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1 feb 2011


Carlos Salinas y el nuevo IEPES



Marco Rascón


Para la inquisición de los políticamente correctos, confieso que lo he leído de cabo a rabo y no me queda duda: Carlos Salinas es el demiurgo que armoniza las ideas de la restauración priísta. Es el encargado de cambiar de piel al dinosaurio y ponerle una de ternera. Es él ahora quien encarna y sustituye la función del viejo Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES), que elaboraba las plataformas de campaña de los nuevos presidentes y donde se perfilaban los nuevos ministros. Carlos Salinas ha sido convocado y contratado para hacer este trabajo, aunque él haya tenido que reinventar su historia política y, sin necesidad de la autocrítica, acusar a otros de su propia obra.

Apoyado en la falta de memoria y la debilidad intelectual de la izquierda en los últimos tiempos, acorralados por el seguidismo y la anulación de la crítica, Carlos Salinas, en gran maniobra, inventó a sus críticos, que pronto desaparecieron, y ahora los priístas pueden ir con su Democracia republicana bajo el brazo, considerándose desde ya los dueños de la oposición contra la derecha, los nuevos constituyentes del centro político, la unidad nacional y los reivindicadores del poder ciudadano contra los “excesos del mercado y del Estado”, según Salinas.

Frente a la lectura y sólo desconociendo por interés lo que representa Carlos Salinas en el poder en México, muchos intelectuales caerán seguramente, ante las ansias de creer en algo. Este libro y su contenido, presentado como la propuesta para una “alternativa ciudadana”, reivindica hoy el concepto de la “soberanía”, mismo que desde Televisa Octavio Paz y algunos intelectuales de la época intentaron destruir, bajo auspicio del salinismo en aquello que se llamó Coloquio de Invierno, donde Mario Vargas Llosa vino a soltar lo de la “dictadura perfecta”, que abrió el distanciamiento con Octavio Paz. El tema “modernidad” contra “soberanía” fue la brecha para justificar las privatizaciones, la integración económica y la sustitución de la rectoría del Estado por el libre mercado, que hoy es nuestro presente

Hoy, Carlos Salinas puso de cabeza sus mismas tesis, olvidando el uso y abuso del Estado para impulsar desde ahí lo que sería la ruta hacia el neoliberalismo. Hay que recordar que si alguien puso los cimientos del neoliberalismo fue Miguel de la Madrid y que, para la memoria histórica nacional e internacional, fue Carlos Salinas el padre del neoliberalismo mexicano y la ruta “hacia la modernidad”.

Hoy el olvido no es patrimonio exclusivo de Carlos Salinas, sino de todo su grupo compacto, que hoy se inserta lo mismo en el lopezobradorismo, en el panismo o el priísmo. Es una maniobra de ideas sin autoridad política para llevarlas a cabo; en la Democracia republicana son muchos conceptos válidos en camino de ser desprestigiados. Ya antes, con el mismo método de suplantación, se oficializó el concepto de “solidaridad”, forjado durante años por los socialistas ante la represión y en particular en los sismos de 1985, para denominar su programa contra la pobreza extrema.

Carlos Salinas recicla en su libro viejos textos de política popular. Habla de la necesidad de la “acción popular” con “autonomía” y pasa recogiendo diversos conceptos de los clásicos griegos y romanos, Gramsci y hasta Marx para construir su versión de la autonomía social con la participación de sindicatos con poder estratégicos “capaces de parar la producción (sic)”. Se infiere que son el SNTE u otros del mismo sistema corporativo.

Sorprende cuando define que uno de los principales problemas de México es Estados Unidos, “nuestra Roma” (p. 133), y de ahí, la necesidad de luchar por la soberanía, lo cual los Goebbels de la campaña de la restauración priísta presentarán como un movimiento nacionalista, por la autonomía e independencia de la sociedad, por la justicia social, contra los abusos del capital especulativo y la pobreza. Es decir, un proyecto oligárquico con propuestas antioligárquicas.

Como parte del guión de la reunificación priísta, Ernesto Zedillo ha guiñado de manera traviesa que el PRI, su partido neoliberal, regresará al poder en 2012. ¿Qué tanto representa en el PRI Carlos Salinas y qué tanto Zedillo en esta trama?

Para nadie es un secreto que la presidencia del PRI de Humberto Moreira pone a Elba Esther Gordillo en el centro de la escena, pues sus relaciones dan lo mismo para Enrique Peña Nieto que para el PRI de distintos paleolíticos y muy particularmente para Carlos Salinas, su gran mentor.

Por todo ello, hoy en el PRI se reagrupan para la restauración y hasta perdiendo ganan, como es el caso de Guerrero. A partir del trabajo de Carlos Salinas en su papel de IEPES del PRI, el futuro se cierne complejo y de grandes tareas para los que buscan en verdad construir una alternativa ciudadana democrática e incluyente.

No es con insultos vacíos como el programa de la restauración hecho por Salinas deberá ser enfrentado; no se puede luchar contra ideas complejas, que entrelazan lo válido y lo antihistórico, con simplezas.

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21 sep 2010


El sismo que viene…



Marco Rascón


Lo telúrico es lo de menos. Un país paralizado es más riesgoso que el que vive bajo la lava hirviente o el deslizamiento de las placas tectónicas.

El tiempo es lo de menos en este cuerno lleno de acechanzas, cenizas, volcanes, ríos desbordados, que ahora estallan con violencia crónica como el terremoto del 19 de septiembre de 1985, que propició muchos de los cambios de México. Estamos preñados de tragedias que, a diferencia de hace 25 años, están en manos de las instituciones, los gobiernos paternales que vigilan celosamente que nadie se organice, que nada cambie ni se altere. La obsesión es un regreso continuo a la normalidad.

Lo cierto es que la vieja y la nueva estabilidad, venida del régimen revolucionario y de la alternancia, se están yendo al carajo y que, a 25 años, hay un sismo de la identidad nacional que se necesita, y viene de la unidad inaguantable, los odios crecientes, complicidades oscuras y un cementerio de virtudes que las fiestas conmemorativas no lograron cambiar ni apaciguar. Todos los fantasmas de nuestros desacuerdos y traiciones están de nuevo presentes y ya ni los valores comunes, como la Independencia o la Revolución, mantienen la unidad del país.

Los abusos de la vieja unidad nacional impuesta en el viejo régimen; matriz de exclusiones, represión y corrupciones, nos llevaron a cambios simulados que hoy son el reino de los demagogos y simuladores, artistas de las derrotas y de alternativas groseras que esperan hacer lo que no hicieron en mejores condiciones y en su momento. Para un país paralizado no hay mejor venta que las esperanzas, pues éstas no son compromisos claros o convocatorias, ni planes, ni ideas, sino simplemente la espera de que algo suceda sin que hagamos nada. En ese sentido, 2012 no es nada; es menos que los fuegos artificiales de este 2010 y es igual a la espera de la segunda llegada del Mesías.

Esperar así es una derrota; nada tiene que ver con el humanismo ni con la historia. Es la pasividad que el poder de los injustos requiere para perpetuarse; es la adormidera de la ilusión esparcida en las plazas para entrar por una calle con el puño en alto y salir por otra, con las manos vacías.

Eso no es movimiento ni lucha, sino continuar construyendo sin cimientos para que cualquier viento derrumbe los esfuerzos. Lo peor es que lo que supuestamente nos representaría frente a la libertad del voto y como opción está hecha de llamados a la esperanza, a repetir los mismos errores, a creer que con la vulgaridad de los insultos y la presentación de la ambición como actos de humildad será suficiente para acabar con los males del país.

Hay un sismo predecible en puerta; y es que la izquierda –que por un proceso histórico llegó a gobernar la capital del país– perderá el bastión antes de 2012. El sismo de la izquierda será perder antes de la batalla. La discordia está sembrada y llena de cálculos y simulaciones. No está en disputa la Presidencia, a la que con sus actos renuncian, sino el Distrito Federal, al que dividen y provocan. Para las oligarquías, si la izquierda a partir de 2000 fue funcional, hoy ya no es necesaria, pues ahora hasta los priístas son los que denuncian abusos del poder, nepotismos y corrupciones, como en Zacatecas, sin que exista fuerza o intención para la réplica.

Igual que el partido del viejo régimen se esparció entre todas las fuerzas políticas del país para sobrevivir, hoy todas sus partes fragmentadas trabajan uniéndose para la restauración. Desde todos los sectores políticos se gesta la restauración y la salida autoritaria a la crisis nacional. Es la idea más perversa de todas: la que grita que cualquier cambio y esfuerzo terminará donde mismo, sirviendo de combustible para perpetuar los mismos y viejos intereses que han hecho de México un país atrasado, sin identidad y sin rumbo. La que el priísmo restaurador señala con regocijo.

El sismo que viene será provocado por la incapacidad y la desesperación que abraza a quien lo hundió; por llegar a la falsa conclusión de que la única manera de vivir y soportar la decadencia presente es renunciando a la memoria.

El sismo que viene, también es hundimiento, implosión de fuerzas y un optimismo basado en la idea de que los cambios no tienen raíces y que el priísmo es la genialidad de regresar al poder, apoyado por los adversarios delirantes, incapaces de unir y construir.

De manera real y figurativa, vivimos entre volcanes, tierras de huracanes, víctimas de las sequías y las inundaciones, colapsados y damnificados crónicos, entre la guerra sin frentes ni retaguardias e indignados por las comparaciones estando peores. Lo que queda en pie es el mismo pueblo trashumante que lo fundó: sus macehuales, trabajadores y cultivadores; sus artesanos y sus artistas; sus poetas, músicos y creadores de valores y cultura; las fuerzas de miles de manos frente al dolor, los solidarios; los mismos que el 19 y 20 de septiembre de 1985 vieron la ciudad destruida y la levantaron.

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25 may 2010


Diego en el laberinto



Marco Rascón

Si el príncipe calla, el pueblo especula, diría Maquiavelo. No hay mesa ni bar, café o mercado, donde no seamos inquiridos unos a otros con la misma pregunta ¿Quién crees que fue?”

Razones económicas hay: los medios pasan una y otra vez la propiedad de Diego Fernández de Cevallos donde se afirma que desapareció, pero no se sabe si es a manera de testigo o también de garantía para el monto del rescate. Ha sido público que el despacho de abogados encabezado por Diego Fernández de Cevallos camina paralelamente entre el litigio contra instituciones del Estado y el influyentismo político. Él mismo ha sido defensor público sobre el derecho a ser legislador y litigante al mismo tiempo. Esto ha significado que las derrotas jurídicas por indemnizaciones han sido ganancias millonarias para su despacho. Lo que pierde como político lo ha ganado como abogado.

Razones de la guerra también existen: Diego Fernández de Cevallos pertenece al mismo partido que como gobierno le ha declarado la “guerra al crimen organizado” y que lleva ya en dos años más de 23 mil muertos, de los cuales más de 90 por ciento (según el mismo Felipe Calderón, jefe supremo de las fuerzas armadas) son bajas de los criminales, y el restante 10 por ciento, sólo daños colaterales menores, policías y militares, muchos de ellos que no se sabe aún de qué lado de la guerra estaban. En esta guerra, superan los muertos a los apresados; hay un limbo de arraigados que espera que los investigadores les reúnan pruebas de culpabilidad. Mientras, no los presentan al juez, pero tampoco están libres por falta de evidencias tangibles. Las cárceles explotan por el hacinamiento y, si las prisiones son el reflejo de un país y su impartición de justicia, en México no podemos esperar que haya un solo rehabilitado. Las prisiones aquí son el infierno de los mexicanos en la tierra.

Razones de la política: en sentido estricto, es el tercer secretario de Gobernación. Luego de la muerte de Juan Camilo Mouriño, a Diego le propuso el mismo presidente asumir el cargo. No aceptó, declinó, pero no dejó la vacante y propuso a Fernando Gómez Mont en Gobernación y a Arturo Chávez Chávez como procurador, ambos integrantes de su poderoso despacho. Desde ahí, muy a su estilo, rudo en el decir, pragmático en el actuar, se proyectó el convenio con Enrique Peña Nieto y Beatriz Paredes para prevenir alianzas contra el PRI entre PRD y PAN. Diego se manifestó en contra y el firmante por el gobierno, su subordinado, Fernando Gómez Mont, al no ser honrada su palabra por el presidente de su partido, renunció al PAN. En ése y otros temas, Diego Fernández ha discrepado de la conducción presidencial y, aplicando la ley 16 del manual de Robert Greene sobre las 48 leyes del poder –que aconseja “[utilizar] la ausencia para incrementar el respeto y el honor”–, se ha declarado en retiro. Al momento de su desaparición (para mantenernos en los términos oficiales), Diego era parte de la discrepancia sobre las alianzas de su partido y tenía gran influencia en la política gubernamental desde secretarías de Estado claves. Por eso hoy, pese a su práctica de desaparecer como en 1994 en la campaña presidencial, está más presente que nunca y tendrá relevancia si el 4 de julio próximo hay una gran derrota, de la cual él está deslindado.

La guerrilla: el EPR ya se deslindó, pero el atentado contra Arturo Acosta Chaparro un par de días después de la desaparición, quien, según versiones de los mismos familiares de Diego, había sido contratado para las negociaciones, ha sugerido que la guerrilla de izquierda podría ser la autora. Días antes una declaración de Alfonso Navarrete Prida, ex procurador mexiquense, anticipaba sobre la existencia de una narcoguerrilla.

Intereses particulares: se habla de que Diego tenía muchos agraviados por litigios y, por tanto, es una venganza. Esto le gusta sugerirlo al mismo gobierno, pues dejaría todas las cosas como están; es decir, la guerra, la política, la guerrilla y sólo Diego perdería un poco de su riqueza material.

Sin embargo, en el contexto, la desaparición se da horas antes del viaje a la cumbre en España y la visita de Estado a Washington. Una agenda largamente preparada es modificada y sirve para dar contexto a que los congresistas estadunidenses nos aplicaran el “atole con el dedo” que don Porfirio repartía en el Zócalo con motivo del centenario de la Independencia: Ovaciones y ninguna respuesta; buena amistad, pero los negocios son otra cosa.

Los autores del delito, o son profundamente despolitizados, como afirma Felipe Calderón, o tocan como el burro la flauta, pues el hecho da para todo: financiamiento, sentar al gobierno a negociar y hasta cobrar facturas políticas internas en el PAN.

El gobierno y los familiares demandan: ¡que nadie especule! Mientras tanto, Peña Nieto, con el caso Paulette, aprovechó los reflectores apuntados a Diego Fernández de Cevallos en el laberinto y salir del reto colocado por la niña, que dejó constancia pública del tamaño que tienen y de lo que viene, si ésos nos gobiernan.

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18 may 2010


¿Hacia una autopsia nacional?



Marco Rascón

El país no está hospitalizado ni en urgencias: se encuentra en el forense. Nos mienten cuando nos proponen medicinas o curas y sólo quisiéramos saber qué causas han matado a la nación; si fueron los intereses minoritarios, los monopolios, las políticas fiscales, la violencia oculta tras el paramilitarismo gubernamental, la partidocracia; si ha sido envenenamiento por entreguismo, por injusticia, por frustración, ineptitud o demagogia generalizada.

¿Quién mató al país? ¿Cómo lo hizo? ¿Quién levantará el testimonio de las heridas profundas, como la gran pobreza social y la descomposición de las conciencias? ¿Fue el puñal oxidado del viejo régimen o la bala moderna de los que ahora gobiernan? ¿Alguien podrá señalarnos que el bicentenario y el centenario no es un festejo, sino es funeral?

Se cree que el país está vivo porque lo mueven los gusanos. Los olores de la descomposición están por todas partes y hay un llanto seco para cada tema, cada caso, cada versión de violencia, robos al erario, ineptitud legislativa, discursos presidenciales, boletines oficiales y falta de alternativas. Con todas las tribunas, discursos y noticias se podría hacer un gran panteón donde se izara un paño negro en vez de la bandera tricolor, el águila y la serpiente.

“¡La Constitución ha muerto!”, dijeron hace cien años los magonistas, y el país resurgió de entre sus facciones, fraudes y tragedias. Hoy, el país sólo resurge los domingos, porque la clase política, los legisladores y los funcionarios no trabajan ese día. ¿Cómo resurgirá el país, tras esta muerte de la nación?

El caso de Diego Fernández de Cevallos ha abierto una nueva etapa: se han cruzado ya, de manera franca, la violencia sin adjetivos con la violencia política. Lo que asomaba hoy se hace presente más allá de cualquier versión oficial o desenlace.

El atentado llega, certero, en medio de las divisiones de los panistas, la perspectiva de carro completo de los priístas, el naufragio aliancista y sus múltiples precandidatos de fantasía, agudizando todas las percepciones. ¿Es Fernández de Cevallos rehén del crimen organizado? ¿Fue El Chapo o El Mayo Zambada en una nueva etapa politizada y con un alto sentido de la oportunidad antes de las elecciones estatales de julio? ¿Son el resultado de las versiones recientes de Alfonso Navarrete Prida, ahora diputado de Enrique Peña Nieto, sobre la narcoguerrilla? ¿Cuál es el mensaje de fondo y de quién para quiénes?

Más que la percepción ciudadana, la vulnerabilidad gubernamental es asombrosa gracias al desgaste de la credibilidad y al desparpajo de la administración de justicia en todos los niveles. Cualquier escenario tiene hoy amplias repercusiones sobre la gobernabilidad del país y, en el atentado a Diego Fernández de Cevallos, un desenlace corto o uno largo es parte ya de un hecho político, independientemente de los objetivos que se hayan propuesto los secuestradores.

La opinión pública pasará de investigar el caso Paulette, llevado al secreto luego de haberlo ventilado a los cuatro vientos, a ser el investigador colectivo de lo que se esconde sobre la desaparición-secuestro de Diego Fernández de Cevallos, hombre emblemático de la derecha mexicana.

Esto tiene como base los antecedentes de Diego no sólo como político, legislador y litigante, sino como representante de una disidencia frente al gobierno actual de Felipe Calderón, sumido en el pragmatismo. Hay que recordar que en el Partido Acción Nacional, a lo largo de estos 22 años, todas sus facciones han sucumbido al pragmatismo, desde la misma que encabezó Fernández de Cevallos en 1988 junto a Luis H. Álvarez en favor de Carlos Salinas; luego la de 1994, cuando se tiró al piso tras “ganar el debate” y desaparecer de la campaña para dar su lugar a Ernesto Zedillo; siguiendo con la de Vicente Fox que, tras anunciar “la expulsión del PRI de los Pinos”, terminó pactando con él. Felipe Calderón, entonces crítico, disidente y desobediente, cambió también la ortodoxia por los arreglos que no lo han hecho fuerte, sino vulnerable.

Hoy nuevamente el rumor tendrá más fuerza que las versiones oficiales; todo el país sin duda desarrollará su fantasía sobre las implicaciones de esta nueva vuelta de tuerca a la confusa situación nacional y el imaginario colectivo.

Asusta también que, mientras Felipe Calderón calificó su ofensiva de “guerra contra el crimen organizado”, uno de los principales jefes de ese ejército albiazul con verde olivo anduviera solo como “simple ciudadano”, a manera de deslinde, sin responsabilizarse de lo que él mismo representaba como objetivo. Hoy se puede ver claro, lo que no vieron los propios aparatos de inteligencia gubernamental, y se desprende de la subestimación de la que fue calificada de “ridícula minoría” por el mismo Calderón.

Con este caso queda claro que la violencia avanza hacia todas las esferas de la sociedad y alcanza a la clase política. Lo grave es que, de nuevo, no sabremos nada y todo acabará en el mismo molino de mentiras.

Diego Fernández, en esta coyuntura, será todo, menos un desaparecido.

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2 feb 2010


Candidaturas independientes: ¿quién es de derecha?






Marco Rascón


Poseedores del centro, gracias a la sapiencia del lopezobradorismo que se apropió de la izquierda y se definió contra la derecha, los priístas están de plácemes ejerciendo el poder, anticipándose a 2012, y ahora resulta que son los que definen la derecha y la izquierda, gracias a la inexistencia de oposición a ellos y a que ejercen el poder sin tenerlo formalmente.

El tema de la reforma política, en manos de la partidocracia y en particular de la mayoría priísta en el Congreso, nos revela el grado de descomposición de la política que avanza hacia el retroceso, disfrazada de cambio frente a la incompetencia y los errores de quienes sustituyeron la transición por tregua… o unas vacaciones merecidas del PRI, ahora de regreso.

Aun antes del debate de la reforma política el priísmo es el representante de las políticas contra el derecho de las mujeres al aborto; es el que perfila la campaña de 2012 en alianza con el Vaticano y la alta jerarquía católica; es el gran defensor de los monopolios económicos, del proteccionismo, la política fiscal injusta que exenta a la oligarquía y aprieta a los trabajadores y pequeños y medianos empresarios.

El tricolor regresa, gracias al desprestigio de la izquierda y la derecha, quienes ahora, en un acto desesperado, pretenden unirse en elecciones locales cuando despreciaron 2006, a pesar de que ambas sumaban 70 por ciento de la representación legislativa nacional, lo que les daba la posibilidad de establecer las bases de un sistema político nuevo y moderno.

Cuando el PRI se lanza impunemente contra las candidaturas independientes y otras demandas políticas ciudadanas, apoyado por el PRD, destaca la falta de respuesta ciudadana, la manipulación y la confusión. Los líderes del PRI agradecen la decisión de Felipe Calderón de apropiarse de demandas ciudadanas contra la partidocracia, porque esto sirve de pretexto para rechazar su contenido a cambio de negociar nuevas prebendas para el priísmo.

El crimen es perfecto: rechazar toda reforma que amenace la partidocracia, usando el desprestigio y la debilidad de Calderón, quien se ha apropiado de las demandas ciudadanas, pero es incapaz de defenderlas. Es obvio que desde la sociedad, en su sentido más amplio y plural, las candidaturas independientes tienen respaldo mayoritario y que, al contrario, en el seno del Congreso y los partidos son un gran peligro para el sistema actual que corporativiza y ha secuestrado la representación política nacional.

Las candidaturas independientes no son parte del programa de la derecha oligárquica, sino de los esfuerzos de la izquierda democrática que luchó por abrir los derechos de los ciudadanos. Es lo primero que negociaría Felipe Calderón a cambio de terminar su sexenio, ya concluido.

Si Vicente Fox fue por sus disparates un fracaso en broma, Felipe Calderón es un fracaso en serio. En su incompetencia, tanto el panismo como el lopezobradorismo le entregaron al PRI el boleto de regreso.

Gran ejemplo de errores es el PRD, que hoy se alía simultáneamente con el PAN en elecciones de varios estados, para sacar al PRI, y con éste para frenar toda reforma política que afecte la estructura de prerrogativas y subsidios de la partidocracia. Estas alianzas revelan falta de principios, programa y proyecto, y han abierto el país al viejo régimen. Para ocultar el alto nivel de agresión a las demandas ciudadanas y ampliar los derechos políticos a votar y ser votados, nada mejor que definir como “de derecha” las demandas ciudadanas por el derecho a las candidaturas independientes.

Hoy es imposible llamarse a engaño y no ver el regreso del viejo autoritarismo, la misma corrupción y las grandes alianzas con los sectores más conservadores del país. Así, la semana pasada, en cónclave de fuerzas políticas en pasarela y bajo un supuesto “seminario”, éstas se definieron casi de manera unánime contra los aspectos centrales de las demandas ciudadanas que hicieron presencia en las elecciones pasadas y reflejaron el agotamiento del actual sistema político y electoral en México. Las propuestas de reformas y el debate fueron llevados automáticamente al terreno de la polarización y la negociación de intereses. Lo que hoy vivimos es una gran alianza partidaria contra las demandas ciudadanas.

Es por ello que los movimientos por la democratización del sistema político no pueden aceptar esta definición desde el priísmo contra las candidaturas independientes. El silencio perredista no es aval, sino claudicación, y por ello es cada vez más urgente abrir por encima de la partidocracia y generar las bases de nuevos movimientos democráticos.

Si revisamos la historia de las demandas políticas democráticas, veremos que la lucha incesante es por abrir y ampliar, contra la manipulación mediática y el clientelismo. La reforma no es de derecha; la contrarreforma sí, y la partidocracia también.

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Sólo una aclaración con respecto al párrafo 8 (de arriba para abajo) : Tal vez el panismo y el Lopezobradorismo (entiendase PT , Convergencia y la corriente obradorista , Izquierda Unida del PRD ) le entregaron el boleto de regreso al PRI , pero definitivamente no así Andrés Manuel López Obrador ; si bien es cierto que todos se están aliando con el PAN , en esa carrera de obtener triunfos para conseguir en unos casos (el PAN) el poder por el poder , y en otros ( el PT) , simplemente para no perder el registro , y ambos para debilitar al PRI con miras al 2012 , hay que dejar bien claro que López Obrador aparentemente no está participando de esta orgía política .


Ahora bien , Andrés Manuel está completamente atado de piés y manos , ¿que puede hacer éste si todos sus aliados han decidido olvidarse del fraude de 2006 , si es que quiere competir en el 2012 por la presidencia de la República? , pues muy poco , por que al día de hoy está severamente distanciado del PRD en cuanto a su dirigencia se refiere (los chuchos) y en un descuido y si el diablo (calderón) mete las manos , no lo van a candidatear y si ahora se bronquea con el PT , ya no le quedarán opciones para postularse . Y para cambiar este país de adeveras , primero hay que tener el poder ; hijole , de verdad que la política es un asco , pero todavia sigo creyendo en ti , AMLO , nomas no me falles .









29 dic 2009



Ciudadanos inocentes



Marco Rascón

Presos y oprimidos por un sistema de partidos cerrado, intereses económicos monopólicos, clientelismo, corporativismo y medios de comunicación centralizados, los ciudadanos de México han perdido, si acaso alguna vez tuvieron, los derechos a los que han aspirado como parte esencial de una nación independiente.

La inocencia ciudadana en México ha sido ilimitada. Los gobiernos han tutelado sus derechos en lo general, mediante formas que derivan en el autoritarismo, la represión y el control de las expresiones. Las redes de manipulación, discrecionalidad y corrupción son inherentes al Estado mexicano y obstruyen el paso a la verdadera representación política, el camino de las reformas y el ejercicio de la justicia.

La Constitución política que nos rige tiene dos formas de ser aplicada: restrictiva para los ciudadanos e ilimitada para los gobiernos que la interpretan de acuerdo con las necesidades del mando.

Los ciudadanos mexicanos sólo son tales por momentos: han sido verdaderos cuando han generado rupturas en el sistema de poder. Las urnas y el voto, que muchas veces han servido para legitimar gobiernos anticiudadanos, también han sido trincheras de liberación. La manifestación pública, el arte, la educación crítica, la ciencia y la prensa independiente han sido armas en manos de la ciudadanía en busca del ejercicio de sus derechos.

Por eso, la enfermedad endémica de la nación es la lucha de los ciudadanos contra sus gobiernos. Es la lidia sistemática de un poder de minorías que al constituirse se aleja de los ciudadanos, convertidos en mayoría dispersa y controlada por los mecanismos del clientelismo, las políticas sociales corporativas, la amenaza, la corrupción administrativa y las versiones oficiales difundidas a través de los medios de comunicación, convertidas en decretos de facto.

En México, la soberanía no reside en el pueblo, como señala la Constitución: los poderes públicos, constituidos vía los partidos, envueltos en el discurso republicano, se han transformado en una aristocracia protegida por prerrogativas provenientes del erario y los impuestos, pero también del fuero político. El poder surgido de las urnas está blindado por el fuero constitucional que separa a los gobernantes de los ciudadanos: son los derechos de la nobleza contra la plebe.

Al haber quedado depositada la soberanía en una minoría cada vez más rapaz, la soberanía nacional ha disminuido. Lo nacional goza entre los mismos mexicanos de gran desprestigio porque el país está atascado en sus propias contradicciones y debilidades surgidas del divorcio entre ciudadanos y poderes, entre economía y esfuerzos, entre prudencia civil y prepotencia gubernamental.

Lo fiscal es un tema central no solamente en lo que respecta a las finanzas estatales, sino en cuanto a la representación política. La oligarquía económica y sus formas monopólicas luchan por el poder para evadir el pago de impuestos. La falta de ética fiscal, las componendas con los intereses económicos globales y la rapiña han dado por resultado una economía injusta.

Las deformaciones económicas creadas no sólo por el desorden mundial, sino por los intereses locales que tienen nombre y apellido, son las autoras de la inmensa economía informal que se ha convertido no nada más en refugio de sobrevivencia de una mayoría empobrecida y lumpenizada, sino factor dinámico para la acumulación originaria.

Quienes alimentan y proveen de la subsistencia diaria a la gran mayoría en pobreza endémica no son las políticas sociales ni el clientelismo ni la filantropía ni los teletones, sino los ingresos mínimos, divididos en ingresos ínfimos que se distribuyen de pobres a pobres, en las calles, en las comunidades deprimidas y las provincias abandonadas. En México, las migajas no son migajas, sino recursos que se distribuyen y originan la prudencia social del pueblo. Es lo que detiene en el fondo el estallido social con el que amenazan unos políticos a otros.

La política no debería tener adjetivos porque es una ciencia noble, inherente a la inteligencia humana. Los políticos sí, porque en su nombre y en defensa de intereses que van desde los auténticos hasta los que defienden privilegios, han hecho que los ciudadanos se acerquen o se alejen de la política.

Al entrar en unos días al determinismo arbitrario del tiempo de los 200 y los 100 años, al culto de las efemérides y la justificación de las estatuas, bien podemos seguir atascados en nuestra falta de sentido o hacer del calendario un programa renovado de nación. La política es inherente al ejercicio de la ciudadanía. Los ciudadanos deben construir fuerzas políticas motrices, formar intelectuales críticos e independientes, que abran la economía, que den nivel al debate público y liberen del secuestro las reformas.

Lamentablemente, los poderes y los partidos quieren seguir como estamos, pues eso es la fuente de sus privilegios. Por fortuna, para los ciudadanos el mal es imperfecto y caerá pronto por decadente.

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3 nov 2009


Bicentenario fiscal



Marco Rascón

Frente a un Estado tan desprestigiado como el mexicano es fácil defender el no pago de impuestos.

Lo odioso de pagar impuestos puede unir a los extremos: el pueblo y las oligarquías, cuestionando la legitimidad del gobierno que pretende cobrarlos. El panista Felipe Calderón es una cabeza que rueda desarticulada de las extremidades legislativas y judiciales, que actúan separadas de él. Éste es un gobierno sin manos, que ya no ordena: obedece como zombi, pero tampoco camina.

Solos o unidos, pero poderosos, los gobernantes locales, sus diputados, legisladores y dirigentes de partido buscan desesperados más impuestos para el gasto corriente, ya no para el desarrollo, sino para el reparto de sus ducados y virreinatos.

En el Senado de la República, obediente al estómago de los gobernadores y sus intestinos, ya no discuten la Ley de Ingresos, sino los criterios del reparto en el Presupuesto de Egresos. Ésa es la base de la negociación senatorial; no tienen más visión que sus intereses locales, pues no son representantes populares, sino de los gobiernos los pusieron ahí.

Si gobernadores y partidos dominaron en los criterios de la Ley de Ingresos, en el Senado se fijan las condiciones para repartirse el botín de lo que exprimieron a los pocos causantes que quedan, pues los extremos sociales ya no pagan. El conflicto no tiene adjetivos: sólo es que la cobija es cada vez más corta, mientras el saqueo es cada vez más largo.

Desde su fundación como nación, hace 199 años, en México no existe la hacienda pública. Ojalá que reflexionáramos sobre el hecho de que ganamos la Independencia, ganándonos el derecho de saquear y ser saqueados, tal como hizo España durante la Colonia, con una visión criolla que se sintió propietaria –hasta nuestros días– del oro, la plata, las maderas, el petróleo, las selvas y hasta de los discapacitados que sirven y son negocios oligárquicos para exentar en pago de impuestos mediante el cobro de su filantropía. Esta falta de visión de una hacienda pública verdadera ha debilitado al Estado nacional, la soberanía, los derechos políticos y sociales de los ciudadanos y la independencia, y nos ha convertido en dependientes crónicos.

Hasta ahora los impuestos en México han sido un amasijo de ocurrencias basadas en las exigencias del gasto y la corrupción administrativa; también se trata de sacar tajada de los recursos escasos para beneficio de aquellos que se sienten legitimados por una fallida representatividad, por ello históricamente tenemos impuestos sin equidad, igualdad y justicia para su pago.

Lo contradictorio y paradójico que reúne a los extremos oligárquicos y populares contra los gravámenes es que los primeros tienen un principio: la necesidad de un Estado débil. Para la amplia base social cautiva, que paga vía el consumo, no existe confianza tributaria porque el Estado y sus políticos se sustentan en la amplia base clientelar disfrazada de política social que no fomenta la productividad, el empleo ni da valor al trabajo.

El gobierno dislocado de Felipe Calderón reclama recursos para mantener su guerra solitaria e imaginaria contra los enemigos que se matan solos y para llenar el boquete que dejó la caída de ingresos a raíz de la recesión. Es una lucha inmediatista por mantenerse a flote. Los priístas, que hoy pre gobiernan, tienen como preocupación dos cosas: mayores recursos para ellos y pasar la factura de la impopularidad de las nuevas cargas fiscales al otro.

Lo que dice representar a la izquierda asumió la doctrina fiscal más conservadora, inspirada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher para un Estado débil: no pagar impuestos, pero levantando la mano de manera vergonzante en favor de ellos, atrás del PRI y PAN, a cambio de recursos vía deuda para el Distrito Federal.

Una política social fuerte sólo puede provenir de un Estado económicamente fuerte, con recursos. Pero no. En el esquema fiscal actual la política social central se hace mediante la filantropía, financiada con redondeos en cajas de tiendas de autoservicio, teletones, fundaciones, etcétera, que son deducibles del impuesto sobre la renta (ISR) y que les ha reclamado Felipe Calderón a sus oligarcas.

Lo que debería ser una Ley de Ingresos, ligada a una visión estratégica y de largo plazo del gasto para estimular la educación, velar por la salud, la comunicación con objetivos culturales y de pluralidad democrática, la alimentación, y sobre todo la promoción de actividad económica y empleos, solamente es para cubrir ineficiencias y el sostenimiento de un sistema político y orden económico injustos.

El pantano fiscal, de repartirse un pastel cada vez más chico, lleva a reflexionar en que México ha desarrollado fuerzas sociales y de progreso, pero paradójicamente no desarrolló una verdadera burguesía. Por eso hoy tenemos como herencia una minoría de protegidos, subsidiados, exonerados, pero muy filántropos que dominan partidos y gobernantes, pero que obstruyen el desarrollo nacional, la democracia, la equidad y la eficiencia.

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11 ago 2009



A 15 años del TLC




Marco Rascón


¿Por qué la izquierda mexicana en su conjunto no puede o no ha querido hacer un balance de las consecuencias del Tratado de Libre Comercio (TLC) para México?

En las variadas agendas, y a todos los niveles sociales e institucionales, este tema es soslayado, pese a que sigue rigiendo el centro de la realidad económica, migratoria, laboral, financiera, cultural y de seguridad en México con efectos desastrosos para nuestra nación.

Carlos Salinas de Gortari, quien se presentó en su libro más reciente como “antineoliberal” y “antipopulista”, combatiente contra los conceptos del Consenso de Washington, afirmó que por no estar “al tamaño y poderío estadunidense”, “se optó (…) por un tratado comercial y no uno de integración política”, justificando que en los términos del tratado no se incluyera ni el tema laboral ni el migratorio. Hoy, pese al desastre que quedó de país, Carlos Salinas se pasea ufano ante la aceptación tácita de todas las fuerzas políticas del país que han asumido la integración plena con América del Norte y el deslinde con el resto de América Latina.

Ya desde la campaña electoral de 2006, en la plataforma electoral del bloque electoral de izquierda, contenido en los 50 puntos del Proyecto Alternativo de Nación (PAN), nunca existió la palabra “Latinoamérica” y ni siquiera un solo sinónimo. No obstante, bajo el esquema del TLC se estructuró toda la política agraria del país, abriendo la puerta a la privatización del ejido, compensado supuestamente con flujos de inversión y presupuestos al campo, que, por lo que hoy se sabe, terminaron en manos de los mismos terratenientes vinculados con la estructura política y el narcotráfico. Los campesinos no nada más fueron arruinados, sino obligados a emigrar, abriendo el ciclo del ingreso de las remesas por encima de la actividad turística y otras más que representaban parte de la economía interna.