presidente era el de árbitro de las pugnas entre sus partidarios o el de formar y recoger los consensos en torno a decisiones capitales. Ciertamente, cuando él tomaba partido por alguna de las opciones, lo que hacía era fracturar su frente interno y por eso se abstenía de cargar la balanza de algún lado.

Por supuesto que muchas cosas cambiaron en el PRI cuando perdió la Presidencia. Pero no fue su naturaleza ni su modo de ser y de existir. Su modo de hacer política y hasta sus grupos de poder siguieron siendo los mismos, aunque con los recambios que el tiempo y las circunstancias imponen. Fue como si un lobo hubiera perdido los colmillos. El problema con el PRI es que hace recambio de colmillos periódicamente y suelen crecerle tan agudos como antes. De igual modo debió haber contribuido a cambiar las cosas en el PRI el hecho de haber perdido el apoyo histórico que tenía siempre de los grandes grupos empresariales en las campañas de 2000 y 2006.

En eso, más que el PRI como partido, los que han encontrado el modo de tenerlo como reserva de poder clasista han sido los empresarios y los exponentes de los llamados grupos fácticos, que han ido colocando en los puestos de representación popular a personeros suyos que actúan no partidariamente, sino facciosamente en favor directamente de sus intereses. En eso abrieron cancha primero en el mismo PRI y posteriormente en el PAN. Ni siquiera en eso hay verdaderos cambios.

El PRI sigue siendo el mismo de antes, pero se nota que como maquinaria de poder ha sufrido un lento y persistente proceso de decadencia y desgaste. El viejo presidencialismo ha sido sustituido por el poder de los gobernadores, pero sigue teniendo los mismos rasgos de antaño: ahora es el pool de los mandatarios estatales el que funge como árbitro de las contiendas, con la desventaja de que no puede ser unipersonal como antes; pero el tipo de intereses a arbitrar sigue siendo el mismo, de grupos, de mafias, de banderías que ya nadie puede cubrir con mantos ideológicos, todos asociados en una alianza que todos preservan, porque de ella depende su existencia. Los liderazgos siguen siendo los mismos de antaño.

Una tragedia en especial de esa decadencia lo es, a ojos vistas, el destino que ha cabido a los sectores de masas (obrero, campesino y popular), que siguen arrastrando su existencia, pero que carecen ya de fuerza política y, sobre todo, de la antigua capacidad de movilización y de organización de los trabajadores. Sus cúpulas y liderazgos se han convertido en traficantes de negocios, en empresarios de masas, que mantienen su pertenencia al partido, pero que sirven de igual modo a los gobiernos derechistas del PAN, muchas veces en contra de los intereses de sus agremiados e, incluso, hasta de su propio partido.

El priísmo es un sinónimo de la corrupción y en sus tratos con el gobernante panismo lo demuestra a cada momento. Si los viejos priístas se enteraran del contenido de la última reforma laboral que sus diputados presentaron hace unos meses, idéntica a la del PAN y con todas las exigencias que la derecha patronal les ha impuesto a ellos y a los panistas, dirían, seguramente, que el viejo PRI ha muerto y sus enterradores son los mismos que ahora lo dirigen y lo representan. Lo mismo puede decirse de la política económica, de la educativa, de la de salud, de la agraria e indigenista y, en realidad, de todo lo demás.

¿Es eso algo nuevo? Ciertamente que no. Es exactamente lo que estamos viendo desde los sexenios de De la Madrid y Salinas y, no se diga, de Zedillo. Estamos hablando del viejo PRI, que sigue siendo el mismo, neoliberal, antinacionalista y contrarrevolucionario. Enrique Peña Nieto no ofrece nada nuevo, ni aun en el discurso, que sigue empleando los mismos parámetros de pensamiento. Su punto de partida es tratar de diferenciarse del gobierno panista. Lo dijo Ramírez Marín, vicecoordinador de la campaña priísta: “Somos un partido en la oposición y debemos proponer a la sociedad lo que hace diferente al PRI respecto de lo que está pasando [sic] y lo que realiza el gobierno” (La Jornada, 09/02/2012). ¿Qué es lo que hace “diferente” al PRI del PAN? Deberían demostrarlo.





15 ene 2012

Así es , Arnaldo , que lástima , en verdad que lástima .

Y ésta decadencia se empieza a fraguar con la llegada al PRD de Manuel Camacho , alguien que ha demostrado que no tiene ideales , y posteriormente con la llegada de Marcelo Ebrad : craso error de AMLO al cederle la jefatura de gobierno del DF ; Marcelo que es una veleta , es decir , que jala para donde lo lleve el aire , que decidió traicionar la causa que lo llevó al poder (la de AMLO) , aliandose a los chuchos y reconociendo a Calderón .

Caro está pagando su error AMLO , a tal grado que para no ser bloquedado en sus aspiraciones , ha tenido que ceder , por lo pronto , la designación del candidato de izquierda a la jefatura del GDF , en la cual quedará alguien (Mancera) sin el más mínimo compromiso con los postulados progresistas que los han mantenido en el poder ; y así , seguirá corrompiendose tanto la izquierda perredista como la petista y ni se diga la del movimiento ciudadano (convergencia) hasta que por fin lo logren y pierdan la capital del país , único bastión verdadero que les queda .

La esperanza es que una vez que pasen las elecciones de Julio de 2012 , la ley lo permita , y en caso de que no gane AMLO , por fin MORENA surga como un nuevo partido y se convierta en la única y real oposición . El PRD está podrido hasta la medula de los huesos , no representa nada ni a nadie . Solo entonces AMLO y todos juntos con él podremos empezar a reconstruir este país .



La izquierda en el gobierno del DF


Arnaldo Córdova


Cuando en 1997 Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones al Gobierno del Distrito Federal, muchos nos preguntamos si había sido porque él era el mejor candidato entre todos los que compitieron o si, en cambio, había sido porque era el candidato de izquierda. En cierto sentido, la pregunta era ingenua y limitada, pues era evidente que había sido no sólo por esas dos cualidades, sino por muchos otros factores, como el hartazgo con la corrupción y el mal gobierno de los mandatarios priístas que hasta entonces se habían sucedido o una simple curiosidad ciudadana por ver, en la capital, cómo se podía desempeñar un gobernante de nuevo cuño.

Haber ganado con más del 47 por ciento de la votación fue de verdad sorpresivo, igual que lo había sido, diez años antes, el que el PRI perdiera su mayoría absoluta en las votaciones defeñas y también su tradicional hegemonía en una ciudad que siempre había sido conservadora y conformista. Se trató de una victoria extraordinaria y arrasadora. Pareció ser, además, de largo alcance, lo que se ha demostrado por el hecho de que, desde entonces, la izquierda ha mantenido su dominio indisputado. Pero lo que quedó para la historia fue que había sido un triunfo histórico para la izquierda.

Con el tiempo y viendo el comportamiento del electorado capitalino, se fue comprendiendo un poco mejor las razones de ese suceso de la izquierda. Se ha dicho muchas veces, aunque se haya estudiado poco: en el DF existe una ciudadanía que es la más ilustrada políticamente del país; aquélla es la entidad que tiene la mayor concentración de riqueza y de cultura; sus ciudadanos son los mejores observadores de la política, puesto que viven en el centro del poder nacional; son los que siempre cuentan con mayor información y, por si fuera poco, los que deciden y votan con más libertad y mayor información.

Los gobiernos de izquierda, por su lado, han sabido gobernar atendiendo las más importantes demandas de la población, si bien no exentos de errores y pifias o, incluso, de corruptelas que se han dejado correr sin corrección alguna y muy acríticamente, sobre todo en el último periodo de gobierno. El resultado político de ello es que los ciudadanos lo resienten y eso los lleva a comportarse con desilusión y hasta con indignación por actos de gobierno que en mucho reflejan el viejo autoritarismo y el desaseo con los que se gobernó a la capital.

Por primera vez estamos ante la disyuntiva real de que la izquierda pierda las elecciones de este año, porque han comenzado a darse signos ominosos de inconformidad y rebeldía de la ciudadanía por actos ciertos de mal gobierno. Eso, acompañado de cierta petulancia y prepotencia de funcionarios públicos que han perdido la antigua humildad con la que se enfrentaron los problemas y también la determinación de hacer bien las cosas. Muchos de esos funcionarios han llegado a confesar que no se consideran de izquierda ni, mucho menos, pertenecen al partido gobernante, el PRD, lo que de ningún modo podría considerarse un defecto.

El ascenso al poder, desde luego, ha beneficiado abundantemente al PRD, convirtiéndolo, como efecto inmediato de las victorias electorales, en un partido con ascendiente y consenso populares; pero su tradicional tara, el ser una reunión de tribus oportunistas y díscolas, feroces en la lucha por el botín y tendencialmente indisciplinadas y logreras, no le ha dejado convertirse de verdad en una fuerza política gobernante. El rol cohesionador y disciplinario lo han desempeñado los gobernantes en turno, que muchas veces han tenido que convertirse en apaciguadores de los conflictos internos.

Tal vez a ello se deba el hecho de que el último gobierno perredista aparezca, sobre todo, en los últimos tiempos, como un gobierno poco identificado con la izquierda histórica y cada vez más alejado de las políticas que sus antecesores siguieron. Independientemente del significado real que haya tenido el pacto entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard en su reconciliación, el hecho es que desde ese momento éste último ha tenido total libertad para decidir en torno a las determinaciones que formalmente corresponden al partido. Eso se puede ver en el proceso que sigue la sucesión al gobierno del DF.

El vuelco que se ha dado en derredor de la precandidatura del ex procurador Miguel Angel Mancera es revelador de lo que decimos. Las cosas en lo tocante a la elección del futuro candidato de la izquierda ya no se deciden dentro de los partidos, sino en las alturas del poder. Al parecer, Mario Delgado era un prospecto del jefe de Gobierno para contender dentro del PRD; cuando eso ya no fue necesario, por todo lo que he apuntado antes, Mancera se convirtió en el favorito. El fue uno de aquellos funcionarios a los que antes me referí y que negaron ser de izquierda (varias veces dejó en claro de no pertenecía al PRD ni pensaba ingresar al mismo).

Se trató de un ascenso meteórico. Hasta hemos podido observar una especie de cargada oficialista proveniente de diferentes ámbitos a favor del elegido. Resulta muy curioso que el hecho de que se trate de un abogado que no ha tenido mayor participación en la política (de hecho era un apolítico hasta que se supo de sus aspiraciones) se le quiera presentar como garantía de un triunfo seguro y se diga, sin mucho análisis, que es el prospecto que evitará que el PRI (con Beatriz Paredes como su candidata) triunfe en las próximas elecciones. Muchos atribuyen, al parecer con razón, a Manuel Camacho el ser el aprendiz de brujo que ha cocinado todo este proceso.

De repente todos aquellos otros prospectos que surgieron de las filas del PRD (Martí Batres, Alejandra Barrales o Joel Ortega, aunque éste con su propia base política) o de otro partido de la coalición (el muy peculiar Gerardo Fernández Noroña) se opacaron ante el “candidato independiente” en pos del cual se arremolina la cargada. En los hechos, el PRD ha desaparecido como actor de este proceso y sus diferentes tribus alegremente participan de la cargada, dando un espectáculo bochornoso (el caso de Izquierda Democrática Nacional, de Bejarano, es casi emblemático, pues con ser la corriente mayoritaria en la entidad, no tuvo de dónde sacar un candidato propio).

Lo que causa verdadera hilaridad es que se considere inevitable el triunfo del PRI sólo porque su abanderada podría ser la tlaxcalteca Beatriz Paredes. Es verdad que ella sería una excelente candidata para ese partido; pero éste en el DF es, auténticamente, una caricatura de partido, dividido por la mitad y sin bases reales de apoyo. En una entidad que ha mostrado un antipriísmo ya tradicional desde los lejanos años ochenta, es mucho más temible el PAN, con una sólida base social, si bien muy localizada en ciertos puntos de la geografía defeña.

Yo habría preferido que las bases del PRD (y de los otros dos partidos de la coalición) hubiesen tenido la oportunidad de decidir por sí mismas quién sería su candidato. Yo, desde luego, me habría pronunciado por Martí Batres, un verdadero prospecto de izquierda, con trayectoria política, legislador en varias ocasiones y un funcionario honesto y eficaz. Todo eso ya no es posible (si alguna vez lo fue) y la contienda electoral será ya muy otra cosa.



26 jun 2011



Elecciones al estilo Atlacomulco





Arnaldo Córdova




El estado de México, desde los oscuros tiempos del dominio absoluto del PRI, siempre ha estado sometido a un poderoso grupo oligárquico, el llamado Grupo Atlacomulco, que ha logrado combinar con extraordinario éxito, desde la época de Carlos Hank González, el poder político y el poder económico. Todos sus miembros son políticos de gran poder y, a la vez, empresarios de mucha riqueza. Ese grupo ha dominado férreamente la política y el mundo de los negocios del Edomex. Ha formado un condensado de alianzas, contubernios y complicidades que hace su dominio total y sin alternativa en la entidad.

Se dice que el fundador fue don Isidro Fabela, el gran jurista y diplomático de la Revolución Mexicana que tantos y tan meritorios servicios prestó a la nación. El gran maestro de los miembros de esa secta fue, indudablemente, Hank González. Con él el grupo se consolidó en el poder y se ramificó también a otras partes de la República, sobre todo al centro, la capital del país. Él enseñó a los miembros a combinar el abuso del poder con el aprovechamiento de la riqueza pública. La red de alcahueterías e intereses sobre la que se asienta el grupo no tiene fin y casi no hay gente en el Edomex que goce de cierta situación privilegiada que no le deba algo. Todos los gobernadores del estado, desde Hank, han salido del mismo.

El próximo domingo 3 de julio, 10 millones 312 mil mexiquenses elegirán al próximo gobernador del estado para el periodo 2011 a 2017. El primer dato raro, si se quiere, es que el candidato del grupo, Eruviel Ávila Villegas, ya no es de su seno, sino externo al mismo, aunque no debe serlo tanto si logró hacer una carrera política personal notable. El grupo o ramas importantes del mismo lo han venido cobijando y lo han impulsado en su desempeño. Al iniciar su lucha por la gubernatura, pidió a los integrantes del mismo que lo admitieran como uno de sus miembros. Hace unos días, los de Atlacomulco lo recibieron como si fuera uno de los suyos.

¿Por qué Eruviel Ávila y no Alfredo del Mazo Maza? Ya en ocasión reciente traté de dar una explicación. Enrique Peña Nieto vivió el último año presa del miedo a una alianza en el Edomex de panistas y perredistas. Pergeñó con Fernando Gómez Mont, anterior secretario de Gobernación, un compromiso para impedir esa alianza. A Gómez Mont no le hicieron caso ni en el gobierno ni en el PAN. El peligro, según debe haber pensado Peña Nieto, se mantenía. Del Mazo, que era su delfín, un buen día supo que la bondad de su candidatura no superaba el peligro de que el presidente de Ecatepec se fuera por la libre y acabara siendo candidato reciclado de perredistas y panistas.

No hay que llamarse a engaño, Ávila es y ha sido un miembro prominente de la clase política mexiquense, aunque no sea miembro del grupo. Sus apoyos los ha tenido incluso dentro de esa sociedad, pues de otra manera no habría hecho una carrera tan sostenida y tan ascendente como lo ha hecho en la política mexiquense. Se le conocen mil y una trapacerías de toda monta que han implicado un continuo enriquecimiento personal, casi siempre con base en negocios turbios y que acaban puntualmente en el abuso de los dineros públicos. En ese sentido, la fama del candidato priísta es amplia y bien sabida, incluso desde mucho antes de que fuera designado como tal.

De negocio en negocio, aquí y allá, Eruviel Ávila se ha vuelto, como los miembros del grupo, un político que ha dejado de ser un pobre político. No ha tenido otro mérito que el de comportarse de acuerdo con las reglas del priísmo, mexiquense y de otros lados. Lo que es típico de los priístas que tienen el poder, vale decir, usar del dinero público y de sus cómplices empresariales y de sus amplísimas redes de poder político y social para aplastar a sus contrincantes en las contiendas electorales lo está desarrollando el candidato priísta mexiquense en su campaña por la gubernatura. Su dominio propagandístico y de medios es apabullante y eso hace que todos lo den por triunfador.

En los debates con sus contrarios se le ha visto haciendo muy mala figura. Trae un discurso de esos que se llaman acartonados, o sea, siempre dice lo mismo y con las mismas palabras. No hay variaciones ni matices. Hasta mueve las manos como su protector Peña Nieto, como si estuviera arrullando a un niño. Su cultura es nula y su oratoria tan pobre que sólo usa un número limitado de palabras y de frases. Intelectualmente debería estar en otro nivel, puesto que ha hecho una carrera universitaria; pero hasta en eso es una nulidad.

Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. Un día le cantó una oda a su protector Arturo Montiel, que no es sino un plagio de otra que un maestro de la Facultad de Derecho de la UNAM hizo para un gran jurista, con los mismos términos. Decía: “Montiel fue siempre como el árbol fuerte y frondoso, al que acudimos para protegernos bajo su sombra del inclemente sol”. Al maestro Noriega Cantú, eminente constitucionalista mexicano, un colega suyo le cantó una oda similar: “El doctor Alfonso Noriega Cantú siempre fue como el árbol fuerte y frondoso al que acudimos a protegernos bajo sus sombras del sol inclemente”.

No nos debería extrañar. Es un hecho histórico que el PRI jamás ha sabido, salvo muy contadas excepciones, escoger a sus mejores hombres para competir por los puestos de representación popular. Se impone siempre el que tiene mayor número de complicidades y apoyos en el complejo político empresarial. A Del Mazo sólo le faltó lo que a Ávila parece sobrarle, el apoyo de los poderosos que deciden. El papel tan pobre que está desempeñando en la campaña electoral frente a Encinas (Bravo Mena se ha despeñado) en el terreno del debate político, no parece importar. El acarreo, el derroche de recursos, la unción de todos los grupos interesados en mantener el poder, el uso abiertamente faccioso de las autoridades electorales (el instituto y el tribunal), para que las cosas sigan como están, es lo que priva.

Uno se pregunta, ¿para qué hacen elecciones? ¿Qué utilidad tienen unos comicios que ya están decididos de antemano, porque no hay equidad en la competencia y ésta siempre se resuelve en un colosal abuso del poder y de la riqueza? Que hay que hacer elecciones porque así lo mandan la Constitución y las leyes. De acuerdo, pero resulta que en esa contienda no hay Constitución ni leyes que puedan normar de verdad el proceso, porque los poderosos no respetan ninguna ley y sólo se imponen por la fuerza. Encinas es un competidor de respeto y los priístas son los primeros en saberlo. Es notable que, sin contar con los medios del priísta, su campaña esté resultando tan relevante. Ha gastado poco más de cien millones. Ávila lo supera en 12 veces y sólo en prerrogativas.

A Encinas lo quieren acallar con base en encuestas amañadas y que se dirigen sólo a un sector reducido de la población mexiquense. Sólo los clasemedieros que tienen teléfono se pueden manifestar y sólo ciertos grupos a la mano pueden ser consultados. Los priístas no se arriesgarían a hacer encuestas amplias y de profundidad y menos a hacer análisis de tendencias. Entonces se vería que su dominio espectacular y que tanto presumen es sólo una voluta de humo.

Los mexiquenses tienen su destino en sus manos. Ojalá lo sepan decidir.





29 may 2011



Wikileaks y Peña Nieto







Arnaldo Córdova




Todos sabíamos de los enjuagues de Enrique Peña Nieto en su afán de alcanzar la Presidencia de la República en el 2012. En primer lugar, de su terror a una posible alianza entre el PAN y el PRD que hoy está muerta. Luego, de su campaña mediática con Televisa que se financiaba con millonadas que iban del erario del Edomex directo a las arcas de la televisora. También de su persistente labor de convencimiento en las filas priístas, en lo que ha derrochado, asimismo, montañas de dinero, en especial con los sindicatos y agrupaciones de masas. De igual manera, de su manejo ilegal de las partidas para los ayuntamientos y el ahorcamiento sistemático de los mismos. Y sin olvidar el encubrimiento criminal de auténticos delincuentes políticos, en particular, de su tío Arturo Montiel.

Pues todo eso lo vienen a mostrar documentos de la embajada de Estados Unidos en México filtrados por Wikileaks a La Jornada y muy bien reseñados por Blanche Petrich en la edición del 23 de mayo. En uno de esos documentos se puede leer: “Hecho en el molde del anquilosado PRI mexiquense, Peña Nieto no es reconocido precisamente por su transparencia cuando se trata de amigos y aliados”. Allí mismo se dice lo que todo mundo sabe: que es “ahijado del ex presidente Carlos Salinas” y que “parece cortado con la misma tijera” de la vieja guardia priísta. Todo eso ya lo sabíamos y lo decíamos; pero ahora sabemos que era también la opinión de los analistas de la embajada gringa.

Del derroche de dinero público, el mismo documento hace notar que el PRI en la entidad “tiene fama de aprovechar las fisuras existentes en materia de transparencia para hacerse de fondos de campaña. En vista de la gran cantidad de dinero que fluye por la entidad y dada la posición que tiene Peña Nieto como puntero de la carrera presidencial, no parece improbable que su administración esté sacando ventaja de esta situación”. Es un modo de decir que el gobernador mexiquense está canalizando todo el dinero que llega, en cantidades colosales, al Edomex para promover su imagen y su “carrera presidencial”.

Los empleados de la embajada que dicen esas cosas no fueron a aquel estado a fisgonear, cosa que, por lo demás, hacen continuamente en todo el territorio mexicano, sino que fueron invitados ex professo por la poderosa oficina de relaciones internacionales del gobierno mexiquense y les abrieron todas las puertas para su información. Sólo que los gringos supieron siempre que eran unas cuantas y que se les daba aquella información a cuentagotas. Por eso siempre desconfiaron de lo que se les decía. Hasta supieron qué era lo que se les quería ocultar. En sus entrevistas con los funcionarios mexiquenses, lo recuerdan a cada momento, éstos siempre trastabillaban y se confundían.

Lo primero que los de la embajada reprochan a sus anfitriones es el hecho de que en el Edomex no se cumple con los controles de confianza de mandos y operativos de las instituciones policiales y de procuración de justicia. “Sólo un dos por ciento de los oficiales se ha sometido al examen”, dice el despacho. Fue sólo un ejemplo. También pudieron constatar que sus interlocutores no les pudieron explicar con precisión en qué gastaban las enormes cantidades de dinero que llegaban al estado y que eran las mayores en toda la República por ser el estado más poblado. De ello no pudieron obtener ni un solo dato.

La excursión de los personeros de la embajada por el Edomex ocurrió poco después de las elecciones intermedias de 2009, cuando Peña Nieto se alzó con la victoria en 97 de 125 municipios mexiquenses, con 40 de 45 diputados locales y 38 de 40 diputados federales. El documento parece cantar victoria: “… pasó la prueba del ácido, pudo demostrar que es capaz de obtener resultados electorales favorables para su partido y que es algo más que una cara bonita”. La popularidad de Peña Nieto, que era en esos días de 70 por ciento de los encuestados, según el propio documento, fue la causa principal de ese éxito. Pero también reconoce que ello se debió a la debilidad de sus enemigos, sobre todo a las pugnas internas del PRD y el pago que el PAN tenía que hacer por la crisis económica.

No se habla del derroche de dinero que se hizo desde el gobierno mexiquense para obtener esos logros. Pero se pregunta: “…aquí la cuestión es ver hasta qué punto esta popularidad es resultado del carisma personal del gobernador y del cuidado que pone en labrar su imagen o qué tanto tiene que ver con un trabajo serio para mejorar las condiciones de su estado y llevar a cabo reformas necesarias”. La cuestión es falsa en sí misma. Debieron haberse preguntado, más bien, de qué medios se valió Peña Nieto para obtener esos resultados. Habrían podido ver que de lo que se trató fue, de nueva cuenta, de un derroche fenomenal de dinero, cosa que, desde luego, todos pudimos ver.

Ese abuso de los recursos públicos es reconocido por la embajada en otro documento, esta vez del 26 de enero de 2009, redactado por la entonces encargada de negocios Leslie Basset. Se dice: “Quizá como nunca lo había hecho en procesos electorales previos, el mandatario estatal está concentrado y ha lanzado proyectos de trabajo en zonas que le pueden aportar votos; analistas y líderes de su propio partido han expresado ante consejeros políticos de la embajada sus sospechas de que está pagando dinero a los medios bajo la mesa para favorecer una cobertura favorable, y también que financia a empresas encuestadoras para que presenten resultados alterando las tendencias a su favor”. Ese documento es anterior a las elecciones de ese año. Si eso hizo con las encuestas, habrá que imaginarse lo que hizo con las elecciones y los votantes.

Los cuestionamientos de los enviados de la embajada, de una pálida y candorosa objetividad, empero, hicieron señalamientos que son una novedad para el público mexicano. En el tema de seguridad contra la criminalidad, por ejemplo, pusieron en aprietos al grupo de investigación llamado C-4 del gobierno mexiquense, encargado de recopilar y procesar investigación sobre la potencialidad del crimen en la entidad; no sólo les hicieron preguntas que no pudieron responder, sino que hicieron la observación crucial de que ese grupo no tenía relación con la procuraduría estatal, lo que resulta incomprensible.

En el primer cable que reseña Blanche Petrich se hace notar que las dudas y cuestiones que se les plantearon a los funcionarios mexiquenses no siempre pudieron ser respondidas. Se dice, para el caso: “Presionamos para que nos explicaran en qué radica la popularidad de Peña Nieto. Los funcionarios respondieron explicando los ‘600 compromisos’ o promesas de campaña” que el gobernador firmó ante notarios. Y se concluye: “A nuestros asesores políticos esto les olió más a populismo que a logros duraderos para mejorar las condiciones del Estado”.

En el fondo, todo ello ya lo sabíamos, pero es bueno que a eso se agregue el testimonio de la embajada de Estados Unidos. Peña Nieto es un farsante y, lejos de ser la cara moderna del PRI, chorrea por todos los poros la misma vieja basura y porquería del antiguo partidazo que ya se sueña, a pesar de los reiterados golpes que ha recibido, de nuevo dueño del poder. Peña Nieto es tan sólo eso.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks








8 may 2011




Priístas y panistas en el Congreso








Arnaldo Córdova




En el reciente periodo de sesiones del Congreso, el PRI y el PAN han vuelto a hacer el ridículo como los eternos parlanchines irresponsables que siempre han sido, acostumbrados a engañar y a embaucar con sus propuestas que siempre presentan como si de ellas dependiera el futuro de la patria, pero que, luego, ellos son los primeros en traicionar o echar al basurero. Es normal que cada iniciativa legislativa se presente con un tono de suma urgencia y, con ello, se pretenda legitimarla de antemano. Se dice, por ejemplo, de esta propuesta dependerá nuestro futuro como economía competitiva”; o bien, “si esto no se aprueba, el estancamiento nos espera”; o también, “de ello depende el futuro de México como país”.

Eso es normal, pero pasársela haciendo suertes de torero en lugar de legislar con responsabilidad es una farsa. En todo proceso legislativo no hay iniciativa de ley que no se apruebe por consenso; ese consenso debe preceder, en todos los casos, a la aprobación de la propuesta. En este caso, lo más desconcertante es el comportamiento de los priístas. Los panistas se han atenido a los proyectos reaccionarios que han presentado, como el de la reforma laboral. Los priístas un día presentan una propuesta en esa materia que es lo contrario de la propuesta panista y, otro día, reculan y presentan una propuesta tan reaccionaria como la del PAN.

Eso suele suceder también, pues todo mundo puede rectificar sus posturas. Pero en el caso del PRI no se trató, precisamente, de eso, sino de una marcha atrás vergonzosa que acabó indignando a los mismos grupos de poder del PRI. Ya se sabe todo el tejemaneje que hubo al respecto. Su propuesta de diciembre atendía a demandas de los mismos grupos priístas y a un deseo abierto de ganarse un consenso social que repudiaba la propuesta panista. Rojas y los líderes priístas que siguen a Peña Nieto fueron a consensar su propuesta con los abogados patronales y éstos les rehicieron su iniciativa. Apechugaron y presentaron otra que no hacía diferencia con la del PAN.

A final de cuentas, sobre todo por las protestas de inconformidad de los mismos sectores de masas (cada vez más reducidos) del PRI, los mismos promotores de esa estúpida iniciativa echaron marcha atrás y decidieron no discutirla ni aprobarla en el periodo que acaba de terminar. Típico de los priístas. No tienen ninguna seriedad. Los más disgustados con ese proceder, por supuesto, fueron los panistas. Y, en verdad, uno no acaba de entender en qué consiste la alianza histórica entre el PRI y el PAN si ninguno de ellos es capaz de la más mínima lealtad a sus enjuagues.

Otros dos casos que vale la pena analizar son los de la llamada reforma del Estado y la de seguridad nacional. Para esto, es necesario referirse a la influencia, que se ha dado por cierta, de Enrique Peña Nieto en la actual Cámara de Diputados. Se dice que, mientras Manlio Fabio Beltrones domina en el Senado, Peña lo hace en la Cámara baja. Se trata de un simple rumor. No creo que el gobernador mexiquense sea ajeno a lo que se decide en la bancada priísta de los diputados. La enorme representación del estado de México no es todo lo que tiene y es muy probable que una buena mayoría de los diputados priístas le sigan. Pero no hay elementos para probar que él decidió algo sobre la malhadada reforma laboral.

En todo caso, la reforma del Estado fue sacada de una propuesta suya que presentó su mentor Chuayffet y la de seguridad nacional fue elaboración del ya antes procurador del Edomex, Alfonso Navarrete Prida. En éstas está claro que él intervino directamente y el que se hayan aplazado en su aprobación también resulta cierto que se debe a él. En la primera, hubo propuestas concretas de Peña Nieto que no fueron incluidas y él mismo lo ha señalado con cierto rencor. Le duele, por ejemplo, que no se haya aprobado en el dictamen el tema de la mayoría automática para el partido ganador de las elecciones, pero sin mayoría absoluta. Él se siente ya Presidente de la República y quiere gobernar con un Congreso en el cual él pueda decidir por sí.

Corre la versión de que a Peña la reforma del Estado que se aprobó en comisiones no le satisfizo y exigió que no fuera llevada al pleno. Los priístas, agachones como son frente a sus liderazgos, pararon el proceso. De ello se pueden sacar dos conclusiones concomitantes: Peña es tan reaccionario como cualquier panista y el PRI se ha vuelto tan derechista como lo es el PAN.

En los grupos parlamentarios de ambos partidos hay representantes directos de los grupos patronales de derecha; pero en el PAN no los hay tantos como en el PRI. Las televisoras tienen sus diputados y senadores y casi no hay grupo patronal que no los tenga. Eso solo debería indicarnos lo que son y significan esos aparentes cambios de rumbo de ese partido y sus posiciones derechistas y retrógradas.

Nada hay como el trabajo legislativo para descubrir la verdadera naturaleza política de cualquier partido. En las propuestas que se hacen se ve el lado al que pertenecen y, también, a quién sirven. Eso se puede observar en lo que respecta a la iniciativa de seguridad nacional. Los gobernadores, lo mismo priístas y panis- tas que perredistas son los primeros interesados en el empleo de las fuerzas armadas en la lucha contra el crimen organizado, porque, con sus endebles y muchas veces corruptos cuerpos de seguridad locales, se saben impotentes ante esa calamidad. Son los priístas, empero, los que más pujan porque en sus entidades actúe el Ejército, como en Nuevo León y Tamaulipas.

Navarrete Prida presentó su estúpida iniciativa como necesaria para darle legalidad a los actos de los militares, sin que ofreciera control alguno de las acciones que realizan. Con ello estaba obsequiando los deseos de los jefes de las fuerzas armadas que quieren respaldo legal para que sus hechos no puedan luego ser juzgados como violaciones abiertas a las leyes penales y a la Constitución. Los mismos priístas aclararon que no deseaban que los militares fueran juzgados por los tribunales civiles por los actos delictivos que pudieran cometer y que el llamado fuero militar continuaría vigente.

Al proponer que los soldados realicen detenciones sin orden de juez civil y, además, hagan interrogatorios y usen de los medios que juzguen necesarios para esclarecer los hechos, como si fueran autoridades judiciales, Navarrete Prida presenta su propuesta como “indispensable” para darles “armas” a los militares en su ilegal y anticonstitucional “coadyuvancia” en la “guerra” contra el crimen organizado. Sólo a un ignorante de las normas esenciales de nuestro orden constitucional se le podía ocurrir. ¿En qué estaba pensando? Pues en los intereses muy particulares de su señor al que, por lo visto, le encantaría que los soldados fueran, como para Calderón, su sostén más seguro “cuando él sea” Presidente de la República.

¡Qué diferencias puede haber entre el PRI y el PAN! Sí, es verdad, hay algunas, pero ninguna de fondo. Enrique Peña Nieto es el candidato de la oligarquía patronal, de Televisa, en primer lugar, y de todos los sectores que se identifican con esa empresa. El PAN siempre ha sido un partido patronal. El PRI lo es hoy de una mayor diversidad de grupos de poder y de dinero. Son lo mismo.













17 abr 2011


La batalla por el Edomex


Arnaldo Córdova


La lucha por el estado de México, que este año elegirá nuevo gobernador, se está revelando como un elemento decisivo en la lucha por la Presidencia de la República en 2012. Claro que no todo se decidirá allí, pero sus resultados serán cruciales para lo que vendrá el año entrante. Las razones son harto conocidas: una, el principal precandidato priísta a la Presidencia es gobernador de ese estado; otra, es la entidad más poblada de la República y en ella habita una gran proporción del electorado nacional. Hay, tradicionalmente, un alto abstencionismo, pero eso no le quita su importancia a escala nacional. Lo que allí pase este año repercutirá en el que sigue y de un modo que nadie puede predecir.


Las sorpresas han estado a la orden del día en ese estado. Del lado del PRI, era casi un hecho que el candidato sería de nuevo un miembro del Grupo Atlacomulco, Alfredo del Mazo. Pero resultó que le ganó un lumpen de la política mexiquense, con un historial plagado de manchas negras, Eruviel Ávila, presidente municipal de Ecatepec, el municipio con la mayor población del país. Del lado del PAN y el PRD se vaticinaba el triunfo de la política de alianzas entre ambos partidos, sobre todo, por el peso que en el estado tiene la corriente Alternativa Democrática Nacional del senador Bautista, perruno sostenedor de esas alianzas. También en este caso el resultado fue otro.


Con su dominio puramente burocrático del PRD, los Chuchos y su consejero Manuel Camacho, así como los seguidores de Bautista en el Edomex, cantaban victoria hasta no hace mucho. Nadie podría revertir la tendencia favorable a las alianzas en el Edomex entre la derecha y la izquierda. López Obrador y la final entereza de Alejandro Encinas revirtieron esa tendencia y el aliancismo chuchista resultó un soberano fracaso. Primero, fueron incapaces de obtener la mayoría calificada en el Consejo Estatal del PRD en el estado de México (al saberlo Jesús Zambrano mismo sentenció el resultado: la propuesta ni siquiera cabía presentarla al Consejo Nacional). En el Consejo Nacional el resultado fue el mismo.


Este logro, que todavía hace unos meses nadie podía imaginarse, se debe, en lo esencial a López Obrador. Él abrió el debate, a escala nacional y estatal, sobre la pertinencia de las alianzas entre la izquierda y la derecha. Un acuerdo casi unánime que los Chuchos habían impuesto en el PRD a favor de esas alianzas se estrelló contra una deliberación de masas que permeó las filas del PRD; obligó a Encinas a definirse firmemente y a declararse en contra de esas alianzas y, al final, sus recorridos por el estado de México ayudaron a la izquierda de esa entidad a reagruparse, por fuera del cacicazgo de Bautista, y a empujar la oposición decidida en contra de las alianzas. Esto ha sido un triunfo claro de López Obrador. Con el resultado extra de que en el Edomex el Morena es ahora una fuerza real y actuante.


Creo que López Obrador siempre ha tenido una gran cauda de seguidores en el estado de México (en 2006 ganó allí las elecciones presidenciales). Ahora la refrenda con sus giras por todos los municipios. La gente lo arropa y lo sigue. No tengo noticias del tamaño del número de seguidores del lopezobradorismo en los años anteriores, después de 2006. Ahora se puede ver que son una fuerza de mucho cuidado con la que sus enemigos tendrán que enfrentarse en serio. Los recorridos de López Obrador por la entidad muestran, ante todo, la gran audiencia de la que goza el tabasqueño y el entusiasmo que despierta en sus concentraciones da idea del peso que el líder izquierdista tiene entre los mexiquenses.


El fracaso estrepitoso de la política de alianzas con la derecha ha provocado un debate en torno a los resultados que ello tendrá en el futuro. No han faltado quienes piensen que la derrota de ese aliancismo entre derechistas e izquierdistas, que desafía todas las reglas de la lógica política, ha sido un error fatal. No se hace consideración alguna de lo que implica la identidad política de las fuerzas partidistas que contienden por el poder del estado. Su punto de vista, muy elemental, es que al PRI, con la fuerza que tiene en el Edomex, sólo se le puede derrotar si se le echa montón. Luego se hacen pueriles juegos aritméticos, como el de que en 2005, de haberse unido el PRD y el PAN, habrían vencido a Peña Nieto.


En las elecciones, la suma de los factores nunca da el producto. Ante todo, se debe pensar en la elección de los candidatos de las alianzas. El PAN habría intentado que el candidato fuera de sus filas y el PRD igual. En el Estado de México esa hipótesis es irrealizable por la compacticidad del poder priísta. El Edomex no es Oaxaca ni Puebla y ni siquiera Sinaloa. Un analista (sin otra base que las muchas estadísticas en circulación) aventura la idea de que esa hipótesis se daba con Eruviel Ávila. Él era la carta marcada de la alianza. No habría sido, normalmente, elegido como candidato del PRI y, al parecer, él mismo esperaba el desenlace. Finalmente, Peña Nieto prefirió no darle esa oportunidad a la presunta alianza y sacrificar a quien era su favorito.


A ese analista le parece una jugada de “alta política” el que el Grupo Atlacomulco haya hecho a Ávila el candidato del PRI. En sus análisis de fundamento puramente estadístico, al PRD, fuera de la alianza izquierda-derecha no le concede la menor oportunidad. Así razonan los adoradores del más poderoso, en este caso, Peña Nieto. Es muy probable que Peña Nieto se haya decidido por Eruviel Ávila en contra de su supuesto delfín Del Mazo porque, como se supone, haya pensado que de otra manera estaba empujando una candidatura de la oposición nuevamente con un cartucho quemado del PRI. Pero es igualmente posible que el Grupo Atlacomulco haya medido muy bien los riesgos de un enfrentamiento interno del PRI por la candidatura. Eso hablaría bien del grupo. Eruviel Ávila ganó porque era el más fuerte. Las cosas tomaron su cauce.


El PRD es un partido de paradojas. Siempre lo ha sido. Muchas veces, lo impensable es lo que decide su destino. Eso ha sido así desde su fundación. Nació como un partido de corte democrático y, gracias a su líder moral, acabó siendo un conjunto multiforme y deforme de tribus y grupos mafiosos de poder. Era el partido más connotado, a lo largo de la historia nacional, de la izquierda mexicana y, debido al pragmatismo inmoral y desvergonzado de sus grupos hegemónicos, los Chuchos, auxiliados por ese mago fracasado de las alianzas a toda costa que es Manuel Camacho, nos salió con la fórmula de que, para vencer a un partido de derecha declarado como lo ha demostrado ser el PRI, había que aliarse con la otra derecha, peor, si se piensa bien, y más rapaz y depredadora de lo que fue la priísta.


El triunfo de López Obrador abre verdaderas perspectivas de un triunfo de la izquierda popular en el estado de México. No hay que pensar en las estadísticas. Éstas no nos lo dicen todo. Sólo son indicativas. El modo de hacer política de López Obrador ha entusiasmado a los mexiquenses. Y Alejandro Encinas es un gran candidato. Ya no es el de los años noventa, bisoño y casi desconocido. La izquierda en el Edomex se está volviendo hoy una fuerza temible.





10 abr 2011


La naturaleza de la alianza PRI-PAN



Arnaldo Córdova



Las revelaciones de los documentos de Wikileaks dados a conocer por La Jornada el lunes pasado nos muestran que no era cierto que todo lo que nos descubrían ya lo sabíamos. En este asunto, en particular, sabíamos que existía una alianza entre el PRI y el PAN desde, por lo menos, 1990, y que había sido ideada por Salinas, atemorizado por el avance impresionante de la izquierda en las elecciones de 1988 y por su hallazgo de que entre el PRI y el PAN había diferencias, pero que resultaban menores ante el peligro que la nueva izquierda representaba para ambos. Sabíamos también que el PAN, representado por Fernández de Cevallos, aceptó la propuesta salinista. Desde entonces se dio esa alianza histórica priísta y panista que no ha dejado de funcionar con gran eficacia, hace ya veinte años.


Los documentos de Wikileaks nos muestran ahora el carácter perverso y sucio de esa alianza y el modo especial en que funciona. Ahí no hubo nunca acuerdos para siempre, excepto uno: no dejar, jamás, que la izquierda llegara al poder. Todo lo demás era negociable y nada se daría por garantizado. Esa alianza, dicho en otros términos, tiene un solo fin: impedir el triunfo de la izquierda en las elecciones nacionales. Los relatos que pueden hacerse a partir de esos documentos nos indican que los aliados eran, de verdad, enemigos en el campo de la lucha política y que cada uno hacía por sus intereses y lo hacía despiadadamente, sin importar si al aliado se lo llevaba entre las patas. Sólo se juntaban y la alianza operaba cuando ambos sentían que el enemigo los amenazaba a los dos.


También sabemos, gracias a esos documentos, que ese momento llegaba cuando uno de los aliados se rezagaba a ojos vistas y ya no podía aspirar a nada más. Eso le ocurrió a Madrazo y al PRI. Cuando supieron que estaban perdidos, el PAN acudió a ellos y les hizo ver que la alianza debía ya ponerse en movimiento en contra de una izquierda pujante que los amenazaba a ambos y era preciso hacerle frente en común. Los priístas lo aceptaron y, en ese instante, decidieron que Calderón sería su propio abanderado. Claro que también podemos saber algo que fue claro en su momento: que Madrazo fue condenado al fracaso por sus correligionarios, particularmente por algunos de los gobernadores priístas que se vieron amenazados de muerte por un posible triunfo del tabasqueño. Para consolidar su poder local, prefirieron apoyar al candidato panista, tratando de obtener todo lo que pudieran en esta alianza dictada por las circunstancias.


Mucho de canibalesco tiene esta alianza y es una muestra de que el objetivo es único: destruir a la izquierda o impedir su acceso al poder. En todo lo demás, que cada quien se atenga a su santo y que gane el más fuerte. Es difícil no pensar en esta alianza como una que se da entre rufianes, entre auténticos mafiosos para los que la ley vale un comino y las instituciones del Estado no son más que viles instrumentos de sus sucios enjuagues y trapacerías. Decir, como lo hizo alguno de los informantes de la embajada, que se estaba haciendo “presión” sobre López Obrador y que se mantendría y se aumentaría en la medida en que se acercara la fecha de las elecciones, no quería decir que en el terreno electoral se haría lo posible para hacerle perder terreno al perredista. Quería decir que se emplearía todo el poder del Estado para derrotarlo a como diera lugar, por encima de la legalidad y de la institucionalidad. Fox mismo lo dijo, con la estupidez que lo caracteriza.


Que los priístas, principalmente los gobernadores del norte del país, le hayan temido a Madrazo, como lo revelan los documentos de la embajada, nos habla de dos cosas al mismo tiempo: una, la feudalización priísta que había hecho de esos gobernadores dueños de su propio reino y que veían en Madrazo no a un correligionario, sino a una amenaza a sus intereses particulares; dos, que habían entendido perfectamente ya el sentido de la alianza. Eso quiere decir que la alianza no operó únicamente en contra de López Obrador, sino también de Madrazo y de eso éste ni siquiera se dio cuenta. Dan náuseas de sólo ver a los protagonistas, expuestos por los documentos de la embajada, tirándose piales y haciéndose porquerías indecibles entre ellos mismos no sólo con tal de impedir el triunfo de la izquierda, sino también de aprovechar las debilidades del aliado o de los propios correligionarios para sacar provecho para sí.


Madrazo, por lo que puede verse, fue más una víctima de los mismos priístas que de los panistas o de la izquierda. “Todos unidos contra Madrazo (Tucom)” o “Tú, ¿le crees a Madrazo? Yo tampoco” fueron creaciones de la impudicia priísta en contra de su propio abanderado. Eso es revelador de otro aspecto que se esconde detrás del feroz pragmatismo de los gobernadores priístas y de los grupos que los apoyan y del oportunismo que, en general, ha caracterizado a los priístas durante los gobiernos panistas: la derechización irremediable del PRI que corre parejas (así se dice en el español clásico) con su absoluta incapacidad de actuar como un partido de oposición, como también lo revelan los documentos de Wikileaks. Es probable que una buena mayoría de los cuadros priístas de alto nivel se hayan alegrado de la derrota de su propio partido.


Podríamos hacer una inferencia de todas esas revelaciones que explican la actitud traidora (respecto a la alianza histórica de la derecha, por supuesto) de los priístas en su actuación en el Congreso. No le dan nada al gobierno panista no porque ellos no sean derechistas igual que los panistas, sino porque dentro de la alianza hay una guerra sin cuartel con sus propios aliados por posiciones de poder. Muchos se han preguntado el porqué no han prosperado lo que los derechistas de todos los signos llaman “reformas estructurales”. Ahora todo parece mucho más claro: la alianza histórica del PRI y el PAN sólo incluye un acuerdo básico: impedir el triunfo de la izquierda a nivel nacional. En todo lo demás, ¡olvídense!, es la guerra. Parece increíble que entre aliados se pueda dar toda clase de porquerías y de golpes bajos; pero la verdad es que la alianza se hace efectiva cuando hay intereses concretos que la hacen necesaria, como en la reforma laboral o, de nuevo, cuando se trata de derrotar a la izquierda. Ambos sirven a los dueños del dinero, pero cada uno a su modo y por su lado. Hasta en eso son enemigos.


La conclusión es la misma: en México ya hay sólo dos fuerzas: la derecha, encarnada por el PAN y el PRI, y la izquierda que, hoy por hoy, sólo se encarna en López Obrador y en su gran movimiento de masas. La derecha se lleva muy pesado en sus entrañas y es capaz de cualquier atrocidad y, también, de todos los crímenes imaginables. Frente a ella, la izquierda que hoy existe sólo tiene una perspectiva: fortalecerse a sí misma hasta poder acceder al poder, respetando siempre la legalidad y las instituciones. No puede, de ningún modo, comportarse tan suciamente como la derecha.


Sí, es verdad, hay muchas y muy graves diferencias entre el PRI y el PAN. A ambos sólo los unifica la voluntad de combatir a la izquierda. Pero es, justo, eso lo que define hoy a la derecha.


Enlaces:


Los cables sobre México en WikiLeaks


Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks



27 mar 2011


El PRI contra los trabajadores



Arnaldo Córdova


Todo mundo ha podido saber del modo tortuoso en que transitó la reforma laboral del PRI. Su bancada en la Cámara de Diputados presentó, en diciembre de 2010, un proyecto que, en su momento, fue ampliamente discutido, sobre todo por los profesionales del derecho del trabajo. No era perfecto (nada lo es), pero al menos todavía se compadecía de la esencia del derecho laboral. Se sabe que el mediocre que coordina la fracción, en lugar de discutir la iniciativa con los representantes de los demás partidos, fue sumisamente a someter el proyecto a los abogados de la Coparmex y del Consejo Coordinador Empresarial. Los abogados patronales deshicieron la iniciativa y la corrigieron en todo su texto. Rojas, como un beodo, aceptó todas las observaciones patronales e impuso a su bancada el proyecto corregido y aumentado por los representantes patronales. No le importó que su famélico sector “obrero” protestara por la imposición ni, tampoco, que la opinión pública se le echara encima por su villanía. Se dice que no es más que un gato de Salinas. Sí es cierto, pues Salinas es el verdadero promotor de esta infame reforma laboral que trastoca todos los principios de justicia social que informan al derecho del trabajo. Eso, en realidad, ya no puede extrañar a nadie. También es ya harto sabido que la iniciativa reaccionaria del PRI es casi una copia de la que presentó en su momento el gorila que despacha en la Secretaría del Trabajo. No hay, luego entonces, misterio alguno en la intención de los priístas de obsequiar las exigencias de los patrones en materia laboral. Se les está haciendo la faena y preparando la mortaja de los trabajadores de México que, de aprobarse esta reforma, quedarán, sin medios términos, en la más completa indefensión. El PRI ha echado marcha atrás del modo más ignominioso y desvergonzado que pueda imaginarse respecto de su propuesta de diciembre pasado. Tres son los pilares de la propuesta priísta: uno, la legalización para todos los efectos de la terciarización, subcontratación, intermediación o outsourcing, como se le prefiera llamar, que consiste en contratar mano de obra que se vende a un tercero, llamado beneficiario. Eso es una vieja práctica laboral en Estados Unidos, pero en México nunca existió hasta que, por la vía de los hechos, empezó a darse, precisamente, desde la época de Salinas. El nuevo artículo 15 bis que propone el PRI define y legitima legalmente esa forma de obtención de mano de obra. Establece, desde luego, que deberá formalizarse por escrito, estableciendo “la manera en que se garantizarán los derechos laborales y de seguridad social de los trabajadores involucrados”. El problema es que, en la práctica, no hay modo de constatar que esos derechos quedarán garantizados, porque la relación se reduce a un vínculo puramente personal del trabajador con su intermediario y no puede constar en un contrato formal de trabajo. Además, existe ya una práctica muy amplia en la que la informalidad de las relaciones de trabajo intermediado domina en todos los aspectos. Es ahí donde podemos ver la importancia que reviste la contratación colectiva, vale decir, el acuerdo que se establece entre un patrón y un representante legal y reconocido de los trabajadores, o sea, el sindicato. En la intermediación el trabajador queda totalmente desamparado, no sólo porque carece de instrumentos eficaces para su defensa, sino porque no puede contratar sobre sus derechos, puestos en la inopia total. Mediante la intermediación, el trabajador es convertido en una miserable carne de cañón que es vendida no por el trabajador poseedor de su fuerza de trabajo, sino por uno que se sustituye a su voluntad y que es el intermediario. El que contrata es éste y no el trabajador. El que decide del destino de la relación laboral es el intermediario, no el trabajador. Mediante ese modo de contratación, el trabajador es despojado de todos sus derechos y sólo puede reclamarlos ante uno que no puede darle ninguna satisfacción, vale decir, de nuevo, el intermediario. Que el PRI, partido al que todavía pertenece la mayoría de los sindicatos del viejo movimiento obrero presente esa iniciativa, está aceptando que los sindicatos, incluidos los suyos, ya no sirven absolutamente para nada. El segundo pilar de la iniciativa priísta radica en la anulación de los derechos de defensa de los trabajadores en los conflictos laborales y en la limitación de la representatividad de las organizaciones de los trabajadores. Sin presentar propuestas que fijen la obligatoriedad de acortar el tiempo en que los juicios laborales deben ser resueltos, la iniciativa priísta acorta a un año (la propuesta panista fijaba el término en seis meses) el pago de salarios caídos. Como se ha comentado, sobre todo por parte de abogados laboralistas, el término de duración de un juicio va siempre en torno de los cinco años. Ello significa despojar a los trabajadores de todo medio de resistencia. La iniciativa priísta va contra la representación sindical efectiva en más de un sentido, pero, en particular, contra los sindicatos gremiales que, como todo mundo sabe, son la inmensa mayoría de los sindicatos, sobre todo del PRI. El artículo 388 establece que un contrato colectivo que aglutine a todas las profesiones y oficios de los trabajadores de las empresas o establecimientos no podrá dividirse para cada gremio. Basta que los empresarios decidan con quienes quieren contratar para que su voluntad se haga ley. En Monterrey, el reino de los sindicatos blancos, eso es el verdadero orden del trabajo. Y hoy los priístas nos lo proponen como la regla general de la contratación colectiva del trabajo. El tercer pilar de la iniciativa priísta de reforma laboral es la preservación del régimen sindical que es propio del PRI y que, en otras épocas, hizo la clave de su sistema de dominación de masas. La propuesta panista, por lo menos, esbozaba unos cuantos lineamientos de democratización de la vida sindical. Desaparecían, por ejemplo, las votaciones abiertas que se prestaban a la manipulación de la voluntad de los trabajadores y se establecían diversos mecanismos de control de la vida sindical que, en apariencia, tendían a democratizar y transparentar la vida sindical. A los priístas, muy naturalmente, les parece que debe preservarse el viejo aparato sindical con todos sus vicios y su modo arbitrario y autoritario de funcionamiento. Se podrían citar muchos otros detalles de la propuesta priísta de reforma laboral que provocarían náuseas. Cuando se denuncia la derechización del PRI, sobre todo, desde la época de Salinas, nada viene a reforzar esa idea como esta iniciativa que a los mismos priístas pone los pelos de punta. Aunque a ellos no les debe importar mayormente, acciones como la que da lugar a esta iniciativa y, en particular, los entretelones en medio de los que se cocinó, demuestra palmariamente que los priístas son tan reaccionarios y derechistas como los mismos panistas y, muchas veces, como en su línea sindical, peores que ellos. Cuando decimos que el PRI y el PAN son lo mismo, estamos en lo cierto. El único problema es saber, en cada caso, cuál de ellos es el peor.





6 mar 2011


Las pesadillas del PRD

Arnaldo Córdova




Si hubiera verdadera democracia en el PRD, los Chuchos se quedarían con sólo las migajas del poder interno



Es difícil saber qué se proponía o qué buscaba Cuauhtémoc Cárdenas cuando se soltó la puntada de proponer que Andrés Manuel López Obrador se hiciera cargo” del PRD. Cada vez está más claro que no fue sino una ocurrencia muy tonta que ni siquiera se cuidó de las formas y acabó haciendo el ridículo. Él sabía, se supone, que los estatutos del PRD consagran la no relección para sus dirigentes, que López Obrador ya ha sido presidente del partido y que, en consecuencia, ya no puede volver a serlo. Tal vez estaba proponiendo otra cosa que es muy difícil saber qué era. ¿Que se le entregara el partido, sin respetar normas internas, para que él hiciera lo que quisiera? Pues parece que semejante absurdo era lo que sugería.

Es imposible ponerse malpensante o maledicente con semejante torpeza. Algunos, como los Chuchos, salieron con la excusa de que era pura ironía. Si eso era, resultaba de pésima factura. ¿O era una trampa, desmañada e ingenua? Es difícil el solo pensarlo. El hombre, evidentemente, no estaba en sus cabales y no sabía lo que estaba diciendo. Proponer entregarle el PRD a López Obrador habría equivalido, como lo dice Chucho Ortega en latín (o lo que él cree que es latín), convertirlo en un Dictator perpetuus (en realidad, según la secuencia de la declinación, en nominativo sería Dictator perpetuum. Ortega debe haber oído la expresión de alguien que consultó Wikipedia).

Igual de tonta e irreflexiva fue antes la propuesta de Encinas al plantearle a Cárdenas que fuera el dirigente que el PRD necesita y, justo, por las mismas razones. Lo que tales propuestas revelan, en realidad, es que los Chuchos son un lastre muy pesado para el PRD, según la óptica de Cuauhtémoc y de todos los perredistas que no aceptan su liderazgo y, también, de todos los que se sienten avergonzados del miserable papel que están desempeñando. Han llevado el partido a verdaderos callejones sin salida y todos piensan en alternativas que no los incluyen a ellos. Si hubiera verdadera democracia en el PRD, los Chuchos se quedarían con sólo las migajas del poder interno.

Cárdenas nunca ha sido un hombre de partido, con verdadera militancia política. Él fue siempre un funcionario y un burócrata caudillista. Con muchas ideas, es verdad, pero sin el sentido que se requiere para entender la vida partidaria y, menos aún, conducirla con sabiduría. Lo que hoy es el PRD, lo he dicho siempre, es obra de Cuauhtémoc Cárdenas, del modo autoritario en que condujo siempre al partido y al juego que le dio a los grupúsculos, ávidos de poder, que le rodeaban. El grupo de Ortega fue uno de los consentidos de Cuauhtémoc e hizo su fortuna a su sombra. También fue el primero que se rebeló contra el Dictator. Luego seguirían todos los especímenes que tenían a un grupúsculo bajo su mando.

Nadie debería lamentarse de que Lazarito no quisiera “hacerse cargo” del PRD. El poder de los Cárdenas se reduce a Michoacán y hasta eso habría que verlo. O también a algunos seguidores sueltos hoy en día que ni siquiera son capaces de formar una corriente interna. No tienen ningún apoyo con el que pudieran sostener un liderazgo más o menos efectivo del PRD. Su época ya pasó y hasta en Michoacán se está viendo. Allí el partido es fuerte pero ya no tiene a nadie que proponer como candidato a gobernador de la entidad y es muy probable que el PRI vuelva al poder.

Los Chuchos, en tanto, siguen en su pertinaz labor de hacer del partido del sol azteca un estercolero inmundo con el que ya nadie quiere hacer tratos, excepto los que huelen igual y que son los gobernantes panistas. Su signo y también su maldición son las llamadas corrientes, que no son más que pequeñas mafias de poder que hacen y deshacen lo que les parece y que, con sus arreglos sucios y oscuros, sólo luchan por huesos y prebendas que les dan de comer y que, incluso, los han vuelto nuevos ricos. Y eso va para todas ellas, incluso las que militan contra los orteguistas. Veo con mucha simpatía que estén del lado de López Obrador, pero nunca dejarán de ser lo que son, grupúsculos de poder sectarios y cerrados.

Las primeras reseñas de las declaraciones de Cárdenas en la Feria del Libro coincidieron en señalar que él habría propuesto que López Obrador se abstuviera de ser candidato a las elecciones de 2012. Eso fue de verdad impactante porque encerraba una suciedad indecible. Afortunadamente, él mismo hizo la aclaración en El Correo Ilustrado de que eso no lo había dicho. Cuauhtémoc es un hombre justo. De eso no puede dudar nadie. Sólo me gustaría que meditara muy bien lo que dice antes de soltarlo al público.

El sempiterno trasfondo de la conflictiva situación que vive hoy el PRD, a nadie puede ocultársele, es el Edomex. Allí está el avispero y todo lo está causando. Los Chuchos y Camacho viven desesperados porque López Obrador le ha metido la vara en el mero centro y su política derechista de alianzas se va desprestigiando irremediablemente. Su proyectada “consulta” sobre la alianza con el PAN sólo podría triunfar si se hace en los marcos de la organización burocrática de Alternativa Democrática Nacional, del senador Bautista, pareja de Ortega; pero si se hace abierta como prometen, entonces se verá lo que de verdad vale la decisión popular. Los mexiquenses ya han escuchado las propuestas democráticas de López Obrador. Sólo basta que se les deje decidir.

Es de verdad sorprendente que todos los derechistas que inundan los medios de comunicación se pronuncien a coro a favor de las coaliciones. Son vencedoras, nos dicen, y ahí están los sobados triunfos de Oaxaca, Puebla, Sinaloa y, últimamente, Guerrero. Aparte el hecho de que en estas últimas el PAN no pintó para nada, nadie nos dice qué fue lo que ganaron los partidos coaligados, el PRD y el PAN. Lo he dicho varias veces, lanzar candidatos reciclados del PRI no es ninguna gracia. En materia de programas y de principios esas elecciones no le dieron nada al PRD. En el Edomex no se ve nada de eso. PAN y PRD irían juntos sólo para derrotar al PRI y, lo que es la bellota para el cochino, para acabar con el cacicazgo del llamado Grupo Atlacomulco. Que lo logren está por verse. En todo caso, eso no es una opción de principios, sino una unión en la que se diluye todo lo que es el PRD.

Aquí el problema es que los Chuchos sean capaces de respetar la voluntad de los militantes y no impongan el pandillerismo de Bautista que anularía cualquier decisión soberana de la militancia de izquierda del estado de México, la entidad más poblada de la República. Por primera vez se revela que los priístas tienen miedo de perder ese estado; pero no porque Chuchos y panistas les echen montón. Ellos saben que ése no es el verdadero problema. La movilización que ha impulsado López Obrador en sus dos giras por todos los municipios de la entidad es lo que comienza a quitarles el sueño. El pueblo que despierta es siempre un enemigo temible para los oligarcas de todos los signos. Ahí radica el problema para ellos.

A Rafael Barajas, El Fisgón, con mi solidaridad.




23 feb 2011

Del correo ilustrado de La Jornada :



Carta a Camilo Valenzuela

Solicito la publicación de la siguiente carta, dirigida al compañero Camilo Valenzuela, presidente del Consejo Nacional del PRD. Presente,

Por este conducto me dirijo a usted para solicitarle transmita al Consejo Nacional mi solicitud de licencia temporal como miembro del PRD mientras sigua privando la política de alianzas con la derecha panista que viene imponiendo la actual dirigencia perredista. No considero adecuado hacer esta solicitud ante una Presidencia del PRD y una Comisión Política que se han acostumbrado a violar y transgredir los principios inscritos en los documentos básicos del partido. Hay un principio jurídico general que dice que lo que no está expresamente prohibido está jurídicamente permitido; aunque las licencias no se contemplen en el estatuto del PRD, no están prohibidas y es mi sentir que deben ser atendidas.

Desde luego, debo decirle que la razón principal de mi solicitud es la profunda inconformidad que me provocan las alianzas con el panismo que van en contra de la naturaleza política de los partidos políticos, y que olvidan no sólo las tradiciones de lucha del PRD, sino también los ominosos agravios que la derecha ha infligido a la izquierda y al pueblo de México. Pediría a quienes promueven este tipo de alianzas que revisara los Principios de Doctrina de Acción Nacional y nuestra Declaración de Principios y nos explicaran en dónde encuentran una mínima coincidencia.

Finalmente, me parece de un pragmatismo ramplón y miserable la hipótesis de que hay que derrotar al PRI, alegando su caciquismo inveterado, cuando el PRI es tan derechista como el PAN y lo muestran los innumerables acuerdos que esos partidos han convenido en detrimento siempre de los intereses populares.

México, DF, a 22 de febrero de 2011

Arnaldo Córdova




20 feb 2011


Ominosas amenazas



Arnaldo Córdova


Para los estadunidenses el mundo es su casa y, como tal, en él pueden decidir y hacer lo que les venga en gana. Hace ya cuarenta años, el historiador Arthur Schlesinger (ya lo he citado antes) escribió que el gran mérito de Kennedy fue convertir la política internacional en política doméstica. Nada que ocurra en la Tierra podrá ser ignorado por el gobierno norteamericano; todo le interesa, porque todo le toca y sobre cada cosa tiene siempre un interés particular que debe imponer a toda costa. La doctrina de los intereses estadunidenses en el mundo, ahora junto con la de la seguridad nacional, es la brújula de su estrategia internacional.

Los que vivimos en otros países en el resto del mundo no tenemos más que apechugar y aceptarlo, por la sencilla razón de que no tenemos con qué enfrentar el descomunal poder económico, político y militar del imperio. Ya hemos tenido una prueba de que los gringos nos observan continuamente y siempre tenemos en nuestra vida nacional algo que a ellos les interesa en los documentos que ha dado a conocer Wikileaks. Nos conocen hasta el color de los calzones que usamos. No hay nada en nuestra política interior ni en nuestras relaciones con los demás que ellos no tengan registrado.

Estamos bajo la lupa y pretender que actuamos autónomamente y sin interferencias de otros es una idiotez. Los documentos de Wikileaks dicen muchas cosas que nosotros ya sabíamos o debíamos haber sabido y que ignoramos por simple comodidad. La virtud de ese destape documental es, ante todo, hacerlo público. Antes se rumoreaba o se suponía o se intuía, pero en todo caso se simulaba no saberlo o no darse cuenta de ello: los norteamericanos nos consideran parte ineliminable de su imperio y no están dispuestos a admitir o siquiera concebir que nosotros podamos oponernos a ello.

Con diferencia de sólo 24 horas, dos funcionarios norteamericanos, el subsecretario de la Defensa, Joseph Westphal, y Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interior del gobierno de Estados Unidos, produjeron declaraciones que nos obligan a reflexionar sobre el grado de dependencia estratégica en que nos encontramos con respecto a ese poder y la prepotencia que muestran en sus consideraciones sobre nuestro país, no importándoles un bledo que están hablando de un país soberano al que, por lo menos, deberían consultar antes de decir sus estupideces. Pero el respeto a los demás no es algo que caracterice a los gringos.

Westphal afirmó: “Como todos saben, hay una forma de insurgencia en México con los cárteles, que está justo sobre nuestra frontera. Esto no se trata sólo de drogas e inmigrantes ilegales. Esto es, potencialmente, sobre una toma de un gobierno por individuos que son corruptos”. ¿Quién es Westphal para hacer semejante diagnóstico? Tan sólo un pobre tonto. Lo peor vino cuando agregó que ello implicaría una respuesta militar estadunidense, vale decir una invasión de nuestro territorio. Realmente no es más que un estúpido que de inmediato fue obligado a desdecirse y justificar su dicho como una inocente opinión personal. La información es de David Brooks.

La Napolitano, otra descerebrada, afirmó un día después que “podría ocurrir” que se diera una alianza entre la organización terrorista Al Qaeda y el “cartel” de Los Zetas. Y, como si la estuvieran oyendo, advirtió: “no traigan esa guerra a Estados Unidos”, pues “responderemos muy, muy vigorosamente”. ¿Cómo?, pues de nuevo, pasando la frontera y haciéndose cargo de la situación como si México estuviera pintado o fuera su territorio. A los gringos, conceptos como el de soberanía nacional o país y patria para otros les resultan totalmente irrelevantes. Ellos, en México, se sienten como en su casa y, como en su casa, pueden hacer lo que quieran. También información de David Brooks.

La Napolitano dijo: “Tenemos a individuos en México trabajando sobre estos temas”. Y, en efecto, tienen a muchos agentes trabajando a la luz del día en nuestro país. La mayoría de ellos son mexicanos nacidos en Estados Unidos, que se prestan mejor a hacer el trabajo en una población mestiza y mayoritariamente morena. Pero eso no impide que los narcos también los identifiquen y, hasta hoy en muy contados casos, los ataquen. Poco después de las declaraciones que he citado, dos de esos agentes fueron agredidos en San Luis Potosí y uno de ellos murió. Los gringos deberían saber que a ellos también los infiltra el narco y que sabe de sus movimientos en México. Ahí tienen una prueba.

Dejemos de lado el hecho de que el gobierno norteamericano no hace nada para contener, disuadir o, incluso, reprimir el consumo de drogas entre sus ciudadanos ni, de igual modo, impide de ningún modo el tráfico de armas hacia México, lo que facilita y permite la labor de los cárteles de la droga. También el hecho de que el consumo de estupefacientes en Estados Unidos es un negocio fenomenal y el mucho dinero que circula en sus redes alimenta de modo directo la economía de ese país. El modo de actuar de los gringos respecto a México en el asunto del narcotráfico podría proyectarse a futuro para prevenir el comportamiento del gobierno estadunidense respecto a un cambio en la política mexicana.

Ellos están muy contentos con los gobiernos derechistas que el país ha padecido desde la época de De la Madrid. ¿Qué pasaría si en el futuro cercano un líder de izquierda tomara las riendas del poder político en México? Dan calosfríos de sólo rememorar la trágica experiencia del presidente Salvador Allende y su gobierno de Unidad Popular en el Chile de 1973. Es verdad que en las ocasiones que se han presentado con Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador ellos dijeron que no se metían en nuestra política interior y que era derecho del pueblo mexicano decidir quién lo gobernaría. Pero nadie podrá creerles, no después de lo que muestran respecto a los narcotraficantes mexicanos. Para ellos, México sigue siendo su corral trasero.

Todo mundo sabe cuál es el modo mejor para combatir al crimen organizado: atacar su sistema financiero y organizar un entramado de inteligencia que sea capaz de seguir todos los movimientos de los delincuentes. Tratar de aniquilarlos mediante la guerra a sangre y fuego, como estúpidamente lo ha hecho Calderón (con un saldo ya de cuarenta mil muertos), no hace sino avivar el conflicto. Es echarle gasolina al fuego. Supongamos que un candidato de izquierda gana las elecciones de 2012. Supongamos también que revierte la política de guerra y se dedica a operar sobre las finanzas de los narcos y conforma un mapa de inteligencia que logre ubicarlos en sus guaridas y en sus lugares de acción. ¿Cuál sería el comportamiento de los gringos frente a un gobierno semejante?

Sabiendo lo que han hecho con nuestro país y con los demás países de América Latina, sobre todo los del Caribe y Centroamérica, dudo mucho que sean los buenos chicos que dicen ser. Se impondría su estúpida doctrina de los intereses norteamericanos y de su seguridad nacional y harían de todo para derribar a un gobierno popular en nuestro país. México está en sus fronteras; Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Nicaragua están, por lo menos, un poco más lejos. ¡Pobre de México, tan cerca de Estados Unidos!