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10 abr 2011

Leer los 50 puntos del Nuevo Proyecto Alternativo de Naciòn y toda lectura relacionada con ello , como este artìculo de Guillermo Almeyra , nos permitirà ir viendo quien en realidad està planteando algo diferente y bueno , pero de adeveras , para el paìs y los mexicanos . Debemos pensar , analizar , comentar , criticar y compartir este tipo de lecturas . Solo asì podremos descubrir què polìticos siguen en lo mismo de siempre : prometiendo todo para no cumplir nada ; ejemplos tenemos miles , de los màs recientes : los ultimos cuatro años , tanto PRI como PAN se ponen de acuerdo para aumentar impuestos , precios de gasolina , luz etc. y si recuerdan , en campañana prometieron absolutamente lo contrario . Ya no podemos irnos con la finta una vez màs . ¡¡¡¡ DESPIERTA MÈXICO !!!!!!
El Morena y otro proyecto de país



Guillermo Almeyra


El límite del proyecto del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que es un organismo de gran importancia política y social, se ve ya desde el nombre del mismo: busca en efecto la regeneración y no la transformación del México capitalista y dependiente, mediante una serie de reformas que revivirían un mítico México lindo y querido del pasado. Y todas las propuestas del proyecto, tanto las precisas como las que no lo son, se basan en la idea de que hay que construir un gran movimiento cívico organizado para imponer dichas reformas por la vía pacífica y electoral. Y no, por el contrario, de que hay que unir ese movimiento cívico con los movimientos sociales y darles a éstos un objetivo político transformador radical ni de que hay que fomentar la autorganización de los trabajadores y de las víctimas del capitalismo, su autonomía, sus prácticas elementales de poder popular para cambiar la relación entre las fuerzas sociales y poder así vencer la resistencia de la oligarquía y del imperialismo, sea por la vía electoral, sea por otras vías como la de la resistencia civil masiva y organizada, si aquélla resultase impracticable.



Aunque está creciendo y está mejor organizado que el respaldo que tenía Andrés Manuel López Obrador en 2006, cuando le robaron el triunfo, el Morena se apoya, aparentemente, en un caudal de esperanzas menor que el de hace cinco años. Eso no quita que sea la única oposición antioligárquica y antimperialista presente en el panorama actual, ni que tenga el único proyecto digno de ese nombre (pese a sus defectos y carencias) ni que no cuente con un vasto apoyo social, sobre todo en el centrosur del país, y particularmente entre los más pobres y en un amplio sector de la intelectualidad. Por lo tanto, a quienes son además de antioligárquicos y antimperialistas, anticapitalistas, socialistas, se les plantean sólo dos opciones.



La primera consiste en apoyar al Morena, manteniendo su independencia política frente al mismo y agregando a las consignas nacionalistas-desarrollistas del movimiento las consignas anticapitalistas que permitan una transición de la lucha corporativa a la lucha política anticapitalista y de la lucha defensiva y nacionalista, al desarrollo de puntos de resistencia y poder populares que permitan encarar la construcción de una alternativa al capitalismo. La segunda, estéril, consiste en tomar como pretexto el carácter electoralista del Morena, su estructura vertical, el decisionismo de su dirección y el carácter limitado de sus propuestas para mantenerse al margen de este movimiento social vasto –que además es el único de envergadura en México– y, en vez de hacerle aportes críticos constructivos, buscar desprestigiarlo y debilitarlo ayudando así a la derecha, tal como sucedió en 2006 con la pésima posición política adoptada por los supuestos “apolíticos” abstencionistas.



El movimiento obrero en México, al igual que los trabajadores y oprimidos en general, ha sufrido una serie de grandes derrotas sucesivas a la que posiblemente se sumará la modificación reaccionaria de la Ley Federal del Trabajo. Necesita recuperar terreno y confianza en sí mismo aunque sea en el limitado y limitante campo electoral. Sobre todo cuando el país está militarizado, en manos de la narcoviolencia y de la violencia de la oligarquía que usurpa el poder en el Estado y cuando éste mismo está en descomposición acelerada y las leyes y la soberanía son pisoteadas todos los días con la complicidad del PAN, el PRI, el PRD y de todos los partidos defensores del capitalismo. En estas condiciones, incluso las reformas limitadas que propone el Morena son incompatibles con el funcionamiento del régimen y del sistema capitalista, que busca aumentar la explotación y la opresión. Son, por eso mismo, reformas movilizadoras, objetivamente anticapitalistas aunque no busquen debilitar el sistema.



Además, si en vez de hacer una campaña puramente electoral con vistas a un triunfo en las urnas, que podría ser nuevamente robado como lo fue en 1988 y en 2006, se aprovechase la coyuntura política para crear y extender las autonomías, imponer el control popular sobre las instituciones, desarrollar y organizar poder en el territorio, no sólo el Morena crecería en posibilidades y se transformaría sino que habría un núcleo organizador de la protesta popular que de otro modo, a causa del miedo, de la desorganización, de la despolitización, podría refugiarse en la abstención, dejándole así el campo libre a quienes desde el poder entregan el país al imperialismo y agravan terriblemente la situación de los explotados y oprimidos.



La crisis del capitalismo lleva a éste a acabar con las conquistas sociales y rebajar aún más los ingresos de los más pobres. Si ganasen en 2012 los agentes nativos del imperialismo (PAN, PRI y todos sus secuaces) viviríamos una dictadura del capital y una violencia aún más extrema contra las resistencias a la misma. Si ganase en cambio el Morena, flanqueado por la izquierda socialista y con el apoyo de una expresión política de los trabajadores, se abriría otro proceso, se construirían esperanzas, se crearía otra relación de fuerzas que permitiría hacer frente a la inevitable reacción del imperialismo y de la oligarquía.



La lucha actual no es una contienda electoral más, aunque se dé en el plano electoral, tal como nació la Revolución Mexicana de la lucha contra el fraude y la relección. Es una lucha, deformada electoralmente, por la transformación revolucionaria del país, por derrotar a las fuerzas de la sumisión, la explotación y la miseria.





2 may 2010


¡Libertad a los presos de Atenco! ¡Castigo a los asesinos en Oaxaca!



Guillermo Almeyra

La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de resolver según derecho el caso de las indígenas ñañús de Querétaro injustamente presas con acusaciones y pruebas” fabricadas. Es de esperar que esa sensatez y el apego a la ley se repitan en el caso de los presos políticos de Atenco, condenados prácticamente a cadena perpetua por un fallo aberrante dictado por el odio político y de clase y por la voluntad evidente de aterrorizar a los disidentes políticos y a los movimientos sociales.

Anular ese fallo, dictado en un verdadero clima de linchamiento de los dirigentes campesinos en la televisión y en la casi totalidad de los medios de información, reduciría parcialmente el impacto nacional e internacional de la brutal represión que sufrieron los de Atenco. Aunque el daño grave a la justicia mexicana ya está hecho, pues el mundo todo fue testigo de las palizas, y conoció las torturas, las violaciones de las detenidas, y toda la brutal represión –con el saldo de una muerte y cientos de presos– a trabajadores y estudiantes cuyo verdadero “crimen” consistió en haber impedido la usurpación y el despojo de sus tierras para que unos pocos pudieran hacer un gran negociado con la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de México, una tardía reparación judicial serviría al menos para dejar asentados los principios y las garantías legales en un momento en que la militarización del país y los miles de muertes violentas en la mayor parte del territorio nacional agravan la crisis económica, porque fomentan la impresión internacional de que México es un país sin ley ni Estado.

La corrección por el órgano supremo del Poder Judicial de las aberraciones cometidas por el poder represivo mexiquense por orden directa del gobernador Enrique Peña Nieto sería por lo tanto una señal importante de que no todos los organismos estatales son cómplices de la corrupción, el matonismo y la violencia criminal.

Sobre todo cuando el gobierno de Ulises Ruiz, en Oaxaca, aparece implicado en una nueva represión sangrienta y está cubriendo a una banda de asesinos que emboscó, causándole muertos y heridos, a una caravana de observadores sociales oaxaqueños y defensores internacionales de los derechos humanos para tratar de ahogar en sangre la autonomía de los valientes pobladores triquis de San Juan Copala.

Como Peña Nieto en su momento, un gobernador priísta cubre la violencia salvaje con fines político-electorales sumando así el terrorismo de Estado al terrorismo desatado de los narcotraficantes. El más elemental respeto a los derechos democráticos y constitucionales debería conducir a todo aquel que no desee la instalación de un poder ilegal de “señores de la guerra” locales a tratar de reconstruir un clima de legalidad en el país. Y, por consiguiente, a liberar a las víctimas de la ilegalidad policial y estatal y de fallos aberrantes y a condenar a los mandantes y cómplices de atrocidades, como las que se cometieron con los campesinos en Atenco o se acaban de cometer contra los miembros de la APPO, de la sección 22 del SNTE, de Cactus, de Vocal y de diversos grupos de defensores de los derechos humanos emboscados cerca de San Juan Copala por los sicarios de Ubisort, una organización triqui del PRI respaldada por el gobernador Ulises Ruiz.

La crisis mundial –el “simple catarrito”– prosigue y proseguirá. El racismo antimexicano en Estados Unidos, más la desocupación obturan la válvula de escape de la emigración y reducen constantemente las remesas de los emigrantes mientras la crisis reduce también el turismo y el consumo de petróleo por la maltrecha industria estadunidense. Si al narcotráfico, que envuelve a centenares de miles de campesinos y de jóvenes que no encuentran otro camino, se le agrega la violencia caciquil priísta, la pendiente resbaladiza por la que México se desliza hacia el desastre se hará aún más peligrosa. Urge la reconstrucción de una base mínima para la convivencia democrática y para la lenta conquista de un estado de derecho.

Por eso el fallo de la Suprema Corte en favor de las víctimas de la represión en Atenco que siguen aún en condiciones de verdaderos rehenes del poder ciego y arbitrario va mucho más allá del caso mismo. Un fallo liberatorio para Ignacio del Valle y sus compañeros podría actuar como valla para un ulterior deterioro de la vida política y social en todo el país y para el total descreimiento respecto al Estado y a la legalidad de la mayoría de la población que es continuamente ofendida, ultrajada, reprimida y ve sus derechos negados o desconocidos por los poderosos que la oprimen y explotan. Corresponde a la Suprema Corte de Justicia desmentir al Martín Fierro que, partiendo de la experiencia campesina, sostiene que “la ley es como el cuchillo /no ofende a quien lo maneja”, y restablecer, al menos en parte, un marco de legalidad que tenga en cuenta las conquistas democráticas de la Revolución Mexicana y la presión de la parte democrática de la sociedad civil.

Señores jueces: ¡liberen a los de Atenco! ¡Paren a los Peña Nieto y Ulises Ruiz mientras hay tiempo!




8 nov 2009




Al grito de SME



Guillermo Almeyra

México pende, como un ahorcado, de la cuerda trenzada por el PRI y el PAN que lo ata a Estados Unidos. Ningún otro país latinoamericano está en la situación de deber importar todo del norte y de exportar allá el petróleo y sus habitantes sobrantes” a causa de las políticas antinacionales de sus gobiernos. Ahora bien, la crisis de Estados Unidos, en particular, y de todo el sistema capitalista mundial, se prolongará por años y el precio del combustible no basta ni bastará para impedir la caída de la economía mexicana. Por su parte, las remesas de los emigrantes disminuirán, debido a la situación laboral en Estados Unidos, y el turismo caerá, debido al aumento de la inseguridad y de los desastres ambientales resultantes de la crisis económica y del recalentamiento global, que son consecuencia directa del capitalismo.

Para salir de su crisis actual, que se prolongará cerca de dos lustros, el capitalismo necesita utilizar urgente y ferozmente la crisis para que la paguen sus víctimas. O sea, destruir conquistas de civilización prolongando la edad para las jubilaciones, robando el dinero de los jubilados y pensionados, reduciendo los gastos sociales (educación, sanidad, vivienda). Pero no le basta con reducir cada vez más los salarios indirectos, recurriendo incluso a impuestos infames y regresivos, como el IVA sobre los alimentos o aquellos sobre los salarios: también debe aumentar el despojo de los salarios de las generaciones anteriores que sirvieron para construir las empresas públicas fundamentales para el desarrollo nacional y robar al país y a sus generaciones futuras las palancas para otro tipo posible de economía. Debe aumentar la tasa de plusvalía relativa y, al mismo tiempo, acabar con la seguridad en el empleo, aumentar los horarios de trabajo, empeorar las condiciones laborales, desvalorizar la mano de obra, o sea, extorsionar plusvalía absoluta aumentando la miseria y la explotación para que un puñado de grandes monopolios extranjeros con sus socios mexicanos recomponga la tasa de ganancia a costa de la destrucción de la sociedad, acompañada por la depredación y destrucción del ambiente (aguas, bosques, mares).

Por supuesto, el capitalismo y sus agentes gubernamentales prevén que habrá resistencia. De ahí la militarización de México con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, que es una parte esencial del capital y podría ser controlado si se controlasen los bancos (o las bases yanquis en Panamá y Colombia dirigidas contra el creciente antimperialismo en la región y contra los movimientos sociales). De ahí también la ferocidad, la ilegalidad y el ensañamiento contra quienes resisten (Atenco, APPO). De ahí igualmente la inconstitucionalidad y la brutalidad de la embestida contra Luz y Fuerza del Centro, a la que sabotearon durante años, y contra el Sindicato Mexicano de Electricistas, el más democrático, combativo y consecuente de todo el sindicalismo mexicano tan marcado por la corrupción y sobre cuyos dirigentes más infames (como La Güera Rodríguez Alcaine o Elba Esther Gordillo) se ha apoyado el gobierno PRI-PAN del gran capital y de los monopolios y financieros imperialistas. En esta tarea antinacional los grandes medios de desinformación, al servicio de gobernantes y fuerzas antinacionales, se encargan de preparar el terreno de las operaciones represivas mediante su “artillería”, ocultando y callando las protestas y resistencias, mintiendo, calumniando a las víctimas del capitalismo.

El ataque contra el SME, parado ahora por una juez valiente, pero que no cesará, no está dirigido sólo contra un contingente obrero: busca destruir todas las organizaciones obreras y populares independientes, acabar con las solidaridades, impedir la resistencia a la ofensiva en todos los frentes contra lo conseguido desde la Revolución Mexicana en este siglo de luchas en México y en el mundo.

Alienta por eso que así lo hayan considerado los campesinos de Zacatecas, de Jalisco, de Michoacán, que hicieron llegar toneladas de frijol, maíz y arroz, respectivamente, a sus hermanos del SME. También el sostén estudiantil a la lucha de un sindicato que apoyó siempre todas las causas justas (desde la rebelión zapatista en Chiapas hasta la APPO) y la decisión de un grupo de organizaciones y militantes de la otra campaña de participar en la lucha de los electricistas. Porque este combate impone dos reflexiones. La primera es que permite crear la base, en la acción conjunta en defensa del SME y de LFC, para un frente amplio de resistencia nacional que agrupe sindicatos democráticos, agrupaciones obreras anticharras, movimientos y grupos campesinos, organizaciones indígenas, grupos estudiantiles y de ciudadanos, organizaciones civiles y defensoras de los derechos humanos y democráticos, movimientos de ciudadanos y de jubilados para pelear juntos por la defensa del SME y de LFC, de Pemex amenazada, de los derechos democráticos laborales y constitucionales, por la defensa de los campesinos, del maíz y del ambiente, amenazados por los transgénicos de la Monsanto, por la libertad de los presos de Atenco y de todos los presos políticos, por un plan nacional anticrisis y de desarrollo. La segunda es que es obviamente utópico pensar que este régimen, tras los fraudes descarados de 1988 y de 2006, reconocerá en 2012 la eventual victoria electoral de una candidatura popular. Por eso, si se quiere llegar a votar libremente, hay que imponer con las movilizaciones y las luchas (huelgas, paros, manifestaciones, cortes, ocupaciones) el derecho a la ocupación del suelo público en defensa de los derechos constitucionales, para desembocar en la convocatoria por esas luchas de una asamblea nacional constituyente para decidir quién gobierna y a favor de quién se debe gobernar este país.
Mexicanos, nos han declarado la guerra. Respondamos al grito de SME.




12 jul 2009


México: gobierno y sistema, más ilegítimos que nunca



Guillermo Almeyra


Las elecciones realizadas el 5 de julio pasado demuestran una vez más la ilegitimidad del gobierno y la crisis del sistema. Sólo votó 43.74 por ciento de los empadronados, a pesar de los miles de millones de pesos gastados por el gobierno para instar a votar y dar legitimidad al espurio presidente Felipe del Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, impuesto por el fraude hace tres años.

Así, si se suma la abstención de más de 56 por ciento con los votos anulados, que se duplicaron y ascendieron a 5.04 por ciento del padrón, y si dividimos ese casi 44 por ciento entre los tres grandes partidos y los partiditos menores, veremos que el Partido Acción Nacional (PAN), clerical derechista, partido de gobierno, no representa sino una porción reducida de los electores, y el "ganador", el Partido Revolucionario Institucional (PRI), expulsado del gobierno hace nueve años por corrupto y antidemocrático, llega cuando mucho a cerca de 15 por ciento del padrón, mientras el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuya dirección conciliadora con el gobierno provocó el repudio de muchos de sus votantes tradicionales, queda tercero (estaba segundo), lejos de los dos primeros que, en realidad, consiguieron un resultado cuatro veces menor que el heterogéneo "partido" de la abstención y del voto nulo, el cual, en realidad es la fuerza mayor.

Es evidente que entre las abstenciones se cuentan las de quienes, por haber emigrado fuera de sus sedes, no podían votar, y la de los enfermos, más las clásicas de los desinteresados de siempre, y no pueden ser contabilizadas todas en el sector que repudió las elecciones. Pero lo cierto es que más de la mitad del país no escuchó las exhortaciones gubernamentales, patronales, de la Iglesia y de los aparatos partidarios a acudir a las urnas y, por lo menos, demostró desinterés. El gobierno nacido del fraude ahora es doblemente ilegítimo, por su carácter minoritario y por su derrota ante el desprestigiado PRI.

El PAN, en efecto, vio caer el número de sus diputados de 206 a 141 y perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, que pasó a manos del PRI, que obtuvo 237 de los 500 diputados y que, con sus aliados del Partido Verde Ecologista (22), tiene mayoría absoluta en dicha Cámara. En cuanto al PRD, perdió 40 por ciento de sus diputados (conserva sólo 71, muchos de ellos, además, adversarios de la dirección y partidarios de Andrés Manuel López Obrador, quien llamó a votar por los partidos del Trabajo y Convergencia y venció de modo aplastante al PRD en la zona obrera de la capital, la delegación Iztapalapa, con Juanito, un candidato popular desconocido).

El PRI es un partido de derecha, al igual que el PAN, aunque de una derecha laica, no clerical. Es un partido de caudillos con su respectiva clientela, de burócratas sindicales corrompidos, de caciques "campesinos" que hace tiempo no ven el campo ni en fotografías. Ha estado aliado con el PAN (y con la dirección derechista del PRD) en todas las porquerías posibles y, por supuesto, podrá volver a estarlo y formar una especie de mayoría de geometría variable, un PRIAN, en todas las cuestiones donde el interés de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros estén en juego.

En el PRI, además, militan gobernadores asesinos, como el de Oaxaca o el del estado de México, o cómplices de pederastas, como el de Puebla, todos ellos ligados con la extrema derecha y los empresarios, y uno de sus exgobernadores –de Quintana Roo, la zona donde está Cancún– estuvo preso largo tiempo por dirigir el narcotráfico en el sur. Su triunfo, por tanto, aunque debilita al PAN como partido, no debilita a la burguesía sino que le da ciertas garantías, al menos en los sindicatos y organizaciones campesinas que controla burocrática y gansterilmente. De todos modos, en el PRI –a diferencia del PAN– existen aún restos de una ala laica, anticlerical, nacionalista, lo cual provocará tensiones en ese partido en el momento de pretender privatizar el petróleo o la energía eléctrica o de anular la legislación laboral para "flexibilizar" todavía más el mercado de trabajo y rebajar aún más los salarios reales…

En cuanto al PRD, desaparecida la ilusión de poder cogobernar con una política de derecha panista-priísta, probablemente presenciaremos una doble emigración de oportunistas (o no): hacia el PRI o hacia López Obrador, que refuerza su estructura paralela; fuera del PRD, consiguió que el Partido del Trabajo y Convergencia conserven su registro electoral (que podrá utilizar si no obtiene el del PRD) y sigue organizando a millones de personas, muchas de las cuales no votaron esta vez.

De la otra campaña y de los grupos de izquierda, mejor no hablar, pues sigue presente la tarea no realizada y muy resistida de la unificación de la izquierda social y política detrás de un programa común, de frente único, para aparecer como alternativa anticapitalista.

De todos modos, ahora, después del reacomodo interburgués, vienen los problemas reales: la crisis que se agrava, el problema social, la pérdida de la válvula de escape de la emigración y de las remesas, la presión del capital financiero internacional para acabar con la estatización de Pemex, el crecimiento del narcotráfico y el desgaste consiguiente del Ejército. Como siempre, en la cancha se ven los caballos, y la cancha, esta vez, está en pésimas condiciones…







7 jun 2009


Un poco de cordura

Guillermo Almeyra


Si un esquimal desembarcase en México, creería que el centro de la vida nacional y de la preocupación popular son las elecciones, pero éstas son, simplemente, la densa polvareda que oculta lo que está sucediendo en el país y enceguece a sus habitantes.

Por supuesto, sé que el control por el gobierno clerical reaccionario de las cámaras le permitiría cubrir, con la ficción de un manto legal, cualquier atropello a la Constitución y todas sus violaciones de los derechos ciudadanos y humanos en general. Por tanto, si usted conoce a un candidato honesto y que tenga claro qué debe impedir y qué defender, vótelo; o si alguien cree, con razón, que todos los partidos son defensores del sistema, que es precisamente lo que hay que tirar al basurero de la historia, y quiere ayudar a que las urnas se llenen de votos nulos, programáticos o simplemente "de bronca" y repudio, anule su papeleta pero, por favor, en uno o en otro caso evite caer en el fetichismo y creer que un pedazo de papel va a impedir por sí solo los planes de delincuentes cotidianos y encallecidos, entronizados por un fraude electoral gigantesco, que se mantienen y afirman en el poder mediante la violencia y la ilegalidad.

Lo que hay que cambiar es la relación de fuerzas entre los explotadores nacionales y extranjeros y sus víctimas, entre los trabajadores y los pobres, y el gobierno del gran capital. Los votos contra la dictadura de los que legislan para ellos mismos y violan todas las leyes que protegen los intereses de la mayoría y de la nación en su conjunto, en el mejor de los casos tienen un valor propagandístico y moral. Pero lo único que puede frenar la política del grupo clerical reaccionario que gobierna al servicio del capital es la resistencia, la movilización, la organización independiente de sus víctimas y la lucha por objetivos democráticos, nacionales, que sirvan para combatir al capital.

En plenas elecciones, el gobierno ha hecho pasar una ley inconstitucional más, calcada de la de Bush, que Obama dejó sin efecto. Permitió que por simple decisión policial o militar se intercepten los teléfonos o se cateen domicilios, sin orden judicial previa. Esta medida, violentamente inconstitucional, que quebranta las más elementales libertades ciudadanas, no va dirigida contra los sospechosos de ser delincuentes sino contra todos los ciudadanos, que quedan en libertad vigilada, con sus derechos suspendidos y amenazados constantemente de ser víctimas de un secuestrador informado por los que controlan su teléfono, de un asalto o un asesinato organizado desde las llamadas fuerzas de seguridad o de medidas policiales so pretexto de combatir a los narcos decididas por sus adversarios políticos.

Este atentado a la Constitución y a los derechos ciudadanos, aunque por sí mismo anula la legalidad de la campaña electoral, no levantó alguna protesta importante de ningún partido. Sin embargo, el gobierno hace política con la policía, deteniendo funcionarios en las regiones opositoras y hasta allanando las casas de gobierno, utiliza al Ejército, degradando sus funciones a las de policía, avala una justicia de clase y corrupta en sus fallos aberrantes que cubren a los mandantes y los ejecutores de las violaciones masivas de jóvenes y señoras, los asesinatos, la más cruel represión a los campesinos, como los de Atenco.

Sin embargo, mientras el gobernador asesino de Oaxaca está libre y los lazos de los Salinas de Gortari con el narcotráfico son ventilados públicamente por un ex presidente sin que nadie en el gobierno investigue nada, los agentes del capital en el poder condenan a 113 años de cárcel o a 63 años a los que califican de "líderes" de Atenco, para disuadir y aterrorizar a todos los que piensan resistir su política de hambre y de despojo.

No es posible cultivar la ilusión de que un gobierno nacido del fraude, que usa la violencia como política, sea democrático y permita elecciones libres en 2012. ¡Hay que cambiar la relación de fuerzas sociales mediante un amplio frente de todas las organizaciones por la libertad de los presos políticos y sociales; la defensa de los derechos ciudadanos, hoy pisoteados e ignorados; una política de creación de empleos; un aumento inmediato de los ingresos de los jubilados y los más pobres; leyes de emergencia que impidan suspender o despedir de sus empleos a los trabajadores, y por un plan de apoyo a los campesinos y de defensa de los recursos energéticos y naturales!

En las regiones más afectadas por la caída de las remesas, en las que los campesinos más pobres reciben un nuevo golpe, es posible organizar comités amplios que organicen autónomamente el territorio y los recursos, aseguren solidaridad a los afectados por la crisis provocada por el capitalismo y unir entre sí estos comités para el desarrollo local (si después respaldan sus acciones de modo electoral debe ser algo totalmente secundario).

El gobierno y las cámaras son fruto del fraude y, por consiguiente, están deslegitimados. La legitimidad está en manos de quienes hacen vivir este país a pesar del gobierno clerical reaccionario y de los capitalistas, pero la legitimidad sin fuerza social que la haga valer no basta. Si una empresa cierra o suspende al personal, puede ser ocupada y trabajar bajo administración de sus trabajadores, como sucede ahora mismo en Argentina. Si el gobierno decidiese desalojarlos, la ayuda de la población a los trabajadores le haría pagar caro ese intento. Decenas de Atencos impulsarían la liberación de los presos de Atenco que son rehenes del régimen. Si en todo el país millones comienzan a tomar en sus manos la solución de sus propios problemas y a organizarse y federarse, la sociedad será más fuerte y se creará poder popular. En ese caso, hasta las futuras elecciones –si se hiciesen– serán muy diferentes.