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4 abr 2012

Y dese por enterado sr. ministro que lo que aquí le expone Rafael Landerreche , lo suscribimos muchisimos mexicanos , principalmente lo que se refiere a su vergonzoso sometimiento ante el poder .


Carta al ministro Cossío



Rafael Landerreche


Para empezar déjeme decirle que yo mismo no sé muy bien por qué he decidido dirigirle esta carta a usted personalmente. En realidad debería ser para todos los ministros de la Corte y para el mismísimo Presidente de la República. Quizá es porque algunas declaraciones suyas se me quedaron grabadas especialmente. O quizá es porque algún conocido alguna vez me habló bien de usted y eso me dejó una casi inconsciente esperanza de que hablarle a usted no sea como hablarle a una tapia. Sea lo que sea, el hecho es que quiero dirigirle estas palabras.

Doy por supuesto que pensamos y vemos las cosas de manera muy diferente. Pero para llevar a cabo un acto de comunicación, aunque sea tan hipotético como éste, es necesario encontrar algún punto en común. Le propongo el siguiente. Para que en una sociedad haya paz y estabilidad es indispensable que se respete la ley o, como les gusta de decir a los abogados y a los políticos, se necesita la vigencia del estado de derecho. Eso, a nivel de principios; supongo que estaremos de acuerdo aunque sea en lo general. Y en el nivel de las percepciones de la realidad, pienso que podremos estar de acuerdo en que en México nos falta mucho para que eso se haga realidad. Fíjese que estoy formulando esta observación de la manera más moderada posible para no romper nuestro hipotético acuerdo. Dadas estas premisas, se sigue que es urgente que aquellos que tienen un papel especial en esto, como ustedes los ministros de la Corte, den claras lecciones de respeto a ese estado de derecho.

Pero entonces, ¿por qué diablos actúan ustedes como actúan? Mire, ya dejé salir el ex abrupto, cuando había empezado tan razonablemente, pero la verdad es que es difícil mantener la compostura ante lo que está pasando en México y ante lo que ustedes ministros hacen frente a ello. ¿Por qué carajos no pueden ustedes, ya no digo hacer honor a la justicia, sino por lo menos ser congruentes con ustedes mismos? Voy al grano: estoy hablando de sus contradicciones en el tratamiento de dos casos: el de la matanza de Acteal y el de Florence Cassez, la francesa acusada de secuestro. ¿Por qué ustedes hace un par de años ordenaron sacar de la cárcel a un montón de asesinos, algunos de ellos confesos, todos identificados no por un testigo ni por un par, sino por una multitud de testigos, alegando fallas en el debido proceso como argumento contundente e inapelable, y ahora, de pronto, descubren que también hay que tomar en cuenta los derechos de las víctimas y que ése es argumento suficiente para relativizar el principio del debido proceso? ¿Por qué en aquella ocasión concedieron un amparo simple y llano, dejando en total indefensión no a una persona ni a una familia, sino a comunidades enteras y solapando la más indignante impunidad, y ahora de pronto argumentan, como usted hizo el otro día, que cuando mucho concederán un amparo para efectos? ¿Por qué en el caso de una aberrante masacre de 45 personas no se les ocurrió que si había fallas en el procedimiento habría que ordenar la reposición del proceso en vez de simple y llanamente resolver que un crimen atroz quedara sin castigo? ¿Por qué hasta ahora se acuerdan de las víctimas? ¿Por qué no lo hicieron cuando eran decenas de indígenas que unánimemente declararon y reconocieron a los asesinos de sus familiares?

Quisiera concederles a ustedes ministros, aunque sea por unos momentos, el beneficio de la duda; en aras de esto voy a descartar algunas posibles respuestas a mis propias preguntas. Pues una explicación que se viene a la mente de inmediato es que no se acordaron de los indígenas precisamente porque eran indígenas. Pero eso implicaría racismo de su parte y no quiero consentir esos malos pensamientos. Otra explicación que se les ha ocurrido a muchos en nuestro país es que ustedes actúan así porque el Presidente se los pide. Pero Dios me libre de insinuar que los ministros de la Suprema Corte puedan ser así de ignorantes de la división de poderes y así de serviles ante el poder. No quisiera pensar esas cosas, señor ministro, pero déjeme decirle con toda claridad que eso piensa gran parte de los mexicanos y eso seguirá pensando a no ser que ustedes tengan, y demuestren que tienen, otra explicación realmente convincente.

Permítame ayudarlos con una explicación alternativa (aunque de entrada no me convenza mucho). Quizá para ustedes fue clave lo que acabo de escribir: que los sobrevivientes de Acteal declararon e identificaron a las víctimas unánimemente y una conducta así de los testigos es muy sospechosa en un proceso judicial. De hecho éste fue uno de los argumentos que utilizaron los abogados del CIDE en su defensa de los paramilitares: que había una lista de los asesinos y que los testigos los identificaban de acuerdo con esa lista. Pero ni los abogados del CIDE ni ustedes aparentemente se acordaron nunca de que estaban tratando con un caso sucedido en una comunidad indígena. Y el más elemental conocimiento de los usos y costumbres indígenas nos enseña que un caso así nunca se iba a tratar si no era comunitariamente. Y aunque los testigos conserven su responsabilidad personal, es simplemente impensable que en una comunidad indígena y en un caso así no fueran a tomar acuerdos antes de declarar. Muy diferente de los usos y costumbres de la modernidad occidental, ¿verdad? Pero precisamente por eso hubo un levantamiento armado y se derramó sangre: para que ustedes los jueces supieran esas cosas que siguen ignorando. Ahora bien, vamos a suponer que ese argumento fuera discutible (de hecho ustedes nunca lo discutieron). Pero, dígame, ¿qué legislación alternativa a los usos y costumbres de nuestro derecho positivo le permite a un jefe de policía montar un operativo de detención de presuntos culpables, filmarlo y exhibirlo ante millones de televidentes como cosa juzgada y seguir tranquilamente su camino? Y sin embargo usted se aferra a reconocer validez a ese proceso viciado, mientras en nombre de lo mismo dejó ir en total impunidad a los paramilitares asesinos de Acteal. ¿Sabe usted lo que es medir con dos varas diferentes?

Probablemente sepa usted que los sobrevivientes de la matanza de Acteal, Las Abejas, han llevado el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y por otro camino muy diferente otro grupo ha presentado una denuncia contra Zedillo ante una corte de Estados Unidos ¿Sabe usted lo que eso significa? No es muy difícil interpretarlo: que en México no hay justicia. O si prefiere, se lo dejo en modo subjetivo: que la gente no cree que en México pueda obtener justicia. ¿Y sabe por qué no cree? Por actuaciones como la de usted, señor ministro.





7 sep 2009

Ya se ha escrito mucho sobre la brutal y despiadada matanza de Acteal , y más aún ahora que la "minima" corte de justicia de la nación (con minúsculas) dejó en libertad a inocentes y culpables . ¿Por que los columnistas y periodistas siguen ocupandose del caso? ¿por que yo y muchos otros blogueros seguimos reproduciendo sus columnas y participando con nuestros comentarios? muy sencillo : Se trata de que los que vivimos con plena conciencia aquellos atroces hechos no lo olvidemos y que los que no lo recuerdan por su corta edad , lo recuerden , y no lo olviden : ESOS CRIMENES FUERON COMETIDOS POR UN GOBIERNO ESTATAL PRIISTA , COLUDIDO CON UN GOBIERNO FEDERAL PRIISTA .

Se trata también de que aquella gente influenciada por la televisión y que ha decidido darle una segunda oportunidad al PRI , recapacite y haga memoria de como tan sólo hace 10 años no encontrabamos la manera de sacar al PRI de los pinos , de como hace muy pocos años nos lamentabamos por todos los desaparecidos , por todos los asesinatos , por toda la corrupción y por toda la impunidad . No resucitemos al dinosaurio , se los aseguro , muy pronto nos arrepentiriamos .

No les demos la razón a todos aquellos que se burlan de "nuestra corta memoria" ; ellos lo saben , saben que la gente no se informa cotidianamente y los que si lo hacen , sólo lo hacen con López Dóriga , con Javier a la Torre , con Pepe Cárdenas o con Ciro Gómez , todos ellos empleados de uno de los poderes fácticos más poderosos de nuestro país , los medios de comunicación , que carecen de todo ideal , de todo compromiso con el país . A ellos sólo les interesa el dinero y gracias a el tienen tanto poder , y si no chequen como televisa ya decidió que el proximo presidente de México será Peña Nieto .


NO OLVIDEMOS ACTEAL
NO OLVIDEMOS AGUAS BLANCAS EN GUERRERO
NO OLVIDEMOS TLATELOLCO DEL 68
NO OLVIDEMOS AL PEDERASTA MARIO MARÍN
NO OLVIDEMOS AL ASESINO ULISES RUÍZ
NO OLVIDEMOS A ELBA ESTHER GORDILLO
NO OLVIDEMOS A ROMERO DECHAMPS
NO OLVIDEMOS A FIDEL VELAZQUEZ

NO OLVIDEMOS 70 AÑOS DE ASESINATOS , DE CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD.





Acteal y la guerra que todos quisimos evitar





Rafael Landerreche*


“Eran bravos los perros que les mandé; no dejaron a nadie vivo, ni a los niños. Somos bien chingones.” Éstas fueron las palabras con las que Tomás Pérez Méndez, de Los Chorros, celebró el retorno “triunfal” de los paramilitares que acababan de masacrar en Acteal 45 seres humanos pacíficos, desarmados, mujeres y niños en su mayoría. Su autor acaba de ser liberado por la Suprema Corte que, sin preguntarse siquiera si era culpable, le concedió un certificado de impunidad para que ya nunca pueda ser juzgado por ese delito.

Es claro que cualquier ser humano normal se hubiera detenido a averiguar algo sobre esta historia de horror antes de dejar libre a un responsable que ha sido claramente señalado por los testigos. Pero uno deja de ser un ser humano normal cuando percibe más de 300 mil pesos mensuales. El ministro José Ramón Aguirre (que percibe un poco más que eso) afirmó que la prioridad de la Corte tenía que ser analizar “la violación de las formalidades… de la técnica jurídica” (sic). Lo demás no son más que “intuiciones personales o subjetivas” (resic). Así tiene que ser, argumentó el ministro, porque si no, acabaríamos en la impunidad y en la ausencia de estado de derecho. Faltaba más. Dicho lo cual, el ministro se retiró muy satisfecho a gozar de sus bien ganados emolumentos. Como cantó Óscar Chávez en Oventic hace unos años: “Su monólogo el gobierno / nada mas él se lo cree / y se lleva su cuaderno / y en su palacio lo lee”.

Normalmente cuando una persona traiciona la verdad no es por no decir lo que ve, sino por negarse a ver más allá de lo que quiere ver. Todos hemos cometido alguna vez ese pecado, pero hay quienes tienen a la mano elaboradas y muy profesionales justificaciones para su ceguera voluntaria. Los ministros de la Corte son expertos en ello. Es prácticamente su modus operandi. Lo aplicaron también al caso de Lydia Cacho para no ver la realidad de la red de pederastia que estaba detrás del caso. Dijeron que eso era irrelevante para su trabajo. Conclusión: la realidad es irrelevante para los ministros y los ministros son irrelevantes para la realidad.

Así pues, no ver el contexto en el que se dio la matanza de Acteal significa necesariamente adoptar una postura falsa sobre la masacre. El contexto en el que se dio Acteal fue el del levantamiento zapatista y la respuesta contrainsurgente que dio el gobierno. Esto ya se ha dicho muchas veces y es profundamente verdadero. Pero en este contexto falta una pieza que parece totalmente olvidada y sin embargo es fundamental para acabar de entender, no sólo lo que pasó en Acteal en diciembre de 1997, sino lo que está pasando ahora en el país. Esa pieza es la Ley para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas.

Aunque la Ley para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas nunca ha sido tan taquillera como los acuerdos de San Andrés, es justo y necesario recordarla por varias razones.

Primero, porque constituye un caso excepcional, quizás único en el mundo. Un grupo guerrillero declara la guerra al gobierno, el gobierno contrataca y la sociedad se moviliza para decir que quiere la paz, pero una paz que tome en cuenta las justas demandas de los alzados en armas. A continuación el pueblo da a su gobierno el mandato de resolver el conflicto mediante el diálogo. Segundo, porque si alguna vez la voluntad popular ha sido más que un mito fue en esa ocasión en que de todas las clases sociales surgió el clamor que rechazaba el uso del Ejército contra los mexicanos más pobres y marginados y pedía una paz con justicia y dignidad. Y tercero, porque por una vez, quizá la única vez en nuestra historia reciente, las instituciones realmente funcionaron. Los partidos políticos y el Congreso de la Unión respondieron a la altura de las circunstancias. La voluntad popular se convirtió en ley. Es importante recordar eso en estos momentos de total descrédito de los partidos políticos porque ésa fue la última vez que los partidos realmente representaron los sentimientos de la nación.

De hecho, el descrédito de las instituciones, hoy tan cruelmente evidente, data de ese momento crucial, más que de las elecciones de 2006 y antes aún que del rechazo a la iniciativa de la Cocopa para legislar los acuerdos de San Andrés. Porque, como acaba de recordar Jaime Martínez Veloz, actor de aquella original Cocopa, mientras una ley con toda la legitimidad que cabe pedir a una ley sentaba las bases para una solución pacífica, desde las profundidades “de las cañerías gubernamentales” se iba fraguando una estrategia para burlar la ley y la voluntad popular. Así se fue desplegando, paralelamente al proceso de diálogo, el proceso de contrainsurgencia: la formación de los paramilitares, la política de aislamiento del EZLN y la destrucción del tejido social. Cada vez que había un avance en el diálogo surgía en algún lugar un sabotaje o una provocación. En vez de paz con justicia y dignidad, la administración del terror para conservar el poder.

En una confesión de parte mucho más significativa que las supuestas confesiones de paramilitares sobre las que construyó sus fantasías acerca de Acteal, Aguilar Camín escribió que las autoridades no podían actuar abiertamente “por la ley de Concordia y Pacificación” (sic); por eso “decidieron no contener [...] al otro bando y hasta ayudarlo”. El “otro bando” es naturalmente un eufemismo para los paramilitares. (Ver Nexos, nov. 2007, pág. 65.) Claro que el vocero de los que nunca quisieron aceptar la ley para el diálogo se queda corto, pero su confesión es suficiente para acreditar que el gobierno, estatal y federal, “ayudó” a los asesinos de Acteal.

Acteal es la consecuencia terrible pero lógica y natural de la decisión de los poderes de facto de no acatar la voluntad popular que exigía diálogo, no guerra. Encontrar a los verdaderos culpables de la matanza de Acteal implica encontrar a los responsables de la debacle en la que está México; del descrédito de las instituciones políticas y judiciales, de la ruptura del tejido social, de la creciente militarización. Por eso no serán juzgados mientras no haya un gobierno que se libre de la tiranía de esos poderes.

* Ex miembro del Frayba y educador en el municipio de Chenalhó