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19 ago 2009


Un Tribunal Russell para Acteal


Adolfo Gilly

Acteal fue una masacre de Estado, cuyo principal responsable es el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos entre 1994 y 2000, tan masacre de Estado como lo fue Tlatelolco. Los ejecutores materiales fueron apenas instrumentos protegidos. Todo esto puede ser probado en derecho y en justicia.

“La liberación de los asesinos de Acteal y la pretensión de rescribir la historia de la masacre no son un acto de justicia: son la continuación de la guerra por otros medios”, escribió ayer Luis Hernández Navarro en La Jornada, en un lúcido artículo donde demuestra, sin dejar resquicio, cómo esta acción de la guerra sucia contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y las comunidades indígenas chiapanecas había sido anunciada por múltiples denuncias, precisas y documentadas, a lo largo de la segunda mitad de 1997.

Con desbordada y legítima indignación, de esas que salen del fondo del alma y no sólo de la pluma del escritor, José Blanco anotó también en estas páginas las siguientes líneas sobre el indecible fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación:

“No sabemos quiénes son los asesinos; ni los que usaron las armas ni los asesinos intelectuales. Nuevamente la impunidad reina. Se solicitan nuevas investigaciones para dar con los verdaderos asesinos. Acaso el proceso se reinicie alguna vez en algún punto. En tanto, la oligarquía local, la clase política que le sirve, los grupos paramilitares –carne de cañón indígena– continúan reinando como grupos dominantes que son, apoyados por instituciones federales, si la política así lo demanda, y los indígenas continúan su historia de explotación, de miseria, de desprecio, de discriminación y de muerte”.

Bárbara Zamora, abogada litigante, ha mostrado también en La Jornada cómo todos los procesos de instrucción en México están plagados de defectos y fallas procedimentales, que son la puerta abierta adrede para que la libertad o la condena de los procesados –culpables o no, poco importa– sea negociada fuera del ámbito de la justicia, la cual sirve sólo de tapadera. La impartición de justicia no está a cargo de un poder judicial independiente, condición primera de existencia de una república. Ha estado y está en manos del Poder Ejecutivo, federal o estatal. Es una atribución y un acto del príncipe, llámese éste, según sexenios, Díaz Ordaz, Echeverría, Zedillo o Calderón.

Hace una semana, el 10 de agosto pasado, Joan Baucells Lladós, profesor de derecho penal en la Universidad Autónoma de Barcelona, ex magistrado de justicia, y comisionado en una reciente visita a México de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos (CCIODH), escribió también en este periódico que, ante el fallo ya anunciado, sería indispensable entonces reponer la entera instrucción del proceso para encontrar inocentes y culpables. A lo cual agregó:

“Un auténtico estado de derecho no podría soportar que no fueran sancionados los funcionarios públicos responsables de las graves irregularidades que han fundamentado el amparo, no sin antes investigar cuáles fueron las razones que llevaron a estos servidores públicos a hacer ‘desaparecer evidencias’, ‘alterar la escena del crimen’ o ‘fabricar testimonios’. Y, sin embargo, todo el que tenga un mínimo conocimiento del sistema judicial mexicano, intuirá que nada de lo anterior llegará a suceder. A los ojos de la comunidad internacional el amparo de la Suprema Corte pone en evidencia que las esperanzas de justicia en Acteal sólo pueden fundamentarse en el recurso a los instrumentos de justicia internacional”.

Sí. Pero la urgencia del caso y la ilegalidad facciosa en que hoy el Estado mexicano se debate, se fragmenta y nos amenaza, demandan, además de esos instrumentos internacionales, órganos y tribunales de intervención jurídica más ágiles y de peso moral más inmediato y contundente.

Es preciso instaurar para el caso Acteal un tribunal autónomo y excepcional, de indiscutida independencia respecto de cualquier institución establecida y de alta e indiscutible autoridad moral ante la comunidad internacional y nacional.

Así fue el Tribunal Russell que juzgó y condenó los crímenes de guerra de Estados Unidos en Vietnam, del cual formó parte el general Lázaro Cárdenas del Río.

Es necesario un Tribunal Russell para Acteal, para esclarecer los hechos, revisar en su totalidad las actas procesales, precisar las irregularidades procedimentales y sus responsables, ubicar y juzgar tanto a los asesinos materiales como a sus mandantes y dictar una sentencia en derecho y en justicia.

Nadie iría a la cárcel, por supuesto, pues tal tribunal carece de jurisdicción. Pero su competencia para tratar y juzgar el caso Acteal estará basada en una alta autoridad moral y esa autoridad servirá, llegado el caso, para extender una invisible pero efectiva mano protectora para detener o contener futuros crímenes de Estado a los cuales el indigno y escurridizo fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación está otorgando una patente de impunidad.






16 ago 2009


Activista: pese a su excarcelación no dejan de ser culpables

Entre paramilitares liberados, uno de los 5 asesinos confesos

La Corte, un perpetrador más en la masacre de Acteal, dice el CDHFBC

Hermann Bellinghausen

Entre los elementos más controvertidos en la liberación de una veintena de paramilitares sentenciados por la masacre de Acteal en 1997 está el que haya salido con ellos Lorenzo Pérez Vázquez, uno de los cinco asesinos confesos, y también uno de los “autores” de la versión de “enfrentamiento” con los zapatistas (la “batalla” que reiteran los defensores de este grupo).

El defensor y activista de derechos humanos Michael Chamberlin, con años de experiencia en las comunidades indígenas de Chiapas, señala sobre los paramilitares priístas: “a pesar de la liberación no dejan de ser culpables”.

Y considera: “La verdad de los hechos y la justicia no son el tema en la decisión recientemente tomada por la Corte; de otra manera, la decisión sabia habría sido reponer el procedimiento (amparo para efectos). Los testimonios se han soslayado al grado que entre los liberados se encuentra uno de los cinco confesos por la masacre” cuya foto aparece (exhibiendo un arma de alto poder) en el Libro blanco de Acteal, de la Procuraduría General de la República: Lorenzo Pérez Vázquez.




13 ago 2009


El fallo no implica que sean inocentes, justifican ministros

Ordena la Corte liberar a 20 presos por el caso Acteal


Se erige en tribunal de legalidad y otorga amparo a 26; de ellos, 20 saldrán de la cárcel


Prisa oficial para destruir la escena de la matanza

Arguyen que PGR y otras autoridades violaron derechos y fabricaron pruebas

Otros 30 implicados esperan el beneficio del amparo



Alfredo Méndez

El llanto se desató entre las mujeres pertenecientes a la organización chiapaneca Las Abejas tras conocer la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que otorga amparo a 26 indígenas sentenciados por la matanza de 45 tzotziles en Acteal. A la derecha, José Ramón Cossío, uno de los cuatro ministros que ordenaron la liberación de implicados Fotos Cristina Rodríguez y Marco Peláez




Alfredo Méndez



En una sesión histórica de la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que por primera vez desde la reforma al sistema de justicia penal de 2005 se erigió como tribunal de legalidad y no sólo de constitucionalidad –al revisar todos los detalles y pruebas de un proceso–, cuatro ministros ampararon ayer a 26 indígenas chiapanecos y ordenaron la libertad inmediata de 20 de ellos que fueron sentenciados por la matanza de 45 tzotziles en Acteal, Chiapas, ocurrida en diciembre de 1997.

Por cuatro votos contra uno, la primera sala (integrada por cinco ministros) resolvió que la Procuraduría General de la República (PGR), junto con los jueces y magistrados que en su momento sentenciaron a estos indígenas, violaron gravemente las garantías procesales de éstos, pues les fabricaron pruebas y testimonios.

En los próximos días por lo menos otros 30 implicados en esos hechos pueden verse beneficiados con una resolución de amparo similar a las anteriores, la cual, sin embargo, no implica un reconocimiento de inocencia.

“No puede entenderse que este tribunal está absolviendo culpables. La sala únicamente está negando valor a actuaciones contrarias al orden constitucional, pues de las constancias que obran en la causa penal no es posible afirmar que jurídicamente haya culpables”, destacó el ministro José Ramón Cossío, al explicar los argumentos por los que decidió amparar a los quejosos.

“Aquí sólo se está determinando que a los quejosos no se les siguió un debido proceso, lo cual no equivale en absoluto a un pronunciamiento sobre si, de facto, son o no inocentes”, agregó.

La sesión se desarrolló con la presencia de abogados y estudiantes del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) –quienes en dos años redactaron las demandas de amparo de 45 indígenas presos–, pero con la ausencia de los sobrevivientes y familiares de las víctimas de Acteal, a quienes elementos de la Policía Federal les impidieron el acceso al recinto judicial.

Tras una hora de deliberaciones, la Corte otorgó en total cuatro paquetes de amparos a 26 indígenas sentenciados, de los cuales 20 fueron de manera “lisa y llana” –pues los ministros desecharon en definitiva todas las pruebas que los inculpaban–, lo que significa que a más tardar en 24 horas deberán ser excarcelados.

Otros seis tzotziles recibieron amparos “para efectos” de reposición de procedimiento, lo que implica que un tribunal unitario de circuito volverá a emitir en breve una sentencia, pero sin tomar en cuenta las pruebas que ayer fueron desechadas, sino únicamente valiéndose de otros elementos probatorios que no fueron desahogados con antelación.

La primera sala también rechazó un proyecto de sentencia del ministro Sergio Valls, quien se pronunció por negar el amparo a 31 acusados, con el argumento de que “el material probatorio que obra en la causa resulta, si no vasto, por lo menos sí suficiente para demostrar tanto la existencia de los delitos en estudio como la responsabilidad penal de los quejosos”.

Otro ministro presentará en los próximos días un nuevo proyecto que sustituya al de Valls, en el que se otorgue la protección de la justicia a 31 quejosos, aunque falta saber si también será “liso y llano” o para “algún efecto”.

Los ministros Olga Sánchez Cordero, Juan Silva Meza, Jesús Gudiño Pelayo y Ramón Cossío se opusieron a la postura de Valls. Cossío, durante su alocución, pareció responder a la organización civil Las Abejas, que en días pasados responsabilizó –entre otros– a los ministros de la Corte y al historiador Héctor Aguilar Camín (que se ha erigido en una especie de vocero de los acusados de la matanza del 22 de diciembre de 1997) de cualquier rebrote de violencia en Chiapas derivado del otorgamiento de estos amparos.


Mujeres de Las Abejas recibieron con tristeza la determinación del más alto tribunalFoto Cristina Rodríguez



“Las consecuencias que deriven (de esta resolución) no pueden ser imputadas a esta Corte, sino a las autoridades que tienen competencia para la persecución e investigación de los delitos”, y que están encargadas de preservar la paz social en el país, expuso Cossío.

En su oportunidad, la ministra Sánchez Cordero puntualizó que respecto a los amparos de cuatro de los acusados, cuyo caso ella revisó, el juez federal que los sujetó a proceso agregó a la causa penal, de manera ilícita, los delitos de portación de armas de fuego, por los que originalmente la PGR no había ejercido acción penal, pues sólo pidió su aprehensión por homicidio calificado, lesiones graves y asociación delictuosa.

La ministra dijo que la fiscalía federal usó como prueba para acusar a los indígenas detenidos el listado de personas que elaboró un testigo de nombre Agustín Arias, quien al día siguiente de la matanza exhibió la lista (con nombres y apellidos de los responsables), pese a que no hablaba castellano, y luego declaró ante el juez de la causa que esa lista “se la dieron los judiciales”.

En contraste, Sergio Valls sostuvo que la lista y el álbum fotográfico no fueron tomados en cuenta como pruebas torales dentro del proceso, sino como elementos indiciarios, por lo que no procedía otorgarles el amparo.

“Se dice en los proyectos mencionados que no debe tener valor probatorio la lista de culpables que exhibió Agustín Díaz, porque éste dijo ante el juez que esa lista se la habían dado los judiciales, sin embargo, esto lo afirmó el testigo siete años después”, destacó Valls, pero ningún otro ministro se adhirió a su postura.

La respuesta a Valls la dio el único ministro con experiencia como juez penal, Juan Silva Meza: “No hay peor injusticia que tratar de enmendarla cometiendo otra. Acteal es buena oportunidad para que la Corte reitere un claro mensaje a las autoridades encargadas de perseguir los delitos: sus acciones deben respetar siempre el régimen constitucional y los derechos humanos (...) Debemos reafirmar nuestro compromiso con la presunción de inocencia, con el derecho a la reparación del daño, con el esclarecimiento de la verdad”.

Desde el inicio de las pesquisas, la PGR acusó a un centenar de indígenas por la matanza de 45 miembros de Las Abejas, entre ellos cuatro mujeres embarazadas y 15 niños. A partir del 23 de diciembre de 2007, y en días posteriores, se detuvo a 86 indígenas, quienes tras varios años de proceso recibieron condenas de entre 20 y 40 años de cárcel.

En su momento también fueron procesados siete elementos de Seguridad Pública estatal y un militar, acusados del traslado de las armas utilizadas durante la matanza. Estas personas, identificadas como paramilitares y que ya fueron sentenciadas, no forman parte de los quejosos que ayer obtuvieron amparos.

Después de ocurridos los hechos de Acteal, el entonces titular de la PGR, Jorge Madrazo Cuéllar, designó una fiscalía especial a cargo de Efrén González Pola, que un año después de la matanza presentó un Libro Blanco sobre la hipótesis oficial del caso.

En esa conclusión, la PGR sostuvo que la masacre fue resultado de un largo conflicto entre un grupo de indígenas que aparentemente simpatizaban con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y otro que apoyaba al Partido Revolucionario Institucional (PRI), y que en los meses previos a los 45 asesinatos en Acteal había provocado, en hechos diversos, al menos 23 homicidios, la mayoría de presuntos paramilitares priístas.




Se consumó la liberación de los victimarios; en México todo favorece a la impunidad, lamentan

Indignación, desesperanza y miedo de sobrevivientes de la masacre de Acteal

Los ministros decidieron apoyar a los criminales; no existe la justicia, dicen fuera del tribunal




Integrantes de la organización civil Las Abejas y del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas se manifestaron frente a la Suprema Corte de Justicia de la NaciónFoto Cristina Rodríguez


Emir Olivares Alonso



“Indignación”, fue la primera palabra con la que sobrevivientes de la matanza de Acteal describieron sus sentimientos tras la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de liberar a los responsables de ese “crimen de lesa humanidad”.

La “desesperanza” y el “miedo” siguieron en el orden de las sensaciones de los integrantes de la organización civil Las Abejas que se apersonaron frente a la sede del máximo tribunal para demandar “¡justicia!” por el crimen del 22 de diciembre de 1997.

El primero en recibir la noticia fue Sebastián Pérez Vázquez, presidente de la mesa directiva de Las Abejas. Aunque como líder trató de guardar el temple, la leve sonrisa que mantuvo durante la mañana desapareció y de inmediato dio a conocer el fallo a sus compañeros.

Habló en tzotzil, con la mirada dispersa y la voz entrecortada. Quienes escuchaban, pero no hablan ni comprenden esa lengua originaria, no tardaron en adivinar la resolución de los ministros. La reacción de las mujeres, por cuyos ojos y mejillas se asomaron hilos de lágrimas, representó esa señal: se había consumado la liberación de los victimarios.

Por varios minutos mantuvieron sus miradas perdidas, frías, desconcertadas; los ministros decidieron “apoyar a los criminales”, sentenciaron.

“Estamos muy indignados, todo lo que pasa en nuestro país está muy claro: en México no existe la justicia ni la democracia, aquí todo favorece la impunidad”, señaló Pérez Vázquez.




Nota Completa :




Exigen que la SCJN no acate órdenes de otros poderes

Buscan ministros ocultar un crimen de lesa humanidad, afirman intelectuales
De la Redacción

Tras los amparos que concedió ayer la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a los acusados de la matanza de 45 indígenas en Acteal, escritores, constitucionalistas, académicos, intelectuales, estudiantes y luchadores sociales, entre ellos Paco Ignacio Taibo II, Francisco Martínez Marcué, José Luis Alonso, Mario di Costanzo y Jaime Cárdenas, acusaron a los cuatro ministros que resolvieron el caso de “intentar ocultar un crimen de lesa humanidad que cometieron el entonces presidente priísta Ernesto Zedillo; quien fuera su secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, y el asesor de Francisco Labastida (quien sucedió a Chuayffet en Bucareli luego de la masacre), Adolfo Orive Bellinger”.

En carta enviada a La Jornada, los firmantes destacan que además de los ex funcionarios mencionados también están acusados de promover la contrainsurgencia en Chiapas: Uriel Jarquín, ex subsecretario de Gobierno de esa entidad, y los generales Enrique Cervantes, ex secretario de la Defensa Nacional, y Mario Renán Castillo, ex comandante de la séptima Región Militar.

“Señores ministros: el pueblo no es ingenuo. Ustedes afirman que el proceso no estuvo bien sustentado jurídicamente, pero a la vez intentan ocultar un crimen de lesa humanidad”, destacan.

“El mensaje que ustedes mandaron, señores magistrados, es que cualquiera que realice un trabajo sucio para el gobierno gozará de impunidad y será defendido por las autoridades”, añaden.

“¡Exigimos a los ministros de la Corte no acatar las órdenes de otros poderes, hacer a un lado la impunidad, para que la justicia los ilumine, y recuperar la autoridad moral y la autonomía que hace tiempo perdieron!”, refiere la misiva firmada también por Paloma Sáez, Jorge Belarmino, Luz María Aguilar, Carlos Perzabal, Efraín Herrera, Socorro Viveros, Sergio González Marín, Sarita Ayala, Jesús Roldán, Alexander Martínez y Vera Urtaza.






11 ago 2009


Las Abejas teme violencia si se exculpa a paramilitares

Sería “un paso adelante en la impunidad” del caso Acteal, advierte

Responsabiliza a la Corte, a Aguilar Camín y a “cómplices” de lo que pase


De la Redacción

Ante el posible fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que podría liberar a 40 de los indígenas acusados de participar en la matanza de Acteal, la organización civil Las Abejas, del municipio de San Pedro Chenalhó, responsabilizó a la Corte y a todos sus “cómplices” –desde Héctor Aguilar Camín, los abogados del CIDE y el gobierno federal de Felipe Calderón– si con el retorno de estos “paramilitares” regresa también la violencia a ese municipio del estado de Chiapas.

“Los hacemos responsables de las vidas de los testigos y de cualquier acto criminal que cometan esos paramilitares que dicen que son inocentes”, señala la organización, en su posicionamiento ante las recurrentes versiones que apuntan a la liberación de estos indígenas, mediante una sentencia favorable del máximo tribunal del país.

En una extensa carta dirigida incluso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la organización Las Abejas lanzó un llamado a las más altas autoridades del país para que “reflexionen lo que están haciendo”, pues si a una organización como ella, que rechaza la violencia como medio de defender sus derechos, le dicen que el sistema de justicia y las instituciones del Estado están del lado de los cómplices del gobierno, “entonces, ¿qué camino nos dejan? ¿Qué esperanza tiene el pueblo de México? Dice el gobierno que está en contra de la violencia, pero todos los días vemos cómo es el primero que la promueve”, expresa el texto.






10 ago 2009


Caso Acteal No Tiene Ma…

Los días 18 y 19 de diciembre de 1997 el entonces presidente Ernesto Zedillo efectuó una visita oficial a Nicaragua. Ante la televisión nicaragüense; en cadena nacional Zedillo declaró que no había una guerrilla en México. Refiriéndose al EZLN, afirmó que a principios de 1994 había aparecido “un grupo” de manera violenta, pero que “las condiciones sociales actuales” habían mejorado y esos hechos no volverían a ocurrir.

Tres días después, el 22 de diciembre, en el municipio de Chenalhó, en Acteal, se concentraron los desplazados conocidos como las Abejas, simpatizantes del EZLN, temerosos ante los rumores de que se preparaba un ataque en su contra por parte de uno de los grupos paramilitares entrenados por la policía estatal bajo las órdenes del presidente municipal priísta de Chenalhó Jacinto Arias Cruz, quién actuaba con consentimiento del gobernador del Estado, Julio César Ruiz Ferro. De ello tenía conocimiento tanto el secretario de Gobernación, Emilio Chuaiffet Chemor, como el presidente Zedillo.

Para evitar el enfrentamiento con ese grupo paramilitar, muchos hombres se retiraron al monte y sólo quedaron en su mayoría mujeres (algunas de ellas embarazadas), niños y ancianos. Se concentraron desde muy temprano en la ermita del lugar, un galerón de madera con techo de lámina y piso de tierra.

A las 10:30 de la mañana se encontraban rezando, cuando comenzaron los disparos. Al lugar llegaron los agresores que portaban armas largas de uso exclusivo del ejército, uniformes color negro y pasamontañas. Eran individuos de las comunidades de Los Chorros, Puebla, Chimix, Quextic, Pechiquil y Canolal, que se habían transportado en camiones de tres toneladas. Comenzaron a disparar sin previo aviso sobre la población indefensa, a mansalva, por la espalda, contra la multitud arrodillada; al intentar huir, la gente iba cayendo en el camino y en la barranca. Durante seis horas el contingente paramilitar disparó, literalmente cazó y ultimó a varias decenas de víctimas.

El informe presentado por la Cruz Roja la mañana del siguiente día arrojó un total de 45 cadáveres, ninguno de los cuales significaba en vida ningún peligro para los paramilitares: un bebé, 14 niños, 21 mujeres y nueve hombres. Aparte de los 45 muertos, la agresión dejó además 25 heridos y cinco desaparecidos.

Todo el aparato gubernamental, federal, estatal y municipal, en complicidad con las instancias de procuración y administración de justicia decidió tomar como ‘chivos expiatorios' a 57 indígenas tzotziles inculpándolos bajo el motivo de “riñas entre indios”. Después de tenerlos 11 años en prisión, hoy la Suprema Corte decide dejarlos libres porque “ la PGR fabricó pruebas y testigos” en su contra. Solo puede venir a la mente una sola frase: ¡Que poca madre!







8 ago 2009


Fue un crimen de Estado: CDHFBC

“Si liberan a presos por Acteal encubrirán masacre”

“Estamos seguros, ellos los mataron”, dicen víctimas; exigen a la Corte indagar a fondo

Responsabilidad de la PGR, excarcelación de paramilitares condenados, según ministros

La SCJN no ha tocado el fondo del tema, indica el Centro Fray Bartolomé


Ángeles Mariscal
Corresponsal


San Cristóbal de las Casas, Chis., 7 de agosto. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas sostuvo que el dictamen hasta ahora emitido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en favor de otorgar la libertad a quienes cometieron la masacre de los 45 indígenas de Acteal, sólo está juzgando las deficiencias que hubo en las averiguaciones previas y en el procedimiento jurídico, y no el fondo de un crimen de lesa humanidad que cometieron los actuales detenidos y las autoridades civiles y militares involucradas.

Diego Cadenas, presidente del organismo humanitario que ha acompañado en el proceso al grupo de sobrevivientes de la masacre, señaló que para estas personas, miembros de la sociedad civil Las Abejas, “no hay ninguna duda de que los que están sentenciados son culpables de participar en la masacre.

“Los detenidos fueron señalados una y otra vez por testigos presenciales. No puede haber habido un error de identificación, porque son gente que se conoce desde niños; algunos hasta son familiares. Si en dado caso se les libera es por deficiencias en las averiguaciones previas, pero no porque son inocentes”, dijo.

Añadió que la Corte se va a pronunciar por la forma y no por el fondo del asunto, “sólo va a juzgar si hubo un debido proceso, y no lo hubo porque desde el primer momento las autoridades movieron la escena del crimen; no hubo actitud diligente ni de la procuraduría del estado ni de la federal, y para nosotros esto fue premeditado, con vistas a facilitarles las cosas a los paramilitares la obtención de su libertad, como es probable que suceda”.

Ante la inminente liberación de los detenidos –añadió– queda en la impunidad la masacre, y la Procuraduría General de la República (PGR) quedará con las manos limpias al liberar a paramilitares presos que encubren un crimen de Estado.

“Si los liberan se encubre lo que fue la masacre: un crimen de Estado. Para nosotros este fue un crimen de Estado, una estrategia deliberada del gobierno para contrarrestar el avance, en este caso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

“Si los liberan, los sobrevientes y familiares de las víctimas estarán en peligro de ser agredidos, porque ellos siguen teniendo las armas. También existe el peligro de que se afecte el tejido social de toda la zona, el riesgo del reagrupamiento de las bandas paramilitares, porque sería una especie de mensaje de que el Estado les está dando una garantía de impunidad”, añadió Diego Cadenas.

La acción de los paramilitares de Acteal “fue debidamente orquestada desde las altas esferas del poder; fue una estrategia militar y el Ejército Mexicano es transexenal; es como si se estuviera enviando un mensaje de que se va a reprimir cualquier sentimiento de insurgencia o protesta social, más allá del EZLN, sino contra cualquiera que se oponga a los proyectos económicos y de desarrollo impuestos por el Estado”.

Refirió que los grupos paramilitares que hasta el momento se han mantenido con bajo perfil, “siguen latentes en las comunidades e intentan reactivarse”.

El representante de Las Abejas sostuvo que si la SCJN quisiera actuar apegada a derecho, ni siquiera le hubiera permitido actuar al ministro Sergio Valls, un chiapaneco que fue diputado federal del Partido Revolucionario Institucional y representante del Consejo de la Judicatura con el que fue presidente de la República durante la masacre, Ernesto Zedillo Ponce de León.

“Es claro que los ministros van a actuar de acuerdo con sus intereses económicos y políticos, y no a través de la justicia.” Diego Cadenas adelantó que, a fin de asegurar justicia, los sobrevivientes de la masacre ya solicitaron desde hace dos años que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos asuma el caso, “porque creemos que en el sistema jurídico mexicano no se tiene asegurada la impartición de la justicia”.