18/10/2009


Calderón, como Echeverría, contra el sindicalismo



MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA

Una grave frustración de la transición democrática mexicana ha sido el gatopardismo, el que las cosas cambian sin cambiar, y en que los gobernantes surgidos de la alternancia se diferencian de los anteriores en que son exactamente iguales. Tal engaño queda patente una vez más con motivo del ataque del presidente Calderón al Sindicato Mexicano de Electricistas, análogo y en cierto modo prolongación del que emprendió Echeverría contra la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas. El 11 de octubre de 2009 es equivalente, como acto autoritario violento, al 15 de julio de 1976. En cada una de esas fechas se buscó suprimir, eliminar de la escena pública a agrupaciones gremiales combativas que existían por la voluntad de sus miembros y no dependían por lo tanto de la voluble voluntad gubernamental.

La historia del golpe de Echeverría a los electricistas es la historia reciente del sindicalismo en ese ramo (y llegó a su culminación, por cierto, una semana después de la agresión contra el Excélsior de Julio Scherer; he sostenido, por otro lado, que la expulsión del célebre periodista del diario desde el que estaba transformando a la prensa mexicana, fue parte de una estrategia para silenciar atropellos como el que estaba en curso contra los electricistas democráticos).

A partir de que el Estado mexicano se convirtió en propietario de la industria eléctrica, el 27 de septiembre de 1960, se modificó no sólo la estructura empresarial de ese ramo sino, por consecuencia, también su organización laboral. Hasta aquella fecha, existían tres agrupaciones de trabajadores de la electricidad: el sindicato nacional, que contrataba con la CFE y estaba organizado a la manera tradicional cetemista, en torno a un hombre fuerte, Francisco Pérez Ríos, cercano a Fidel Velázquez; una federación de 52 pequeñas agrupaciones sindicales, dirigida por Rafael Galván y que en ese mismo 1960 se transformó en Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM); y el Mexicano, que durante décadas había sido la contraparte laboral de la Mexican Light and Power.

A mediados de esa década, y por razones técnicas y políticas, se inició un movimiento unificador de las empresas y los sindicatos. Por un lado, se hizo necesario integrar la industria, conectar sus heterogéneas porciones. Por otra parte, se pretendió fundir en un solo gremio, bajo la égida del sindicato cetemista, a las agrupaciones del ramo. Cuando la Impulsora Eléctrica Mexicana, surgida de la compra de las pequeñas empresas con las que contrataba Galván, quedó fusionada con la CFE, el sindicato nacional quiso dar una tarascada al STERM, y peleó y ganó la titularidad del contrato colectivo. Para que la derrota no fuera tan abrumadora, y en lo que a poco se reveló como una trampa, Echeverría propició la fusión de los dos sindicatos y así nació, el 20 de noviembre de 1972, el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), bajo la conducción de Pérez Ríos. La denominación del gremio naciente anunciaba la pretensión de incorporar a sus filas a los miembros del SME, pues mientras éste existiera haría vano el propósito de llamar único al SUTERM.

Fue imposible la convivencia entre las dos formas de sindicalismo. Se generó una Tendencia Democrática dentro del SUTERM, que paulatinamente fue perdiendo presencia y fuerza, aun en los sitios donde había regido el antiguo STERM. En ese tiempo murió Pérez Ríos, única forma de que abandonara su posición de secretario general, que había ocupado durante décadas. Lo reemplazó automáticamente, sin elección porque ese modo no formaba parte de sus usos y costumbres, el secretario del Trabajo del comité, Leonardo Rodríguez Alcaine. Treinta años después, a la muerte de este líder, transitó por la misma ruta su secretario del Trabajo y pariente, Víctor Fuentes del Villar, que llega ya a los cuatro años de su indiscutido liderazgo.

En más de medio siglo, sólo tres dirigentes, con los que el gobierno pueda entenderse. Por eso convino al gobierno desbaratar el enclave democrático en el SUTERM y sentar las bases para la supresión del SME. La Tendencia Democrática inició una huelga en reclamo de prestaciones y respeto a su representatividad, y la noche del 15 de julio de 1976 una embestida militar, junto con miles de esquiroles, rompieron el paro obrero y echaron a la calle a los antiguos galvanistas, en operaciones de las que parecen calcadas las de ahora.

Previamente, el gobierno de Echeverría había puesto en liquidación a la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza, con la que contrataba el SME. El proceso se echó a andar de manera tortuosa, lenta, y a él se resistió el sindicato, que veía como desenlace la inclusión de sus miembros en el agrupamiento dirigido por Rodríguez Alcaine. Por esa capacidad de no rendirse la liquidación no prosperó, se quedó en mera denominación, pues la empresa siguió operando normalmente. El gobierno de Miguel de la Madrid pretendió reavivar el procedimiento liquidador pero se topó de nuevo con la fortaleza sindical, que en 1987 realizó una huelga, breve pero suficiente para probar su potencia. A ella apeló Carlos Salinas cuando, en busca de votos verdaderos, demandó los del SME, y se comprometió a poner fin al estado legalmente precario en que operaba la empresa. Por eso creó, ya al cabo de su mandato, el organismo público descentralizado Luz y Fuerza del Centro, que ahora está en jaque.

Fox llegó al gobierno con la intención de eliminar esa empresa y diezmar a su sindicato. Para eso estableció un régimen absurdo, en que LyF compra cara, a CFE, la energía que debe vender barata. Esa extravagancia financiera obliga a subsidiar el funcionamiento de la empresa que surte de fluido eléctrico a la porción central del país, la más productiva en el conjunto nacional. A remediar ese déficit se destinan sumas como los 42 mil millones de pesos que este año debió aportar el gobierno a una empresa que deliberadamente ha sido deteriorada, crítica situación que se atribuye al abuso de sus trabajadores y su organización gremial. Ciertamente, el contrato colectivo suscrito por el SME es ventajoso para sus trabajadores en muchos sentidos, pero en general contiene cláusulas que deberían regir en muchas otras empresas públicas y privadas, cuya mano de obra es maltratada y frente a cuyas magras prestaciones las de los electricistas parecen de lujo.

Pero no lo son menos las del SUTERM, aunque cuando es necesario hacerlas disminuir la acción se realiza sin que nadie proteste porque el sindicato carece de activa vida interna y se controla de arriba abajo. Por eso el año pasado aumentó en cinco años el término para las jubilaciones, algo que en el sindicato del Seguro Social significó una afrenta a la que se opusieron los damnificados. Se mantienen, sin embargo, gajes como los que, practicados en el SME, irritan a sectores sensibilizados por la propaganda: la cláusula 67 del contrato entre el SUTERM y la CFE exonera de pago a sus trabajadores. Siendo que el consumo doméstico promedio es de 285 kilovatios, es gratuito para ellos el suministro de 350, y el excedente se cobra a sólo un centavo por kilovatio.

El lance actual contra el SME dista de haber concluido. Ni siquiera ha entrado en su fase final. Mientras no lo declare la autoridad laboral, la Junta de Conciliación y Arbitraje, subsisten las relaciones de trabajo entre el sindicato y la empresa en liquidación. Y aun si se decretara su terminación, apenas se encargue formalmente de la operación la CFE, tendrá que responder a las obligaciones laborales como patrón sustituto.

Digo, si de respetar la ley se trata.





El golpe fascista de Calderón



RODRIGO VERA

Exsalinista y ahora crítico de las políticas neoliberales que caracterizaron a sexenios como el de Carlos Salinas de Gortari, opositor a los afanes por privatizar las industrias petrolera y eléctrica, el exsenador Manuel Bartlett Díaz sentencia: El "golpe fascista" asestado por Felipe Calderón al Sindicato Mexicano de Electricistas, más que a la compañía Luz y Fuerza del Centro, busca facilitar la entrega de permisos a empresas trasnacionales para que generen energía eléctrica. De hecho, apunta Bartlett, mediante esta práctica inconstitucional dichas firmas ya están generando más del 40% de la energía eléctrica que se produce en el país.

El objetivo del presidente Felipe Calderón al dar su "golpe de Estado" contra Luz y Fuerza del Centro no fue aniquilar a esta empresa paraestatal, sino más bien a su sindicato, el Mexicano de Electricistas (SME), pues se trata de un poderoso gremio, "combativo y nacionalista", que lleva años oponiéndose a los intentos gubernamentales de privatizar el sector energético del país.

Con la eliminación de ese sindicato –uno de sus principales obstáculos–, Calderón planea acelerar el otorgamiento de permisos a compañías trasnacionales, que inconstitucionalmente ya están generando más del 40% de la energía eléctrica que se produce en México.

El exsenador Manuel Bartlett Díaz, contumaz opositor a la privatización energética, llega a la anterior conclusión y agrega categórico:

"Son puras falacias eso de que se suprimió a Luz y Fuerza del Centro por su falta de eficiencia y competitividad. ¡Mentira! El objetivo de Calderón fue realmente acabar con el sindicato de la empresa".

–¿Qué razones tenía?

–El SME era el único sindicato que se oponía a la política de privatizaciones. Era el núcleo más fuerte y vital que defendía los intereses nacionales en materia energética. Así de sencillo.

Bartlett se acoda en la mesa rectangular de su despacho, de la colonia Roma, y prosigue:

"¿Sabe cuál es la única diferencia entre Luz y Fuerza y la Comisión Federal de Electricidad, las dos empresas estatales encargadas de suministrar energía eléctrica? Pues la única diferencia la hacen sus sindicatos. ¡Nada más! El sindicato de la primera empresa ha sido combativo históricamente. Era el único que tomaba sus decisiones democráticamente, mediante largos debates en asambleas. Sus miembros eran verdaderamente agremiados.

"En cambio, el de la segunda, el SUTERM (Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana) se convirtió en un manso gremio que sigue los dictados de los privatizadores; desde Salinas de Gortari hasta Calderón. Y esto yo se lo llegué a decir públicamente a su líder Rodríguez Alcaine: 'Entregaste la materia de trabajo a las empresas extranjeras'".

Como senador, de 2000 a 2006, Bartlett Díaz encabezó a los legisladores opuestos a la privatización de la industria petrolera y eléctrica que entonces impulsaban el presidente Vicente Fox y su secretario de Energía, Felipe Calderón. Sobre estas experiencias, Bartlett escribió dos libros: Reforma energética, un modelo privatizador y El petróleo y Pemex. Despojo a la nación.

Relata Bartlett que, en esa lucha, siempre tuvo al SME como aliado permanente:

"De pronto, hay que reconocerlo, a los legisladores nos apoyaban algunos otros sindicatos, pero el que permanentemente nos respaldó fue el de los electricistas. Su presencia y su lucha política siempre estuvieron contra las políticas entreguistas del gobierno.

"Ahora, justamente a ese sindicato es al que Calderón le asestó un golpe brutal, inhumano y fascista, mandando a la calle a sus miles de trabajadores. Todas las demás argumentaciones son puras falacias. El Ejecutivo dio un paso gravísimo para fortalecer su poder autoritario, montado en la fuerza y el engaño".

Bartlett hace una pausa. Reflexiona. Luego asegura enfático:

"Calderón es un presidente golpista. En realidad, lo que acaba de perpetrar es un verdadero golpe de Estado".

Este es un extracto de la entrevista que se publica en la edición 1720 de la revista Proceso que empezó

a circular el domingo 18 de octubre.




El despertar

1968-2009: ¿qué ha cambiado? ¿Qué subsiste?



José Agustín Ortiz Pinchetti

Por qué no nos vemos en el espejo de 1968? Retrocedamos 41 años y comparemos el movimiento estudiantil-popular de entonces con el liderado por el SME en 2009. Empecemos por las semejanzas. 1) Los dos movimientos son respuestas a golpes del Ejecutivo autoritarios, ilegales, inconstitucionales, con cobertura legaloide. 2) Los medios electrónicos imponen una visión única, cierran los espacios a la crítica, calumnian o difaman a los disidentes, ocultan sus argumentos y defienden la provocación del gobierno como patriótica. 3) La oligarquía aplaude la medida. Es probable que en 2009, harta por la ineptitud y falta de liderazgo de Felipe Calderón, le haya exigido acciones contundentes”. 4) La Iglesia (cuya alta jerarquía pertenece a la oligarquía) adopta una posición tibia e hipócrita.

Diferencias: 1) La demanda del movimiento del 68 era liberal, exigía respeto a los derechos políticos. Hoy el reclamo de fondo es la justicia social. En 68 la clase obrera se replegó. Hoy está a la vanguardia. Muchos sindicatos independientes y varios oficialistas, organizaciones priístas estuvieron presentes en la manifestación del jueves 15. Los universitarios van a engrosar el movimiento, pero no llevarán la iniciativa. 2) En 68 el instrumento de protesta fueron las manifestaciones. Ahora el SME hará un amplio trabajo en la base, cuenta con 25 mil activistas que recorrerán el país. Encontrarán campo fértil para la protesta. La dura recesión económica contrasta con el crecimiento que vivíamos en el 68. 3) El cerco mediático de hoy tiene muchas fisuras. La población irá conociendo poco a poco la versión de los disidentes. Hoy sólo la mitad aprueba el golpe. 4) La izquierda carecía entonces de un eje, era un conjunto de grupos y grupúsculos universitarios; hoy se está reconstruyendo el Frente Amplio Progresista. La ideología predominante no es ya marxista leninista, sino una versión moderada y reformista. 5) El movimiento de AMLO va a colaborar en las tareas de difusión y consolidación de los trabajadores electricistas. Recibirá un oportuno estímulo. En el 68 la izquierda no podía soñar en ganar la Presidencia. Hoy tiene una fuerte expectativa para 2012. 6) El movimiento obrero cuenta con la simpatía del Gobierno del Distrito Federal, controlado entonces por el Ejecutivo. En aquel entonces se focalizó en la capital. Hoy empieza a extenderse a varios estados. Entonces quedó aislado. Hoy puede contar con la solidaridad internacional. En resumen: la sociedad mexicana es mucho más compleja, diversa, plural, bien informada e inconforme; en una palabra, moderna. El gobierno sigue aferrado a un autoritarismo arcaico.

jaorpin@yahoo.com.mx




La nación y el estado de derecho agredidos



Arnaldo Córdova

Cuando el año pasado se discutieron las reformas que en materia de petróleo quiso imponer el gobierno panista, muchos indicaron que el asunto de la energía debía discutirse en su conjunto, pues, como puede verse ahora, en todas sus ramas (petróleo, gas, electricidad) había intentos claros y confesos de subvertir el orden constitucional en la materia. Ya se estaba haciendo con el gas y con la electricidad. Una riqueza nacional que la Carta Magna ordena que sea explotada, desarrollada y puesta al servicio de las necesidades generales, se estaba convirtiendo por obra del gobierno derechista en objeto del más desvergonzado y cínico saqueo por privados, autorizados y hasta asesorados por los mismos gobernantes.

El golpe del gobierno de Calderón a Luz y Fuerza del Centro y al Sindicato Mexicano de Electricistas viene a poner al descubierto toda la podredumbre y toda la corrupción que envuelven sus acciones en contra de la industria nacional y sus mismas empresas, que el Estado debería promover y proteger para que lleven a cabo los objetivos que les asigna la Constitución. En ese acto del gobierno panista se dan violaciones múltiples a la Carta Magna y a sus leyes y sólo se alegan razones de orden económico y administrativo que son ajenas a la legalidad en todos sus pasos.

Ya en lo que respecta a la conducción de la economía y de la administración pública, el decreto de Calderón, que es un adefesio jurídico desde cualquier punto que se le vea, viola los artículos 27 (ya venía siendo reiteradamente violado desde la época de Salinas), 73, 89 y 90 constitucionales. El golpe contra el sindicato ofrece también violaciones, en primer lugar, a los artículos 123 (protector de las relaciones de trabajo), 14 y 16 de la Carta Magna. Aparte de ello, varias leyes han sido, asimismo, violadas flagrantemente, entre ellas la del Servicio Público de Energía y la Federal del Trabajo.

Iré por partes, porque en una sola entrega sería imposible tratarlo todo. Veamos ahora los artículos constitucionales violados, por lo menos en parte.

Calderón funda su decreto, de hecho, en una sola disposición, la que se contiene en el artículo 16 de la Ley Federal de Entidades Paraestatales, que dicta que cuando un organismo descentralizado deje de cumplir sus fines u objeto o su funcionamiento sea inconveniente, la Secretaría de Hacienda propondrá al Ejecutivo la disolución, liquidación o extinción del mismo. Según su interpretación, él puede organizar y desorganizar cuantos organismos le vengan en gana. Así comienza diciéndolo en su decreto y está equivocado, porque esos organismos se crean por ley del Congreso y él sólo debe ver por su buen funcionamiento.

En el artículo anterior, el 15, se habla de leyes o decretos del Legislativo y del Ejecutivo. El segundo sólo puede expedir reglamentos, no leyes. Y en el artículo 90 constitucional se señala con toda claridad que la administración pública federal será centralizada y paraestatal conforme a la ley orgánica que expida el Congreso, el cual distribuirá los negocios del orden administrativo que estarán a cargo de las secretarías de Estado y definirá las bases para la creación de las entidades paraestatales y la intervención del Ejecutivo en su operación (y en su extinción). La fracción primera del 89, que determina las facultades del Ejecutivo, establece la de “promulgar y ejecutar las leyes que expida el Congreso de la Unión, proveyendo en la esfera administrativa (¡ojo!) a su exacta observancia”.

Hay que tener presente, además, lo que dicta la fracción X del artículo 73 que establece las facultades del Congreso: “Para legislar en toda la República sobre hidrocarburos, minería, sustancias químicas, explosivos, pirotecnia, industria cinematográfica, comercio, juegos con apuestas y sorteos, intermediación y servicios financieros, energía eléctrica y nuclear y para expedir las leyes del trabajo reglamentarias del artículo 123”. El presidente, y él debería saberlo, con los organismos descentralizados y, en particular, con los que se denominan paraestatales, no puede hacer lo que se le antoje sin antes iniciar una ley ante el Congreso que se lo permita. Le pareció que no valía la pena y pisoteó la Constitución y sus leyes.

En su decreto, cita varios artículos constitucionales y legales que viola flagrantemente. En cualquier caso resultaría paradójico, pero no en el suyo. Por supuesto, menciona el artículo cuarto transitorio de la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica (reformado en diciembre de 1989), en el cual se estipula que las compañías concesionadas antes a privados entrarán en disolución y liquidación y el Ejecutivo federal dispondrá la constitución de un organismo descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propios para prestar el servicio. Ese organismo era, desde el periodo de Salinas, Luz y Fuerza del Centro. Claro que fue creado por decreto presidencial, pero con apoyo en una ley. No es verdad que de esa manera, por decreto, un presidente pueda crear o desaparecer organismos.

Para hacerlo, en cualquier caso y visto lo dispuesto por los artículos constitucionales que hemos citado, Calderón debió haber solicitado del Congreso la reforma de ese artículo o de cualquier otro de la mencionada Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica que le permitiera disolver, liquidar o extinguir Luz y Fuerza del Centro. No sé de dónde sacó el senador Beltrones que el decreto está apegado a derecho. O no sabe derecho (cosa que es cierta, de cualquier forma) o nos está ocultando alguna trama inconfesable (algo a lo que también nos tiene muy acostumbrados).

Que los presidentes panistas hayan gobernado este país violando la Constitución y sus leyes no debería extrañarnos. Y menos aún la alcahuetería desvergonzada de los priístas. Estos no le perdonarán al SME haber sido el único sindicato independiente y de verdad combativo que sobrevivió, desde su fundación en 1914, al autoritarismo priísta. Al senador Labastida, que siendo secretario de Energía nunca supo qué hacer con LFC, le parece que la paraestatal era un lastre que debió haber sido liquidada desde mucho antes y, entre los priístas, es el que lleva la voz cantante y está en todo con los panistas. Ahora veremos con qué batea de babas nos salen esos priístas en sus componendas con el PAN.

Todos dan por decidido el asunto. Se equivocan por partida doble: la ciudadanía todavía tiene voz que hacer oír como el pasado jueves por la tarde y, además, hay violaciones a nuestro orden constitucional y jurídico tan burdas y desvergonzadas que no se pueden dejar pasar si queremos vivir en un estado de derecho.





Para no dar marcha atrás




Rolando Cordera Campos

Más que una anacronía, el sindicato es una necesidad del capitalismo moderno, hoy de nuevo en intensa transformación. Para recuperar alguna dosis mínima de estabilidad financiera y económica, sin incurrir en reversiones proteccionistas de la globalización, se requiere un mínimo de estabilidad política y social en un mundo cruzado por el desempleo masivo, el cambio técnico y una toma de conciencia casi universal sobre la desigualdad y sus nefastos efectos, no sólo morales sino económicos. Y en este cuadrante en construcción al calor de la crisis global, el mundo del trabajo ocupa un lugar central, si no es que decisivo.

Esta centralidad del tema laboral se condensa hoy en el desempleo, pero es claro que ésta es apenas la punta de un iceberg profundo y lleno de aristas que recoge los abusos que en materia de derechos sociales consagrados llevó a cabo la “revolución de los ricos” desatada por Reagan y Thatcher y que tan bien recibida fue por nuestros plutócratas vernáculos y sus intérpretes en el Estado. De una u otra forma, la cuestión de la protección social y de la evolución de los derechos que la acompañó a todo lo largo del siglo XX está de nuevo con nosotros, y para un país como México, tan dejado de la mano de Dios en ésta como en otras materias cruciales, resulta vital tomar nota y prepararse para cambiar hábitos y reflejos, abandonar una sabiduría convencional adocenada y asumir que en este asunto, el de la cuestión social, tiene que actuar y pronto.

La gloriosa victoria del presidente Calderón en su guerra contra el SME puede ayudarle a conciliar el sueño pero no darle satisfacción alguna como gobernante, mucho menos si insiste en verse y presentarse como político demócrata. Lo que el gobierno hizo fue dar un golpe de mano que preparó en la penumbra de sus conciliábulos y comisiones sin dar noticia a nadie. No fue un procedimiento democrático, mucho menos una intervención congruente con sus promesas electorales o la plataforma actual e histórica de su partido. Se trató, más bien, de una suerte de “solución final” contraria a muchos derechos y mandatos procesales, que pone en la calle de un plumazo a cerca de cuarenta mil trabajadores.

Los supuestos privilegios obtenidos por el SME en décadas de lucha gremial tienen que ser detallados por sus críticos y verdugos, así como por los gobernantes y administradores que acordaron las negociaciones y firmaron las respectivas revisiones del contrato de trabajo. Una cosa es descuidar el servicio, incurrir en irresponsabilidades laborales o administrativas y otra, bien distinta, gozar de mejores salarios que el promedio y tener mecanismos de protección laboral superiores a los de la mayoría. Esto no es un privilegio sino una muestra eficiente de la desigualdad inicua que ha caracterizado nuestro régimen laboral y de protección social.

Hablar de los privilegios de los electricistas en la nueva patria de la empleomanía gubernamental y del añejo territorio de la elusión y la evasión fiscal por parte de los ricos, es una majadería mayúscula de un clasismo corriente que sin darse cuenta está cultivando el huevo de la serpiente de un autoritarismo integrista, sometido a las aspiraciones oligárquicas de la hora y del todo alejado de cualquier diagnóstico moderado de la situación social que guarda nuestro país.

Hace mucho que los grupos gobernantes perdieron la oportunidad de cumplir con la Constitución y sus leyes secundarias en materia eléctrica. El mandato era claro y preciso: el servicio eléctrico es público y responsabilidad del Estado y debe prestarse por una entidad única, como debería ser la CFE, a la que correspondería un solo sindicato que debería ser democrático y capaz de coadyuvar en la planeación y gobernabilidad de una industria estratégica.

No ocurrió así y en vez de ello hemos tenido una penosa privatización de la generación y un desperdicio sostenido en los recursos y capacidades del sector, de lo que en efecto ha sido emblemática Luz y Fuerza.

Fue Fidel Velásquez quien se encargó de dar al traste con los proyectos de integración industrial y democratización sindical a los que con enormes trabajos se había llegado gracias, sobre todo, a la heroica lucha de Rafael Galván y los suyos. Con la complicidad permisiva e irresponsable de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, el charrismo reditado por su máximo exponente se apoderó del sindicato y junto con la empresa persiguió a los trabajadores de la Tendencia Democrática, expulsó a Galván del sindicato y les quitó el empleo a cientos o miles de trabajadores.

Nada de esto tuvo corrección ni enmienda en los años de auge petrolero. Lo que sí hubo fue el descuido de la industria y su solapada apertura al capital privado, sobre todo trasnacional, hasta llegar a esta maraña administrativa y laboral de la que, de nuevo, es emblemática Luz y Fuerza.

Se puede aprovechar el viaje autoritario de Calderón para pontificar sobre el fin del sindicalismo o su “jibarización” para convertirlo en oficialía de partes de los empleados o tienda de raya de los patrones. Ésa ha sido una tarea central de la derecha mexicana dentro y fuera del Estado y hoy apoltronada en los organismos cupulares de la patronal. Pero nada de esto tiene que ver con el liberalismo o la democracia en los que presumen inspirarse los perseguidores del SME y, mañana, de todo el que ose cuestionar un orden laboral y un régimen distributivo impresentables antes, en y después de una crisis cuyo mensaje primordial es el de la recuperación de la cohesión y de nuevas claves distributivas globales y nacionales.

El discurso antiSME no es anticorporativista y por eso no es democrático, mucho menos moderno. Es una propuesta regresiva y nada puede hacer para sanear relaciones laborales y formas de negociación y justicia laboral arcaicas y promotoras de todo tipo de vicios y corruptelas.

Quizás todavía haya modo de intentar recuperar el tiempo perdido y plantearse la construcción de una industria nacional integrada y planificada, con un sindicato único y democrático. Esta sería la única forma de, en efecto, no dar marcha atrás en materia eléctrica.





Iniciativa plantea que paguen menos impuestos

Preparan PRI y PAN exenciones fiscales para otro negocio de Televisa y Tv Azteca


Buscan que los privilegios fiscales duren cinco años
El argumento: tienen que realizar una fuerte inversión
Aseguran que ese régimen de excepción no es ilegal







Roberto Garduño

El PRI y el PAN en la Cámara de Diputados incluyeron en la iniciativa de Ley Federal de Derechos –que será aprobada antes del martes próximo– beneficios a las empresas que participarán en las nuevas concesiones de telefonía móvil, WiMAX y telefonía inalámbrica fija (entre ellas Televisa y Televisión Azteca). Esos partidos impusieron un régimen transitorio por el cual esos consorcios no pagarían impuestos como el resto de los participantes en el mercado.

La iniciativa pretende que en cinco años las empresas beneficiadas paguen derechos de la siguiente forma: 2 por ciento del total en el primero, 5 por ciento en el segundo, 10 por ciento en el tercero, 40 por ciento en el cuarto y 80 por ciento en el quinto. El argumento para favorecerlas se fundamenta en que éstas tendrán que realizar importantes inversiones durante un largo periodo, y los ahorros por el no pago de impuestos les ayudarían a solventar tal circunstancia.

El proyecto propone establecer el régimen transitorio en favor de los concesionarios de futuro ingreso al mercado, conocidos como “nuevos entrantes”, para el aprovechamiento del espectro de rango de frecuencia de 1700 para telefonía móvil y frecuencia 2100 para WiMAX y telefonía inalámbrica fija.

Hasta ahora, todos los participantes en ambas frecuencias han pagado –y lo hacen– derechos por el uso y aprovechamiento del espectro. De aprobarse el proyecto en sus términos se establecerá un ejemplo, porque se abriría el privilegio de no pagar los impuestos que ordena la ley.

La propuesta coincide con la mayor escasez de recursos públicos y con la propuesta de modificar los regímenes especiales que benefician a las grandes empresas que operan mediante la consolidación fiscal, tasado en más de 700 mil millones de pesos al año.

De tal forma, al ayudar al “nuevo entrante” a pagar menos al erario mediante el régimen transitorio de cinco años, se asegurarán ventajas comparativas a los inversionistas de reciente ingreso al mercado. La reforma a la Ley Federal de Derechos empata con el anuncio de la Comisión Federal de Competencia, que en días anteriores confirmó la participación de 30 nuevos competidores a la banda de 1700.

Las justificaciones

Los argumentos del proyecto de dictamen al decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones de la citada ley refieren que en México las telecomunicaciones muestran deficiencias por sus bajos índices de cobertura e inversión, escasa convergencia y competencia precaria.

“Por tanto, se propone establecer un régimen transitorio para la imposición de derechos a quienes tengan el carácter de nuevos entrantes, por el uso, goce y aprovechamiento del espectro radioeléctrico del rango de frecuencia de 1710 a 1790 megahercios (MHz) y de 2110 a 2190, con la finalidad de permitir la inversión en los activos necesarios para la explotación de la misma, y considerando que difícilmente generarán utilidades en ese periodo”.

Los legisladores de PRI y PAN se ajustan a los criterios del Ejecutivo federal en cuanto a la convergencia, la competencia y la cobertura en los servicios de telecomunicaciones, que considera necesario que existan nuevos participantes y competidores dentro de ese sector.

“Estos nuevos entrantes o participantes, para ser competitivos en este sector, tendrán que llevar a cabo importantes inversiones durante un largo plazo, máxime si se toma en cuenta que la tecnología para la explotación de bandas de frecuencia de 1710 a 1790 MHz, y de 2110 a 2190 es aún muy limitada y de costos muy elevados, a diferencia de lo que ocurre con la tecnología necesaria para explotar más bandas de frecuencia”.

Según ambas fuerzas políticas en San Lázaro, las inversiones generarán una importante cantidad de empleos y una derrama económica que ayudará a fortalecer la economía nacional.

“Dado lo anterior, para que los nuevos participantes en las bandas de frecuencia puedan hacer frente a las cuantiosas inversiones, resulta imperante crear un régimen transitorio que incremente gradualmente el importe de los derechos a pagar para los nuevos entrantes por un plazo de cinco años siguientes a la fecha que obtengan el título o permiso respectivo.”

Con tal medida, se argumenta en la exposición de motivos, se permite la entrada de nuevos participantes, pero al irse incrementando gradualmente el derecho a pagar se evita que quienes obtengan concesiones o permisos gocen de ese beneficio indefinidamente, no obstante que no hayan iniciado las inversiones necesarias para la explotación, uso y aprovechamiento de las referidas bandas del espectro radioeléctrico.

El proyecto justifica el régimen transitorio con los siguientes argumentos: “Desde un punto de vista constitucional, este tratamiento no resulta violatorio de las garantías consagradas en el artículo 31, fracción IV, de nuestra carta fundamental, ya que el régimen que se propone estaría justificadamente tratando de manera desigual a quienes tienen el carácter de nuevos entrantes, que evidentemente no se encuentran en la misma situación que quienes ya se encuentran debidamente establecidos dentro del mercado, aun tratándose de las bandas de frecuenta de 1710 a 1790 MHz y de 2110 a 2190”.

Y para fundamentar jurídicamente sus dichos, los diputados de ambos partidos echaron mano de la tesis Derechos por uso o aprovechamiento de bienes del dominio público de la nación. Elementos para determinar su proporcionalidad y equidad, de la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Allí se estipuló que la proporcionalidad y equidad tributarias deben medirse a partir del grado de aprovechamiento de los bienes de dominio público de acuerdo con la naturaleza del bien, así como del beneficio aproximado obtenido por el usuario y, en su caso, de la valoración de su mayor o menor disponibilidad.




Familiares de electricistas marcharon del sindicato a la empresa

Despliega el SME el ingenio para repudiar la desaparición de empleos




Aspecto de la marcha de anoche,desde el Sindicato Mexicano de Electricistas al edificio principal de Luz y Fuerza del CentroFoto María Luisa Severiano



Jaime Avilés

En silencio, con veladoras en mano, bajo la llovizna de las 8 de la noche, una columna de casi 5 mil personas, formada por electricistas despedidos, sus esposas, hijos y parientes, partió de la sede de ese gremio sindical en Insurgentes Centro y Antonio Caso para dirigirse a Luz y Fuerza del Centro, en Marina Nacional.

Más que manifestación política de protesta, parecía una peregrinación o cortejo fúnebre. Las débiles llamitas de las veladoras, el sordo rumor de los zapatos al arrastrarse por el asfalto, las expresiones de tristeza, frustración y rabia en todos los rostros, confirmaban el carácter fúnebre del cortejo.

En la columna, que proseguía su camino silenciosamente, había familias enteras en las que dos o tres de sus integrantes eran trabajadores de base de Luz y Fuerza, y ahora estaban despedidos, es decir, que el decreto del 11 de octubre, en ciertos casos liquidó también los ingresos de todo un grupo familiar.

Poco después de las 9 de la noche, cuando la procesión llegó al edificio de Luz y Fuerza, cuya fachada permanece rodeada de vallas metálicas grises y azules soldados de la Policía Federal, las personas que iban al frente de la columna se distribuyeron a lo largo del muro de rejas que ahora los separa de su fuente de empleo y de sus expectativas de vida.

De quién sabe donde, los federales se apresuraron a reforzar a sus compañeros, y de ambos lados de la valla durante largos minutos hubo dos grupos humanos frente a frente en silencio.

Pero de repente, una garganta gritó: “¡Dame una ese!”, y miles le respondieron: “¡Esee!” “¡Dame una eme!” “¡Eme!” “¡Dame una e!”, “¡Eee!” “¿Qué dice?” “¡Esmé, Esmé, Esmé!”

Ese fue el inicio de un concierto de furia y de ingenio que repitió hasta el cansancio las siguientes consignas: “¡Señor Calderón, por qué no usó condón!”, “¡Señora Hinojosa, por qué parió esa cosa!”, “¡Felipe, ratero, devuélveme mi empleo!”, “¡A tirar, a tirar, el decreto criminal!”, “¡No quiero dinero, yo quiero mi trabajo!”, “¡Si no hay solución, caerá Calderón!” y, por supuesto, como estribillo intercalado al final de cada estrofa, retumbaba el clásico: “Aquí se ve la fuerza del SME”.

Del puente que pasa por encima de Marina Nacional colgaba una manta con los emblemas del SME y Luz y Fuerza y un rótulo en rojo: “Resultados de la productividad de Calderón: 5 mil 500 policías y soldados muertos, igual número de familias desamparadas”.

Veinte minutos después, las mujeres, los ancianos y los niños que habían quedado en la retaguardia de la procesión dieron media vuelta y se convirtieron en la vanguardia, al mismo tiempo que el gentío emprendía el regreso a la sede del SME, coreando y batiendo con las palmas de las manos el también clásico “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche gobierno se tiene que morir”. La manifestación se disolvió pacíficamente a las 10 de la noche.





De los finiquitos no se descuentan créditos hipotecarios, dice funcionario de Hacienda

Sólo uno de cada 17 trabajadores de Luz y Fuerza ha accedido a ser indemnizado




Israel Rodríguez J.

Sólo uno de cada 17 trabajadores de Luz y Fuerza del Centro (LFC) ha aceptado ser indemnizado, mientras 16 siguen firmes en la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), según informes dados a conocer ayer por un alto funcionario de la Secretaría de Hacienda.

Cada trabajador será liquidado en términos brutos con 435 mil pesos, en promedio, incluido el bono que se pagará a quienes acudan antes del 14 de noviembre, precisó José Antonio González, coordinador de asesores del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, y rechazó de plano que la deuda hipotecaria de los electricistas vaya a ser descontada del finiquito.

“Los trabajadores podrán seguir pagando este crédito hipotecario en sus términos, porque existe un contrato. Entonces sería difícil romper este contrato.” Abundó: “son créditos generosos, y los van a poder seguir pagando; si cumplen con los pagos recibirán las escrituras de sus casas. No se les están descontando de sus liquidaciones”.

Eso sí, dijo, tendrán que cubrir la tasa correspondiente de impuesto sobre la renta (ISR) y se les descontarán los préstamos de antigüedad, así como otros que se detallan en el contrato colectivo de trabajo (anticipos, créditos para la compra de útiles escolares y créditos de línea blanca adquiridos en la Tienda de Consumo para los Trabajadores del Sector Eléctrico, entre otros).

Sobre cuál sería la tasa de impuestos que deberá cubrir un trabajador que reciba la liquidación por un monto bruto promedio de 435 mil pesos, el coordinador de asesores de Agustín Carstens respondió: “No sé el porcentaje, pero lo puedo averiguar y se lo hacemos llegar con todo gusto”.

Al cierre de esta edición la información oficial prometida por González Anaya no llegó, pero, de acuerdo con cálculos extraoficiales, a la liquidación de cada trabajador se le descontarán casi 74 mil pesos aplicando una tasa conservadora de 17 por ciento, aunque si el monto es mayor los impuestos también se incrementan.