28/07/2011



Astillero



Oportunismo “deportivo”

Chicharito Calderón

Otras conmociones

Golpiza en Juárez






Julio Hernández López

Ayer, a las ocho de la noche con catorce minutos, el responsable ejecutivo (haiga sido como haiga sido) de lo que institucionalmente va sucediendo en el país, creyó llegado el momento de fijar postura ante los graves problemas que se viven o cuando menos ante uno de ellos, así que tomó con determinación su Blackberry y a los tuiteros y a los mexicanos en general hizo saber: “Es una pena que El Chicharito no haya podido jugar contra All Stars debido a una conmoción. Un abrazo para él”.

Pero ni una palabra, ni un suspiro, ni una condolencia, ni siquiera un deportivo tuiteo felipista de oportunidad para los miles de mexicanos que ese mismo día –como otros días, semanas, meses, años– vivieron bajo terror en alguno de los puntos de la ensangrentada geografía nacional donde se libran combates entre fuerzas gubernamentales (soldados, marinos y policías federales) contra presuntos o verdaderos delincuentes, sobre todo narcotraficantes, y que hora tras hora producen muerte y violencia no sólo a esas partes en combate, sino a muchos civiles inocentes.

Gran preocupación calderonista por la conmoción cerebral leve que sufrió el goleador mexicano que juega en Manchester, mientras (por citar solamente algunos ejemplos del día) el niño pastor gravemente amputado por el estallido de un artefacto presuntamente militar aún no sabe su condición devastada, y en Ciudad Juárez se va esclareciendo la historia de los 17 reos asesinados con subametralladoras, y el jefe de la policía municipal juarense denuncia que fue atacado por agentes federales que a su vez lo acusan de haber traspasado un “círculo de seguridad”, y en Nuevo León se informa que fueron encontradas 18 bolsas con restos humanos, y en el municipio neoleonés de Guadalupe es incendiada la camioneta de los escoltas de la presidenta municipal, y en Ixtlán del Río (Nayarit) se vive pánico por los enfrentamientos entre soldados y narcotraficantes en un campamento de éstos.

Uf. De nunca acabar, el recuento de los episodios nefastos por los cuales Felipe Calderón Hinojosa debería de expresar más que “pena” a través de Twitter. No todos son El Chicharito, pero son mexicanos que caen y sufren a causa de los desajustes sin control que ha provocado el personaje antes mencionado, quien desató una “guerra” sin sentido, sabidamente perdida, desastrosa en todos sentidos, sin viabilidad ni esperanza y en la que ha convertido a la nación en algo peor que campo bélico: en tierra de nadie, donde criminales desbordados imponen leyes civiles, fiscales y penales, y donde cualquiera puede ser detenido, vejado, agredido, desaparecido y muerto sin que haya Estado capaz ya no de prevenir e impedir tales delitos, sino, cuando menos, de indagar causas, encontrar verdades y aplicar castigos.

Contrasta terriblemente la prontitud doliente de Calderón ante un accidente deportivo cuidado de las mejores maneras médicas por un poderoso club, frente al silencio que se guarda frente a las diarias escenas de detenidos que aparecen frente a cámaras periodísticas con evidentes muestras de golpizas y torturas. Como si tal fuera el mensaje intimidatorio y paralizante que se deseara enviar a la población, se exhiben rostros y cuerpos que delatan las sesiones inhumanas de “interrogatorios”, haciendo que, quienes tales excesos ven, se preocupen más de salvaguardar su propia humanidad que en indignarse y protestar por el salvaje tratamiento dado a esos presuntos delincuentes.

Tal vez una buena oportunidad de mostrar genuina preocupación y pena por golpes y conmociones la tengan el mencionado Calderón Hinojosa, el gobernador de Chihuahua, César Duarte, y el presidente municipal de Ciudad Juárez, al ver la fotografía que por desgracia es necesario poner a disposición de los lectores (
http://bit.ly/mQNRka), advirtiéndoles a estos lo dolorosa que resulta, para que eviten abrir esa liga quienes prefieran evitar tal asomo. Un joven juarense de 18 años de edad que fue detenido junto con otros más luego de un doble asesinato afuera de un hospital del Seguro Social. Jesús Adolfo Razo, vendedor de hamburguesas, lavaba un automóvil afuera de su casa cuando fue apresado por policías municipales y salvajemente golpeado. A reserva de que un proceso penal delimite si tiene responsabilidad alguna y en su caso reciba el castigo que le corresponda, ese otro joven, el juarense, y los demás jóvenes, ¿no merecen que los gobernantes expresen “pena”, se conduelan de sus “conmociones” y les manden si no un abrazo cuando menos una promesa de algo parecido a la justicia, de que no se permitirá que se les convierta en chivos expiatorios, que se les atenderá médicamente y se procesará a sus agresores?

Astillas

Más de dos mil profesores que laboran en el Programa de Educación Superior Abierta y a Distancia (ESAD) de la SEP llevan nueves meses sin recibir sus sueldos pero, en cambio, han recibido rebuscados intentos de explicación que simplemente confirman que no hay fecha para sus pagos. Por ejemplo, Héctor Luna Reyes, enlace administrativo y responsable del área de pagos de ESAD, escribió: “Antes que nada una disculpa por la tardanza en sus pagos, sabemos de las inconveniencias que esto les ocasiona y estamos haciendo todo lo necesario con las áreas administrativas correspondientes para que los pagos pendientes se realicen a la mayor brevedad, pero no nos han informado; en cualquier momento estaremos en posibilidad de darles la fecha para este fin. Usted son (sic) una parte muy importante para nosotros y para el Programa de Educación Superior Abierta y a Distancia de la SEP, por lo que estamos buscando estrategias e implementando acciones que permitan eliminar estas inconveniencias en el futuro inmediato y dispongamos de los recursos lo antes posible para realizar sus pagos en el menor tiempo posible. Como en ocasiones anteriores, les reitero que a ningún Facilitador que haya cumplido con sus actividades se le dejará de pagar el total de los recursos devengados”. El secretario Lujambio, mientras tanto, clavado en la grilla… ¡Hasta mañana!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx





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