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6 jun 2011




“Salgan a partirle la madre a los tiburones”






Iván Restrepo




La opinión pública mundial no sólo se ocupa de México por la muerte de más de 40 mil personas durante la guerra del gobierno contra el crimen organizado. También de la masacre de tiburones ordenada en los más oscuros sótanos del poder oficial en Cancún. El motivo de la matanza: una turista canadiense que nadaba a 10 metros de la playa fue atacada por un tiburón el 31 de enero pasado. Al parecer el animal se acercó a la playa en busca del sitio en el que suele tener a sus crías y la mujer se acercó demasiado, dijeron las autoridades locales.

Personal de Protección Civil colocó banderas rojas a lo largo de la costa para alertar a los bañistas y evitar nuevos accidentes. En paralelo, se organizó un operativo para encontrar al animal causante del ataque.

El 24 de marzo otra turista, esta vez rusa, fue mordida por otro tiburón. “Ignoró nuestra advertencia de que no nadara demasiado lejos de la playa” dijeron los socorristas. La rusa no hablaba español, tampoco la canadiense.

El 2 de febrero, a 48 horas del primer ataque, los pescadores recibieron de “muy arriba” una orden: “Salgan a partirle la madre a los tiburones, agarren todo lo que quieran, está autorizado…”

En unas cuantas horas, la pequeña flota pesquera de Cancún recorrió el litoral y masacró a 70 tiburones toro, incluyendo algunas hembras con crías en el vientre. La mayoría de los escualos tenía en promedio dos metros de largo y tres los más grandes. Sus cuerpos fueron llevados al muelle de Puerto Juárez. La escena era tan impactante que alguien la filmó, así como la llegada de los camiones que se llevaron los tiburones para vender su carne en centros comerciales. Ese video ha dado la vuelta al mundo y despierta condena generalizada. Se desconoce si en días posteriores hubo otra “caza” masiva. Pero sí se sabe que en algunas playas de Florida hubo decenas de miles de tiburones y no atacaron a nadie. En Estados Unidos estos animales reciben protección y los sistemas para proteger a los bañistas de cualquier peligro en el mar son eficientes.

Los empresarios que se benefician del turismo en Cancún y la Riviera Maya pidieron a los medios no presentar negativamente lo ocurrido para no ahuyentar a los visitantes. Una prominente figura de la asociación de hoteles, Abelardo Vara, dijo que si los tiburones ponen en riesgo al turismo “habrá que sacrificarlos, no hay más… hay que hacerlo, yo estoy a favor cien por ciento. No por cuidar unos animalitos por ahí, que qué pena, pero si nos están afectando, hay que exterminarlos”. Los empresarios (también encabezan la campaña para derogar la legislación que penaliza la destrucción de los manglares) se quejaron además de que los medios exclusivamente publican cosas malas de esos dos destinos turísticos. Seguramente en referencia a los crímenes cometidos por la delincuencia organizada, que actúa con la complicidad de funcionarios y cuerpos policiales. O a la corrupción oficial y el lavado de dinero.

Los tiburones existen en la Tierra desde hace millones de años y visitan el Caribe mexicano desde tiempo inmemorial. Muchos lo hacen en época de reproducción. Pero cada vez más encuentran un medio alterado, ocupado por los nuevos dueños del espacio marino y terrestre. En esto coinciden especialistas y moradores de la región, como el cronista de Isla Mujeres, don Fidel Villanueva, quien asegura que los tiburones siempre han estado por esos rumbos, y no “agreden” si se les deja tranquilos. Quizá por eso son muy pocas las personas atacadas por ellos.

Hay una campaña mundial para proteger los tiburones, severamente diezmados, en especial por la demanda china por sus aletas. En México una norma oficial los protege, igual que a las rayas. Al eliminarlos en los arrecifes de coral, abundan otros depredadores y se rompe el equilibrio natural existente. El buceo con el tiburón toro muestra que puede haber armonía entre las especies marinas y el turismo. Por eso en vez de matar tiburones impunemente se debe garantizar su entorno y establecer una adecuada vigilancia que garantice la integridad física de quienes visitan nuestras playas en plan de descanso. ¿Entenderán lo anterior autoridades y empresarios ahora que buscan atraer más turismo internacional?







10 ago 2009


Asesinatos de ecologistas



Iván Restrepo


Cero y van… muchos más asesinados. Citemos los más recientes y comentados: primero fue Ildefonso Zamora, de 21 años, quien junto con su familia y otros campesinos defendía los bosques de la región de Zempoala, en los estados de Morelos y de México. Lo balearon el 15 de mayo de 2007 y entonces el licenciado Felipe Calderón ofreció a los deudos que el crimen no sería en vano ni quedaría impune. Mi gobierno se compromete, junto con las autoridades del estado de México, a que persigamos sin descanso hasta dar con los culpables e imponerles el castigo que merecen”. Los asesinos se esfumaron como por encanto.

En marzo de este año mataron en Guerrero a dos activistas ambientales: los indígenas mixtecos Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas. Su muerte es parte del clima de violencia en el que se cruzan la delincuencia organizada, el narcotráfico, la militarización y la represión institucional contra las organizaciones indígenas que reivindican sus derechos colectivos en esa entidad. Lucas era presidente y Ponce Rosas el secretario de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco (OFPM), que desde su fundación ha padecido el hostigamiento de la fuerza pública y de las autoridades estatales y federales. Cabe recordar que la OFPM, como otras organizaciones, han denunciado en varias ocasiones los abusos que cometen en la región mixteca militares y policías locales y estatales; también exigen justicia en el caso de dos indígenas violadas por soldados, así como indemnizaciones para las mujeres esterilizadas bajo engaños por la Secretaría de Salud. Las autoridades prometieron dar con el paradero de los asesinos, “caiga quien caiga”.

El 26 de junio pasado, en Ajuchiotán del Progreso, Guerrero, fueron ejecutados Leonel Castro Santana, de 28 años, y su sobrino Ezequiel Castro Pérez, de 17, integrantes de la Organización Campesina Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán. Sus familiares aseguran que la muerte se debió a que los jóvenes defendían los bosques y que las instancias oficiales protegen a los asesinos. Las autoridades, nuevamente, prometieron investigar y detener a quienes acabaron con la vida de los dos activistas. Sus familias se quejaron por la forma prepotente en que fueron tratadas por integrantes del Ejército Mexicano al reclamar los cuerpos de los jóvenes.

Bueno es señalar que Leonel y Ezequiel formaron parte de la primera generación de ecologistas que encabezaron Teodoro Cabrera y Rodolfo Montiel, quienes estuvieron recluidos en la ciudad de Iguala, acusados de delitos que no cometieron. Que sepamos, en México todavía no se castiga con cárcel defender los recursos naturales. Cabrera y Montiel fueron liberados luego de una campaña nacional e internacional.

En el colmo, hasta funcionarios que buscan hacer cumplir la ley sufren amenazas de muerte. Es el caso de Raziel Villegas, quien trabaja en Quintana Roo como director de impacto ambiental y Zona Federal Marítima de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. El motivo de la amenaza: clausurar en Cancún, por ilegales, los espigones y rellenos construidos con roca sólida para crear playas artificiales en los hoteles Gran Caribe Real y The Royal, pertenecientes al influyente Fernando García Zalvidea.

“Yo pensé que litigaba con hoteleros, no con un cártel; desconocía que hubiera un cártel interesado en temas ambientales, porque nosotros nos dedicamos a hacer valer la ley ambiental, no ninguna cuestión relacionada con el crimen organizado o el narcotráfico”, señaló Raziel. Cabe agregar que en otro hotel de García Zaldivea, el Porto Real, en Playa del Carmen, y pese a la protesta ciudadana, ilegalmente se construyeron espigones que han afectado las playas vecinas.

Antes, otro funcionario federal ambiental, Alfredo Arellano, fue amenazado de muerte en Quintana Roo por el empresario y actor Roberto Palazuelos. La causa: clausurarle el hotel que posee en terrenos del Parque Nacional Tulum, área natural protegida. Es costumbre que en vez de apoyar las acciones para hacer cumplir la legislación ambiental, las autoridades de ese estado protejan y apoyen a quienes las infringen.