23 dic 2011


Se despeña Peña



Javier Jiménez Espriú


Cantidades impresionantes de tinta y una explosión del ingenio nacional –ese ingenio que transforma las tragedias en risa y colma las sobremesas, pero que distrae la atención del fondo de las cosas para llevarla a la anécdota amena, jocosa, hiriente, irónica– provocó la presencia –desafortunada para él– de Enrique Peña Nieto –le pondré licenciado cuando me lo autorice sin rubor la Universidad Panamericana–, en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que fue a presentar un libro suyo, que seguramente no escribió.

Su traspiés y luego de ese, otros muchos y variados, nos han revelado la verdadera personalidad del candidato priísta y la de su estirpe, su prepotencia, su desprecio por la “prole” y su superficialidad. El salario mínimo, el precio de la tortilla, su “machismo” metrosexual, no son deslices u olvidos intrascendentes sino traiciones del inconsciente.

Se ha dicho en múltiples editoriales y comentarios que a cualquiera se le olvida el nombre de un libro o de un autor, lo que es muy cierto; que es de humanos errar, lo que es también indiscutible, pero estos argumentos defensivos, en este caso, son más una distracción que una justificación sobre el verdadero problema que apareció con luz propia, a la luz pública y que hoy, luego del “inteligentísimo” discurso en la recepción de su constancia como candidato único del PRI a la Presidencia de la República, que seguramente formará parte de los grandes momentos de la historia de los grandes estadistas, con su “Pero yo no olvido…”, que seguramente sustituirá en los cursos de oratoria el I have a dream de Martin Luther King, convierte el “olvido” en virtud y las pifias en elemento sublime de publicidad. ¡Qué ingenio! ¡Cómo construir palacios de los errores!

El señor Peña –“puedo olvidar el nombre de un autor…”– no puede olvidar lo que no sabe y ha hecho evidente, no su falta de erudición, que no es necesaria en un político que aspira a ser presidente de la República, sino su ignorancia supina que, desde mi punto de vista debiera ser motivo de descalificación de quien aspira a la primera magistratura de la nación, de una nación multicultural que nos enorgullece, pero que en su caso, siendo gravísima, no es la única tragedia.

Selma Lagerlöf, la Premio Nobel de Literatura de 1909, decía de la cultura que “es todo lo que queda, cuando ya se olvidó todo lo que aprendimos”, pero como hemos visto en Peña Nieto, cuando nada se ha aprendido, nada queda.

Esto explica, por otra parte, lo que yo consideraba inexplicable: el terco empeño en entronizar en el PRI al ex gobernador Humberto Moreira y apoyarlo hasta el límite elástico; establecer una alianza con la Señora Elba Esther Gordillo –le pondré maestra cuando me lo diga sin rubor el secretario de Educación Pública–, pensionar con senadurías a su progenie y con gubernaturas a sus incondicionales –que al cabo ya lo dijeron en el PRI, “las elecciones se ganan con votos y no con libros”, bello ejemplo para la juventud– y hacer lo propio con el Niño Verde, de quien me reservo mis comentarios, por coincidir con los del dominio público. En suma, la integración del dream team del Partido Revolucionario Institucional para 2012-2018. ¡Del nuevo PRI!

Pero tan grave o más que su ignorancia es la falta de recursos exhibida por Peña Nieto para salir de atolladeros elementales, primarios, sin complejidad alguna, que demuestra sus nulas capacidades para enfrentar los problemas de una nación como la nuestra, lo que debe considerarse como un enorme peligro para nuestro futuro, lo que debe encender la alerta de los ciudadanos que aspiramos a un México mejor.

Cuando Denise Dresser, relatando en un programa de radio un encuentro público con Peña Nieto –lo acontecido en la FIL, no es excepción–, dice que demostró que improvisando “es incapaz de construir una frase con sujeto, verbo y predicado”, nos debe obligar a la reflexión, al igual que una reciente y lapidaria sentencia del licenciado Beltrones que señala el peligro de que llegue a la Presidencia de la República un hombre sin ideas, lo que se convierte en severa advertencia o la opinión inteligente de Carlos Fuentes.

En 1980, al inaugurar la primera Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que tuve el privilegio de fundar como director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, expresé, y lo he repetido una y mil veces, con plena convicción, que no hay profesional de excelencia en una persona sin cultura y que el libro es el vehículo esencial para lograrla.

He expresado durante muchos años, a mis alumnos, a mis hijos, a mis nietos, que en los libros se encuentran todas las enseñanzas. Ahora, luego de este episodio singular, tengo que enmendar, agregaré que también de la ausencia de libros se puede aprender enormemente. También en eso hay enseñanzas. Todo está ahora muy claro en ese espacio de decisión. Ojalá lo entendamos oportunamente. No podremos alegar ignorancia si permitimos que la ignorancia se empodere nuevamente en nuestro ya agobiada nación.

El PRI debe estar haciendo un recuento de daños de lo que ha pasado con su ya candidato único. Los ciudadanos debemos hacer un análisis de daños de lo que puede pasar. Ya sucedió una vez, se eligió a un hombre obviamente ignorante –en ambos casos la ignorancia resulta patente–, que incluso hacía gala de que no leía y estamos pagando aún las consecuencias. La lección debe estar aprendida. Tropezarse con la misma piedra, cometer el mismo pecado, sería literalmente pecado mortal. La autoexcusa de que era un buen candidato y luego fue un pésimo presidente, no vale para la segunda edición.

Lo sucedido desde la feria del libro hasta “el memorable” discurso del “yo no olvido…”, no ha sido sólo errores cuya corrección sea posible; se trata de horrores que no tienen solución.

¿Quién dice que el recuerdo sabe más que el olvido?

Jaime Torres Bodet

jimenezespriu@prodigy.net.mx




22 dic 2011


López Obrador está de vuelta



Adolfo Sánchez Rebolledo


López Obrador está de vuelta. Y no me refiero a su actividad pública, que ha sido constante en los últimos años, sino al regreso del político convencido de que los tiempos han cambiado y nada le será concedido en las urnas si no es capaz de convencer a la ciudadanía, de tender puentes y ganar nuevos territorios para su causa. Un difícil, continuado esfuerzo, siempre sujeto a la mala voluntad de sus adversarios, lo trajo hasta aquí como el candidato progresista para desvanecer el sueño bipartidista de los grupos del poder. El cruce del desierto, en sí mismo un acto de resistencia, ha sido también la prueba del ácido para una corriente política (la izquierda) que forma parte integral del pluralismo del México del siglo XXI, pero a la cual se quiso diluir, invisibilizar, cuando no deslegitimar al considerarla un peligro” para la institucionalidad en crisis, pero asumida como expresión de ciertas reglas inmutables. Hoy esa corriente está de regreso. Con sus errores a cuestas, pero arraigada, sabiendo que la situación exige desplegar con eficacia organizativa un programa más maduro y complejo para un país que no tiene asegurado el futuro. Se trata de darle continuidad a los planteamientos y los valores que en 2006 ganaron la confianza de 15 millones de votantes, asumiendo que la situación general es hoy mucho peor que hace seis años y, por lo tanto, que las decisiones electorales de junio venidero serán decisivas para la supervivencia de la nación, la República y también para la izquierda como fuerza reformadora apoyada en la sociedad.

En ese sentido, puede decirse que ha terminado el ciclo de afirmación de los convencidos para entrar en la disputa por la conciencia de los votantes, apelando a la razón, a los sentimientos y emociones, identificando los problemas nacionales más ardientes y ofreciendo propuestas que no se conformen con “sonar bien” a los oídos mediáticos, sino que sean oportunas, eficaces para resolver a fondo la situación del país. La izquierda, mal que le pese a los sectarios, tiene que ser receptiva y dialogar con todos los sectores de la sociedad civil, abrirse a formas de convergencia que ayuden a construir el amplio frente progresista que el momento requiere. Pero no lo hará satisfactoriamente sin reconocerse en su propia diversidad, responsablemente (como hicieron López Obrador y Ebrard) para evitar la fragmentación que, en las condiciones objetivas de la sucesión impediría la consolidación de una estrategia de largo plazo para arraigar a la izquierda como el motor permanente del cambio. Mientras llega el día de discutir la refundación de las formaciones partidistas actuales y su destino, lo que está en el centro es la configuración de un amplio frente electoral que por definición trascienda la suma convencional de las siglas partidistas o incluso los marcos de la coalición electoral. Un frente así debería darle espacio a todos aquellos grupos e individuos que de buena fe quieran participar en la transformación de México a partir del rechazo a la herencia tóxica de la clase política dirigente, cuya vida transcurre en una burbuja alejada de los votantes, de sus causas y preocupaciones. La mayoría ciudadana no tiene partido, pero en ella hay grupos activos, afiliados a distintas causas, que están dispuestos a trabajar por el cambio, siempre y cuando sea respetada su independencia y no se le obligue a subordinarse al programa “máximo” de las fuerzas políticas. Sólo la izquierda puede ofrecer una opción de gobierno verdaderamente racional que sea popular, en el sentido de satisfacer en la proporción más deseable las expectativas de las mayorías y, en particular, de las víctimas extremas de la desigualdad. La política de la izquierda tiene que lograr la convergencia –no la unanimidad– de esa diversidad en torno a una propuesta democrática que, por su propia naturaleza, trasciende la suma convencional de siglas y movimientos, en la medida que supera la provisionalidad de las alianzas electorales para perfilar los fundamentos de un nuevo bloque histórico, dicho sea en el vocabulario gramsciano.

En ese sentido, es importante volver al punto inicial: López Obrador está de vuelta con argumentos probados pero también con novedades que han merecido aplausos y críticas, como es el caso del tema de la “república amorosa”. En mi opinión, lo más importante, según entiendo, es la decisión de enfrentar el reto electoral haciendo política sin renunciar a las señas de identidad, a los principios, pero sepultando de un tajo la mitología construida para hundirlo en una trivial caricatura recordando algo que no puede ser soslayado: el candidato tiene, al igual que los demás, su propia individualidad expresada en convicciones morales y espirituales que sólo la intolerancia negaría.

En sus primeras salidas en el Distrito Federal, López Obrador ha dado contenido a la agenda de gobierno emanada de la experiencia del Movimiento Regeneración Nacional. Se pronuncia alrededor de tres ejes; la honestidad, la justicia y el fortalecimiento de los valores, y procura que dejen de ser abstracciones para convertirse en ideas concretas, proyectos viables y argumentaciones a favor de la mayor transformación posible a las precarias condiciones del México actual.

Muy importante, clave podría decirse, es el planteamiento en torno al estado de bienestar, al que se accede mediante una estrategia que “atenderá, respetará y escuchará a todos, pero dándole preferencia a la gente más humilde y pobre”; que no intenta despojar a nadie, pero que sí implica una clara redistribución del ingreso en el marco de la ley. López Obrador plantea impulsar el crecimiento y con él la calidad de vida, el progreso y la justicia. Incluso ofrece planes concretos que teniendo como sujetos a los jóvenes relancen el ciclo de crecimiento siguiendo una lógica muy diferente, opuesta a la que predomina desde hace décadas con nefastos resultados en términos de pobreza, violencia y degradación de la vida social. Ese planteamiento es el hecho diferencial en la disputa por el poder, la que en definitiva distingue a la izquierda de los demás partidos, alineado con el pensamiento único que nos ha llevado a la peor crisis de la historia. Pero hay, más allá de las formulaciones, una preocupación que López Obrador ha planteado con fuerza: ¿cómo hacer para que el discurso y la práctica política no se divorcien de los fines éticos que, en definitiva, mueven a la gente, al ciudadano de cara a los intereses desnudos de la economía y el poder? Apostar por la honestidad en la vida pública y privada, revalorando las normas universales de la convivencia humana, los valores de respeto y tolerancia emanados a través del proceso civilizatorio es, en cierta forma, una vía para apuntalar al Estado laico como garantía de la libertad de creencias fuera de toda imposición de ningún catecismo o moral obligatoria. La lucha contra la corrupción implica una profunda reforma cultural y moral, una transformación de abajo arriba de la sociedad y el Estado. No es poca cosa. La temporada apenas comienza. Estamos en precampaña. No hay tiempo que perder.





Dinero
Recordando el “error de diciembre”

Las consecuencias todavía se resienten hoy

Salinas y Zedillo se culpan uno al otro




Enrique Galván Ochoa


Los días previos a Navidad ocurrió en México, hace 17 años, lo que se conoce como el error de diciembre”. Sin conocer y entender lo que sucedió aquellos días es difícil explicarnos la realidad del México de hoy. ¿Por qué desapareció buena parte de la clase media? ¿Por qué hay tantos pobres y un grupo tan reducido de millonarios? ¿Cuál es la razón por la que el país está tan endeudado? ¿Cómo nació el Fobaproa y su deuda de miles de millones de dólares no pudo ser pagada el siglo pasado y seguirá abonándose el resto de la nueva centuria? ¿Por qué el sistema bancario nacional tuvo que ser entregado a extranjeros? ¿De qué modo la crisis contribuyó a que el PRI perdiera la Presidencia de la República y la mayoría en la Cámara de Diputados? ¿Qué es la Roqueseñal y qué tiene que ver con el aumento del IVA de 10 a 15 por ciento, y luego a 16? ¿Qué papel ha jugado el PAN en todo esto? ¿Por qué votó en favor del Fobaproa, en tiempos en que Felipe Calderón era presidente del partido? ¿Por qué Salinas de Gortari y Aspe le quitaron tres ceros a la moneda, de otro modo la cotización del peso sería de 14 mil pesos, no de 14, frente al dólar? ¿Cómo fue que Fox traicionó su promesa de crear una comisión de la verdad que destapara a los responsables del desastre para llevarlos ante la justicia?

Las secuelas del error

En estos días en que el PRI pretende recuperar la Presidencia y el PAN pugna por conservarla, conviene correr la cinta hacia atrás para revisar qué ha sucedido desde el 20 de diciembre de 1994 hasta nuestros días. Ernesto Zedillo acababa de tomar posesión, supuestamente Salinas de Gortari había entregado un país muy próspero. La realidad era otra. La banda salinista había dejado temblando al país, y el gobierno no podía hacer frente al pago de unos bonos que había emitido –los dichosos Tesobonos. Nunca se ha sabido con certeza a dónde fue a parar el dinero que prestaron los inversionistas, nacionales y extranjeros. El nuevo gobierno se veía en la necesidad de devaluar la moneda y el entonces secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, cometió el error –¿‘error’?– de anunciarlo a un grupo de empresarios. Se lanzaron a comprar dólares. Las reservas internacionales del Banco de México oscilaban en 10 mil millones de dólares, en unas cuantas horas bajaron a la mitad. La moneda nacional se hizo talco. Y ahí se desencadenó la catástrofe. Zedillo y Salinas de Gortari se culpan recíprocamente del “error de diciembre”, Zedillo metió a la cárcel a su hermano Raúl pero no se atrevió a tocar al ex presidente.

Los síntomas de otra crisis

Hoy día comienzan a aparecer síntomas que anticipan otra crisis. En realidad no es otra, es la misma, sólo que reciclada. No es porque las reservas de divisas del Banco de México estén agotadas, al contrario, nunca habían sido tan cuantiosas. El problema viene de otro lado: la violencia. Se están yendo de México empresarios y profesionistas, con sus familias y sus capitales. Están comprando propiedades en Houston, San Diego, La Jolla, San Antonio. También están tratando de echar a andar allá algún negocio. La inversión directa –la que crea empleo– no levanta arriba de los 20 mil millones de dólares anuales, cuando debería ser lo doble, cuando menos. Este año supuestamente sería el del turismo; según Calderón, México iba a colocarse en el top five, junto a China, Estados Unidos, Italia, Francia y España, pero ya concluyó 2011 y quedamos muy lejos de la meta. La venta de automóviles nuevos da tristeza; la mayor parte de los que se ensamblan se destinan a la exportación, aquí el consumidor no tiene dinero para comprarse uno. La válvula de escape que fue el bracerismo se está cerrando. El salario mínimo a lo largo de los seis años del actual gobierno aumentó solo 13 pesos. México es el país número uno en desempleo. Nada de esto se parece a la divisa del gobierno panista: “vivir mejor”. A menos de que se le haga un añadido: “con el narco”.





Presidencialismo panista


Soledad Loaeza


Durante décadas el presidencialismo fue la bestia negra del PAN. Lo denunciaban como la fuente de todos los abusos y males que aquejaban a la patria, y prometían que al llegar al poder pondrían fin a esta fórmula excesiva de poder personalizado. Sin embargo, una vez en la Presidencia ni Vicente Fox ni Felipe Calderón lograron escapar a las mieles de un poder que les permitió, por ejemplo, hacer a un lado con singular alegría la Constitución para promover causas partidistas que hasta ahora habían permanecido relativamente abstractas, entre otras razones porque no estaban incluidas en las plataformas de gobierno que nos dieron a conocer durante sus respectivas campañas electorales. Nunca prometieron poner fin al Estado laico, y me pregunto por qué mantuvieron esa causa in petto. Me imagino que sabían que no era una causa popular; más todavía, probablemente calcularon que, de hacerla pública, habrían perdido votos, de manera que creyeron que lo mejor era sorprendernos. Así que puedo pensar, sin pecar de suspicaz, que los presidentes panistas hicieron lo mismo que hacían sus predecesores del PRI: nos dieron madruguete. Esto ocurrió con todo y el nuevo equilibrio que demanda el fortalecimiento del Poder Legislativo, que ha sido uno de los logros de la transición.

Todo presidente es un actor político fundamental. Entre sus muchos recursos y responsabilidades, desempeña un papel central en la definición de los términos del debate público. Así que a nadie debe sorprender que cuando Felipe Calderón y su familia asistieron a misa en la Basílica de Guadalupe el pasado 18 de diciembre se haya desatado la polémica respecto al Estado laico y la ofensiva en su contra que ha lanzado la Iglesia católica, nada menos que con el apoyo de la Presidencia de la República. Es más, estoy dispuesta a apostar que sabían que provocarían la discusión, y que la buscaron, probablemente para apoyar la reforma al artículo 24 constitucional, que de manera más o menos simultánea la Cámara de Diputados votaba, y cuyo propósito explícito es introducir la libertad religiosa, aunque en realidad todo sugiere que se trata de romper las pocas ataduras que limitan el activismo de la jerarquía católica, que busca disponer de medios de comunicación y, más en general, el apoyo del poder público para suplir algunas de sus deficiencias, por ejemplo, en términos de recursos humanos y financieros.

Ahora, gracias también a una buena proporción de diputados priístas, que de manera incomprensible siguieron la titubeante batuta de Enrique Peña Nieto antes del presidencialismo –me produce una gran angustia lo que eso será si acaso gana la elección–, el presidente Calderón se prepara para recibir al Papa con ese regalito: el artículo 24 reformado. Este cambio será presentado como un triunfo de la conciencia católica de los mexicanos, aunque haya sido, en realidad, el producto de la decisión de un panista presidente y de un priísta que se cree ya presidente, y a quien siguen algunos que también lo creen.

Si en todo régimen presidencialista, una vez pasada la lucha electoral, el jefe del Poder Ejecutivo es el jefe del Estado y representa a la nación, la decisión del presidente Calderón de ostentar oficialmente su identidad religiosa en la Basílica de Guadalupe el pasado 18 de diciembre equivale a la renuncia a esa representación. Para nadie que sepa algo de historia de México es un secreto que cuando la Iglesia católica hace política alimenta el conflicto y la división, y que la religión puede ser motivo de hostilidades y antagonismos irreconciliables. No hay más que volver la mirada a Chiapas para encontrar dolorosos ejemplos del encono que atizan las diferencias entre católicos y cristianos. También podemos mirar al conflicto en el Medio Oriente, o el agresivo militantismo islamista contra los infieles. La participación de la familia presidencial mexicana en aquella misa en la Villa puso de relieve que para ellos, y en particular para el Presidente, él es primero un panista y luego funcionario del Estado mexicano. Por lo pronto, quiso hacernos saber que la fidelidad a las banderas de su partido está por encima de su obligación constitucional a mantenerse neutral en términos religiosos, tal y como se desprende del carácter laico del Estado y de la creciente pluralización religiosa de la sociedad mexicana.

En realidad, el Presidente ha sido de una notable consistencia. En casi seis años en el poder no nos ha dejado olvidar que pertenece al PAN, al igual que la mayoría de los altos funcionarios de su gobierno. Ha confirmado una y otra vez, y de todas las maneras posibles, que para él la lealtad es un valor superior a la competencia profesional, cueste lo que cueste al presupuesto; que es exactamente la misma premisa sobre la que tomaron muchas de sus decisiones los presidentes de origen priísta. Antes que Calderón, Vicente Fox también pecó de presidencialismo; al igual que él puso en pie una ofensiva contra el Estado laico, pero desde el día que tomó posesión, cuando en un supuesto arranque de devota espontaneidad, su hija Paulina puso en sus manos un enorme crucifijo. Pero ellos y la Iglesia católica bien saben que estas cruzadas, como la que este gobierno emprendió contra el crimen organizado, son tareas de largo aliento, incluso cuando las encabeza un presidente.




Astillero
Exploración marina

Ensayos neofranquistas

Piolín: privilegiar a EU

AMLO pide precisiones


Julio Hernández López


El gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa (JDO; con jota, no con ge), se ha revelado como entusiasta explorador de nuevas formas de endurecer la mano en asuntos públicos. Tuvo su mayor momento de fama nacional cuando intempestivamente declaró como seguros delincuentes a quienes horas antes habían sido tirados como cadáveres de demostración en un puente de Boca del Río, en septiembre de este año. También logró colocar su nombre entre los más mencionados en Twitter cuando impulsó el encarcelamiento (y la posterior restricción legislada, bajo el disfraz de benevolencia) de usuarios de ese servicio de Internet que habían mentido, causando amplia alarma colectiva, sobre presuntos actos y amenazas criminales. Y ahora regala a la nación entera la oportunidad de ensayar, con la sustitución de la policía de la zona conurbada de Veracruz-Boca del Río, la instauración de la Marina como alternativa de control social en una suerte de cogobierno entre el poder civil, declinante y cedente, y la fuerza armada de elite que el calderonismo ha ido imponiendo como su favorita y, a su juicio, la más confiable.

Admirador confeso de Francisco Franco, el gobernador JDO fue pionero en el establecimiento de una semioficial política de limpieza social que en otras entidades se practica pero sin que las autoridades acepten aunque sea indirectamente alguna autoría o responsabilidad. Luego del episodio de los 35 cuerpos descargados en las inmediaciones de una importante plaza comercial de Boca del Río, Duarte de Ochoa casi justificó en Twitter el episodio: “Es lamentable el asesinato de 35 personas, pero lo es más q esas mismas personas hayan escogido dedicarse a extorsionar, secuestrar y matar”. Añadió: “Los 35 ultimados tienen antecedentes penales, se les relaciona con la delincuencia organizada y están en los registros de plataforma México”.

No todos los ejecutados, ni siquiera la mayoría, tenían antecedentes penales, ni se ha demostrado que hubieran “escogido” dedicarse a la delincuencia organizada ni están en registros federales. Pero lo peor no fue que el gobernador dijera mentiras (que en todo caso podría corregir e incluso ofrecer disculpas), sino el tono de justificación de una masacre porque los caídos formaban parte “de los malos”. Así como la administración federal ha renunciado a investigar y sentenciar sobre decenas de miles de muertes, como es su obligación (“se matan entre ellos”, “son daños colaterales”, “fue a causa del crimen organizado”, son algunas de las premisas de incivilidad a conveniencia que ha usado el calderonismo para negarse a dar continuidad procesal penal a esos casos), el duartismo veracruzano (en Chihuahua hay otro gobernador priísta con el mismo apellido) quiso “sensibilizar” a la sociedad sobre el hecho de que los masacrados en exhibición eran “delincuentes”, como si la cacería de ellos colocara los posibles delitos cometidos por los exterminadores en una franja de perdón necesario, de indulgencia jurídica forzosa.

En esa evolución represiva, el gobernador de Veracruz está abriendo la puerta a la instauración, por la vía de los hechos, del sueño dorado de Felipe Calderón y, aunque pensando más en su propia Policía Federal que en marinos, de Genaro García Luna: la supeditación de los cuerpos locales a los nacionales, como si éstos sólo por ser federales estuviesen vacunados contra los vicios de los agentes estatales y municipales. Durante años, García Luna ha sostenido una implacable guerra contra las policías que no son las suyas, en busca de establecer un mando único. Por su parte, el Ejército ha tomado el control de buena parte de las secretarías de seguridad pública y los cargos relacionados con cárceles en las entidades federativas, mientras los marinos se han encargado de las acciones más delicadas y se han ido asentando como poder alterno en ciertas regiones.

EN LA PERMANENTE. Gerardo Fernández Noroña, diputado federal por el Partido del Trabajo, presentó una imagen donde el presidente Felipe Calderón Hinojosa recibe la comunión del cardenal Norberto Rivera Carrera, durante la primera sesión de la Comisión Permanente del CongresoFoto Roberto García Ortiz


Otro botón de muestra del retorcimiento de las leyes por razones políticas (de entreguismo al extranjero, en este caso) se vivió ayer con la deportación del acusado de asesinar en México (cerca de Santa María del Río, en San Luis Potosí) a un agente estadunidense que en extraña y nunca aclarada misión viajó a esa entidad y luego fue asesinado en condiciones que mueven a natural suspicacia. Reivindicando una especie de derecho a la venganza imperial cuando son tocados algunos de sus representantes en las colonias, el gobierno estadunidense tomó el control de las indagaciones, desplazó abiertamente a autoridades nativas y emprendió una persecución ejemplar contra Los Zetas. Ahora, en una confirmación de la preminencia del interés jurídico de Washington sobre el de Los Pinos, Julián Zapata, alias El Piolín, acusado de asesinar al agente Jaime Zapata en México, no será sometido al curso procesal acá, sino en Estados Unidos, a donde fue extraditado ayer. Justificaciones técnicas podrán ser esgrimidas por las autoridades mexicanas, pero lo cierto es que el interés nacional fue relegado para permitir que la jefatura vecina se haga justicia por propias leyes.

Interpretación jurídica precisa es lo que demanda Andrés Manuel López Obrador al tribunal electoral federal para saber qué puede hacer y qué tiene prohibido en el espacio normativamente nebuloso de las precampañas y los candidatos únicos que, según una decisión dada ayer, a partir de un caso correspondiente a Yucatán, no deben realizar actos de proselitismo más que frente a militantes de las organizaciones que los postulan. El tabasqueño ha tomado en el aire la oportunidad de plantar cara a la legislación restrictiva, contradictoria y confusa que, en su caso, le obligaría a mantenerse virtualmente en silencio e inmóvil. Nos quieren callar, dijo de inmediato, recordando que al priísta sin lecturas mucho le conviene un retiro de esa naturaleza, pero no a un aspirante, AMLO, que necesita multiplicar su actuar para reducir la ventaja de candidatos que contarán con el apoyo del erario federal y de abundante propaganda, sobre todo en televisión. ¡Hasta mañana, ya preparando un breve descanso de temporada!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

juliohdz@jornada.com.mx

21 dic 2011


Origen y destino


Luis Linares Zapata


El banderazo oficial de salida para la contienda de 2012 se dio el pasado domingo 18 de diciembre. Y, con distingos notables, los participantes han iniciado su tarea de conquistar las simpatías de los votantes. Las plazas y las multitudes aparecieron enfundadas de múltiples colores, ánimos y cantidades. Las diferencias, empero, se empezarán a delinear más adelante. Sin embargo, no todos los que aspiran a ocupar la Presidencia acarrean pasados, experiencias y compañías semejantes. Uno, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), llega de muy lejos, fincando sus raíces desde abajo, con cristalizadas honduras de líder social y político, labrado a conciencia, penosamente. Tiene gran fuerza entre amplias capas del electorado situado a la izquierda del espectro ideológico.

Peña Nieto es, por ahora y en el arranque, el más adelantado, según la opinión encuestada. Su buchaca viene retacada de imágenes televisivas bien enfocadas a su rostro, destacando su atildada figura. Se acompasa con frases que realzan sus positivos deseos y promesas. Desde el inicio de su vida pública recibió protecciones y cuidados y, de esa encandilada manera, ha continuado, ahora bajo todo un tinglado de poder, el del sistema imperante. La intensidad con que su imagen ha sido introducida al auditorio, sobre todo al más incauto, le ha permitido, hasta ahora al menos, sortear cuanta crítica se le ha enderezado. Sus últimos dislates empero, parecen haber mellado el caparazón que lo cubría y lo han dejado, de cuerpo entero, a la intemperie.

Falta uno o una que abandere a las ralas huestes del partido azul. El ganador de su contienda interna saldrá soportado por una sustantiva parte de aquellos situados en el sólido rincón de la derecha extrema. Ahí encuentran, los panistas de buena cepa como suelen llamarse a sí mismos, el nicho que les permite moverse con gracia y soltura. Y, por lo que apuntan las poco confiables encuestas difundidas, los chances de Vázquez Mota parecen mejorar. Los dos restantes se han ido rezagando pero siguen intentando cambiar el desfavorable momento. Los panistas tendrán que sobrellevar el enorme fardo de la docena de años de mal gobierno, tanto de Vicente Fox como del señor Calderón. La violencia desatada, sobre todo los años correspondientes al actual periodo, levantará un muro de lamentaciones y reclamos. ¿Cómo pasar de largo ante tanta sangre y dolor? ¿Cómo justificar tan exigua capacidad de gestionar el bienestar para las mayorías nacionales? ¿Podrán renovar esperanzas?

Tanto López Obrador como Peña Nieto lograron situarse al frente de sendas alianzas partidistas. El tabasqueño conjuntó, tras su esforzada candidatura, una sólida formación de partidos progresistas. Pero su apoyo mayor proviene de un movimiento de masas con alcance nacional, inédito, que se ha ido revelando como un fenómeno sociopolítico de trascendente envergadura. Al mexiquense lo ampara un priísmo con fortalecido espíritu de cuerpo. Se siente al borde del triunfo y actúa en consecuencia. Pretende transmitir una expectativa de cambio y renovación que choca, de frente, con el inocultable rostro de personajes bien conocidos por sus malas artes y probadas mañas agazapados tras él. En esa apretura de sombras, manos y cuerpos, la impunidad campea. Brota entre esas filas partidarias hasta formar un denso caparazón que, al extenderse, corroe las mismas entrañas de la República. Este amasijo de complicidades y francos delitos sin castigo ni penas aporta, a los priístas, una coraza apelmazada con un sinfín de tristes y penosas historias. Al lado de Peña se han adherido otros compañeros de viaje que aportan sus ambiciones y desventuras. Tanto los verdes como la troupe de la profesora Gordillo, son simples pandillas de traficantes de influencias. Don Enrique pretende, con ellos, asegurar una mayoría legislativa que le permita mandar con anchura de gustos, modas e intereses. Tal y como se hacía en los indecorosos días del presidencialismo autoritario. Un modo de gobernar catalogado como dictadura perfecta. Por eso les busca, los acepta de mil ganas y les concede inmerecidos premios anticipados. Tanta ha sido la desmesura que ha cundido un intenso malestar y hasta rebeldía entre los priístas, aún entre aquellos acostumbrados a recibir órdenes y consignas.

Peña Nieto acude a la contienda sustentado en robusta amalgama de mandones locales y caciques renombrados. Ha logrado penetrar, con televisivo aporte interesado, hasta en las rijosas filas de la izquierda. Nada se diga del neurálgico centro del espectro electoral. Pero su asentamiento más pronunciado, sin embargo, lo absorbe la derecha mexicana. En su mismo extremo compite, hasta con cierta ventaja, sobre Vázquez Mota. El único que lo puede desbancar en ese segmento, dominado por la gente bien, los educados, los apolíticos y un amplio contingente de analfabetos electorales, es el señor Cordero que, en un golpe de timón orquestado desde Los Pinos, podría meterse a la contienda por la puerta de tras banderas, como su patrocinador.

A López Obrador lo dieron por muerto en incontables ocasiones los voceros orgánicos del sistema. En el largo transcurrir de los últimos seis años, le fueron adhiriendo trazos negativos al ya de por sí grueso expediente de ataques, infundios, desprecios y denuestos. Los calores remanentes de 2006 todavía son recordados y puestos en circulación por sus malquerientes, muchos de ellos actuando bajo consigna. Pero ahí lo tienen, trasegando por la República, sorteando obstáculos, afinando su mirada y comprensión de la realidad. Nadie puede, en buena lid, regatearle el mérito de su incansable saga personal para aglutinar a esa porción del descontento nacional consciente de su situación. Sería deshonesto, sino es que necio, negar la vital aportación de AMLO a la vida democrática de México. Se ha ganado a pulso su posición como personaje crucial del presente. Pero su cometido no se agota en el pasado. López Obrador pretende encabezar un gobierno que inicie, que encauce con firmeza una ruta de renovación integral de la sociedad. Tres son los pilares que propone como sostenes: la honestidad, la justicia y la solidaridad (valores). Y son creíbles sus propuestas, están respaldadas por su dilatada lucha por esos capítulos. Al regreso del venidero periodo vacacional de invierno, se decantará lo que antes fue sembrando.




20 dic 2011


El miedo al PRI


Pedro Miguel


En su horrible sintaxis, el domingo, en Boca del Río, Veracruz, Enrique Peña Nieto atribuyó los ataques de los adversarios” “a quien tanto temor le tienen, a quien tanto les preocupa, al mejor partido de México: al Partido Revolucionario Institucional”.

Se quedó corto. No es temor, sino terror, pánico, lo que inspira a la mayoría de la ciudadanía con memoria la perspectiva de un retorno del PRI al poder federal.

Para enumerar sólo a partir de un punto de quiebre: tal vez Peña Nieto no sepa, o no quiera recordar, que fue el PRI el que desencadenó una represión feroz y criminal contra estudiantes inermes en 1968. O que fue su partido el que gobernaba cuando Luis Echeverría y José López Portillo emprendieron la guerra sucia que dejó miles de muertos y centenares de desaparecidos, y que mientras ambos ex mandatarios condenaban a las dictaduras militares del Cono Sur, decenas de secuestrados por las fuerzas oficiales eran arrojados al mar en vuelos de la muerte que despegaban de la base naval de Icacos, en Acapulco. O que por años funcionó, en el Campo Militar Número Uno, una cárcel clandestina semejante a las establecidas por los gorilas chilenos y argentinos en sus respectivos países.

Cómo no va a inspirar miedo el retorno del PRI a la Presidencia, si en las cloacas del régimen priísta se fraguó el asesinato de Manuel Buendía; si, como consecuencia inesperada del terremoto de 1985, se halló, en los escombros de la Procuraduría de Justicia capitalina, a la sazón encabezada por Victoria Adato, varios cadáveres encajuelados; si las autoridades federales y defenñas –priístas, en ese entonces– abandonaron a su suerte a la población herida y sin vivienda; si entre 1982 y 1989 el país vivió en una exasperante depresión económica; si en esos años el “fraude patriótico” fue práctica rutinaria en las elecciones.

Cómo no temerle al PRI si durante el gobierno usurpador de Carlos Salinas de Gortari fueron asesinados centenares de opositores políticos, si se desmanteló la propiedad pública en el marco de privatizaciones corruptas, si se impuso en el país el modelo económico que aún padecemos, generador de pobreza y de riqueza extremas, si desde entonces se diseñó la inclusión del PAN en el régimen mediante las concertacesiones, y si aquella administración infame culminó con un rosario de asesinatos entre los propios priístas.

Por supuesto que inspira terror el recuerdo del zedillato y sus raterías inconmensurables, su infinita torpeza económica, su entrega del país a intereses extranjeros, las masacres de campesinos (Aguas Blancas, El Bosque, La Libertad, El Charco, Acteal, entre otras) y la política de contrainsurgencia traducida en violaciones de mujeres indígenas por soldados y en el cerco contra los pueblos zapatistas.

Cómo no va a dar miedo el PRI ante monstruosidades sindicales como Joaquín Hernández Galicia, Salustio Salgado, Carlos Romero Deschamps, Carlos Jongitud Barrios, Elba Esther Gordillo y Víctor Flores, entre muchas otras, todas ellas gestadas en la matriz corporativa del tricolor.

Claro que hay razones para sentir terror ante un eventual regreso del PRI si se considera que, durante la administración del propio Peña Nieto en el Estado de México, los índices delictivos y la violencia se multiplicaron en forma incontrolada, la entidad se situó como primera en feminicidios, creció el desempleo, se incrementó el número de pobres, se multiplicó la deuda del estado y el gobernador destinó miles de millones de pesos de dinero público a campañas de imagen para presentarlo como un buen prospecto presidencial.

Cómo no sentir terror de que regresen al poder, de la mano de Peña Nieto, individuos como los Salinas de Gortari, Mario Marín y Ulises Ruiz.

“El PRI es el cambio”, dijo Peña Nieto, en un escandaloso abuso del oxímoron. Y agregó: “Vamos a ganar el primero de julio de manera clara y contundente. Vamos por un triunfo inobjetable”. Para su infortunio, la frase le salió casi idéntica a la que dijo Jorge de la Vega Domínguez, antiguo gerente del partido, en la madrugada del 7 de julio de 1988, mientras se cocinaba el magno fraude electoral: la imposición de Salinas había sido “un triunfo contundente, legal e inobjetable”.

Cómo no va a dar miedo.

Un abrazo grande para Julio Collado Vides, investigador del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, recién distinguido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y quien ha propuesto un año de silencio ante el desdén gubernamental hacia la ciencia y la investigación.

navegaciones@yahoo.com


http://navegaciones.blogspot.com

http://twitter.com/Navegaciones








18 dic 2011


El Despertar
El vuelco de AMLO



José Agustín Ortiz Pinchetti


Los observadores se preguntan si AMLO se ha convertido” en un líder moderado o si se ha puesto una piel de borrego para ocultar su ferocidad. El tabasqueño ha cambiado sus discursos. No tienen la vibración hostil de los años de resistencia. Todos los políticos al acercarse la fecha electoral buscan el centro, es decir el voto de los moderados. ¿Realmente Andrés está dejando atrás su propuesta esencial?

En 2006 AMLO no atacó a los empresarios y no los adula en 2011. Nunca ha atacado a la actividad empresarial. Nunca ha impugnado la economía de mercado, aunque afirma que es necesaria la rectoría de un Estado eficiente y compacto. Su relación con los empresarios de la capital del país durante la época que fue jefe de Gobierno resultó magnífica. Los que colaboramos en esa área sabemos que no hubo un solo conflicto y que en los niveles superiores de gobierno no hubo corrupción, ni comisiones, ni mordidas. Hoy como entonces se aspira a la pluralidad. Si sus críticos revisan sus pronunciamientos desde 2000 para acá verán que se ha mantenido congruente: denuncia a los mafiosos que asocian el poder político a los negocios, pero respeta a los empresarios auténticos. Los ataques contra los empresarios fueron imaginarios, producto de una calumnia impulsada por millones de correos electrónicos emitidos desde los ministerios del gobierno de Fox apoyada por una campaña fascista que lo acusaba de ser “un peligro para México”.

En 2006 y en 2011 AMLO mantiene la consigna de que, por el bien de todos, primero los pobres. Esto no es una amenaza para la economía de mercado, sino la única vía para fortalecerla. La política neoliberal de mantener bajos los salarios para atraer a la inversión privada no sólo es criminal sino estúpida. Sin poder de compra de la mayoría no puede restaurarse el crecimiento económico nulo desde hace 30 años. La pobreza de la población alimenta los circuitos del crimen organizado y pone en riesgo la estabilidad social y política.

Nada molesta más a los críticos laicos que la propuesta de AMLO de centrar el cambio en una transformación ética y espiritual. Eso de “la república amorosa” les suena a mesianismo. Pero López Obrador responde al hambre y sed de decencia que padece el pueblo de México. Todos sabemos que la corrupción está minando a la nación. Es cierto: el trasfondo del pensamiento de AMLO es el cristianismo en una versión que no excluye a los ateos ni a los agnósticos. Bien dice Gabriel Zaid que en el fondo de todos los valores liberales está el cristianismo. Uno puede ser demócrata y plural y estar a favor del cambio social y tener además una convicción cristiana o incluso ser demócrata, liberal y socialista por su raíz cristiana. De hecho “el laicismo es un cristianismo que no osa decir su nombre, ni reconoce sus orígenes” Es indispensable combinar los principios con el sentido práctico. La propuesta de AMLO es asociarlos indisolublemente y ahí está el enorme potencial de su movimiento.

Me permito dar vacación a mis lectores por los próximos 15 días. Felicidades.



17 dic 2011


Desfiladero
Benedicto XVI: una limosnita para Peña Nieto

Jaime Avilés
Nada es gratuito. Salinas, Azcárraga, Roberto Hernández, Germán Larrea, los capitostes de la ultraderecha que domina, saquea y explota a 110 millones de mexicanos, han caído en trance de pánico frente a las elecciones de 2012, para las cuales no tienen candidato a la Presidencia –Peña Nieto se les ponchó y se les desinfla día a día; los tres merolicos panistas no son menos risibles y… paren ustedes de contar–, pero tampoco tienen proyecto viable –las reformas estructurales” son una exigencia de las empresas españolas (en el ámbito laboral) y de las agencias de Estados Unidos (respecto de la llamada “seguridad nacional”)–, así que han decidido cerrar filas con el oscurantismo de la vela perpetua, echando mano de sus representantes en el Congreso.

El salinista Francisco Rojas y la antiabortista Beatriz Paredes (PRI), el garcialunista Javier Corral (PAN), la parasitaria congregación de los camachuchos (PRD), así como la banda de los caballeros que encabeza el que no sabe leer, ni conoce el monto del salario mínimo, ni el precio del kilo de tortillas, porque no es la-señora-de-la-casa (EPN), aprobaron anteayer, a troche y moche, una reforma al artículo 24 de la Constitución que –si los senadores la ratifican– permitirá, entre otras cosas, las siguientes:

Que los alumnos de las escuelas públicas se vean obligados a estudiar la religión católica y a demostrar sus conocimientos al respecto, presentando exámenes orales que, en caso de no aprobar, les impedirán avanzar en su formación académica.

Que en los canales de la televisión abierta –por decir algo, en programas como el de López Dóriga o Alatorre– intervengan sacerdotes como analistas políticos o conductores de sus propios espacios informativos (imaginen el reality show En el confesionario, con el vocero de la arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, director del semanario Desde la fe).

Que la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) presente candidatos a los puestos de elección popular, con lo que en las cámaras habría bancadas de curas y monjas.

O que las fuerzas armadas asistan a misa vistiendo uniforme, y las tropas confiesen y comulguen, y sus capellanes las conforten y bendigan, exhortándolas a pelear como cruzados medievales.

Gracias al PRI, al PAN, a la derecha perredista, acaudillada por Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, con la venia de Elba Esther Gordillo; gracias a Televisa y Tv Azteca, al obispo Onésimo Cepeda y al arzobispo Norberto Rivera Carrera; gracias a El Yunque, a los legionarios de Cristo, al Opus Dei y a la ultramontana Casa sobre la Roca, que pastorea el reverendo Felipe Calderón Hinojosa, México podría llegar a ser, constitucionalmente, gobernado por una teocracia, como la de cualquier país fundamentalista islámico.

Decenios de deseducación televisiva, de promoción del analfabetismo, de combate al hábito de la lectura, de fomento al sedentarismo audiovisual, culminaron con el ascenso al poder de los rancheros salvajes de Guanajuato (que se cultivaron deleitándose con las obras completas de José Luis Borgues y Rabina Gran Tagora), a quienes sucedieron los latinistas michoacanos (“castigaremos severamente a quienes irrumpan la ley”, dijo el ayatola Calderón en un discurso de 2007) y con ellos se enseñorearon de la SEP Josefina Vázquez Mota y Alonso Lujambio, autores de la trepanadora reforma educativa, que eliminó la enseñanza de la ética y la lógica en la secundaria y de la filosofía en la prepa.

Ahora bien, si la clase política mexicana padece una prolongada crisis de legitimidad (dos gobiernos espurios, surgidos de fraudes electorales entre 1988 y 2006), las finanzas del Vaticano no atraviesan por uno de sus mejores momentos. El endeudamiento de la zona euro, que azota con particular dureza a los países del grupo Pegi (Portugal, España, Grecia e Italia), se refleja en la captación de limosnas que recibe la Santa Sede en los cepos de sus incontables sucursales, que suelen convocar a sus benefactores tremolando el canto broncíneo de sus campanas.

En su reporte financiero más reciente, que hizo público el sábado 2 de julio de 2011, el Vaticano informó que después de trabajar con números rojos de 2006 a 2009, sus ingresos en 2010 fueron de 356 millones de dólares (mdd) y sus gastos ascendieron a 340 mdd, lo que le dio una modesta ganancia de 16 mdd. Sin embargo, añadió, las donaciones que recibió de sus templos en el mundo, “lo que se conoce como el óbolo de San Pedro, cayeron 15 mdd con respecto a 2009, y totalizaron 67 mdd”, lo que representa una disminución de 18 por ciento.

Así que nada es gratuito. Ante el peligro de que el pueblo de México vote por el dirigente opositor que ofrece crear siete millones de nuevos empleos en 2013 (tal como lo hizo Roosevelt en 1933), regresar a las fuerzas armadas a sus cuarteles, detener el baño de sangre y actuar con honestidad, amor y justicia para impulsar la reconstrucción del país, la ultraderecha y sus partidos (PRI-PAN-PRD) le ofrecen a Benedicto XVI la liquidación del Estado laico y millones de pesos derramados en fervorosas y espontáneas limosnas, esperando a cambio de ello que, durante la segunda quincena de marzo del año entrante, pocos días antes del inicio de las campañas electorales (que arrancan el primero de abril), Herr Ratzinger aclare a los “pinches proles” quién sigue siendo “un peligro para México”, es decir, para la olinarquía.

Lozano se fuga

Para Javier Lozano Alarcón, el pianista panista que hasta el pasado miércoles fungió como secretario del Trabajo en el gabinete calderónico –puesto desde el cual arrojó al desempleo a 42 mil electricistas de la compañía de Luz y Fuerza del Centro y a 8 mil empleados de Mexicana de Aviación– acaba de comenzar un periodo de gran incertidumbre en su vida.

Susceptible de ser acusado penalmente, como presunto corresponsable del aparente fraude maquinado que condujo a la ruina a la aerolínea más antigua de México, Lozano vivirá los próximos meses fingiendo que sonríe, para disimular que en realidad estará pasando aceite, pues la larga lista de actos no necesariamente lícitos en que estuvo involucrado como funcionario público –desde el caso Zhen Li Yegon, hasta la entrega de la fibra óptica de Luz y Fuerza a Televisa– podrían frustrar sus aspiraciones de “servir a sus paisanos” desde el Senado.

Ahora que ha renunciado al fuero constitucional, los abogados de los sindicatos y las empresas que contribuyó a destruir podrían indiciarlo (o sea, señalarlo con el índice para que lo investiguen los tribunales) y ponerlo en serios aprietos. Por eso, mientras no recobre el fuero, si es que logra ser electo el domingo primero de julio, estos meses le parecerán eternos.

Por otra parte no menos tenebrosa, para cerrar su amargo año represivo con un broche de venganza, la rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Esther Orozco, despidió al titular de la editorial de esa institución, el poeta Eduardo Mosches. La directora de Difusión Cultural, Nora Huerta Guajardo, fue hasta su despacho, le exigió que lo desocupara y abandonara el edificio. Mosches, dirigente sindical de la UACM, ha denunciado en reiteradas ocasiones que Huerta Guajardo carece de título universitario y por ello no debería ejercer el cargo que ilegalmente ocupa… Dado el clima de emergencia nacional que vivimos, Desfiladero no tomará vacaciones. El próximo sábado no se pierdan “Twitter para principiantes”, un bonito regalo navideño.

jamastu@gmail.com
@emiajseliva

La guerra; siempre la guerra

Acentos

Epigmenio Ibarra

2011-12-16 •


Hace ya 30 años tuve mi primer contacto real con la guerra. No hablo de los primeros combates que cubrí; de los atentados dinamiteros en San Salvador, de las aventuras y peripecias típicas del corresponsal de guerra que a veces vive de todo menos la guerra. Hablo de la muerte sin máscara alguna; desposeída de todo romanticismo. Hablo de la masacre de El Mozote.

Hablo de esos ancianos, de esas mujeres, de esas niñas y niños que entrevisté un domingo luminoso en las montañas de Morazán. Hablo de la pequeña ermita y los pañuelos blancos en la cabeza de casi todas las mujeres del caserío y hablo del pan recién horneado. Hablo de que todo eso fue borrado de la faz de la tierra y de que todos ellos fueron asesinados.

Hablo de cómo los hombres, evangélicos la gran mayoría, se decían a salvo, protegidos por el señor, ajenos a los conflictos de los hombres, lejanos por igual al ejército y a la guerrilla. Hablo de las mujeres con delantales blancos impolutos y de cómo Santiago, de Radio Venceremos, se acercaba a ellas micrófono en ristre y les aconsejaba, luego de entrevistarlas, salir cuanto antes de la zona.

Hablo de la serenidad de esas mujeres cuando ya el país y Morazán se dirigían al abismo. De la seguridad de los hombres, de como te miraban directa y fijamente tratando de descifrar cómo era posible que no comprendieras que a ellos, ahí, no les pasaría nada. “Y si nos pasa —concedió finalmente uno ante nuestra insistencia— será porque Dios así lo quiere”.

Hablo de la tienda del pueblo, de ese pueblo minúsculo de casas de adobe y bajareque, perdido en medio de la montaña, olvidado de la mano de Dios, hasta donde llegó un día, con el propósito de “sacarle el agua al pez” como reza el manual de la contrainsurgencia norteamericana, el batallón de reacción inmediata Atlacatl —formado y entrenado en los EU— y trajo consigo la muerte.

La muerte que no respetó esos pañuelos blancos sobre la cabeza de las mujeres, que no supo ni de ruegos y peticiones de clemencia, ni se abstuvieron frente al que se declaraba ajeno a las partes en conflicto y que tampoco tuvo el pudor de detenerse ante el llanto de las niñas y los niños.

La muerte que arrasó el horno donde los domingos se horneaba el pan, que saqueó la tienda, no dejó una sola casa en pie y destruyó la ermita. La muerte que estuvo ahí celebrando un ritual macabro —de selección, confinamiento y ejecución por grupos— de más de 48 horas; porque matar a tantos toma tiempo, organización y empeño.

Muerte que semanas después de la masacre documentaron Ray Bonner, del NYT, y la fotógrafa Susan Mayselas mientras yo intentaba atravesar clandestinamente la frontera entre Honduras y El Salvador. Y hablo de cómo a Bonner, por presiones del Departamento de Estado, lo degradaron en el NYT y de cómo la noticia de la masacre fue olvidada, borrada, sepultada.

Hablo también de cómo, cinco años después, pude finalmente volver a El Mozote y encontré entre sus ruinas restos humanos y de cómo busqué en esos cráneos blanqueados por el sol el recuerdo de los rostros que filmé antes. Hablo de los helicópteros artillados que sobrevolaban la zona y de cómo había que andarse con mucho tiento y mucha prisa.

Y hablo de cómo, cuatro años más tarde, una antropóloga forense argentina, al pie de los restos de la ermita de El Mozote, me describía, puntual y dolorosamente, el estado en que fueron encontrados los esqueletos de 131 niñas y niños; los juguetitos encontrados en el pantalón de uno; la muñeca encontrada en las manos de otra; las evidencias de que muchos de ellos habían sido ultimados a punta de cuchillo.

Y hablo de Rufina, la única sobreviviente de la masacre de más de mil campesinos en los cantones de El Mozote, Agua Zarca y El Junquillo, contándome cómo había escuchado a sus hijos llamarla justo desde el interior de la misma ermita: “Mamita, mamita, nos están matando”, gritaba, esa noche, el más pequeño de sus hijos.

Y Rufina no pudo hacer nada; nada salvo cavar un pequeño agujero donde enterrar la cara para soltar un llanto sordo y seco que habría de enloquecerla. Dos años vivió en una barranca. “La Ciguanaba” (versión salvadoreña de “La Llorona”) le decían los guerrilleros que por ahí rondaban y que la creían un fantasma, un alma en pena que es lo que era y sigue siendo.

Hablo también del coronel Domingo Monterrosa, el gran estratega del ejército salvadoreño, el que iba siempre al frente de sus tropas en combate, el amigo de la prensa internacional, el hombre consentido por los norteamericanos, el mejor ejecutor de la estrategia de contrainsurgencia, el jefe que ordenó esa masacre, luego la de Copapayo, en Guazapa, y que años después cayó abatido, por su propia soberbia, muy cerca de El Mozote.

Hablo de la guerra que es esto —muerte, sangre, mierda, dolor— y no lo que creen los demagogos y generales de “botas virgas”, que nunca han estado bajo fuego y mandan a los jóvenes a matar y morir. Hablo de la guerra a la que no quiero como destino ni para mi patria ni para mis hijos y hablo de que, ahí, en El Mozote, juré jamás acostumbrarme al horror. Por eso la guerra, siempre la guerra. Por eso para evitarla, para pararla es que no quito, ni quitaré, el mismo dedo del mismo renglón.

http://elcancerberodeulises.blogspot.com

www.twitter.com/epigmenioibarra

.







16 dic 2011


Astillero
Regalito al Papa

Peña Nieto, de voto

IFE: cuotas simuladas

“Terrorismo” a modo

Julio Hernández López


Sólo sería necesario que Benedicto 16 adelantara un par de días la prevista fecha de su llegada a México para hacerla coincidir con la correspondiente al natalicio de Benito Juárez. Según las primeras versiones difundidas por el Vaticano, el jefe internacional de la Iglesia católica romana estaría en León, Guanajuato, del 23 al 26 de marzo del año próximo, aunque sus principales actividades se realiza-rían el 24 y el 25.

Fuese ajustado el calendario de esa visita papal, o sostenido en su programación hasta ahora conocida, lo cierto es que, en términos simbólicos y prácticos, la presencia pública desbordante de B-16 significará un golpe a la memoria de lo que ha sido el juarismo en su vertiente histórica de constitución y defensa del concepto del Estado laico. Sobre todo porque, en esta ocasión, la visita del Papa pretende ser convertida en una suerte de aparatosa reivindicación histórica del conservadurismo, mediante la entrega de una ofrenda consistente en la reforma del artículo 24 de la Constitución vigente para derribar los últimos frenos al expansionismo clerical y propiciar la legalización del carácter confesional en las escuelas, la realización de actos masivos fuera de recintos de culto religioso sin pedir permiso a autoridad alguna, la obtención de concesiones para frecuencias de radio y televisión a través de las cuales emitir directamente programación propia y la caracterización jurídica de la católica como la Iglesia dominante en el país, y de lo religioso como concepto dominante y excluyente en materia de conciencia.

En razón de ese compromiso de entregar al máximo sacerdote cambios constitucionales como ofrenda en el marzo juarista de 2012 (en plenas campañas), la derecha bicéfala de San Lázaro forzó ayer procedimientos, reglamentos y memoria histórica, unidos panistas y priístas en el objetivo de sacar adelante las modificaciones que el partido de blanco y azul considera totalmente afines a su pensamiento y trayectoria pero que en el caso del de tres colores solamente han sido impulsadas en razón de dar cumplimiento al compromiso que Enrique Peña Nieto hizo con los mandos locales y la nunciatura apostólica en el sentido de aprobar en la Cámara de Diputados las adecuaciones que, como advirtió con oportunidad y visión La Jornada en su edición de ayer, constituyen una “nueva vía para demoler el Estado laico”.

Cierto es que, en el México de las apariencias y la simulación, la Iglesia católica ya realiza y aprovecha varios de los rubros contenidos en las modificaciones constitucionales apenas autorizadas en San Lázaro que ahora pasan al Senado para revisión y eventual convalidación. Pero el Estado mexicano había mantenido esa reserva legal en su favor, la de una prohibición jurídica que sin embargo podía ser negociada y tolerada. Ahora, el clero triunfal legaliza lo que ejercía mediante discrecionalidad y, por tanto, obtiene una fuerza jurídica y política que podrá transferir abiertamente a los terrenos social y electoral. El Papa y su Iglesia obtuvieron anoche una autorización expresa para influir en los comicios de 2012. El Estado mexicano cede más y más frente a poderosos grupos de presión como las televisoras, los empresarios, las fuerzas armadas (soldados, marinos, policías) y ahora la elite católica.

La visita papal de marzo entrante queda desde ahora marcada por el interés electoral. La derecha confesa, la que se agrupa en el PAN, espera que la figura del sucesor de Juan Pablo II le ayude a ganar votos en una coyuntura especialmente difícil, que parece encaminada a que pierda el poder. Pero el principal buscador de indulgencias en tiempo de comicios es el mencionado Peña Nieto, educado o, más precisamente, egresado de una universidad perteneciente al Opus Dei. Por ello, ayer, los priístas férreamente alineados a su literariamente despeinado mando se batieron en la Cámara de Diputados en defensa del proyecto acordado, mientras petistas, entre los que destacó el constitucionalista Jaime Cárdenas Gracia, alegaron una y otra vez; demostraron violaciones procesales y conceptuales; tomaron la tribuna en un par de ocasiones, y acabaron viendo el paso de la aplanadora del prianismo para reformar el artículo 24 constitucional.

Antes de tal milagro benedictino prematuro, los diputados habían vivido otro momento de éxtasis. Catorce meses después de lo que la letra legal les indicaba, violando el artículo 41 constitucional en cuanto a la obligación de realizar una consulta ciudadana, y restituyendo el criterio mercantil del reparto de cuotas (apenas disfrazado mediante mejores hojas curriculares de los designados), la cámara tardía designó a tres consejeros del IFE. Tan insólita muestra de eficacia demorada generó enorme júbilo en esos legisladores que a través de tribunos cantarines dijeron estar presenciando momentos históricos en los que la democracia se perfeccionaba, las instituciones refulgían y ellos, los diputados, cumplían a cabalidad con sus responsabilidades y compromisos. Con un consejero por partido principal (PAN, PRI, PRD) en esta nueva asignación de consejeros, y sin mayor cambio que el numérico, los perfiles y méritos de los recién llegados irán sumándose al proceso de empequeñecimiento y predisposición adversa que han ido construyendo los seis ya existentes.

Y, mientras a título “ciudadano” y como “creyente católico” el licenciado Calderón se apresta a ir este domingo a una misa por la paz en la Basílica de Guadalupe, que oficiará el cardenal Norberto Rivera, y en tanto en San Lázaro continúan las protestas de diputados por la ceremonia de bendición, a cargo de un cura, de la sala de prensa de esa cámara, ¡feliz fin de semana, viendo a la secretaria mexicana de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, responder con proyectiles declarativos ligeros (“no aceptaremos cooperación que esté por encima de la soberanía nacional”) al tentativo plan de un subcomité legislativo gringo (que aún deberá pasar por la aduana senatorial previsiblemente adversa a esos excesos) de intervención en México para combatir cárteles “terroristas”!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

Traición al Estado laico
Gabriela Rodríguez
Policías que matan estudiantes, más muertos y más violencia cada día, y cada vez más urgente la necesidad de lograr un cambio verdadero. Enfrentamos una guerra material y cultural, el peor momento del país que me ha tocado vivir.

Pero a los legisladores del PAN y del PRI lo único que les preocupa es la campaña electoral, y como al votar juntos suman las tres cuartas partes que exige toda reforma constitucional, esta semana quisieron ganarse al episcopado mexicano al cambiar el artículo 24 de la Constitución; pero el intento les falló, y ante las irregularidades del proceso ayer las y los legisladores de la izquierda tuvieron que tomar la tribuna. Esperamos que no vuelvan a presentar una reforma que atenta contra el Estado laico.

La reforma pretendida no es menor. Querían cambiar el concepto anterior de libertad de creencia por el de libertad de conciencia y religión, además de derogar el párrafo que sujeta la realización de los actos de culto público en los templos, lo cual tiene un gran riesgo: abre la puerta para difundir ideas religiosas en los espacios públicos, en las calles, en los medios, y –en la concepción del episcopado– la libertad de religión podría incluir a las escuelas públicas.

Increíble pero cierto, lo que los jerarcas eclesiales perdieron frente a Benito Juárez en 1857, frente al Constituyente de 1917 y en la Guerra Cristera, quieren recuperarlo en pleno siglo XXI. La gravedad de la reforma pretendida es el riesgo de quitar al Estado la hegemonía de la educación y echar atrás un proceso que permitió que las prácticas religiosas se circunscribieran a la vida privada, que los mexicanos fuésemos formados con base en los valores democráticos y constitucionales, en los conocimientos científicos y en las humanidades, una reglamentación que durante 150 años nos permitió modernizarnos y secularizarnos, ejercer los derechos humanos y ser libres.

Se trata de una iniciativa innecesaria y discriminatoria porque ya esta contemplada la libertad de creencias y de culto en la Constitución, pero ahora querían otorgar grandes privilegios a la jerarquía católica sin brindar ningún beneficio al resto. Se vulneraría la democracia porque discrimina a muchos católicos que no comulgan con las ideas de los obispos, a las minorías religiosas y a quienes no profesamos ninguna religión.

Las principales víctimas de la desregulación de las ideas religiosas serían las familias pobres: las niñas, los niños, los jóvenes, las mujeres y las minorías sexuales, las familias de hogares marginales, rurales e indígenas, así como quienes tienen menor capital cultural y cuentan con menos libros e información en casa. Porque la difusión del catolicismo en los espacios públicos no sólo promueve el amor al prójimo, sino que puede deformar el derecho a la información y atentar contra los derechos sexuales y reproductivos: cuando desprecia el erotismo y distorsiona el vínculo del amor y la sexualidad, cuando devalúa las capacidades de niñas, niños y adolescentes al negarles el derecho a la información y dejarlos más vulnerables al abuso sexual y la pederastia, cuando discrimina a solteros y solteras con vida sexual activa y a las minorías sexuales, al promover la virtud de la castidad y de la virginidad, al condenar los pecados de la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución y los actos homosexuales; y limita el acceso a la salud reproductiva y a la maternidad voluntaria, al proscribir el condón, los métodos anticonceptivos y la interrupción legal del embarazo.

Esta semana PRI y PAN perdieron una batalla contra el Estado laico pero ganaron otra: no lograron cambiar el artículo 24 para que los ministros religiosos llamaran a votar por sus siglas, pero triunfaron al traer al Papa y así poder manipular a las masas en plena campaña electoral.

Las elites políticas deberían tomar en cuenta la opinión de las nuevas generaciones, quienes actualmente representan la mayoría de los votantes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, 60.9 están en desacuerdo en que la Iglesia participe activamente en la política, 49.4 por ciento considera que la Iglesia no tiene una respuesta adecuada para los problemas sociales concretos del país, 66.2 por ciento de los jóvenes y 54.20 de ellas utilizaron un anticonceptivo en su primera relación sexual, y en cuanto a sus creencias 83 por ciento son católicos, 7.8 son cristianos, y actualmente 7.9 no tienen ninguna religión, lo cual aumentó 4.9 puntos porcentuales en cinco años.

La historia nos enseña que brindar mayor libertad de acción a las elites religiosas no garantiza una convivencia pacífica ni armoniosa sino todo lo contrario. Para evitar enrarecer más el ambiente electoral o calentar los ánimos en un caldo de cultivo tan violento como el que prevalece en nuestro territorio, habría que fortalecer la laicidad del Estado, denunciar lo peligroso de vulnerarla y además solicitar al Vaticano que posponga la visita del Papa para 2013. Aunque parece que la violencia no es un asunto que les quite el sueño ni a los candidatos ni a los legisladores de la derecha.

grodriguez@afluntes.org
@Gabrielarodr108

Aprueba la Cámara la reforma el artículo 24 constitucional

Se unen chuchos a PRI-AN en el golpe al Estado laico

La presidencia de la mesa directiva a Acosta Naranjo, moneda de cambio

Abierto, todo acto “de culto, ceremonia o devoción” fuera de templos

El equipo de Peña Nieto y el Episcopado niegan cualquier negociación

Un sector del PRD sostiene que es un retroceso (Obradoristas)



Roberto Garduño y Enrique Méndez

A cambio de la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, un sector del Partido de la Revolución Democrática (PRD) convalidó ayer la reforma de PRI y PAN al artículo 24 de la Constitución para instaurar en México “la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión” y permitir así los actos “de culto, ceremonias o devociones” en privado y en público.

Sin embargo, su realización y difusión se mantienen acotadas a informar y solicitar permiso a las autoridades. En un debate de casi siete horas, un sector de diputados de PRD y PT, y los priístas de Oaxaca, reprocharon la prisa por aprobar una reforma que, advirtieron, representa un avance de las iglesias y un retroceso al Estado laico.

El PRI amarró los votos de la corriente Nueva Izquierda, a condición de que los priístas eligieran a Guadalupe Acosta Naranjo (PRD) como presidente de la mesa directiva por cuatro meses. Consumado el trueque, los chuchos festejaron con gritos y saltitos de gozo en sus curules.

Emilio Serrano, que ha usufructuado el control de personas de la tercera edad en Iztapalapa, era uno de los más felices.

Su postura, que reflejó la de Nueva Izquierda, dio pie a que un puñado de perredistas y petistas cuestionara “la inmoralidad de que Enrique Peña Nieto negociara la reforma para agradar al Papa”, pero también “la impudicia y la avaricia de los chuchos” de avalar un retroceso histórico con tal de entronizar a Acosta Naranjo. “Un sector del PRD se prestó hoy a derruir al Estado laico”, expresó Avelino Méndez Rangel.

Negociador fundamental de los cambios, según declaró el coordinador del PRI, Francisco Rojas, Alejandro Encinas (PRD) soltó: “esto es así, ni pedo”.

El hasta ayer presidente de la mesa directiva, Emilio Chuayffet, facilitó que se dispensara el trámite legislativo para que el dictamen aprobado el miércoles sólo por 19 panistas y priístas en la Comisión de Puntos Constitucionales se discutiera en el pleno.

Mordaz, Porfirio Muñoz Ledo (PT) cuestionó: “¿de cuándo a acá Chuayffet resultó religioso? Él forma parte de una minoría musulmana, que con esta reforma será aplastada”. Sin embargo, el petista ya no se quedó al resto de la sesión, aun cuando registró una reserva que fue desechada por defaul.

La reforma, enviada anoche al Senado, incluye el cambio de todo el primer párrafo del citado artículo, bajo la concepción de que no reconocer la libertad religiosa convertiría al Estado mexicano en “anticlerical”.

En cambio, definen los considerandos, “la libertad religiosa es el complemento necesario, es decir, la otra moneda del Estado laico... que no ignora ni desprecia la religiosidad del pueblo manifestada en la libertad de creencias... no discrimina a los creyentes ni a los no creyentes”.

Además, indica, “el Estado constitucional democrático es laico porque respeta la libertad de conciencia y de religión. Pero debe dejar claro que un Estado que se dice laico para despreciar o ignorar las convicciones personales o religiosas no es un Estado constitucional democrático, sino su antítesis: un Estado autoritario o sectario, al servicio de una minoría”.

El dictamen, que en la redacción final contó con la negociación directa de las perredistas Enoé Uranga y Teresa Incháustegui con el priísta Francisco Rojas Gutiérrez, pretendía incluir “el derecho implícito” de los padres de familia o tutores a enviar a sus hijos a escuelas religiosas, con el argumento de que eso forma parte del ejercicio de la libertad en la materia.

Los priístas asumieron además como un “error” de Ricardo López Pescador suprimir, por sugerencia de Carlos Alberto Pérez Cuevas –del equipo de precampaña de Josefina Vázquez Mota–, el tercer párrafo del artículo, que limita los actos de culto a los templos y obliga a las asociaciones.

La toma de la tribuna encabezada por una veintena de diputados de PRD y PT obligó a PAN y PRI a restaurar dicho párrafo y suprimir los que hacían referencia a la educación religiosa y a la entrega de concesiones de medios electrónicos a las iglesias.

El nuevo artículo señala: “toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.

La negociación entre bancadas derivó en pequeños ajustes a la del documento original.

Enoé Uranga pidió a Rojas incluir la libertad de convicciones éticas, e Incháustegui llevó hasta la curul del priísta un agregado para acotar que ningún ministro de culto utilizará los ritos para hacer proselitismo.

El coordinador de los priístas aceptó que se agregara: “nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”.

Hecho el compromiso, los priístas simularon aceptar las reservas que las perredistas presentaron más tarde desde la tribuna, y como el arreglo no incluyó a Jaime Cárdenas (PT), el tricolor desechó su propuesta de agregar que las relaciones diplomáticas con estados o gobiernos teocráticos se conducirán de acuerdo con los principios de separación entre el Estado y las iglesias, definidos en el artículo 130 de la Constitución.

El presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas, Jorge González Ilescas (PRI), reprochó desde la tribuna que la reforma constituye un retroceso y olvida que la injerencia de las iglesias en la vida económica, política y social mexicana provocó hechos lamentables en la historia. “No en vano la ideología juarista y la defensa del Estado laico del más universal de los oaxaqueños”, expuso.

Al extremo del salón, la diputada Hilaria Domínguez exclamó: “¡viva Juárez!” Su compañero Sami David, que ya no se quedó a la sesión para no tener que votar a favor, pero tampoco en contra, respondió: “¡religión y fuero!”

En el intercambio de gritos, Muñoz Ledo devolvió: “¡ése era el grito de Miramón!”

El panista Javier Corral acusó el jacobinismo de perredistas y petistas; luego fue a sentarse al lado de Francisco Rojas, a ver pasar el debate mientras compartían pistaches de la misma bolsa.

Carlos Flores Rico (PRI) se solazaba de la reforma, aprobada por 199 votos en favor, 58 en contra y tres abstenciones. “No sé por qué tanto escándalo, si sólo cambiamos tres palabras”, alegó.

–¿Cuáles? ¿Viva Cristo Rey? –se le cuestionó.

–¡Ash! ¿De qué se escandalizan, si es una actualización normal de la Constitución?



13 dic 2011



Los valientes no asesinan


Álvaro Delgado
12 de diciembre de 2011
Análisis



MÉXICO, D.F. (apro).- A pesar de tanta sangre, de tantos desaparecidos, secuestrados y desplazados, sigue la degradación de la patria: Este día de la Virgen de Guadalupe otros dos jóvenes, como decenas, centenares, miles, de su misma edad que han perdido la vida, fueron abatidos por las balas de quienes el poder político ha dado licencia para asesinar.

Podrá decirse que fue una provocación, que los manifestantes cometían un delito flagrante y que la autoridad tenía obligación de proceder, pero se cometió una infamia, otra más en la larga lista de abusos de poder en México de quienes han demostrado de manera “evidente y palmaria”, para usar palabras de Felipe Calderón, su rotundo fracaso con el uso de la fuerza.

No puede llamarse enfrentamiento cuando una turba lanza pedradas contra policías –federales, estatales o municipales– y éstos responden con las balas de su poderoso armamento para arrebatar la vida a dos muchachos.

Eso se llama asesinato.

Y hay agravantes: Los testimonios gráficos y videográficos acreditan que policías y al menos un sujeto de civil disparan con armas largas a la multitud que se dispersa y uno de los jóvenes es abatido a balazos por la espalda.

Ese no es el monopolio de la fuerza del Estado, como ya comienza a recitarse desde las atalayas del poder, ni se justifica aun en el caso ser guerrilleros, como la perfidia oficial sugiere también.

Eso es cobardía.

Y como certeramente lo definió el poeta de la patria, el inmenso liberal Guillermo Prieto, los valientes no asesinan.

Un doble asesinato de muchachos ocurrió el mediodía de este lunes 12 de diciembre en Chilpancingo, Guerrero, cuando manifestantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa bloquearon la confluencia de la autopista del Sol y la carretera federal México-Acapulco, en demanda de ser recibidos por el gobernador perredista Ángel Aguirre Rivero, tan frívolo como indolente.

Las investigaciones, si es que las hay y son auténticas, deben esclarecer si los homicidas son policías federales, estatales o municipales, pero bajo ninguna circunstancia debe quedar impune este doble crimen, del que tiene una inobjetable responsabilidad política Aguirre Rivero, un individuo que llegó a su primer periodo como gobernador producto de la matanza de Aguas Blancas, el 28 de junio de 1995, tramada por Rubén Figueroa Alcocer.

Aguirre Rivero, que tiene poblada la administración con sus familiares y quien mantiene una estrecha relación con el priista Enrique Peña Nieto, se escuda en que los estudiantes normalistas no tenían ninguna justificación para manifestarse porque, según él, les estaba dando respuesta a sus demandas.

Si no tenían razón, según esta lógica, entonces había que darles un escarmiento, matándolos.
Ahora el asesinato contra dos estudiantes fue en Guerrero, la semana pasada en Michoacán con don Trinidad de la Cruz Crisóforo, al finalizar noviembre en Sonora con Nepomuceno Moreno, y antes en Chihuahua con Norma Andrade, en todas partes se amenaza, se intimida, se mata con la certeza de que se puede hacer sin castigado, porque esos crímenes no le importan a quien detonó esta locura…

Apuntes

Tiene razón Calderón: Los narcotraficantes operaron en Michoacán durante todo el proceso electoral con absoluta impunidad y lo hicieron en parte contra el Partido Acción Nacional (PAN), cuya candidata, su hermana Luisa María, alias Cocoa, fue humillada con la derrota.

Es cierto, también, que el crimen organizado actúa en el proceso electoral federal que ya está en curso y sin duda tratará de imponer a personajes que le garanticen impunidad para seguir sus actividades, sea en la Presidencia de la República, en los gobiernos estatales y municipales, así como en el ámbito legislativo federal y local.

Pero esa queja, explicable en los ciudadanos, es inaceptable de quien se ostenta no sólo como jefe del gobierno, sino como jefe de las instituciones del Estado, como jefe supremo de las Fuerzas Armadas y de la Procuraduría General de la República (PGR), es decir, las instancias responsables de evitar y en todo caso castigar la “evidente y palmaria” actuación de los criminales.

Esta nueva línea discursiva de Calderón motivada por la derrota de su hermana, a quien respaldó sin límite ni escrúpulo, no es sólo impotencia por la pérdida de lo que ya sentía era patrimonio del clan, sino sobre todo la admisión explícita del fracaso de su “guerra” que declaró al inicio de su infausta gestión…

Comentarios: delgado@proceso.com.mx