12 dic 2011


Carta a Felipe Calderón

Acentos
Epigmenio Ibarra

2011-12-09 •


Se ha lanzado usted, aprovechando la ventaja estratégica que le da su posición como jefe de Estado, a una campaña intensiva para desprestigiar a quienes, haciendo uso de nuestro derecho, por amor a México, por nuestros hijos, con nuestros hijos, criticamos su estrategia de combate al narco.

Nos ha tachado de calumniadores. Ha sugerido que somos faltos de entendederas, que obedecemos a propósitos político-electorales inconfesables. Que nos mueven sólo el odio y el resentimiento. Le hace falta, señor Calderón, verse al espejo.

Todo su discurso parte de la tesis de que no hay otro camino para enfrentar al crimen y de que usted ha ido el único que ha tenido el coraje y la decisión de seguirlo.

Se presenta usted ahora diciéndose víctima de las injurias de un pequeño grupo, como el “salvador de la patria”, el cruzado dispuesto, por el bien de la nación, a enfrentarse al sacrificio, al juicio de la historia. Pero usted, señor Calderón, no pone la sangre; los muertos son otros, son de otros.

Gastando miles de millones de pesos del erario, aprovechándose de la reverencia atávica de los medios frente al poder, ha logrado establecer, al menos entre seguidores, gente atenazada por el miedo e incautos, la falsa disyuntiva: o se está de acuerdo con su estrategia o se está contra México y con los criminales.

Lo cierto, señor Calderón, es que ha procedido, por decir lo menos, irresponsablemente.

Lo cierto, señor Calderón, es que, al incitar al linchamiento, ha puesto en peligro la vida de cientos, quizá miles de ciudadanos. Ya jugó a sembrar el encono y la discordia en 2006; ahora, literalmente, juega con fuego.

Lo cierto también es que ha promovido la acción de esos golpeadores que abundan en su gabinete y en su partido y ha puesto a los aparatos de inteligencia operativa en las redes sociales y a los mecanismos de guerra sucia propagandística a actuar con virulencia contra sus opositores.

No hablo, créame, por los firmantes de la petición a la CPI de La Haya para que lo procese por su responsabilidad, en tanto comandante en jefe y artífice de la estrategia de combate contra el narco, por los crímenes de guerra que aquí se han cometido.

Nosotros, los 23 mil, contra los cuales amenaza usted con proceder legalmente, estamos listos para hacerle frente. Ni somos calumniadores ni nos hacemos para atrás. En los tribunales, si usted quiere, nos veremos las caras.

Hablo, señor Calderón, de otros; de los mas valiosos y también los mas vulnerables; de los defensores de derechos humanos, de los activistas por la paz que en las regiones mas peligrosas del país, luchando todos los días, se ven atrapados entre dos fuegos.

Cada vez que usted sale en la televisión —y sale muchas veces— incitando al linchamiento de sus críticos pone una diana en el pecho de uno de estos luchadores sociales.

Cada vez que se atreve usted a sugerir —y también lo hace con mucha frecuencia— que quien se opone a la guerra está por la negociación con los criminales, o de plano trabaja para ellos, firma una sentencia de muerte.

Ya de por sí el crimen organizado anda tras ellos. Ya de por sí usted y su gobierno se han mostrado incapaces de ofrecer protección a quienes, como Nepomuceno Morales, se la solicitaron personalmente.

Sus acusaciones a críticos, defensores de derechos humanos, activistas por la paz, es tomado por funcionarios, soldados y policías agobiados por el combate, marcados por la pérdida de sus compañeros y la amenaza constante contra sus vidas y las de sus familiares como instrucción de hacerse a un lado o, peor aún, como una orden para desbrozar el camino.

Otro tanto sucede con esos a los que la justicia por propia mano les parece la única solución y andan buscando, como los criminales, dar lecciones, con muertes ejemplares, a sus enemigos.

Habla usted mucho de la guerra y la conoce poco. Dudo, que mas allá de su identificación propagandística con las víctimas, sepa usted lo que se siente estar bajo fuego, o lo que la tensión, el peligro y el miedo provocan en cualquier ser humano.

Yo he vivido de cerca el horror de la guerra. He visto también como la opinión de un líder, un juicio a la ligera de un comandante pueden costarle la vida a un ciudadano cualquiera.

He sido testigo de cómo la propaganda, los dogmas de fe del poder autoritario, hacen ver a quienes lo sirven, enemigos a granel y los mueven a considerar como necesaria y urgente la muerte de esos que se consideran un obstáculo.

Lo he visto a usted, señor Calderón, en cuarteles y desfiles; jamás con los soldados en el terreno, con esos que manda a matar y a morir. Tampoco lo he visto, fuera de sus zonas de confort, reunirse, siquiera, con las víctimas.

Desató usted la guerra. Una guerra en la que hay siempre mas muertos y heridos, y que antes que traer paz y seguridad —ahí están los hechos— ha exacerbado la violencia.

Deténgase, se lo exijo, guarde, al menos, frente a esta patria herida, respetuoso silencio.

No siga ya alimentando con sangre inocente, víctima de su retórica incendiaria, de su intolerancia frente a la crítica, de sus ambiciones políticas a la guerra que es, lo dice César Vallejo, un monstruo grande y pisa fuerte.

http://elcancerberodeulises.blogspot.com

11 dic 2011


El Despertar
El difícil camino del triunfo




José Agustín Ortiz Pinchetti


La causa progresista se ha reposicionado en semanas recientes. Tiene en AMLO un candidato fuerte con capacidad para resistir la más dura adversidad. Cuenta con un gran movimiento que ha construido desde sus cimientos y puede desarrollar gran potencial. Los grupos y partidos de izquierda han suspendido conflictos y parecen disciplinados. Tiene un proyecto articulado y viable, y prestigio como buen gobernante y líder poderoso y mesurado. Pero no será fácil su triunfo porque el sector más duro de la oligarquía se opone a una reforma en serio y usará sus recursos para bloquearle el camino a como dé lugar.

Para ganar, AMLO y su alianza tendrán que aprovechar al máximo la oportunidad que se presenta: la doctrina de sus adversarios está agotada, las diferencias sociales y la miseria han aumentado, la economía está mal y empeorará. El PRI tiene un candidato vulnerable apoyado por políticos y plutócratas envejecidos y corruptos. Lo mejor del PRI ha sido marginado. Sin embargo, tiene como arma la publicidad masiva y la complicidad de los factores de poder. El Frente Progresista deberá imaginar vías nuevas para que sus propuestas sean conocidas y entusiasmen a la población.

El PRI ofrece la restauración del sistema. Su candidato habla de una restructura institucional para volver a la presidencia imperial. El PAN quiere continuar en la misma línea a pesar de la tragedia en que ha metido al país al intentar combatir a la delincuencia sin objetivos estratégicos y utilizando cuerpos de seguridad que están, en gran medida, infiltrados por el enemigo.

AMLO ha logrado cohesionar y organizar a sus partidarios, pero debe convencer a la gente que sus adversarios son mentirosos y calumniadores y que la oferta que presentan está agotada. Sólo podrá ganar si los empresarios y la clase media se convencen de que sin un cambio de rumbo el país terminará hundiéndose y sus vidas y patrimonios estarán en grave riesgo.

AMLO y su alianza tendrán que corregir errores. El peor es la destructividad interna. El gran potencial de su candidatura puede verse menguado sin el apoyo de las burocracias de los partidos de izquierda. Debe aprovechar su capacidad de debate y acercarse a todos los sectores no vinculados a grupos y personajes reaccionarios.

AMLO y la alianza tienen que utilizar sus activos. El principal es el Morena, constituido por cientos de miles de gentes que ahora deben demostrar que el entusiasmo que se observa en los mítines se convierte en disciplina y organización. La prueba de fuego se presentará cuando tenga que promover el voto y defenderlo: el reto es consolidar la estructura de vigilancia electoral. Si no lo logra, no podrá ganar.

joseaorpin@hotmail.com



10 dic 2011


Desfiladero
¿Por qué La Haya debe aceptar la denuncia contra Calderón?



Jaime Avilés


El asesinato de Trinidad de la Cruz, dirigente indígena de la comunidad de Santa María de Ostula, que fue acuchillado el pasado martes 6 de diciembre por paramilitares que actuaron protegidos por la Policía Federal, debe ser agregado al expediente que estudia la Corte Penal Internacional de La Haya, para decidir si procede en contra de Felipe Calderón por la comisión de crímenes de guerra” y “delitos de lesa humanidad”.

Los más de 27 mil firmantes de la denuncia sostienen que el “gobierno” de México actúa en abierta complicidad con el crimen organizado. Una somera recostrucción de los hechos que precipitaron la muerte de Trinidad de la Cruz demuestra que tal percepción está sólidamente fundada.

Hace dos años, cientos de familias indígenas, pertenecientes a la comunidad de Ostula, ocuparon las tierras de Xayakalan, sobre la costa michoacana del Pacífico, muy cerca de la playa El Tamarindillo, que poseen Vicente Fox y Marta Sahagún. La siempre feliz y sonriente pareja ex presidencial no ha ocultado sus intenciones de construir un desarrollo turístico desde El Tamarindillo hasta Xayakalan, donde por otra parte hay ricos y abundantes yacimientos de hierro y de oro que ambicionan empresas mineras de India, Italia y Argentina.

La región costera, además, es disputada por diferentes bandas de narcotraficantes, por su ubicación estratégica que permite la entrada y salida de sustancias ilícitas. Tanto los hoteleros como los mineros han venido sirviéndose de los paramilitares al servicio de los cárteles, para reprimir a los comuneros de Xayakalan y desplazarlos de la costa a fin de quedarse con sus playas.

Por si hiciera falta para demostrar la complicidad entre hoteleros, mineros y cárteles con las dependencias federales adscritas al “gobierno” calderónico, las secretarías de Marina y Defensa han protegido por acción o por omisión a los paramilitares, que acumulan ya 27 asesinatos y cuatro desapariciones forzadas en Xayakalan, trágica lista que podría estar creciendo incluso en estos momentos.

El pasado 28 de noviembre, en Morelia, don Trino sostuvo una reunión con representantes de los gobiernos michoacano y federal, para ponerlos al tanto de los peligros que de nuevo se cernían sobre los pobladores de Xayakalan, con motivo de la consulta que éstos iban a sostener el martes 6 de diciembre, para determinar si aceptan el dinero que les ofrecen las autoridades a cambio de sus tierras o permanecen dentro de ellas.

El Desfiladero del sábado anterior se sumó a las voces que desde distintos frentes intentaron evitar que los paramilitares atacaran ese día. Como fruto de la reunión del 28 de noviembre, el martes 6 de diciembre, muy temprano por la mañana, don Trino y 12 integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), encabezados por Pietro Ameglio, salieron de Guadalajara escoltados por un convoy de la Policía Federal, bajaron a la costa, pasaron por Maruata, donde la Marina tiene una base naval, y llegaron a Xayakalan.

Pero de pronto, sorpresivamente, el hombre que iba al mando de los soldados azules de Genaro García Luna le dijo a Pietro Ameglio que se retiraba con sus tropas, ya que no podía “garantizar su propia seguridad”. En seguida, apenas se alejaron los uniformados, irrumpieron los paramilitares, arma- dos con rifles AK-47, pistolas, machetes y puñales, a las órdenes de tres conocidos y bien identificados matones: Prisciliano Sánchez Corona, alias Chalano; Iturbide Alejo, alias El Turbinas, y Margarita Pérez, La Usurpadora, de acuerdo con el excelente reportaje que Gloria Muñoz Ramírez publicó en La Jornada anteayer.

Con base en los testimonios de los miembros de la caravana del MPJD, ahora se sabe que éstos fueron obligados a subir a sus vehículos, y a bordo de otro en que llevaban a don Trino, los asesinos los “arrearon” por la carretera que va al puerto de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, a la altura de la comunidad de Coayahuana, se detuvieron y acuchillaron al dirigente hasta matarlo.


El activista Trinidad de la Cruz, el martes pasado, horas antes de ser levantado por un grupo armado


Durante una rueda de prensa que ofreció el miércoles 7 de diciembre en la ciudad de México, Pietro Ameglio relató lo anterior vencido por la pena y por el llanto. Sin embargo, la tragedia, monstruosa por todo lo que implica –los indígenas mexicanos no valen nada ante los intereses de los hoteleros y los mineros, que usan a las fuerzas armadas y a los narcos para desplazarlos de sus tierras– no conmovió a nadie.

Peor aún, si Felipe Calderón sacó al Ejército a las calles, supuestamente para combatir la inseguridad, los comuneros de Xayakalan no se explican por qué no atendió las peticiones de don Trino –formuladas en la reunión del 28 de noviembre en Morelia–, pero menos entienden por qué, después del horroroso asesinato del dirigente, siguen esperando la llegada de los soldados, sabiendo que El Turbinas, La Usurpadora y Chalano se encuentran en la comunidad y pueden cometer otros asesinatos en cuanto les apetezca.

¿Así o más clara la complicidad entre el “gobierno” federal y los cárteles, señores jueces de la Corte Penal Internacional de La Haya? Esta pregunta difícilmente tendrá relevancia en medio de la profunda crisis política que se abrió en la cúpula del poder, tras la disparatada respuesta que dio Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro, hace ocho días en Guadalajara, donde el dueño del copete más famoso del rumbo comenzó a desinflarse ante los ojos alarmados de quienes han recibido de él millones y millones de pesos para incrustarlo en la Presidencia el año entrante.

Era carambola cantada: en cuanto Peña Nieto comenzara a hablar se harían visibles sus inmensas limitaciones y dejaría de ser el “hombre que México esperaba”, según sus publicistas y Televisa. Lo que no estaba previsto era que su derrumbe ocurriera tan temprano, ya que éste le da tiempo al PRI de buscarle un sustituto. Un problema, no menor, que por otra parte no parece tener respuesta. ¿Quién podría alcanzar, en seis o siete meses, la fuerza mediática que tuvo Peña Nieto?

En otras palabras, con un modelo económico en ruinas, sin un verdadero proyecto de rescate o reconstrucción del país, y sin una sola figura política atractiva –¿o acaso Beltrones, Vázquez Mota, Creel o Cordero llenarán el vacío dejado por Peña Nieto?–, la oligarquía mexicana carece de argumentos y de recursos legales para conservar el poder después de las elecciones del año próximo. De allí que Felipe Calderón hable con más y más insistencia de la posibilidad de que no haya comicios en 2012 “por la penenetración de los cárteles”.

El amago de cuartelazo que se dibuja detrás de estas palabras pone de relieve la dimensión de la crisis política en que ha quedado atrapada la derecha, al descubrir que carece de un candidato presidencial. Situación que en menor escala vive el movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador, al que se le abren los más anchos caminos para ganar la Presidencia, pero no cuenta con nadie que le asegure la victoria en el Distrito Federal. Cuando a lo largo de esta semana se oyó que el candidato de Morena al GDF podría ser Manuel Camacho, hubo quienes empezaron a preguntar la dirección de la embajada más cercana a su domicilio, para pedir asilo político al grito de “sálvese el que pueda”.

jamastu@gmail.com

Twitter: @emiajseliva




La honestidad debe tener rango constitucional, reafirma AMLO
El político tabasqueño registró su precandidatura a la Presidencia ante PRD, Movimiento Ciudadano y PT

Volveremos a ganar el próximo año, reitera

“Con los fundamentos de la república amorosa sacaremos a México del atraso”

Andrés Manuel López Obrador en el acto de registro de su precandidatura presidencial ante el PRD

Andrés Manuel López Obrador en el acto de registro de su precandidatura presidencial ante el MC



Alma E. Muñoz

Con un mensaje de unidad de las fuerzas progresistas y un llamado a la reconciliación nacional, Andrés Manuel López Obrador se registró ayer como precandidato presidencial único ante los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC).

Ante perredistas, celebró que se dejaran de lado “diferencias, discrepancias propias del quehacer político, más cuando se es partidario de la libertad”, y reafirmó su propuesta de elevar la honestidad a rango constitucional.

En los tres mensajes que ayer emitió al registrar –por separado– su precandidatura presidencial ante las comisiones electorales de cada uno de los partidos que integran la coalición Movimiento Progresista, señaló que, como ocurrió en 2006, en 2012 volverá a ganar.

Por la mañana, en la única entrevista que concedió a medios de comunicación que siguieron su recorrido, expresó su disposición a suscribir –si hace falta– un pacto con todos los partidos y con todos los candidatos “para que el proceso electoral se dé con limpieza, con libertad y en paz”.

López Obrador empezó en el PRD sus registros. A diferencia de PT y Movimiento Ciudadano, el sol azteca realizó el acto protocolario en el salón San Diego del hotel Hilton, en el Centro Histórico de la ciudad de México, con la presencia del presidente nacional del partido, Jesús Zambrano; la secretaria general, Dolores Padierna, e integrantes de la Comisión Política y del secretariado, pertenecientes en su mayoría a las corrientes Izquierda Democrática Nacional y Red por la Unidad de las Izquierdas.

También estuvo en el podio el representante del PRD ante el Instituto Federal Electoral (IFE), Camerino Eleazar Márquez, de Alternativa Democrática Nacional (ADN).

Fue evidente la ausencia de los principales dirigentes de la corriente Nueva Izquierda –a excepción de Zambrano– y de sus aliados de ADN, con quienes en el pasado tuvo discrepancias básicamente por alianza electorales de PRD con el PAN.

Tampoco estuvieron los coordinadores de la Cámara de Diputados, Armando Ríos Piter, y del Senado, Carlos Navarrete, ni el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon. No se vio a gobernadores emanados del partido, a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano ni a René Bejarano.

El aspirante presidencial fue recibido entre aplausos por decenas de militantes que se presentaron en el hotel capitalino. Ahí se dejó ver el aspirante al gobierno del DF, Mario Delgado.

“Bienvenido a su partido”, le dijo a López Obrador el presidente de la mesa directiva del Consejo Nacional perredista, Ricardo Ruiz.

Zambrano ratificó que habrá unidad del PRD en torno al tabasqueño, y expuso que la dirigencia nacional trabajará para consolidar las mejores candidaturas que lo acompañen en el proceso y para alcanzar el triunfo.

Y coincidió con López Obrador en que “en 2012 no sucederá lo de 2006. Demostraremos lo que realmente decidió la gente, y estoy seguro de que vamos a la victoria, vamos a sumar esfuerzos. ¡Unidos es posible! ¡La unidad nos hace grandes y victoriosos, y en esa ruta vamos a caminar hasta la victoria!”.

En tanto, el tabasqueño reiteró que la unidad de las fuerzas progresistas fue posible por la “actitud respetuosa, inteligente” de Marcelo Ebrard, al aceptar que le fueron adversos los resultados de la encuesta que aplicó la izquierda para definir a su eventual abanderado.

“Y ante la incertidumbre y el caos, se dio el mensaje de unidad y de responsabilidad; para eso se hizo la política, entre otras cosas, para poner orden en el caos… Estamos actuando con responsabilidad, uniéndonos, porque así lo exigen las circunstancias y porque así nos lo están demandando los mexicanos.

“Debemos estar unidos para cumplir con nuestra misión de sacar a México del atraso, del atolladero en que se encuentra y lograr el renacimiento de nuestro país”. Refirió que eso será posible a partir de los tres fundamentos de la república amorosa: honestidad, justicia y amor. Ofreció elevar la honestidad a rango constitucional, pues “el principal problema en nuestro país es la corrupción política”. También dijo que combatirá las causas de la inseguridad y la violencia, pero no con medidas coercitivas.

Y reiteró su convocatoria a “elaborar una constitución moral, un código de ética, una cartilla moral, un código del bien, porque la crisis que se padece no es nada más por la falta de bienes materiales; también se ha producido por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales”.

Tanto al registro ante el PRD como posteriormente ante Movimiento Ciudadano –a la una de la tarde– acudió acompañado por sus hijos José Ramón, Andrés y Gonzalo, así como por integrantes de su equipo de precampaña, como el coordinador general, Ricardo Monreal, René Cervera y Yeidckol Polevnsky, entre otros.

A la ceremonia en la sede del Partido del Trabajo –tres horas después– se sumaron su esposa, Beatriz Gutiérrez, y su hijo Jesús. “Estoy seguro de que voy a contar con el apoyo de hombres y mujeres del PT; siempre nos han acompañado. Por eso estoy aquí, con toda mi familia”, dijo el político tabasqueño.

En la sede de Movimiento Ciudadano, en la colonia Narvarte, arropado por miles de simpatizantes (debido a la cantidad les resultó insuficiente el patio del inmueble y tuvieron que cerrar un tramo de la calle), señaló que “ser de izquierda o progresista es ser honesto y tener buen corazón. Actuar pensando en los demás; es procurar el bien de todos, el amor al prójimo”, sostuvo.

El dirigente nacional del partido, Luis Walton, le refrendó el compromiso de mantenerse a su lado en la lucha por un cambio en el país. “Lo respaldaremos con toda nuestra entrega, decisión y compromiso para que sea usted el próximo presidente de la República”.

Ahí estuvieron, junto a los dirigentes de Movimiento Ciudadano, particularmente Dante Delgado, Manuel Camacho Solís –coordinador nacional de Diálogo para la Reconstrucción de México–, Leonel Cota e integrantes del Grupo de Acción Política, que recientemente renunciaron al PRD.

Y ahí, como también ocurrió en el PT, mas no en el sol azteca, invitaron al coordinador general de la precampaña y campaña, el senador Monreal, a integrarse al podio.

Tras registrar su precandidatura en la sede nacional petista, en un auditorio lleno y aun con gente en la calle, el aspirante presidencial recibió del senador Alberto Anaya la ratificación de apoyo de esta fuerza política. “El PT nunca vaciló en jugársela con Andrés Manuel López Obrador… El PT ha estado, está y estará con usted en esta gran causa por transformar la nación mexicana”, dijo.

A su vez, el ex jefe de Gobierno capitalino subrayó su agradecimiento al partido “por todo el apoyo que siempre nos han dado… En momentos muy difíciles para nuestro movimiento siempre contamos con ese apoyo… Para mí es un privilegio ser su precandidato”.

López Obrador acudió con corbata amarilla a su registro ante el PRD, naranja en Movimiento Ciudadano y roja ante el PT.

9 dic 2011


“Muchachos acusadores...”

Jorge Camil


Así les llamó Gerardo Laveaga, defensor de Felipe Calderón en la demanda entablada por 23 mil 700 personas (hoy 27 mil) ante la Corte Penal Internacional. Reconoció que si Calderón quisiera llevar su infundada reconvención a los tribunales mexicanos el tema no sería penal sino civil. Con eso descartó a la PGR, el espantapájaros utilizado para amedrentar a los denunciantes, como en los mejores tiempos de Gustavo Díaz Ordaz. (Surgieron en esa amenaza reminiscencias de Lecumberri” y del “Campo Militar Número Uno”: subterráneos de terror donde confinaban a los “muchachos” del 68, aunque algunos, como Heberto Castillo, ya no fuesen tan “muchachos”. Ese es el caso de los 23 mil denunciantes, menospreciados por Javier Lozano como “abajo firmantes”, aunque incluyan a un ex procurador general de la República y a un ex ministro de la Suprema Corte.)

Laveaga, abogado del establishment, califica a los activistas sociales como “muchachos”. Más comedido que el monstruo de Tlatelolco, que se refería a ellos en privado como “hijos de la chingada, parásitos chupasangre, pedigüeños, cínicos, ¡carroña!”. Con igual vehemencia Lozano calificó a quienes ejercieron un legítimo derecho como “ruines, ignorantes y oportunistas”. Se incorporó sin más a la defensa como abogado oficioso de Calderón, promoviéndose como “buen abogado... para responderles como merecen”. Es escalofriante comprobar que en esta desahuciada administración se están reviviendo fantasmas autoritarios del pasado.

Lo inaudito vendría después. Durante una reunión de las comisiones que dictaminan la miscelánea penal, el presidente de la Comisión de Justicia del Senado, el panista Alejandro González Alcocer, propuso un nuevo capítulo sobre terrorismo que se le escapó a Díaz Ordaz. Su proyecto pretende castigar con penas de 40 años a quienes “presionen a la autoridad (…) para tomar una determinación” (bit.ly/vwcq65). Con esa indignante y burda medida convertía a los “muchachos acusadores” en “terroristas”. Algunos analistas salieron en defensa de Calderón. Afirmaron que no era asesino ni violador de derechos humanos. Él no mató ni torturó; no ordenó secuestros, ni violaciones, ni desapariciones. Afectados de memoria selectiva olvidaron que es comandante en jefe del Ejército, y pretendieron aliviarlo totalmente de culpa afirmando que los militares intervinieron “a petición de las autoridades locales”. Eso coincide curiosamente con la defensa que había comenzado a montar Alejandro Poiré: ¡ustedes pidieron al Ejército!

En aras de una campaña “amistosa”, Enrique Peña Nieto, hoy contrito lector de la Biblia, opinó que la denuncia no tenía “sustento” alguno, porque el mandatario tiene obligación “irrenunciable” de enfrentar al crimen organizado, y ésta “no se puede inhibir o coartar con denuncias” (bit.ly/vqvWoP).

En este galimatías de memoria selectiva todos olvidan que se le advirtió a Calderón oportunamente el peligro de sacar a los militares a la calle. Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch explicaron el riesgo que corrían los derechos humanos, y mencionaron ejemplos palpables de otros países. Algunos analistas, como el que escribe, definimos la guerra de Calderón en 2010 como “guerra civil”, cuando se contaban únicamente 15 mil muertos: bit.ly/nU9aAy. Hoy llevamos 50 mil. Alguien debe detener la barbarie.

El lamentable percance en el que perdió la vida José Francisco Blake Mora impidió comentar con detalle el devastador reporte de Human Rights Watch (HRW) publicado dos días antes. El título mismo es una acusación inequívoca contra la estrategia de Calderón. No deja lugar a dudas: “Ni seguridad, ni derechos: ejecuciones, desapariciones y tortura en la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México”. Dibuja el desaliento que se ha adueñado del país. Después de los 50 mil muertos, y de la entrega a pedazos de nuestra soberanía, uno de los más prestigiados organismos internacionales nos viene a recordar lo que nos negábamos a reconocer. Que nos hemos quedado sin nada: sin seguridad y sin protección a los derechos humanos.

No logramos detener la violencia, ni el trasiego de drogas, ni la importación de armas de alto poder. Se fomentó la militarización. Tampoco detuvimos el narcomenudeo, así que las drogas llegaron a nuestros hijos. El ominoso subtítulo del reporte, “Ejecuciones, desapariciones y tortura”, nos recuerda que ese es el legado de la “guerra de Calderón”, como HRW la llama invariablemente entre comillas.

Una de las conclusiones es alarmante: reconoce que existe una política de seguridad pública, pero que fracasa seriamente en dos aspectos. No ha logrado reducir la violencia y ha generado un incremento drástico de las violaciones graves de derechos humanos. La consecuencia es inevitable: “en vez de fortalecer la seguridad pública, la ‘guerra’ desplegada por Calderón ha conseguido exacerbar un clima de violencia, descontrol y temor en muchas partes del país”.

Las instrucciones en 2006 parecen haber sido: “fuego a discreción”. Sin objetivos, sin control de las fuerzas federales y sin clara estrategia de salida.

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8 dic 2011


Peña y los malos políticos


Octavio Rodríguez Araujo


Juan Bosch, dominicano muy destacado en el mundo de las letras, un intelectual reconocido, hizo también política y alcanzó la presidencia de su país en 1963. Después de siete meses de gobierno, con enemigos muy poderosos de entre las fuerzas más retrógradas de República Dominicana (y de Estados Unidos), fue derrocado por un golpe de Estado. En una visita a México, ya como ex presidente, dijo en la UNAM que los intelectuales no deberían meterse en política como dirigentes, ni menos como gobernantes. Algo así como zapatero a tus zapatos”.

Me impactó mucho lo que dijo Bosch, y desde entonces he entendido que los políticos pueden ser cultos o más o menos cultos, pero buenos políticos, y que no debe uno pedirles que sean intelectuales. Los intelectuales no tenemos “el olfato” de los políticos, ni el estómago o el hígado de éstos. Mejor cada quien en su lugar.

Pero una cosa es que un político no sea intelectual y otra que carezca de cultura, por lo menos la de un estudiante promedio de licenciatura. Esto es grave, pero no tanto como ser un mal político. Un político debe ser hábil, saber “torear” una pregunta difícil o cuya respuesta no sepa. Si ni siquiera sabe hacer esto, está perdido.

Cuando a un político le hacen una pregunta y no sabe “torearla” o responderla, que se dedique a otra cosa. No todo el tiempo tendrá un guión de lo que debe decir, sea por tarjetita o teleprompter, ni un don Carlos que lo haga hablar como a Neto y Titino, sus muñecos. Que Ninel Conde, famosa por sus respuestas estúpidas, haga alarde y ahora hasta chistes de su incultura, se le perdona: ni es intelectual ni es política (tiene otros atributos). Pero que dos aspirantes a la Presidencia de México hagan lo mismo, es muy preocupante. Me refiero a Enrique Peña Nieto y a Ernesto Cordero. El caso de Cordero es sólo en apariencia más grave que el del priísta, pues criticó a éste por sus respuestas en la Feria del Libro de Guadalajara y él confundió un libro de Laura Restrepo con otra autora, Isabel Allende. El punto es que nadie piensa que Cordero pueda gobernar el país, en tanto que muchos están convencidos de que Peña Nieto sí lo hará, y sólo por esto es más delicado su tropezón que el de su adversario panista.

Hay un chiste que se le atribuye a Ninel Conde: ante la pregunta “¿Qué opina de La muerte de Artemio Cruz?”, se dice que ella contestó: “Ya le di el pésame a su familia… un gran mexicano”. Si bien Conde y Peña Nieto son del estado de México (ella fue Señorita Estado de México), el de Atlacomulco no es el Bombón asesino (Wikipedia), sino un ex gobernador que quiere ser presidente de México.

¿Qué hubiera contestado un político con tablas para improvisar ante la pregunta que le hizo Jacobo García en la feria de Guadalajara? Algo así como “ningún libro en particular me ha marcado la vida. Uno recibe muchas influencias a lo largo de la existencia, y dichas influencias no sólo están en los libros”, etcétera. O, “esa pregunta es tan improcedente como preguntarme qué libros me llevaría a una isla desierta”. Pero no, trató de contestar la tonta pregunta, cayó en la trampa y se enredó él solo, mezclando títulos con autores y otras muestras de inmadurez política, además de hacer evidente su incultura.

La torpeza, conjuntamente con su ignorancia sobre temas que se leen todos los días en los periódicos, es una de las características sobresalientes de Enrique Peña Nieto. Es más un invento de sus patrocinadores que un político con perspectiva nacional y que pueda llevar a buen puerto el muy deteriorado país. México necesita a alguien que promueva su reconstrucción, no a otro Fox o Calderón que termine de encallarlo entre las rocas de Escila o hundiéndolo en el remolino de Caribdis, valga la analogía. (Nota para Peña Nieto: sobre Escila y Caribdis, consultar la Wikipedia, con una explicación mucho más amplia que la de El Pequeño Larousse Ilustrado.)

Errores los cometemos todos y los olvidos son también frecuentes, sobre todo cuando nos volvemos viejos. Incluso la prestigiada Encyclopaedia Britannica tiene errores (en 2006 el equipo de la revista Nature le contabilizó 123 errores de hechos y omisiones). Sería natural que Peña Nieto también los tenga: “es de humanos cometer errores”, como dijera la secretaria del PRI para defender a su candidato. Pero que un político se meta en la cueva de los leones y se ponga de pechito para exhibir su ignorancia es preocupante, pues esto denota que es un mal político, incapaz de improvisar una respuesta inteligente a una pregunta tonta y mal planteada. ¿Creyó que en un medio intelectual podría vender su imagen sin riesgos y que Face mata Book? Error, son ligas diferentes.

No hay mala leche de mi parte ni intenciones de hacer leña del árbol caído. Pero Peña Nieto debería declinar antes de registrar su candidatura. En Guadalajara tuvo su primer gran tropiezo, pero de continuar como candidato tendrá muchos más, porque no está a la altura de sus aspiraciones. No se le reclama que no sea intelectual, sino que sea mal político y, además, ignorante.

http://rodriguezaraujo.unam.mx







Pemex: entrega total

Javier Jiménez Espriú


El amplio reportaje aparecido el viernes 25 de noviembre en el diario La Jornada, sobre la entrevista que Israel Rodríguez J. le hace al doctor Rogelio Gasca Neri, miembro del consejo de administración de Petróleos Mexicanos, es –si no jurídica, ciertamente política– una grave denuncia de la inaceptable entrega de la riqueza petrolera mexicana a las empresas extranjeras que tendrán a su cargo, si no se para de tajo ese atentado contra los recursos nacionales de hidrocarburos, todas las actividades que la Constitución y la Ley de Petróleos Mexicanos asignan al organismo paraestatal y parte de la renta petrolera, que la Carta Magna reserva a la nación.

El consejo de administración, integrado por los secretarios de Estado designados por el Presidente, los representantes del sindicato de trabajadores de Pemex, al servicio de las órdenes del Ejecutivo por obra y gracia de las generosas aportaciones que recibe, y cuatro consejeros profesionales, tres de los cuales aceptan –“hasta la ignominia antes que la renuncia”– lo que manda el patrón –como en el caso de la operación con Repsol, en la que fueron vergonzosamente ignorados, aunque obviamente no en sus pagos y sus prestaciones–, sirve únicamente para “legalizar” con su presencia y su obsecuente aceptación cuanto decide el alto mando, independientemente de que sea legal o no, o que sea razonable y conveniente o no.

El doctor Gasca el único que ha alzado la voz en ese órgano: ha hablado, con toda claridad, de la ilegalidad, las arbitrariedades y los inconvenientes de los contratos incentivados, los tres primeros firmados hace unos meses y los seis ahora autorizados para licitarse antes de que termine el año (peores aún que los primeros, y lesivos para Petróleos Mexicanos, en palabras de Gasca).

El consejero Gasca, que presentó su “voto razonado”, fue nuevamente –como en la autorización de los contratos anteriores, ocasión en la que hizo lo mismo– olímpicamente ignorado. Se diría que así funcionan las cosas en la democracia: si 12 gentes apoyan y una se opone a algo, se hace lo que diga la mayoría. En este caso, sin embargo, la mayoría es uno, y tiene sus comparsas bien alineadas y bien maiceadas, que levantan la mano cuando se les hace la seña. Ninguno razonó su voto. Eso sucede una y otra vez en nuestra agobiada República, pero en este caso, como lamentablemente en varios más, por la indigna actitud de quienes esto aceptan, con el agravante de que están autorizándose contratos ilegales, expresamente prohibidos en la Constitución y traicionando sus postulados y su espíritu.

Aquí es necesario reiterar lo que hemos dicho una y otra vez. Los contratos incentivados no han sido, como aseguran las autoridades del sector energético –incluso en documentos oficiales como la Estrategia Nacional de Energía–, validados como constitucionales por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La SCJN lo que señaló como constitucional, frente a una controversia constitucional presentada por legisladores hace tiempo, es la facultad del consejo de administración de Pemex para definir las formas de contratación, pero esta facultad está, desde luego, inscrita en el marco legal que regula las funciones de la empresa, y éste prohíbe los contratos como los aprobados, por los que se entregan a empresas privadas las funciones de Pemex, y parte de la renta petrolera, como denuncia Gasca.

Tarde o temprano, la razón legal aparecerá y la rendición de cuentas –cuento demagógico de esta administración– pondrá a cada quien en su sitio, refiriéndome a su sitio frente a la opinión pública, pues el sitio que debiera ser el destino de quienes violan la ley está reservado para quienes no tienen recursos para comprarse una buena justicia.

Mientras, la “espada de Damocles” de nuestro “año de Hidalgo” –¡a ver si de nuestros hidrocarburos nos dejan algo!– amenaza como nunca al patrimonio nacional. El Presidente calla sobre la legitimidad o ilegitimidad de los contratos autorizados; continuará, como en todo, aferrado a su estrategia. Ya después, seguramente, asumirá la socrática “posición Moreira” de que “él sólo sabía que no sabía nada”, y en todo caso, si es absolutamente necesario, habrá que demandar al que puso los sellos de las sesiones del consejo en las que se autorizaron los contratos ilegales.

Ahí está la denuncia del consejero Gasca hoy retomada por otros diarios nacionales, en espera de algún eco redentor.

“En el petróleo nacionalizado, ni un paso atrás”, dijo hace muchos años el presidente López Mateos. Hoy podríamos interpretar lo que piensa el actual Presidente –y también el recién registrado “precandidato único del PRI”–: “En la privatización de Pemex, ni un paso atrás”.

jimenezespriu@prodigy.net.mx








Hasta el mismo Rafarl Loret De Mola duda de su hijo Carlos Loret De Mola .
Chequen esta entrevista que se llevó a cabo el 10 de Junio de 2011


6 dic 2011

Click en el siguiete vinculo para ver la parodia donde Hitler se entera que Peña Nieto no lee :


http://www.youtube.com/watch?v=oFnlMrAD4IU&feature=youtu.be

Fundamentos para una república amorosa
Andrés Manuel López Obrador



La decadencia que padecemos se ha producido, tanto por la falta de oportunidades de empleo, estudio y otros satisfactores básicos como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales. Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.

Es sabido que los seres humanos necesitan bienestar. Es prácticamente aceptado por todos que nadie puede ser feliz sin tener trabajo, alimentación o cualquier otra necesidad, material o biológica. Un hombre en la pobreza piensa en cómo sobrevivir antes de ocuparse de tareas políticas, científicas, artísticas o espirituales.

Pero también es incuestionable que el sentido de la vida no se reduce sólo a la obtención de lo material, a lo que poseemos o acumulamos. Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad.

Cuando hablamos de una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad.

La honestidad es la mayor riqueza de las naciones y, en nuestro país, este valor se ha venido degradando cada vez más. Aunque esto atañe a todos los sectores sociales, es, sin duda, la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder, lo que más ha deteriorado la vida pública de México, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes y riquezas de la colectividad. Inclusive puede afirmarse que la inmoralidad es la causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional. Dicho en otras palabras: nada ha deteriorado más a México que la corrupción política.

No obstante, siendo éste el principal problema del país y, aunque resulte increíble, es un tema que no aparece en la agenda nacional. Se habla de reformas estructurales de todo tipo, pero este grave asunto no se considera prioritario. Es más, no es tema en el discurso político, por el contrario, en la actualidad se ha extendido la especie del regreso del PRI, con la creencia de que ellos “roban pero dejan robar” y en el contexto de la máxima, según la cual, “quien no transa no avanza”.

Aunque se vive en el llamado mundo de la globalidad, tampoco se piensa en importar ejemplos de países y gobiernos que han tenido éxito en hacer de la honestidad el principio rector de su vida pública. En la información más reciente sobre índices de la percepción de la corrupción en 182 países del mundo, mientras Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia y Suecia ocupan los primeros lugares en honestidad, México ocupa el lugar 100. Y, como es obvio, ellos tienen mejores niveles de bienestar. Pero lo paradójico y absurdo es que en la sociedad mexicana existe este valor y ni siquiera tendríamos que importarlo. Es decir, si hubiese voluntad para aprovechar las bondades de la honestidad, sólo sería cosa de exaltarla, de cultivarla entre todos y hacerla voluntad colectiva.

En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública. Me consta que hay comunidades donde las trojes que se usan para guardar el maíz están en el campo, en los “trabajaderos”, lejos del caserío y nadie piensa en apropiarse del trabajo ajeno. En muchos lugares, hasta hace poco, no se tenía noción del robo. Aquí cuento que recientemente un joven compañero de Morena olvidó su cartera en el revistero de un avión comercial y días después recibió la llamada de un campesino migrante desde un lugar de California para informarle que él había encontrado su cartera con sus datos y dinero. El campesino migrante, originario de una comunidad de Veracruz, le preguntó sobre cuánto llevaba en la cartera y una vez aclarado el asunto se la envió a su domicilio. Mi joven compañero le preguntó al migrante, que apenas hablaba bien el español, por qué lo hacía. Le contestó que sus padres le habían enseñado a “hacer el bien sin mirar a quién” y que si actuaba así tendría en la vida una recompensa mayor.

Por ello digo que la honestidad es una virtud que aún poseemos y sólo es cosa de revalorarla, de darle su lugar, de ponerla en el centro del debate público y de aplicarla como principio básico para la regeneración nacional. Elevar la honestidad a rango supremo nos traería muchos beneficios. Los gobernantes contarían con autoridad moral para exigir a todos un recto proceder, nadie tendría privilegios. Se podría aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos. Asimismo, con este imperativo ético por delante se recuperarían recursos que hoy se van por el caño de la corrupción y se destinarían al desarrollo y al bienestar del pueblo.

La justicia. Todavía es vigente la frase bíblica de Madero de que el pueblo de México “tiene hambre y sed de justicia”. Es la demanda incumplida, pendiente, a pesar de la Revolución y de toda la retórica de los gobiernos posteriores. Tampoco aparece en la agenda de la llamada clase política. No obstante, es la sombra que nos persigue, que nos impide estar bien con nuestras conciencias y ser más humanos.

La pobreza en México es una amarga realidad, entristece, parte el alma y se encuentra por todos lados. Está presente en los estados del norte, donde antes no había tanta. Es notoria en las colonias populares de grandes concentraciones urbanas y de las ciudades fronterizas; en el campo de Zacatecas, Nayarit y Durango; predomina en el centro, en el sur y en el sureste del país, sobre todo en comunidades indígenas. En todas partes la gente no tiene oportunidades de empleo y se ve obligada a emigrar de sus comunidades, abandonando a sus familias, costumbres y tradiciones. La producción de autoconsumo, los programas de apoyo gubernamental y la ayuda que reciben quienes tienen familiares en el extranjero, no alcanza más que para sobrevivir. No hay para el pasaje, la medicina, para pagar el gas, el recibo de la luz, ni mucho menos para comer bien.

En México la falta de justicia debe avergonzarnos más porque no existe ninguna razón natural o geográfica que la justifique. Nuestro país, a pesar de que lo han saqueado por siglos, todavía es de los que poseen más recursos naturales en el mundo. En todo su territorio hay riquezas: en el norte, minas de oro, plata y cobre; en el sur, agua, gas y petróleo y, en todos lados, el pueblo cuenta con cultura, vocación de trabajo y con una inmensa bondad. De modo que la pobreza no puede atribuirse a la falta de recursos, a la fatalidad, al destino o a la supuesta flojera e indolencia de los mexicanos. Como hemos dicho, se debe a la corrupción imperante y a la economía de elite que sólo beneficia a una pequeña minoría. Lo más lamentable es que, aun con el sufrimiento que implica esta política económica, se insiste en perpetuarla a cualquier costo. Hay una estrategia deliberada para ocultar hasta lo evidente. No se difunden las cifras oficiales que demuestran cómo la llamada política neoliberal nos llevó a la ruina y a un mayor deterioro de la convivencia social. No se dice que en los pasados 15 años, por ejemplo, solo se han generado anualmente 500 mil empleos formales en promedio, cuando se requieren un millón 200 mil. Es decir, cada año 700 mil mexicanos han tenido que emigrar, buscarse la vida en la economía informal o tomar el camino de las conductas antisociales. Tampoco se habla de que hoy 67 por ciento de los trabajadores con empleo, siete de cada 10, reciben ingresos que no superan los tres salarios mínimos, o sea, 13 dólares o 10 euros diarios. Con esos sueldos nadie podría vivir en Estados Unidos ni en Europa.

Por ello, insisto, lo que más desespera y molesta es que quienes realmente gobiernan no hacen nada para evitar el deterioro sistemático de los niveles de vida. Este año, por mantener el negocio de unos cuantos en la compra de los combustibles en el extranjero, va a aumentar la gasolina, el diesel y el gas al doble de la inflación, y como resultado continúa la pérdida del poder adquisitivo del salario. En el más reciente reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM se sostiene que un salario mínimo hace 29 años alcanzaba para comprar 51 kilos de tortilla, o 250 piezas de pan blanco, o 12 kilos de frijol bayo; y ahora, sólo alcanza para adquirir cinco kilos de tortilla o 25 piezas de pan blanco o tres kilos de frijol. De ese tamaño ha sido el empobrecimiento de la gente.

Pero quizá lo que más revela la insensibilidad y el desprecio por la gente, es la forma en que se enfrenta la crisis de inseguridad y de violencia. El gobierno y las elites del poder son incapaces de aceptar que la pobreza y la falta de oportunidades de empleo y bienestar originaron este estallido de odio y resentimiento. Y, como es obvio, menos les importa atender las causas del problema. Por el contrario, en una especie de enajenación autoritaria, pretenden resolverlo con medidas coercitivas, enfrentando la violencia con la violencia, como si el fuego se pudiese apagar con fuego. Se dicen creyentes, pero olvidan que no es la violencia, sino el bien, lo que suprime el mal.

A este pensamiento hipócrita y conservador, debemos oponer el criterio de que la inseguridad y la violencia sólo pueden ser vencidas con cambios efectivos en el medio social y con la influencia moral que se pueda ejercer sobre la sociedad en su conjunto. No hay más que combatir la desigualdad para tener una sociedad más humana y evitar la frustración y las trágicas tensiones que provoca. Estamos, pues, preparados y decididos a resolver la actual crisis de inseguridad y de violencia. Lo haremos bajo el principio de que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. La solución de fondo, la más eficaz y la más humana, pasa por enfrentar el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y por incorporar a los jóvenes al trabajo y al estudio.

El amor. Como hemos sostenido, la crisis actual se debe no sólo a la falta de bienes materiales sino también por la pérdida de valores. De ahí que sea indispensable auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.

La descomposición social y los males que nos aquejan, no sólo deben contrarrestarse con desarrollo y bienestar y medidas coercitivas. Lo material es importante, pero no basta: hay que fortalecer los valores morales.

A partir de la reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo, y apoyados en la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo, debemos emprender la tarea de exaltar y promover valores individuales y colectivos. Es urgente revertir el desequilibrio que existe entre el individualismo dominante y los valores orientados a hacer el bien en pro de los demás.

Yo sé que este tema es muy polémico, pero creo que si no se pone en el centro de la discusión y del debate, no iremos al fondo del problema. Tenemos que convencer y persuadir que si no buscamos alcanzar un ideal moral, no se podrá transformar a México. Sólo así podremos hacer frente a la mancha negra de individualismo, codicia y odio que se viene extendiendo cada vez más y que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación.

Quienes piensan que este tema no corresponde a la política, olvidan que la meta última de la política es lograr el amor, hacer el bien, porque en ello está la verdadera felicidad. Baste señalar que, desde 1776, en la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, se propone como uno de sus objetivos “fomentar la felicidad”, “a fin de formar una unión más perfecta”. En el artículo primero de la Constitución francesa de 1793 se menciona que “el fin de la sociedad es la felicidad común”. Asimismo, en nuestra Constitución de Apatzingán de 1814, se estableció el derecho del pueblo a la felicidad. Hay también quienes sostienen que hablar de fortalecer los valores espirituales es inmiscuirse en el terreno de lo religioso. La respuesta sobre este asunto la da Alfonso Reyes, de manera magistral, en su Cartilla Moral. Dice que “el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general. El bien no sólo se funda en una recompensa que el religioso espera recibir en el cielo. Se funda también en razones que pertenecen a este mundo”.

En los pueblos de Oaxaca, por ejemplo, los miembros de la comunidad practican sus creencias religiosas y, al mismo tiempo, trabajan en obras públicas y en cargos de gobierno, sin recibir salario o sueldo, motivados por el principio moral de que se debe servir a los demás, a la colectividad. No domina el individualismo; la persona no vale por lo que tiene o por los bienes materiales que acumule, sino por el prestigio que logra después de probar su vocación de servicio, su rectitud y el amor a sus semejantes, y esa es su mayor recompensa en la tierra.

Luego entonces, el propósito es contribuir en la formación de mujeres y hombres buenos y felices, con la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso. “El que tiene la conciencia tranquila duerme bien, vive contento”. Debemos insistir en que hacer el bien es el principal de nuestros deberes morales. El bien es una cuestión de amor y de respeto a lo que es bueno para todos. Además, la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo.

La felicidad profunda y verdadera no consiste en los placeres momentáneos y fugaces. Ellos aportan felicidad sólo en el momento que existen y después queda el vacío de la vida que puede ser terriblemente triste y angustioso. Cuando se pretende sustituir la entrega al bien con esos placeres efímeros puede suceder que éstos conduzcan a los vicios, a la corrupción y que aumente más y más la infelicidad humana. En consecuencia, es necesario centrar la vida en hacer el bien, en el amor, y a su vez, armonizar los placeres que ayudan a aliviar las tensiones e insatisfacciones de la vida. José Martí decía que el autolimitarnos, la doma de sí mismo, forja la personalidad, embellece la vida y da felicidad. Pero en caso de conflicto o cuando se tiene que optar, inclinarse por el bien ha de predominar sobre los placeres momentáneos. Por eso es muy importante una elaboración libre, personal, sobre lo que constituye el bien para cada uno de nosotros, según sea nuestra manera de ser y de pensar, nuestra historia vital y nuestras circunstancias sociales.

Sin embargo, existen preceptos generales que son aceptados como fuente de la felicidad humana. Alfonso Reyes, en su Cartilla Moral, los aborda “desde el más individual hasta el más general”, “desde el más personal hasta el más impersonal”, podemos imaginarlos, dice, “como una serie de círculos concéntricos”, “comenzamos por el interior y vamos tocando otro círculo más amplio”. Según Reyes, son seis preceptos básicos los que forman parte del “código del bien”: el respeto a nuestra persona en cuerpo y alma; el respeto a la familia; el respeto a la sociedad humana en general, y a la sociedad en particular; el respeto a la patria; el respeto a la especie humana; y el respeto a la naturaleza que nos rodea.

Mucho antes, León Tolstoi en su libro Cuál es mi fe, sostenía que son cinco las condiciones para la felicidad terrenal admitidas generalmente por todo mundo: el poder gozar del cielo, del sol, del aire puro, de toda la naturaleza; el trabajo que nos gusta y hemos elegido libremente; la armonía familiar; la comunión libre y afectuosa con todos los hombres; la salud, y la muerte sin enfermedad.

Por supuesto que hay otros preceptos que deben ser exaltados y difundidos: el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y a la verdadera legalidad. También deben incluirse valores y derechos de nuestro tiempo, como la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas. Y en todo ello, no dejar de admitir que en nuestras familias y pueblos existe una reserva moral de importantes valores de nuestras culturas que se han venido forjando de la mezcla de distintas civilizaciones y, en particular, de la admirable persistencia de la gran civilización mesoamericana.

En suma, estos fundamentos para una república amorosa deben convertirse en un código del bien. De ahí que hagamos el compromiso de convocar con este propósito a la elaboración de una constitución moral a especialistas en la materia, filósofos, sicólogos, sociólogos, antropólogos y a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto, como los ancianos venerables de las comunidades indígenas, los maestros, las padres y madres de familia, los jóvenes, los escritores, las mujeres, los empresarios, los defensores de la diversidad y de los derechos humanos, los practicantes de todas las religiones y los libre pensadores.

Una vez elaborada esta constitución moral, debemos hacer el compromiso de fomentar estos valores mediante todos los medios posibles. Introducir en la enseñanza la educación moral, darle toda la importancia que tienen materias como el civismo, la ética y la filosofía; propagar virtudes y destacar ejemplos positivos en los medios de comunicación. El propósito no sólo es frenar la corrupción política y moral que nos está hundiendo como sociedad y como nación, sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad.



5 dic 2011


Así es la política en México

Victor Flores Olea

En verdad así es, no tanto por excepción, sino casi como regla. El ascenso y descenso por los caminos que llevan a la gloria y por las grietas que llevan al infierno fue vivido intensamente, seguramente una vez más, por ese personaje que parecía al principio, para quienes no teníamos el gusto, un norteño leve y dicharachero, que con buen ojo había designado Enrique Peña Nieto presidente del PRI. Un presidente del partido que él creyó rotundamente lo ayudaría en su carrera hacia Los Pinos.

Pero muy pronto, demasiado pronto, se encontró que el vivaz norteño lo era también para los negocios torcidos, en gran escala. El auditor del estado de Coahuila, Armando Plata, detalló que los fraudes de Moreira se remontan a los ejercicios presupuestales de 2008, 2009 y 2010, y suman, al menos, 16 mil 182.7 millones de pesos. La contratación de créditos multimillonarios con documentos falsos, además, fue una práctica común en el gobierno de Coahuila durante la administración de Humberto Moreira, y el monto adquirido equivale casi a la mitad de la deuda estatal, ha informado la Auditoría Superior del Estado.

Con buen sentido, Enrique Peña Nieto vio por fin que su designación de Humberto Moreira le traía consecuencias negativas y que había sido una falla garrafal. Tal vez no lo hizo con la rapidez que hubiera sido deseable, pero al final de cuentas lo decidió ante el desgaste terrible para su candidatura que ese nombramiento significaba. Tal vez han sido dos los nombramientos, o “ceses”, que Peña Nieto ha dictado para corregir en el límite decisiones que parecían ya definitivas: el de Eruviel Ávila como gobernador, en vez de alguno de los primos Del Mazo, que probablemente hubieran perdido el cargo en la campaña, y esta afortunada corrección in extremis sobre el nombramiento de Humberto Moreira como presidente del PRI.

Correcciones a tiempo, pero errores también en el origen que no lo liberan de responsabilidad y que denotan ya a un personaje en principio precipitado, y también autoritario, por lo que significan sus nombramientos originales que debe corregir más tarde para evitar desgastes mayores. Es decir, no han dejado de perjudicarlo tales nombramientos, porque denotan a un hombre poco reflexivo, acostumbrado a imponer sus primeros impulsos. Tal cosa, y varias otras que pudieran mencionarse, muestran a un hombre con tendencias al ejercicio de la autoridad sin demasiada consideración de las circunstancias, lo cual es uno de los síntomas mayores de la personalidad autoritaria (Hanna Arendt).

Con otra observación: Peña refuerza esos síntomas con las características de un político provinciano que, sin ver el conjunto y las relaciones políticas más amplias, casi siempre se expresa como autoritario y empeñado en imponer sus ocurrencias. En efecto, tal vez una de las características invariables del gobernante autoritario es su provincianismo, de lo cual, como es obvio, no escapa Peña Nieto. Algunos me dirán que en realidad ese provincianismo no es excepción en la historia del PRI, y tendrán seguramente razón. Su constante ha sido ese “parroquialismo”, salvo seguramente en los líderes de la revolución popular, que alcanzaban la “universalidad” por otros caminos: la certera intuición de las necesidades sociales más amplias, el proyecto de un país a largo plazo, de lo cual han sido capaces, como decía, los auténticos líderes de nuestra revolución popular, pero no los abogadillos de bufetes de tercera línea.

Cuando se habla del nuevo proyecto nacional, como necesario después de 2012, se habla de un país que no considere la “modernidad” como punto de partida y como punto de llegada del próximo futuro de México. Se habla más bien de construir una cultura que sea actual y que recoja en real síntesis creativa el pasado, la historia de México y los postulados que deben armar o definir una sociedad alejada de los principios del capitalismo, es decir, de los principios de una sociedad que sólo existe para la competencia y la ganancia y que se ha olvidado por completo de la solidaridad en la igualdad, y en la legalidad. Que únicamente existe para el aprovechamiento y la explotación, y que ha olvidado radicalmente los principios del desarrollo igualitario.

Por fortuna, no estamos exentos de esos valores, que contiene claramente la “república amorosa” de Andrés Manuel López Obrador, concepto que sería muy bueno que fuera desarrollado y especificado por su autor, como parte sustantiva y novedosa de su campaña electoral, que le daría, por cierto, popularidad y fuerza a sus aspiraciones. Se trata de una noción nueva y rica de contenido que ha de ser explicada a fondo por el candidato de las izquierdas.

En este punto del artículo redactado cayó en nuestras manos La Jornada del domingo 4 de diciembre, en que hay una maravillosa crónica de la comparecencia de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la que el precandidato habla de la Biblia con una imprecisión aterradora, y de La silla del águila, “de Krauze” (cuando es de Carlos Fuentes), así como con una vaguedad a toda prueba, cuando menciona “otros” libros sobre “caudillos”, de los cuales “no recuerdo el título”. Peña Nieto: “He leído varios. Desde novelas. En lo particular difícilmente me acuerdo del título de los libros. La Biblia es uno, en algún momento de mi vida. Algunos pasajes bíblicos. No me leí toda, pero sí algunas de sus partes…”

“Las risas comenzaron a escucharse y Peña Nieto intentó reponer la figura.” Aquí encontramos otra de las características de Peña Nieto, que muchos sospechábamos y que ahora se comprueba rotundamente: su incultura a toda prueba
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1 dic 2011



Amenazas y libertad de expresión



Octavio Rodríguez Araujo



Ahora que la suprema corte de justicia de la nación (así con minúsculas) ha dictaminado que la libertad de expresión está por encima de las afectaciones al honor y a la reputación de las personas y empresas periodísticas (La Jornada), haré uso de mi libertad de expresión para decir que Calderón me está amenazando en mi calidad de firmante de la denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional (CPI) en su contra y de algunos de sus empleados (García Luna, Galván y Saynez) y El Chapo Guzmán, entre otros. La denuncia no es contra el gobierno de la República, pues en estos casos no tienen cabida en la CPI, sino contra personas con responsabilidad pública y atribuciones de mando sobre policías, soldados y marinos que han asesinado, desaparecido y atropellado a muchos mexicanos, violando sus derechos constitucionales y también sus derechos como seres humanos.

Ningún presidente de la República, en 44 años de escribir en periódicos, me había amenazado por lo que firmo. No sé cómo Calderon cumplirá su amenaza, pues los delitos contra el honor fueron eliminados del Código Penal Federal. Ya no son delitos los golpes y otras violencias físicas simples, injurias, difamación y calumnias. Si el principal inquilino de Los Pinos recurre al Código Civil Federal (artículo 1916), en el mejor de los casos podría acusarme, junto a otras 23 mil personas (y las que se agreguen), por daño moral, ya que podría argumentar (con el apoyo de un sicólogo de reconocida solvencia) que con la denuncia mencionada hemos menoscabado su integridad síquica (la física no ha sido tocada). Sin embargo, deberá tomar en cuenta que el Código Civil dice que se trata de un ilícito si tal posible afectación es ilegítima, pero no es el caso pues hemos recurrido a una corte penal reconocida y avalada por el Estado mexicano. Que con dicha denuncia hayamos afectado la integridad síquica de Calderón, a juzgar por su reacción, no es nuestra culpa. Personalmente siempre he pensado que quien se arriesga a jugar el papel de presidente de un país tiene la piel dura y sabe que se expone a ser criticado.

¿En qué consiste la amenaza de Calderón? Las imputaciones en la denuncia son, para él, infundadas e improcedentes, verdaderas calumnias y acusaciones temerarias (es su opinión, y hasta podríamos decir que es respetable), pero luego viene la amenaza: “por lo cual, el gobierno de la República explora todas las alternativas para proceder legalmente en contra de quienes las realizan en distintos foros nacionales e internacionales”. Proceder legalmente contra los 23 mil firmantes. Esta es la amenaza.

Lo que hemos pedido es una investigación y todavía falta que la denuncia sea aceptada por la CPI. Personalmente espero que sí sea procedente y que se hagan las averiguaciones pertinentes. Alguien tiene que ser responsable por los crímenes que la “guerra” de Calderón ha provocado, por la tortura, por las violaciones al artículo 16 constitucional y otros relacionados con las garantías individuales. Muchos somos los que hemos opinado sobre estos temas, tanto en las páginas de este diario como en las de otros medios. El pueblo mexicano conoce mejor que nadie los excesos cometidos por las autoridades en contra de inocentes e incluso de presuntos culpables. Miles de inocentes han perdido la vida en operativos y acciones de policías, militares y marinos, y hay claros testimonios de ello, así como de violaciones a mujeres por parte de los mismos. Hemos visto también fotografías y videos de tratos inhumanos y de tortura a presuntos hampones, y hasta de asesinatos en lugar de los juicios legales que ordenan nuestras leyes. Una cosa es que sean delincuentes de la peor ralea y otra que se les trate como perros rabiosos acorralados. Todo mundo merece un juicio justo y, desde luego, la demostración de sus culpas.

La scjn (así con minúsculas) sentó precedente en el litigio de La Jornada contra Letras Libres que, como bien señala el editorial de este diario del martes pasado, abre la puerta para que cualquier actor social pueda formular, sin temor a consecuencias legales, toda suerte de calumnias contra terceros, así sean tan disparatadas e infundadas como el libelo publicado en la revista dirigida por el ultraderechista y mentiroso Enrique Krauze (sobre el calificativo “mentiroso”, me baso en el libro de Manuel López Gallo, Las grandes mentiras de Krauze, Ediciones El Caballito, 1997). Aun así, los abajofirmantes de la denuncia ante la CPI no estamos formulando calumnias ni mucho menos difamando a nadie. Los hechos y los datos asentados en el expediente respectivo han sido ampliamente documentados.

Es mi opinión, señor Calderón, que su reacción a nuestra denuncia, encabezada por el joven y brillante abogado Sandoval, ha sido desmedida y más propia de una personalidad autoritaria que de un demócrata apegado a derecho. Modestamente le sugiero que no lleve el asunto ante la scjn (así con minúsculas) porque ésta está obligada a contestarle que por encima de las que usted llama “imputaciones falsas y calumniosas” está la libertad de expresión. Esta es la paradoja del litigio entre nuestro diario y la revista Letras Libres: La Jornada ganó perdiendo y usted y sus empleados García Luna, Galván, Saynez, etcétera, quedaron desprotegidos jurídicamente para actuar en nuestra contra. Nadie sabe para quién trabaja.

http://www.rodriguezaraujo.unam.mx




30 nov 2011


Peña Nieto, lo anacrónico como moderno

Jenaro Villamil
29 de noviembre de 2011 · 6 Comentarios
Análisis



MÉXICO D.F., (apro).- “El PRI es un partido plural y diverso. La pluralidad es la esencia de nuestra fortaleza”, declamó Enrique Peña Nieto, con las manos levantadas, frente a una multitud que se cubría de la llovizna.

La contradicción entre las palabras del precandidato único y los hechos que se sucedían como una puesta en escena del gran teatro de carpa que es la política priista no parecían incomodarlo: el mexiquense hablaba de pluralidad y diversidad, pero él es el único dueño de la escena.

Lo apoyaron todos los comités estatales, los seccionales, los de las organizaciones, los sectores (esa herencia del corporativismo añejo), los legisladores y hasta los actores afiliados al PRI. Nadie se salió del guión públicamente. Hasta el gran ausente, Manlio Fabio Beltrones, fue incluido en la república unitaria del hijo predilecto de Atlacomulco.

No es para menos, en el PRI la unidad se confunde con unanimidad. Y en la política del Estado de México, el epicentro de donde surgió el financiamiento, la asesoría y el empuje para que este joven administrador de 45 años llegara a la candidatura tricolor, la unidad es sinónimo de complicidad.

Si no hay complicidad no eres confiable, reza un dicho de la escuela de Atlacomulco. Por eso, Peña Nieto es como el Mago de Oz: reparte contratos, candidaturas, asesorías, convenios publicitarios, promesas del retorno “a la grande”, reparte la certeza de que él es inevitable.

A nadie le incomoda ver a Arturo Montiel, su tío, tutor y maestro, que cayó en desgracia ante un tele-escándalo con guión armado de Televisa, retornar a la escena del Auditorio Nacional Plutarco Elías Calles. Montiel es el Jefe Máximo de esta aventura que dejó inconclusa en el 2005. A nadie le preocupa porque Televisa, juez y parte en el escándalo de corrupción montielista, ahora es la gran plataforma para que Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco puedan retornar al viejo proyecto.

Todos los exgobernadores vivos del Estado de México están ahí reunidos. No podían faltar a la cita y al proyecto que cada uno de ellos acarició: ser candidatos a la presidencia del PRI. No se le hizo a Alfredo del Mazo González ni a Emilio Chuayfett ni a Arturo Montiel, pero ahí están para ser testigos de que “ahora sí” llegarán a Los Pinos con las bolsas cargadas de negocios. Como dijo el gran maestro mexiquense, Carlos Hank González, “donde hay obras, hay sobras”.

Ya demostraron que no se necesita del dedazo presidencial sino del infomercial para llegar hasta este punto de la historia. Las encuestas –promovidas por la misma televisora con la que firmaron el contrato- favorecen a Peña Nieto. Los actores –de la misma televisora- están con Peña Nieto y hasta una actriz de telenovela se convirtió en La Gaviota real. Los comentaristas y analistas –vinculados a la misma televisora- también apoyan, maravillados, esta magia de la unanimidad.

En otras palabras, lo moderno es lo arcaico del guión oculto. Lo moderno es la política telegénica. La retórica aunque sea antigua, suena mejor con un buen close up. Peña Nieto ha demostrado que es un alumno aventajado del media training. Falta que demuestre estar a la altura de la modernidad pospuesta siempre en el PRI, el partido-Estado que ahora es el partido-pantalla.

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29 nov 2011


Carta abierta

Pedro Miguel

Señor Felipe de Jesús Calderón Hinojosa:

Pienso que en su momento usted habría debido iniciar un procedimiento legal verosímil para esclarecer las maniobras oscuras realizadas con dinero público por Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún; que debió iniciar una averiguación previa contra Francisco Ramírez Acuña por su presunta responsabilidad en casos de tortura (Guadalajara, mayo de 2004); que usted habría debido iniciar querellas contra Eduardo Medina Mora, Wilfrido Robledo Madrid, Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Yunes, entre otros, por las violaciones cometidas por policías federales y estatales contra activistas y/o simples ciudadanos de San Salvador Atenco; y que debió actuar contra Juan Camilo Mouriño, quien, como presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados y luego como coordinador de asesores en la Secretaría de Energía, intervino en la firma de contratos entre el gobierno federal y empresas de su propia familia; y que habría debido imputar por presunto encubrimiento a su ex secretario de Comunicaciones y Transportes Luis Téllez Kuenzler, pues éste dijo saber que Salinas de Gortari se robó, en el tiempo en el que ejerció la jefatura del Poder Ejecutivo, la mitad de la partida secreta, y que usted tenía la obligación de hacer algo legal contra Genaro García Luna, quien contravino de manera pública y flagrante una prohibición contenida en el artículo 37 constitucional.

Creo también que el conjunto de las fuerzas policiales y militares comandadas por usted habría debido capturar y presentar ante los tribunales correspondientes a Joaquín Guzmán Loera El Chapo y a otros presuntos cabecillas de organizaciones dedicadas al narcotráfico y a otros delitos; que usted ya se tardó en pedir la extradición de los funcionarios estadunidenses que urdieron, autorizaron y ejecutaron el operativo de contrabando de armas destinado a grupos de narcotraficantes mexicanos denominado Rápido y furioso; asimismo, que usted estaba obligado a presentar cargos por evasión fiscal contra los empresarios que, según reveló usted mismo, no pagan los impuestos que les corresponden.

Pero no. En vez de procurar justicia en los casos arriba referidos y en muchas otras muestras de flagrante impunidad, usted, señor Calderón, amenaza con proceder legalmente contra quienes firmamos una petición para que usted, varios de sus colaboradores y diversos presuntos narcotraficantes sean sometidos a juicio en la Corte Penal Internacional. Somos 23 mil los signatarios, y muchos más –cientos de miles, posiblemente millones de ciudadanos– lo que hemos expresado que la estrategia ideada y aplicada por usted para, supuestamente, combatir la criminalidad y restablecer el estado de derecho ha tenido por consecuencia un auge mayor de la criminalidad, un quebranto generalizado del estado de derecho y, por añadidura, un entorno de violencia sin precedente y una gravísima epidemia de violaciones a los derechos humanos.

Si va usted a proceder contra nosotros, sea congruente y hágalo contra todos los que, en palabras oficiales de Los Pinos, “afectan terriblemente (sic) el buen nombre de México”. Presente imputaciones legales, por ejemplo, contra Strategic Forecasting Inc (Stratfor), firma de análisis de inteligencia que sostiene (Mexican drug war 2011, abril de 2011) que el actual gobierno federal permite que el cártel de Sinaloa someta a las bandas más débiles y que hay una coincidencia de propósitos entre ese grupo delictivo y la administración en curso. Finque usted cargos contra el ex embajador de Estados Unidos Carlos Pascual, quien envió a Washington informes según los cuales Arturo Chávez Chávez, el hombre a quien usted hizo procurador, había ofrecido, años antes, “una mano de ayuda a ciertas figuras de un cártel”. Demande usted a Human Rights Watch (HRW), que en un informe reciente sostiene: “En vez de reducir la violencia, la guerra contra el narco (anunciada e impuesta por usted, aunque lo niegue) ha provocado un incremento dramático en la cantidad de asesinatos, torturas y otros terribles abusos de las fuerzas de seguridad, que sólo contribuyen a agravar el clima de descontrol y temor que predomina en muchas partes del país”. Y a Amnistía Internacional (AI), la cual informa que el año pasado “las fuerzas policiales y militares desplegadas para combatir a las bandas fueron responsables de violaciones graves de derechos humanos”, que “en los casos de violaciones de derechos humanos, la impunidad fue la norma” y que sólo en 18 meses ocurrió “un centenar de homicidios cometidos por las fuerzas armadas”.

En suma, señor Calderón, pienso que quienes “afectan terriblemente el buen nombre de México” son usted, sus principales colaboradores y los jefes de la delincuencia formal, y no quienes enumeramos las barbaries en curso –la oficial y la otra– y apelamos a una instancia internacional, en forma pública, transparente y legítima, en un intento por ponerle freno.

Por último, creo percibir, en el ominoso mensaje emitido por su oficina el pasado 27 de noviembre, mucho miedo en usted y en sus colaboradores. Proceda legalmente en contra nuestra, si eso lo reconforta, pero no nos tema a nosotros, los 23 mil denunciantes de su régimen, pues actuamos –estamos dando prueba incontestable de ello– por los cauces pacíficos, legales e institucionales. Témale más bien a la furia latente de un país defraudado, empobrecido, saqueado, ensangrentado, escarnecido y humillado por ustedes, los demandados el 25 de noviembre ante la Corte Penal Internacional.

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La mano tendida



Luis Hernández Navarro

En su artículo Debate en libertad”, Enrique Krauze ofrece a La Jornada tender la mano. Lo hace al tiempo que lanza nuevas calumnias y mentiras contra el diario y sus directivos. Su propuesta despide la misma fragancia que la emitida el 1º de agosto de 1968 por Gustavo Díaz Ordaz en Guadalajara. En aquella fecha, el presidente ofreció su mano extendida a quien quisiera estrecharla. Después de eso ordenó la matanza del 2 de octubre.

Este doble rasero quedó al descubierto en su escrito “Pasar la página”, publicado el pasado domingo 27 de noviembre. Allí el escritor se declara dispuesto al debate de ideas, pero lo hace diciendo nuevas falsedades e infundios contra La Jornada. Sin aportar pruebas, acusa al periódico de estalinista, mentiroso y antisemita.

El actual pleito con La Jornada tiene más de siete años. En marzo de 2004, Fernando García Ramírez, subdirector de Letras Libres, incriminó al diario como cómplice del terror de ETA. Su calumnia carecía de cualquier sustento. Enrique Krauze, el director de la revista, apoyó a su pupilo y se negó a disculparse.

A pesar del tiempo transcurrido desde la aparición del libelo, el director de Letras Libres sigue denunciando a La Jornada de ser cómplice de ETA y justificando las calumnias de García Ramírez. En “Debate en libertad”, afirma que Josetxo Zaldúa, coordinador general de edición, tenía dos procesos abiertos en España al momento de la publicación de “Cómplices del terror”. El señalamiento es falso. Trece años antes, en 1991, el juez Carlos Bueren, de la Audiencia Nacional, cerró los procesos. Josetxo Zaldúa tiene doble nacionalidad (México y España) y viaja libremente por el mundo, incluyendo España, donde estuvo por última vez en julio pasado.

Ahora, a pesar de los infundios, Enrique Krauze pretende hacerse pasar por víctima. Se dice ofendido porque el periódico ha mostrado los intereses a los que sirve, su papel de intelectual orgánico de la derecha iberoamericana y su función como compañero de viaje del Partido Popular de España.

Entre el 11 de mayo de 1998 y el 15 de marzo de 2004 La Jornada criticó en sus editoriales a ETA y su política criminal al menos en 11 ocasiones. Sin ambigüedad señaló que sus atentados eran inadmisibles e injustificables, que la organización debería desaparecer y que ninguna causa justificaba su violencia. No fue novedad. Lo hizo antes y lo ha seguido haciendo después.

En un ejercicio que muestra de cuerpo entero su seriedad y profesionalismo como historiador, Enrique Krauze ocultó estos editoriales. Como eran prueba documental de que él y su revista han mentido durante años, decidió ignorarlos.

Al director de Letras Libres le molesta que se diga que es el intelectual orgánico de la derecha. Nada hay de malo en ello, excepto que él se niega a reconocerlo. Lo es desde que escribió “El timón y la tormenta” para criticar la nacionalización bancaria de 1982, y desde que en 1981 publicó “Caras de la historia”, enojado porque no fue incluido en el libro Historia ¿para qué?, una obra que, según él, es “estatista”. Pero, más allá de su enojo, sus posiciones políticas ante conflictos centrales dentro y fuera de México demuestran que es un hombre de derecha. Sin ir más lejos, basta recordar la posición que defendió en las dos guerras del Golfo.

A pesar de declararse pacifista, el director de Letras Libres avaló las dos intervenciones militares de Estados Unidos en Irak. Durante la primera guerra del golfo Pérsico, la aventura guerrerista de George Bush padre, escribió en La Jornada el 20 de enero de 1991: “Reconocer esos casos no debería bloquear la consideración específica de los momentos en que la acción norteamericana ha contribuido a la paz global. Las dos guerras mundiales y la actual del Pérsico pertenecen a ese género”.

Poco más de 12 años después, en el “El voto de la responsabilidad”, promovió que México apoyara en las Naciones Unidas la invasión a Irak. Fernando del Paso desmontó en La Jornada todos sus argumentos en favor de la locura intervencionista en el artículo “No se vota por la caída de una tiranía, se vota a favor de intereses petroleros estadunidenses”.

Meses más tarde, cuando las tropas estadunidenses ocuparon ese país, El País le preguntó si había sido un error invadir militarmente Irak. “Mira –respondió–, yo creo que tarde o temprano habrían tenido que entrar.” Y añadió sobre la negativa de Francia y Alemania a embarcarse en la agresión bélica: “Estamos hablando de un caso profundo de ingratitud (hacia Estados Unidos) por parte de ellos”.

A pesar de ser vocero de la derecha, Enrique Krauze busca redimir a la izquierda mexicana (y latinoamericana) de sus pecados radicales diciéndole cómo debe comportarse para salvar su alma. Sus consejos son, por supuesto, un recetario social liberal de lo que la derecha anhela que la izquierda sea.

Sus críticas a la izquierda desde hace tres décadas siguen el mismo patrón. Denuesta y falsifica las posiciones de quienes se oponen a sus intereses, presentándolos como personajes arcaicos, populistas, redentores o fundamentalistas. Cuando le responden se hace pasar por víctima y los acusa de ser estalinistas, antisemitas o estatistas. Carente de argumentos documentales, responde con exabruptos viscerales.

Recientemente, destilando racismo, catalogó a los movimientos indígenas del cono sur que luchan contra los estados coloniales como fundamentalismo suave, y consideró que se oponen a los valores democráticos de Occidente.

El autor de El mesías tropical asegura en “Pasar la página” que basta con que Andrés Manuel López Obrador ejerza su ascendiente moral para desterrar el odio del periodismo de La Jornada. Puras ganas de ofender a quienes dirigen y hacen todos los días el diario.

Se equivoca por partida doble el que ofrece tender la mano. Primero, porque el diario practica un periodismo crítico, no de odio. Va a la raíz de los hechos. Informa a sus lectores sin hacer concesiones al poder, algo que desagrada a los poderosos y que es incomprensible para quien sirve a los intereses. Y segundo, porque ningún personaje de la política o del mundo empresarial fija la línea editorial del diario. Que Enrique Krauze crea que los contenidos informativos y de opinión de La Jornada son definidos por López Obrador dice mucho del periodismo que él practica.