19 may 2011



El símbolo de Ecatepec






Octavio Rodríguez Araujo




El lunes, en Ecatepec, estado de México, se mostró que la coalición de partidos Unidos Podemos Más no es una frase hueca. Ahí estuvieron Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, los dirigentes de los partidos coligados (PRD, PT y Convergencia) y varios más que hace unas semanas no parecían ponerse de acuerdo en muchas cosas.

En un país de símbolos y señales elípticas, la foto del despegue de campaña de Alejandro Encinas en la entidad mexiquense es más que una imagen. Los políticos de esa izquierda que tenemos en la vía electoral al fin parecieron entender que mantener sus divisiones ya tradicionales y conocidas desde hace décadas no beneficia a nadie, ni a ellos ni a la población que se quiere organizar para cambiar el país por otro mejor. La unidad que se quiso demostrar en el mitin de Ecatepec, ignorada como era de esperarse por los principales noticiarios en televisión, contiene un doble mensaje implícito a la nación: 1) las izquierdas también son capaces de unirse y disciplinarse por una razón superior a los individuos que las componen, y 2) los votos que obtengan, por ahora en la elección de gobernador de esa entidad federativa, no serán la suma aritmética del arraigo popular de cada partido coligado, sino los del entusiasmo que en la gente de a pie, con o sin partido, motiva la unidad de la única oposición que enfrenta a los mismos que desde hace ocho décadas se han heredado el gobierno del estado de México.

Si la unidad –que los líderes y dirigentes de las izquierdas electorales han mostrado en torno a Encinas– se mantiene después del 3 de julio, gane o pierda su candidato (que espero gane), los comicios presidenciales de 2012 serán un escenario altamente competitivo, sobre todo entre el PRD y aliados y el PRI y sus también aliados. El PAN, gracias a Calderón y su criminal guerra contra el crimen (la redundancia es deliberada), ya está en tercer lugar y ahí se quedará por un largo tiempo.

Algunos críticos y analistas “con los pies en la tierra” han señalado que la foto de Ecatepec es sólo una imagen. Pero en política, como dijera el extinto político veracruzano, la forma es fondo, y tenía razón. Los símbolos, una vez más, son también el mensaje, como bien lo sabían los antiguos mexicanos, y su credibilidad depende, sobre todo, de quienes lo digan, con imagen o con palabras.

No estoy sugiriendo que entre los que rodearon a Encinas en Ecatepec no haya diferencias. Desde luego que las hay y se han expresado en el pasado y posiblemente se expresen de nuevo en el futuro. Pero mi interpretación de la imagen es que esas diferencias han sido pospuestas, por voluntades personales, en aras de conseguir lo que una gran fracción de mexicanos desea: cambios en el manejo del país y un ya basta al despeñadero en que vivimos (incluida la inseguridad que a tantos preocupa).

Otros críticos, sobre todo anarquistas o cercanos a esta ideología (aunque no lo sepan), desestiman o desestimarán el símbolo de Ecatepec, porque –piensan– “todos los políticos son iguales” y porque las izquierdas están empecinadas en hablar de distribución de la riqueza, de empleo, de educación y esas cosas que –según ellos– no toman en cuenta la zozobra en que viven millones de mexicanos víctimas de la inseguridad, de los asesinatos y secuestros, etcétera. Estos críticos suelen vestirse con el ropaje de la traída y llevada sociedad civil, y piensan, equivocadamente, que lo que ellos llaman “clase política” está compuesto por extraterrestres y no por personas que simplemente se dedican a la política como otros a los negocios, a la ingeniería, a la medicina o a buscar trabajo.

Lamentablemente, estos críticos han sido víctimas de lo que el gobierno de Calderón quiso provocar: el miedo y la protesta por las consecuencias de sus políticas y no por las causas. Es obvio: entre más muertes se den, y ya andamos por 40 mil, más deudos habrá, más gente que llora a sus familiares, que involucrados o no en el narcotráfico, han muerto por las armas de éste o de quienes dicen perseguirlos con la licencia del gobierno mexicano en una guerra que nadie pidió.

No estoy diciendo que se guarden su coraje ni su sufrimiento, sino que bien podrían darse cuenta de que lo que está ocurriendo no hubiera pasado antes, cuando el Estado era Estado y controlaba la totalidad del territorio, y cuando el crimen tenía sus espacios más o menos tolerados como la prostitución los ha tenido desde que se inventó ese oficio o la venta de bebidas alcohólicas desde antes y después de la fracasada prohibición. Estos críticos parecen olvidar que antes de los gobiernos panistas ya había narcotráfico y criminales de toda laya, pero, como dijera muy bien Sócrates Rizzo, ex gobernador de Nuevo León, antes los presidentes eran verdaderos jefes de Estado y no sólo gobernantes, por lo que ellos fijaban las reglas y las hacían respetar con toda la fuerza (unificada) del aparato estatal. El Estado nacional –sugirió Rizzo– tenía control del territorio a cambio de ser permisivo con las cañerías de tránsito de drogas, que finalmente iban a dar, en su mayoría (igual que ahora) a Estados Unidos. Puede sonar cínico de parte del ex gobernador, pero no por ello menos cierto: el narcotráfico se dedicaba a su negocio y la población civil no sufría masivamente, como ahora, sus consecuencias. Fue, sobre todo, la ineptitud de Calderón, y sus ansias de legitimación no lograda en las urnas, lo que puso al país de cabeza y a quien le deben los ciudadanos las muertes de sus parientes y el acarreo de jóvenes sin futuro a las filas del narcotráfico, los secuestros y otros delitos similares.

Aunque fuera sólo por lo anterior, el país se merece otros gobernantes y, sobre todo, otras políticas que fortalezcan el Estado (fortalecer el Estado no es sinónimo de autoritarismo), que recuperen la nación y su territorio para sus habitantes, que den seguridad (en sentido amplio) a los mexicanos y no sólo tranquilidad para andar en la calle, que saneen la administración pública y los cuerpos policiales y castrenses, que realmente se basen en la Constitución y no en cómo adecuarla a los intereses de unos cuantos.

Y estos otros gobernantes que puedan implantar políticas públicas como las descritas no podrán ser del PRI, ni del PAN, ni de los aliados de ambos partidos, sino de las izquierdas encabezadas por quienes aparecieron, como símbolos de unidad, en Ecatepec. Si el neopriísmo y el panismo han conducido el país al desastre, habrá que derrotarlos. El símbolo de Ecatepec puede ser una buena señal si pasa de ser una foto a convertirse en una realidad. La oferta política no podría ser mejor. De nosotros depende aprovecharla o desdeñarla.

http://rodriguezaraujo.unam.mx/









18 may 2011




Edomex, la ceremonia de las fotos









Jenaro Villamil


MÉXICO, D.F., 17 de mayo (apro).- Si de mostrar el músculo se trataba, en el arranque de la "madre de todas las campañas electorales" el PRD ganó el primer round al PAN y al PRI en la ceremonia de las fotos en el Estado de México.

Alejandro Encinas logró la unidad escenográfica de sus principales liderazgos, pese a la disputa tras bambalinas, en tanto que el PAN dejó claro que ni su dirigente nacional está dispuesto a apoyar a Luis Felipe Bravo Mena, y en el PRI las ausencias pesaron más que las presencias en el mitin de Eruviel Ávila, un hijo no deseado de la dinastía Atlacomulco.

La "nota" fotográfica del mitin de Ecatepec fue, sin duda, la presencia de los dos candidatos presidenciales más votados en la historia de la izquierda mexicana: Cuauhtémoc Cárdenas, quien no se aparecía desde hace más de una década, al lado de Andrés Manuel López Obrador.

Ambos documentaron un fraude electoral en su contra. Ambos gobernaron el Distrito Federal. Y a ambos las rutas de la disputa electoral los separaron, en medio de fracturas que alcanzaron niveles de disputa marital entre sus equipos y seguidores.

En la foto, junto a Cárdenas y AMLO, el tercero en el escenario del 2012: Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno capitalino, ex colaborador de López Obrador e impulsor efímero de una alianza con el PAN.

La felicidad que refleja Encinas en la imagen es indudable por partida triple: es el único de las tres figuras que no militó en el PRI y colaboró con ellos de manera destacada; en lugar de aparecer al lado de los panistas, el ex candidato a gobernador en 1993 logró que ahora lo apadrinaran las figuras más destacadas en la historia reciente del perredismo, y en los territorios de Eruviel demostró que se puede convocar lo mismo a la nomenklatura que a las bases de la izquierda.

Es inevitable recordar que hasta 2009 el PRD gobernaba Ecatepec, pero sus divisiones y errores contribuyeron al retorno del PRI con Eruviel Ávila al gobierno del municipio más poblado del país.

¿Unidad escenográfica? ¿Juntos, pero distantes? En el caso del PRD --y de cualquier partido político-- no es poca cosa lograr esta conjunción de personalidades. Es la imagen que dice mucho más que miles de spots. El PRI, hasta ahora, no ha logrado siquiera una fotografía con Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, juntos, y en el PAN ya vimos que a donde acuda Santiago Creel se ausentará Gustavo Madero.

Lo fotografía del PRI evoca más el inicio de una precampaña presidencial que una contienda para gobernador: no fue Eruviel Ávila el protagonista, sino Humberto Moreira, el dirigente nacional priista que ya acapara reflectores, versiones estenográficas y polémicas, de manera más destacada que el propio Enrique Peña Nieto.

Lógica la ausencia de Peña Nieto para guardar las apariencias, las ausencias de dos ex gobernadores demostraron que la unidad no es un platillo que se coma fácilmente en el Estado de México. Ni Arturo Montiel ni Alfredo del Mazo González estuvieron presentes en el mitin con Eruviel Ávila. Ambos ex gobernadores, ambos pertenecientes a la dinastía Atlacomulco, pero con cargas simbólicas diferentes.

El primero, Arturo Montiel, pretende resurgir de las cenizas de sus escándalos de corrupción, pero todo indica que lo mantendrán en el clóset político para no afectar a su sucesor y sobrino. El segundo, Alfredo del Mazo González, ha insistido tanto que apoyará a Eruviel Ávila en aras de la "unidad y la disciplina", que su ausencia sólo confirmó lo que todo mundo sabe en Atlacomulco: al perder su hijo –el alcalde de Huixquilucan– la nominación priista, perdió también la gracia del grupo que durante décadas ha dominado la real politik y los negocios en el Estado de México.

La foto más triste y desangelada, por la ausencia de las masas, del confeti y de las evocaciones míticas, es la de Luis Felipe Bravo Mena. Ex candidato a gobernador en 1993 –como Alejandro Encinas–, ex dirigente nacional de su partido, ex secretario privado de Felipe Calderón, sólo estuvo acompañado por Santiago Creel, senador y precandidato presidencial mejor posicionado en las encuestas, a pesar del propio Calderón.

La ausencia de Gustavo Madero, dirigente nacional del PAN, sólo acentuó la orfandad de una candidatura que originalmente se construyó desde Los Pinos para fracturar a la izquierda perredista y al priismo mexiquense, con la idea de replicar el "fenómeno Malova" en los territorios del dominio tricolor. Calderón perdió esa batalla y también algunos de quienes acompañaron a Alejandro Encinas en su primer round fotográfico.

La ceremonia de las fotos dio inicio a sólo 45 días de campaña formal, en medio de cinco años de dispendiosa precampaña presidencial de Peña Nieto. Ahora en el palacio de Toluca comienzan a evaluar que hay imágenes que pueden más que millones de pesos en spots.

http://www.homozapping.com.mx/






17 may 2011



Dialogar con quién







Pedro Miguel




El colapso del gobierno ocurre en todos los terrenos, pero su expresión más acuciante es la pérdida de certezas jurídicas de base por parte de la población. La lógica económica del triunfo del más fuerte tiene su correlato, en la seguridad pública, en el triunfo del calibre más alto. El hueco que deja el poder público al abandonar su tarea de garantizar la integridad física y patrimonial de la gente debe ser ocupado, y con urgencia, por una construcción de vínculos sociales que permita incidir en las decisiones políticas y forzar a las instancias gubernamentales de todos los niveles a que adopten rumbos menos destructivos que los impuestos al país desde hace décadas. Para ello, el diálogo social es, ciertamente, indispensable, y en ese sentido, puede ser crucial la reunión convocada el 10 de junio en Ciudad Juárez por Javier Sicilia.

Otra cosa es el diálogo o la negociación con el calderonato.

Hay numerosas razones para afirmar que la actual administración infringe, en forma regular y sistemática, el marco legal, incumple con sus obligaciones constitucionales y propicia, con ello, graves y masivas violaciones a los derechos humanos y sociales y a las garantías individuales.

Más allá de las omisiones o infracciones gubernamentales en esas materias, numerosos indicios permiten sospechar que la estrategia de seguridad en curso es una fachada sangrienta para ocultar la connivencia del equipo gubernamental con la delincuencia organizada. Ejemplos: el encubrimiento del cártel del Pacífico en detrimento de sus competidores (http://bit.ly/eNI25L); los numerosos delincuentes que han trabajado como altos mandos en la Secretaría de Seguridad Pública y en la Procuraduría General de la República; la renuencia oficial a investigar el lavado de dinero masivo; los narcotraficantes en las nóminas de Aserca y de Procampo (http://bit.ly/lUUcHN); la tolerancia y la impunidad otorgadas a Mario Marín, Ulises Ruiz y otros de esa especie; el trasiego, pese a todo, de centenares de toneladas de cocaína por las fronteras sur y norte; el incremento de los secuestros (http://bit.ly/lDHJ5w) en lo que va de esta administración; la connivencia de numerosos funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) con los grupos armados que extorsionan, esclavizan y exterminan a migrantes indocumentados. Y sí: las presumibles complicidades con la criminalidad organizada no se limitan a las autoridades federales, sino que incluyen a las estatales y a las municipales de diversos sitios.

Pero falta lo más grave: hay elementos de juicio que permiten concluir que la adopción de la estrategia actual y la firma de la Iniciativa Mérida fueron la formalización de un proyecto de desestabilización originado en Estados Unidos para llevar a México a circunstancias que justificaran –a ojos del mundo, y hasta de algunos mexicanos– la intervención directa de Washington en la seguridad pública y nacional de nuestro país, algo que, de acuerdo con los documentos de Wikileaks difundidos por La Jornada, ya ocurre. Diversos funcionarios estadunidenses se han referido a la pertinencia de aplicar en México estrategias de guerra formuladas para Irak (se lo dijo Dennis Blair al general Guillermo Galván Galván el 19 de octubre de 2009, http://bit.ly/mcb6uK, y lo repitió el almirante Michael Mullen, http://bit.ly/hm7Nk7, en enero de 2011. Si las palabras no bastaran, están los hechos, y entre éstos, la complicidad de diversas dependencias de Washington en el contrabando de armas de fuego destinadas a los cárteles mexicanos y su inexplicable tolerancia a los narcos que operan en territorio estadnidense (http://bit.ly/muGPlh).

Los movimientos sociales que aspiran a detener el baño de sangre en curso harían bien, pues, en aplicar la consigna, propagada con extrema hipocresía desde el propio régimen, de “no negociar con la delincuencia”, aunque ésta pretenda compararse con Churchill.

Sin abandonar las manifestaciones y las protestas pacíficas y legales –como las dos movilizaciones nacionales recientes, encabezadas por Javier Sicilia– ni los encuentros de la sociedad consigo misma, es preciso también avanzar en otros caminos, igualmente legales y pacíficos, para cortar el nudo gordiano de la impunidad y promover procesos judiciales contra los principales responsables –por acción, por omisión o por ambas– de los crímenes de lesa humanidad que ocurren en México: Felipe Calderón y los integrantes de su gabinete de seguridad, y los cabecillas de las organizaciones criminales que ejercen su control sangriento en extensas regiones del país. Las razones y los fundamentos de esta iniciativa están en www.bit.ly/lq0mLL.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks










Anoche tv azteca con Javier a la Torre al dar la nota del arranque de campaña en Edomex , sòlo se refiriò y pasò imàgenes de Eruviel Avila , del PAN y de el PRD no dijo absolutamente nada ni pasò imàgenes. Televisa con Joaquin Lòpez si comentò sobre las tres campañas y pasò imàgenes ( la del PRI , la del PAN y la del PRD) , pero al hacer menciòn de que Encinas reuniò a las principales figuras del PRD , solo mencinò a Càrdenas y a Marcelo ; a AMLO no solo no lo mencionò si no que lo sacaron de cuadro , es decir , cerraron la toma a efecto de que AMLO no apareciera en pantalla y los cuatro estaban muy juntos . Son unos verdaderos miserables . Con tv azteca me da la impresiòn de que a partir de ahora el que quiera salir en las noticias tendrà que pagar ; con televisa ya sabemos que se trata del cerco informativo al rededor de AMLO , aunque lo nieguen . Ambas televisoras olvidan que en cuestiones informativas tienen una responsabilidad y obligaciòn con Mèxico que es el dueño de la señal que administran , con el resto de su programaciòn pueden hacer lo que quieran pero en cuestiones informativas simplemente no y el incumplir esto debiera ser un delito y hay que exigir castigo .





La izquierda puede triunfar en el Edomex y en 2012, coinciden

AMLO, Cárdenas y Ebrard se unen en torno a Encinas

“¡Qué bueno que no caímos en la trampa de las alianzas!”: López Obrador

El ingeniero convoca a no permitir más “un gobierno de privilegios”

Nuestra cohesión es lo que asusta al PRI, manifiesta el titular del GDF






Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Marcelo Ebrard acudieron al acto formal de inicio de campaña de Alejandro Encinas, candidato de la coalición Unidos Podemos Más –que integran PRD, PT y Convergencia– a la gubernatura del estado de México. El encuentro se realizó en la plaza central de Ecatepec Foto Carlos Ramos Mamahua




En Edomex deberá empezar a prepararse la victoria sobre el gobierno neoliberal: Cárdenas

Reúne primer mitin de Encinas a figuras de la izquierda mexicana

AMLO se congratula de que el sol azteca no haya caído en la “trampa” de una alianza con AN

El PRI teme a la unidad, la alegría y el compromiso de transformar el estado: Marcelo Ebrard



Andrés Manuel López Obrador; Alejandro Encinas, candidato de la coalición Unidos Podemos Más a la gubernatura del estado de México; Cuauhtémoc Cárdenas Solòrzano; el dirigente nacional del PRD, Jesús Zambrano, y el jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, durante el arranque formal de la campaña de Encinas, en EcatepecFoto Carlos Ramos Mamahua





Alma E. Muñoz y Javier Salinas
Enviada y corresponsal


Ecatepec, Méx., 16 de mayo. Por primera vez después de varios años se dejaron ver juntos, primero en un restaurante y luego en el arranque formal de la campaña de Alejandro Encinas por la gubernatura del estado de México, las figuras claves de la izquierda mexicana: Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, jefe del Gobierno del Distrito Federal.

Todos, con diferentes maneras y palabras, llamaron a la unidad para que la izquierda triunfe el 3 de julio en el estado, y a mantener esta cohesión para las elecciones presidenciales de 2012.

López Obrador explicó que la unidad en torno a Encinas se debe a que es un dirigente “honesto, ejemplar, con principios y convicciones”, y celebró estar junto a Cárdenas, “precursor del movimiento democrático de nuestros tiempos”, y de “mi amigo, mi compañero, el gran gobernante de la ciudad de México”, Marcelo Ebrard.

Indicó que, juntos, los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, integrantes de Diálogo para la Reconstrucción de México (Dia), ganarán en el estado y “luego, en 2012, volveremos a ganar la Presidencia de la República”.

Aunque aclaró que no era momento de polémicas, “no está de más decir: ¡qué bueno que vamos juntos! ¡Qué bueno que no caímos en esa trampa de ir a las alianzas con el PRI o con el PAN! Eso representa una gran simulación.

“Es del dominio público que son lo mismo. No nos confundamos: la mafia en el poder tiene el control del PRI y del PAN”, y ahora que “ya no le sirven” el blanquiazul ni Felipe Calderón inició una operación de recambio y apuesta a que regrese el tricolor con Enrique Peña Nieto, afirmó, a unos pasos de los dirigentes perredistas Jesús Zambrano, Carlos Navarrete y Luis Sánchez, así como del coordinador nacional de Dia, Manuel Camacho Solís, principales impulsores de esos acuerdos.

Cárdenas Solórzano destacó que en la elección local “deben frenarse de una vez y para siempre las posibilidades de que continúe en este país un gobierno de privilegios, que alienta la corrupción, que se pone de rodillas frente a nuestro vecino del norte.

“Aquí tendrá que ser la derrota del gobierno neoliberal, y de aquí tendrá que surgir una propuesta y un proyecto democrático y progresista para el estado de México y para toda la nación.

“Estoy seguro –afirmó– de que este mitin de inicio de campaña debe ser el arranque de una campaña de todos los ciudadanos democráticos y progresistas”, de la entidad.

A los miles de asistentes que se congregaron en la plaza principal de Ecatepec los convocó a ser entusiastas activistas de la campaña de Encinas; a “no aflojar el paso desde aquí hasta que depositen su voto y estén seguros que éstos se cuenten y se cuenten bien”.

Ebrard destacó que la unidad que este lunes demostró la izquierda “es a lo que teme el PRI, le asusta. Eso y el compromiso, la alegría y las ganas de cambiar la realidad en el estado”.

Sobre todo porque ellos, anotó, “nunca van a tener este tipo de unidad. Tienen dinero, regalan de todo, pero lo que no tienen es el arrojo, el coraje y la voluntad del pueblo en el estado de México.

“Vamos a derrotar al PRI, como ya lo hicimos en otras entidades, y vamos a sacarlos porque queremos que en el estado cambien las condiciones de vida y que por primera vez en ocho décadas tengamos un gobierno de izquierda del que estemos orgullosos.”

Sostuvo que tienen a su favor que Encinas ha demostrado ser un “excelente” jefe del Gobierno del Distrito Federal, mientras el candidato del PRI, Eruviel Ávila, “ni siquiera pudo con Ecatepec”.

Encinas reiteró que en este proceso electoral pretenden acabar con el grupo Atlacomulco, una de las agrupaciones políticas “más autoritarias y corruptas que existen en el país”, donde prevalece “una red de intereses, complicidades y negocios, que manipula la pobreza y la necesidad de la gente”.

La ocasión también convocó a Alberto Anaya, dirigente nacional del PT, y Luis Walton, de Convergencia. Jesús Zambrano indicó que van juntos “sin odios, dejando atrás los rencores y viendo para adelante, por el camino de la victoria”. Destacó que esta unidad se verá reflejada en 2012, y que el candidato de la izquierda será López Obrador o Ebrard.

También acudieron a la cita otras figuras, entre ellas Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y María Teresa Juárez, viuda de Heberto Castillo, lo mismo que líderes de corrientes perredistas y legisladores de los tres partidos integrantes de Dia.

Mientras la gente atiborraba la plaza principal, los líderes claves de la izquierda se reunieron en el restaurante California, ubicado en la avenida Revolución, a unos 10 cuadras de donde se desarrolló el mitin.

Encinas los invitó a tomar un café. El ingeniero Cárdenas y su hijo Cuauhtémoc fueron de los primeros en llegar, al igual que Zambrano, Carlos Navarrete y Armando Ríos Piter, coordinadores parlamentarios del PRD en el Congreso de la Unión. Después se sumó López Obrador, quien –segun testigos– habló con su antecesor en el Gobierno del Distrito Federal sobre las giras que lleva a cabo por el país, mientras el ingeniero relató su reciente estancia en Estados Unidos.

Se dijo que, en general, el tema de la conversación fue la campaña de Alejandro Encinas en el estado de México. Al final llegó Ebrard, quien después de saludar habría dicho que era hora de partir al mitin.











16 may 2011



La guerra y la paz






Carlos Fazio




Felipe Calderón no escucha. La disyuntiva lanzada por el poeta y activista no violento Javier Sicilia fue guerra o paz. Y su opción fue muy clara: por un México en paz con justicia y dignidad. Lo que implica un rotundo no al enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública ordenados por Calderón. La respuesta del inquilino de Los Pinos pareció autista: no habrá cambio de estrategia porque “tenemos la ley, la razón y la fuerza”. Ergo, seguirá la guerra. Tampoco renunciará el “superpolicía” Genaro García Luna –émulo neodiazordacista del general Cueto, el de la matanza de Tlatelolco–, cuya defensa y control de daños quedó en manos de Televisa, los nuevos policías del pensamiento de la prensa vendida, y familiares de víctimas de la criminalidad cooptados por el gobierno.

Calderón no entendió que para Sicilia el “Alto a la guerra” y el “No más sangre” no son demandas simbólicas. Son reales. De allí que la contradicción, ahora, sea recrudecimiento de la militarización versus acciones de resistencia en el marco de la no violencia activa, que, de ir acumulando la fuerza moral y material de todos los que “estamos hasta la madre” de tanta violencia e inhumanidad generadas por una guerra absurda, a la manera de una bola de nieve podrá derivar en desobediencia civil pacífica.

Calderón no es sordo ni autista; tampoco insensible. Sus decisiones responden a una estrategia preconcebida, con eje en una doctrina de seguridad nacional importada. Como dijo Sicilia, la política de seguridad de Calderón fue diseñada por Estados Unidos. Su lógica es militar. Parte del mito de la guerra, como una realidad humana fundamental a la cual se reducen todas las demás. La guerra destruye la política y borra la frontera con la paz. La lógica de Calderón invierte la fórmula de Clausewitz: la política se transforma en la prolongación de la guerra gracias a otros medios. Si la política es la prolongación de la guerra, se asimila a la guerra y debe ser conducida por la guerra.

El uso de los conceptos no es inocente. En nombre de una presunta guerra a las drogas, Calderón instauró un régimen de excepción, con zonas del país bajo virtual estado de sitio. Calderón ha buscado poner al Estado y a la sociedad en función del estado de guerra. Lo primero lo logró. Durante cuatro años y medio la “guerra” de Calderón dominó la agenda pública: convirtió la nota roja en noticia principal de diarios y medios electrónicos. En el segundo objetivo, poner a la nación en permanente pie de guerra, fracasó. Su estrategia de guerra generó violencia, miedo y terror, pero no logró transformar a la sociedad en un inmenso ejército movilizado bajo su mando. Sus llamados a la “unidad nacional” contra los criminales, los “verdaderos enemigos de México” –los “hijos de puta”, diría Aguilar Camín–, fracasó porque se trata de una guerra fantasma, con base en un mito.

El mito de la guerra no obedece a un simple error intelectual: es útil. El culto de la seguridad sólo puede favorecer los privilegios y justificar el statu quo. El uso del Ejército, la Marina de guerra y la policía militarizada de García Luna es el sostén y justifica un tipo de sociedad basada en el centralismo autoritario y la explotación jerarquizada. Su papel ideológico cumple la función de perpetuar las relaciones entre dominadores y dominados. El método consiste en cambiar la ideología de la lucha de clases por otra ideología ficticia e inmovilista. De allí el apoyo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial y otros once grupos corporativos a la Ley de Seguridad Nacional enviada al Congreso por el Ejecutivo.

Eso Sicilia lo tiene claro: la violencia de los señores de la muerte es resultado de estructuras económicas y sociales que generan desigualdad y exclusión. La infame realidad y la demencia criminal se nutren de las omisiones, complicidades y/o colusiones mafiosas de los que detentan el poder: la partidocracia, los poderes fácticos y sus monopolios, las cúpulas empresariales y las jerarquías conservadoras de las iglesias, los gobiernos y las policías.

La militarización de la sociedad forma parte de un engranaje organizado, necesitado e institucionalizado para preservar el actual estado de cosas. Como ha quedado plasmado en el discurso beligerante de Calderón, alias El Churchill, utiliza el “monopolio del poder” (sic) para hacer la guerra en nombre de “todos los mexicanos de bien”, y quienes no lo apoyan son sospechosos de ser cómplices de los enemigos del Estado. Un Estado que se sirve del monopolio de las armas para hacer una guerra permanente contra el pueblo. Mientras más autoritario y violento es un Estado, más trata a la nación como enemiga.

Pero los ciudadanos están desarmados. De allí la necesidad de la política. La política es el arte de las transacciones de la tolerancia y el arte de lo posible. La política comienza cuando el Estado deja de ser violento y entra en diálogo con los ciudadanos; cuando el Estado se sujeta a las leyes resultado de un diálogo con los ciudadanos. La paz es la consecuencia de la renuncia a los medios violentos. Es decir, al uso de las armas que matan.

Sicilia se opone a una paz armada como parte de un modelo militar. Quiere llevar al régimen al terreno de las soluciones no armadas. El “diálogo” que ofrece Calderón es un monólogo; se siente poseedor de la verdad única y ofrece una “cooperación” con base en la dialéctica del amo y el esclavo. De arriba a abajo. Frente a esa manipulación maniquea del poder, la multitud que aspira a una paz con justicia y dignidad impulsa otra forma de hacer política; quiere una democracia participativa y más representativa. El nuevo Ya basta de los de abajo y las clases medias está dirigido a la reconstrucción del tejido social de la nación. La marcha significó la ruptura del terror y la posibilidad de que el dolor social se convierta en acción colectiva organizada. Los sonidos del silencio son otra forma de lucha. El alto a la guerra es hoy una cuestión de salvación nacional.








El fondo de la cuestión







Gustavo Esteva




Como se esperaba, las marchas del 7 y el 8 de mayo resultaron impresionantes. Ciudadanos, grupos y organizaciones de los más diversos credos y orientaciones políticas mostraron su aptitud para expresar juntos su digna capacidad de transformar dolor, rabia e indignación en voluntad de cambio.

Hace un par de años, al reflexionar en este espacio sobre lo que estaba ocurriendo en el país, me sentí obligado a citar a Foucault:

“La arbitrariedad del tirano es un ejemplo para los criminales posibles e incluso, en su ilegalidad fundamental, una licencia para el crimen. En efecto, ¿quién no podrá autorizarse a infringir las leyes, cuando el soberano, que debe promoverlas, esgrimirlas y aplicarlas, se atribuye la posibilidad de tergiversarlas, suspenderlas o, como mínimo, no aplicarlas a sí mismo? Por consiguiente, cuanto más despótico sea el poder, más numerosos serán los criminales. El poder fuerte de un tirano no hace desaparecer a los malhechores; al contrario, los multiplica.”

Se trata de algo peor aún. Hay un momento, piensa Foucault (Los anormales, FCE, 2006, pp. 94 y 95), en que los papeles se invierten. “Un criminal es quien rompe el pacto, quien lo rompe de vez en cuando, cuando lo necesita o lo desea, cuando su interés lo impone, cuando en un momento de violencia o ceguera hace prevalecer la razón de su interés, a pesar del cálculo más elemental de la razón. Déspota transitorio, déspota por deslumbramiento, déspota por enceguecimiento, por fantasía, por furor, poco importa. A diferencia del criminal, el déspota exalta el predominio de su interés y su voluntad; y lo hace de manera permanente. [...] El déspota puede imponer su voluntad a todo el cuerpo social por medio de un estado de violencia permanente. Es, por lo tanto, quien ejerce permanentemente […] y exalta en forma criminal su interés. Es el fuera de la ley permanente.”

Foucault labra así el perfil del monstruo jurídico, que “no es el asesino, no es el violador, no es quien rompe las leyes de la naturaleza; es quien quiebra el pacto social fundamental”. De este gran modelo que identifica Foucault a fines del siglo XVIII “se derivarán históricamente… los innumerables pequeños monstruos” que pueblan el mundo desde entonces.

Estamos rodeados de esos pequeños monstruos. Los ulises, los peñanietos y los calderones nos han llevado a lo que parece un callejón sin salida. Su despotismo continuo, su arbitrariedad, su ceguera, han creado un estado de violencia permanente. Lejos de servir para desaparecer a los malhechores, su “estrategia contra el crimen” los ha multiplicado. Y ante nuestros reclamos dicen ciega y cínicamente que tienen la fuerza para continuar la “estrategia”. El diálogo, para ellos, se reduce a adoctrinarnos.

Cité a Foucault cuando la Suprema Corte discutía un dictamen sobre los hechos de Atenco –que mostraban ya la generalización del comportamiento criminal de las autoridades–. Vivimos en un régimen, dijo la Corte, en que la fuerza pública actúa “de manera excesiva, desproporcionada, ineficiente, improfesional e indolente”. Como el Estado utiliza a las corporaciones policiacas de manera irresponsable y arbitraria, “de nada sirve que se reconozca, en leyes, en tratados, en discursos, que nuestro país admite y respeta los derechos humanos, si cuando son violados… las violaciones quedan impunes y a las víctimas no se les hace justicia”.

Nos llevaron a un callejón en que hemos quedado expuestos al fuego que se cruza entre los criminales y los déspotas, entre los déspotas accidentales y los permanentes. Se desgarra continuamente el tejido social. No parece posible encontrar una salida en ese territorio en que reina la barbarie. Tenemos que salirnos de él. Es lo que se hizo el pasado fin de semana, cuando el empeño se trasladó al espacio en el que es posible empezar la reconstrucción del país, el espacio en que reina la auténtica democracia: el espacio de los ciudadanos.

“Nombrar lo intolerable”, señaló en alguna ocasión John Berger, “es en sí mismo la esperanza. Cuando algo se considera intolerable ha de hacerse algo… La pura esperanza reside, en primer término, en forma misteriosa, en la capacidad de nombrar lo intolerable como tal: y esta capacidad viene de lejos –del pasado y del futuro–. Ésta es la razón de que la política y el coraje sean inevitables.” Lo mencioné entonces, junto a Foucault. Hoy resulta aún más pertinente. El próximo miércoles, en las oficinas de Cencos, ciudadanos que encarnan esa actitud se reunirán para concebir los pasos que el 10 de junio llevarán a Ciudad Juárez. Muchos más, en otras partes de México y del mundo, estarán en la misma reflexión.

gustavoesteva@gmail.com










La hora de la sociedad






John M. Ackerman




En lugar de desgastarse buscando reuniones con Felipe Calderón, el emergente movimiento nacional por la paz, la justicia y la seguridad debería abocarse a articular una acción social plural, combativa y de largo aliento. Antes de atender al poder y sus condiciones, habría que acercarse a los ciudadanos y sus necesidades. De otra forma, se podría perder una oportunidad histórica para transformar de raíz a nuestra dolida nación.

El sexenio de Calderón ya se encuentra en su fase terminal y el Presidente ha sido claro en que no contempla modificar ni un ápice su “estrategia” de combate al crimen organizado. Según él, tiene “la ley, la fuerza, y la razón” de su lado y simplemente no existen otras opciones de actuación. Ante su comprobada cerrazón, tiene poco sentido construir escenarios para convencerlo de que debe cambiar de rumbo o hacerlo “escuchar” a las víctimas. Y aun si por arte de magia de repente el ocupante de Los Pinos se despertara de su terquedad, simplemente no le quedaría tiempo para trazar salidas alternas a la actual emergencia nacional.

La ruta del movimiento debería caminar por otro sendero. Por ejemplo, el encuentro programado para el 10 de junio en Ciudad Juárez constituye una gran oportunidad para la articulación y movilización de una amplia diversidad de grupos y demandas sociales. Esa dolida ciudad es simbólica no solamente por la grave crisis de seguridad pública que se vive hoy, sino también porque allí se desnudan de manera particularmente clara las contradicciones de la “inserción” de México en el “mercado global”, que envía cada vez más mexicanos al subempleo maquilador y al extranjero para trabajar como ilegales en condiciones infrahumanas.

Así como Emiliano Zapata revivió en la Selva Lacandona en 1994 para enfrentar la marginación de los pueblos indígenas, hoy se abre la oportunidad para que una versión moderna y pacífica del general Pancho Villa y sus dorados eche a andar procesos sociales de transformación desde la frontera norte. Así como los Tratados de Ciudad Juárez del 21 de mayo de 1911 llevaron a la renuncia de Porfirio Díaz, hoy los Acuerdos de Juárez cien años después también podrían ser el inicio de un cambio radical en los regímenes de dominación y acumulación del país, así como el momento perfecto para insistir en la renuncia de Genaro García Luna y del mismo Calderón.

Javier Sicilia ha demostrado una gran sensibilidad al tomar en cuenta la demanda de los juarenses de que el 10 de junio sea auténticamente social, sin la participación del gobierno. Los habitantes de esa ciudad están particularmente hartos de los estériles “pactos” gubernamentales, como el inútil Todos somos Juárez, firmado en febrero de 2010. Saben que la participación de representantes de instituciones corruptas y ineficaces solamente contaminaría una auténtica expresión de resistencia y propuesta ciudadana.

Ahora bien, así como ha escuchado a los juarenses, Sicilia también tendría que tomar en cuenta los cuestionamientos y las propuestas que han surgido con respecto al Pacto por un México en paz, con justicia y seguridad, presentado el 8 de mayo. Si bien cada uno de los seis puntos tiene gran valía en lo general, existen debates importantes con respecto a las propuestas específicas. Por ejemplo, no hay duda de que habría que reformar el “fuero” de los legisladores para evitar su abuso, pero simplemente eliminarlo para una serie de delitos, como propone el documento, podría afectar de manera importante la independencia parlamentaria. Asimismo, si bien podemos estar de acuerdo en que hace falta establecer mecanismos de democracia participativa, avalar la versión de “candidaturas independientes” aprobadas por el Senado, como pide el pacto, podría generar una situación de captura total de las elecciones por los poderes fácticos.

También llama la atención que el pacto en ningún momento plantea el retiro de las fuerzas militares de las calles ni la eliminación del fuero militar. Tampoco impone un plazo perentorio para la democratización de los medios de comunicación electrónicos, cuando sí lo hace para otras demandas. Otra ausencia es que el documento no contiene propuestas para repartir de manera más equitativa la riqueza nacional o meter en cintura a los poderes fácticos. Pero quizás la laguna más importante es la falta de planteamientos específicos con respecto al papel que juega el gobierno de Estados Unidos en la crisis actual y la necesidad de defender la soberanía nacional.

Así, en lugar de simplemente pedir adhesión a un documento elaborado en el escritorio de unos cuantos analistas y establecer “comisiones civiles de verificación y seguimiento” para asegurar su cumplimiento, Sicilia debería abrir el documento a una amplia consulta pública donde todos podamos participar en la confección y debate de un verdadero replanteamiento del futuro de la nación. Así, el poeta daría un claro ejemplo de disposición al diálogo y una gran lección de apertura democrática a Calderón y su gabinete. De lo contrario, podríamos llegar a la situación absurda de tener que tomar las calles de nuevo, ahora para exigirle al poeta que “nos escuche” a la ciudadanía.

La campaña No + sangre ha calado hondo en la sociedad mexicana y en unos cuantos meses ha logrado articular un discurso común de repudio hacia la guerra ilegal y fallida de Calderón. El 8 de mayo, esta consigna e imagen caminaron en solidaridad con el dolor de Sicilia y cientos de otras víctimas. Ahora es el momento de convertir este descontento en un amplio movimiento social de nuevo signo, basado en una participación ciudadana autónoma y combativa que busca una transformación profunda del país.














14 may 2011




Desfiladero




No a la Torre de Luz, sí al memorial del Holocausto







Jaime Avilés






“Si se legalizara la droga, México sería un paraíso de criminales”, declaró el pasado miércoles el licenciado Felipe Calderón Narcofosa, en cumplimiento de una cláusula de su contrato de trabajo que lo obliga a negar la realidad con la fuerza de todos los medios de incomunicación electrónica y a vivir con tapones de cemento en los oídos para no escuchar los gritos, ya ensordecedores, ya insoportables, del dolor social. Ese dolor que el domingo, en el Zócalo, a pesar del solazo y del calorón, produjo continuas lloviznas de lágrimas. De lágrimas que todavía no se secan y siguen quemando la garganta.

Hace cuatro sábados, una familia del estado de México disfrutaba comiendo mariscos en un restaurante de Acapulco. De pronto recibió un narcomensaje. Éste llegó bajo la forma de una botella de güisqui. “La manda aquel señor”, les dijo el mesero. Minutos después, el generoso que se había tomado la molestia de enviarla se acercó al padre y le pidió permiso para sacar a bailar a su hija, una niña de 15 años. El padre se negó. “Óyeme bien”, le advirtió el generoso: “Esta mujercita es mía.”

“Vámonos”, dijo el padre. La familia regresó al hotel donde pasaba las vacaciones. Entre todos empacaron a las carreras y salieron a bordo de un coche rumbo al DF. Al cabo de una hora, dos camionetas los obligaron a detenerse. De ellas bajaron hombres armados con rifles. El generoso encaró al padre. “Te dije que esta mujercita es mía pero no me creíste. Ora me la vas a entregar o mato a toda tu familia delante de ti.”

La niña está desaparecida desde entonces. El breve episodio que tal vez terminó con su breve vida –que todos los dioses y todos los diablos se confabulen para que vuelva sana y salva– no fue relatado el domingo en el Zócalo, donde al menos 57 personas de todo el país, durante más de cuatro horas, contaron a gritos, y muchas de ellas llorando, sus propias tragedias. Historias espeluznantes y abominables, en las que destacan como elementos comunes a todas ellas tanto la corrupción de las autoridades locales, estatales y federales, como la ineptitud de la policía, del Ejército y la Marina, y de los soldados azules de Genaro García Luna, la nueva estrella del canal de las estrellas.

La única voz cargada de optimismo y de esperanza, en aquella asamblea pavorosa de la que miles y miles salimos destrozados –pero también transformados por la luz de la indignación–, fue la del representante de la Policía Comunitaria de la Montaña de Guerrero, una de las regiones más peligrosas de México hasta que los habitantes de aquellos pueblos asolados por bandidos y militares, hace 15 años decidieron encargarse de su propia seguridad y se armaron y uniformaron, como corporación civil, para restablecer la paz pública: un ejemplo que sin duda habrá que imitar a escala nacional cuando caiga este régimen asesino, que empieza a hundirse bajo el peso de sus decenas de miles de crímenes.

¿Por qué está sucediendo lo que está sucediendo? En 1996, según el Banco de México, 75 por ciento del dinero depositado en los bancos del país estaba concentrado en sólo 2.5 por ciento de las cuentas de ahorro, mientras 97.5 por ciento de las cuentas restantes se repartían el 25 por ciento del dinero. Hoy, hoy, hoy, 0.18 por ciento de la población mexicana (alrededor de 260 mil personas) posee 42 por ciento del producto interno bruto, es decir, casi la mitad de la riqueza que generamos anualmente más de 100 millones de mexicanos.

Tamaña desigualdad, aunada a la perversidad de George WC Bush y de Hillary Clinton y a la estulticia de Fox, Calderón y el equipo “gobernante”, nos llevó a la narcodictadura pero empieza a mostrarnos el camino hacia la libertad. Pensemos en los volcanes. Cuando la lava no puede salir por la boca del cráter, empuja por aquí o por allá hasta que encuentra el punto débil que le permite abrirse paso a la superficie.

Las grandes reservas morales del pueblo de México –la dignidad, la bondad, la nobleza, el espíritu solidario, la decisión de luchar pacíficamente, el anhelo de cambio que ya no admitirá una nueva postergación hasta 2018, los proyectos en algunos puntos coincidentes y en otros contrapuestos, las experiencias de militancia y de conducción política– son los ingredientes de la lava que, en estado de ebullición, se organiza para brotar desde el fondo de la tierra.

La lava que acumula y multiplica el Movimiento Regeneración Nacional, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, intentará subir al poder por la boca del cráter el día de las elecciones presidenciales de 2012. La otra lava, la que nutren con su dolor las familias destrozadas, y que es también mi dolor y el de millones que lloramos con y por ellas, la conduce Javier Sicilia y trata, no de llegar al poder sino de transformarlo por medio de la resistencia civil pacífica. Uno de los hechos más positivos del histórico mitin del domingo pasado es que entre ambos líderes hay coincidencias esenciales: los dos sostienen que la lucha contra la droga no provocará sino más muerte y destrucción mientras siga siendo concebida como un problema policiaco y militar, y no como un problema social que debe combatirse con educación, trabajo, salud, deporte y (agrego yo) los infinitos placeres que se derivan de la creación y la recreación artística.

La segunda coincidencia entre AMLO y Sicilia (y quizá la primera entre millones de mexicanos y millones de franceses) es la destitución de García Luna, un trofeo que Calderón de ninguna manera puede entregar porque Sarkozy de inmediato solicitaría su captura y su extradición a París. García Luna, bien lo señaló Magú, transformó la Secretaría de Seguridad Pública en un set de Televisa, y construyó el más formidable búnker subterráneo de todos los tiempos, mismo que –nos lo informó Enrique Galván Ochoa– quedó inundado e inservible tras la granizada que azotó al DF la noche de hace unos sábados.

Argelia

Serapio Bedoya, el olvidado tonto del pueblo de Tecamacharco, ahora vive en África. “Tengo un alcoholismo de Tehuantepec y vine a este país porque aquí no hay cantinas. Llevo dos años sin chupar. Además, me enamoré de Argelia desde el primer momento. Pero te escribo por otras razones. El próximo 25 de mayo se cumplirán exactamente 100 años de la renuncia de Porfirio Díaz. Por otra parte, Javier Sicilia busca un lugar para construir un muro en recuerdo del holocausto calderónico. Y supe que algunos activistas del colectivo que pinta las fuentes planean un festival artístico para el 28 de mayo, ante la narcofosa donde Calderón quiere levantar la narcotorre en memoria de Luz y Fuerza del Centro.

“La idea, me cuenta un amigo pintafuentes por Facebook, es celebrar los 100 años de la caída de Díaz y pedir la de García Luna con espectáculos de teatro, pintura, escultura. Diles que además hagan una gran ofrenda de flores y serpentinas en honor de los caídos, y que haya música de jaraneros y cante el coro de la UACM. Pero, sobre todo, diles que inviten a Javier Sicilia y le pidan que, en nombre de todos los que estamos hasta la madre de la guerra estúpida, decrete que en ese lugar, en vez de una columna imbécil y pretenciosa recubierta de cuarzo brasileño pulido en Venecia (¡hazme el favor!), habrá un jardín y una lápida que guarde para siempre los nombres de los 40 mil muertos, y de los que mueran hoy, y los que mueran mañana, y pasado mañana, y luego, y más tarde, y aún después...”

jamastu@gmail.com

















Poner nombre y rostro a la violencia





Sara Lovera


MÉXICO, D.F., 12 de mayo (apro).- Las mujeres, gays y vecindario de la delegación Benito Juárez, de la ciudad de México, se citaron en la torre de Comunicaciones (Lázaro Cárdenas y Xola). Desde que llegué las banderas de la diversidad me enseñaron que todas y todos tenemos algún agravio que reportar al gobierno de Felipe Calderón, algún agravio relacionado con la brutalidad en la que estamos viviendo, sufriendo, lamentando haber callado durante tanto tiempo.

Ahora que el poeta y escritor Javier Sicilia, que a pesar de sus buenos sentimientos, su inmenso dolor y esa capacidad creativa que da hablar con la poesía, le puso al ¡Ya Basta! el agregado ¡Estamos hasta la Madre! texto que parece inofensivo y es sexista, tremendamente en un país donde lo que priva es el lenguaje y una profunda convicción machista que ni las feministas pueden rechazar totalmente.

Estar “hasta la madre”, en México significa llegar a un límite, estar hasta el gorro, no aguantar más. Sin embargo, algunas, de las citadas a la esquina de Xola y Lázaro Cárdenas me dijeron que no era grave.

Lo grave es que se produzcan mil 700 asesinatos de mujeres y no pase nada; lo grave es que haya más de 500 desaparecidas en el último año y nadie pueda rendir cuentas, lo grave es el reguero de viudas y huérfanos por esta guerra inútil y confusa a que nos lanzó la presidencia de la República y, a pesar de todo, dirigentes de muchos partidos políticos, gente de buena fama y los así llamados líderes de opinión, no le hayan puesto un hasta aquí a esta situación que nos agobia.

Por eso es tan esperanzador, nuevamente, que la ciudadanía salga por multitudes a las calles de la ciudad de México, a las carreteras, a pueblos, ciudades y comunidades de Chiapas a Nuevo León, de Durango a San Luis Potosí, de México a Berlín, con una parada en Nueva York y otra en Barcelona, que todas las personas digan: ¡Ya basta!

Ahí, en medio de la tremenda y gigantesca marcha por la paz con justicia y dignidad, me encontré con las caras y las voces de la estulticia. Me encontré que de su casa fueron secuestradas, el 6 de enero pasado, cuatro mujeres en Xalapa, Veracruz, antigua ciudad cultural, bellísima y pacífica, donde el chipi, chipi de la lluvia calma los nervios. Cuatro mujeres de clase media, incluso adineradas. Bueno tres y su trabajadora doméstica. Tienen por nombres Josefina Campillo de 49 años, Johana Monserrat Castro de 23 años, Karla Verónica Castro de 20 años y Araceli Utrera, la trabajadora doméstica.

Y nadie contesta dónde pueden estar, el ministerio público callado, la angustia del padre y marido, Carlos Castro, le ha quitado kilos y aumentado años desde el suceso.

Hallé rezando a una religiosa, que es de las madres benedictinas/guadalupanas, mortificada e indignada porque a su madre y a una hermana las mataron desde el 15 de diciembre y no sólo nadie le informa sino que la casa familiar fue sellada por las autoridades y sus cinco hermanos y hermanas no pueden entrar, nadie investiga.

Increíble, la religiosa de nombre Angélica María Robledo Álvarez, me contó cómo fueron muertas su madre Martha Álvarez y su hermana Blanca Robledo. Primero me dijo que el crimen organizado se las llevó y luego me contó que seguramente ello tiene relación con que Blanca estaba organizando un sindicato campesino en San Luis Potosí, lugar donde fueron asesinadas. Represión, le dije, y se le llenaron los ojos de lágrimas y ya no me dijo más, seguro sabe quién es el funcionario o el cacique involucrado.

Luego me encontré a Margarita Rosas Santillán, que vino de Durango a la marcha y que hace dos años está buscando a su sobrino "levantado" y sin huella. Me dijo que nadie le abrió todavía un expediente y las autoridades como si nada.

Lo más grave es que en la marcha iba una familia de Tulancingo, Hidalgo, que me contó que el 27 de marzo pasado, su hijo fue decapitado. Se llamaba Leonardo López Sevilla y las autoridades les dijeron que era un delincuente, y no se investiga nada sobre los responsables del hecho.

Vi cómo una hermana de Elvia Zúñiga llevaba una manta larga, pidiendo justicia, porque Elvia, profesora de 49 años, fue asesinada de 33 puñaladas por un exalumno, el caso está en veremos, aunque tienen al delincuente, porque han dicho que Argelia González, está mal de la cabeza al pedir que se certifique que el asesinato de la maestra es un feminicidio.

En fin, ahí en la marcha pude verle el rostro a la estadística, esa de las asesinadas y desaparecidas, que forman parte de los miles de casos con número que manejamos para darle un realce al tamaño del crimen.

No puede ser, de pronto se me aglomeró toda mi emoción en la garganta cuando la religiosa me contó cómo mataron a su madre y hermana, una hermana luchadora social, la definió, y vi el cartel que recuerda el caso de Betty Cariño, asesinada durante una caravana pacífica que se dirigía a San Juan Copala, en Oaxaca, y observé que todas se movilizan por que se encuentre a los culpables de su asesinato y no vi a nadie, más que a tres monjas, con la hermana de Blanca, con un poco de temor porque era la primera vez que se atrevían a denunciar lo que pasa en San Luis Potosí.

Me dio una ternura infinita ver al ingeniero civil que busca a su mujer e hijas secuestradas en Xalapa. En el Zócalo, escuché a una madre, a otra, vi a un padre retorcer el periódico y recordar cómo se llevaron y mataron a su hijo...

Entonces entendí que ya hay muchos agravios que sólo la estúpida distancia entre los que mandan y el pueblo puede nublar, desaparecer, no importar, darles lo mismo. Vi con claridad que es inútil, que en México hemos perdido el sentido humano y de la vida, que ello es algo que reta, que entristece, pero que fortalece el espíritu para no desviarse.

Tan importante el rostro y el dolor, si no es plañidero, como los números estadísticos, el resumen, el análisis global de lo que pasa.

Tal vez la movilización del 8 de mayo no sea inútil, ojalá que realmente se organice la ciudadanía para reconstruir el tejido social, para hacerse cargo de lo que a cada quien toca en esta devastada nación, empobrecida, doliente, a la que le hace falta la dignidad, tanto como el empleo y las oportunidades.

Pero también le hace falta un verdadero valor, como el de los hombres y mujeres que son protagonistas de los cambios y empeñan en esos cambios sus propias vidas, no su puesto o su aspiración de poder temporal y estrictamente personal.

saralovera@yahoo.com.mx


















La sangrienta realidad








Jesusa Cervantes


MÉXICO, D.F., 13 de mayo (apro).- Los muertos de San Fernando, Ciudad Mier y Valle Hermoso, Tamaulipas. Los de “La Bestia”. Los de Monterrey, Nuevo León. Las fosas clandestinas de Durango y Zacatecas. Los huérfanos de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Los inmigrantes masacrados en el corredor Guatemala-Chiapas-Veracruz-Tabasco-Tamaulipas. Los del corredor Chiapas-Oaxaca.

Los ejecutados en Sonora y Sinaloa. Los granadazos en los centros comerciales de Nayarit. Los asesinatos en la zona de La Laguna. Los cuerpos destazados de Guerrero y Morelos… Esa es la realidad que hoy vive México.

En los medios informativos no aparece todo lo que en el país acontece. Las comunidades lejanas no sólo están abandonadas, también están incomunicadas. Y de lo que se vive en esos lugares poco o nada se sabe.

Pero nadie como las organizaciones de derechos humanos para conocer y sentir lo que en verdad enfrenta nuestro país. Organizaciones que también padecen diariamente la amenaza y la injuria.

En días recientes, el director de una de estas agrupaciones dijo que aún falta por decir y reportear sobre los llamados “escuadrones de la muerte”, que recorren las ciudades del norte del país. Algunos, acusó, son formados por militares.

Tampoco se habla de las fosas clandestinas “hechas por militares”, sostuvo. Y para mayores datos, señaló que en “la comarca lagunera” hay varias de esas fosas, aunque también hay que hablar de las ejecuciones en los penales, agregó.

Lo anterior es una estampa que se multiplica en diversas zonas del país y que, en resumen, forman parte de los resultados de esta absurda guerra sin razón declarada por Felipe Calderón Hinojosa desde que inició su sangriento gobierno.

En México no hay un estado libre de la barbarie del crimen organizado. No hay tranquilidad en la mayoría de los hogares. No se respira seguridad. La impotencia ya se convirtió en reclamo y, lo peor, la falta de entendimiento del gobierno se ha vuelto odio.

Avasalla el desdén del gobierno, y la inacción de los políticos genera rabia. La complicidad de todos los partidos da vergüenza. El cinismo del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, cuando afirma que el Instituto Nacional de Migración no es nido de criminales, provoca coraje, inevitablemente.

Los dichos de Calderón y los actos de la clase política (de todos los partidos) demuestran que no escucharon los 70 testimonios desgarradores del pasado domingo 8 en la plancha del Zócalo de la ciudad de México.

El dolor y maratón de tristeza no sólo fue por la desgracia que vivió el poeta Javier Sicilia, fue por todos los que tomaron el micrófono, llegados de todas partes de la República, y que condensaron el corazón desgarrado de México.

Difícil parece revertir ese rencor que, seguramente, anida ya en los huérfanos, en los hijos de militares que quedaron en el desamparo, en las mujeres que perdieron a sus hombres, en los padres a quienes les arrancaron un pedazo de vida.

Hay hombres, pocos, que ante tanto dolor mantienen un corazón amoroso, como Sicilia, pero no todos los mexicanos (los afectados) tienen esa forma de sentir.

Nadie quiere más muertos, nadie quiere más odios. Sin embargo el cinismo y empecinamiento de Felipe Calderón y su gobierno, de Genero García Luna (secretario de Seguridad Pública) y sus hombres, de los grupos criminales y sus seguidores, parece que trabajan en otra dirección.

Educación, programas sociales, valor al ser humano, alimentación, bienestar para todos y no para unos cuantos, salud, trabajo digno, salarios justos, esparcimiento sano y convivencia amorosa… quizá con un poco de todo esto la paz regrese a México.

Pero de la mano de todo ello deberán ir las acciones firmes de un hombre de Estado, de un grupo de personas que con mano justa, afable y calidad social, sea capaz de mirar por el bien del país.

Si hay un gobierno que se atreva a quitar a las televisoras ese poder nocivo, a los empresarios sus privilegios, a la clase política sus canonjías, a meter a la cárcel a los verdaderos ladrones de la paz, entonces quizá México pueda tener un respiro para volver a empezar.

Y si no hay un hombre o un puñado de hombres que puedan hacer todo esto, no hay problema, para eso esta la sociedad misma, que el pasado domingo 8 de mayo, en la Marcha Nacional por la Paz, dio muestras de su poder, incipiente aún, pero poder al fin… y ganas de cambiar la situación.

mjcervantes@proceso.com.mx












Juicio internacional a Calderón








Netzaí Sandoval Ballesteros





Los más de 40 mil seres humanos que han muerto en los últimos cuatro años nos colocan frente a una crisis humanitaria sin paragón. Ni la guerra de Estados Unidos contra Afganistán, ni la emprendida en contra de Pakistán han generado tal cantidad de muertos (Barómetro de Conflictos, Universidad de Heidelberg, Alemania). La violencia en México también ha dejado más desplazados que cualquier otro conflicto armado reciente, alrededor de 120 mil personas de acuerdo con el Internal Displacement Monitoring Center. La vulnerabilidad de los más jóvenes es particularmente grave: mil 226 de las muertes ocurridas entre 2006 y 2010 corresponden a niños y adolescentes (Red por los Derechos de la Infancia en México). En estrictos términos legales y de acuerdo con los criterios internacionales en la materia, esta situación se clasifica como un conflicto armado de índole no internacional.

El responsable directo de esta grave situación es Felipe Calderón. Fue él quien declaró una “guerra” en el país y decidió utilizar al Ejército y la Marina para atacar selectivamente los cárteles de la droga. Fue el Ejecutivo quien de forma obstinada prosiguió con esta estrategia bélica a pesar de que diversos órganos de la ONU le han solicitado suspender la utilización de los militares en tareas policiacas, recientemente el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU, en marzo de 2011.

Como han documentado diversos informes sobre derechos humanos elaborados por organismos como Amnistía Internacional, el Ejército Mexicano ha llegado al extremo de asesinar y torturar a civiles completamente ajenos al conflicto, en retenes militares y durante sus operativos. Además, ha intentado encubrir estos hechos para garantizar impunidad a los responsables. Recordemos al respecto el caso de los estudiantes asesinados en el Tec de Monterrey el 19 de marzo de 2010, señalado por la CNDH en su recomendación 45/2010.

Las fuerzas armadas también han dejado impune la violación sexual de mujeres indígenas cometida por soldados durante sus operativos, con lo que ha fomentado el empleo de tan deleznable práctica (caso Fernández Ortega y otros vs. México, así como el caso Rosendo Cantú y otra vs. México –Corte Interamericana de Derechos Humanos).

Por su parte los cárteles de la droga también practican terribles crímenes contra la población civil. Reclutan niños menores de 15 años de edad para convertirlos en sicarios. Se estima que entre 30 y 43 mil menores de edad han sido reclutados por grupos criminales. Además, los ataques a los centros de rehabilitación de enfermos y adictos a las drogas se han generalizado. Los arteros ataques del 26 de junio en Durango, el 5 de diciembre y 10 de junio en Ciudad Juárez, Chihuahua –todos en 2010– son sólo tres ejemplos.

Los tribunales de nuestro país se encuentran prácticamente impedidos para juzgar al Ejecutivo Federal (artículo 108 onstitucional). A ello se añade la falta de autonomía de la PGR, lo que se traduce en impunidad a los funcionarios civiles y militares responsables de esta crisis.

Tampoco es viable someter a la justicia nacional a los soldados responsables de violaciones, torturas, desapariciones y asesinatos debido al inaceptable alcance del fuero militar, que permite que estos hechos sean juzgados por tribunales militares (artículo 57 Código de Justicia Militar). La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado contundentemente que la jurisdicción penal militar no es competente para investigar, juzgar y sancionar a los autores de violaciones de derechos humanos (caso Radilla Pacheco vs. México), pero Calderón se ha opuesto a cumplir con las sentencias que ordenan modificar el marco jurídico para adaptarlo a los estándares internacionales.

Ante la imposibilidad de juzgar a los violadores de los derechos humanos en nuestro propio país es urgente que hoy, bajo el principio de complementariedad, acudamos a la Corte Penal Internacional (CPI). Ello parece difícil dado que la Constitución señala que es el Ejecutivo (con aprobación del Senado) quien reconoce la competencia de la CPI. Sin embargo ninguna norma de derecho interno puede invocarse para incumplir obligaciones contraídas en el ámbito internacional (Convención de Viena sobre el derecho de los tratados, artículo 27) por lo que cuando Calderón y sus mandos militares las invoquen, sus argumentos serán rechazados por la CPI.

Para robustecer esta denuncia hace falta que participen la población y los defensores de derechos humanos del país. Por ejemplo, habría que incluir en el expediente de denuncia las declaraciones de los familiares de quienes han sido asesinados en operativos militares. Además, la mayor cantidad posible de ciudadanos mexicanos debemos firmar la petición que exige ante la CPI, detener el derramamiento de sangre. Contamos ya con miles de firmas recabadas en la marcha del 8 de mayo pero todavía es tiempo de que nuevas firmas respalden la denuncia.

Calderón ordenó el empleo de estrategias anticonstitucionales y violatorias del derecho internacional para combatir al narcotráfico y ello ha llevado a la sistemática violación de los derechos humanos en nuestro país. Bajo el artículo 8 párrafo 2, inciso c, numerales I y IV, así como el inciso e, numerales I, IV y VII del Estatuto de Roma, debe ser juzgado por crímenes de guerra en la CPI.

http://twitter.com/


@elNetza Petición disponible en:









12 may 2011







La ultraderecha, contra el movimiento de Sicilia







Álvaro Delgado


El activista Eduardo Gallo lanza una afirmación contundente: cuando alguna organización civil destaca por sus críticas a las políticas y estrategias federales, el gobierno ofrece recursos, prebendas o cargos públicos, y así acalla a algunos descontentos. No todos se dejan comprar, aclara el expresidente de México Unido Contra la Delincuencia, y agrega que grupos ultraderechistas ya empezaron una ofensiva mediática contra el movimiento que encabeza Javier Sicilia.

MÉXICO, DF., 10 de mayo (Proceso).- La cooptación, domesticación y amordazamiento de las organizaciones ciudadanas y sus dirigentes, por la vía de la transferencia de los recursos públicos y el reparto de cargos, es una práctica común en México, afirma el activista Eduardo Gallo, expresidente de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD).

El objetivo es claro: desnaturalizar las organizaciones cívicas para neutralizar el rechazo a las estrategias oficiales, como la “guerra” del gobierno de Felipe Calderón contra el crimen organizado, y que sea menos sonoro el clamor social de seguridad, justicia y paz.

“Pero esto se da no sólo con dinero, sino con otras maneras: invitaciones a reuniones, eventos, comidas y cenas en las que es posible codearse con altos miembros del poder público, con el secretario de Gobernación o el procurador, que dan rápidamente un cita. Esto es muy seductor para quienes se marean al subirse a un ladrillo y desgraciadamente le ocurre a la mayoría.”

A Gallo –quien dice haber renunciado a MUCD por falta de transparencia y rendición de cuentas en ese organismo y por no canjear independencia por recursos públicos– le consta cómo los políticos buscan mediatizar la acción ciudadana también con el ofrecimiento de cargos y candidaturas.

No es sólo el caso de Elena Herrejón, presidenta de la organización Provecino, quien en 2006 fue candidata a senadora por Nueva Alianza (Panal, el partido de Elba Esther Gordillo), sino la propia experiencia de Gallo: el Partido Acción Nacional (PAN) le ofreció, también ese año, ser candidato a delegado y diputado local en la capital del país.

–¿De quién fue la invitación?

–Del entonces presidente del partido, Manuel Espino, a quien aprecio como persona pero a quien le dije que no me interesaba. Me insistió: “¿Qué te parece diputado federal por Morelos?”. “Manuel”, le respondí, “¿qué parte no me has entendido? Mi vida no va en esa dirección”.

Gallo, a quien Convergencia le hizo también una oferta, recuerda cómo en 1998 un hijo de María Elena Morera, expresidenta de MUCD y quien ahora encabeza Causa Común, se convirtió en asesor del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y por ello él se distanció temporalmente de esa organización.

“Son formas diferentes con las que los políticos buscan consentir a los integrantes de la sociedad civil, cooptarlos o cuando menos jalar sus voluntades para que haya buena disposición en disculpar los actos equivocados o la no acción en algún área que pudiera ser criticada ante la opinión pública. Son formas que se siguen por todos lados.”

Tras una década de participar en el activismo cívico, a raíz del secuestro y asesinato de su hija Paola en Morelos, en junio de 2000 –cuya investigación asumió personalmente por la incompetencia de las autoridades–, afirma que la cooptación de organizaciones no se ha dado sólo en el gobierno de Calderón, sino desde el sexenio de Vicente Fox, cuyo secretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, lo hizo tras la multitudinaria marcha contra la delincuencia del 27 de junio 2004.

Recuerda cómo Fox se comprometió a crear un observatorio ciudadano para evaluar la acción gubernamental, pero Martín Huerta ofreció solamente crear un consejo de participación ciudadana. “A veces el presidente promete cosas que no puede cumplir”, le dijo a Gallo en una reunión.

Ante el reclamo del activista de que Fox mintió, el funcionario dijo que interpretara como quisiera. “Lo tomo como que todo esto es una farsa y frente a una farsa lo que te digo es: chinga tu madre. No estamos para que jueguen con nosotros. A los ciudadanos se les respeta”.

Indiferente al reclamo del activista, Martín Huerta lanzó el anzuelo: “Les vamos a asignar recursos a cada una de las organizaciones para que puedan elaborar sus programas, sus trípticos y puedan llegar a la comunidad”.

Gallo, quien tiene fama de claridoso, subraya: “Fue así como de manera directa, precisa y específica se buscó cooptar a las organizaciones ciudadanas que habían participado en la organización de la marcha (de 2004) ofreciéndoles dinero”.



El Yunque otra vez



En ese entonces las organizaciones que convalidaron la decisión del gobierno de Fox fueron, entre otras, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), presidida entonces por Jorge Espina Reyes; la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), encabezada por Guillermo Bustamante, y el Consejo Ciudadano de Justicia Penal, liderada por José Antonio Ortega Sánchez.

Son los mismos organismos bajo el control de la organización ultraderechista El Yunque que el pasado lunes 2 repudiaron la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad que el jueves 5 salió de Cuernavaca y llegará a la Ciudad de México el domingo 8, encabezada por el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado junto con otros seis jóvenes.

“Denunciamos la manipulación del repudio a la violencia, a quienes pretenden manipular el repudio a la violencia para generar un movimiento sociopolítico demoledor de la institución presidencial, con odio al Ejército, que puede inducir a pactar con los criminales, entregando como botín a nuestras familias”, afirmaron organizaciones encabezadas por Ortega Sánchez.

“La marcha convocada por Javier Sicilia, cuyo dolor todos comprendemos, al parecer con el apoyo del gobierno del Distrito Federal y algunos medios de comunicación, puede ser la mayor manipulación política de la violencia e inseguridad para atacar al presidente Felipe Calderón y responsabilizar a los militares”, insistió Ortega Sánchez, quien censuró la participación de simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

“Marcos, con su dinero sucio salido de secuestros, extorsiones y asesinatos, se suma a la ‘caravana por la paz’, para marchar tomado de las manos con quienes claman ‘¡Basta de sangre!’ y le reclaman al presidente haber molestado a los pobres narcos. ¿Buscan estos señores el fin de la violencia? ¡Por supuesto que no! La violencia es un mero pretexto. Su negocio no es la paz, no es la seguridad pública. Su negocio es el mismo viejo, sucio y totalitario afán de la revolución socialista”, escribió el abogado del cardenal Juan Sandoval Íñiguez.

Gallo conoce bien a Ortega Sánchez y a Guillermo Velasco Arzac, presidente de Coordinadora Ciudadana y jerarca de El Yunque, quienes respaldan decisiones del gobierno desde Fox. Son parte de “un grupo que, definitivamente, no trabaja con otro interés que no sea el dinero”, y ambos, aseguró, “viven de eso” (Proceso 1463).

Pero la cooptación de organizaciones sociales que con Fox inició Martín Huerta ha escalado con Calderón –cuya espiral de violencia ha cobrado la vida de aproximadamente 40 mil personas y el propio PAN reconoce 103 mil asesinatos en una década– mediante recursos públicos y mecanismos de persuasión.

Desde el poder público, afirma, también se busca dividir a los ciudadanos agraviados, como las víctimas de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, donde murieron 49 niños. “Los padres de familia fueron divididos por el gobierno del estado. A algunos se les han dado recursos para que ya no haya ruido, y los que no han aceptado son los que siguen luchando por que haya justicia”.

También existe la otra cara de la moneda, dice: “Así como hay quienes se dejan cooptar, hay quienes no tenemos precio y actuamos con base en principios y convicciones. Ojalá no hubiera nunca alguien que se dejara cooptar, pero es una debilidad humana a la que muchas personas sucumben”.

Gallo afirma que el gobierno busca hacer que las organizaciones ciudadanas dependan económicamente del Estado para despojarlas de su independencia, pero también controlarlas para que lo respalden en lo que le interesa.

“Por ejemplo, cuando el presidente de la República dice que los gobiernos de los estados no cooperan, de repente líderes de organizaciones se lanzan a la cargada contra los gobernadores que no han construido policías certificadas, pero se les olvida que el gobierno federal tampoco está certificados a todos, porque está atrasado ese programa.”

Explica: “Salen a criticar a los gobiernos de los estados porque no tienen los penales adecuados, pero se les olvida que el gobierno federal tampoco ha cumplido con eso. Avientan la pedrada para otro lado para no confrontarse”.

Cauteloso pero firme, Gallo reconoce que existe cercanía de Calderón con Isabel Miranda, madre de Luis Alberto Wallace, secuestrado y asesinado en julio de 2005, y con Alejandro Martí, padre del niño asesinado en 2008.

“Así es. Cuando vas creciendo en peso como organización de la sociedad civil, entonces evidentemente el gobierno busca tenerte cercano precisamente para evitar que con ese peso que vas adquiriendo puedas generarle un problema, como señalar algo que cause un impacto en la sociedad. Y entonces te llaman, te buscan, tienes reuniones para oír tu opinión, una junta no empieza a tiempo porque no has llegado y te esperan.”



“Ya no habrá donativos…”



Pone como ejemplo una reunión privada convocada por Calderón, en julio del año pasado en Los Pinos, con Causa Común, encabezada por María Elena Morera; México SOS, de Alejandro Martí, y MUCD, que entonces él presidía. Gallo conoció a Calderón cuando era candidato presidencial, para saber su punto de vista sobre su estrategia de combate al crimen organizado.

“Me dio la palabra primero como organización: ‘Le decimos abiertamente que no estamos de acuerdo con la estrategia que se está siguiendo para combatir a la delincuencia y en esta guerra de las drogas, y no estamos de acuerdo porque la estrategia no tiene parámetros que permitan evaluarla’.”

Añadió: “Pero tampoco estamos de acuerdo porque detona la violencia, porque creemos, y se lo dijimos desde aquella ocasión como candidato a la Presidencia, que el ataque a la delincuencia debe ser a través de las estructuras financieras. No lo decimos nosotros, la historia en el mundo de combate a la delincuencia lo ha evidenciado. Ese es el flanco débil”.

Como Martí no asistió, cuenta Gallo, el director de México SOS, Alejandro Camacho, expuso lo que hace esa organización, y luego habló Morera. “Su posición fue: ¿En qué podemos ayudar, presidente, en qué podemos ser útiles para el país?”.

Sólo él asumió una posición crítica a la estrategia de Calderón, quien para eso los convocó. “Desconozco si a ellos se les invitó para lo mismo. Si les llegó así, respeto cómo respondieron”.

Por eso la estrategia de Calderón se mantiene, porque la mayoría de las organizaciones guarda silencio, como ha ocurrido en los Diálogos por la Seguridad Pública convocados por el gobierno. En el más reciente, en enero, sólo cinco de al menos 30 pidieron cambiar la estrategia.

“Todos los demás no tocaron el tema de si están o no de acuerdo o se fueron a otros temas que en consecuencia no permiten al Presidente recibir un mensaje claro y contundente de que en la sociedad civil no estamos de acuerdo con su estrategia.”

Su renuncia a la presidencia de MUCD obedeció, entre otras razones, a esta conducta de aminorar la crítica al gobierno para no poner en riesgo las transferencias de recursos públicos, vía donativos y contratos.

El tema se abordó en febrero, en una reunión del Consejo de la organización, fundada en 1997, en la que se discutió la posición que se debía asumir sobre el debido proceso en casos como el de las tres indígenas acusadas de secuestrar policías federales, el de Jorge Balderas Garza, supuesto agresor del jugador Salvador Cabañas, y el de la francesa Florence Cassez.

Según Gallo, Josefina Ricaño, primera presidenta de MUCD y quien lo sustituyó a su renuncia, rechazó incluir el caso Cassez en el posicionamiento sobre el debido proceso. “Van a decir que estamos defendiendo secuestradores”, dijo, y ante la preguntas de dónde estaban las evidencias sólo atinó a decir que eso decían “los medios”.

Pero lo que irritó a Gallo fue el argumento que dio Pablo Girault Ruiz, secretario del Consejo y actual tesorero de MUCD, para no hablar sobre el asunto de Cassez: “Van a dejar de fluir recursos y contratos del gobierno”.

Eso y la falta de claridad en el manejo de los recursos de la administración previa, encabezada por Ana Franco –quien nunca hizo entrega-recepción a su renuncia por motivos de salud– precipitaron un choque de Gallo con el “grupo de poder” que controla MUCD, del que forman parte, entre otros, Girault Ruiz, director general de Fundación Dondé, y Félix Gavito, presidente de la Fundación Nemi.

Este último está implicado en dudosas transacciones de tres millones de pesos aportados por la Secretaría de Seguridad Pública federal para un programa elaborado presuntamente por Nelia Tello Peón, hermana del asesor de Calderón en seguridad nacional.

Harto de la opacidad, Gallo decidió renunciar porque no se cumplió el compromiso de regresar a los principios fundacionales de México Unido Contra la Delincuencia, por los que aceptó presidir la organización. “No estaba dispuesto a cargar responsabilidades que no me competen, porque por algo había opacidad”.

MUCD, dice, va a seguir: “En cultura de la legalidad puede haber muchos contratos, mucho dinero y mucho desarrollo y van a poder ayudar, pero ya no con el proyecto original, porque éste requiere de principios y valores que no tienen”.

–¿Están autoamordazados?

–Así es, pero también están de alguna manera maniatados cuando dicen que es una organización que está en el tema de seguridad y justicia, cuando no es así. Es válido cambiar, pero que la gente sepa que cambiaste. Si no le dices, la gente estará esperando algo que no recibirá nunca. Y en esa parte hay que tener cuidado, porque las personas se pueden sentir engañadas.