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25 ene 2012


La difícil independencia de la señora Wallace

Sabina Berman
24 de enero de 2012
Análisis




MÉXICO, D.F. (Proceso).- Se dejaron venir los guardianes de las puertas de entrada del palacio del Poder a la sala donde se oficiaba el nombramiento de la señora Wallace como candidata independiente al gobierno de la Ciudad de México. Y estaban indignados.

La señora no ha pagado su cuota en ninguna puerta. No ha jurado por ninguna de las actas constitutivas
de ningún partido. No ha hecho compadrazgos políticos. No ha bajado la cabeza y votado contra su propia convicción en ninguna votación. No ha mentido públicamente.

En palabras de la candidata del PRI al mismo puesto, Beatriz Paredes: “No es una política profesional”.

En palabras de comentaristas variopintos de los medios de comunicación: La señora no tiene experiencia, es improvisada, sabe de seguridad y nada más, se vendió al poder, resultó que bajo su lúcida honestidad albergaba la sucia ambición de mandar.

Un comentarista la regañó, y aunque sucedió en la radio uno podía imaginarse que lo hizo con el dedo índice incendiado de rabia: “Creíamos en ti, Isabel Wallace. Arruinaste tu prestigio”.

La señora Wallace no se ha inmutado bajo la lluvia de descalificaciones. Me aclara que para entrar al palacio del Poder dio “el portazo”. “¿No es más bien que de pronto, de sorpresa, te ofrecieron la candidatura?”. “No. No fue así. Busqué la candidatura”, me revela.

La consiguió en un partido vencido de antemano en la contienda, el PAN, con cinco candidatos a los que nadie volvía a mirar. La consiguió porque apareció en las encuestas que mandó realizar el PAN como la figura pública con mayor simpatía de los ciudadanos de México. La consiguió porque el PAN no tenía alternativa.

En el pasado reciente se había rumorado que el PRD le ofrecería a la señora Wallace la Procuraduría de Justicia del DF. Entonces me aseguró que no la aceptaría porque “el sistema es tan ineficaz y corrupto, que a pesar de poner en ello toda la voluntad, no podría hacer nada, nada, nada”. “¿Y ahora por qué podrías hacer algo? ¿Algo ha cambiado en el sistema?”, le pregunto. “Porque se trata de la Jefatura de Gobierno. De donde parten los programas de gobierno. Desde donde sí puedo controlar los resultados”.

“¿Controlar la policía corrupta, Isabel, cómo?”. “Con tecnología”. “¿Cámaras de video?”. “Eso y mucho más. GPSs, por ejemplo, que detectarán dónde se encuentra cada oficial. Y por supuesto hay que dignificar las condiciones de la policía. Te digo algo, Sabi, yo en esto voy a poner mi vida”. “¿Meterías al Ejército a las calles?”. “Por supuesto que no”.

“A ver, Isabel Wallace, pongámonos serias y prácticas. Es evidente lo que te viene encima. La ceremonia de tu nombramiento fue elocuente. En el templete se pararon todas las figuras del PAN que pudieron hacer valer su jerarquía y cupieron físicamente. En general, las figuras de los partidos asisten a los nombramientos para apoyar al bisoño candidato. Acá fueron a aparecer junto a ti, a que tu imagen los refrendara a ellos. Los tres candidatos a la Presidencia se pelearon tus dos manos para alzártelas. Al final Creel y Vázquez Mota tuvieron que compartir una mano tuya para alzarla. Lo que viene es que al arroparte el PAN, te cooptará, lo sepas o no. Para empezar: ¿quiénes manejarán tu campaña?”

“Gente que yo llame para hacerlo. No panistas”. “¿No pasarás por la máquina electoral panista para que te cambien la imagen, te vistan de rojo, te inventen frases que quepan en los titulares de los periódicos, te inventen lemas, te escriban los discursos?”. Se ríe, se ríe, se vuelve a reír.

“¿Y con quién gobernarás, Isabel? ¿Conoces a suficientes personas capaces para llenar los puestos de un gabinete?”. “Estoy buscando a los mejores profesionales. Habrá ciudadanos sin partido y otros de partidos distintos. Estoy buscando por ejemplo al premio Nobel Molina, para Ecología”. “¿Ese es el nivel?” “Ese es el nivel”.

“¿Pero cómo evitarás que el PAN te cobre este nombramiento y los costos de la campaña imponiéndote personas y programas?”. Isabel Wallace es enfática: “Mi acuerdo con ellos es que soy independiente”. “Incluso les pedí, y me darán, representantes en la Asamblea Legislativa”. “¿Resistirás la presión, señora Wallace?”

“He podido con mayores presiones. A mi edad, con mi experiencia, podré.”

“Volvamos al asunto de las personas”, le insisto. Habiendo tratado profesionalmente a Isabel Wallace, no me queda duda de su temple, ni de su inteligencia práctica, pero sí de que sea capaz de formar un gobierno. “¿A quién piensas en Hacienda?”. “Todavía no diré nombres”, responde. “¿A quién piensas en Cultura?”. “Todavía no diré nombres”. “¿A quién piensas en/ Me corta. “Todavía no diré nombres, Sabi”.

Y luego hace algo que le viene de su talento como directora de una escuela primaria, secundaria y preparatoria, durante 18 años: pone a su interlocutor en el centro del asunto, para hacerlo entender. “Tú haces un programa de televisión”, me recuerda. “Pero no diriges cámaras. No sabes nada de satélites. No realizas la edición”. “Cierto”, digo.

Pues bien, como si se tratara de hacer un programa de televisión, ella formará un gobierno de expertos. Y sobre su falta de experiencia política, la admite, pero la considera una ventaja. “Mira, el tipo de experiencia de los políticos profesionales, es lo que no tengo yo. Y qué bueno, ¿no te parece?”.

“Isabel Wallace, lo que reconocemos en ti es que has tenido una conexión profunda con la verdad. Has arriesgado la vida por la verdad. Eres una heroína, no menos, no más, de la verdad. Lo que muchos tememos es que al entrar a la contienda política, debas empezar a usar verdades estratégicas. ¿Dónde te avisamos de nuestro descontento si notamos que empiezas a mentir?”

Lo medita. Responde:

“Pueden escribirme a isabelmirandadewallace@yahoo.com



11 jul 2011







El Viejo Régimen


Sabina Berman
11 de julio de 2011 · Sin comentarios
Análisis

Eruviel Ávila celebra su victoria.
Foto: Benjamin FloresMÉXICO, D.F. (Proceso).- Con semblante serio, Eruviel Ávila recuenta, en uno de los debates televisivos, cómo él y los otros aspirantes a la candidatura del PRI en el Estado de México se sentaron a decidir que él sería el candidato al gobierno del Estado de México. Luego visitaron al gobernador Peña Nieto, que aceptó la decisión en silencio y “con respeto”. Mmmm. Es grande la duda si el orden de los factores fue así y si el poder de decisión no lo tuvo el gobernador.

En la elección del Estado de México hubo equidad entre los partidos contendientes. Mmmmm, otra vez. La cara de Eruviel Ávila estuvo en cada parabrisas de taxi, en más de la mitad de las bardas, en una cantidad incalculable de espectaculares, en cubetas de plástico rojo; por poco no fue proyectada día y noche en el cielo mexiquense, sonriendo como un dios omnipresente.

Y no, tampoco hubo acarreados ni compra de voto. Mmmmm, de nuevo y de nuevo. Esa gente que bajaba de camiones y se formaba a votar todos por Eruviel, ¿quiénes eran?, ¿futbolistas llaneros unánimemente entusiasmados por Eruviel? ¿Y ese señor que me calculó en Toluca el costo de un voto en mil 400 pesos, ¿quién era?, ¿un actor contratado por la oposición?

Bienvenidos al pasado: al reino de la simulación. La simulación: el trastocamiento de las causas y los efectos. Al juego de la bolita: ¿dónde quedó la verdad?, ¿bajo esta mentira o esta o esta? Bienvenidos a la cultura priista de la incapacidad de decir 2 más 2 son 4.

Mmmm: ¿bienvenidos al pasado priista? Sincerémonos: es imposible contrastar la simulación priista con la de los otros partidos existentes. Andrés Manuel López Obrador declaró que igual los dos partidos opositores hubieran perdido en una alianza, con un desprecio absoluto a la aritmética, que claramente muestra que una alianza hubiera equilibrado los números y acaso permitido una contienda real. Y Felipe Bravo Mena no tiene ni la menor idea de quién colocó un espectacular de la Virgen con la pregunta: ¿Por quién votaría ella?

Nadie supo, nadie sabe. El presidente del PRI, Humberto Moreira, NO colocó a su hermano como candidato en Coahuila. No: los coahuilenses clamaron por más y más Moreira, con toda libertad. La canciller de México NO retiró su nombramiento de agregado cultural en Alemania al escritor Jorge Volpi, por haber expresado una crítica a la guerra del presidente Calderón; no, se trató de un recorte de 27 funcionarios por causas presupuestales, aunque hasta hoy no aparecen los otros 26 funcionarios recortados.

Hagamos un esfuerzo de honestidad, porque en una cultura donde mentir es lo usual, apalabrar la verdad requiere concentración y ante todo mucho candor: nunca salimos verídicamente de la niebla de la verdad sospechosa en México. Llamar al pan pan y al vino vino, ha sido un proyecto cultural pendiente. Lo mismo que contar con policías que sean policías, y no criminales, políticos que sean políticos, y no comerciantes, con jueces que sean jueces, y no negociadores, empresarios que sean empresarios, y no políticos. Un doble discurso se extiende por el país desde siempre. En el discurso público se afirma lo que en el discurso encerrado en las oficinas se desmiente y se tuerce.

Nada de esto es noticia. Ojalá fuera noticia. Lo que ocurre es que en el año 2000 reverdeció la esperanza de una mayor claridad. Con la primera elección limpia donde ganó otro partido que el PRI, los ciudadanos creímos que llegaba una mayor limpieza. Con el debilitamiento del poder presidencial, pensamos que la prepotencia del poder daría paso al reino de la Ley.

“Nada puede suplir a la dictadura, si no es la Ley”. La frase fue acuñada por Francisco I. Madero a inicios del siglo XX. Tan antigua es nuestra aspiración de que algo externo al Poder rija la vida mexicana. Que algo externo al Poder distribuya las obligaciones y los derechos de los ciudadanos, de forma igualitaria. Y tan larga es nuestra decepción de que no suceda.

Tampoco hay que engañarse. El PAN, al ocupar la Presidencia de la República, tuvo la oportunidad de instaurar ese imperio de la Ley. Estaba en su genética partidaria el anhelo. Pero no bastaba el impulso de buena voluntad para hacerlo. No bastaba un presidente Fox dicharachero y decidor de verdades personales. No bastaba un presidente Calderón dispuesto a mencionar su biografía en los discursos. De hecho, no bastó.

Para que socialmente la cultura de la simulación diera paso a la cultura de la verdad y la Ley, había que reconstruir la cultura. Reconstruir: poner en ello esfuerzo, recursos, tenacidad. Sobre todo, hacía falta reconstruir las instituciones de la cultura teóricamente a cargo de la verdad y la Ley. Reconstruir el sistema policiaco, nominalmente encargado de investigar la verdad y perseguir a los malhechores y capturarlos. Reconstruir el sistema judicial, nominalmente encargado de discernir la verdad de la mentira, la inocencia del crimen, y aplicar sus consecuencias.

Otra cosa sucedió. Los panistas ocuparon las oficinas de las instituciones del Poder Ejecutivo, se asombraron de su lujo y sus instrumentos poderosísimos, se angustiaron por su inexperiencia, se preocuparon por no errar demasiado. Y en la preocupación se les olvidó cambiarlas, a las instituciones, y en cambio se acomodaron a ellas.

Se acomodaron a la cultura del Viejo Régimen. A la cultura de la simulación. Aprendieron sus formas. Se graduaron en priismo. No estuvieron ante una encrucijada para decidirse entre la Ley y la prepotencia: durante 11 larguísimos años han estado ante esa encrucijada. Y se han decidido, cada día, igual que en cada ocasión paradigmática, por el camino trillado.

“El PRI nunca se fue”. La frase es de Beatriz Paredes, la emitió siendo presidenta de ese instituto político. Se refería a que los gobernadores estatales del PRI nunca dejaron de gobernar a un sector numeroso de mexicanos. Pero igual la frase aplica a nuestra cultura política: el PRI nunca se fue porque el PAN, dos veces en la Presidencia, no impulsó una evolución a un Nuevo Régimen. De haber enderezado los pilares torcidos de las instituciones, de haber reconstruido la arquitectura social para recrearla con líneas rectas, el PRI hubiera tenido que elegir entre reformarse o perecer.

No tuvo que elegir.






1 feb 2011




Esta tristísima ciudadanía, señor presidente








Sabina Berman


MÉXICO, D.F., 1 de febrero.- El pasado viernes 20 de enero, el presidente nos preguntó a los ciudadanos qué nos pasa, que nos ve poco animados. Que parecemos tristes, que no compramos refrigeradores ni automóviles nuevos, para reactivar la economía, que no invertimos en el futuro, que dudamos del porvenir, y nada más hablamos de cosas funestas. Es porque los diarios escurren sangre, dijo el presidente, y no publican también las buenas noticias.

No sé, puede ser, señor presidente, que sea un asunto semántico. Que sea porque hace 10 años nuestras palabras predilectas eran democracia, crecimiento económico, reformas, vamos a sacar de México a patadas a las víboras tepocatas; y hoy nuestras palabras más reiteradas son explosión, descabezados, secuestro, extorsión, crueldad y robo, degollados, acribillados, ahorcados, levantados, encajuelados, y demás figuraciones de la muerte y el saqueo.

No sé, puede ser, señor presidente.

Aunque puede ser de más largo aliento nuestra tristeza. Puede ser que hace 10 años los ciudadanos y la oposición de izquierda y la de centro-derecha coincidimos en un diagnóstico del país: México tenía cuatro taras, cuatro pecados sociales, legado de un siglo de PRI. La corrupción de los gobernantes. Un sistema de justicia que era una farsa. Una policía en contubernio con el crimen. La incapacidad de los gobiernos para sostener un proyecto de desarrollo, que durara más de un sexenio, para llevar al país al Primer Mundo.

La coincidencia en el diagnóstico nos causó a los ciudadanos euforia. Estábamos por fin en acuerdo con algunos políticos. La euforia nos llevó a la gran mayoría a poner nuestros votos por sacar al PRI de la Presidencia. El primer presidente no priista nos pareció que abría la puerta hacia un siglo de democracia y prosperidad. ¡Un siglo! Sentimos ante la largueza del porvenir una serenidad alegre. Entonces empezó nuestro desencanto, señor presidente.

¿Cómo es que el PAN en la Presidencia, con un diagnóstico consensuado con los ciudadanos, ahora con los instrumentos del gobierno al alcance de la mano, no remediaba las taras del país? El PAN parecía haberse distraído. Alzó la vista a metas más arduas, que se probaron imposibles: íbamos a votar en un Congreso de mayoría priista la reforma hacendaria, íbamos a negociar con los restos del Viejo Régimen la reforma tal o cual. Y bajó la vista a miras más egoístas: íbamos a tener PAN por 30 años, aunque supuestamente éramos una democracia, íbamos a –corrijo: iban ellos a meter a todo su partido y sus familias a trabajar en la burocracia, iban ellos a luchar contra las libertades civiles de las mujeres y las minorías, en nombre de su admiración tribal al Vaticano.

No sé, puede ser por eso que andamos alicaídos, señor presidente. Como si hubiéramos sido engañados. O como si los panistas se hubieran engañado a sí mismos, y nos tocara a nosotros pagar el costo.

¿Cómo supuso el PAN que los pecados del PRI serían expiados de la vida social, sin un trabajo, sin una construcción mediante? ¿Pensaron: se evaporarán por sí mismos? ¿Pensaron: para expulsarlos basta una vaga buena voluntad? ¿O calcularon, más recientemente: al matar a cada delincuente del país, empezando por los más pobres, el sistema de injusticia, que reproduce y alienta el delito, se transformará en sistema de justicia, por medio de alguna oculta e indescifrable causalidad?

Lo que al ser humano daña, el ser humano puede enmendar con trabajo. Son palabras antiguas, de Confucio. Los ciudadanos intuimos que si el PAN hubiera sido implacable con la revisión de cuentas de los funcionarios públicos y con la aplicación de los castigos prescritos en la ley; que si hubiera revisado el quehacer de cada policía y hubiera suplido en etapas a la mayoría corrupta de los policías federales; que si hubiera hecho lo propio con los jueces; y que si hubiera aplicado su proyecto de liberalismo económico, con severidad, deshaciendo monopolios y premiando fiscalmente a los pequeños y medianos empresarios; en fin, que si el PAN hubiera traducido el diagnóstico de las cuatro taras en acciones que construyeran mejores instituciones, estaríamos viviendo en un país, disculpe la simpleza de la conclusión, mejor que el del siglo XX.

Fueron los panistas indolentes o débiles. Fueron ingenuos o cínicos. El caso es que los pecados sociales del país ahí están, los mismos que hace 10 años. Y si el PRI los creó, el pecado del PAN, aparatoso como un elefante en una estancia, es no haber construido en su lugar mecanismos virtuosos.

Puede ser que por eso nos ve malhumorados, señor presidente. Seré franca, por eso estamos incluso resentidos. A diario tropezamos con esas taras, y no logramos realizar nuestros planes personales sin que esos pecados nos desvíen.

Ahora que se acercan elecciones en seis estados y que de la elección presidencial dista un año y medio, usted nos culpa a nosotros de desánimo, de no querer invertir en nuevos refrigeradores y licuadoras, y para irritarlo a usted más, de que una mayoría de nosotros no vaya a votar por los panistas. Vaya, que incluso una mayoría de esa mayoría vaya a votar por el PRI. “El regreso del PRI (con sus pecados no expiados) sería una tragedia”, nos advirtió usted hace un mes.

Pues sí. Pero considere usted nuestra opción. O votamos por “la tragedia del regreso del PRI” o votamos por el PAN, con su buena voluntad abstracta y su guerra puramente destructiva, o votamos por la izquierda, si es que logramos adivinar su logo, porque anda pulverizada en demasiadas facciones.

Por eso nos ve preguntando: ¿aparte del PAN no habrá pastel? Y como hasta ahora no hay pastel, es que andamos tristísimos, señor presidente.



Dentro de la izquierda o màs bien dentro del PRD existen dos opciones , una , la de los chuchos que se dejaron corromper por Calderòn y otra , la de Andrès Manuel Lòpez Obrador , esta , es la unica y tal vez la ultima posibilidad de un cambio verdadero que le queda a Mèxico y usted lo sabe .......no se confunda sra. Berman .




2 dic 2010


Peña Nieto, el inevitable



Sabina Berman


MÉXICO, D.F., 2 de diciembre (Proceso).- Viste y camina como un presidente, con trajes a la medida y pasos decididos y enérgicos. Es recibido como un presidente por los gobernadores y el Secretario de Defensa lo pasea en un jeep de pie, como a un presidente. De cierto, en el noticiario nocturno de Televisa, sus actos de gobierno (cortar listones, dar discursos, pasearse entre multitudes que lo aplauden), ocupan cada noche más tiempo que los del presidente en funciones. Y su boda de este domingo con la primorosa Gaviota, es un asunto que se trata con el recato, y sin embargo la difusión masiva, que ameritaría la boda de un presidente de la República.

Tratándose de Enrique Peña Nieto, conviene recordar el cuento de Mario Benedetti llamado La Expresión, y que acá parafraseo al vuelo.

El pianista consagrado entra al escenario en un frac y con un porte de pianista consagrado. Con ambas manos vuela hacia atrás las colas del frac, toma asiento ante el teclado, se calienta los dedos sobándolos entre sí, y entonces alza las manos en un gesto dramático para luego irlas bajando hasta posarlas en sus rodillas.

¿No sabe tocar el piano? ¿Nunca lo supo o piensa que no es ya indispensable? Nadie lo sabe, ni siquiera él mismo.

Pero sus hombros agachados, las sacudidas de su melena, sus ojos en éxtasis, dan cuenta de las maravillosas frases musicales que debieran estarse escuchando, y el público contiene la respiración ante un concierto inaudible, pero de seguro inolvidable.

Seamos francos: ¿qué ha hecho el gobernador Peña Nieto en su estado para ameritar ser el puntero indiscutible en la contienda por la presidencia de la República?

Formuló algunos compromisos y ha ido cumpliendo la mayoría, y que deslumbre que un gobernador fije objetivos y los cumpla, habla más del estado lamentable de nuestra clase política que de su promesa como presidente. Es justo en cambio preguntarse si ha transformado de fondo al estado de México, con consecuencias importantes. Si durante su mandato ha repuntado el producto interno bruto. Si la proporción de pobres ha cambiado. Si la educación mexiquense se ha vuelto excelente. Si hay una pléyade de toluqueños geniales, que revolucionan la empresa privada o las artes o la literatura mexicana. Si los feminicidios han desaparecido. Si la criminalidad ha sido abatida.

Por fin el pianista exhala y en un movimiento exasperado se alza, la melena revuelta, el rostro sudoroso, y el público, que nada ha escuchado, aplaude como hipnotizado, se pone en pie y ovaciona.

Lo que sí nos consta que ha hecho el gobernador Peña Nieto de forma incomparable, ha sido propagar su estampa por cada medio masivo del país y crear la sensación de inevitabilidad de su ascenso a la presidencia. Pero si atendemos con cuidado a las noticias que de él mismo ha propagado, nada nos dicen de su estilo personal de gobernar y mucho menos de un proyecto para el país acuñado detrás de sus pestañas.

En cambio, esto es lo que nos dan saber sus dichos y sus fotografías con los personajes más poderosos de México.

Nos hacen saber que Peña Nieto sabe tejer alianzas con todos y cada uno de los poderes fácticos del país. Igual sonríe junto a Elba Esther Gordillo que a Carlos Salinas que a los tres directores de los periódicos de mayor circulación. Igual frunce el cejo, en señal de enjundia, junto al Secretario de Defensa, que se inclina solícito, en señal de deferencia, junto al Papa Benedicto XVI.

Y también esto sabemos por sus declaraciones públicas. Aparte de querer ser nuestro presidente y de saber cómo lograr llegar a serlo, por lo pronto no ha tenido tiempo de articular un proyecto para la nación. De cierto, en su primer discurso dedicado precisamente a declarar sus ideas sobre el país, durante la comida de Líderes Mexicanos el pasado mes de septiembre, lo que inquietó a los comensales fue la retahíla desordenada de lugares comunes.

“Lo que hoy se dice de nuestro país en el extranjero no es bueno... Debemos hacer un mayor esfuerzo para que también lleguen las buenas noticias al extranjero”. “El esfuerzo (en educación) debe estar orientado de manera decidida a elevar su calidad”. “Además de que la cultura de respeto al medio ambiente perneé a toda la población… también las inversiones públicas deben estar encaminadas a impulsar un desarrollo sustentable”. “Se equivocan aquellos que suponen que el avance de la democracia debe pasar por el regreso al viejo régimen”. Y en cuanto a la terrible inseguridad que vivimos, “el gran reto es combatirla frontalmente, para dar seguridad a toda la población mexicana”.

Lo de Peña Nieto parece ser operar lo que ya existe. Mover las piezas del sistema tal y como está. De nuevo: pactar con los poderes existentes. En otras palabras, lo que hasta ahora Enrique Peña Nieto nos ha comunicado de sí mismo, es que él es el garante de que en México nada cambie.

“Cambiar para que nada cambie”. La frase no es de Confucio ni de un gurú Zen ni un acertijo medieval. Es de Jesús Reyes Heroles, el ideólogo principal del PRI de la segunda mitad del siglo pasado, y fue acuñado en tiempos en que la mayoría de los mexicanos creía que las desventajas de la dictablanda priísta eran compensadas por la paz social y un gradual progreso.

Ante nuestras condiciones actuales, no cambiar de fondo sería condenarnos a prolongar el declive que vivimos. Ante las oportunidades del siglo XXI, no cambiar para aprovecharlas, sería conformarnos con esta despaciosa caída. l





26 ene 2010



Las confusiones de la derecha mexicana




Sabina Berman



MÉXICO, D.F., 26 de enero.- Estimado presidente del PAN, Norberto Rivera.

Estimado arzobispo de México, Monseñor César Nava.

Muy guapa representante del Vaticano en México, Sor Mariana Gómez del Campo.

Me permito dirigirme a ustedes para aclararles ciertas confusiones que padecen y confunden mucho el debate público.

1. El nuevo derecho de las parejas homosexuales para casarse ante la Ley, por lo pronto sólo en el DF, NO los obliga a ustedes a casarse ni a casarse con alguien de su propio sexo. Ustedes, como cualquier ciudadano en una democracia, pueden seguir sus preferencias eróticas, mientras no dañen a terceros.

2. No es aconsejable que ustedes defiendan con argumentos científicos su convicción de que todos debemos obedecer ciegamente las palabras de Juan Pablo II, porque el papa Juan Pablo II no era darwinista, y nuestra ciencia contemporánea lo es desde hace 150 años.

3. Por favor, ya no metan a los perros en sus argumentos teológicos disfrazados de zoología; y esto por varias razones.

a. Como no le saben, se hacen muchas bolas. Así, el mismo mes oímos al arzobispo de Morelia diciendo que ni los perros se montan uno a otro siendo ambos del mismo sexo, y luego oímos a Esteban Arce decir que sí lo hacen pero atacados de demencia animal, y luego escuchamos al padre Chedraui afirmando que los humanos no son perros, porque los perros sí pueden ser homosexuales y los humanos no deben.

b. Mi perra es lesbiana y merece respeto.

c. Los perros y las perras son de moral sexual abiertísima: amén de que abundan los bisexuales, todos se montan y se frotan aun hasta contra las piernas de sus amos. (¿Cómo se llama eso? ¿Piernastía?) Por eso elijan a otra especie para argumentar contra la laxitud sexual.

4. Ya que para ustedes la zoología es una ciencia remota, les develo el misterio. Existen mil 500 especies donde se da naturalmente la homosexualidad. Sería informativo que visiten en internet el sitio ¿Contra la Naturaleza?, que incluye fotos de estas especies. Ahí uno ve jirafas hembras montándose entre sí desde atrás; leones machos fornicando muy virilmente, primero uno sobre otro y luego el otro sobre el primero; cacatúas rosadas machos ayuntándose mientras baten las alas. (Por cierto que entre estas cacatúas rosadas la homosexualidad es de 44%, lo que se explica acaso por su color: el rosado.) Lo dicho, hasta completar mil 500 especies.

5. ¿En serio esa es la aportación del PAN al siglo XXI? ¿Controlar contra quién cada quién se enamora? ¿Controlar el orgasmo ajeno? ¿Meterse entre las sábanas y entre las piernas ajenas? Ya, amigos panistas, basta: están gobernando; hay problemas reales, no fantasiosos como el daño que le produce a una abuelita en su decencia (¿en qué parte del cuerpo está eso?) el beso de dos señores en la calle. (Hay abuelitas de 30 años, y de ambos sexos: me refiero al espíritu viejo o joven.)

6. Mientras más gente de más tipos y clases se bese en la calle o en sus camas, yo soy más feliz. Lástima que ustedes al revés.

7. El arzobispo Chedraui declaró a la prensa recientemente que un niño se enteró de que su papá era gay y “de inmediato se suicidó”. Señor arzobispo Chedraui: el niño se suicidó por tener en su cabecita historias espantosas como la que usted relata.

8. Premio a la mejor objeción panista a que los gays adopten niños: los niños sufrirán de discriminación (suponemos que a cargo de ustedes, el panismo vuelto curia).

9. Ya, señores y señoras, de veras gobiernen. Planeen algo saludable para el bien común. Hagan crecer el producto interno bruto. Disminuyan la pobreza. ¿Qué tal una mejor educación primaria? Gobiernen, señoras y señores del PAN; para eso viven de nuestros impuestos, no para indignarse con el orgasmo ajeno.

10. ¿Qué país piensan dejarnos para el 2012? ¿Un país fracturado en cuántos pedazos? ¿Cuántos más odios van ustedes a encender?

11. Lo que se promete en una campaña política generalmente se intenta cumplir. Si el candidato Calderón dijo: “respetaré el Estado laico”, era de suponerse que lo respetaría. Lástima, ahora calla y los deja operar a ustedes lo que será la mitad de su legado: el impedimento de las libertades individuales. La otra mitad, una guerra que no cesa.

12. Su encuesta a los ciudadanos del DF intenta probar que la mayoría no aprueba la adopción de hijos por una pareja gay y, por ende, según su lógica, debería anularse la nueva ley que lo permite. Es tan brillante la idea de ustedes, que su encuesta merecía una pregunta más: ¿Votó usted por un legislador del PAN? Ya sabemos la respuesta: muy pocos en el DF votaron por un legislador del PAN. Por ende, y según la lógica de ustedes, debería retirarse del Congreso del DF la minoría panista. ¡Mueran las minorías! (Excepto a la que yo pertenezco.)

13. Oigan, por último: ¿Cuándo se confundieron un partido, el PAN, y una Iglesia, la vaticana? Hoy día uno parece vocero y mano activa de la otra, y viceversa. Las mismas declaraciones, los mismos odios, una sola estrategia. La misma incomprensión de la vida democrática.

14. Relájense. Dejen ser a su prójimo. Ámenlo como a sí mismos. Relájense. Por ahí empieza la vida democrática.