4 may 2009


Astillero
El fin (provisional) del mundo
Que siempre no
¿Zombis o rebeldes?

Julio Hernández López



El apocalipsis en puerta cedió paso a un progresivo apaciguamiento declarativo gubernamental que de cualquier manera pretende mantener vivo el virus del temor comunitario mediante la fórmula de los riesgos del repunte o de la necesaria "convivencia" prolongada con el virus varias veces bautizado. Tal como muchos suponían, el hecho real del contagio peligroso fue convertido en una sobreactuación del calderonismo (estado médico de excepción) que pareció más bien destinada a esconder bajo la alfombra sanitaria los muchos destrozos políticos y sociales recientes y a fortalecer la constante búsqueda de un régimen policiaco y militar que suministre al ocupante de Los Pinos algo de la legitimidad larga e infructuosamente perseguida y algo de control, así sea por la fuerza extrema, de los procesos electorales y sociales que se le escapan de las manos.

Conforme pasan los días asoman con más nitidez tanto el perfil tramposo con el que se manejó una crisis sanitaria como las evidencias de que el desgobierno felipense desatendió en momentos claves los indicios de que se gestaba un problema grave de salud pública. La danza descompuesta de los números de la influenza en México contrastan con lo que sucede a escala mundial. Aquí todavía nadie sabe, nadie supo, mientras en otras partes del orbe los daños y el amedrentamiento son infinitamente menores.

La epidemia del miedo logró impactar la conciencia social y desplazó de toda lupa crítica los múltiples asuntos en que se iba enredando la administración calderonista. Las campañas electorales arrancan en medio de una desazón generalizada y con una incertidumbre inyectada para desplazar los pronósticos generalizados de que el partido en el poder tendría una derrota en la conformación de la próxima Cámara de Diputados y en algunas gubernaturas significativas. El secretario de acción electoral del PAN, Felipe Calderón, se asumirá mediáticamente como el comandante en jefe de la magnificada victoria heroica (las elecciones nacionales se han cubierto de influenza, podría decir el general michoacano) y a partir de ahora podrá encabezar redituables acciones de apoyo con dinero de préstamos internacionales a los ciudadanos y las empresas afectados por los paros laborales, en una especie de Oportunidades Prelectorales a Cuenta de Epidemias.

El fin (provisional) del mundo permitió medir la capacidad de reacción de los segmentos críticos de la sociedad mexicana y el grado de dominio que es posible establecer en los segmentos más despolitizados e ignorantes. La televisión se convirtió en un medio acrítico de transmisión del libreto de angustia médica documentada que los hombres del poder suministraron. En pocos casos hubo presión periodística para ofrecer al público algo más que la voz oficial. Si acaso, en Tercer grado de Televisa hubo ciertos niveles de confrontación de lo que en el estudio les decía el locutor de noticias médicas que oficialmente es llamado secretario de Salud, aunque esa misma postura demandante no era sostenida en las comparecencias oficiales que el médico guanajuatense Córdova ofreció diariamente, una de ellas especialmente dedicada al Canal de las Estrellas, para confirmar por la noche dónde está el verdadero poder público de México.

La inoculación del virus del miedo colectivo hace que las personas se concentren en su entorno inmediato y coloquen como prioridad la conservación de sus niveles habituales de vida (por bajos que sean) y rechacen todo lo que a política y discusión riesgosa se refiera. Uniformados por el amedrentamiento inducido, los ciudadanos se convierten en zombis electorales que, en el esquema de la división de los mexicanos que tan buenos resultados dio al calderonismo a partir de 2006, están dispuestos a rechazar inclusive mediante la violencia a quienes con discursos o acciones se opongan al estatus básico de protección que ofrece el poder constituido. Si es que el PAN logra remontar la derrota electoral que todo mundo le auguraba en el próximo julio, habrá que preguntarse si la doctrina del shock arrojó a los votantes a los brazos de la autoridad "firme".

En medio de las especulaciones múltiples sobre el origen e intenciones del episodio A/H1N1, continúan navegando las versiones que apuntan a guerras bacteriológicas desatadas desde el imperio vecino, que ya no hará incursiones bélicas al estilo Irak, sino químicas y financieras (los préstamos como método de aherrojamiento de Estados fallidos) y a maniobras mercantiles de firmas trasnacionales productoras de medicamentos como Tamiflu, cuya venta reporta ganancias estratosféricas a personajes bushistas de la elite de la Casa Blanca y el Pentágono, como Donald Rumsfeld.

Y, ya para cerrar, las palabras de Marc Siegel, profesor de medicina de la Universidad de Nueva York que es especialista en gripe porcina, publicadas el pasado 1º en la contraportada del diario barcelonés La Vanguardia, bajo el título: "Esta gripe durará lo que dure en los informativos": "Tengo 52 años y he vivido y estudiado unas cuantas pandemias: ésta es de las suaves. La gripe porcina este año es benigna en todas partes menos en los medios, que sí contagian una epidemia de miedo más virulenta que nunca". Hay una "hipocondria causada por los medios de comunicación (...) y la están alimentando los estados. ¿Por qué tiene que salir todo un jefe de Estado a hablar por la tele de una vulgar gripe? Bastaría con un subsecretario; cualquier portavoz médico sería suficiente". Además (la entrevista, hecha por Lluís Amiguete, puede encontrarse en www.wikio.es/news/Marc+Siegel) recuerda: "Cada año la gripe causa miles de muertos sin que merezcan ni un segundo de televisión ni un titular ni siquiera en Internet. Les pido que utilicen su circuito humano neuronal de la razón y el sentido común y bloqueen el centro neuronal del miedo, que compartimos con los animales". ¡Hasta mañana, con los mexicanos viajando al extranjero como apestados!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx




El aprendiz de brujo


Carlos Fazio


México vive una profunda crisis general: económica, financiera, política, cultural, de seguridad. Lo extraordinario tiende a convertirse en ordinario. La política económica de Felipe Calderón, continuadora de los cuatro anteriores gobiernos neoliberales, ha conducido al país al caos y la miseria. Como nunca, por encima de partidos, clases y estamentos, esa política es rechazada por la mayoría de la población.

¿Adónde va el desgobierno de Calderón? El engaño marcha acompañado de la torpeza. No fue sólo el engaño con fines electorales en 2006. Fue también un engaño para reincidir, sin imaginación y sin grandeza, en el error. Y para acentuarlo, con el consiguiente efecto acumulativo del mal. El gobierno tiene la responsabilidad de gobernar; pero gobernar no se reduce a ocupar puestos de mando, tampoco es acallar ni reprimir. Menos militarizar el país con la excusa de "pacificarlo". Nunca las medidas de emergencia fueron solución para las crisis. No lo será tampoco la iniciativa de reforma a la Ley de Seguridad Nacional presentada al Senado por Felipe Calderón. De golpe o gradualmente, la fuerza trae la fuerza; es su ínsita lógica avasalladora. Cuando un gobierno cree o simula creer que el disgusto generalizado es obra de "agitadores" profesionales a los que identifica como "peligros para México", o cuando potencia la criminalidad y la violencia para justificar la fuerza desmedida del Ejército, en un afán por encubrir su propia debilidad e ilegitimidad cae, de manera indeludible, en una sucesión de paroxismos. Calderón confunde energía con amenazas y palos de ciego.

¿Hasta qué extremos será llevada la militarización del país? ¿La legalización de la práctica anticonstitucional de encargar la seguridad pública a las fuerzas armadas, impondrá de facto un estado de excepción que, a la postre, se convertirá en permanente? ¿En verdad se justifica la suspensión de garantías básicas como la libertad de asociación, de expresión y libre tránsito, así como la arrogación de poderes discrecionales por el Ejecutivo, con el fin de asegurar la "seguridad" y la "paz" nacionales? ¿No hay nadie en el entorno cercano de Calderón que le exija un mínimo, nada más que un mínimo, de lucidez? ¿La necesaria para cambiar el rumbo, antes de que la maquinaria que ha puesto en marcha lo haga su prisionero y lo triture? ¿Antes de que el país se vea afrontado a la desesperación o la servidumbre?

Dictadura, dice el diccionario, es el "gobierno que, invocando el interés público, se ejerce fuera de las leyes constitucionales del país". Los diccionarios no marchan siempre de par con la semántica. Las técnicas se afinan y los hechos no se compadecen con las palabras. El arte de gobernar no es el arte del boxeo. Ni siquiera en tiempos de pánico y sensacionalismo mediático inducidos por una influenza humana benigna como cortina diversionista fraudulenta. Existen ya signos ominosos. Un documento de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos exhibe la recurrencia de la tortura como método de interrogatorio, aplicada por militares en el contexto de la "guerra contra las drogas" de Calderón. A lo que se agrega el anuncio formulado por el secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, Monte Alejandro Rubido, de que el Ejército seguirá en las calles hasta 2013.

El régimen de Calderón pretende ocultar su total incapacidad tras la fuerza. Es la lógica interna del actual modelo de dominación clasista. Pero quienes gobiernan y disponen de la fuerza están más obligados que los gobernados a dominar el impulso de recurrir a la violencia. Resulta fastidioso tener que recordar verdades tan simples: que la violencia engendra más violencia. Y no hay que ser adivino: detrás de la militarización de algunos vendrá la de los demás. A propósito, cabe recordar una vez más el viejo apotegma de que las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas. Conviene agregar que las bayonetas tampoco sirven para obligar a hacer lo que no se quiere hacer. La fuerza militar no impedirá la resistencia. Y lo que es peor: la fuerza impotente y burlada puede enloquecer. Ser cada vez más fuerza desvalida y hundirse en la violencia. Esa historia ya la conocemos. Incluidos los "prestamos" del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo como complemento de una militarización made in USA, que llega ahora en clave de ASPAN e Iniciativa Mérida, santiguada por el bueno de Barack Obama.

No habrá "pacificación" mientras la crisis continúe. De manera transitoria, el garrote podrá imponer la paz. Pero será la paz de los cementerios y de las cárceles, a la postre foco inagotable de estallidos. Es verdad, sí, que la iniciativa calderonista en materia de seguridad nacional abona el camino hacia el golpismo. Por decisión propia, Calderón se ha adentrado en un tembladeral y la alternativa es inequívoca: o la violencia o el diálogo nacional. Pero el régimen no ha manifestado ninguna voluntad para dialogar o enmendar el rumbo. El inquilino de Los Pinos se considera el dueño absoluto de la fuerza y de la verdad. De a ratos practica un maniqueísmo inquisitorial. Con él está todo el país "sano" y quienes no están con él están contra él y son los agentes del caos y la anarquía. El gobierno quiere mandar, imponer, someter; para él la pacificación es amansamiento. El Estado soy yo; la ley soy yo; la justicia soy yo.

Después de haber montado la maquinaria, Calderón se considera obligado a echarle más y más combustible. Pero pronto, él y los parlamentarios que se han dejado ganar por la parálisis de la complicidad, descubrirán que el monstruo en marcha se les vendrá encima. ¿Y después? Ninguna noche de San Bartolomé ha logrado erradicar de la faz de la Tierra a esa peste que son o somos los que protestan. Después, los gobernantes de la hora, que marchan a contramano de la historia, comprobarán también que han sido otros tantos aprendices de brujo.







Una alerta que se dio demasiado tarde

Iván Restrepo


Francia sobresale por sus avances científicos. Su Instituto Pasteur goza de renombre internacional. Merecen entonces atención las palabras del director del Instituto Nacional de Vigilancia Sanitaria de ese país, Françoise Weber, quien dijo: "la epidemia de gripe humana circuló en México desde hace semanas y se detectó tardíamente, cuando llegaron los casos más graves y los decesos".

Cuidando las formas diplomáticas, la Casa Blanca afirmó que no tiene razones para dudar de que el gobierno mexicano escondiera información sobre el brote de la gripe, previo a la visita del presidente estadunidense. "No nos notificaron nada antes del viaje", aclaró Robert Gibbs, portavoz de Obama. Uno de los integrantes de su comitiva regresó infectado de gripe. Además, fuera de los informes oficiales (que todavía no alcanzan la condición de personas), nadie cree la versión de que el director del Museo Nacional de Antropología, Felipe Solís, murió de todas las enfermedades, menos de la nueva influenza.

Diego Palacio, ministro de Protección Social de Colombia, declaró que a su país le correspondía actuar como si ya tuvieran el virus, "no vaya a ser que nos pase lo que a México, que no tuvo las medidas en el momento adecuado o no las creyó necesarias y un par de semanas después emite alerta internacional". Ni a Chespirito quieren ahora en Colombia.

La consultora estadunidense Veratec Corporation, especializada en biovigilancia, informó hace un mes de un caso de influenza humana en Perote, Veracruz. Lo reportó de inmediato a la Organización Panamericana de la Salud y a la Organización Mundial de la Salud (OMS). El director de Veratec, James Wilson, fue acusado de "irresponsable" por el secretario de Salud, José Ángel Córdoba, porque no avisó al gobierno mexicano oportunamente. Wilson respondió que fue el primero en alertar sobre la presencia de dicha influenza. Y agregó: "con quien debe hablar México sobre tardanzas es con la OMS, no conmigo".

El gobierno de Brasil se quejó porque las autoridades mexicanas no informaron a tiempo sobre la presencia creciente de la gripe humana. Agenor Álvarez, director de la Agencia Sanitaria de Brasil, explicó que "hubo demora y, en casos como éste, la notificación debe ser inmediata a los demás países".

El doctor Fernando Noble, de la Clínica Londres (ciudad de México), aseguró que “estábamos alertados del brote de influenza desde inicios de año, cuando ya se manejaba como pandemia. Incluso Enrique Ruelas Barajas, del Consejo de Salubridad General de la Secretaría de Salud, pidió que los hospitales estuvieran preparados "para cualquier pandemia". Noble lamenta que las autoridades federales emitieran tarde la alerta.

En las conferencias de prensa que presiden los secretarios de Salud y del Trabajo, los periodistas transmiten las quejas de la población por la mala atención y el trato discriminatorio que reciben en hospitales y centros de salud los posibles infectados. En la radio, denuncian cobros de mil pesos y más por atenderlos, pese a que el gobierno asegura que el servicio es gratuito. En los sanatorios de provincia, en el de la Raza y en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, los empleados protestan por la falta de equipo para protegerse de la gripe.

En algunos noticiarios se acusa de negligente al titular de la Procuraduría Federal del Medio Ambiente (Profepa), quien, en vez de andar clausurando hoteles en Quintana Roo, debió tomar las medidas necesarias para evitar los graves daños que ha ocasionado a la salud pública el funcionamiento de las Granjas Carroll, ubicadas en Perote, Veracruz. Sin embargo, esa negligencia se remonta a los tiempos en que otros dos panistas sin empleo fueron convertidos de la noche a la mañana por el señor Fox en expertos en temas jurídico-ambientales: José Luis Luege e Ignacio Loyola.

Finalmente, tres preguntas: ¿quién ordenó desmantelar los institutos especializados que México tenía desde mediados de los años 50 para estudiar y enfrentar las epidemias? ¿Qué presidente desoyó la recomendación de la OMS (1999), de prepararnos para enfrentar posibles epidemias? ¿Por qué, si el gobierno tenía todo bajo control, en dos semanas murieron tantas personas por influenza humana y por otras?

Envíe sus respuestas a la residencia de Los Pinos, donde todo
se resuelve para siempre.




Decreto inconstitucional
John M. Ackerman


El sábado 24 de abril, el Ejecutivo pasó por encima de la Constitución al declarar unilateralmente un estado de excepción. Si bien las medidas que Calderón ha tomado para combatir la epidemia están plenamente justificadas, la forma en que éstas han sido implementadas implica un flagrante agravio al estado de derecho. Al negarse a conseguir la autorización del Congreso de la Unión o fijar una fecha límite para sus poderes extraordinarios, el Presidente ratifica una vez más sus propensiones dictatoriales.

El decreto presidencial violenta las garantías de libre tránsito y libre asociación, así como nuestros derechos a la privacidad y el respeto de la propiedad. Autoriza a la Secretaría de Salud "la inspección de pasajeros que puedan ser portadores de gérmenes, así como de equipajes, medios de transporte, mercancías y otros objetos". Asimismo, permite "el ingreso a todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia". También otorga facultades al gobierno para "evitar las congregaciones de personas en cualquier lugar de reunión".

El decreto permite a José Ángel Córdova Villalobos contravenir el artículo 16 constitucional, que a la letra señala que "nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento". Esta salvaguarda constitucional es esencial para evitar el abuso de autoridad. Una situación en la que el gobierno pueda ingresar a nuestras casas, interrumpir nuestras reuniones o detenernos en las calles cuando se le antoje, convirtiendo a la totalidad de los ciudadanos en presuntos implicados en algún crimen, nos acercaría claramente a un sistema autoritario.

En el caso de la actual epidemia y en aras de proteger al bien público se justifica la suspensión temporal de algunas garantías. Sin embargo, habría que tener sumo cuidado en que la autoridad no convierta la actual emergencia en un burdo pretexto para consolidar su poder y erosionar los cimientos de la democracia.

George W. Bush, experto en este tipo de ejercicios, utilizó el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 como excusa para fortalecer los poderes de la presidencia y violentar los derechos básicos de propios y extraños. En América Latina también ha sido práctica común utilizar los "estados de emergencia" para justificar actos abiertamente autoritarios. Alberto Fujimori, en Perú, fue ampliamente conocido por este tipo de acciones, incluyendo la clausura del Congreso de su país.

Atento a estos peligros, los redactores de nuestra Constitución impusieron un par de candados muy sencillos para atender situaciones como la actual. El artículo 29 señala que para poder suspender garantías, el Presidente de la República obligatoriamente debe contar con "la aprobación del Congreso" y que el estado de excepción tiene que ser únicamente "por un tiempo limitado". Calderón violó la Constitución al negarse a cumplir ambos requisitos.

El gobierno busca escudarse en el texto del artículo 73, fracción XVI, bases primera a cuarta de la Carta Magna, que señala a la letra que "en caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el país, la Secretaría de Salud tendrá la obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables, a reserva de ser después sancionadas por el Presidente de la República". Pero este texto no hace ninguna mención de la suspensión de garantías constitucionales. Una cosa es tomar medidas preventivas como informar al público sobre alguna enfermedad o cerrar escuelas. Es otra cosa completamente irrumpir en la intimidad de nuestros hogares, detener arbitrariamente a ciudadanos y prohibir reuniones públicas.

Asimismo, habría que recordar que el artículo 73 de la Constitución enumera las facultades del Congreso de la Unión, no de la Presidencia de la República. Resultaría sumamente contradictorio y paradójico, para decir lo menos, que el constituyente permanente hubiera elegido precisamente este artículo como el lugar para hacer a un lado al mismo Congreso en un tema tan delicado como la protección de nuestros derechos fundamentales. De ninguna manera podemos interpretar estos párrafos del artículo 73 como una forma para darle la vuelta a los candados incluidos en el artículo 29 mencionados arriba.

Calderón no hubiera tenido ningún problema en conseguir la autorización de los diputados y los senadores para sus medidas de emergencia. El Congreso se encontraba todavía dentro de su periodo ordinario y la clase política en general ha demostrado una gran altura y unidad en su respuesta ante la emergencia sanitaria.

La participación del Congreso hubiera sido muy benéfica, ya que habría dejado que nuestros representantes populares fueran corresponsables de la respuesta del Estado Mexicano a la crisis. Además, le habría dejado claro al Presidente que cualquier abuso del estado de emergencia sería severamente castigado. Pero en lugar de seguir las disposiciones constitucionales, Calderón decidió irse por la libre y de paso abrió un boquete más en nuestro lastimado estado de derecho.

http://www.johnackerman.blogspot.com/




Pandemia política


Gustavo Esteva



No sabemos si la llamada "gripe porcina" llegará o no a ser auténtica pandemia. Pero se consolidan ya otras dos pandemias con fuerza letal: la desinformación y el autoritarismo fuera de control.

Investigadores alemanes se atreven ya a decir que el virus recién identificado podría ser menos agresivo que el de la gripe común. Lo saben, probablemente, las autoridades de salud de todas partes. Pero no pueden ni quieren decirlo. Plantean ansiosa y compulsivamente que estamos ante un riesgo de extrema gravedad, que requiere medidas igualmente extremas. Aumentan el pánico que así inducen al aludir, directa o indirectamente, al espectro del ancestro reconocido del nuevo virus, el cual habría matado a muchos millones de personas entre 1918 y 1919. Pero este antecedente es claramente equívoco: entonces, como ahora, las personas no murieron por el virus de una "gripe porcina".

El uso arbitrario de la información sobre la "gripe porcina", con fines electorales o de control de la población, tiene otro antecedente claro. "La gripe porcina podría extenderse al mundo entero", proclamaban los titulares de los periódicos estadunidenses en 1976. El presidente Ford, en el clima de pánico que había contribuido a crear, autorizó el 12 de agosto la vacunación masiva de la población y en las siguientes semanas 40 millones de estadunidenses fueron vacunados. Sólo pudo atribuirse a la "epidemia" un muerto, pero cuando la campaña de vacunación se suspendió oficialmente el 16 de diciembre de 1976 –pasadas las elecciones– había causado ya más de 100 muertos y 200 personas paralizadas, además de toda suerte de efectos dañinos. (Ver L’Impatient, No.1, París, Nov. 1977, versión de Eneko Landaburu, www.opaybo.org y www.cdc.gov/spanish/EIS/timeline.htm)

Este efecto iatrogénico (la enfermedad creada por el terapeuta) podrá repetirse muy pronto, tanto con la vacuna que ya se ha anunciado y se lanzará al mercado sin experimentación suficiente, como con el uso recomendado de Tamiflu, que según parece sólo alivia síntomas por 36 horas y está plagado de efectos secundarios, incluyendo la muerte. (Ver, entre otros, http://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2009/04/29/Swine-Flu.aspx)

Estos hechos ilustran la conocida contraproductividad del sistema de salud, que sigue produciendo efectos contrarios a los que pretende. Corresponde también a la actitud necrófila de la biocracia reinante. Stephen Harrod Buhner (2000) presenta con elegancia la actitud alternativa: "De hecho, estamos formados por las bacterias que se nos ha enseñado a temer y que hemos tratado de exterminar desde la invención de los antibióticos. Como los científicos empiezan a aprender, apesadumbrados, no podemos matar a las bacterias que causan la enfermedad sin liquidar también toda la vida en la Tierra. Por las mismas razones, no podemos exterminar a los virus que causan enfermedades. Los virus, como las bacterias, cumplen una función esencial en la coevolución de toda la vida en el planeta. Somos nuestros virus tanto como nuestras bacterias" (p. 104). En vez de atacar al supuesto enemigo identificado necesitamos aprender a coexistir con él.

Desconfiar de las vacunas y del Tamiflu o reconocer la inutilidad del cubrebocas en el uso masivo propiciado por las autoridades no debe aumentar la ansiedad sobre el tema. Al contrario. Podemos y debemos actuar con responsabilidad ante el virus que ha mutado, mediante medidas sensatas que se encuentran al alcance general y hacen evidente la falta de fundamento del pánico generado.

El comportamiento de las autoridades y sus biócratas aliados expresa un espíritu autoritario y letal. El afán de controlar una enfermedad mal caracterizada y liquidar a su supuesto causante no es sino una variante de la obsesión de controlar por todos los medios a la población, y en su caso liquidar a quienes se aparten de la norma o se rebelen al control. La declaración del estado de emergencia, incluyendo la facultad de recurrir al ejército y la policía para sacar a los enfermos de sus casas, son muestras descabelladas y aberrantes de una mentalidad que apela a la fuerza hasta cuando es tan inútil como contraproductiva.

Esa actitud no es sólo característica de las autoridades mexicanas, cuyo autoritarismo se combina con un nivel sorprendente de incompetencia. Es pandemia. Se observa en todas partes del mundo. La matanza de 300 mil puercos en Egipto podrá convertirse en símbolo de la insensatez y tontería que contagiaron a los dirigentes políticos en estos días. Sus decisiones aparecen como respuesta refleja ante su falta general de legitimidad, la proliferación del descontento y la creciente rebelión de los insumisos. Necesitamos reaccionar con serenidad y lucidez, en vez de angustia o temor. Ayuda también el sentido del humor, al constatar la influenza de ridícula confusión que sufren allá arriba.

gustavoesteva@gmail.com








E D I T O R I A L


Por qué sólo mueren mexicanos




La pregunta ha sido formulada en distintos países, entre los que se cuenta, por supuesto, el nuestro: ¿por qué el virus A/H1N1, que según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha infectado a 898 personas en el mundo, ha resultado letal únicamente en poco más de una veintena de los 506 mexicanos contagiados? La primera respuesta podría ser –dando por cierto que las autoridades nacionales actuaron con la celeridad que se requería– el "factor sorpresa" en el surgimiento de la epidemia.

Sin embargo, en días posteriores a la declaración de emergencia sanitaria del pasado 23 de abril, el sistema de salud pública nacional exhibió un patrón de ineficiencia: falta de capacidad en casi todos los ámbitos (diagnóstico oportuno, material de protección para el personal, seguimiento de contagios y laboratorios adecuados). Además, han salido a la luz pública relatos indignantes de apatía y soberbia médico-burocrática hacia algunos de los enfermos, así como cobros que podrán ser reglamentarios, pero que resultan absolutamente fuera de lugar en el contexto de una crisis de salud pública como la actual. Por otra parte, el Ejecutivo federal ha actuado sin conocer la importancia de la información precisa, puntual y transparente en circunstancias críticas, en una patente descoordinación con los gobiernos estatales, con una grave tendencia a las colisiones declarativas, entre sus propios funcionarios, y con una desoladora insensibilidad ante los impactos económicos de la epidemia en una población ya afectada por la crisis global y por los saldos del desastre de más de dos décadas de políticas económicas neoliberales.

Por fortuna, el A/H1N1 parece ser menos contagioso y mortífero de lo que se temió en un principio, pero de cualquier forma su surgimiento ha dejado al descubierto un sistema de salud pública devastado por el pensamiento privatizador dominante, por la corrupción inveterada, por la arrogancia de los gobernantes y por su desprecio a la población de ingresos insuficientes, que en México es la gran mayoría.

Ante la demolición deliberada de la estructura de bienestar social y de una política de salud pública dirigida al conjunto de los habitantes –y la adopción de esquemas de atención individuales y demagógicos, como el Seguro Popular–, el Estado no puede reaccionar con la precisión, la puntualidad ni la coordinación que se requiere en circunstancias actuales, y se vuelven inevitables los retrasos fatales en el diagnóstico y en la administración de tratamientos adecuados. A ello debe sumarse la insatisfactoria condición física de muchísimas personas, en un país en el que no se cumple el precepto constitucional de la salud como un derecho inalienable.

Si la mitad o la cuarta parte de los fondos destinados al rescate bancario –en el contexto del Fobaproa-IPAB, legalizado por los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional– se hubiesen dedicado a remozar y construir clínicas y hospitales, a financiar a las instituciones de salud pública, a restablecer centros de investigación suprimidos por el salinato y a crear sistemas de monitoreo epidemiológico, la actual emergencia habría encontrado a México mucho mejor preparado, y es posible que –como ocurre ahora en las naciones ricas y hasta en algunas con subdesarrollo similar o peor que el nuestro– los infectados por el A/H1N1 habrían podido ser atendidos en forma oportuna y eficaz.

Las lecciones de la epidemia son inocultables. No sólo es necesario restructurar –vista su inoperancia– el sector salud público, sino que se requiere también, y con urgencia, emprender un inequívoco cambio de rumbo en materia económica, aplicar el principio harto conocido de que la principal riqueza de un país reside en su población, y que es en ella y en la elevación general de su nivel de vida, por tanto, donde deben realizarse las principales y más significativas inversiones, y no en subsidiar al capital especulador ni a los poderes fácticos, ni en financiar gastos corrientes desproporcionados y ofensivos. De otro modo, la próxima epidemia –es un hecho que ocurrirá, aunque nadie sepa en qué momento– podría ser devastadora.







3 may 2009




Advirtió la OMS a FeCal

* La Organización Mundial de la Salud avisó al gobierno ilegítimo de Felipe Calderón que en México había casos inusuales de neumonía desde el 11 de abril, revela un reporte presentado en Ginebra y cuya grabación está en poder de POR ESTO! / Las autoridades espurias respondieron que “se trataba de incidentes menores”

* Seis días más tarde, los fecalistas volvieron a desestimar otra alerta de la OMS sobre un caso preocupante en Oaxaca

* Recuento cronológico de las comunicaciones entre el gobierno fecalista y el organismo internacional, relacionadas con la influenza y la actual alerta sanitaria en todo el país

BRUSELAS, Bélgica, 2 de mayo (REFORMA/UNIVERSAL).- La Organización Mundial de la Salud (OMS) avisó a México de casos inusuales de neumonía desde el 11 de abril, pero las autoridades espurias respondieron que se trataban de incidentes menores, según un reporte presentado en Ginebra y cuya grabación está en manos de POR ESTO!









Un servicio de salud cómplice del virus


El brote del H1N1 descubre las carencias de la sanidad de México

Ir al médico suele ser una pérdida de tiempo y dinero



Hace dos días que la gripe no mata a nadie en México. Ya se sabe que las muertes confirmadas son 16, pero unas jornadas atrás -cuando el Gobierno barajaba una cifra de hasta 160 fallecimientos atribuibles al nuevo virus-, los periodistas preguntaban una y otra vez a cuanto responsable institucional se les ponía delante: ¿Por qué está muriendo gente en México y en otros países no? La respuesta siempre era la misma: "Porque los enfermos llegan tarde al hospital, cuando ya no se puede hacer nada por ellos". A los periodistas -también al que suscribe- se les olvidaba insistir con una pregunta capital: ¿y por qué llegan tarde?

Vaya por delante una pista. O mejor, dos. El caso de Manuel y el de Óscar. Manuel tiene 63 años. El martes día 21 de abril se sintió mal, con los síntomas de una gripe. El miércoles, empeoró. El jueves, ya estaba fatal. "Mi esposa me llevó con el doctor César Decanini, a su consultorio del Hospital Inglés. En cuanto me revisó, me dijo: yo creo que es influenza. Voy a buscar al especialista". Unos minutos más tarde, Manuel era sometido a pruebas de sangre, radiografías, tomografía, suero, medición de la capacidad respiratoria... "A las diez de la noche, el prestigiado médico neumólogo Eulo Lupi me informa que debo ser hospitalizado, que mi capacidad respiratoria está al 50% y que los pulmones se están deteriorando con rapidez. Por suerte, el doctor Decanini tenía en su consultorio una caja del antiviral indicado. Tomé la pastilla".

El segundo caso es el de Óscar. Cinco años y siete meses. El jueves 16 de abril, el niño se puso mal. Su madre lo llevó a la clínica 11 del Seguro Social. "No lo quisieron recibir", cuenta su tía, "porque no tenía fiebre. Nos dijeron que era una gripe normal". Por la tarde, Óscar empezó a vomitar y lo llevaron a otra clínica del Seguro Social. Tampoco lo atendieron. Al día siguiente, a las seis de la mañana, Óscar empezó a sufrir convulsiones y, entonces sí, lo ingresaron de urgencia. Cinco horas después el niño ya estaba muy grave con un cuadro de neumonía. Lo pasaron a un cuarto de Terapia Intensiva... junto con otros ocho niños.

Casi no es necesario decir que Manuel se salvó. Óscar, en cambio, murió a los nueve días de sentir los primeros síntomas, tras sufrir un calvario de hospital en hospital. Manuel es dirigente de un importante partido político, fue secretario (ministro) de Relaciones Exteriores, diputado federal y hasta candidato a la presidencia de la República. Óscar, en cambio, era el hijo menor de una familia sin recursos.

¿Quiere decir esto que en México están sobreviviendo los ricos y muriendo los pobres? No hay datos para responder con certeza a esa pregunta. Entre otras cosas, porque el Gobierno tiene guardada la lista de los 16 fallecidos en un cofre con siete cerrojos. Según el secretario de Salud, José Ángel Córdova, el mutismo sobre la identidad de las víctimas intenta evitar "la estigmatización" de sus familias. Pero lo que sí es incontestable es que fuera de México se están detectando muchos casos de influenza y, salvo en Estados Unidos -donde sí falleció un niño mexicano de 23 meses-, nadie ha muerto por el momento. Más allá del desenlace, lo que sí demuestran de forma muy gráfica los casos de Manuel y de Óscar es la forma del mexicano de enfrentarse a la enfermedad.

Durante los últimos días, inspectores de la Organización Mundial de la Salud han recorrido los estados de México donde se han producido casos de esta gripe -mortales o no- intentando descubrir algún común denominador entre las víctimas. No lo han encontrado de una forma determinante, aunque uno de ellos ofrece su sensación sobre el terreno. "Está muriendo gente pobre. ¿Por qué? Porque es la gente que está acostumbrada a ponerse enferma, a pasar gripes más o menos fuertes y no ir al médico. Si los mismos síntomas los tiene un soldado de una base americana, en 10 minutos está en la enfermería. Es una cuestión de costumbres sociales. La gente sabe que acercarse al médico cuesta dinero".

Hay una frase muy común en México entre las clases más humildes: "Tú te puedes sentir mal, pero no te puedes enfermar". La enfermedad es una ruina. Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico -salvo para las clases exclusivas que disponen de seguro médico y hospitales de lujo- supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero.

México ha crecido mucho en los últimos años y hasta se trata de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Pero ese estirón no está siendo homogéneo. Para desesperación de sus gobernantes y vergüenza de sus conciudadanos, la imagen que México está ofreciendo estos días al mundo es la de un gigante al que se le quedaron cortos los pantalones. Estos días de angustia están dejando al descubierto las pantorrillas del sistema. La guerra al narcotráfico dejó casi en el olvido que un 40% de sus 100 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta. Y el brote de la gripe está poniendo al descubierto que el sistema de salud no está a la altura de las circunstancias.

¿Qué hace un mexicano cuando se siente enfermo? Lo que viene a continuación es la síntesis de un sondeo realizado entre vecinos del Distrito Federal con distintos niveles de ingresos. Lo primero que hace, coinciden todos, es aguantar. A ver si se pasa la fiebre, a ver si con un vaso de leche caliente y una buena cura de sueño... Lo siguiente es acudir a la farmacia.

La cuestión farmacéutica merecería capítulo aparte. Los medicamentos en México son más caros que en Europa y que en la mayoría de los países de su entorno, pero tienen una.. ¿ventaja?: se venden sin receta en cualquier esquina. Hay cadenas de farmacias que están abiertas a todas horas. Y disponen de todo. Desde ansiolíticos hasta Viagra. Para fomentar el consumo de sus productos, los dependientes ofrecen de vez en cuando muestras gratuitas a sus clientes. De la misma forma que en un supermercado se convida al cliente a una porción de queso manchego. Antes de que se asustaran por los crímenes del narcotráfico, los norteamericanos cruzaban la frontera en romería para abastecerse de toda clase de potingues.

La segunda opción -si el medicamento no ha hecho efecto-es mover "la palanca". La traducción al español peninsular sería "buscar un enchufe". El mexicano es experto en eso. No por afición, sino por necesidad. Una vez que se llega al consultorio o al hospital, y hasta cuando los casos son graves, es fundamental buscar a un amigo que agilice los trámites para ver al doctor.

Los mexicanos saben -y así lo atestiguan las encuestas- que sus médicos son buenos, incluso muy buenos, y que los hospitales del servicio sanitario disponen de instrumental moderno y eficaz, pero no suficiente. De hecho, el paciente tiene que pagar en muchos casos parte del tratamiento. "A mí me pasó el otro día", explica el padre de un muchacho que estuvo ingresado recientemente, "la atención fue muy buena, pero el hospital no disponía de determinadas medicinas que le hacían falta a mi hijo. Me dijeron que la única solución era que yo las consiguiera en el exterior. No se trataba de un caso de corrupción ni de negocio encubierto. Sencillamente, no disponían de ellas. Así que salí del hospital, fui a la farmacia de enfrente y las compré". En ocasiones, el paciente tiene que seguir idéntico método para conseguir las gasas que se van a usar en su operación y hasta la válvula que le van a implantar.

Un porcentaje considerable de médicos mexicanos trabaja media jornada en la sanidad privada -hospitales al nivel de los mejores de Estados Unidos o de Europa- y la otra media en la pública. "El sistema es perverso", admite uno de los doctores que practica el doblete, "pero funciona. A veces, a mi consulta del Seguro Social llega una persona con una dolencia determinada. Yo la atiendo, pero tanto esa persona como yo sabemos que, cuando salga de mi consulta, la próxima cita ya no se producirá hasta dentro de semanas o incluso meses. ¿La solución? Que la próxima cita sea en mi consulta privada. En el caso de que necesite ser intervenido quirúrgicamente, yo intentaré -si veo que esa persona no tiene los recursos suficientes- traspasarla de nuevo al sistema público, para que sea operada de forma gratuita...". El sistema está tan acostumbrado a funcionar con ese juego de palancas que los dos grandes servicios paralelos de salud -uno para los trabajadores comunes y otros para los funcionarios públicos- disponen de personas que facilitan el mecanismo a colectivos determinados como periodistas o políticos...

Todo iba funcionando gracias a un sistema de equilibrios fascinante -como tantas otras cosas en México- hasta que llegó la epidemia de gripe. Todo el mundo se percató de las graves fallas del sistema. Los laboratorios para analizar el virus no funcionaron y las muestras tuvieron que enviarse a Estados Unidos y Canadá. El Gobierno dispone de un millón de tratamientos antivirales, pero eso sólo supone que puede atender a un 1% de la población... El país que quería salir en la foto de los más grandes se ve obligado a reconocer que necesita con urgencia que el mundo le facilite millones de dosis de antivirales, 200 millones de mascarillas, cantidades ingentes de pañuelos desechables...

Desgraciadamente, en apenas dos semanas ha cambiado radicalmente la imagen de México en el mundo. De los abrazos con Barack Obama, el presidente Felipe Calderón ha pasado a estar prácticamente enclaustrado en su residencia oficial de Los Pinos. De su voluntad dependerá la fecha en que los 33 millones de estudiantes y los dos millones de profesores regresen a las aulas. Será una decisión complicada. Tan difícil que dicen que le provoca un gran malestar y arrebatos de mal genio. ¿Está el sistema de salud preparado para decirle al presidente de la República la fecha en que los niños mexicanos puedan volver seguros a la escuela
?




El despertar


Lejos de la peste




José Agustín Ortiz Pinchetti


Las grandes epidemias han marcado la historia de México con crueldad. Durante la Colonia redujeron la población indígena de 20 millones a 3.5. En forma recurrente regresaron para aniquilar a miles y para detener el progreso. Durante la Revolución, la influenza española se llevó a millones en 1918 y los campesinos la vinculan con los desastres de la guerra. Hablan de los 4 jinetes del Apocalipsis. Hoy, la capital despoblada y temerosa respira penosamente como un enfermo bajo la canícula y el viento que arrastra el polvo. El costo sobre una economía maltrecha será grave. El gobierno intentará aprovechar para dar golpes mediáticos. Ha enviado un conjunto de iniciativas al Senado que no han provocado el repudio que se merecían. Se intenta militarizar el país y amenazar a quien desafíe el orden vigente aun por las vías pacíficas. Hay escasez de materiales preventivos y mal trato a los enfermos. El sistema de salud ha sido desarticulado por la política reaccionaria.

Lejos de todo esto, hemos regresado a trabajar a los comités municipales obradoristas en Puebla. Nuestros compañeros lo están haciendo en todo el país. A los que venimos de la ciudad de México contaminados por tantas calamidades, incluyendo las opiniones de los "expertos", nos purifica este duro y fructífero trabajo en la base. Estamos tocando la mejor veta del pueblo de México.

Tengo amigos priístas y me siento orgulloso de su amistad. Algunos nos preguntan sobre nuestros métodos para constituir los comités. Se asombran que no ofrezcamos nada, sino trabajo, dignidad y capacitación. Muchos de ellos han formado comités municipales del priísmo. Lo han hecho con apoyo de los presidentes municipales y gobernadores priístas. Convocan a un pequeño grupo y reparten dinero a los que ven que tienen más agallas. Ellos serán los responsables del comité. El apoyo de las autoridades es inapreciable, les dan chamba a los miembros del comité y facilitan sus gestorías.

La partidocracia vigente supone que la gente no entiende sin "incentivos". Que todos se acercan a la política "para ver qué sacan". Lo contrario es quijotismo. Y según ellos no funciona. Las causas, los ideales, se diluyen. De ahí que los partidos realmente existentes se parezcan tanto entre sí y sean repudiados por la gente. Nosotros estamos comprobando que en México hay una corriente poderosa, aunque no mayoritaria, de gente patriota y desinteresada que no cuadra con la opinión escéptica y cínica. Suponemos que la convocatoria de Andrés Manuel López Obrador tiene, entre otras cosas, el poder de mover a los que están hartos de la politiquería. Son los indicios de una nueva clase política.

jaorpin@yahoo.com.mx




La confusión como forma de gobierno


Arnaldo Córdova




Ya se va volviendo una aburrida rutina ver actuar a los panistas en el gobierno (y también a sus socios priístas) ante situaciones de emergencia poseídos por la más ciega y desarmante confusión. Desde luego, dan muestras claras de que no saben ni por dónde les llegó el desastre y después balbucean de mil modos que no entienden de qué se trata y que los esperemos tantito para poder darnos alguna información. Eso se ha podido ver al brotar la epidemia de influenza porcina (la Organización Mundial de la Salud recomendó que se le llamara "humana", para no ofender a los porcicultores).

Primero no supieron por qué en meses recientes estaban muriendo por neumonía muchas más personas que antes y algunas se consideraban saludables. Los afectados por toda clase de enfermedades respiratorias se incrementaron varias veces cuando no había razones aparentes que lo explicaran. En la OMS y en muchos centros de investigación epidemiológica se alertaba ya desde hace años sobre la posibilidad de que brotara en cualquier parte del planeta una pandemia de alguna forma de influenza que no necesariamente sería como las ya conocidas.

En México la prensa y algunos medios de comunicación informaban de ese incremento de las enfermedades respiratorias y comenzaron a sonar algunos casos raros que, como ocurría en ciertas regiones del país, se atribuían a fenómenos de contaminación ambiental. Uno tiene especial relevancia, no sólo por lo que ha resultado, sino por su historia. En el poblado de La Gloria, cerca de Perote y a 10 kilómetros de las granjas porcinas Carroll, desde hace años se organizó un movimiento cívico que tenía por objeto la denuncia de la contaminación que esas granjas ocasionaban y sus dañinos efectos sobre la salud de los pobladores. El pasado 9 de marzo apareció un raro brote de enfermedades respiratorias. Seiscientos pobladores (son en total 5 mil) se enfermaron, entre ellos el niño Édgar Hernández, el primero al que se le detectó la nueva influenza.

Ese asunto debió atenderlo en primera instancia el gobierno veracruzano y hacerlo del conocimiento del federal. No podía esperarse algo así, pues en La Gloria todo mundo recuerda que Fidel Herrera se opuso perrunamente al movimiento que denunciaba a las Granjas Carroll y hoy varios pobladores están sujetos a proceso por ataques a las vías generales de comunicación. De cualquier modo, el gobierno federal era el mayor obligado a atender este gravísimo caso de salud pública. Los servicios médicos locales enviaron muestras al único laboratorio de los llamados de nivel 3 que hay en México y cuya misión es precisamente la investigación de este tipo de enfermedades. Ese laboratorio se ubica, justo, en el puerto de Veracruz.

Después de mucho tiempo, demasiado para la contingencia, no se pudo saber en ese laboratorio de qué se trataba. Las muestras fueron enviadas a otro en Winnipeg, Canadá, que nos dio la mala nueva: estábamos en presencia de una nueva cepa a la que se llamó porcina y lo detectaron en primer lugar en la muestra del niño Hernández. Cuando el secretario Córdova fue informado de los resultados de los análisis debe haberse caído de alguna nube. Al día siguiente tronó la noticia: en México había brotado la epidemia y los muertos ya se contaban por más de un centenar. Algunos médicos eminentes trataron de llamar la atención de que las muertes eran, en general, por neumonía, pero no todas atribuibles al nuevo brote. Todavía el domingo pasado La Jornada informaba de 68 a 81 muertos en un día y de enfermos en números de mil 4 a mil 324.


Joven con cubrebocas, ayer en la ciudad de MéxicoFoto José Antonio López






Unos días después y ya apercibido de que no todos los muertos son iguales, aunque se parezcan, el secretario de Salud balbuceó que, en realidad, los muertos por el brote eran siete. Como no daba mayores explicaciones, los ciudadanos, empavorecidos e indignados, calificaron sus cuentas de una burla. El gobernador Herrera se alcanzó la puntada de afirmar, con cierta chacota, que la cepa había surgido en China. Lo que él busca, desde luego, es que a las Granjas Carroll no se las investigue (por cierto, esa compañía hace por sí misma sus evaluaciones, las cuales siempre se dan por ciertas). Todos los pobladores de La Gloria, en lucha desde 2004, han denunciado que las tinajas en tierra en las que se depositan los detritos y los restos de los animales no tienen ningún tratamiento y están expuestas al aire libre contaminando toda la región.

Ya se han dado más de tres mil casos de probables contagiados. Cuatro días después de que se dio la alerta se instaló un laboratorio para el análisis de muestras. Antes no se pensó en instalarlo. Se dice que otros cinco se instalarán. Se requeriría para un seguimiento eficaz de la enfermedad de un mínimo de 500 muestras diarias en el país. El que ahora funciona sólo es capaz de dar 15 de ellas. Tampoco hay existencia de medicamentos (en especial, antivirales) ni utensilios con los cuales curarse o protegerse. La de los tapabocas es ya una anécdota del folclor popular. De repente se esfumaron y se volvieron carísimos. No hay las reservas de medicamentos que desde hace años se estimó prudente tener para una eventualidad de este tipo. Ahora se nos dice que la vacuna contra este nuevo mal podrá estar lista hasta dentro de unos seis meses.

La imprevisión, la incuria, la improvisación, la desorganización y la estupidez se han vuelto los signos de las administraciones panistas y de sus aliados priístas. La población está asustada, desesperada por no saber qué es lo que puede y debe hacer para protegerse y de sus gobernantes derechistas espera cada vez menos pues siempre salen con la misma batea de babas. La epidemia, a un paso de volverse pandemia, ha castigado también a los negocios. El cierre de un restaurante por más de cinco días significa condenar a la quiebra a sus dueños. Los grandes tiburones siempre se las arreglan para salir bien librados, además cuentan con el apoyo servil y rastrero de los gobiernos de derecha.

El Estado existe para organizar y regular a la sociedad en sus múltiples actividades; para defenderla de sí misma cuando sus elementos comienzan a agredirse y a destruirse; para protegerla del exterior en cualquier circunstancia, no necesariamente en una guerra; para dirigirla en sus capacidades de autodefensa y de autorganización. El Estado de derecha que hoy gobierna a México ha demostrado que sólo sirve para amamantar a los que lo poseen todo, protegerlos contra su propia sociedad y salvarlos de la ruina a que sus propios excesos los exponen. La derecha es buena para saquear lo que es de todos, pero es inepta para gobernar.



Lean esto , no todo es la mentada epidemia :




Técnicos y profesionistas de Pemex, hoy


Antonio Gershenson



El 18 de marzo de 2008 se constituyó, a partir de una asamblea nacional llevada a cabo en un auditorio de la Cámara de Diputados, la Unión Nacional de Trabajadores y Profesionistas Petroleros, UNTYPP. Este hecho casi coincidió con el inicio de la gran confrontación que se dio a partir del envío de la llamada reforma energética, en realidad iniciativas de reforma de varias leyes relacionadas con Pemex. En su momento escribimos en este espacio sobre el asunto. Objetivamente, la polémica nacional sobre el petróleo retrasó los principales golpes contra la unión por parte de los funcionarios de Pemex, y simplemente la solicitud de que se tomara nota de la existencia legal de la unión fue siendo diferida en la Secretaría del Trabajo.

Poco después de que terminó el proceso legislativo en las cámaras, a partir del 14 de noviembre de 2008, empezaron los ataques contra dirigentes y miembros de la unión. Fueron desalojados de sus centros de trabajo, con amenazas e incluso mediante la violencia, un número creciente de ellos. El 18 de noviembre la unión solicitó su registro, en vista de que había cumplido los requisitos legales y habían transcurrido los 60 días que la ley marca como límite, sin respuesta.

Los funcionarios de Pemex pretendieron usar la táctica de "la zanahoria y el garrote", ofreciendo reinstalaciones a cambio de renuncias a la unión. Para seguir ganando tiempo, las autoridades de Trabajo pidieron una y otra aclaraciones. Ya terminado el periodo de sesiones de las cámaras legislativas y prácticamente durante las vacaciones de fin de año, el 19 de noviembre de 2008 la autoridad laboral negó el registro.

La unión tiene a su favor no sólo la Ley Federal del Trabajo, que defiende el derecho de asociación y fija con precisión las posibles causas para negar el registro, sino también tesis jurídicas de fallos anteriores y tratados y convenios internacionales suscritos por México. Todos estos elementos se usaron en la solicitud de amparo. A este respecto, recordamos que el asunto de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez ahora ya está en un tribunal internacional, o sea que las autoridades mexicanas no necesariamente van a tener la última palabra. De modo que el amparo que se interpuso contra la negativa de registro, que está por ser resuelto en estos días, será un paso importante, pero no necesariamente el último. Y, claro, al difundir el problema tratamos de contribuir a una solución justa y de respeto al derecho de asociación de los trabajadores.

Esta parte del proceso laboral coincide, también, con un periodo en el que hay definiciones políticas y negocios dudosamente legales por parte de los funcionarios de Pemex. Ya cuando los contratos de servicios múltiples para el gas en la región de Burgos, la cual fue repartida entre seis empresas extranjeras, vimos, y vemos, la demanda de amparo por parte de una asociación de petroleros, contra el contrato de la trasnacional española Repsol, que tiene muchos otros negocios en México.

Pues ahora hay una nueva serie de contratos de servicios múltiples. En su documentación oficial en español Pemex no usa el término, pero fuentes de información en inglés sí lo usan, "multiple service contracts". Este término sólo se aplica a los contratos de Chicontepec, y no a los de Cantarell y otras zonas. Reuniendo información de diferentes fuentes, y calculando el número de pozos en casos en que la fuente en cuestión no lo estima, hemos señalado los siguientes.

Primer contrato, otorgado a Schlumberger el 13 de junio de 2007, precio contratado a pagar por Pemex, mil 395 millones de dólares, duración cuatro años, aproximadamente mil pozos a perforar.

Segundo y tercero, otorgados a Weatherford el 25 de junio de 2008, precios contratados, el segundo contrato 612 millones de pesos más 357 millones de dólares, ambos más IVA; el tercero, 632 millones de pesos más 386 millones de dólares, ambos más IVA, tiempo de ejecución para ambos contratos, del primero de julio de 2008 al 31 de diciembre de 2009. Aproximadamente 300 pozos por cada contrato.

Cuarto contrato, adjudicado a Schlumberger el pasado 10 de marzo, precio 687 millones de dólares. Tiempo: del primero de abril de 2009 al 30 de junio de 2012. Prevé 500 pozos.

Quinto contrato, otorgado a Weatherford el 27 de marzo de 2009, precio 646 millones de dólares, tiempo de obra del 15 de abril pasado al 14 de julio de 2012. Incluye 500 pozos.

Hay que notar algunas cosas: este tipo de contratos se ha aplicado antes, durante y después del proceso legislativo, que supuestamente iba a fijar las reglas para los contratos, entre otras cosas. No les importó, ellos "voy derecho y no me quito", con o sin reformas legales. El proceso lleva del orden de dos años, suma hasta el momento aproximadamente 2 mil 600 pozos contratados, mucho más que todo el resto de los iniciados, avanzados o terminados en todo el resto del país en esos periodos. Y los cinco contratos se han repartido entre sólo dos empresas trasnacionales.

La subsistencia y desarrollo de la UNTYPP implica una fuerza que tiene facultades legales, como parte afectada que son, de solicitar amparos contra esos y otros atropellos a Pemex. No está de por medio sólo el derecho de asociación, que es básico. También, un posible impugnador legal de estos contratos, como ya sucedió con otra organización petrolera en el caso de Repsol.

gershen@servidor.unam.mx











Tres años de injusticias


Hoy hace tres años, un operativo realizado en Texcoco, estado de México, para desalojar a un grupo de floricultores apoyados por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, derivó en uno de los más vergonzosos episodios de represión y abuso de la violencia por parte del Estado de cuantos se registran en la historia reciente de nuestro país. A la madrugada siguiente, 4 de mayo de 2006, la brutalidad policiaca se abatió sobre los habitantes de San Salvador Atenco: más de tres mil miembros de las fuerzas de seguridad estatal y federal irrumpieron en esa localidad, apalearon salvajemente a decenas de pobladores –hombres y mujeres–, ingresaron ilegalmente a domicilios particulares y los saquearon, destrozaron cuanto encontraron a su paso y detuvieron de manera por demás arbitraria a decenas de personas. En los días posteriores, organismos de defensa de los derechos humanos, activistas sociales y pobladores de Atenco documentaron y denunciaron cientos de atropellos cometidos por las autoridades policiacas: golpizas, allanamientos, violaciones y otros abusos sexuales, incomunicaciones carcelarias, fabricación de delitos, tortura física y sicológica, y un posible homicidio.

La brutalidad exhibida en la localidad mexiquense terminó por evidenciar el carácter represor de los gobiernos de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, y mostró la proclividad del primero a erigirse en violador sistemático de los derechos humanos; así se había manifestado ya en la siderúrgica Sicartsa, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, y se confirmó en las postrimerías del anterior sexenio en la capital oaxaqueña. Hoy prevalece la percepción generalizada de que la violencia en Atenco no fue un intento por "restablecer el orden", como se pretendió en su momento, sino un acto de venganza política contra una población insumisa que entre 2001 y 2002 se opuso férrea y exitosamente al designio de construir un aeropuerto en sus tierras.

A tres años de estos acontecimientos, Atenco es una herida abierta que transpira impunidad. Hasta ahora, las instancias de procuración e impartición de justicia nada han hecho por sancionar a los responsables políticos, intelectuales y materiales de los graves atropellos sufridos por centenares de personas, miembros o no del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra: por el contrario, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó, en febrero pasado, cerrar la discusión en torno al episodio de represión y barbarie en el poblado mexiquense y, por consiguiente, exculpó a Enrique Peña Nieto, gobernador del estado de México; Eduardo Medina Mora, secretario de Seguridad Pública federal en el foxismo y actual procurador general de la República; Wilfrido Robledo, entonces titular de la Agencia de Seguridad Estatal mexiquense; Abel Villicaña, ex procurador estatal, y Miguel Ángel Yunes, quien se desempeñaba como subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad Pública federal, entre otros integrantes de los gobiernos federal y estatal.

Este fallo del máximo tribunal contrasta con el encarnizamiento judicial de que han sido objeto algunos de los dirigentes e integrantes del movimiento atenquense, quienes han enfrentado procesos irregulares y han sido víctimas de un uso faccioso de la ley, como se refleja en la invención de aberraciones jurídicas en su contra, como el delito de "secuestro equiparado", así como la aplicación, en algunos casos, de condenas excesivas y medidas de control carcelario como las que se aplican a homicidas y narcotraficantes. Los hechos de Atenco han venido a confirmar la continuidad de una línea –que data, al igual que la impunidad, desde tiempos del priísmo– de criminalización de la protesta social, ensañamiento contra disidentes y subordinación del Poder Judicial a los designios del Ejecutivo.

Sin embargo, a pesar de las intimidaciones y la persecución; de la represión y la fabricación de delitos; de la violencia y el hostigamiento, el movimiento atenquense sigue vivo, los habitantes de esa comunidad continúan reivindicando las demandas de libertad y justicia para sus presos políticos, y un amplio sector de la población mantiene vivo el repudio y la indignación que generaron los sucesos de mayo de 2006.

En los 36 meses recientes, la sociedad mexicana ha presenciado mediante la lente de Atenco el encumbramiento de la injusticia y la impunidad, el derrumbe de la credibilidad de las instituciones y la confirmación de un sistema político que brinda protección a los sospechosos más poderosos e influyentes; pero todo ello acabará, tarde o temprano, por pasar factura a un gobierno que se ha mostrado inoperante para desactivar conflictos sociales; insensible, represor y falto de capacidad o de voluntad para hacer valer la ley, la vigencia de las garantías individuales y el estado de derecho.



2 may 2009


Desfiladero
Ifluenza: los nombres de los muertos
Jaime Avilés

Ante todo, el brote de influenza que ha cambiado la vida (y la muerte) del país, es una denuncia mundial del saqueo y la devastación que millones de mexicanos hemos sufrido despiadada y sistemáticamente a lo largo de los recientes 27 años y que hoy nos ha convertido en un foco de infección para la humanidad. Era lógico que ocurriera esto. No podía tener sino consecuencias catastróficas el ejercicio de una política irresponsable que empobreció a 100 millones de personas, día tras día, hasta no dejarle a las grandes mayorías hambrientas otra salida que la emigración o el narcotráfico.

Durante el sexenio de Vicente Fox, México recibió las más abundantes ganancias de su historia por la venta de petróleo en el exterior, pero no quedó absolutamente nada de eso: el grueso del dinero fue utilizado para devolver a los más ricos de los ricos los impuestos que habían pagado; el resto, la propina, está en las trancas y el estiércol de un rancho en Guanajuato, en las empresas de los hijos de Marta Sahagún y en las cuentas bancarias de los hombres y mujeres del régimen.

En cambio, aquí, no existe un solo laboratorio, ni siquiera en la UNAM, capaz de detectar la mutación de un virus como el de la influenza porcina, que tras el exterminio de cerdos ordenado por el fanatismo del gobierno de Egipto, ahora se llama A/H1N1, para que nadie culpe a nadie. Como bien lo han documentado Enrique Galván Ochoa y Luis Linares Zapata en las páginas de este diario a lo largo de esta semana insólita, en México existía una empresa paraestatal denominada Birmex (Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México), que según su portal electrónico surtía "las vacunas, sueros, inmunoglobulinas y reactivos de diagnóstico que requieren los organismos públicos descentralizados de salud de los estados que integran la República Mexicana", y que en los hechos fue desmantelada por Fox.

Antes de éste, Zedillo acabó con el Instituto Nacional de Higiene y con el Instituto Nacional de Virología, que se dedicaban a la investigación científica de las cepas virales y al diseño de vacunas para combatirlas. Hoy no tenemos nada de eso. Los primeros casos de influenza en la ciudad de México no fueron detectados, entre otras cosas, porque la Secretaría de Salud no contaba con herramientas para identificarlos. Y no fue sino hasta días después cuando la multiplicación de los contagios y los primeros decesos movieron al médico del régimen –el siempre limitado y titubeante José Ángel Córdova Villalobos– a enviar muestras clínicas a laboratorios de Canadá, para que desde allá nos hicieran el favor de avisar qué era lo que estaba provocando esta gripe desconocida.

El planeta entero está asombrado porque, 10 días después del terrorista mensaje de Córdova Villalobos el jueves de la semana pasada a las 11 de la noche, el "gobierno" (o lo que que sea) de Felipe Calderón todavía no ha revelado cómo se llamaba ni siquiera una de las víctimas fatales del virus de la gripe mexicana, como tarde o temprano esta plaga será recordada por la historia. Después de un accidente aéreo, de un camionazo, de un terremoto, de una inundación, de un incendio, las autoridades suelen dar a conocer los nombres de los muertos. Pero en esta ocasión no lo han hecho y nadie sabe explicarse por qué.

No hace falta ser muy suspicaz para entender que si Calderón y su doctor se niegan a entregar esta lista de difuntos es porque ocultan datos claves que echarían por tierra su manejo del fenómeno mediante el pánico social. Por ello es fundamental que sepamos: cómo se llamaban los muertos, qué edad tenían, dónde vivían, cuál era su condición socioeconómica, a qué se dedicaban. En otras palabras, ¿en su casa contaban con agua corriente, excusado, regadera, piso de cemento y electricidad? ¿De cuántos miembros constaba la familia, cuántos dormían en un mismo cuarto, cada cuánto se bañaban? ¿Eran obesos, estaban desnutridos, cuántas veces comían al día, cuáles eras sus hábitos alimenticios? Al transitar por su barrio o pueblo, ¿pasaban cerca de criaderos de puercos, flotaba en el ambiente de su vida cotidiana excremento de aves o cerdos, trabajaban en contacto con vísceras de animales?

Una sospecha muy extendida en la sociedad mexicana –y que tarde o temprano se esclarecerá– es que los muertos de este brote epidémico pertenecen a las capas más desprotegidas de la población, es decir, que estamos ante una nueva enfermedad de la miseria, y como en México hay más de 50 millones de personas en situación de pobreza extrema, las medidas que se han aplicado hasta ahora –cierre total de escuelas, de restaurantes y bares, de oficinas públicas, de cines y teatros, de gimnasios y albercas, etcétera–, lo que en realidad pretenden es aislar a los más pobres de los que no lo somos tanto y, por supuesto, de los ricos.

En un acto más de autoritarismo, Calderón ha instaurado por sus pistolas el secreto funerario, violando el derecho a la información no sólo de los mexicanos sino de toda la humanidad. Mientras oculte datos elementales como los nombres de los muertos, el aparato del terror electrónico podrá seguir manipulándonos a sus anchas. ¿No será la hora de solicitar a nuestros amigos en todas partes una ola de solidaridad internacional en contra de esta forma de la censura? Exijamos la autopsia de esa franja de la sociedad mexicana que murió a consecuencia de esta gripe. ¿Tendremos que hacer plantones en el Zócalo, huelgas de hambre, bloqueos de carreteras o qué para que nos digan al fin cómo se llamaban los muertos?

En el continente americano, México es uno de los países más grandes y ricos en recursos naturales, pero una peste más voraz, destructiva y mortífera que la influenza de los puercos –la de los políticos neoliberales del PRI y del PAN, la plaga de los Salinas y los Zedillo, de los De la Madrid y los Fox, al servicio de un puñado insaciable de millonarios–, nos ha convertido en un país más débil, indefenso y hambriento que Haití, que apenas ocupa la mitad de una isla en el Caribe, o que la pobre Honduras, bananera sin bananas. ¿Por qué lo hemos permitido, por qué hemos tolerado que nos hicieran caer tan bajo? ¿Acaso nos equivocamos cuando salimos a las calles con banderas blancas a frenar la rebelión de los indios de Chiapas?

¿Por qué se alivian los que viven en mejores condiciones sanitarias? ¿Por qué han desatado la sicosis de que A/H1NI prefiere a los jóvenes entre 20 y 45? ¿Por qué nos hemos dejado convencer de ello si tampoco sabemos las edades de los muertos? Después de la campaña "López Obrador es un peligro para México", después del fraude "haiga sido como haiga sido", después de la violación de todas sus promesas empezando por la del empleo, después de la artificiosa guerra "contra" el narco para militarizar el país y tratar de afianzarse en el poder, a costa de la seguridad nacional junto con la de Estados Unidos, los mexicanos tenemos la claridad y la madurez necesarias para saber que Calderón es capaz de cualquier cosa: si un día se vistió de sargento para lanzar a las fuerzas armadas a una aventura trágica, ahora se pone la bata blanca de doctor para mantenernos en arresto domiciliario, sudando de pánico.

A raíz de esta gripe, dos nuevos objetivos aparecen en nuestra agenda ciudadana: exigir con todos los recursos a nuestro alcance que el "gobierno" (o lo que sea) entregue los nombres de los muertos, y movilizarnos por un cambio radical en materia de inversión para la investigación científica. Así como obligamos al espurio a construir una nueva refinería, ahora debemos luchar por nuevos laboratorios, y por la conservación de la filosofía, de la ética y de la estética entre las materias del bachillerato. ¡Basta, basta ya de una vez por todas, no soportemos un día más la tiranía de la ignorancia panista!

jamastu@gmail.com




Alistan conmemoración del tercer aniversario de la represión

"Peña Nieto no nos ha vencido", señalan en Atenco

Ante la emergencia sanitaria, no realizarán concentración ni marcha al DF

Mañana adornarán la cruz de cinco metros erigida en honor a los caídos

Uno de los apaleados en mayo de 2006 recuerda que fue dado por muerto

Bajo arresto, fue hospitalizado con dos disparos y varias costillas rotas






Blanche Petrich /I
Enviado

San Salvador Atenco, Méx. La lógica de Paulino Zavala es irrebatible: "Si estaba ya muerto hace tres años, cuando me agarró la policía en su entrada a San Salvador Atenco, pues ahora estoy aquí, con el Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra". Tan muerto lo habrán visto los policías que lo tundían a patadas, ese 4 de mayo de 2006, que Paulino recuerda perfecto haber oído el siguiente diálogo, antes de perder el conocimiento:

–Mi comandante, este hombre ya se nos murió.

–¡Pendejos! Les dije que no pegaran tan fuerte.

Desmayado, fue uno de los cientos de detenidos esos días. Bajo arresto fue internado en el hospital López Mateos de Toluca con dos disparos de bala, uno en el pie izquierdo y otro en la pantorrilla, varias costillas rotas, una herida en la cabeza que requirió 77 puntadas y contusiones varias en todo el cuerpo. Y la diabetes, a tope. Así de maltrecho fue internado en el penal de Santiaguito cuatro días después. Casi nunca abandonó la enfermería. A las pocas semanas fue liberado, sin cargos, sin una disculpa, mucho menos reparación del daño. A rehacer su vida, a los 63 años, en cualquiera de los dos oficios que ha desempeñado en la vida: carpintero y carnicero.

“Mire nomás –muestra su pantorrilla enjuta remangándose el pantalón– por aquí entró una bala, por aquí salió”.

Trinidad Ramírez del Valle lo pone de ejemplo: "Y como él, todos aquí, en Atenco. Tenemos la memoria tan fresca como entonces. Que no se equivoque Enrique Peña Nieto. No nos ha vencido". Paulino interviene con filosofía: "Hay muchos gobernadores como él. Pero cada cosa tiene su tiempo. El pueblo ya se inconformó contra esos personajes, ya verán".

Se acerca el tercer aniversario de la represión en Atenco y los activistas del Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) vuelven a salir, pese a las restricciones obligadas por la epidemia que ha congelado la vida social y política de México. Los postes y bardas de San Salvador y pueblos aledaños se han llenado de carteles conmemorativos. Destaca uno, hecho con una foto que les ha enviado el roquero plurirracial Manu Chao para que la usen en su propaganda, junto con un gran autógrafo y una consigna manuscrita: "Atenco, tierra, libertad y justicia".

Resistir en tiempos de influenza

El programa original de la conmemoración se ha modificado y adaptado a los tiempos de la influenza. El día tres habrá adorno de la cruz de mayo de cinco metros de altura que hace un año levantaron en el cerro de Huaxtepec en honor a los caídos, pero no habrá concentración ni marcha al Distrito Federal el día cuatro.

Por lo tanto, no será posible medir ese día la adhesión que el frente sigue teniendo entre los pueblos de la región texcocana. Una adhesión que, en opinión de Marta Pérez, otra dirigente, se ha ido reconstruyendo por encima del miedo que sembró la brutalidad policiaca los días 3 y 4 de mayo de 2006. "Claro que aquí todavía hay gente traumada, que prefiere la sumisión ante la amenaza de la represión. El sentimiento de indefensión que deja en una comunidad una experiencia como la de hace tres años es muy grande. Pero nosotros hemos visto que ahora, cuando salimos a pegar carteles, la gente ya no pasa de largo sino que se acerca a preguntar cómo vamos, como están los presos. Nos dicen: estamos con ustedes".

Marta Pérez es sicóloga, del pueblo vecino de Acuexcómac. El día de la ocupación policiaca en Atenco logró salir de las barricadas populares que bloqueaban la carretera y llegar a su casa. Sabía que había una traición interna y que algunos líderes del FPDT iban con la policía, listas en mano, señalando los domicilios de todos los líderes. Ella tomó a su madre enferma y logró huir. Fue una de las acusadas de "secuestro equiparado". Se emitió una orden de aprehensión en su contra. Parte de su exilio lo pasó lejos de su pueblo, pero regresó: “Me disfrazaba cuando salía a la calle. La gente por lo bajo me murmuraba: ‘Cuídate’”. Un juzgado le otorgó un amparo en septiembre de 2007.

Apenas pudo se reincorporó al trabajo del frente. "Me da más miedo no luchar, ser una mexicana apática y manipulada". Otro factor ayuda a los atenquenses. "La memoria de la derrota del decreto expropiatorio de nuestras tierras para hacer el aeropuerto en Atenco sigue latiendo. Ahora es más difícil, eso sí. Y nuestras preocupaciones son otras. La primera, sacar a nuestra gente de la cárcel".

Entrevista colectiva al pie del mural

Trini ha dispuesto que se reúnan algunos de los protagonistas del FPDT con La Jornada en las escalinatas de la casa ejidal, al pie de los murales que recorrieron el mundo en fotografías durante los años de agitación. Paulino lanza al aire dos o tres cohetes, infalible método de convocatoria. En cuestión de minutos empiezan a llegar. Entre los primeros aparecen Manuelito Rosas y Panchito Alarcón, ambos octagenarios, la vieja guardia del movimiento.

Y varios más. Todos con muchas historias que contar.

Como la de Gil Morales. En 2002 fue apresado y brutalmente golpeado. "El cuatro en la madrugada, cuando empezó el avance de la Policía Federal Preventiva y la Agencia de Seguridad Estatal por la carretera, cerrando una pinza sobre el pueblo, nos reunimos de urgencia los hermanos. Somos 13. Dos de ellos estaban hospitalizados, graves. Resolvimos no meternos en problemas. Pero cuando llegué a mi casa me encuentro con que muchos muchachos que habían llegado a Atenco se refugiaron ahí, el peor lugar. Yo sabía que ahí iban ir a registrar porque yo había estado preso, traté de advertirles pero, ¿ya que podía hacer? Me metí a una bodega con mi esposa y mis cinco hijos. Al poco rato llegó una cuadrilla rabiosa de policías a golpear y detener a todos 38 en total. Desde mi escondite oíamos los golpes, las humillaciones, los ultrajes a las mujeres. Como no me encuentran echan gas lacrimógeno y el más pequeño de mis hijos empezó a toser. Pensé que nos iban a descubrir pero el paso de un helicóptero ahogó el ruido. ¿Ve por qué sí creo en los milagros?"

Gil ha sido comerciante y criador de puercos. Fue funcionario del PAN a nivel municipal. "Vi como mi partido dio un giro de 180 grados a su doctrina. Renuncié y me dediqué totalmente a la defensa de la tierra". Con gente como él se fue conformando el frente donde, dice, hay ex priístas, ex panistas, ex perredistas, católicos... de todo.